O Seminário, livro 6 - o desejo e sua interpretação | Jacques LACAN

| quinta-feira, 4 de fevereiro de 2010
Por una parte entramos en el aspecto curativo del tratamiento sobre síntomas en sentido amplio, no obstante que se manifiesten en el sujeto por medio de inhibiciones que estén constituidas en síntomas y sostenidas por esos síntomas; por otra parte, ese tratamiento modificador de estructuras, de esas estructuras que se llaman neurosis y neuro-psicosis, Freud primero las ha estructurado en realidad como neuropsicosis de defensa.












El deseo y su interpretación



Clase 1 del 12 de Noviembre de 1958
Clase 2 del 19 de Noviembre de 1958
Clase 3 del 26 de Noviembre de 1958
Clase 4 del 3 De Diciembre De 1958
Clase 5 del 10 de Diciembre de 1958
Clase 6 del 17 de Diciembre de 1958
Clase 7 del 7 de Enero de 1959
Clase 8 del 14 de Enero de 1959
Clase 9 del 21 de Enero de 1959
Clase 10 del 28 de Enero de 1959
Clase 11 del 4 de Febrero de 1959
Clase 12 del 11 de Febrero de 1959
Clase 13 Hamlet. Cannevas I.
4 de Marzo de 1959
Clase 14 Hamlet. Cannevas II.
11 de Marzo de 1959
Clase 15 El deseo de la madre.
18 de Marzo de 1959
Clase 16 No hay Otro del Otro.
8 de Abril de 1959 (*)
Clase 17 El objeto de Ofelia.
15 de Abril de 1959
Clase 18 El deseo y el duelo.
22 de Abril de 1959
Clase 19 Falofahía.
29 de Abril de 1959
Clase 20 del 13 de Mayo de 1959
Clase 21 del 20 de Mayo de 1959
Clase 22 del 27 de Mayo de 1959
Clase 23 del 3 de Junio de 1959
Clase 24 del 10 de Junio de 1959 (*)
Clase 25 del 17 de Junio de 1959
Clase 26 del 24 de Junio de 1959
Clase 27 del 1º de Julio de 1959

Indice General de los Seminarios


Base 1. Del 12 de Noviembre de 1958

12 de Noviembre de 1958



Vamos a hablar este año del deseo y su interpretación.

Un análisis es una terapéutica, decimos, un tratamiento psíquico que toma diversos niveles del psiquismo sobre lo que primeramente ha sido el primer objeto científico de su experiencia, eso que llamaremos los fenómenos marginales o residuales, el sueño, el lapsus, el chiste. He insistido el año pasado sobre síntomas.

Por una parte entramos en el aspecto curativo del tratamiento sobre síntomas en sentido amplio, no obstante que se manifiesten en el sujeto por medio de inhibiciones que estén constituidas en síntomas y sostenidas por esos síntomas; por otra parte, ese tratamiento modificador de estructuras, de esas estructuras que se llaman neurosis y neuro-psicosis, Freud primero las ha estructurado en realidad como neuropsicosis de defensa.

El psicoanálisis interviene a diversos niveles para tratar con diferentes realidades fenoménicas, en tanto ellas ponen en juego el deseo. Es especialmente bajo esta rúbrica del deseo, como significativos del deseo, que los fenómenos que he llamado hace poco residuales, marginales, han sido desde el principio aprehendidos por Freud. En los síntomas que vemos descriptos de una punta a la otra de su pensamiento (de Freud), la intervención de la angustia es el punto clave de la determinación de los síntomas, pero en tanto tal o cual actividad que va a entrar en el juego de dicha determinación está erotizada; decimos mejor, "tomada en el mecanismo del deseo".

En fin, ¿qué significa incluso el término defensa, a propósito de las neuro-psicosis, si no es defensa contra algo, contra alguna cosa que no es otra que el deseo?

Y no obstante esta teoría analítica en el centro de la cual es suficiente indicar que se sitúa la noción de libido, que no es otra cosa que la energía psíquica del deseo, es alguna cosa, si se trata de energía, ya lo he indicado al pasar, recuerden otra vez la metáfora de la usina, en que ciertas conjunciones de lo simbólico y de lo real son necesarias para que incluso subsista la noción de energía. Pero no quiero aquí ni detenerme ni ponerme pesado.

Esta teoría analítica reposa, pues, totalmente sobre esta noción de libido, sobre la energía del deseo. Es así que la vemos desde algún tiempo cada vez más orientada hacia alguna cosa que es la misma que sostiene esa nueva orientación, articulada ella misma muy conscientemente, al menos por los más conscientes entre los que la han tomado prestada de Fairbain. El ha escrito muchas veces , puesto que no cesa de articular ni de escribir, especialemente en la compilación que se de llama "Estudios psianalíticos de la personalidad", que la teoría moderna del análisis ha cambiado alguna cosa del eje que primero le había dado Freud, al hacer o al considerar que la libido no es más para nosotros "pleasure-seeking" (búsqueda de placer), como se expresa Fairbain, ella es "object-seeking" (búsqueda de objeto).

Es decir que el señor Fairbain es el representante más típico de esta moderna tendencia.

Lo que significa esta tendencia al orientar la función de la libido en función de un objeto que le estaría de alguna manera predestinado, es bajo mil formas las incidencias en la técnica y en la teoría analítica, eso que se ha creído muchas veces designar allí como entrañando desviaciones prácticas, algunas no sin incidencias peligrosas.

La importancia de lo que quiero señalarles para hacerles abordar hoy el problema, es, en suma, el velamiento de la palabra deseo que aparece en toda la manipulación de la experiencia analítica, y de alguna manera qué impresión no diría de renovación, sino de extrañeza, producimos al reintroducirla; quiero decir que en lugar de hablar de libido o de objeto genital, hablamos de deseo genital.

Nos parecerá quizá enseguida bastante difícil considerar como que va de suyo que el deseo genital y su maduración, impliquen por sí solos esta suerte de posibilidad, o de apertura, o de plenitud de realización sobre el amor que parece haber devenido de este modo doctrinal, en una cierta perspectiva de maduración de la libido. Tendencia y realización, e implicación en cuanto a la maduración de la libido, que parecen incluso tanto más sorprendentes que se produzcan en el seno de una doctrina que ha sido precisamente la primera, no sólo en poner de relieve, sino incluso en dar cuenta de eso que Freud ha clasificado bajo el título de degradación de la vida amorosa. Si en efecto el deseo parece entrañar consigo un cierto quantum de amor, es justa y precisamente, y a menudo, de un amor que se presenta a la personalidad como conflictual, de un amor que no se confiesa, de un amor que rechaza incluso confesarse.

Por otra parte, si reintroducimos también esa palabra deseo ahí donde términos como afectividad, como sentimiento positivo o negativo, son empleados corrientemente en una suerte de aproximación odiosa, si se puede decir, de las fuerzas todavía eficaces, y especialmente en la relación analítica, en la transferencia, me parece que por el sólo hecho del empleo de esta palabra, un clivaje se producirá que por sí mismo habrá de aclarar algo.

No se trata de saber si la transferencia esta constituida por una afectividad o por sentimientos positivos o negativos con lo que este término comporta de vago y de velado, sino que se trata, y aquí se nombra el deseo probado por sólo uno, deseo sexual, deseo agresivo en el sitio del análisis, que nos aparecerá enseguida y a primera vista. Estos deseos no están todos en la transferencia, y por ese mismo hecho la transferencia necesita ser definida por otras cosas que por referencias más o menos confusas que la noción positiva o negativa de la afectividad; en fin, de manera que si pronunciamos la palabra deseo, el último beneficio de este uso pleno es que nos preguntaremos qué es el deseo.

Eso no será una pregunta que habremos de o podremos responder. Simplemente, si yo no estaba aquí ligado por lo que podría llamar la cita que tengo con mis necesidades prácticas experienciales, me habría permitido una interrogación sobre el tema del sentido de esta palabra deseo, según aquellos que han estado más calificados para valorizar su uso, a saber: los poetas y los filósofos.

No lo haría, primero, porque el uso de la palabra deseo, la transmisión del término y de la función del deseo en la poesía, es algo que, diría, reencontraremos "après-coup" si llevamos bastante lejos nuestra investigación. Si es verdadero, como lo que será la continuación de mi desarrollo este año, que la situación del deseo está profundamente marcada, unida a una cierta función del lenguaje, a una cierta relación del sujeto al significante, la experiencia analítica nos llevará, al menos lo espero, bastante lejos en esta exploración por la que nos encontramos siempre para ayudarnos, quizá por la evocación propiamente poética, que de esto puede haber, y además a comprender más profundamente hasta el final la naturaleza de la creación poética en sus relaciones con el deseo.

Simplemente remarcaré que las dificultades en el fondo mismo del juego de ocultación que verán en el fondo de lo que nos descubrirá nuestra experiencia, aparece ya en la poesía, de cómo la relación poética con el deseo se acomoda mal en la pintura de su objeto. Diría, a este respecto, que la poesía figurativa —evoco casi las rosas y los lirios de la belleza— tiene algo que no expresa el deseo más que en el registro de una singular frialdad; al contrario la ley propiamente hablando de este problema de la evocación del deseo, está en una poesía que curiosamente se presenta como la poesía que se ha llamado metafísica, y para los que leen en inglés, no tomaría aquí más que la referencia más eminentes de los poetas metafísicos de la literatura inglesa, John Donne, para que puedan reportarse allí y constatar cómo está muy precisamente evocado el problema de la estructura de las relaciones del deseo en un poema célebre, por ejemplo, "The ecstasy", y cuyo título indica bastante los anzuelos, en cuya dirección se elabora poéticamente sobre el plan lírico el acceso poético del deseo cuando es buscado, aludido él mismo, propiamente hablando .

He dejado de lado eso que seguramente va bastante más lejos para presentificar el deseo, el juego del poeta cuando se arma de la acción dramática. Es muy precisamente la dimensión sobre la que habremos de volver este año. Lo anuncio ya, puesto que el año pasado nos hemos aproximado, en la dirección de la comedia.

Pero dejemos a los poetas. No los he nombrado más que a título de indicación liminar, y para decirles que los encontraremos después de manera más o menos difusa. Quiero detenerme en eso que ha sido en este sitio la posición de los filósofos, pues creo que ha sido muy ejemplar en el punto donde se sitúa para nosotros el problema.

He tomado la precaución de escribirles ahí arriba esos tres términos: "pleasure-seeking", en tanto que buscan el placer, en tanto que buscan el objeto. Es como ha sido desde siempre puesto por la reflexión y por la moral —entiendo la moral teórica, la moral que se enuncia en preceptos y reglas, en operaciones de filósofos, muy especialmente, se dice, de éticos. Ya les he indicado— noten el pasaje en fin de cuentas, base de toda moral que podría llamarse fisicalista como podría verse en qué el término tiene el mismo sentido que en la filosofía medieval cuando se habla de teoría física del amor, en el sentido en que precisamente es opuesta a la teoría extática del amor.

La base de toda moral que ha sido expresada hasta el presente, hasta un cierto punto en la tradición filosófica, vuelve en suma a eso que podría llamarse la tradición hedonista, que consiste en hacer establecer una suerte de equivalencia entre esos dos términos, placer y objeto, en el sentido en que el objeto es el objeto natural de la libido, en el sentido en que está bien hecho, en fin de cuentas a admitir el placer en el rango de los bienes buscados por el sujeto, hasta incluso rechazar allí lo que con el mismo criterio tiene el rango de soberano bien.

Esta tradición hedonista de la moral es una cosa que seguramente no es capaz de cesar, de retomarse, más que a partir del momento (ilegible) alguna manera está comprometida en el diálogo de la escuela, que no se da cuenta más de sus paradojas, a fin de cuentas, ¿qué más contrario de lo que llamaremos la experiencia de la razón práctica, que esta pretendida convergencia del placer con el bien?

Al fin de cuentas, si se mira allí de cerca, si se mira, por ejemplo, lo que esas cosas ocupan en Aristóteles, ¿qué es lo que vemos elaborarse? Y es muy claro, las cosas son muy puras en Aristóteles. Es seguramente algo que no llega a realizar, esta identificación del placer y del bien, más que en el interior de eso que llamaría una ética del amo o alguna cosa en la que en el ideal halagüeño son los términos de la temperancia o de la intemperancia, es decir, algo que revele del dominio del sujeto en relación con sus propios hábitos.

Pero la inconsecuencia de esta teorización es totalmente evidente. Si releen esos pasajes célebres que conciernen precisamente al uso de los placeres, verán allí que nada entra en esta óptica moralizante que no sea del registro de este dominio de una moral de amo, de eso que el dominio puede disciplinar, puede disciplinar bastantes cosas, principalmente que resultan relativas a sus hábitos, es decir, al manejo y al uso de su yo (moi). Pero para lo que es el deseo, verán a qué punto Aristóteles mismo debe reconocer, es muy lúcido y muy consciente de que lo que resulta de esta teorización moral práctica y teórica, es que los (escritura en giego) deseos se presentan muy rápidamente más allá de cierto límite que es precisamente el límite del dominio y del yo (moi) en el dominio de lo que se llama señaladamente la bestialidad.

Los deseos están exiliados del campo propio del hombre, en el supuesto de que el hombre se identifica a la realidad del amo, en la ocasión es alguna cosa como las perversiones, y además tiene una concepción a este respecto singularmente moderna, del hecho de que algo en nuestro vocabulario podría traducirse bastante bien por el hecho de que el amo no podría ser juzgado en esto, lo que vendría casi a decir en nuestro vocabulario, no podría ser reconocido como responsable.

Estos textos valen la pena ser recordados. Diríjanse a eso e infórmense allí.

Lo opuesto a esta tradición filosófica, es alguien que sin embargo querría nombrar aquí, renombrar como a mi parecer el precursor de algo que creo nuevo, que necesitamos considerar como nuevo en, digamos, el progreso, el sentido de ciertas relaciones del hombre consigo mismo, que es el del análisis que Freud constituyó.

Es Spinoza que, después de todo,creo que es en él, en todo caso, con un acento bastante excepcional, que se puede leer una fórmula como ésta: que "el deseo es la esencia misma del hombre". Para no aislar el comienzo de la fórmula de su continuación, agregaremos: "en cuanto es concebida como determinada a hacer algo por una afección cualquiera dada en ella".

Ya se podría hacer bastante a partir de ahí para articular lo que en esta fórmula queda, si puedo decirlo sin revelar, digo sin revelar porque bien entendido no puede traducirse Spinoza freudianamente. Es incluso muy singular, les doy como un testimonio muy singular, sin duda tengo personalmente más propensión que otros, y en tiempos muy lejanos he practicado bastante Spinoza. No creo sin embargo que sea por eso que se relea a partir de mi experiencia, me parece que alguien que participa de la experiencia freudiana puede encontrarse también a gusto en textos de quien ha escrito "De servitute humana", y para quien toda la realidad humana, sus estructuras, se organizan en función de los atributos de la sustancia divina.

Pero dejemos de lado también, por el momento, libre de volver, a esta línea. Quiero darles un ejemplo bastante más accesible, y sobre el cual terminará esta referencia filosófica concerniente a nuestro problema. He tomado ahí el nivel más accesible, hasta el más vulgar acceso que ustedes puedan tener a esto. Abran el dicciónario del encantador difunto Lalande, El Vocabulario Filosófico, que es siempre, debo decir, en toda especie de ejercicio de esta naturaleza, el de hacer un vocabulario, siempre una de las cosas más peligrosas y al mismo tiempo más fructíferas, de tal modo que el lenguaje es dominio en todo lo que son estos problemas.

Es seguro que organizar un vocabulario será siempre algo sugestivo. Aquí encontramos esto: "Deseo (Begerang, Beguerung —no es inútil recordar eso que articula el deseo en el plano filosófico alemán— tendencia espontánea y consciente hacia un fin que imaginan".

"El deseo reposa pues sobre la tendencia, de la cual es un caso particular y más complejo. Se opone, por otra parte, a la voluntad o a la volición en que se superpone primero la coordinación, al menos momentánea, de las tendencias; segundo, la oposición del sujeto y del objeto; tercero, la conciencia de su propia eficacia; cuarto, el pensamiento de los medios por los que se realizará el fin querido".

Estos recuerdos son muy útiles, sólo si es para hacer notar que en un artículo que quiere definir el deseo, hay dos líneas para situarlo en relación con la tendencia, y que todo ese desarrollo se relacióna con la voluntad. Es efectivamente a eso que se reduce el discurso sobre el deseo en ese Vocabulario, aparte de lo que aún allí agrega:

"En fin, según ciertos filósofos, hay aún la voluntad de un fiat! (¡hágase!) de una naturaleza especial irreductible a las tendencias, y que constituye la libertad".

No sé qué aire de ironía es evidente ver surgir en estas últimas líneas sobre este autor filósofo. En nota: "El deseo y la tendencia a procurar una emoción ya probada o imaginada, es la voluntad natural de un placer".(Cita de Roque). Este término de voluntad natural tiene todo su interés de referencia.

A lo que Lalande personalmente agrega: "Esta definición aparece demasiado estrecha en que no tiene bastante en cuenta la anterioridad de ciertas tendencias en relación con las emociones correspondientes. El deseo parece ser esencialmente el deseo de un acto o de un estado, sin que sea necesario en todos los casos la representación del carácter afectivo de este fin".

Pienso que eso quiere decir del placer, o de algo otro. Sea lo que sea, no es ciertamente sin ubicar el problema de saber de qué se trata, si es de la representación del placer, o si es del placer.

Es cierto que no pienso que la tarea de que se opere por la vía del vocabulario, para tratar de ceñir la significación del deseo, sea una tarea simple, tanto más que quizá la tarea no la tendrán tampoco absolutamente preparada por la tradición a la que se revela. ¿Después de todo el deseo es la realidad psicológica, rebelde a toda organización, y en fin de cuenta por la sustracción de los carácteres indicados por ser los de la voluntad, que podremos llegar a aproximarnos a lo que es la realidad del deseo?.

Tendremos entonces lo contrario de la no coordinación, incluso momentánea, de las tendencias, la oposición del sujeto y del objeto será verdaderamente retirada. Además, estaríamos ahí en una presencia, una tendencia sin conciencia de su propia eficacia, sin pensar las palabras por las que se realizará el fin deseado. Ahora bien, seguramente estamos en un campo en el cual en todo caso el análisis ha aportado ciertas articulaciones muy precisas, puesto que en el interior de esas determinaciones negativas, el análisis designa muy precisamente en el nivel, en sus diferentes niveles, la pulsión, en tanto es justamente esto: la no coordinación, incluso momentánea, de las tendencias, el fantasma en tanto que introduce una articulación esencial, o más exactamente, una especie totalmente carácterizada en el interior de esta vaga determinación por la no oposición del sujeto y del objeto.

Será precisamente aquí nuestra meta este año intentar definir eso que es el fantasma, quizá incluso un poco más precisamente que como la tradición analítica ha llegado a definirlo hasta hoy.

Y por lo demás, últimos restos de idealismo y pragmatismo que están aquí implicados, no retendremos más que una cosa: precisamente cuán difícil parece ser situar el deseo y analizarlo en función de referencias puramente objetales.

Vamos a detenernos aquí para centrar, hablando con propiedad, en los términos en que pienso poder articularlos, el problema de nuestra experiencia, que es especialmente el del deseo, del deseo y su interpretación. El lazo interno, el lazo de coherencia en la experiencia analítica del deseo y su interpretación presenta ya en sí mismo algo que sólo la costumbre nos impide ver; cuán sugestivo es en la interpretación en sí del deseo, el que esté ligado de una manera interna a la manifestación del deseo.

Saber de qué punto de vista, no diría partimos, caminamos, no es de hoy que estamos juntos, quiero decir que hace cinco años que intentamos designar los lineamientos de comprensión para ciertas articulaciones de nuestra experiencia. Saben que esos lineamientos vienen a converger este año sobre el problema que puede ser el punto de confluencia de todos esos otros, alejados unos de otros, de los que quiero preparar el abordaje.

El psicoanálisis —y hemos marchado juntos en el curso de estos cinco años—, el psicoanálisis nos muestra esencialmente eso que llamamos la captura del hombre en lo constituyente de la cadena significante.

Esta captura está sin duda ligada, a propósito del hombre, sin ser coextensiva, al hecho de que el hombre habla sin duda pero para hablar ha de entrar en el lenguaje y en su discurso preexistente. Diría que esa ley de subjetividad que el análisis destaca especialmente, su dependencia fundamental del lenguaje, es tan crucial que literalmente escurre toda la psicología. Diremos que hay una psicología "servida" por cuanto podemos definirla como suma de los estudios concernientes a lo que podemos llamar, en sentido amplio, una sensibilidad que está en función del mantenimiento de una totalidad o de una homeostasis, en síntesis, funciones de la sensibilidad en relación a un organismo. Ven que allí está todo implicado, no sólo dos datos experimentales de la psico-física, sino también - todo lo que puede aportar en el orden más general la puesta en juego de las nociones de la forma, en cuanto a la aprehensión de los medios del mantenimiento de la constancia del organismo. Todo un campo de la psicología está... (falta en el original)

Pero la subjetividad de que se trata, en tanto el hombre está tomado en el lenguaje lo quiera o no, y que está capturado más allá de saber que de ello tenga, en una subjetividad que no es inmanente a una sensibilidad en tanto ésta, aquí, signifique el par estímulo-respuesta, por la siguiente razón: el estímulo está dado en función de un código que impone su orden a la necesidad, la cual debe traducirse allí.

Digo aquí la emisión, y no de un signo como en rigor puede decirse, al menos en la perspectiva experimental, en la prueba experimental de la que llamo ciclo estímulo-respuesta. Se puede decir que es un signo que el medio exterior da al organismo para que deba responder o defenderse. Si cosquilleamos la pata de una rana, ella realiza un signo y responde mediante un relajamiento muscular.

Pero en tanto que la subjetividad es tomada por el lenguaje, hay emisión no de un signo, sino de un significante, es decir, retengan esto que parece simple: el significante vale, no como se dice en la teoría de la comunicación, que vale en relación a algo tercero que ese signo representa; se puede leer esto de tres maneras minimum, es necesario que tenga un receptor, el que oye, es suficiente a continuación del significante, no hay necesidad de hablar de emisor, basta con un signo, y decir que ese signo significa una tercera cosa a la que representa.

La construcción es falsa, porque el signo no vale por relación a una tercera cosa que él representa, sino que vale por relación a otro significante que él no es. En cuanto a los esquemas que tracé en el pizarrón (Ver esquemas aparte).

Quiero mostrarles no la génesis, pues no imaginen que se trata allí de etapas, aún cuando algo de etapa puede reencontrarse realizada efectivamente por el sujeto, es necesario que el sujeto tome su lugar. No vean allí etapas en el sentido típico de etapas de evolución; se trata sobre todo de generación y de marcar la anterioridad lógica de cada uno de estos esquemas sobre el siguiente.

¿Qué representa lo que llamamos D, para partir de una gran D? Esto representa la cadena significante. ¿Qué quiere decir esto? Esta estructura base, fundamental, somete toda manifestación del lenguaje a la condición de estar reglada por una sucesión, en otras palabras por una diacronía, algo que se desarrolla en el tiempo. Decimos que seguramente toda la plenitud de la materia temporal no está allí aplicada. En su momento volveremos sobre ello.

Aquí las cosas se resumen en la noción de sucesión con lo que trae e implica la noción de escanción. Pero no estamos aún allí. El único elemento discreto, es decir, diferencial, es la base sobre la cual va a instaurarse nuestro problema de la implicación del sujeto en el significante.

Ello implica, desde lo que les he hecho destacar, que el significante se define por su relación con otro significante de un sistema de oposición significante; esto se desarrolla en una dimensión que implica a la vez una cierta sincronía de significantes.

Esta sincronía de significantes, la existencia de una batería significante, puede plantear el problema de saber cuál es la batería mínima. No los alejaría demasiado de vuestra experiencia saber si después de todo se pue-... (Falta en el original)

No creo que sea impensable, pero dejémoslo de lado.

En el estado actual de las cosas, estamos lejos de estar reducidos a ese minimum. Lo importante está aquí indicado por la línea de puntos que viene a recortar, de adelante para atrás, cortando en dos puntos la línea representante de la cadena significante; es la forma en que el sujeto ha de entrar en el juego de la cadena significante. Lo que está representado por la línea de puntos representa el primer encuentro a nivel sincrónico, al nivel de la simultaneidad de los significantes. Aquí está lo que llamo punto de encuentro con el código. En otras palabras, es porque el niño se dirige a un sujeto al que sabe hablante, al que ha oído hablar, que lo ha penetrado de relaciones desde el comienzo de su despertar a la luz del día, es porque tiene algo que juega como juego significante, como molino de palabras, que el sujeto debe aprender bien temprano que ésa es una vía estrecha por donde deben someterse todas las manifestaciones de las necesidades para ser satisfechas.

El segundo punto de recorte es donde se produce el mensaje y está constituido por esto: es siempre por un juego retroactivo de la serie de los significantes que la significación se afirma y se precisa, es après-coup que el mensaje toma forma a partir del significante que está antes de él, del código que le antecede y sobre el cual, inversamente, él, el mensaje mientras se formula en todo instante, anticipa tirándose un lance cada vez.

Ya les indiqué lo que resulta de ese proceso . En todo caso lo que resulta y es remarcable sobre ese esquema es esto: Lo que está originalmente bajo la forma de eclosión de la necesidad, de la tendencia, como dicen los psicólogos, que está ahí representada en un esquema a nivel de ese Ello que no se sabe qué es, que estando tomado en el lenguaje no se refleja por ese aporte inocente del lenguaje en el que el sujeto se hace discurso. Resulta que aún reducido a sus formas más primitivas de aprehensión de eso por el sujeto, que está en relación con otros sujetos parlantes, se produce algo al final de la cadena intencional que he llamado aquí la primera identificación primaria, la primera realización de un ideal del que no podemos decir que se trata de un Ideal del yo en ese momento del esquema, pero que seguramente el sujeto ha recibido la marca, signum, de su relación con el otro.

La segunda parte del esquema puede recubrir de algún modo una cierta etapa evolutiva, con la simple condición de que no se las considere como resueltas. Hay cosas resueltas en la evolución ; no es al nivel de esas etapas del esquema en que esas cesuras se encuentran allí. Esas cesuras, como Freud lo destacó, se marcan al nivel del juicio de atribución en relación a la nominación simple. No es de eso que quiero hablarles; ya volveremos.

En el primer y segundo piso del esquema se trata de la diferencia de un nivel infans del discurso, no es siquiera necesario que el niño hable todavía para que esa marca, esa impronta puesta por la demanda sobre la necesidad se ejerza al nivel de los gritos alternantes. Puede ser suficiente .

La segunda parte del esquema implica que aún si el niño no puede todavía sostener un discurso, igual ya sabe hablar, y bien pronto. Cuando digo que sabe hablar quiero decir que se trata, a nivel de la segunda etapa del esquema, de algo que va más allá de la captura en el lenguaje. Hay relación, hablando con propiedad, por cuanto hay llamado al otro como presencia, sobre el fondo de un sentido de ausencia, es el momento señalado del Fort-Da que tan vivamente impresionó a Freud en la fecha que podemos fijar en 1915, habiendo sido llamado por uno de los niños (que luego se convirtió en analista) que había sido objeto de su observación.

He ahí lo que nos hace pasar al nivel de esa segunda etapa de realización del esquema en el sentido de que aquí, más allá de lo que articula la cadena del discurso como existente, más allá del sujeto imponiéndole su forma, lo quiera o no, más allá de la aprehensión inocente, si así puede decirse, de la forma lingüisteril por el sujeto. Algo distinto va a producirse que está ligado al hecho de que en esa experiencia del lenguaje, se funda su aprehensión del otro como tal. De ese otro que puede darle su respuesta, la respuesta a su llamado; aquel otro al cual plantea fundamentalmente la pregunta que vemos en "El diablo enamorado" de Cazotte, como siendo el grito de la forma terrorífica que representa la aparición del superyó, en respuesta a aquél que lo ha evocado en una caverna napolitana: Che vuoi?, ¿qué quieres?

La pregunta hecha al otro de lo que él quiere, en otros términos, de allí donde el sujeto hace su primer encuentro con el deseo en tanto es, en primer lugar, deseo del Otro, deseo gracias al cual percibe que se realiza como ente, ese más allá alrededor del que gira, el que el Otro haga que un significante u otroesté o no presente en la palabra, en que el Otro le da la experiencia de su deseo, al mismo tiempo que una experiencia esencial porque hasta el presente era en la batería significante misma en la que una elección podía hacerse. Pero ahora es en la experiencia donde esa elección se muestra conmutativa. Está al alcance del Otro hacer que uno u otro significante esté allí, introduciéndose en la experiencia.

Los dos nuevos principios que se suman a lo que inicialmente era principio de sucesión implicando principio de elección. Tenemos ahora un principio de sustitución - y esto es esencial - es a partir de esta conmutatividad que se establece para el sujeto lo que, entre significante y significado, llamo la barra; hay entre significante y significado esa coexistencia, esa simultaneidad que al mismo tiempo está marcada por cierta impenetrabilidad, es decir, el mantenimiento de la diferencia, de distancia entre significante y significado. S

s

Curiosamente, la teoría de los grupos tal como se la aprende en el estudio abstracto de los conjuntos, nos muestra el nexo absolutamente esencial de toda conmutatividad con la posibilidad de usar lo que llamé el signo de la barra del que nos servimos para la representación de las fracciónes.

Dejemos esto aparte; es una indicación lateral de aquello de lo que se trata. La estructura de la cadena significante a partir del momento en que ha realizado el llamado al Otro, es decir, donde la enunciación se superpone, se distingue de la fórmula del enunciado, exigiendo algo que es justamente la captura del sujeto que era inicialmente inocente, pero que aquí el matiz es esencial, es inconsciente en la articulación de la palabra.

A partir del momento en que la conmutatividad del significante deviene una dimensión esencial para la producción del significado, a saber, que de una forma efectiva y resonante en la conciencia del sujeto, la sustitución de un significante a otro significante será el origen de la multiplicación de esas significaciónes que carácterizan el enriquecimiento del mundo humano.

Otro término se dibuja, otro principio, que es el de semejanza, el que hace que en el interior de la cadena, por relación al hecho de que en la seriación de la cadena significante uno de sus términos resulte o no semejante a otro, se ejerce aquí una cierta dimensión de hechos que es, hablando con propiedad, dimensión metonímica.

Les voy a mostrar a continuación que es esencialmente en esta dimensión que se producen los efectos que son carácterísticos y fundamentales de lo que podemos llamar el discurso poético, los efectos de la poesía.

Es pues al nivel de la segunda etapa del esquema que se produce lo que nos permite poner al mismo nivel que el mensaje, en la parte izquierda del esquema, lo que era mensaje en el primer esquema, la aparición de lo que es significado del Otro, por oposición al significante dado por el Otro que lo produce sobre la cadena de puntos, de puntos porque está parcialmente articulado,donde está implícito que no representa aquí al sujeto sino en tanto él es soporte de la palabra.

Se los he dicho, es en la experiencia del Otro en tanto que Otro y teniendo un deseo, que se produce esa segunda etapa de la experiencia. El deseo desde su aparición, su origen, se manifiesta en ese intervalo, esa hiancia que separa la articulación lisa y llana, la lingüistería de la palabra, de lo que marca que el sujeto realiza allí algo de sí mismo que no tiene alcance, sentido, sino por relación a esa emisión de la palabra que es lo que el lenguaje llama su ser.

Es entre los avatares de la demanda y lo que tales avatares le hacen devenir, y por otra parte esa exigencia de reconocimiento por el otro, que podemos llamar exigencia de amor, donde se sitúa un horizonte de ser para el sujeto de quien se trata, de saber si el sujeto puede alcanzarlo o no. Es en ese intervalo, en esa hiancia que se sitúa la experiencia que es la del deseo, aprehensible primero como siendo del deseo del Otro y en cuyo interior el sujeto ha de situar su propio deseo. Su propio deseo como tal no puede situarse sino en ese espacio. Esto representa la tercera etapa, la tercera forma o fase del esquema. Está constituida por esto: ante la presencia primitiva del deseo del Otro como opaco, como oscuro, el sujeto está sin recursos. Está "hilflos; hilflosing heit", empleo el término de Freud, en francés se llama "detresse" (indefensión) del sujeto. He allí el fundamento de lo que en análisis ha sido explorado, experimentado, situado como la experiencia traumática.

Lo que Freud nos trajo después de encaminar lo que permitió situar en su verdadero lugar la experiencia de la angustia, es algo que para mí no tiene nada de ese carácter en cierto modo difuso de lo que llamamos la experiencia existencial de la angustia. Que sí se pudo definir, en una referencia filosófica, que la angustia es algo que nos confronta con la nada, fórmula justificable en cierta perspectiva de la reflexión. Sepan que sobre este tema Freud tiene una enseñanza articulada, positiva; él hace de la angustia algo situado en una teoría de la comunicación. La angustia es una señal. No está a nivel del deseo, suponiendo que el deseo debiera producirse en el mismo lugar donde se origina y se experimenta la indefensión; no es a nivel del deseo que se produce la angustia. Retomaremos atentamente este año, renglón por renglón, el estudio de "Inhibición, síntoma y angustia" de Freud.

Hoy en esta primera lección no puedo hacer otra cosa que mostrarles algunos puntos mayores para poder encontrar la continuidad del asunto. Freud nos dice que la angustia se produce como una señal en el yo bajo el fundamento de la indefensión, a lo que está llamada, como señal a remediar.

Sé que voy muy rápido, que esto merecería un seminario entero, pero no puedo hablarles de nada si no comienzo por mostrarles el dibujo del camino que vamos a recorrer.

En tanto que al nivel de esa tercera etapa interviene la experiencia especular, la experiencia en relación a la imagen del otro en tanto fundante del Urbild del yo que vamos a reencontrar este año, a utilizar en un contexto que le dará una resonancia muy distinta, lo que hemos articulado al fin de nuestro primer año, concerniente a las relaciones del yo ideal y del ideal del yo, vamos a ser llevados a repensar todo ello en ese contexto que es la acción simbólica que les muestro aquí como esencial.

Van a ver qué utilización puede tener. No hago sólo alusión a lo que ya he dicho y articulado sobre la relación especular, la confrontación en el espejo del sujeto con su propia imagen; hago alusión al esquema: "a..."; es decir, al uso del espejo cóncavo que nos permite pensar la función de una imagen real reflejada que no puede ser vista como reflejada sino a partir de una cierta posición, de una posición simbólica que es la del ideal del yo.

Se trata de esto: en la tercera etapa del esquema tenemos la intervención del elemento imaginario en tanto que tal, de la relación del yo al otro como siendo el que va a permitir al sujeto remediar esa indefensión en la relación al deseo del Otro, ¿por qué? Por algo que es tomado del juego de dominio que el niño, en una edad electiva, aprendió a manejar en cierta referencia a su semejante en tanto que tal.

La experiencia del semejante en el sentido en que es mirada, donde es el otro quien los mira, donde hay que hacer jugar un número de relaciones imaginarias entre las que están, primeramente, las de prestancia, de sumisión y de derrota. Es en medio de eso, como Aristóteles dice que el hombre piensa, hay que decir que el hombre piensa, no hay que decir que el alma piensa, pero el hombre piensa con su alma. Hay que decir que el sujeto se defiende. Es lo que nos muestra nuestra experiencia.

Con su yo se defiende contra esa indefensión, y con el medio que la experiencia imaginaria de la relación con el otro le da, reconstruye algo que es la diferencia de la experiencia especular flexible con el otro, porque lo que el sujeto refleja no es simple juego de prestancia, no es su oposición al otro en el prestigio y en la finta, es él mismo como sujeto hablante, y es por eso que lo designo aquí como siendo ese lugar de salida, de referencia por donde el deseo va a aprender a situarse, es el fantasma. Es por eso que al fantasma lo simbolizo, lo formulo con esos símbolos, la S/ aquí. Les diría por qué está tachada la S, es decir, el sujeto en tanto hablante, en tanto se revela al otro como mirada, al otro imaginario.

Cuando tengan que vérselas con algo que es propiamente un fantasma, verán que es articulable en términos de referencia al sujeto como hablante al otro imaginario. Es lo que define al fantasma... (Falta una página).

Esto es por lo que comencé por allí. No digo que les hice la experiencia más fácil, es por eso que ahora, para aligerar esta experiencia, voy a darles ya pequeñas ilustraciones. Tomaré primero una, y verdaderamente al nivel más simple porque se trata de relaciones del sujeto al significante, lo menos y lo primero que se puede exigir de un esquema es el ver si sirve a propósito de la conmutación.

Me acordé de algo que leí la otra vez en el libro de Darwin sobre la expresión en el hombre, en el animal y que debo decir que me divirtió mucho. Darwin cuenta que un tal Sidney Smith que, supongo, debía ser un hombre de la sociedad inglesa de su tiempo, de él dice Darwin, planteando una pregunta, he escuchado a Sidney Smith decir en una velada, tranquilamente, la siguiente frase: "Ha llegado a mis oídos que la querida vieja Lady Cock se cortó". ("y a coupé"). En realidad "over look" quiere decir que el inspector no reparó en eso, en sentido etimológico. "Over look" es de uso corriente en la lengua inglesa. No tiene correspondiente en el uso corriente francés. Es por eso que el uso de las lenguas es tan útil y dañino a la vez porque nos evita de hacer la sustitución de significantes en nuestra propia lengua gracias a lo cual podríamos llegar a apuntar un cierto significado, ya que se trata de cambiar todo el contexto para obtener el mismo efecto para una sociedad análoga. Eso podría querer decir: el ojo lo pasó por encima, y a Darwin le maravilla que fue claro para todos, y sin ninguna duda, lo que quiso decir, que el diablo la tenía olvidada, que había olvidado arrastrarla a la tumba, la cual parecía ser en ese momento, en el espíritu del auditorio, su lugar natural, deseado. Darwin deja abierto el punto de interrogación: ¿cómo hizo aquél para lograr ese efecto?. Y admite: "soy incapaz de decirlo".

Podemos estarle reconocidos a él por marcar en la experiencia que allí hace, de una manera especialmente significativa y ejemplar, su propio límite en el abordaje de ese problema. Que haya tomado de una cierta manera el problema de las emociones, decir que la expresión de las emociones está interesada justamente a causa del hecho de que el sujeto no manifiesta estrictamente ninguna, que dice eso "placidely", es quizá para llevar las cosas un poco más lejos. En todo caso, Darwin no lo hace, está verdaderamente muy sorprendido de eso que hay que tomar al pie de la letra, porque como siempre cuando estudiamos un caso no hace falta reducirlo tornándolo vano.

Darwin dice: todo el mundo comprendió que el otro hablaba del diablo en tanto que el diablo no esta por ninguna parte, y eso es lo interesante, el que Darwin nos dice que el escalofrío del diablo pasó por todos.

Tratemos de comprender un poco.

No nos vamos a detener sobre las limitaciones mentales propias de Darwin, igual llegaremos al asunto, pero no enseguida. Lo que hay de cierto es que desde el principio algo que participa de un conocimiento sorprendente, porque no hay necesidad de haber planteado los principios del efecto metafórico, de la sustitución de un significante a otro significante; no hay necesidad de exigir de Darwin que tenga el presentimiento por el que se percata del efecto que en todos los casos llega a lo que él no articula, en el hecho de que una frase que comienza cuando dice "Lady Cock" se termina normalmente por "ill", enferma. He oído decir también que hay algo que no va de un lado a otro, puesto que la sustitución de algo que parece que se oye, una noticia concerniente a la salud de la vieja dama, porque es siempre de su salud que se ocupa en principio cuando se trata de las viejas damas, y reemplazado por cualquier otra cosa, hasta irreverente en cierto modo.

No dice ni que está por morir, ni tampoco que se porta muy bien. Dice que ha sido olvidada.

¿Qué es lo que interviene para que ese efecto metafórico, a saber en todo caso, otra cosa que lo que querría decir "over look" podría ser considerada? Es en tanto no considerado que es sustituido a otro significante, que un efecto de significado nuevo se produce, que no está ni en la línea de lo que se tentó ni en la de lo no considerado. Si esa desconsideración no estuviera carácterizada justamente como tal, algo original habría estado realizado de una cierta manera en el espíritu de cada uno según ángulos de refracción propios.

En todos los casos hay apertura de un nuevo significado a algo que hace que, por ejemplo, Sidney Smith pase en el conjunto por un hombre de chispa, que no se expresa por clichés.

Pero, ¿por qué diablo?

Si nos remitimos a nuestro pequeño esquema, nos ayudará mucho. Es para eso que sirve, si se hacen esquemas, para servirse de ellos. Se puede igualmente llegar al mismo resultado sin ellos (en s'en passant) pero el esquema de alguna manera nos guía, nos muestra muy evidentemente lo que pasa en lo real, lo que se presentifica, un fantasma hablando con propiedad, y ¿por qué mecanismos? Es aquí que el esquema puede también ir más lejos que lo qué permite, diría yo, una noción de tipo ingenua de que las cosas están hechas para expresar algo, que se comunicaría una emoción, como se dice, como si las emociones no plantearan, en sí tantos otros problemas, como ser, lo que ellas son, si tienen en si necesidad de comunicación.

Nuestro sujeto, se nos dice, está perfectamente tranquilo, se presenta en estado puro, siendo la presencia de su palabra puro efecto metonímico; quiero decir, su palabra en tanto palabra en su continuidad de palabra, y en esa continuidad de palabra precisamente hace intervenir eso: la presencia de la muerte en tanto que el sujeto puede o no puede escaparle, sin embargo evoca esa presencia de algo que guarda gran parentesco con la llegada al mundo del significante. Quiero decir que si hay una dimensión donde la muerte, o el hecho de que no esté allí, puede ser a la vez directamente evocada, al mismo tiempo velada y en todo caso encarnada por llegar inmanente a un acto, es la articulación significante. Es por cuanto el sujeto que habla tan ligeramente de la muerte que no la quiere en especial a esa dama, y por otra parte, la perfecta placidez con que habla implica, justamente, que al respecto ha dominado su deseo, en tanto el deseo como en "Volpone" podría expresarse por la amable fórmula: púdrete y revienta. (puet creve).

No dice eso, articula simplemente que es el nivel que nos vale lo que cada uno a su turno por un instante olvidó, pero eso, si así puedo decirlo, no es el diablo y (.....) eso (Ça) llegará un día u otro, y a la vez ese personaje se plantea como no dudando en igualarse con aquella de la que habla, de ponerse al mismo nivel, bajo el peso de la misma falta, de la misma legalización terminal para el amo absoluto aquí presentificado.

En otras palabras, aquí el sujeto se revela respecto de lo que está velado en el lenguaje como teniendo una suerte de familiaridad, de completud, de plenitud de manipuleo del lenguaje, que sugiere, ¿qué? Justamente algo sobre lo que quiero terminar porque es lo que falta a todo lo que dije en el desarrollo en tres etapas, para que aquí el resorte, el relieve de lo que quiero articularles, sea completo.

A nivel del primer esquema tenemos una imagen inocente. Es inconsciente que no demanda más que pasar al saber. No olvidemos que en la inconsciencia era una dimensión de tener conciencia, aún en francés, implica esta noción.

Al nivel de la segunda y tercera etapas del esquema, les dije que tenemos un uso más consciente del saber, quiero decirles que el sujeto sabe hablar y habla. Es lo que hace cuando llama al otro, y por tanto es allí donde se encuentra la originalidad del campo que Freud descubre y que llama lo inconsciente, es decir, ese algo que pone siempre al sujeto a cierta distancia de su ser, lo que hace que precisamente ese ser no se le junte jamás, y que por eso es necesario que no pueda hacer otra cosa que alcanzar su ser en esa metonimia del ser en el sujeto que es el deseo.

¿Por qué? Porque al nivel en que el sujeto está empeñado, metido él mismo en la palabra y por ahí en la relación al Otro como tal, como lugar de la palabra, hay un significante que falta siempre. ¿Por qué? Porque es un significante, y el significante está especialmente delegado a la relación del sujeto con el significante. Ese significante tiene nombre: es el falo.

El deseo es la metonimia del ser en el sujeto; el falo es la metonimia del sujeto en el ser. Volveremos. El falo, en tanto es elemento significante sustraído a la cadena de la palabra, en tanto enlaza toda relación con el Otro, es ahí el principio límite que hace que el sujeto en tanto implicado en la palabra, caiga bajo el golpe de lo que se desarrolla en todas sus consecuencias clínicas bajo el término de complejo de castración.

Es lo que sugiere toda especie de uso, no digamos puro, puede ser más impuro de los vocablos (mot) de la tribu, toda especie de inauguración metafórica, por poco audaz que se haga y en desafío de lo que la lengua siempre vela, y eso que vela en último lugar, es la muerte.

Eso siempre tiende a hacer surgir esa figura enigmática del significante faltante, el falo , que aquí aparece como siempre bajo la forma llamada diabólica, oreja, pene, aún el mismo falo, y si en ese uso (du cage) de jaula la tradición del "jeu d'esprit" inglés, ese contenido que no disimula menos el deseo más violento, pero ese uso se basta a sí para hacer aparecer en lo imaginario, en el otro que está como espectador, en el pequeño a, esa imagen del sujeto en tanto marcado por la relación a ese significante especial, que se llama lo prohibido, en tanto viola una interdicción, en tanto muestra que más allá de las prohibiciones que hacen la ley del lenguaje, no se habla así de las viejas damas.

Hay al menos un señor que oye hablar plácidamente del mundo y hace aparecer al diablo, en ese punto el querido Darwin se pregunta: ¿Cómo diablos hace eso?

Aquí los dejaré hoy. Retomaremos la próxima vez un sueño en Freud, trataremos de aplicarle nuestros métodos de análisis, lo que también nos permitirá situar los diferentes modos de interpretación.



índice del seminario 6
















































Clase 2. Del 19 de Noviembre de 1958

19 de Noviembre de 1958



Primero querría ubicar los límites de lo que quiero hacer hoy, quiero decir en esta misma lección, enunciar eso que les mostraré y abordar el ejemplo de interpretación de un sueño, así como el uso de lo que convencionalmente llamamos desde hace un tiempo, el grafo.

Como continúo ese discurso, si me atrevo a expresarlo no simplemente por encima de sus cabezas, querría que se estableciese a través de él cierta comunicación, como se dice. No he dejado de hacerme eco de sus dificultades ya la última vez, pero este grafo, lo hemos construido juntos el año pasado, es decir, puesto a punto progresivamente, lo han visto de alguna manera edificarse en las necesidades de cierta formulación centrada alrededor de lo que he llamado formaciones del inconsciente.

Que ustedes no pudiesen, como lo hacía notar, darse cuenta de que su uso no era todavía unívoco, no es para asombrarse, puesto que precisamente una parte de lo que habremos de articular este año sobre el deseo nos mostrará la utilidad, a la vez que nos enseñará su manejo .

Se trata, pues, en primer término, de su comprensión. A propósito de ese término "comprensión", querría remarcarles —les aseguro que no hay en ello ninguna ironía— que es un término problemático. Si hay entre ustedes quienes comprenden siempre y en todo instante lo que hacen, los felicito y los envidio. No es lo que corresponde, incluso después de veinticinco años de ejercicio, mi experiencia me muestra bastante los peligros que ello comporta, peligro de ilusión de comprender todo, porque no se dude de que busco mostrarles que eso que hago, no es de ninguna manera comprender, sino del saber.

No es siempre lo mismo, eso puede no confundirse, y verán que hay razones internas para que eso no se confunda que puedan en ciertos casos saber qué hacer, saber dónde están, sin saber comprender siempre, al menos inmediatamente, de qué se trata.

El grafo está hecho precisamente para este punto de referencia, está destinado a anunciar algo. Hoy pienso, si tengo tiempo, poder comenzar a ver por ejemplo, cómo este grafo, y creo que sólo este grafo o algo bien entendido análogamente, permite distinguir, por ejemplo, tres cosas; para distinguirlas por posiciones, por situaciones diferentes, tres cosas que, debo decir, ustedes confunden con demasiada frecuencia, hasta deslizar sin precaución de una a otra, lo reprimido, por ejemplo. Habremos de decirlas como Freud las definió: lo reprimido, el deseo y el inconsciente .

Rehagamos al menos a pequeños pasos antes de aplicarlo, para que no quede duda de lo que representa lo que llamamos los dos pisos, aunque bien entendido, es eso mismo que trae la dificultad para muchos de ustedes, esos dos pisos no corresponden para nada con lo que habitualmente se les presenta a nivel de lo que podría llamarse lo arquitectónico de las funciones, superiores e inferiores, automatismo y función de síntesis.

Es justamente para que no lo encuentren que esos dos pisos aparecen, y es porque quiero intentar rearticularlos ante ustedes, puesto que parece que el segundo piso de la construcción, piso abstractamente definido, porque ese grafo es un discurso, no puede decir todo al mismo tiempo, ese segundo piso que no es forzosamente una etapa, tiene para nosotros cierta dificultad.

Retomo las cosas. ¿Cuál es la meta de ese grafo? Mostrarles las relaciones, para nosotros esenciales, más aún en tanto somos analistas, del sujeto hablante con el significante.

Al fin de cuentas, la pregunta alrededor de la cual se divisan esos dos pisos, es la misma para él, el sujeto hablante —es un buen signo— que para nosotros. Decía hace un momento: ¿sabemos lo que hacemos? y bien, también él, ¿sabe o no lo que hace al hablar? Eso quiere decir: ¿puede significarse eficazmente su acción de significación?

Es justamente alrededor de esta cuestión que se reparten esos dos pisos de los que les digo enseguida, pues parece habérsele escapado a algunos la última vez, que es necesario pensar que funcionan los dos al mismo tiempo en el menor acto de palabra, y verán qué es lo que entiendo por el término acto de palabra.

En otros términos, si piensan en el proceso de lo que pasa en el sujeto, en tanto interviene en su actividad el significante, es necesario que piensen lo que he tenido la ocasión de articular para uno de ustedes a quien daba un suplemento de explicaciones después de mi seminario, si lo subrayo es porque mi interlocutor me hacía notar lo que podían no haberse dado cuenta, a saber: que el proceso en cuestión parte al mismo tiempo de cuatro puntos: , A, d y D, es decir - pueden ver que es la puntuación de mi exposición de hoy, en ese sentido respectivamente, la intención del sujeto, el sujeto en tanto yo ( je) hablante, el acto de la demanda y eso que llamaremos siempre con un cierto nombre y que dejo reservado por ahora .

Los procesos, pues, son simultáneos en esos cuatro trayectos: d' - - I - s(A). Pienso que está bastante apretado.

Hay, pues, dos pisos en el hecho de que el sujeto hace algo que está en relación con la acción prevalente, la estructura prevalente del significante. En el piso inferior, recibe, padece esta estructura. Esto es especialmente aparente. Entienden bien lo que digo, puesto que no hay nada improvisado; son los que están en lo cierto.

Eso toma su valor por estar especialmente —no únicamente, sino especialmente— ilustrado. Quiero decir que es ahí especialmente comprensible, pero al mismo tiempo eso puede hacer que no vean toda la generalidad, a saber que eso engendra ciertas incomprensiones. Díganlo seguido, cada vez que comprenden, comienza el peligro. Esto toma su valor especialmente en el contexto: digo contexto de la demanda, es en ese momento que el sujeto en ese nivel, en ese piso, la línea de la intencionalidad del sujeto, de lo que suponemos ser el sujeto, un sujeto que no ha devenido sujeto hablante, tanto que es el sujeto del que siempre se habla, del que incluso diría, se habla hasta aquí, puesto que no sé de nadie que haya hecho nunca verdaderamente bien la distinción como intento aquí introducirla, el sujeto del conocimiento, para decirlo todo, el sujeto correlativo del objeto, el sujeto alrededor del cual gira la eterna cuestión del idealismo, y que es él mismo un sujeto ideal, tiene siempre algo de problemático, a saber, como lo he hecho notar y como su nombre lo indica, no es sino sujeto supuesto.

No es lo mismo, lo verán, para el sujeto que habla, que se impone con completa necesidad.

El sujeto, pues, en el contexto de la demanda, es el primer estado, si puedo decir, informado de nuestro sujeto en nosotros, de quien intentamos articular por ese grafo las condiciones de existencia. Ese sujeto no es otro que el sujeto de la necesidad; luego, es quien se expresa en la demanda, y no tengo necesidad de volver allí una vez más. Todo mi punto de partida consiste en mostrar cómo esa demanda, al mismo tiempo que el sujeto, está profundamente modificada por el hecho de que la necesidad debe pasar por los desfiladeros del significante.

No insisto más porque lo supongo adquirido, pero quiero con el propósito de hacerles notar que es precisamente en este intercambio entre la posición primitiva inconstituida del sujeto de la necesidad y las condiciones estructurales impuestas por el significante, que reside lo que se produce y está aquí representado por el hecho de que la línea D-S es llena hasta A, mientras que más allá de ahí queda fragmentada; que inversamente, en tanto que es anterior a pequeña s(A) que la línea llamada de intencionalidad, en la ocasión del sujeto, está fragmentada y que no está llena sino después, decimos especialmente en ese segmento, e incluso provisoriamente porque habré de insistir más abajo en eso, en tanto no han tenido en cuenta la línea A - m - i(a) - s(A).

¿Por qué es así? Es necesario que no me retrase eternamente sobre ese grafo, de tanto en tanto volveremos allí .

¿Qué es lo que representa en otros términos esa continuidad de la línea hasta ese punto A del que saben que es el lugar del código, el lugar donde yace el tesoro de la lengua en su sincronía, quiero decir, la suma de los elementos temáticos o taxonómicos, sin que haya medio de comunicar entre esos seres que están sometidos a las condiciones del lenguaje?

Lo que representa la continuidad de la línea D-S hasta el punto A, es esa sincronía de la organización sistemática de la lengua, quiero decir que sincrónicamente está dado como un sistema, como un conjunto en el interior del cual cada uno de esos elementos tiene su valor en tanto que distinto de los otros, otros significantes, otros elementos del sistema. Es ahí, les repito, el punto clave de todo lo concerniente a la comunicación.

Lo olvidado siempre en las teorías de la comunicación es que lo que es comunicado no es signo de algo; es simplemente el signo de lo que está en el lugar donde otro significante no está.

Es de la solidaridad de este sistema sincrónico en tanto que reposa en el lugar del código, que el discurso de la demanda, en tanto anterior al código, toma su solidez, en otros términos, que en la diacronía, es decir, en el desarrollo de ese discurso, aparece lo que se llama minimum de duración exigible para la satisfacción, aunque fuese lo que se llama una satisfacción mágica o, al menos, de repulsa, a saber, el tiempo de hablar.

Es en razón de esta relación que la línea del discurso significante, del discurso significante de la demanda, puesto que está compuesto de significantes, debería aparecer aquí y representarse bajo la forma fragmentada que vemos subsistir bajo la forma de una sucesión de elementos discretos, separados por intervalos. Es en razón de la solidez sincrónica del código, del que los elementos sucesivos están tomados, que se concibe esa solidez de la afirmación diacrónica y la constitución de lo que se llama en la articulación de la demanda, el tiempo de la fórmula.

Pues es con anterioridad al código, o más acá del código, que esta línea se presenta como continua. Al contrario, ¿qué es lo que representa aquí este grafo por la línea fragmentada que es la de la intencionalidad del sujeto?

Es en el interior de lo que son sus primeras identificaciones, lo que se llama en la ocasión la madre, la madre como omnipotente.

Pasemos al segundo piso de ese grafo, cuya representación la última vez, parece al menos para algunos, ha tenido algunas dificultades. Este segundo piso es otra cosa que el sujeto que pasa bajo los desfiladeros de la articulación significante.. Es el sujeto que asume el acto de hablar, es el sujeto en tanto que yo (je); todavía aquí me es necesario suspender alguna articulación de reserva esencial.

Después de todo, ese yo (je), no me retrasaré allí, voy a hacerles notar en el origen, este yo (je), en tanto que allí he hecho alguna alusión en algún desarrollo, no es nuestro asunto, es, no obstante, el yo del "pienso, luego soy". Sepan que se trata aquí de un paréntesis. Todas las dificultades que me han sido sometidas han sido a propósito del "pienso, luego soy", en cuanto a que eso no tenía ningún valor probatorio, puesto que el yo (je) ya está puesto en el "pienso" y que no hay, después de todo, más que un cogitatum, ello piensa, y ¿por qué estaría yo (je) ahí dentro?

Creo que todas las dificultades se elevan de la no distinción de dos sujetos, tal como se los he articulado en primer lugar, a saber que más o menos, primero yo pienso más o menos sin razón en ese dato (reporté), en esa experiencia que nos confía la filosofía, la confrontación de un sujeto a un objeto, por consecuencia, a un objeto imaginario entre los que no es destacable que el yo (je) no ser un objeto entre otros.

Por el contrario, si ponemos la cuestión en el nivel del sujeto definido como hablante, el asunto tomará otro camino, como mostrará la fenomenología que voy a indicarles ahora.

Para quienes quieran referencias concernientes a toda esta discusión del yo (je) del cogito, les recuerdo que hay un artículo ya citado del señor Sartre en las Investigaciones filosóficas.

El yo (je) del cual se trata, no es simplemente el yo (je) articulado en el discurso, el yo (je) en tanto se pronuncia en el discurso; es eso que los lingüistas llaman, por lo menos desde hace algún tiempo, un shifter.

Es un semantema que no tiene empleo articulable en función del código, quiero decir, en función pura y simplemente del código articulable lexicalmente. Es, como la experiencia más simple lo muestra, que el yo (je) no se relacióna nunca con algo que pueda ser definido en función de otros elementos del código, sino simplemente, en función del acto de mensaje. El yo (je) designa lo que es el soporte del mensaje, es decir, algo que varía a cada instante.

No es para romperse demasiado la cabeza, pero quisiera hacer notar lo que resulta de eso, que este yo (je) es esencialmente distinto a partir de ese momento, como enseguida voy a hacérselos sentir. Eso que se puede llamar el sujeto verdadero del acto de hablar, diría una constante presunción de discurso indirecto, quiero decir que podría muy fácilmente estar seguido, el discurso mismo, de un paréntesis: "yo (je), que hablo", o "yo (je) digo que"; esto, por otra parte , es muy evidente , como otros lo han notado antes que yo, por el hecho de que un discurso que formula "digo que" y agrega enseguida "y lo repito", no dice en ese "lo repito" algo inútil, en tanto es, justamente, para distinguir los dos que están en cuestión, el que ha dicho y el que adhiere a quien ha dicho lo que ha dicho.

En otros términos, todavía, quiero sugerir la diferencia que son acciones simbólicas, están sujetas a inscripción. A menudo es acción para hacer acto, y va en contra de lo que pasa, o más exactamente conforme a lo que pasa en el juicio de instrucción, o todo lo que haga podrá ser usado en su contra, todas sus acciones estarán impuestas en un contexto de lenguaje y que incluso sus gestos son gestos que no son nunca más que gestos para elegir en un ritual preestablecido, a saber, en una articulación de lenguaje.

Y Freud, en esto, ¿sabe lo que hace? No.

No es otra cosa que lo que expresa el segundo piso de mi grafo, a saber, que ese segundo piso no vale sino a partir de la pregunta del Otro, Che vuoi?, ¿qué quieres?, y que hasta ese momento de la pregunta, quedamos en la inocencia y en la tontería.

Intento aquí hacer esta prueba de que el didactismo no pasa obligatoriamente por la tontería. No puede ser sobre ustedes que se base para que la demostración se realice.

En relación a esta pregunta, y en las respuestas que el segundo piso del esquema articula, ¿dónde se ubican los puntos de cruce entre el discurso verdadero, que está sostenido por el sujeto, y lo que se manifiesta como querer en la articulación de la palabra? Donde esos puntos de cruce se ubiquen está todo el misterio de ese símbolo que parece hacerse opaco para algunos.

Este discurso que se presenta en ese nivel como llamado del ser, no es lo que tiene el aspecto de ser, lo sabemos por Freud; y es eso lo que el segundo piso del grafo intenta mostrarnos.

No se puede al principio más que sorprenderse, que no lo reconociesen, pues es lo que Freud ha dicho; qué es lo que hacemos todos los días si no es esto; mostrar que, a ese nivel, a nivel del acto de la palabra, el código está dado por algo que no es la demanda primitiva, que es una cierta relación del sujeto a esta demanda en tanto el sujeto ha quedado marcado por sus avatares. Es eso que llamamos las formas orales , anales y otras, de la articulación inconsciente; y es por eso que no me parece provocar muchas discusiones. Hablo simplemente como admisión de las premisas que situamos aquí a nivel del código. La fórmula: el sujeto en tanto marcado por el significante en presencia de su demanda como dando el material, el código de ese discurso verdadero, que es el verdadero discurso del ser en ese nivel.

En cuanto al mensaje que recibe, ése al que ya he hecho alusión muchas veces, es todo el problema de la perspectiva analítica, a saber, qué es ese mensaje. Puedo dejarlo por hoy en estado problemático, y simbolizarlo por un significante presumido como tal. Es una forma puramente hipotética, es un X, un significante del Otro puesto que es en el nivel del Otro que la pregunta está ubicada por otra marca, que es justamente el elemento problemático en la pregunta concerniente al mensaje.

En resumen: la situación del sujeto a nivel del inconsciente, tal como Freud lo articula, no soy yo, es Freud quien lo ha articulado, es que no sabe con quién habla. Necesitamos revelarle los elementos propiamente significantes de su discurso, y que no sabe tampoco el mensaje que le llega realmente a nivel del discurso del ser.

En otros términos, no sabe el mensaje que le llega de la respuesta a su demanda en el campo de lo que quiere; ustedes saben ya la respuesta, la respuesta verdadera; no puede ser más que una, a saber, el significante y nada más, que está especialmente afectado para designar justamente las relaciones... (falta en el original)

Se los he dicho, a pesar de todo quiero expresarlo, porque ese significante es el falo. Incluso para los que escuchan por primera vez, les pido que acepten esto provisoriamente. Lo importante no es eso, lo importante es que para lo que no puede tener respuesta posible, puesto que la única respuesta posible es el significante, que designa esas relaciones con el significante, él, el sujeto, se anonada y desaparece. Es justamente esta demanda directamente ubicada sobre el falo, a saber, la castración o esta noción de falta de falo que; en uno u otro sexo, es algo que viene a terminar el análisis, como Freud —se los hago notar— lo ha articulado.

Pero no estamos aquí para repetir esas verdades primeras. Sé que esto pega sobre los nervios de algunos que hacen demasiados malabares desde hace tiempo con el ser y el tener; pero se le pasará , porque eso no quiere decir que en el curso de esto no vayamos a hacer una colecta preciosa, una colecta clínica, una colecta que permita incluso en el interior de mi enseñanza producirse con todas las carácterísticas típicas de lo que llamaría "la onda médica".

Se trata de situar en el interior de esto lo que quiere decir el deseo.

Lo hemos dicho, hay, pues, en ese segundo piso también, un tesoro sincrónico, hay una batería de los significantes inconscientes para cada sujeto; hay un mensaje en el que se anuncia la respuesta al che vuoi? , y se anuncia, como pueden constatarlo, peligrosamente.

Incluso eso que les he hecho notar al pasar, historia para evocarles recuerdos imaginados, que hacen de la historia de Abelardo y Eloísa la más bella historia de amor.

¿Qué quiere decir el deseo? ¿Dónde se sitúa? Pueden notar que en la forma completa del esquema, tiene aquí una línea punteada que va del código del segundo piso a su mensaje por intermedio de dos elementos. d significa el lugar donde el sujeto desciende, y $ frente a la pequeña a significa - lo he dicho, lo repito - el fantasma.

Esto tiene una forma, una disposición homológica en la línea que, de A, incluye en el discurso el yo (moi), la m en el discurso, decimos la persona plena con la imagen del otro, es decir, esa relación especular que he ubicado como fundamental en la instauración del yo (moi).

Hay en la relación entre los dos pisos, algo que merece ser más plenamente articulado. No lo hago hoy, no sólo porque no tenga tiempo; estoy dispuesto a tomarme todo mi tiempo para comunicarles lo que tengo que decirles, sino porque quiero tomar las cosas de una manera indirecta, para que sea susceptible de hacerles sentir su alcance. No son incapaces de adivinar lo que puede tener de rico que eso sea una cierta reproducción de una relación imaginaria a nivel del campo de hiancia determinada entre los dos discursos, en tanto que esa relación reproduce homológicamente lo que se instala en la relación al otro en el juego de prestancia.

No son incapaces de presentir, desde ahora, pero bien entendido, presentirlo como que es totalmente insuficiente. Quiero, antes de articularlo plenamente, hacerlos detener un instante sobre lo que comporta en el interior, situado, plantado en el interior de esta economía, el término deseo.

Lo saben; Freud ha introducido este término al principio del análisis. Lo introdujo a propósito del sueño, y bajo la forma del "Wunsch", es decir, de algo que se articula sobre esta línea. El "Wunsch" no es en sí mismo deseo sólo en sí; es un deseo formulado, es un deseo articulado.

Es en lo que quiero un instante detenerlos, es en la distinción que merece que se instale e introduzca este año, del ser llamado deseo con ese "Wunsch". Han leído "La ciencia de los sueños", y este momento del que les hablo marca el momento en que este año comenzamos a hablar de eso.

De la misma forma que el año pasado comenzamos por el chiste, comenzamos este año por el sueño. Han notado desde las primeras páginas, y hasta el final, que si piensan el deseo bajo la forma en que se las tienen que ver todo el tiempo en la experiencia analítica, donde se les da soga para retorcer, por sus excesos, por sus desviaciones, por sus desfallecencias, les digo el deseo sexual, el que con alternancias ejerce sobre todo el campo analítico un cono de sombra muy destacable sobre aquello de lo que se trata en el análisis.

Saben, pues , notar la diferencia, a condición de que lean verdaderamente, es decir, no continuar pensando en sus pequeñeces mientras vuestros ojos recorren la Traumdeutung. Percibirán que es muy difícil asir ese famoso deseo ; que en cada sueño pretendidamente se lo encuentra en todas partes.

Si tomo el sueño inaugural, el sueño de la inyección de Irma, del que hemos hablado muchas veces, sobre el cual tengo un pequeño escrito, y sobre el cual reescribiría, sobre el que podríamos hablar un largo tiempo; recuerden lo que es el sueño de la inyección de Irma. ¿Qué quiere decir exactamente? Eso queda muy incierto, incluso en lo que llega él mismo, Freud, en el deseo del sueño.

(Falta una página ) .

Se trata de saber por qué, pero para saber por qué, quiero detenerme un instante en esas cosas evidentes que nos da el uso y el empleo del lenguaje, a saber, lo que quiere decir cuando se dice de alguien, si es un hombre o si es una mujer, y qué es lo que se quiere decir cuando se dice a una mujer: "yo la deseo" (je vous desire).

¿Es que quiere decir - como el optimismo moralizante sobre el que me ven de vez en cuando romper lanzas en el interior del análisis - estoy dispuesto a reconocer al ser de ustedes tantos más derechos que al mío para prevenir todas sus necesidades, a pensar en vuestra satisfacción: Señor (Seigneur), que vuestra voluntad se haga antes que la mía? ¿Es eso lo que quiere decir?

Pienso para evocar en ustedes las sonrisas que veo felizmente desarrollarse a través de esta asamblea. Nadie, por otra parte, cuando se emplean las palabras que conviene, se engaña sobre lo que quiere decir la alusión a un término, por más genital que sea.

La respuesta es ésta: Yo deseo —decimos para emplear las buenas y fuertes palabras que dan vueltas por ahí— acostarme con Usted. Es mucho más verdadero, hay que reconocerlo. Pero ¿es tan verdadero como eso? Es verdadero; en un cierto contexto, diría social, y después de todo porque quizá vista la extrema dificultad de dar su resultado exacto a esta formulación, "la deseo a Usted", se encuentra, después de todo nada menos que para probarlo.

Créanme: quizá basta que esta palabra no sea ligada al inconmensurable impedimento y rotura de platos que entrañan los propósitos que tienen un sentido, basta quizá con que esta palabra no sea pronunciada más que en el interior, para que enseguida capten que si esa palabra tiene un sentido, es un sentido muy difícil de formular. "La deseo a Usted", articulado en el interior, si puedo decirlo, de lo que concierne a un objeto, es con poca diferencia estos "Usted es bella" alrededor de lo que se fijan, se condensan todas las imagenes enigmáticas, a saber: la deseo porque Usted es el objeto de mi deseo; dicho de otro modo, Usted es el común denominador de mis deseos .

Es algo que en realidad moviliza, orienta en la personalidad una cosa muy distinta de aquello hacia lo cual parece ordenarse por convención una meta precisa .

En otros términos, para referirnos a una experiencia menos poética, a propósito de la menor distorsión de la personalidad en imagenes, cómo de pronto y en primer plano, viene a surgir a propósito de esta implicación en el deseo, la estructura del fantasma.

Decir a alguien: deseo a Usted, es muy precisamente, decirle, pero no nos lo da la experiencia cotidiana, salvo para los bravos e instructivos pequeños perversos, pequeños y grandes, es decirle: lo implico a Usted en mi fantasma fundamental.

Es aquí, puesto que he decidido este año no pasarme más allá de cierto tiempo - espero sostenerlo todavía - la prueba de que quiero hacerme entender, es aquí, es decir, antes del punto donde pensaba concluir hoy, que me detendré. Me detendré al designar este punto del fantasma que es un punto esencial, el punto clave alrededor del cual les mostraré la próxima vez cómo hacer girar el punto decisivo donde debe producirse, si ese término deseo tiene un sentido diferente del de anhelo en el sueño, donde puede producirse la interpretación del deseo.

Ese punto es, pues aquí, y puedo hacerles notar que ha partido del circuito punteado, que es esta especie de pequeño cabo que se encuentra en el segundo piso del grafo.

Quisiera decir, simplemente, para dejarlos un poco con las ganas, que ese pequeño punteado no es otra cosa que el circuito en el que gira, es por eso que está construido así, y es porque eso una vez que está alimentado al comienzo, se pone a girar indefinidamente en el interior donde giran los elementos de lo reprimido.

En otros términos, es el lugar en el grafo, del inconsciente como tal, es de eso y sólo de eso que Freud ha hablado hasta 1915, cuando concluye por los dos artículos que se llaman, respectivamente, "El inconsciente" y "La represión".

Es ahí donde retomaré para decirles hasta qué punto está articulado en Freud, de una manera que sostiene, que es la sustancia misma de lo que intento hacerles comprender concerniente al significante; es, a saber, lo que Freud mismo articula muy bien de la manera menos ambigüa, algo que quiere decir: nunca jamás pueden estar reprimidos más que elementos significantes. Está en Freud, sólo falta el vocablo "significante" . Les mostraré que lo que Freud habla en su artículo sobre el inconsciente, concerniente a lo que puede estar reprimido, no puede ser sino significante .

Veremos eso la próxima vez. Ahora vean oponerse aquí dos sistemas, el sistema aquí punteado - lo hemos dicho- es el lugar del inconsciente y donde lo reprimido gira en redondo hasta el punto donde se hace sentir, es donde algo del mensaje, al nivel del discurso del ser, viene a desordenar el mensaje a ni... ( falta en el original )

Hay otro sistema, el que prepara lo que llamo el pequeño rellano, a saber, el descubrimiento del avatar, descubrimiento, porque había hecho el esfuerzo para habituarme al primer sistema que, como Freud les ha hecho el fatal beneficio de dar el paso siguiente antes de su muerte, es decir, que Freud, en su segunda tópica ha descubierto el registro del otro sistema punteado; pequeño rellano, es justamente a lo que corresponde la segunda tópica. En otros términos, lo que concierne a eso que pasa, es en la medida en que es interrogado sobre lo que pasa a nivel del sujeto prediscurso (prédiscours), pero en función de eso que hace que el sujeto que habla no sepa lo que hace al hablar, es decir, a partir del momento en que el inconsciente es descubierto como tal, que Freud, si ustedes quieren, ha podido esquematizar las cosas, aquí buscadas, a nivel de ese sitio original donde ello habla, en relación a una aspiración que es la del resultado del proceso en I.

En ese momento, se constituye el yo (moi), el yo (moi) que ha de referirse a la primera formulación, la primera captura en la demanda, del ello. Es así también que, Freud ha descubierto ese discurso primitivo en tanto puramente impuesto, y al mismo tiempo en tanto que marcado por su arbitrariedad básica, que eso continúa hablando, es decir, el superyó.

Es así, bien entendido que ha dejado algo abierto, en esa función básicamente metafórica del lenguaje, que nos ha dejado algo para descubrir, para articular, que completa su segunda tópica, y que permita restaurarla, resituarla, restituirla en el conjunto de su descubrimiento .



índice del seminario 6










































Clase 3. Del 26 de Noviembre de 1958

26 de Noviembre de 1958



Comienzo por cumplir mis promesas. La última vez les había indicado el artículo de Sartre que se llama "La trascendencia del ego", esbozo de una descripción fenomenológica. Ese artículo se encuentra en el sexto volumen de las "Recherches Philosophiques'', páginas 85 a 103, una excelente revista que dejó de aparecer con la guerra y con la desaparición de su editor, Boivin.

Muchos de ustedes escucharon anoche el relato clínico de uno de nuestros amigos y excelente psicoanalista, sobre el tema del obsesivo. Lo escucharon hablar a propósito del deseo y de la demanda.

Procuramos poner de relieve, porque no es una cuestión solamente teórica, sino que está ligada a lo esencial de nuestra práctica, esa cuestión alrededor de la cual se juega el problema de la estructura del deseo y la demanda que es algo que sin duda, se aplica directamente a la clínica, la vivifica, la vuelve —diría— comprensible. Diría casi que es un signo el haberla manejado demasiado al nivel de la comprensión; pueden experimentar no sé qué sentimiento de insuficiencia, y por otra parte es verdad, es que el nivel de la comprensión está lejos de agotar los resortes de lo que es la estructura que procuramos penetrar, porque es sobre ella que tratamos de actuar, y que la clave alrededor de la cual debemos hacer pivotear esa distinción de la demanda y el deseo, por cuanto después clarifica la demanda, pero que, al contrario, sitúa bien en su lugar, es decir, en su punto estrictamente enigmático, la posición del deseo del hombre. La clave de todo esto es la relación del sujeto al significante. Lo que carácteriza a la demanda no es solamente que es una relación del sujeto a otro sujeto, es que esa relación se hace por la intermediación del lenguaje es decir, por la intermediación del sistema de los significantes.

Por cuanto abordamos ahora la cuestión —se los anuncié— del deseo, en tanto que es el fundamento del sueño, y ustedes saben que no es simple saber cuál es ese deseo, en tanto es el motor del sueño. Saben que él es, por lo menos, doble, que ese deseo, en principio, está en la prosecución del dormir. Freud lo articuló de la forma más expresa, es decir, de ese estado en el cual , para el sujeto, se suspende la realidad. El deseo es deseo de muerte, es, por otra parte y al mismo tiempo perfectamente compatible, frecuentemente es por intermedio del segundo deseo, que se satisface el primero, siendo eso en lo que el sujeto del Wunsch se satisface. Y a ese sujeto quisiera ponerlo entre paréntesis: el sujeto, no sabemos qué es; y en cuanto al sujeto del Wunsch, del sueño, es cuestión de saber quién es.

Cuando algunos dicen el yo (moi), se engañan. Freud afirmó seguramente lo contrario. Y si se dice que es lo inconsciente, no es poco decir. Luego, cuando digo: el sujeto del Wunsch se satisface, pongo ese sujeto entre paréntesis, y todo lo que nos dice Freud es que es un Wunsch quien se satisface.

Se satisface, ¿de qué? Diría que se satisfase del ser, entiendan, del ser que se satisface. Es todo cuanto podemos decir, porque está bien claro que el sueño no aporta consigo ninguna otra satisfacción que la del nivel del Wunsch, es decir, una "satisfacción", si así se puede decir, verbal. El Wunsch se contenta aquí con apariencias, y eso está bien claro si se trata de un sueño, y también, por otra parte, el carácter de esa satisfacción está aquí reflejado en el lenguaje por el que nos es expresado, por esa satisfacción del ser de la que me he expresado en su momento, donde se traiciona la ambigüedad de la palabra 'ser' en tanto que está ahí, que se desliza por todas partes y que también debe formularse así por esa forma gramatical de reenvío del ser. ¿El ser satisfecho puede ser tomado por el lado sustancial? No hay otra cosa sustancial en el ser que esa palabra misma, él se satisface del ser, no podemos tomarlo por lo que es del ser, si no es al pie de la letra.

Al fin de cuentas es efectivamente como algo del orden del ser que satisface al Wunsch. No es sino en el sueño, por lo menos en el plano del ser, que el Wunsch puede satisfacerse . Quiero hacer algo aquí que hago a menudo, ese pequeño preámbulo, esa mirada hacia atrás, esa nota que les permita apartar los ojos de no sé qué, que abarca nada menos que al conjunto de la historia de la especulación psicológica; no obstante que la psicología moderna comenzó por formular, como saben, en los términos del atomismo psicológico todas las hipótesis. Cada uno sabe que no andamos más por allí, en el asociacionismo, y que hemos hecho progresos considerables desde que hicimos entrar la demanda de totalidad, la unidad del campo, la intencionalidad y otras fuerzas en consideración. Pero yo diría que la historia no está totalmente ordenada, no está reglada totalmente a causa del psicoanálisis de Freud precisamente, sino que no se ve en realidad cómo jugó el resorte de ese ordenamiento, quiero decir que se ha dejado escapar la esencia y la persistencia de lo que había sido pretendidamente reducido.

En principio es verdad; el asociacionismo de la tradición de la escuela psicológica inglesa, donde está el juego articulado en un vasto error, si así me puedo expresar, donde yo diría que se nota el campo de lo real en el sentido en que se trata la aprehensión psicológica de lo real, donde en suma, se trata de explicar, no sólo que hay hombres que piensan, sino que hay hombres que se desplazan en el mundo aprehendiendo de un modo aproximadamente conveniente el campo de los objetos.

¿Dónde está, pues, ese campo de los objetos en su carácter fragmentado, estructurado? ¿De qué? De la cadena significante, simplemente. Voy a tratar de elegir verdaderamente un ejemplo para tratar de hacerles sentir que no se trata de otra cosa. Todo lo que se aporta en la teoría asociacionista llamada estructurada, para concebir la progresividad de la aprehensión psicológica, a partir de la asunción hasta la constitución ordenada igualmente a lo real, no es otra cosa que dotar de golpe, a esos campos de lo real, del carácter fragmentado y estructurado de la cadena significante.

A partir de allí uno advierte que va a haber mal don y que puede haber relaciones más originales con lo real, si así se puede decir, y por eso se parte de la noción proporcionalista, y se va hacia todos los casos donde esa aprehensión del mundo es, en cierto modo, más elemental, justamente menos estructurada por la cadena significante, sin saber que es de eso de lo que se trata; se va hacia la psicología animal, se evocan todos los lineamientos estigmáticos gracias a los cuales el animal puede llegar a estructurar su mundo y trata de encontrar allí su punto de referencia.

Uno se imagina que cuando ha hecho eso ha resuelto en una suerte de teoría de campo animado, de vector del deseo primordial, que ha hecho reabsorción de esos famosos elementos que eran una primera y falsa aprehensión del campo de lo real por la psicología del sujeto humano. No es simplemente que no se hizo nada; se ha descripto otra cosa, se ha introducido otra psicología, pero los elementos del asociacionismo sobreviven perfectamente al establecimiento de la psicología más primitiva, quiero decir, que procura alcanzar el nivel de la coaptación en el campo sensoriomotriz del sujeto con su Unwelt, con su ambiente (entourage).

No queda sino lo que se relata, que todos los problemas relevados a propósito del asociacionismo, que sobrevive perfectamente a eso, que no ha sido para nada una reducción, sino una especie de desplazamiento del punto de mira, y la prueba es, justamente, el campo analítico, en el cual siguen reinando todos los principios del asociacionismo, pues nada ha estrangulado, ahogado, el hecho de que, cuando hemos comenzado a explorar el campo del inconsciente, lo hemos hecho, lo re-hacemos todos los días, a partir de algo que en principio se llama asociación libre, y hasta el presente, aunque es un término aproximado, inexacto para designar al discurso analítico, la mira de la asociación libre sigue válida, y las experiencias originales recelan de las palabras inducidas, y guardan siempre, aunque no un valor terapéutico ni práctico, guardan su valor orientador para la exploración del campo de lo inconsciente, y eso en sí bastaría para mostrarnos que estamos en un campo donde reina la palabra (mot), donde reina el significante.

Pero si eso no les alcanza. todavía, completo ese paréntesis por lo que trato de hacerles recordar sobre qué se funda la teoría asociacionista, y sobre ese fondo de experiencia, lo que sigue, lo que se coordina en el espíritu de un sujeto a tal nivel, o, para retomar la exploración tal como está dirigida en esa primera relación experimental, los elementos, los átomos, las ideas, como se dice, sin duda aproximada, insuficientemente pero no sin razón, se presenta bajo esa forma.

¿Por quién son introducidas esas ideas originalmente? Se trata de relaciones de contigüidad. Vean, sigan los textos, vean de qué se habla, sobre qué ejemplos se apoyan, y reconocerán perfectamente que la contigüidad no es otra cosa que esa combinación discursiva sobre la cual se funda el efecto que aquí llamamos metonimia. Sin duda, contigüidad entre dos cosas que han sobrevenido, aún cuando sean evocadas en la memoria sobre el plano de las leyes de asociación.

¿Que quiere decir eso? Eso significa cómo un evento ha sido vivido en un contexto que podemos llamar contexto de azar, en sentido amplio. Surgido del evento evocado, el otro vendrá al espíritu constituyendo una asociación de contigüidad, que no es sino un reencuentro. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que se rompe, que sus elementos son tomados en un mismo texto de relato. Es porque el evento evocado en la memoria es un evento relatado, y que el relato forma el texto, que podemos hablar de contigüidad a ese nivel.

Contigüidad que, por otra parte, distinguimos, por ejemplo, en una experiencia de palabras inducidas. Una palabra vendrá con otra; si a propósito de la palabra 'cereza' yo evoco la palabra 'mesa', ésa será una relación de contigüidad, porque allí hubo tal día, cerezas en la mesa. Pero relación de contigüidad si hablamos de algo que no es sino relación de similitud. Siempre una relación de similitud es también una relación de significantes, por más que la similitud sea el pasaje de una a otra por una semejanza que es una similitud de ser, similitud del uno al otro, entre el uno y el otro, en tanto el uno y el otro son diferentes; hay algún asunto del ser que los hace semejantes.

No voy a entrar en toda la dialéctica de lo mismo y de lo otro, con todo lo que tiene de difícil y de infinitamente más rico que lo que un primer abordaje permite suponer. A los que se interesen por esto los remito a Parménides; verán allí que se gastó un cierto tiempo antes de que se agotara la cuestión .

Lo que aquí digo, simplemente, y que quiero hacerles sentir es, ya que he hablado en su momento de cerezas, que hay otros usos que el metonímico a propósito de esa palabra, diría justamente servir, un uso metafórico; puedo servirme de él para hablar del labio, diciendo que ese labio es como una cereza, y ubicar a la palabra 'cereza' viniendo como palabra inducida a propósito de la palabra 'labio'. ¿Por qué están ligadas aquí? Porque ambos son rojos, semejantes en algún atributo. No es por ser sólo eso, o porque tienen los dos la misma forma analógicamente. Lo que está claro, es efecto de metáfora. Aquí no hay ninguna especie de ambigüedad cuando hablo de una experiencia de palabras inducidas, de la cereza a propósito del labio.

Estamos sobre el plano de la metáfora, en el sentido más sustancial de lo que contiene ese efecto, ese término, y sobre el plano más formal; eso siempre se presenta como yo se los reduje a ese efecto de metáfora: a un efecto de sustitución en la cadena significante.

Es al margen de que la cereza puede ser puesta en un contexto estructural o no, a propósito del labio, que la cereza está allí.

ustedes pueden decirme: la cereza puede venir a propósito de los labios en una función de contigüidad: la cereza desapareció entre los labios, o ella me ha dado a tomar la cereza sobre sus labios. Sí, así es como puede presentarse, Pero, ¿de qué se trata?. Se trata de una contigüidad que es, precisamente, la del relato del que hablé en su momento, ya que el suceso en el cual se integra esa contigüidad, y que hace que la cereza esté efectivamente un corto tiempo en contacto con los labios, es algo que desde el punto de vista real no debe engañarnos. No es que la cereza toque el labio lo que importa: es que sea 'tragada' (avalé: creído, comido); así como no es el que sea tenida con los labios en el gesto erótico que evoqué, es que nos sea ofrecida en ese momento erótico lo que cuenta.

Si detenemos un instante esa cereza en contacto con los labios, es en función de un flash que es precisamente, flash de relato. ¿Cuál es la frase, cuáles las palabras que suspenden un instante la cereza entre los labios? Es precisamente porque existe esa dimensión del relato en tanto instituye ese flash, que esa imagen, en tanto creada por la suspensión del relato, deviene efectivamente uno de los estímulos del deseo, al margen de imponer un tono que no es aquí sino implicación del lenguaje del acto.

El lenguaje introduce en el acto esa estimulación après-coup, ese elemento estimulante que es aislado como tal, y que en la oración viene a alimentar ese acto mismo de suspensión que toma valor de fantasma que tiene significación erótica en el rodeo del acto.

Pienso que es suficiente para mostrarles; esa instancia del significante en tanto está en el fundamento de la estructuración de un cierto campo psicológico, que no es la totalidad del campo psicológico, que es, precisamente, esa parte que, hasta un cierto grado, está por convención en el interior de lo que podemos llamar la psicología, por más que la psicología se constituya sobre la base de lo que llamaría una suerte de teoría unitaria intencional o apetitiva del campo.

Esa presencia del significante está articulada de una manera infinitamente más perentoria, infinitamente más potente, infinitamente más eficaz en la experiencia freudiana, y es eso lo que Freud nos evoca todo el tiempo. Es igualmente eso lo que se tiende a olvidar de la manera más singular.

Por más que quieran hacer del psicoanálisis algo que iría en el mismo sentido, en la misma dirección que aquélla en la cual la psicología vino a situar su interés, quiero decir, en el sentido del campo de apariencia clínica (cliniquaire). Para un campo intencional, donde lo inconsciente sería una especie de pozo, de vía de perforación —si así puede decirse— , paralelo a la evolución general de la psicología, y que nos habría permitido llegar -también por otro acceso al nivel de esas tensiones elementales, al nivel del campo de las profundidades, por más que ocurra algo más reducido a lo vital, a lo elemental que vemos en la superficie, que sería el campo llamado preconsciente o consciente.

Eso, lo repito, es un error. Es precisamente en ese sentido, que todo cuanto decimos toma su valor y su importancia; y si algunos de ustedes pudieron seguir mi consejo la última vez y remitirse a los dos artículos aparecidos en 1915, ¿qué pueden leer allí?

Allí pueden ver y leer esto: Si ustedes remiten, por ejemplo, al artículo "Das Unbewuste", el punto que allí aparece más sensible, el punto de hallazgo de algo que sería otra cosa que elementos significantes, cosas que los que no comprenden nada de lo que aquí articulo, llaman una teoría intelectualista.

Iremos, pues, a colocarnos al nivel de los sentimientos inconscientes, por más que Freud habla de ello, porque está claro que se opondrá, naturalmente, a todo eso que, en lugar de hablar de significante, no es la vía afectiva, la dinámica. A todo eso, estoy lejos de tratar de contestar, porque es por explicar de una forma clara que me quedo corto por ahí, al nivel del Unbewuste.

¿Qué verán articular a Freud? Exactamente esto: En la tercera parte de "Das Unbewuste", Freud nos explica netamente que no puede ser reprimido, sino lo que él llama "Vorstellungrepräsentanz". Sólo eso puede ser reprimido. Eso quiere decir "representante en la representación", ¿de qué? Del movimiento pulsional que aquí es llamado "Triebegung" .

Aquí el texto no deja lugar a ninguna ambigüedad. Nos dice expresamente que la Triebegung, en todo caso, es un concepto, y, como tal, apunta a lo que más precisamente podemos llamar la unidad de la "moción pulsional", y no es cuestión de tratar esa Triebegung ni como consciente ni como inconsciente. He aquí lo que el texto dice. ¿Qué quiere decir eso? Simplemente, que debemos tomar como un concepto objetivo eso que llamamos Triebegung. Es una unidad objetiva, y no es ni consciente ni inconsciente: es, simplemente, lo que es, un fragmento aislado de la realidad, que concebimos como teniendo su propia incidencia de acción.

En mi opinión, nada hay más destacable que el que sea su representante en la representación. Ese es el valor exacto del término alemán; y que ese representante de la pulsión de que se trate, Trieb, pueda pertenecer a lo inconsciente, implica, justamente, eso que en su momento puse con signo de interrogación, a saber, un sujeto inconsciente .


(Falta en el original)

...sentación, y ello ustedes ya lo han escuchado bien, no adónde quiero llegar sino donde precisamente llegaremos en cuanto que Vorstellungsrepräsentanz es estrictamente equivalente al término y noción del significante.

El que Freud se hubiera opuesto a esto, está igualmente articulado de la manera más precisa por él mismo. Todo lo que se puede connotar bajo los términos que él mismo reúne de sensación, sentimiento, afecto, ¿qué dice de eso Freud? Dice que no es sino por negligencia de la expresión que, según el contexto, tiene o no inconvenientes, como todas las negligencias, pero es un relajamiento el que se diga que son inconscientes. En principio, dice, no puede serlo jamás. Le deniega formalmente toda posibilidad de una incidencia inconsciente.

Esto es expresado y repetido de una manera que no puede comportar ninguna especie de duda, ninguna especie de ambigüedad. El afecto, cuando hablamos de un afecto inconsciente, quiere decir que es percibido, incluso conocido, pero ¿conocido cómo? En sus ligaduras, no porque sea inconsciente; es percibido, nos dice, simplemente porque ha sido agregado a una representación reprimida. Dicho de otra manera, ha debido acomodarse al contexto subsistente en lo preconsciente, lo que permite ser sostenido por la conciencia, lo que no es difícil para una manifestación de su último contexto.

Así está articulado en Freud. No basta que lo articule una vez: lo articula cien veces y vuelve a ello cada vez que es necesario. Allí se inserta precisamente el enigma, el enigma de lo que se llama la transformación de ese afecto, en lo que se muestra particularmente plástico, y en lo que todos los autores que se aproximan a esa cuestión del afecto, cada vez que el tema cae bajo su mirada, son sorprendidos aún si no osan tocar la cuestión.

Lo sorprendente es que yo, que hago psicoanálisis intelectualista, yo, voy a pasarme todo un año hablando de eso; y, por el contrario, se pueden contar con los dedos de la mano los artículos consagrados a la cuestión del afecto en el análisis, aún cuando los analistas se llenan la boca cuando hablan de una observación clínica, ya que, por supuesto, es al afecto al que siempre recurren.

Conozco un sólo artículo válido sobre el tema del afecto, un artículo de Glover, de quien se habla mucho en los textos de Marjory Brayerly. Hay en ese artículo una tentativa de paso al frente en el descubrimiento de esa noción del afecto, que deja un poco que desear respecto de lo que Freud dice del tema. Ese artículo es, además, detestable, como el conjunto de ese libro que, consagrándose a lo que se llama tendencias del psicoanálisis, hace una bella ilustración de todos los lugares verdaderamente imposibles donde el psicoanálisis está a punto de anidar, pasando por la moral, la personología y otras perspectivas tan prácticas alrededor de las cuales el bla bla bla de nuestra época gusta dispensarse .

Por el contrario, si retomamos lo que nos concierne, las cosas serias, ¿qué leemos en Freud?. Leemos esto: El problema del afecto consiste en saber en qué se convierte cuando se desliga de la representación reprimida, y que no depende más que de la representación sustitutiva a la cual encuentra y con la que se liga.

Al desligamiento corresponde esa posibilidad de anexión que le es propia, y en la que el afecto se presenta en la experiencia analítica como algo problemático que hace que, por ejemplo, en lo vivido de una histérica - es de allí que parte el análisis, es de allí de donde parte Freud cuando comienza a articular las verdades analíticas - un afecto surge en el texto ordinario, comprensible, comunicable, de lo vivido de todos los días de una histérica. Ese afecto que está ahí parece la transformación de otra cosa - vale la pena que nos detengamos en esto - de otra cosa que no es otro afecto que lo que él sería en lo inconsciente. Eso, Freud lo deniega absolutamente. No hay cosa semejante; es la transformación del factor puramente cuantitativo bajo una forma transformada, y toda la cuestión consiste en saber cómo son posibles esas transformaciones en el afecto; cómo un afecto que está, por ejemplo, en lo profundo, es concebible que el texto inconsciente, restituido como tal o cual, se presente bajo otra forma cuando se presenta en el contexto preconsciente.

¿Qué nos dice Freud?

Primer texto: "Toda la diferencia proviene de que las representaciones son investimentos - fundadas sobre trazas mnésicas - en tanto que los afectos y sentimientos corresponden a procesos de descarga cuyas manifestaciones finales son percibidas como sensaciones". Tal es la regla de la formación de los afectos.

Es como yo se los dije: el afecto reenvía al factor cuantitativo de la pulsión; eso es lo que él entiende que no es solamente mudable, móvil, sino sometido a la variable que constituye ese factor, y lo articula diciendo que su suerte puede ser "de tres tipos: o bien el afecto -totalmente o en parte- subsiste tal cual; o bien sufre una transformación en angustia", es lo que escribe en 1915, y donde vemos engancharse una posición que el artículo "Inhibición, síntoma y angustia" articulará en la tópica, "o bien es suprimido, es decir, que su desarrollo es francamente impedido".

"Hay una diferencia notable, nos dice, en relación a la representación inconsciente; ella es, a la vez, reprimida, queda en el sistema inconsciente como formación real, en tanto que al afecto inconsciente no le corresponde en ese mismo lugar sino un rudimento que no ha podido llegar a desarrollarse".

Esto es un preámbulo inevitable antes de entrar en el modo por el que voy a plantear las cuestiones de la interpretación del deseo del sueño. Les dije que para eso tomaría un sueño extraído del texto de Freud porque, después de todo, es la mejor vía, todavía, para estar seguro de lo que él procura decir cuando habla del deseo del sueño. Vamos a tomar un sueño extraído de ese artículo que se llama "Los dos principios del suceder psíquico", de 1911, aparecido justo antes del caso Schreber.

Tomo ese sueño y la forma en que Freud habla de él y lo trata en ese artículo, porque allí está articulado de un modo simple, ejemplar, significativo, no ambigüo; y para mostrar cómo Freud entiende la manipulación de las Vorstellungrepräsentanz, cuando se trata de la formulación del deseo inconsciente.

Lo que se desprende del conjunto de la obra de Freud concerniente a las relaciones de esas Vorstellungrepräsentanz con el proceso primario, no deja lugar a dudas. Si el proceso primario es apto, a pesar de estar sometido al primer principio, el principio del placer, no hay otra forma de concebir la oposición que en Freud está marcada entre el principio del placer y el de la realidad, si no es percatándonos de que lo que nos es dado como surgimiento alucinatorio, o el principio primario, es decir, al deseo a nivel del proceso primario, encuentra su satisfacción en algo que no es una imagen sino otra cosa: un significante. Es por lo demás sorprendente que uno no se haya dado cuenta de eso de otra manera, quiero decir, en la clínica. Parece que no fue advertido, precisamente, por cuanto la noción de significante era algo que no estaba elaborado en el momento de la expansión de la psiquiatría clásica, ya que es en la masividad de la experiencia analítica donde se nos presentan las formas problemáticas mayores, más insistentes de la cuestión de la alucinación. Si no es en las alucinaciones verbales o de estructura verbal, en la intrusión, la inmixión en el campo real, no de una imagen ni de un fantasma, ¿qué es lo que simplemente soportaría un proceso de alucinación?

Pero si una alucinación nos plantea problemas que le son propios, es porque se trata de significantes y no de imagenes, cosas o percepciones, en fin, de falsas percepciones de lo real, como se dice. Pero a nivel de Freud esto no da lugar a dudas y,precisamente al final de ese artículo, para ilustrar lo que llama Neurotishe-ferung, es decir, la palabra Ferung hay que retenerla; quiere decir 'durar'; no es muy habitual en alemán; está ligada al verbo ferung, y esa idea de duración de valorización, ya que es ése el uso más común, hablamos de la valorización puramente neurótica, aunque el proceso primario irrumpa allí, Freud pone como ejemplo un sueño. Helo aquí.

Es el sueño de un sujeto en duelo por su padre al que- nos dice- ha asistido en los largos tormentos de su fin. Este sueño se presenta así: El padre aún vive y le habla como hasta no hace mucho tiempo. Mediante ello no deja de experimentar de manera en extremo dolorosa, el sentimiento de que su padre, sin embargo, ya está muerto, sólo que no lo sabía - el padre. Es un sueño corto, un sueño que, como siempre, Freud lo aporta transcripto, ya que lo esencial del análisis freudiano se funda siempre en el relato del sueño en tanto articulado. Ese sueño se repite con insistencia en los meses que siguen al deceso del padre.

¿Cómo va a abordarlo Freud? Está fuera de dudas que Freud jamás pensó que un sueño existiría al margen de la distinción del contenido manifiesto y del contenido latente. En cuanto a lo que se podría llamar con ese término, en el análisis, que creo que no tiene equivalente, el del "Wishful thinking", quisiera en algo hacer rendir su equivalencia con 'alarma'. Esto sólo debería bastar para hacer desconfiar a un analista, para hacerlo defenderse y a persuadirlo de que está en la falsa vía.

Freud aguijonea ese Wishful y nos dice que simplemente, es porque tiene necesidad de ver a su padre y que ello le da placer; pero no es suficiente, por la simple razón de que eso no parece ser una satisfacción plena, y que pasa con elementos de contenido y carácter doloroso suficientemente marcado, llevamos esta posibilidad al límite para evitarnos un peso precipitado.

No pienso, al fin de cuentas, que un sólo psicoanalista pueda llegar hasta allí cuando se trata de un sueño. Y porque no se puede ir hasta allí, los psicoanalistas no se interesan más por el sueño.

¿Cómo aborda Freud las cosas? Sigamos su texto: Ningún otro medio conduce a la inteligencia del sueño en su sonoridad de sin sentido, más que el agregado "según su deseo", o "a consecuencias de su deseo", después de las palabras "mientras su padre estaba muerto". Y el corolario: Si ustedes quieren que él lo anhele, al fin de la frase da eso, y que "él no lo sabía", el padre, que ése era el anhelo de su hijo. Ahora se entiende que el pensamiento del sueño le fuera doloroso, recordar que él le había deseado la muerte a su padre, y cuán espantoso sería si no hubiese dudado.

Esto los conduce a dar su peso a la forma en que Freud trata el problema. Es un significante. Son cosas que son cláusulas de las que trataremos de articular en el plano lingüístico eso que ellas son : el valor exacto de lo que permite acceder a la inteligencia del sueño. Son dados como tales, y por el hecho de que su emplazamiento, su adaptación en el texto, libera el sentido de ese texto.

Les ruego entender lo que estoy diciendo. No estoy diciendo que ésa es la interpretación; puede que lo sea, pero todavía no lo digo; los suspendo en ese momento en que cierto significante es designado como producido por su falta.

¿De qué se trata? ¿Cuál es el fenómeno del sueño? Es remitiéndolo a su contexto que accedemos a lo que nos es dado como la inteligencia del sueño, a saber, que el sujeto se halla en situación de reproche a sí mismo, de ése que se reprocha a propósito de la persona amada, y este reproche nos lleva, en este ejemplo, a la significación infantil del deseo de muerte. Estamos ante un caso típico donde el término transferencia, Ubertragung, es empleado en el sentido con que es primitivamente empleado en "La ciencia de los sueños". Se trata de un saldo (ra... (Falta en el original) ...lo de muerte original, en otra cosa que es un anhelo análogo, homólogo, paralelo, de alguna manera similar, introduciéndose para hacer revivir el anhelo arcaico del que se trata.

Esto merece que nos detengamos, porque es a partir de allí, simplemente, que podemos tratar de elaborar lo que quiere decir interpretación, ya que hemos dejado de lado la interpretación del "Wishful". Para regular esa interpretación, no hay sino una advertencia que hacer. Si no podemos traducir el "Wishful thinking" por "pensamiento deseante, deseoso", es por una razón muy simple: es que "Wishful thinking" tiene un sentido, y lo tiene, pero está empleado en uno de esos contextos donde ese sentido no es válido. Si quieren poner a prueba la pertinencia de "Wishful-thinking" cada vez que es empleado, no van a hacer la distinción de que "Wishful thinking" no es el tomar el deseo por realidad. En ese único aspecto es inaplicable a la interpretación del sueño, porque eso quiere decir que uno sueña porque se sueña, y es por eso que esa interpretación a ese nivel no es nunca aplicable a un sueño.

Es necesario que lleguemos al procedimiento de añadidos de significantes, lo que supone la sustracción previa del mismo. Hablo de lo que supone el texto de Freud, siendo la sustracción exactamente eso, el sentido del término del que se sirve para designar la operación de represión pura, en su efecto: de supresión.

Entonces , nos encontramos detenidos por lo que presentaría para nosotros un obstáculo y una objeción que, si no estamos decididos de antemano a creer, como dice Prevert, debemos igualmente detenernos en esto: que la simple sustitución de los términos "Nachsein Wunsch" y "daber Wunschte", es decir que él, el hijo, desea la muerte del padre, que la simple restitución de las cláusulas desde el punto de vista de lo que Freud mismo nos designa como la meta final de la interpretación, es decir, la instauración del deseo inconsciente, no da estrictamente nada.

Pues, entonces, ¿qué restituir en ese momento? Es algo que, el sujeto conoce perfectamente. Durante la enfermedad extremadamente dolorosa, el sujeto, en efecto, deseó a su padre la muerte como solución y fin de sus tormentos y dolor, y no se lo mostró; hizo todo por disimularlo al deseo, al anhelo que estaba en su contexto reciente, en su contexto vivido, perfectamente accesible. No hay necesidad de hablar de preconsciente, sino de recuerdo consciente, perfectamente accesible al texto continuo de la conciencia. Si el sueño sustrae a un texto algo que no está hurtado a la conciencia del sujeto, si lo sustrae es, si puedo decirlo, fenómeno de sustracción que toma valor positivo; quiero decir que ése es el problema, la relación de la represión en tanto que sin ninguna duda, se trata de la Vorstellungrepräsentanz.

Y aún de modo típico, si algo merece ese término, es justamente algo que es, en sí mismo, una forma vacía de sentido, "según su deseo", aislada en si misma. Ese "según su deseo" no quiere decir nada; quiere decir que aquél de quien se habló precedentemente ¿deseaba qué? Eso depende igualmente de la frase que está antes; y es en ese sentido que deseo introducirlos para mostrarles el carácter irreductible de lo que se trata en relación a toda concepción que releve de una suerte de elaboración imaginaria, de abstracción de datos objetales de un campo, cuando se trata del significante y de lo que haría la originalidad del campo que, en lo vivido, es el psiquismo, que en el sujeto humano, es instaurado por y para la acción del significante.

Eso es lo que tenemos, esas formas significantes que, en si mismas, no se conciben, no se sostienen sino por cuanto están articuladas con otros significantes, y de hecho, se trata de eso.

Sé bien que me introduzco en algo que supondría una articulación más larga que todo eso de que se trata. Esto está ligado a una suerte de experiencias seguidas con mucho cuidado y perseverancia por la escuela de Marburg, la del pensamiento sin imagenes, suerte de intuición; en los trabajos de esa escuela, que se hacían en pequeños círculos cerrados de psicólogos, uno era conducido a pensar sin imagenes esas clases de formas significantes sin contexto y en estado naciente, que plantea la noción de 'vorstellungs'.

Esto justifica que se mencione que Freud asistió durante dos años al curso de Brentano, según testimonios fiables, y que la psicología de Brentano en tanto que da cierta concepción de la Vorstellung, basta para darnos el peso exacto de lo que podría valer en el espíritu de Freud, y no sólo en mi interpretación, tomando el término de Vorstellung.

El problema es, justamente, la relación que hay entre la represión, y si la represión debe aplicarse exactamente como tal a algo que es del orden de la Vorstellung; y, por otra parte, ese hecho que no es otra cosa que la aparición de un nuevo sentido, por algo que es diferente para nosotros en el punto en que avanzamos, que es diferente del hecho de la represión, que es lo que podemos llamar en el contexto, en el del preconsciente, la elisión de dos cláusulas.

¿La elisión es la misma cosa que la represión? ¿Es exactamente la pareja, el contrario? ¿Cuál es el efecto de la elisión? Está claro que es un efecto de sentido. Para explicarlo en el plano más formal, hace falta que consideremos que esa elisión - digo elisión, no alusión no es una figuración. Ese sueño no hace alusión - lejos de ello - a lo que lo precedió, a las relaciones del padre con el hijo; introduce algo que suena absurdamente, que tiene su alcance de significación sobre el plano manifiesto original. Se trata de una 'figura verborum', de una figura de palabras, de términos que, para emplear el mismo término que es pareja del primero, se trata de una elisión y esa elisión produce un efecto de significado. Esa elisión equivale a una sustitución de términos faltantes de un plano, de un cero; pero un cero que no equivale a nada, y el efecto de que se trata, puede ser califificado de metafórico.

El sueño es una metáfora. En esa metáfora, algo nuevo surge que es un significado, un sentido sin duda enigmático (Falta en el original) ...que durante siglos ha impulsado a los seres a un rodeo de existencia, sobre los caminos más o menos tortuosos que los llevaban al nigromante, y lo que él hace surgir en el círculo del encantamiento, eso llamado sombra, frente a lo que no pasaba otra cosa que lo que pasa en el sueño, a saber, ese ser que está allí sin que se sepa cómo existe y frente al cual, literalmente, no se puede decir nada, ya que él habla, por supuesto. Pero no interesa, diría que hasta cierto punto, lo que dice es también lo que no dice, tampoco nos lo dice en el sueño; esa palabra no toma su valor más que del hecho de que a quien él llamó el ser amado del reino de las sobras, el no puede literalmente decirle nada de lo que es la verdad de su corazón.

Esa confrontación, esa escena estructurada, ese escenario ¿no nos sugiere que en el mismo debemos tratar de situar el alcance? ¿Qué es? Esto tiene un valor fundamental de estructurado y estructurante, que es lo que trato de precisar este año ante ustedes bajo el nombre de fantasma. ¿Es un fantasma? ¿Hay un cierto número de carácteres exigibles para que, en semejante presentación, en tal escenario, reconozcamos los carácteres del fantasma?

Es ésta una primera cuestión que, desgraciadamente, no podremos comenzar a articular sino la próxima vez.

Entiendan que le daremos respuestas precisas, que nos permitirán aproximarnos a eso que efectivamente es un fantasma, y lo que es un fantasma del sueño. Se los articulo enseguida, un fantasma que tiene formas muy particulares, quiero decir que un fantasma del sueño, en tanto podemos precisar el sentido de la palabra 'fantasma' , no tiene el mismo alcance que un fantasma de la vigilia, sea inconsciente o no. He aquí un primer punto sobre el que les responderé a esta cuestión la próxima vez.

El segundo punto, a propósito de la articulación del fantasma, cómo debemos concebir que yace la incidencia de lo que podemos llamar, de lo que Freud llamó mecanismos de elaboración del sueño, sus relaciones, por una parte con la represión supuesta antecedente. La relación de esa represión con los significantes de los que mostraré hasta qué punto Freud aísla y articula la incidencia de su ausencia, en términos de pura relación significante.

Esos significantes, quiero decir, las relaciones que hay entre los significantes del relato "él estaba muerto" por una parte, "él no lo sabía", por otra parte, y "según su deseo", en tercer lugar, vamos a tratar de plantearlos , de ubicarlos y hacerlos funcionar sobre las líneas, trayectos de las respectivas cadenas del sujeto y del significante tal como son planteadas aquí, repetidas, urgidas ante ustedes bajo la forma de nuestro grafo. Y verán a la vez para qué puede servir esto que no es sino la posición topológica de los elementos y las relaciones sin las cuales no hay funcionamiento posible del discurso, y cómo sólo la noción de las estructuras que permiten ese funcionamiento del discurso, pueden permitir también dar sentido a lo que las dos cláusulas en cuestión, pueden, hasta cierto punto, ser llamadas, ser verdaderamente el contenido, como dice Freud, la realidad, lo que está realmente reprimido .

Pero esto no alcanza. Nos falta asimismo distinguir cómo y por qué el sueño hace aquí uso de los elementos que sin duda son reprimidos, pero precisamente, allí, a un nivel en el que no lo son; es decir, donde lo recientemente vivido los puso en juego como tales, y donde, lejos de ser reprimidos, el sueño los elide. ¿Por qué? ¿Para producir qué efecto? Diría que no es más que para producir una significación, allí no hay dudas, y veremos que la misma elisión del mismo deseo puede tener, según estructuras diferentes, efectos totalmente distintos. Para simplemente despertar, estimular un poco vuestra curiosidad, quisiera hacerles señalar que puede haber allí una relación entre la elisión y la cláusula "según su deseo" y el hecho de que en otros contextos que no son el sueño, por ejemplo, la psicosis, esto puede llegar al desconocimiento de la muerte.

El "él no lo sabía" o "él no quería saber nada", se articula de otra manera con "él estaba muerto", o aún en un contexto todavía diferente, pueden tener interés de ser distinguidos de entrada como la Verwerfung se distingue de la Verneinung.

Esto puede llevar a sentimientos de invasión o de irrupción, o a momentos fecundos de la psicosis donde el sujeto piensa que tiene frente a sí efectivamente algo mucho más cerca que la imagen del sueño que nosotros no podemos esperar ahí, es decir, que tiene frente a sí a alguien que está muerto, que él vive con un muerto que, simplemente, no lo sabe que él esta muerto. Y aún puede ser, hasta cierto punto que en la vida normal, la que vivimos todos los días, nos ocurra más a menudo de lo que creemos, el tener en nuestra presencia a alguien que, con todas las apariencias de un comportamiento social satisfactorio, es alguien que a la vez desea , por ejemplo, desde el punto de vista del interés, de lo que nos permite estar de acuerdo con un ser humano, y conocemos más de uno, cuando se los señala busquen entre sus relaciones, alguien que es un muerto y momificado, que no espera sino el pequeño golpe que los conduzca a su fin.

No es verdad también que en presencia de ese algo que, después de todo, puede ser mucho más difusamente presentado... (Falta en el original) ...cia tranquila, y que una gran parte de nuestro comportamiento con nuestros semejantes puede ser algo que vamos a tomar en cuenta cuando nos ocupamos de escuchar los discursos, confidencias, el discurso libre de un sujeto bajo la experiencia del psicoanálisis, puede introducir en nosotros una reacción mucho más importante a medir, mucho más presente, esencial, que la que nos corresponde de esa suerte de precaución que nos hace tomar para no hacer destacar al semi-muerto que allí donde él está, donde está a punto de hablarnos, está la media presa de la muerte, y eso también porque nosotros, sobre ese tema donde tal audacia de intervención no dejaría de comportar algún contragolpe, que es precisamente en su contra que nos defendemos más, es lo que hay de más ficticio en nosotros, de más repetido (repeté), a saber, la semi-muerte.

En breve, lo ven, las preguntas más a cerrar se multiplican al punteo donde hoy llegamos en este discurso, y sin duda, si ese sueño debe aportarles algo concerniente a las relaciones del sujeto con el deseo, es que hay un valor que no debe sorprendernos, dados sus protagonistas, un padre y un hijo, la muerte presente, y, verán, la relación al deseo.

No es por azar que elegimos este ejemplo, que vamos a explotar la próxima vez.



índice del seminario 6














































Clase 4.
Del 3 De Diciembre De 1958

3 De Diciembre De 1958



Los había dejado la última vez en un sueño, ese sueño extremadamente simple, al menos en apariencia. Les había dicho que nos ejercitaríamos sobre él o a su propósito, para articular el sentido propio que damos a ese término que es aquí el deseo del sueño, y el sentido de lo que es una interpretación.

Retomaremos eso. Pienso que sobre el plano teórico tiene también su precio y su valor.

Me sumerjo actualmente en una relectura de "La ciencia de los sueños", después de tantas otras, de la que les había dicho que nos llevaría este año a poner en cuestión a propósito del deseo y su interpretación. Y debo decir que, hasta cierto punto, me he dejado llevar a hacer ese reproche de que en la comunidad analítica ése sea un libro bien conocido, cuyos rodeos se conocen muy mal.

Diría que ese reproche, como todo reproche por otra parte, tiene otra faz, que es una faz de excusa, pues a decir verdad, no basta aún haberlo recorrido cientos de veces para retenerlo, y creo que hay ahí un fenómeno —se me ha hecho evidente especialmente estos días— que conocemos bien. En el fondo cada uno sabe cómo todo lo que concierne al inconsciente se olvida, quiero decir, por ejemplo, que es muy sensible, y de manera muy significativa, y en verdad absolutamente inexplicada por fuera de la perspectiva freudiana, cómo se olvidan las historias divertidas, los buenos cuentos, eso que se llama los chistes. Ustedes están en una reunión de amigos y alguien hace un chiste, ni siquiera un cuento gracioso, hace un retruécano al principio de la reunión o al final de la comida, y cuando se pasa al café, ustedes dicen: "¿Qué pudo haber dicho de tan divertido hace un rato esta persona que se encuentra a mi derecha?" Nadie levanta la mano. Pónganle la firma que, si es un chiste, escapa al inconsciente.

Cuando se lee y se relee "La ciencia de los sueños", uno tiene la impresión de un libro diría mágico, si la palabra mágico no se prestase en nuestro vocabulario, desgraciadamente, a tanta ambigüedad y a tantos errores. Uno pasea en "La ciencia de los sueños" como en el libro del inconsciente. Creo que hay ahí un fenómeno que merece ser destacado, y es la deformación verdaderamente casi insensata de la traducción francesa, donde en verdad, cuanto más avanzo, más encuentro que, a pesar de todo, no se pueden excusar las groseras inexactitudes.

Hay entre ustedes quienes me piden explicaciones, y yo me reporto inmediatamente a los textos. En la cuarta parte, "La elaboración de los sueños", un capítulo titulado "El cuidado de la representabilidad", cuya traducción francesa de la primera página es más que una trama de inexactitudes, y no tiene ninguna relación con el texto, eso trastorna, eso desconcierta. No insisto más.

Evidentemente todo eso no hace especialmente fácil el acceso a los lectores franceses, de "La ciencia de los sueños".

Para volver a nuestro sueño de la última vez que habíamos comenzado a descifrar de una manera que no les habrá parecido quizá muy fácil, pero no obstante inteligible, eso espero, para ver bien de qué se trata, para articularlo en función de nuestro grafo, comenzaremos por algunas notas.

Se trata de saber si un sueño nos interesa en el sentido en que le interesa a Freud, en el sentido de realización de deseo. Aquí en el deseo y su interpretación, es primero el deseo en su función en el sueño, en tanto el sueño es su realización. ¿Cómo podemos articularlo?

Primero voy a presentar otro sueño, un primer sueño que les he dado y del que verán el valor ejemplar. No es verdaderamente muy conocido; es necesario buscarlo en un rincón. Hay ahí un sueño del cual creo que ninguno de ustedes ignora su existencia: está al principio del capítulo III, cuyo título es "El sueño es una realización de deseo", y se trata de sueños de chicos, por lo cual nos son dados como lo que llamaría un primer estado del deseo en el sueño.

El sueño del que se trata está ahí, desde la primera edición de la Traumdeutung, y nos es dado al principio de su apelación ante sus lectores de entonces, nos dice Freud, como la cuestión del sueño. Es necesario ver ese lado de exposición de desarrollo que hay en la Traumdeutung, que nos explica bien las cosas, en particular, que las cosas pueden ser tomadas primero, de una manera que supone cierta aproximación.

Cuando no se observa atentamente ese pasaje, no se atiende a eso que nos dice del carácter de algún modo directo, sin deformación, sin Enstellung, del sueño: eso designa, simplemente, la forma general que hace que el sueño nos aparezca bajo un aspecto que está profundamente modificado en cuanto a su contenido profundo, su contenido pensado, mientras que en el niño eso sería totalmente simple: el deseo diría de la manera más directa lo que desea, y Freud da ejemplo, y el primero quiere naturalmente, que se lo retenga, puesto que nos da verdaderamente su fórmula.

Teniendo mi hija menor - es Anna Freud- diecinueve meses, hubo que someterla a dieta durante todo un día, pues había vomitado repetidamente por la mañana. A la noche se la oyó exclamar enérgicamente en sueños: "Anna F(r)eud, F(r)esas, f(r)ambuesas, bollos, papilla". Y Freud nos dice: "La pequeña utilizaba su nombre para expresar posesión, y el menú que a continuación detalla, contiene todo lo que podía parecerle una comida deseable. El que la fruta aparezca en él repetida, constituye una rebelión contra nuestra policía sanitaria casera y tenía su motivo en la circunstancia, advertida sequramente por la niña, de que la niñera había achacado su indisposición a un excesivo consumo de fresas. Contra esta observación y sus naturales consecuencias toma ya en sueños su desquite".

Dejo de lado el sueño del sobrino Germán que toma... (Falta en el original) ...en el curso de discusiones, en fin, ecos de posiciones de escuelas, y a la que Ferenczi ha contribuido al aportar el proverbio que dice: "El cerdo sueña con las bellotas y el ganso con el maíz". Y Freud en el texto -también agrega: "¿Con qué sueña el ganso?", y responde "con el maíz". Y en fin, el proverbio judío: "¿Con qué sueña la galina? - con el trigo".

Vamos a detenernos en esto, vamos incluso a comenzar por hacer un pequeño paréntesis, puesto que, en fin de cuentas, es en este nivel en el que es necesario tomar el problema que ayer evocaba a propósito de la comunicación de Granoff sobre el problema esencial, a saber, la diferencia de la directiva del placer y la directiva del deseo.

Volvamos un poco sobre la directiva del placer, y de una buena vez, lo más rápido posible, pongamos los puntos sobre las íes.

Esto tiene también una relación tan estrecha con las cuestiones que me son planteadas o que se plantean a propósito de la función que doy, en eso que llama Freud proceso primario, a la Vorstellung. Para decirlo rápidamente, esto no es más que un rodeo que es necesario concebir así: que una manera de entrar en este problema de la función de la Vorstellung, en el principio del placer, Freud la acorta, en suma podríamos decir que necesita un elemento para reconstruir aquello que ha percibido intuitivamente: en fin, hay que decir que la propia intuición genial de introducir en el pensamiento algo que hasta ese momento no había sido percibido, esta distinción del proceso primario como algo separado del proceso secundario. No nos damos cuenta de lo que hay de original en ello.

El proceso primario significa la presencia del deseo, pero no importa cuál; del deseo ahí donde se presenta como lo más despedazado, y Freud va a explicarlo con el elemento perceptivo del cual se trata.

En suma, vean los primeros esquemas que Freud nos presenta, concernientes a lo que pasa cuando sólo está en juego el proceso primario. Cuando sólo está en juego el proceso primario, concluye en la alucinación; y esta alucinación es algo que se produce por un proceso de regresión que llama, precisamente, de regresión tópica. Freud hace muchos esquemas de eso que motiva lo que estructura el proceso primario, pero tienen en común lo que suponen como su fondo, que es para él el recorrido del arco reflejo, vía aferente y eferente de algo que se llama sensación, vía aferente y eferente de algo que se llama motilidad.

Sobre esta vía de una forma, diría, horriblemente discutible, la percepción es puesta como algo que se acumula, una parte que se acumula del lado sensorial de la afluencia de excitación, del estímulo del medio exterior; y estando puesto en este origen de lo que pasa en el acto, son supuestas toda clase de cosas, que pueden ser luego —y fundamentalmente es ahí que se insertará la continuación de superposiciones que van desde lo inconsciente pasando por el preconsciente— algo que pasa o no pasa hacia la motilidad.

Vemos bien qué es lo que pasa cada vez que nos habla del proceso primario. Ocurre un movimiento regresivo. Siempre que la salida hacia la motilidad de la excitación está, por alguna razón, obstruido, se produce algo que es del orden regresivo, y aquí aparece una Vorstellung, algo que se encuentra para dar a la excitación una satisfacción alucinatoria.

Esta es la novedad introducida por Freud. Esto, literalmente, vale sobre todo si se piensa en orden a la calidad de la articulación de los esquemas que se presentan, en suma, por su valor funcional, quiero decir, para establecer —Freud lo dice expresamente— una secuencia, una continuidad en la que se subraya que es todavía más importante considerarla como secuencia temporal que como secuencia espacial.

Eso vale, diría, por su inserción en un circuito, y digo que en suma, eso que Freud nos describe como proceso primario, es, de alguna manera, algo que sobre ese circuito, se enciende. No haré allí una metáfora, no haré más que decir lo que Freud da como explicación en ocasión de la traducción de que se trata, es decir, mostrarles sobre el circuito homeostático siempre implícito, y de distinguir esta serie de relevos y que el hecho de que pase algo a nivel de estos relevos, algo que en sí toma un cierto valor de efecto terminal en ciertas condiciones, es algo idéntico a eso que vemos producirse en una máquina cualquiera bajo la forma de una serie de lámparas , si puedo decirlo, la que el hecho de que una de ellas entre en actividad, indica precisamente, no tanto lo que aparece, a saber un fenómeno luminoso, sino una cierta tensión, algo que se produce en función de una resistencia, e indica el estado en conjunto del circuito.

Entonces, digámoslo, que eso no responde de ningún modo al principio de la necesidad; bien entendido, ninguna necesidad se satisface por una satisfacción alucinatoria. La necesidad exige ser satisfecha, la intervención del proceso secundario, e incluso, de procesos secundarios de los que hay una gran variedad, procesos que están sometidos al principio de realidad.

Si hay procesos secundarios que se producen, no se producen sino porque ha habido procesos primarios. Sólo que es no menos evidente que esta perogrullada, que aquí esta aparición torna impensable al instinto bajo la forma en que se lo concibe. Está allí volatilizado, pues observen adónde conducen todas las investigaciones sobre el instinto, muy especialmente, las investigaciones modernas más elaboradas, más inteligentes. ¿A qué apuntan? A dar cuenta de cómo una estructura que no está puramente preformada, de una estructura que engendra su propia cadena, cómo esas estructuras dibujan en lo real, caminos hacia objetos no probados.

Eso es el problema del instinto, y se les explica que hay un estado apetitivo, un estado de conducta, de búsqueda. El animal, en una de esas fases, se coloca en un estado cuya motilidad se traduce por una actividad en toda clase de direcciónes . Y un segundo estado, la segunda etapa, es un estado de desencadenamiento específico, donde basta la aparición de un señuelo, es decir, conformado con el hecho de apoderarse de algún trapo de color, luego no queda otra cosa que esos trapos, los ha destacado en lo real .

Lo que quiero indicar es que hay una conducta alucinada que se distingue de la manera más radical de una conducta auto-guiada como el investimiento regresivo, de algo que va a traducirse por la iluminación de una lámpara sobre los circuitos conductores.

Eso puede iluminar, en todo caso, un objeto ya probado; si este objeto, por azar, ya está allí, no muestra de ninguna manera el camino; y menos lo muestra si no está ahí. Eso es lo que se produce en el fenómeno alucinatorio que se inaugura a partir de allí como el mecanismo de la búsqueda.

Freud nos lo articula igualmente a partir del proceso secundario, pero se distingue, puesto que ese proceso secundario, por el hecho de la existencia del proceso primario, Freud lo articula - no lo suscribo totalmente, repito el sentido de lo que Freud articula - un comportamiento de prueba de esta satisfacción, ordenada primero como efecto de la lámpara una conducta de juicio. Eso va a ser una conducta de juicio. El vocablo es proferido cuando Freud explica las cosas en este nivel.

En fin de cuentas, según Freud, la realidad humana se construye sobre un fondo de alucinación previo, que es el universo del placer en su ilusoria esencia, y todo ese proceso está perfectamente reconocido y articulado en los términos de los que Freud se sirve cada vez que explica la sucesión de huellas en las que se descompone el término; y en la Traumdeutung, en el nivel donde habla del proceso del aparato psíquico, muestra esta sucesión de capas en las que se vienen a inscribir —cada vez que se habla en este texto y en todos los otros con términos como Wiederschreiben— que están reglados en la sucesión de capas en las que se registran.

Los articula de manera diferente según los diferentes momentos de su pensamiento. En una primera etapa estarán por relaciones de simultaneidad; en otras, apiladas unas sobre otras; otras capas serán ordenadas por impresiones, por otras relaciones, separando el esquema de una sucesión de inscripciones, de Niederschrift que se superponen unas a otras; en una palabra, que no puede traducirse por una especie de espacio tipográfico, que deben ser concebidas todas las cosas que pasan originalmente antes de llegar a una forma de articulación que es la del preconsciente, a saber muy precisamente, en el inconsciente.

Esta verdadera topología de significantes, de la que no se nos escapa que si uno sigue la articulación de Freud, es de lo que se trata en la carta 52 a Fliess , se ve que está llevado necesariamente a suponer en el origen una especie de ideal que no puede ser tomado como una simple "Varneimung", posesión de la verdad. Si traducimos literalmente esta topología de significantes, no se llega a la "begrifen.."; es un término que emplea sin cesar; a la captura de la realidad no se llega de ninguna manera, allí, por la vía eliminatoria, selectiva, sea lo que fuera lo que aparezca, a lo que en toda la teoría del instinto ha sido el primer comportamiento aproximativo que dirije al organismo en las vías del éxito del comportamiento instintual

No es eso de lo que se trata, sino de una especie de crítica verdadera, de crítica recurrente, de crítica de esos significantes evocados en el proceso primario, crítica que no elimine lo anterior sobre lo que ella se asiente, pero lo complica.

Lo complica, al connotar ¿qué? Indices de realidad que son, ellos mismos, del orden significante.

No hay ningún medio de escapar a esta acentuación de lo que articulo como siendo eso que Freud concibió, y nos presenta como proceso primario. Por poco que nos dirijamos a cualquiera de los textos escritos por Freud, verán que en las diferentes etapas de su doctrina ha articulado, repetido, cada vez que ha tenido que abordar ese problema, ya sea que se tratase de la Traumdeutung o de lo que está en la introducción de "La ciencia de dos sueños", y a continuación, cuando al retomar más tarde, llega a los sueños, y a continuación, cuando al retomar, más tarde, llega al segundo modo de exposición de su tópica, es decir, de los artículos agrupados alrededor de la psicología del yo y de "Más allá del principio de placer".

Si me permiten imaginar un juego con las etimologías, lo que quiere decir esta posesión de la verdad que conduciría de una especie de sujeto ideal a lo real, pero las alternativas por donde el sujeto induce lo real en sus proposiciones, Vorstellung, lo descompongo así: Esas Vorstellung tienen una organización significante.

Si queremos hablar en otros términos que los freudianos, en términos pavlovianos, diríamos que han partido desde el origen, no en un primer sistema de significaciónes, no de algo empalmado sobre la tendencia de la necesidad, sino de un segundo sistema de significaciónes. Ellas muestran algo que es el encendido de la lámpara en la máquina tragamonedas cuando la bolilla está bien caída en el buen agujero.

Freud lo articula igualmente: el buen agujero quiere decir en el mismo agujero en el cual la bolilla ha caído anteriormente. El proceso primario no apunta ahí a la búsqueda de un objeto nuevo, sino de un objeto a reencontrar, y esto, por la vía de la Vorstellung reevocada, puesto que era la Vorstellung correspondiente a una primera facilitación cuando el encendido de esta lámpara daba derecho a una primera, y esto no deja dudas, es el principio del placer.

Pero para que esta primera sea estimada, es necesario que haya una reserva de monedas en la máquina y la reserva de monedas en la máquina, en la ocasión, es consagrada a ese segundo sistema de procesos que se llaman procesos secundarios. En otros términos, el encendido de la lámpara no es una satisfacción más que en el interior de la convención total de la máquina, en tanto esta máquina es la del jugador, a partir del momento en que juega.

Ese sueño de Anna nos es dado por el sueño de la desnudez del deseo. Me parece totalmente imposible en la revelación de esta desnudez, eludir, elidir el mecanismo mismo donde esta desnudez se revela; dicho de otra forma, que si el modo de esta revelación no puede ser separado de esta desnudez misma.

Tengo la idea de que este sueño aparentemente desnudo, no lo conocemos en la ocasión más que de oídas, y cuando digo de oídas, no quiere decir del todo eso que me hace decir que en suma, se trata de una nota sobre el hecho que no sabemos jamás algo de un sueño sino por lo que se nos cuenta, y que todo lo que se relacióna con el sueño se incluiría en el paréntesis del hecho de ser relatado.

No es indiferente que Freud le acuerde bastante importancia a la Niederscrift que constituye ese residuo del sueño, pero que es bien claro que ese Niederscrift se relacióna a una experiencia de la que el sujeto nos hace saber. Es importante ver que las objeciones, no obstante evidentes que surgen por el hecho de que una cosa es un relato hablado y otra cosa una experiencia vivida, hace partir todo su análisis hasta el punto de aconsejarlo como una técnica del Niederscrift, de eso que está ahí alojado en escritos del sueño; y nos muestra lo que él piensa en el fondo de esta experiencia vivida, a saber, que tiene toda la ventaja de ser abordada así, puesto que no ha intentado articularla. Ella está estructurada en una serie de Niederscriften, en una especie de escritura en palimpsesto.

Si se pudiera imaginar un palimpsesto donde los diversos trozos superpuestos tuvieran cierta relación, se trataría de saber aún cuáles son cuáles. Pero si los buscasen, verían que sería una relación a ubicar más en la forma de las letras que en el sentido del texto.

No les estoy diciendo eso. Digo que, en la ocasión, lo que sabemos del sueño, es lo que sabemos actualmente en el momento en que pasa como un sueno articulado. Dicho de otro modo, que el grado de certeza que tenemos, concerniente a ese sueño, es algo ligado al hecho de que estaríamos igualmente bastante seguros de lo que sueñan cerdos y gansos si ellos mismos nos lo contaran.

Pero en este ejemplo original tenemos más, es decir, que el sueño sorprendido por Freud tiene el valor ejemplar de haber sido articulado en voz alta durante el dormir, y que no deja ninguna clase de ambigüedad sobre la presencia significante en su texto actual.

No hay allí ninguna duda posible para arrojar sobre un fenómeno concerniente al carácter, si se puede decir, sobreagregado de información sobre el sueño que podría tener lugar.

Sabemos que Anna Freud sueña porque articula: "Anna F(r)eud, Erdbeor, Horhbeer, Erer(s)peis, Papp". Las imagenes del sueño, de las que no sabemos nada en la ocasión, encuentran aquí un afijo, si puedo expresarlo así, con la ayuda de un término prestado de la teoría de los nombres complejos, un afijo simbólico en esas palabras donde vemos, de alguna manera, al significante, presentarse en estado de precipitado, es decir, en una serie de nominaciones. Y esta nominación constituye una secuencia en la cual la elección no es indiferente, puesto que, como Freud nos lo dice, esa elección es, precisamente, todo lo que ha sido prohibido, interdicto (1), lo que a su demanda, se le había dicho que no; no necesitaba tomarlo, y ese común denominador introduce una unidad en su diversidad, sin que se pueda impedir que se note que, inversamente, esa diversidad refuerza esta unidad e, incluso, la designa.

Unidad, en suma que esta serie opone a la electividad de la satisfacción de la necesidad, tal en el ejemplo del deseo imputado tanto al cerdo como al ganso; no tienen más que reflexionar el efecto que eso haría si, en el proverbio, en lugar de decir que el cerdo sueña con el maíz, nos pusiésemos a hacer una enumeración de todo lo que sería suponer que el cerdo sueña. Verían que eso hace un efecto totalmente diferente; e incluso, si se pretendiese que sólo una insuficiente educación de la glotis impide al cerdo y al ganso hacérnoslo saber. Aún más: si se pudiese decir que podríamos suplir allí en un caso como en otro, el equivalente, si ustedes quieren, de esta articulación en algunos estremecimientos detectados en sus mandíbulas, no quedaría sino que sería poco probable que se llegase a que los animales se nombrasen como lo hace Anna Freud en la secuencia.

Admitamos, incluso, que el cerdo se llame Toto, y el ganso, Bel Azor. Si algo de ese orden se produjese, se comprobaría que ellos se nombran en un lenguaje en el que sería, esta vez, bien evidente, por otra parte, ni más ni menos evidente que en el hombre, que ese lenguaje no tiene nada que hacer con la satisfacción de su necesidad, puesto que ese nombre lo tendrían en el corral, es decir, en un contexto de necesidades del hombre, y no de las suyas.

Dicho de otro modo, deseamos detenernos en el hecho - y lo hemos dicho siempre- de que:

- Primero: Anna Freud articula el mecanismo de la motilidad. Y diremos que, en efecto, no está ausente de ese sueño; es por ahí que lo conocemos. Pero ese sueño revela por la estructuración significante de su secuencia que:

- Segundo: En esta secuencia nos detenemos en el hecho de que en la cabeza de la secuencia, literalmente, hay un mensaje, como pueden verlo ilustrado si saben cómo se comunica en el interior de esas máquinas complicadas de la era moderna, por ejemplo, de la cabeza a la cola del avión. ¿Qué se comienza a anunciar cuando se telefonea de una cabina a otra? Se anuncia el que habla. Anna Freud tiene diecinueve meses. Durante su sueño anuncia; dice: "Anna Freud", y hace su serie.

Nos vemos introducidos en lo que llamamos la topología de la represión, la más clara, la más formal igualmente, y la más articulada, de la que Freud nos subraya que esta topología no podría, en ningún caso, si es la de otro lugar, de la Andere Schauplatz (la otra escena), subraya siempre que no se trata de ninguna manera, de otro lugar neurológico. Decimos que este otro lugar es para buscar en la estructura del significante mismo.

Lo que intento mostrarles aquí, es la estructura del significante mismo, desde que el sujeto se inscribe allí, quiero decir, con las hipótesis mínimas que exige el hecho de que un sujeto entre en su juego. Digo que, desde que el significante está dado y el sujeto, como lo que va a entrar allí en el significante, y ninguna otra cosa. Las cosas se ordenan a partir de esta necesidad, y la consecuencia que va a desprenderse de esto, es que hay una topología de la que es necesario y suficiente que la concibamos como constituida por dos cadenas superpuestas.

¿Cómo se presentan aquí las cosas, a nivel del sueño de Anna Freud? Es exacto que se presentan de una manera problemática, ambigüa, que permite, que legitima hasta cierto punto, a Freud, para distinguir una diferencia entre el sueño del niño y el sueño del adulto.

¿Dónde se sitúa la cadena de nominaciones que constituyen el sueño de Anna Freud? ¿Sobre la cadena superior o sobre la cadena inferior? Es una cuestión en la que han podido notar que la parte superior del gafo representa esta cadena bajo la forma punteada, poniendo el acento sobre el elemento de discontinuidad del significante; mientras que la cadena inferior del grafo, la representamos continua; y por otra parte, les he dicho que, bien entendido, en todo proceso están interesadas las dos cadenas.

En el nivel donde colocamos la cuestión, ¿qué quiere decir la cadena inferior? La cadena inferior, a nivel de la demanda, de la que les he dicho que el sujeto en tanto hablante tomaba allí esta solidez prestada de la solidaridad sincrónica del significante, es bien evidente que hay algo que participa de la unidad de la frase, algo que hace hablar de una manera que ha hecho correr mucha tinta: de la función de la holofrase de la frase, en tanto todo consiste en que la holofrase existe. No hay duda; la holofrase tiene un nombre: es la interjección.

Si quieren, para ilustrar a nivel de la demanda lo que representa la función de la cadena inferior, es "pan", o "socorro". Hablo del discurso universal; no hablo por ahora, del discurso del niño.

Existe otra forma de frase, diría incluso que en ciertos casos toma un valor totalmente urgente y exigente. Es de eso de lo que se trata; es la articulación de la frase, es el sujeto en tanto que esa necesidad que, sin duda, debe pasar por los desfiladeros del significante en tanto que necesidad, es expresada de una manera deformada pero, al menos, monolítica, a poco que el monolito del que se trata, es el sujeto mismo a ese nivel que lo constituye.

Lo que pasa en la otra línea es, completamente, otra cosa. Lo que se puede decir no es fácil de decir, pero por una buena razón; es que justamente, lo que está en la base de lo que pasa en la primera línea, la de abajo; pero seguramente lo que vemos, es algo que nos es dado por primitivo que sea ese sueño de un niño, el sueño de Anna Freud, algo nos marca que aquí el sujeto no está simplemente constituido en la frase y por la frase, en el sentido en que el individuo o la multitud, o el tumulto grita: "pan". Se sabe muy bien que ahí, todo el peso del mensaje se ubica sobre el emisor. Quiero decir que él es el elemento dominante, y se sabe incluso, que ese grito, en sí, es suficiente justamente en las formas que acabo de evocar, para constituir, ese emisor, aunque tenga cien o mil bocas, como un sujeto único. No tiene necesidad de anunciarse; la frase lo anuncia suficientemente.

Entonces, nos encontramos con que el sujeto humano, cuando opera con el lenguaje, se cuenta; y es tal su posición primitiva, que no sé si recuerdan un test del Sr. Binet, a saber, las dificultades del sujeto para franquear esa etapa que encuentro más sugestiva - en lo que a mí respecta - que alguna etapa indicada por el Sr. Piaget; y esta etapa, no les diría porque no quiero entrar en el detalle, parece como distintiva, y consiste en que el sujeto se da cuenta de que hay algo que cojea en la frase: "Tengo tres hermanos, Pablo, Ernesto y yo".

Hasta una etapa bastante avanzada, esto parece natural, y por una buena razón; porque, a decir verdad, ahí está la implicación del sujeto humano en el acto de la palabra, que allí se cuenta y allí se nombra; y por consecuencia, es la expresión más natural —si puedo decirlo— , más coordinada. Simplemente, el niño ha encontrado la buena fórmula, que seria simplemente ésta: "Somos tres hermanos, Pablo, Ernesto y yo". Pero aparte de esto, lejos estaríamos de tener que reprocharle el darnos las ambigüedades de la función del ser y del tener.

Está claro que basta con que un paso sea franqueado para que eso de lo que se trata, a saber, la distinción del yo (je) en tanto que sujeto del enunciado, y el yo (je) en tanto que sujeto de la enunciación se haga, puesto que es eso de lo que se trata.

Lo que se articula a nivel de la primera línea cuando hacemos el paso siguiente, es el proceso del enunciado: en nuestro sueño del otro día, "él está muerto". Pero cuando anuncian algo del semejante en lo que les quiero hacer notar de paso toda la novedad de la dimensión que introduce la palabra en el mundo, está ya implicado, luego, para poder decir "está muerto"; no puede decirse de otro modo ni en otra perspectiva que en la del decir.

Está muerto; eso no quiere decir absolutamente nada. Está muerto es 'no está más'; luego, no está para decirlo. Ya no está más para decir "está muerto". Es necesario que sea un ser soportado por la palabra. Pero no se le pide a nadie que se dé cuenta de eso, sino que, al contrario, es que el acto de la enunciación de "está muerto" exige comúnmente en el discurso mismo, toda clase de referencias que se distinguen de las referencias tomadas a partir del enunciado del proceso.

Si lo que digo ahí no es evidente, toda la gramática se volatilizaría. Estoy haciéndoles notar por un instante la necesidad del futuro anterior, en tanto hay ahí dos refefencias de tiempo: una, concerniente al acto del que se va a tratar; por ejemplo, "en esa época habré sido su marido"; se trata de la referencia de lo que va a transformarse, por casamiento, en el enunciado.

Pero por otra parte, puesto que se expresa en términos, de futuro anterior, es en el punto actual donde se habla del acto de la enunciación que refiere. Hay, pues, dos sujetos, dos yo (je), y la etapa a franquear por el niño en este test de Binet, la distinción de esos dos yo (je), me parece algo que no tiene literalmente nada que ver con esa famosa reducción de la reprocidad de la que Piaget nos hace el pivote esencial en cuanto a la aprehensión del uso de los pronombres personales.

Pero dejemos esto por un instante de lado. ¿A qué hemos llegado? A la aprehensión de dos líneas: una, como representante del proceso de la enunciación; y la otra, del proceso del enunciado. Que sean dos, no significa que cada una represente una función; es que siempre esta duplicidad, cada vez que se va a tratar de las funciones del lenguaje, debemos reencontrarla. Digamos que no sólo son dos, sino que tendrán, siempre, estructuraciones opuestas, discontinuas. Aquí, por ejemplo, cuando una es continua, la otra es discontinua, e inversamente.

¿Dónde se sitúa la articulación del sueño de Anna Freud?.

Esta topología no sirve para que les dé la respuesta. La cuestión se ubica en lo que representa esta articulación en la ocasión, que es la faz bajo la que se presenta para nosotros la realidad del sueño de Anna Freud, y que en ese niño que ha sido capaz de percibir el sentido de la frase de su niñera —verdadero o falso—, Freud la implica, y le supone, en tanto un niño de diecinueve meses comprende muy bien cuándo su niñera le hace una cagada, se articula bajo la forma que he llamado precipitado, esa sucesión de significantes en un cierto orden, posición, si puedo decirlo, en una columna, por el hecho de sustituirse unas a otras esas cosas como cada una, metáfora de la otra; de lo que se trata, entonces, de hacer surgir, es la realidad de la satisfacción en tanto que prohibida. No iremos con el sueño de Anna Freud, más lejos.

No obstante, daremos el paso siguiente. Entonces, una vez que habremos comenzado a desenredar suficientemente ésta cosa, nos preguntamos, puesto que se trata de una topología de la represión, para qué nos va a poder servir lo que comenzamos a articular, cuando se trata del sueño del adulto, cuál es la verdadera diferencia entre cierta forma que toma el deseo del niño en esta ocasión, en el sueño, y una forma seguramente más complicada en la interpretación, respecto del sueño del adulto.

Freud, en esto, no produce ninguna ambigüedad. No tiene ninguna dificultad; basta leer el uso y la función de eso que interviene en el orden de la censura, censura que se ejerce exactamente en aquello que he podido ilustrar en mis seminarios anteriores. No sé si recuerdan la famosa historia de si el rey de Inglaterra es un boludo. Entonces, todo está permitido, dice la crítica, en la revolución irlandesa. Pero no era de eso de lo que se trataba. Le había dado otra aplicación para explicar lo que es en Freud los sueños de castigo, muy especialmente, habíamos supuesto la ley siguiente: "El que diga que el rey de Inglaterra es un boludo, tendrá la cara cortada". Y evocaba: la noche siguiente, sueño que tengo la cara cortada.

Esto es lo que nos explica Freud de manera muy precisa, en cuanto a que es de la naturaleza de lo que es dicho, lo que nos coloca ante una dificultad muy particular, al mismo tiempo que abre muchas posibilidades muy especiales. Se trata, simplemente, de esto.

Eso con lo que el niño se las tenía que ver, era con lo prohibido (inter-dit), con lo dicho que no. Todo el proceso de la educación, algunos principios de censura, van a formar ese dicho que no, puesto que se trata de operaciones con el significante indecible; y eso supone que el sujeto percibe que el dicho que no, si es dicho, es dicho, e incluso si no es ejecutado, queda dicho. De ahí, el hecho de que no decir es distinto que obedecer para no hacer; dicho de otro modo, la verdad del deseo es, por sí misma, una ofensa a la autoridad de la ley.

Entonces, la salida que ofrece este nuevo drama, es censurar esta verdad del deseo. Pero esta censura no es algo que de la manera en que se ejerza, pueda sostenerse de un plumazo, porque el proceso de la enunciación que está alcanzado, es necesario para impedir algún preconocimiento del proceso del enunciado; y todo discurso destinado a proscribir este enunciado del proceso de la enunciación se va a encontrar en delito más o menos flagrante con su meta. Es la matriz de esta posibilidad la que a ese nivel, y esto les dará otras matrices, está dado en nuestro grafo.

El sujeto, por el hecho de articular su demanda, es tomado en un discurso del que no puede hacer que no sea, él mismo, hilván en tanto agente de la enunciación, porque no puede renunciar allí sin este enunciado, puesto que es borrarse completamente como sujeto que sabe de lo que se trata.

La relación de una a otra de las dos líneas del proceso de la enunciación con el proceso del enunciado, es bien simple; es una gramática, una gramática racional que se articula en esos términos. Si la cosa los divierte, podría decirles dónde o cómo, en qué términos y en qué marco esto ha sido articulado. Pero por ahora, nuestro asunto es éste: Eso que vemos cuando la represión se introduce, está esencialmente ligado a la aparición absolutamente necesaria de que el sujeto se borre o desaparezca, a nivel del proceso de la enunciación.

¿Cómo y por qué vías empíricas el sujeto accede a esta posibilidad? Es completamente imposible articularlo, si no vemos cuál es la naturaleza del proceso de la enunciación.

Les he dicho: toda palabra, aparte de esos puntos de cruce que hemos designado por el punto A, es decir, que toda palabra, en tanto el sujeto está allí implicado, es discurso del Otro. Es por eso que primero, el niño no duda de que sus pensamientos sean conocidos, porque la definición de un pensamiento no es, como dicen los psicólogos, algo que sería un acto ya comenzado.

El pensamiento es, ante todo, algo que participa de la dimensión del no-dicho que acabo de introducir por la distinción del proceso de la enunciación y del proceso del enunciado, pero que ese no-dicho subsiste, en tanto que, para que sea un no-dicho, es necesario decir, es necesario decirlo a nivel del proceso de la enunciación, es decir, en tanto discurso del Otro; y es porque el niño no duda un sólo instante de que lo que representa para él ese lugar donde se sostiene ese discurso, es decir, sus padres, no sepan todos sus pensamientos.

Es en todo caso, un movimiento que subsistirá por mucho tiempo, en el cual no será introducido nada nuevo a lo que hemos articulado aquí, concerniente a la relación de la línea superior con la inferior, a saber, lo que las mantiene fuera de la gramática en una cierta distancia.

La gramática mantiene a distancia las frases como "que no sepa que estaba muerto", "no está muerto que yo sepa", "no sabía que estuviese muerto". Es el temor de que estuviera muerto. Todas esas formas sutiles van del subjuntivo, a un 'no' (ne), que el Sr. Le Bidus (?) llama de una manera verdaderamente increíble en un filólogo que ha escrito en Le Monde, el ne expletivo. Todo esto es para mostrarnos que una parte de la gramática, en la parte esencial, las formas están hechas para mantener la distancia necesaria entre las dos líneas.

Les proyectaré, la próxima vez, sobre esas dos líneas, las articulaciones de las que se trata. Pero para el sujeto que todavía no ha aprehendido esas formas sutiles, está claro que la distinción de las dos líneas se hace mucho antes. Hay condiciones exigibles que forman la base de la interrogación que les aporto hoy. Esta distinción está ligada a algo que no es una referencia temporal, sino una referencia tensional, es decir, una diferencia de tiempos. Ven ahí la relación que puede haber entre eso y la topología del deseo.

Estamos ahí. El niño, durante un tiempo, está tomado en el juego de las dos líneas. ¿Qué es necesario que pase, para que pueda producirse la represión? Dudo de engancharme en una vía que pareciese concesiva, en cuanto a apelar a nociones de desarrollo, que todo quede implicado en el proceso empírico, a nivel donde se produce necesariamente la intervención de una incidencia empírica, de este accidente empírico, de lo que viene a retener, que precipita en su forma, es de otra naturaleza.

Sea lo que sea, el niño descubre en un momento dado, que esos adultos reputados de conocer todos sus pensamientos, y aquí justamente no va a franquear ese paso, que de una cierta forma podrá reproducir más tarde la posibilidad, que es la posibilidad que llamaremos rápidamente la forma llamada (ele)mental de la alucinación, que aparece esta estructura primitiva de lo que llamamos el fondo último del proceso de la enunciación, paralela al enunciado corriente, de la existencia de lo que se llama el eco de los actos, el eco de los pensamientos expresados.

Que el conocimiento de una Verwerfung, es decir, de eso de lo que voy a hablar ahora, no haya sido realizado, es que el niño, en un momento, descubre que este adulto que conoce todos sus pensamientos , no los sabe para nada. El adulto no sabe; de qué se trata en el sueño, de que él sabe o no sabe que está muerto.

Veremos la próxima vez la significación ejemplar, en la ocasión de esa relación. Pero por el momento, vamos a relaciónar esos dos términos en razón de que no hemos avanzado bastante lejos en la articulación de lo que va a ser tocado en la represión. Pero la posibilidad fundamental lo que no puede ser más que el fin de la represión, si es exitosa, es decir, no simplemente que afecte lo no dicho de un signo, no que dice que no es dicho todo en el dejar dicho, sino que, efectivamente, el no-dicho sea un truco, sin ninguna duda esta negación es una forma tan primordial, que no hay ninguna duda de que en Freud la Verneinung aparece como una de las formas más elaboradas de la represión. La coloca inmediatamente después de la Bejahung primitiva, por una posibilidad, e incluso por una deducción lógica y no genética.

La Verdrängung, represión, no puede ser algo tan fácil de aplicar, puesto que, si en el fondo se trata de que el sujeto se borra, es claro que es muy fácil hacer aparecer en ese orden que los otros, los adultos, no saben nada. Naturalmente, el sujeto que entra en la existencia, no sabe que, si ellos no saben nada, los adultos, como cada uno sabe, es precisamente porque ellos han pasado por toda clase de aventuras, las aventuras de la represión. El sujeto no sabe nada de eso y, para imitarlos es necesario decir que la tarea no es fácil, porque para que un sujeto se escamotee él mismo como sujeto, es una vuelta de prestidigitación un poco más fuerte que otras que me ha llevado a presentarles aquí. Pero digamos que esencialmente y sin ninguna duda, si vamos a rearticular los tres modos bajo los cuales el sujeto quiere hacerlo, en Verwerfung, Verleugnung y Verdrängung, la Verdrängung va a consistir en eso que, para golpear de una manera que sea, si no durable al menos posible, lo que se trata de hacer desaparecer de ese no-dicho, el sujeto va a operar por la vía del significante.

Es sobre el significante, y sobre el significante como tal que va a operar. Y es por eso que el sueño que he proferido la última vez, alrededor del cual seguimos dando vueltas, no obstante que no lo haya reevocado completamente en el seminario de hoy, el sueño del padre muerto, es para eso que Freud articula a ese propósito, que la represión se asienta esencialmente sobre la manipulación, la elisión de dos cláusulas, "según su deseo", y "él no sabía que era según su deseo", "que fuese así según su deseo" ('voeu': deseo, voto) .

La represión se presenta, en su origen, en su raíz, como algo que en Freud no puede articularse de otra manera que asentada sobre el significante.

No les he hecho hacer un gran paso hoy, pero es un paso más, porque es un paso que nos va a permitir ver a nivel de qué clase de significante se asienta esta operación de la represión. Todos los significantes no son igualmente reprimibles, frágiles. Esto se ve en lo que he llamado dos cláusulas. Es de importancia esencial, y nos va a llevar a aquello que se designa cuando se habla de deseo en el sueño en primer término, y luego, de deseo a secas.



índice del seminario 6





































Clase 5. Del 10 de Diciembre de 1958

10 de Diciembre de 1958



Los dejé la última vez en alguna cosa que tiende al abordaje de nuestro problema, el problema del deseo y su interpretación; un cierto ordenamiento de la estructura significante que se enuncia en el significante como comportando esa duplicidad interna del enunciado: proceso del enunciado y proceso del acto de la enunciación.

Les indiqué el acento sobre la diferencia existente entre el yo (je), en tanto implicado en un enunciado cualquiera, del yo (je) que, con igual jerarquía que cualquier otro, es el sujeto de un proceso enunciado; por ejemplo, que no sea la única palabra (mot) del enunciado ni del yo (je) en tanto que él esta implicado en toda enunciación, sino que en él se anuncia como el yo (je) de la enunciación .

Ese modo por el cual se enuncia como el yo (je) de la enunciación, no es indiferente, si se enuncia al nombrarse como lo hace la pequeña Anna Freud al inicio del mensaje de su sueño.

Les he indicado que queda allí algo ambigüo que es que, si ese yo (je) como yo (je) de la enunciación, es autentificado o no en ese momento.

Les dejo entender que no lo es todavía, y que es eso lo que constituye la diferencia que Freud nos da, por ser la que distingue el deseo del sueño en el niño, del deseo del sueño en el adulto, que es que algo no está todavía terminado, precipitado por la estructura; no está todavía distinguido en la estructura, que es, justamente eso de lo que, por otra parte, les doy el reflejo y la huella; huella tardía, porque se encuentra al nivel de una prueba que supone ya las condiciones muy definidas por la experiencia, que no permiten prejuzgar en el fondo lo que está en el sujeto.

Pero la dificultad que permanece aún largo tiempo para el sujeto, es distinguir ese yo (je) de la enunciación, del yo (je) del enunciado, y que se traduce por este tropiezo tardío delante del test que el azar, aún, y el olfato (flair) del psicólogo, han hecho elegir a Binet la forma "Tengo tres hermanos, Pablo, Ernesto y yo".

La dificultad que hay, es que el niño no tiene lo que le hace falta, además del enunciado; a saber, que el sujeto no sabe descontarse. Pero esa huella que les marqué es algo, un índice, y hay otros; ese elemento esencial que constituye la distinción, la diferencia para el sujeto del yo (je) de la enunciación del yo (je) del enunciado.

Ahora, les he dicho, tomamos las cosas no por una vía de la que no puedo decir que sea empírica porque ya está trazada, ya ha sido construida por Freud, cuando nos dice que el deseo del sueño en un adulto, es un deseo que le es prestado, y que es la marca de una represión, represión que, a ese nivel, él refiere como siendo una censura.

Cuando entra en el mecanismo de esa censura, cuando nos muestra lo que es una censura, a saber, las imposibilidades de una censura, pues allí abajo es donde pone el acento; es allí que trato de hacerlos detener en vuestra reflexión un instante, diciéndoles una especie de contradicción interna que es la de que todo lo no-dicho a nivel de la enunciación, contradicción interna que estructura el "yo (je) no digo que".

Se los dije el otro día en diversas formas humorísticas que ese que dirá tal o cual cosa de tal o cual personaje del que hay que respetar sus palabras, no tendrá que vérselas conmigo. ¿Qué quiere decir profiriendo esa frase, si sólo es una toma de partido irónica?. Yo (je) pronuncio, yo (je) me encuentro pronunciando precisamente lo que no hay que decir, y Freud mismo ha señalado ampliamente, cuando nos muestra el mecanismo, la articulación, el sentido del sueño, cuan frecuentemente el sueño toma esa vía, es decir que lo que articula como no debiendo ser dicho es, justamente, lo que tiene para decir, y es por eso que pasa lo que en el sueño es efectivamente dicho.

Esto nos lleva a algo que está ligado a la estructura más profunda del significante. Quisiera detenerme un instante todavía, ya que ese elemento, ese resorte del "yo (je) no digo" como tal, no por nada Freud, en su artículo de la "Verneinung", lo pone en la raíz misma de la frase más primitiva en la que el sujeto se constituye como tal, y se constituye, especialmente, como inconsciente.

La relación de esa Verneinung con la Bejahung más primitiva, es algo que comienza a plantearse. Se trata de saber siempre lo que pasa al nivel más primitivo; ¿es, por ejemplo, el par bueno o malo, según que elijamos o no, tal o cual de esos términos primitivos?. Ya optamos por una teorizacion, toda una orientación de nuestro pensamiento analítico, y ustedes saben el rol que ha jugado ese término de 'bueno' y 'malo' en una cierta especificación de la vía analítica; es, por cierto, un par muy primitivo.

Sobre ese no-dicho, y sobre la función del ne (no) en el "Je ne dis pas", "Yo no digo", es allí que me detendré un instante, antes de dar un paso más, porque creo que allí está la articulación esencial. Esa suerte de no (ne) del "yo( je) no (ne) digo (dis) (pas)", que hace que , precisamente diciendo que no se dice, se dice, cosa que parece casi una suerte de evidencia por el absurdo, es algo en lo que tenemos que detenernos, recordando lo que ya les indiqué como siendo la propiedad más radical, - si se puede decir- del significante. Y si ustedes se acuerdan, ya traté de llevarlos por vía de una imagen, de un ejemplo, mostrando a la vez la relación que hay entre el significante y una cierta especie de índice o de signo que he llamado : la huella que ya ella porta la marca de no sé qué especie de reverso de la impronta de lo real .

Les hablé de Robinson Crusoe y del Paso de la huella del paso (pas) de Viernes, y nos detuvimos un instante en esto: eso ya es el significante; y les he dicho que el significante comienza no en la huella, sino en esto de que se la borre, y no es el haberla borrado lo que constituye el significante; es algo que se plantea como pudiendo ser borrado lo que inaugura el significante.

Dicho de otra manera, Robinson Crusoe borra la huella del paso de Viernes, pero, ¿qué hace en su lugar? Si quiere guardar el lugar del pie de Viernes, hace falta, por lo menos, una cruz, es decir, una barra y otra barra sobre ella. Ese es el significante específico. El significante específico es algo que se presenta como pudiendo ser borrado y que justamente, en esa operación de borrado como tal, subsiste.

Quiero decir que el significante borrado se presenta ya como tal con sus propiedades de no dicho. En tanto que con la barra anulo ese significante, lo perpetúo como tal indefinidamente, inauguro la dimensión del significante como tal. Hacer una cruz , es precisamente lo que no existe en ninguna forma de demarcación (reperage) de alguna manera permitida. No hay, que creer que los seres no parlantes, los animales, no señalizan nada, sino que no dejan intencionalmente como he dicho, más que las huellas de las huellas. Volveremos, cuando tengamos tiempo, sobre los hábitos del hipopótamo. Veremos lo que deja sobre sus pasos a propósito de sus congéneres .

Lo que deja el hombre tras de sí, es un significante, es una cruz, es una barra, en tanto barrada, en tanto que recubierta por otra barra que, por otra parte indica que, como tal, está borrada.

Esa función del nombre del 'no', en tanto es el significante que se anula a sí mismo, es algo que seguramente merece un amplio desarrollo. Es sorprendente ver hasta qué punto los lógicos , por ser, como siempre, demasiado psicólogos , han hecho en clasificación, en su articulación de la negación, han dejado extrañamente de lado lo más original.

Saben, o no lo saben; y después de todo, no tengo la intención de hacerlos entrar en los diferentes modos de la negación. Quiero simplemente decirles que más originalmente que lo que se puede articular en el orden del concepto, en el orden de lo que distingue el sentido de la negación de la privación, etc; más originalmente, es en el fenómeno de lo hablado, en la experiencia, en el empirismo lingüístico, que debemos encontrar en su origen lo que para nosotros es más importante. Y es por eso que sólo allí me detendría, y aquí no puedo al menos por un instante, no manifestar algunas investigaciones que tienen valor de experiencia, y especialmente la que fue hecha por Edouard Pichon, quien fue, como saben, uno de nuestros mayores psicoanalistas, que murió al comienzo de la guerra de una grave enfermedad cardíaca. Edouard Pichon, a propósito de la negación, ha hecho esa distinción de la cual es necesario que tengan al menos una pequeña percepción, una pequeña noción, una pequeña idea.

El se percata de algo; él habría querido, manifiestamente quería ser psicólogo; nos escribe que lo que él hace es una suerte de exploración de las palabras en el pensamiento.

Como cualquiera, él es susceptible de ilusiones sobre sí mismo, porque felizmente eso es lo que hay allí de más débil en su obra: esa pretensión de remontar las palabras al pensamiento. Pero por otra parte, resulta ser un observador admirable; quiero decir que tenía un sentido de la materia (etoffe) lingüisteril, que hace que nos informe más sobre las palabras que sobre el pensamiento. Y en cuanto a las palabras, en cuanto a ese uso de la negación, es especialmente en francés que se detiene sobre ese uso de la negación; y ahí no ha podido hacer ese hallazgo que hace esa distinción, que se articula en esa distinción que hace de lo forclusivo y lo discordancial

Enseguida voy a darles ejemplos de la distinción que hace. Tomemos una frase como 'No hay nadie aquí' ( Il n'y a personne ici). Esta es forclusiva: queda inmediatamente excluido que aquí haya alguien. Pichon se detiene en lo que hay de remarcable, que cada vez que en francés nos la vemos con una forclución simple y pura, hace falta que empleemos dos términos, un 'no' (ne ) y después, algo que aquí está representado por el 'nadie' (personne), que podría serlo por el 'no' (pas): "no tengo dónde alojarlo " (quité ) .

Por otra parte ha destacado un gran número de usos del 'no' (ne) y justamente, los más indicativos allí, como en todas partes, los que plantean los problemas más paradójicos, se manifiestan siempre, es decir que, en primer lugar, jamás un 'no' (ne) puro y simple, o casi nunca, es puesto en uso para indicar la pura y simple negación, lo que por ejemplo en alemán o en inglés, se encarna en el "nicht" o en el 'not' . El 'no' (ne) solo, librado a sí mismo, expresa lo que Pichon llama una discordancia, y esa discordancia es precisamente algo que se sitúa entre el proceso del enunciado y de la enunciación.

Para decirlo todo, e ilustrar de qué se trata, voy a darles justamente el ejemplo sobre el cual Pichon más se detuvo, efectivamente, pues es especialmente ilustrativo, es el empleo de esos 'no' (ne) que la gente que no comprende nada, es decir, la gente que quiere comprender, llama el 'no' (ne) expletivo (expletif)

Se los digo porque ya he acentuado esto la última vez, ya he hecho alusión a propósito de un artículo que me había parecido ligeramente escándaloso aparecido en Le Monde sobre el así llamado "ne expletif".Ese 'no' expletivo que no es un 'no' expletivo, que es un 'no' absolutamente esencial para el uso de la lengua francesa, es el que se encuentra en la frase: "Je crains qu' il en vienne" (temo que el venga). Cada cual sabe que el "Je crains qu'il ne vienne" quiere decir " temo que él venga", y no que yo (je) temo que él no venga . Pero en francés se dice "Je crains qu' il ne vienne". En otros términos, el francés, en ese punto de su uso lingüístico toma, al 'ne', en alguna parte de su errancia, si así puede decirse, de su descenso de un proceso de la enunciación donde el 'ne' se ubica sobre la articulación de la enunciación, sobre el significante puro y simple, llamado en acto. Por ejemplo, en 'ne' de "Je ne dis pas que je suis ta femme" (no digo que soy tu mujer), el 'ne' de "Je ne suis pas ta femme" (no soy tu mujer). Sin ninguna duda no estamos aquí para hacer la génesis del lenguaje, pero algo está implicado aún en nuestra experiencia.

Lo que quiero mostrarles que nos indica la articulación que da Freud de la negación, es que implica que la negación desciende de la enunciación al enunciado. Y cómo no sorprenderse, porque después de todo, toda negación en el enunciado implica una cierta paradoja, porque plantea algo que, para plantearlo al mismo tiempo, digamos, en un cierto número de casos, como no existiendo parte alguna entre la enunciación y el enunciado, y en ese plano donde se instauran las discordancias, donde algo en mi temor adelanta el hecho de que él venga, y deseando que él no venga (qu'il ne vienne pas) puede articularse de otro modo ese "temo que venga" (Je crains qu'il vienne), como un "temo que venga" (Je crains qu'il ne vienne), abrochando al pasar, por así decir, ese 'no' (ne) de discordancia que se distingue como tal, en la negación, del 'ne' forclusivo.

Ustedes me dirán: esto es un fenómeno particular de la lengua francesa; lo evocaron oportunamente hablando del 'nicht' alemán y el 'not' inglés. Por cierto eso no es lo importante. Lo importante es que la lengua inglesa, por ejemplo, donde articulamos cosas análogas, a saber, lo que percibimos, y esto se los puedo demostrar aquí porque no estoy aquí para hacer un curso de lingüística, es algo análogo a lo que se manifiesta en el hecho de que en inglés, la negación no puede aplicarse en forma directa al verbo, en tanto que es verbo del enunciado, el verbo designante del proceso en el enunciado. No decimos "I eat not", sino "I don't eat".

En otros términos, he aquí que tenemos huellas en la articulación del sistema lingüístico inglés, de esto: para todo lo que es del orden de la negación, el enunciado es llevado a tomar una forma, que es calcada sobre el empleo de un auxiliar; el auxiliar es típicamente el que en el enunciado introduce la dimensión del sujeto. 'I don't eat', ' I won't eat', o 'I won't go' que es, hablando con propiedad "yo no iré", que no implica sólo el hecho, sino mi resolución de sujeto de no ir, el hecho de que para toda negación, en tanto negación pura, algo como una dimensión auxiliar aparece. Y esto, en la lengua inglesa, es la huella de algo que enlaza esencialmente la negación a una suerte de posición original de la enunciación como tal.

El segundo tiempo o etapa de lo que la última vez traté de articular ante ustedes, está constituido por esto: que para mostrarles por qué camino, por qué vía el sujeto se introduce en la dialéctica del otro, en tanto que ella le es impuesta por la estructura misma de esa diferencia de la enunciación y del enunciado, los llevé por una vía que hice, se los dije, expresamente empírica.

No es la única. Quiero decir que introduzco allí la historia real del sujeto. Les he dicho que el paso siguiente de eso por lo cual en el origen el sujeto se constituye en el proceso de la distinción de ese yo (je) de la enunciación, con el yo (je) del enunciado, es la dimensión de no saber nada. El comprueba en esto, que es sobre el fondo de que el otro sabe todo de sus pensamientos, porque sus pensamientos son por naturaleza y estructuralmente, en (su) origen, ese discurso del otro, que descubre de hecho, que el otro no sabe nada de sus pensamientos. Ahí se inaugura para él la vía que es la que buscamos, la vía por donde el sujeto va a desarrollar esa exigencia contradictoria de lo dicho, y encontrar el difícil camino por donde ha de efectuar ese no-dicho en su ser, y devenir esa suerte de ser con el que tenemos que vérnosla.

Un sujeto que tiene la dimensión de lo inconsciente, esto es el paso esencial que, en la experiencia del hombre, nos hace hacer el psicoanálisis en relación a que después de largos siglos, la filosofía está en alguna medida, diría, cada vez más obstinada en proseguir ese discurso: el sujeto no es sino el correlativo del objeto en la relación de conocimiento. El sujeto es eso que está supuesto por el conocimiento de los objetos, esa suerte de extraño sujeto del que no sé ya dónde he dicho, que podía hacer los domingos de filósofo, porque el resto de la semana, es decir, durante el trabajo, cada uno puede descuidarlo plenamente. Ese sujeto no es sino la sombra, en cierto modo, el doble de los objetos, ese algo que es olvidado en ese sujeto; esto es, que el sujeto es el sujeto que habla .

Lo que cambia completamente la naturaleza de sus relaciones al objeto, es el punto crucial de sus relaciones al objeto, que se llama, justamente, el deseo. Es en ese campo que tratamos de articular las relaciones del sujeto al objeto, en el sentido en que son relaciones de deseo, porque es en este campo que la experiencia analítica nos enseña que debe articularse.

La relación del sujeto al objeto no es una relación de necesidad. La relación del sujeto al objeto es una relación compleja que, precisamente, trato de articular ante ustedes. Comencemos por indicar esto: es porque allí se sitúa esa relación de la articulación del sujeto al objeto, que el objeto se encuentra siendo ese algo que no es el correlativo y correspondiente de una necesidad del sujeto, sino algo que soporta el sujeto en el preciso momento en que debe encarar, si se puede decir, su existencia en el sentido más radical. Esto es que, justamente, existe en el lenguaje, es decir que él consiste en algo que está fuera de él, algo que no puede asir en su naturaleza propia de lenguaje, sino en el preciso momento en que él, como sujeto, debe borrarse, evanescerse, desaparecer, tras un significante, que es precisamente el punto (de) pánico, si así podemos decirlo, alrededor del cual ha de engancharse algo, justamente, al objeto de deseo que, en tanto tal, se engancha.

Alguien que no voy a nombrar para no hacer embrollo, un contemporáneo ya muerto, ha escrito por ahí: "Si llegáramos a comprender lo que el avaro llegaría a saber, lo que el avaro ha perdido cuando se le roba su cofre, se aprendería mucho".

Esto es exactamente lo que debemos aprender, por nosotros mismos, y a enseñar a los otros.

El análisis es el primer lugar, la primera dimensión en la cual puede responderse a esa palabra; y porque el avaro es ridículo, es decir, mucho más próximo al inconsciente para que ustedes puedan soportarlo, va a hacer falta que encuentre otro ejemplo más noble para hacerles asir lo que quiero decir.

Podría comenzar a articularles en los mismos términos que en su momento en lo concerniente a la existencia, y en dos minutos me tomarían por un existencialista, y no es lo que deseo.

Voy a tomar ejemplo en la película "La regle du Jeu", de Jean Renoir. En un momento, el personaje protagonizado por Dalio, que es el viejo personaje como se ve en una cierta zona social, y no hay que creer que esté limitado a esa zona social; es un colecciónista de objetos, específicamente de cajas de música. Imagínense, si todavía se acuerdan del film, del momento en que Dalio revela frente a una numerosa concurrencia su último descubrimiento, una cajita musical particularmente bella. En ese momento, el personaje está, literalmente, en aquella posición que podemos y debemos llamar exactamente de pudor, se sonroja, se borra, desaparece, está muy molesto. Lo que ha mostrado lo ha mostrado, pero como los que están allí podrían comprender que estamos a ese nivel, en ese punto de oscilación que asimos, que se manifiesta al extremo en esa pasión por el objeto de colecciónista.

Es una de las formas del objeto del deseo. Lo que el sujeto muestra no sería otra cosa que el punto mayor, más intimo de él mismo. Lo que es soportado por ese objeto, es justamente lo que no puede develar ni aún a sí mismo, es algo que está al borde del más grande secreto.

Es eso, en esa vía que debemos buscar de saber qué es el cofre para el avaro. Hace falta que demos un paso más, ciertamente, para estar del todo en el nivel del avaro, y es por eso que el avaro no puede ser tratado sino por la comedia.

Pero entonces, eso de lo que se trata, eso por lo cual somos introducidos, es que a partir de un cierto momento el sujeto se encuentra comprometido en particular, su deseo (voeu) en tanto secreto. El deseo, lo que es el deseo, ¿cómo se expresa? Por esas formas de la lengua a las cuales hice alusión la última vez, por las que, según las lenguas, los modos, los registros, las diversas cuerdas (cordes), han sido inventadas. No se fíen siempre de lo que dicen los gramáticos. El subjuntivo no es también el subjuntivo que parece, y el tipo de deseo (voeu) -busco en mi memoria algo que me sirva para poder hacerles imaginar, y no sé por qué me vuelve a llegar del fondo de mi memoria este pequeño poema que tuve ciertas dificultades en recomponer, es decir, en volver a resituar:


"Etre une belle fille
Blonde et populaire,
Qui mette de la joie dans l'air
Lorsqu'elle sourit,
Donne de l'appétit
Aux ouvriers de Saint-Denis." ver nota


Esto ha sido escrito por una persona que es contemporánea nuestra, discreta poetisa, pero una de sus carácterísticas es ser pequeña y negra, y que sin ninguna duda, expresa en su nostalgia el apetito a los obreros de Saint-Denis, algo que puede ligarse fuertemente a tal o cual momento de sus ensueños ideológicos. Pero no podemos decir, sin más, que ésa sea su ocupación ordinaria.

Eso en lo que quiero hacerlos detenerse un instante alrededor de ese fenómeno que es un fenómeno poético, es, de entrada, esto en lo que encontramos algo muy importante en cuanto a la estructura temporal. Es posible que sea la forma pura, no digo del deseo (voeu), sino del anhelo (souhaite), es decir, lo que en el deseo (voeu) es enunciado como anhelado. Decimos que el sujeto primitivo está elidido, pero eso no quiere decir nada; no está elidido porque está articulado aquí, es lo anhelado (souhaite), es algo que se presenta en infinitivo, como ven, y de lo cual, si tratan de introducirse en el interior de la estructura, verán que eso se sitúa en posición de estar delante del sujeto, y de determinarlo retroactivamente.

No se trata ni de una simple aspiración, ni de una queja (regret). Se trata de algo que se plantea delante del sujeto, como determinándolo retroactivamente en un cierto tipo de ser.

Esto se sitúa en el aire. Es sólo como eso, que lo anhelado se articula, dándonos algo que allí puede retener, cuando tratamos de dar sentido a la frase con la que termina "La ciencia de los sueños", a saber, que el deseo indestructible modela el presente, a imagen del pasado.

Eso nos introduce a la vez, en la ambigüedad de ese enunciado por sus carácterísticas estructurales, porque después de todo, el carácter gratuito de esa enunciación tiene algunas consecuencias en las cuales nada nos impide engancharnos. Quiero decir que nada nos impide engancharnos en la observación siguiente: que ese deseo (voeu) poéticamente expresado, como al azar titulado, habiéndome referido al texto "Voeu secret" (Secreto deseo), es, pues, eso que yo había encontrado en mi memoria después de veinticinco o casi treinta años, buscando algo que nos llevara al secreto del deseo, ese deseo secreto que se comunica, por supuesto, ahí está todo el problema.

¿Cómo comunicar a los otros algo que se constituyó como secreto? Respuesta: por algún engaño (mesonge), ya que, al fin de cuentas, eso para nosotros que somos un poquito más malignos que los demás, puede traducirse: tan cierto como que soy una bella muchacha rubia y popular, deseo llenar el aire de alegría, despertar el apetito a los obreros de Saint-Denis, y no está dicho que todo ser, ni aún gEneroso, ni aún poético, ni aún poetisa, tenga tales ganas (envie) como ésas de llenar el aire de alegría.

Después de todo, ¿por qué? ¿Por qué sino en el fantasma, y para demostrar hasta qué punto el objeto del fantasma es metonímico, es decir, que es la alegría la que va a circular así? En cuanto a los obreros de Saint-Denis, tienen buena espalda. Que se repartan el asunto entre ellos; son, en todo caso, bastante numerosos como para que uno sepa a cuál dirigirse.

Bajo esta digresión, los introduje en la estructura del deseo por la vía de la poesía. Podemos entrar allí por la vía de las cosas serias, es decir, por el rol efectivo que el deseo juega, y ese deseo, del que vimos cómo habría de esperarse allí, que debería en definitiva encontrar su lugar en alguna parte, entre ese punto de donde partimos diciendo que el sujeto se aliena allí esencialmente, en la alienación del llamado, del llamado de la necesidad, no obstante que debe entrar en los desfiladeros del significante; y ese más allá donde va a introducirse como esencial la dimensión de lo no-dicho, es necesario que se articule en alguna parte.

Lo vemos en el sueño que he elegido, ese sueño que es, seguramente, un sueño de los más problemáticos en tanto sueño de la aparición de un muerto, ese sueño de aparición de un muerto del que Freud en la página 433 de la Traumdeutung, edición alemana, páginas 381 y 382 de "La ciencia de los sueños", concerniente a la aparición de muertos, está lejos de habernos revelado su secreto.

Aún cuando articula muchas cosas, que eso es esencial, y es con ese propósito que Freud marcó con su acento máximo a lo largo de ese análisis de sueños en la Traumdeutung, lo que hay de profundo en el primer abordaje que ha sido el de la psicología de lo inconsciente, a saber, la ambivalencia de sentimientos respecto de seres amados y respetados. Es algo, por lo demás, donde el sueño que elegí para comenzar a articular la función del deseo en el sueño, está vuelto a abordar.

Pudieron ver que hice la relectura, recientemente, de la Traumdeutung en su primera edición, con ciertos fines, y que al mismo tiempo, la última vez hice una alusión de que en la Traumdeutung se olvida siempre lo que hay adentro. Había olvidado que en 1930 ese sueño había sido añadido. Fue añadido en nota, después de la publicación de las obras completas, y después, en la edición de 1930, fue agregado en el texto. Está, pues, en el texto de la Traumdeutung.

Ese sueño está así constituido; se los repito: el sujeto ve aparecer a su padre delante de él, ese padre que acaba de perder después de una enfermedad que ha constituido para él largos tormentos. Lo ve aparecer delante de él, y él es penetrado, nos dice el texto, por un profundo dolor al pensar que su padre está muerto y que él no lo sabía; formulación en la que Freud insiste sobre su carácter que resuena absurdamente, del que dice: él se completa, se comprende, si se agrega que estaba muerto según su deseo que él no sabia que era según su deseo, por cierto que él estaba muerto.

He aquí lo que inscribo sobre el grafo, según el escalonamiento siguiente:

gráfico

"él no lo sabía" se relacióna esencialmente a la dimensión de la constitución del sujeto, a pesar de que es sobre un "él no sabía" inútil, que el sujeto debe situarse; y que es precisamente allí, que vamos a tratar de ver en el detalle de la experiencia, que él debió constituirse a sí mismo como no sabiendo, único punto de salida que le está dado para que lo que está no-dicho tome afectivamente alcance de no-dicho.

Es al nivel del enunciado que eso se hace; pero sin ninguna duda, ningún enunciado de ese tipo puede hacerse, sino como soportado por la subyacencia de una enunciación; pues para todo ser que no habla, tenemos pruebas, "él estaba muerto" no quiere decir nada. Diría más: tenemos pruebas de que hasta la indiferencia inmediata que tienen la mayoría de los animales por los deshechos, por los cadáveres de sus semejantes, por cuanto son cadáveres. Para que un animal se ate a un difunto, se cita el ejemplo de los perros. Hace falta, precisamente, que el perro esté en esa postura excepcional de hacer que, si no tiene inconsciente, tiene un superyó, es decir, algo que ha entrado en juego que permita que sea del orden de un cierto anudamiento de articulación significante. Pero dejemos eso de lado.

Que ese "él estaba muerto" ya supone que el sujeto introduce algo que es del orden de la existencia, la existencia como no siendo otra cosa que el hecho de que el sujeto, a partir del momento en que se plantea en el significante, no puede destruirse, que entra en ese encadenamiento intolerable que para él se despliega inmediatamente en lo imaginario, que hace que no puede concebirse sino como reflejándose siempre en la existencia.

Eso no es construcción del filósofo. He podido constatar eso en los que llamamos pacientes; y me acuerdo de una paciente de la que eso fue uno de los pivotes de su experiencia interior, que precisamente a propósito de un sueño, ella toca, sin ninguna duda, no en cualquier momento de su análisis, algo de aprehendido, de vivido oníricamente, que no era sino una suerte de sentimiento puro de existencia, de existir de una forma definida, si puede decirse; y del seno de esa existencia, reflejaba siempre, para ella una nueva existencia. Y ésta, ateniéndonos a su íntima intuición, si puede decirse, muy lejos (a porte de vue), la existencia siendo aprehendida y sentida como algo que, por su naturaleza, no puede reducirse (eteindre) sino a reflejar siempre más lejos; y esto, siendo acompañado por ella, precisamente, por un dolor intolerable.

Esto es algo que está próximo a lo que nos da el contenido del sueño, porque al fin, ¿qué tenemos? Tenemos aquí un sueño que es el de un hijo. Siempre está bien hacer resaltar a propósito de un sueño, que el que lo hace es el soñante. Siempre hay que acordarse de ello, cuando se empieza a hablar del personaje del sueño.

¿Qué tenemos aquí? El problema de lo que llamamos identificación, se plantea con facilidades particulares, ya que en el sueño no hay ninguna necesidad dialéctica, para pensar que hay alguna relación de identificación entre el sueño y sus propias fantasías de sueño.

¿Que tenemos? Tenemos al sujeto que esta allí delante de su padre, penetrado del más profundo dolor, y enfrente de el, tenemos al padre que no sabe que él está muerto o, más exactamente, porque hay que ponerlo al tiempo donde el sujeto lo aprehende y nos lo comunica, él no lo sabia.

Insisto, sin poder de hecho insistir allí hasta el fin, de momento; pero entiendo siempre no darles las cosas aproximativas que me llevan alguna vez a la oscuridad, porque también esa regla de conducta me impide darles las cosas aproximadas (á peu pres); y como no puedo precisarlas enseguida, naturalmente, eso deja las puertas abiertas.

Sin embargo es importante, para lo que es del sueño, que recuerden que la forma por la cual él nos es comunicado, es siempre un enunciado: ¿el sujeto nos da cuenta de qué? De otro enunciado, pero no es totalmente suficiente decir eso. De otro enunciado que él nos presenta como enunciación, ya que es un hecho que el sujeto nos cuenta el sueño, precisamente, para que busquemos la clave, el sentido, es decir, lo que él quiere decir; es decir, para algo distinto que el enunciado que nos relata el hecho de que (donc que ceci) él no sabía; que sea dicho en imperfecto, tiene en esta perspectiva, su importancia. El no sabía, en lo que les enuncio, para aquéllos, que la cuestión de las relaciones del sueño con la palabra por la cual lo acuñamos, puede abordar en el dibujo (dessin), el primer plano del clivaje.

Pero continuemos. He aquí, pues, cómo las cosas se reparten: de un lado, del lado de lo que se presenta en el sueño como el sujeto, ¿qué? Un afecto, el dolor. ¿Dolor de qué? De que él estaba muerto. Y del otro lado, correspondiendo a ese dolor, ¿"él no sabia" qué? La misma cosa: que él estaba muerto.

Freud nos dice que se encuentra allí su sentido e, implícitamente, su interpretación. Les he indicado suficientemente que no lo es.
Completándolo:

gráfico

Pero, ¿qué quiere decir esto? Si estamos, como Freud nos indica formalmente hacerlo, no simplemente en ese pasaje, sino en aquél al cual les rogué remitirse en lo concerniente a la represión, estamos al nivel del significante, deben ver enseguida que podemos hacer de ese "según su deseo", más de un uso.

El estaba muerto según su deseo. ¿A qué nos lleva eso? Me parece que algunos de entre ustedes al menos, pueden acordarse de ese punto adonde en otro tiempo los llevé, el del sujeto que, después de haber agotado bajo todas las formas la vía del deseo, en tanto que no es conocido por el sujeto, es el castigo, ¿de qué crimen? De ningún otro crimen que el de haber existido justamente en ese deseo, se encuentra llevado al punto donde no hay que proferir otra exclamación que "mejor no haber nacido", donde desemboca la existencia que llega a la extinción de su deseo; y ese dolor que siente el sujeto en el sueño, no olvidemos que es un sujeto del que no sabemos otra cosa que ese antecedente inmediato de que ha visto morir a su padre en el padecimiento de una larga enfermedad plena de tormentos.

Ese dolor está cerca en la experiencia, de ese dolor de la existencia cuando no lo habita nada más que esa existencia misma, y que todo en el exceso del sufrimiento, tiende a abolir ese término indesarraigable, que es el deseo de vivir.

Ese dolor de existir, de existir cuando el deseo no está más allí, si ha sido vivido por alguien, lo ha sido por aquél que esté lejos de ser un extraño para el sujeto. Pero en todo caso, lo que está claro es que, en el sueño, el sujeto sabía de ese dolor.

El sentido de ese dolor, no sabremos jamás si aquél que lo experimentó en lo real, lo sabia o no lo sabía, pero, por el contrario, lo que es sensible es que ni en el sueño, por cierto, ni fuera del sueño, seguramente antes de que la interpretación lo conduzca allí, el sujeto mismo no sabe que lo que él asume es ese dolor en tanto que tal; y la prueba es que en el sueño no puede articularlo sino de una forma fiel, cínica, que responde absurdamente, ¿a qué? Freud allí responde, si nos remitimos al pequeño capítulo de la Traumdeutung, y donde habla de los sueños absurdos, muy especialmente a propósito de ese sueño, y es una confirmación de lo que estoy procurando articularles aquí, de haberlo releído; veremos que él precisa que si el sentimiento de absurdo es a menudo ligado en los sueños a cierta suerte de contradicción, ligado a la estructura misma de lo inconsciente, y que desemboca en lo risible, en ciertos casos, ese absurdo - lo dice a propósito de ese sueño - se introduce en el sueño como elemento, ¿de qué? Como elemento expresivo de un repudio particularmente violento del sentido aquí designado. Y seguramente, en efecto, el sujeto puede ver que su padre no sabía su anhelo, anhelo de él, del sujeto, que su padre muera para acabar con sus sufrimientos.

Es decir que, a ese nivel, él, el sujeto, sabe cuál es su anhelo. El puede ver o no ver; todo depende del punto de análisis en que está, que ese anhelo fue el suyo en el pasado, que su padre muera, y no por su padre sino por él, el sujeto, que era su rival. Pero lo que no puede ver para nada, en el punto en el que está, es eso de que, asumiendo el dolor de su padre sin saberlo, lo que es logrado mantener delante de él, en el objeto, esa ignorancia que le es absolutamente necesaria a él, la que consiste en que más vale no haber nacido.

No hay allí nada, en último término, de la existencia, más que el dolor de existir, más bien asumirlo como el del otro que está allí y que habla siempre como yo (moi) del soñante; continúa hablando, ve desnudarse ese último misterio que no es sino al fin de cuentas, que el contenido más secreto de ese deseo, ése del que no tenemos ningún elemento en el sueño mismo, sino eso que sabemos por el conocimiento.

Lo que es el contenido de ese deseo, es el deseo de la castración del padre, es decir, el deseo por excelencia que, al momento de la muerte del padre retorna sobre el hijo, porque es, a su turno, ser castrado.

Estamos allí al nivel de lo que ya está en la línea plena de la palabra (parole) del sujeto, y está bien que así sea; pero hace falta que una cierta introducción por parte del analista sea tal, que ya algo problemático sea introducido en esa observación que es de naturaleza tal, que hace surgir lo que hasta entonces estaba reprimido y punteado; a saber, que él ya estaba muerto desde hacía mucho tiempo según su deseo, según el deseo de Edipo, y hacer surgir eso, como tal, de lo inconsciente.

Pero se trata de saber, de dar todo su alcance a ese algo que va mucho más allá de la cuestión de lo que es su deseo, pues ese deseo de castrar al padre con su retorno sobre el sujeto, es algo que va más allá de todo deseo justificable. Si es, como decimos, una necesidad estructurante, una necesidad significante, y aquí el deseo no es sino la máscara de lo que hay de más profundo en la estructura del deseo, tal como lo denuncia el sueño.

Eso no es otra cosa que un deseo, pero la esencia del "según" de la relación (rapport) de encadenamiento necesario, que impide al sujeto escapar a esa concatenación de la existencia, está determinada por la naturaleza del significante.

Ese "según" es ahí el punto de lo que quiero hacerles destacar; es que, al fin de cuentas, en esa problemática de borramiento del sujeto que en la oración es su salvación, en ese punto último donde el sujeto debe ser deseado, una última ignorancia, el resorte, la Verdrängung, es aquí el sentido en el cual traté de introducirlos al final de la última vez. Todo reposa en ese resorte de la Verdrängung, sobre no la represión de algo pleno, de algo que se descubre, de algo que se ve y que se comprende; sino en la elisión de un puro y simple significante, del "según", de lo que signa el acuerdo o la discordancia, acuerdo o discordia entre la enunciación y el significante, entre lo que es de la relación en el enunciado, y lo que está en las necesidades de la enunciación.

Es alrededor de la elisión de una cláusula, de un puro y simple significante, que todo subsiste, y que, al fin de cuentas, lo que se manifiesta en el deseo del sueño, es que él no lo sabía.

Veremos que, cuando tomamos el sueño de alguien que conocemos mejor, ya que tomaremos la próxima vez un sueño de Freud, el que está muy cerca de éste, el sueño que hace Freud concerniente también a su padre, el que hace él cuando lo ve bajo la forma de Garibaldi. Allí iremos más lejos, y veremos verdaderamente lo que es el deseo de Freud, y los que aquí me reprochan no hacer suficiente caso del erotismo anal, tendrán lo suyo.

Pero por un instante, quedemos en este sueño esquemático, en ese sueño de la confrontación del sujeto con la muerte.

¿Qué quiere decir eso? Al llamar esa sombra, es esa sangre la que va a correr, ya que eso quiere decir que ese sueño no es sino que él no está muerto. El puede sufrir en el lugar del otro. Pero detrás de ese sufrimiento, lo que se mantiene es el engaño alrededor del cual en ese momento crucial, él es el único al cual puede aún acoplarse, aquél justamente del rival, del padre asesino, de la fijación imaginaria; y es también allí que retomaremos las cosas la próxima vez, alrededor de la explicación que pienso haber preparado suficientemente para la articulación de hoy, la elucidación de la fórmula siguiente, como siendo la fórmula constante del fantasma en lo inconsciente: $ à a.

Esa relación del sujeto en tanto que es barrado, anulado, abolido por la acción del significante, y que encuentra su soporte en el otro, en lo que define, para el sujeto que habla, el objeto como tal; a saber, es al otro que tratamos de identificar, que identificaremos rápidamente porque los que asistieron al primer año de este seminario, ya han oído hablar durante un trimestre. Ese otro, ese objeto prevalente en el erotismo humano, es la imagen del cuerpo propio en sentido amplio, que la daremos.

Esta allí, en ese fantasma humano que es el fantasma de él, y que no es más que una sombra. Es allí que el sujeto mantiene su existencia, mantiene el velo que hace que pueda continuar siendo un sujeto que habla.



índice del seminario 6










































Clase 6. Del 17 de Diciembre de 1958

17 de Diciembre de 1958



Hice alusión la última vez a la gramática francesa de Jacques Damourette y de Edouard Pichon. Lo que he dicho de la negación, del forclusivo y del discordancial, está repartido en dos puntos de esta gramática, en el segundo volumen en un artículo sobre la negación, donde fija los carácteres del forclusivo y del discordancial. Este forclusivo que está tan singularmente encarnado en la lengua francesa por los 'pas', 'point' o 'personne', 'ríen', que llevan en ellos mismos ese signo de su origen en la huella, como ustedes ven, por esto, son las palabras (mots) que designan la huella; es allí que la acción de forclusión, el eje simbólico de forclusión esta rechazado en francés, quedando el 'no' reservado a lo que él es más originalmente, al discordancial.

La negación, en su origen, en su raíz lingüística, es algo que emigra de la enunciación hacia el enunciado, como he intentado mostrarles la última vez. Les mostré como se lo puede representar sobre ese pequeño grafo del que nos servimos.

Quedamos la última vez en esta ubicación de los términos del sueño, "que él no sabia que estaba muerto"; y es alrededor de ese "según" (selon), del "según su deseo" (selon son voeu) que hablamos designado el punto de incidencia real, en tanto que el sueño, al mismo tiempo, marca y porta el deseo.

Nos resta, para seguir avanzando en nuestra pregunta sobre cómo y por qué tal acción es posible, mostrar alrededor de qué entendía interrogar esta función del deseo tal como está articulada en Freud, a nivel del deseo inconsciente.

Entendía interrogarlo alrededor de esta fórmula con la que hemos mostrado la estructura de ese sueño, eso en lo que consiste, a saber, ese enfrentamiento. El sujeto es otro, un a minúscula en la ocasión. El padre reaparece vivo a propósito del sueño y en el sueño, y se encuentra siendo en relación al sujeto, relación de la cual hemos comenzado a interrogar las ambigüedades. Estas que hacen que el sujeto se cargue de eso que hemos llamado el dolor de existir, aquél del que él ha visto el alma agonizar, del que ha anhelado la muerte; anhelado la muerte, ya que nada es más intolerable que la existencia reducida a ella misma, esa existencia más allá de todo aquello que pueda sostenerla, esa existencia sostenida, precisamente, en la abolición del deseo.

Y hemos indicado que se presiente allí, en esta repartición, diría, de las funciones intersubjetivas, qué hace que el sujeto se cargue con el dolor del otro, arrojando sobre el otro lo que él no sabe y que no es, en la ocasión, otra cosa que su propia ignorancia de sí, ignorancia en la cual es precisamente el deseo del sueño que desea sostenerse, que desea entretener, y es aquí que el deseo de muerte toma su pleno sentido. El deseo de no despertar, no despertar al mensaje que es precisamente aquel más secreto, que está en el sueño mismo y que es el siguiente: es que el sujeto, por la muerte de su padre, esta de allí en más injustamente enfrentado a eso de lo que, hasta ahí, la presencia del padre lo protegía; es decir, a eso que está ligado a la función del padre, eso que está presente en el dolor de existir, eso que es el punto pivote alrededor del cual gira aquello que Freud descubrió en el completo de Edipo, la x, la significación de la castración. Tal es la función de la castración.

¿Qué significa asumir la castración? ¿Es alguna vez verdaderamente asumida la castración? Esta especie de punto alrededor del cual vienen a quebrarse las últimas olas del análisis terminado o indefinido (1), como dice Freud, ¿qué es esto y hasta qué punto en ese sueño, y a propósito de ese sueño, el analista puede y tiene derecho a interpretarlo, y esté en posición de hacerlo?

Es esto sobre lo que al final de lo que decíamos la última vez, dejé planteada la cuestión: las tres formas, por parte del analista, de reintroducir el "según su deseo" (selon son voeu).

La forma según la palabra del sujeto, según aquello que el sujeto ha querido, y de lo cual tiene perfectamente el recuerdo, que no es el punto olvidado; es decir que "según su deseo" reestablece allí, a nivel de la línea superior de "según su deseo", reestablece a nivel del enunciado escondido del recuerdo inconsciente, las huellas del complejo de Edipo, del deseo infantil de la muerte del padre, que es eso de lo que Freud nos dice que es, en toda formación del sueño, el capitalista, aquel deseo infantil que, en ocasión de un deseo actual, se expresa en el sueño y que, siendo un deseo inconsciente, encuentra su socio industrial.

Ese "según su deseo", restaurado a nivel del deseo infantil, no es algo que se encuentra allí en posición de ir en el sentido del deseo del sueño, puesto que se trata de interponer en ese momento crucial de la vida del sujeto la que es realizada por la desaparición del padre, porque se trata, en él sueño, de interponer esta imagen del objeto e, indiscutiblemente, el presente, como soporte de un velo, de una ignorancia perpetua, de un apoyo dado a lo que en suma es, justo ahí, la coartada del deseo.

Es así que la función misma de prohibición vehiculizada por el padre, es algo que da al deseo su forma enigmática, abismal, algo de lo que el sujeto se encuentra separado; resguardo, defensa, al fin de cuentas, que muy bien entrevió Jones. Veremos hoy que Jones ha tenido ciertas percepciones extraordinarias de algunos puntos de esta dinámica psíquica, pretexto moral para no afrontar su deseo.

¿Podemos decir que la interpretación pura y simple del deseo edípico, no sea algo que, en suma, se engancha a alguna etapa intermedia de la interpretación del sueño?

Permitiendo al sujeto hacer qué? Hablando propiamente, aquello cuya naturaleza reconocerán ustedes en la designación de identificarse con el agresor, eso es otra cosa que la interpretación del deseo edípico, en ese nivel y en esos términos en que ustedes han querido la muerte de vuestro padre en tal fecha y por tal razón.

En vuestra infancia, en alguna parte en la infancia, está la identificación con el agresor. ¿No han ustedes reconocido típicamente que, por ser una de las formas de la defensa, esto es esencial? ¿No hay allí algo que se propone en el mismo lugar en el que esté elidido el "según su deseo"? ¿Es que el "según" y su sentido no están para una interpretación plena del sueño?

Sin duda alguna, dejando de lado las oportunidades y las condiciones que permiten al analista llegar justo allí, ellas dependerán del tiempo del tratamiento, del contexto de la respuesta del sujeto en los sueños, porque sabemos que en análisis, el sujeto responde al analista, al menos a lo que deviene el analista en la transferencia, con sus sueños.

Pero esencialmente, diría, en la posición lógica de los términos, ¿es que en el "según su deseo" no está hecha una pregunta a la que nos arriesgamos siempre a dar una forma precipitada, una respuesta prematura, un evitamiento de eso de lo que se trata, ofrecido al sujeto, a saber, el callejón sin salida en el que lo coloca esta estructura fundamental que hace del objeto de todo deseo, el soporte de una metonimia esencial, y algo donde el objeto del deseo humano como tal se presenta bajo una forma evanescente, por lo que posiblemente podamos entrever que la castración se encuentra siendo lo que podemos llamar el temperamento último?

Henos aquí, pues, conducidos a retomar por la otra punta, es decir, por aquélla que no esta dada en los sueños, para interrogar más de cerca lo que quiere decir, lo que significa el deseo humano. Y esta fórmula, quiero decir este algoritmo, el $ enfrentado, puesto en presencia, enrostrado al a, al objeto, y con ese propósito nos hemos introducido en esas imagenes del sueño, y del sentido que allí nos es revelado. No es algo que podamos intentar someter a la prueba de la fenomenología del deseo, tal como ella se nos presenta.

Tratemos de ver bajo qué forma se presenta el deseo para nosotros, analistas. Este algoritmo no va a poder guiarnos juntos por el camino de una interrogación que es la de nuestra experiencia común, de nuestra experiencia de analistas, de la forma en la cual en el sujeto, en el sujeto que no es obligatoriamente, ni siempre, el sujeto neurótico, del que no hay razón suponer que sobre este punto, su estructura no esté inconclusa, aunque sea reveladora de una estructura más general.

En todos los casos está fuera de duda que el neurótico se encuentra situado en alguna parte, en esto que representa sus prolongaciones, los procesos de una experiencia que, para nosotros, tiene valor fundamental.

Está, justamente aquí, el punto sobre el cual se desarrolla toda la construcción de la doctrina freudiana.

Antes de entrar en una interrogación sobre algunas de las formas en las que ya ha sido abordada esta dialéctica de las relaciones del sujeto con su deseo, y fundamentalmente, lo que anuncié hace un rato del pensamiento de Jones, pensamiento que ha quedado en el camino y que ha entrevisto, seguramente, verán ustedes algo. Quiero referirme a algo recogido de una experiencia clínica de la más común; es un ejemplo que ha llegado recientemente a mi experiencia y me parece adecuado para introducir lo que tratamos de ilustrar.

Se trataba de un impotente. No está mal partir de la impotencia para comenzar a interrogarse sobre lo que es el deseo. Estamos seguros, en todo caso, de estar en el nivel humano. Había allí un joven sujeto quien, por supuesto como muchos impotentes, no era del todo impotente. Había hecho el amor muy normalmente en el curso de su existencia y había sostenido algunos lazos. Esto no está llevado al extremo de la impotencia, por estar localizado, precisamente, en el objeto con el que, para el sujeto, las relaciones son más deseables, ya que amaba a su mujer. El término no parece apropiado.

Ahora bien, veamos un poco más de cerca lo que resurge al cabo de cierto tiempo de prueba analítica de los decires del sujeto.

No se trataba para nada de que le faltara todo impulso, sino que, si se dejaba llevar por él una tarde, y se agregara algo de lo vivido en el período actual del análisis, ¿podría este impulso contenerse? Las cosas habían ido muy lejos en el conflicto arrastrado por esa carencia que acababa de atravesar. ¿Tenía derecho de imponer aún una nueva prueba a su mujer, una nueva peripecia de sus ensayos y fracasos? En fin, ese deseo del que sentía efectivamente a cada momento que no estaba ausente de toda tendencia, de toda posibilidad de cumplimiento; este deseo, ¿era legítimo?

Y no pudiendo llevar aquí más lejos la referencia a este caso preciso, del que por varias razones no puedo darles aquí la observación, por ser un análisis en curso y por algunas otras razones aún, es el inconveniente que hay siempre para hacer alusiones a análisis presentes; tomaré prestado de otros análisis el término, de hecho, tan decisivo en ciertas evoluciones, a veces conducente a separaciones, para ver en eso que se llaman las "perversiones" otra importancia estructural que la que se ha jugado al desnudo, si se puede decir, en el caso de impotencia.

Evocaré, pues, el relato que se produce en ciertos casos en la experiencia, en lo vivido de los sujetos, y que aparece a diario en el análisis, una experiencia que puede tener una función decisiva, pero que, como en otros sitios, revela una estructura: el punto en el que el sujeto se interroga, el problema: ¿Hay un falo suficientemente grande?

Bajo ciertos ángulos, bajo ciertas incidencias, esta pregunta, por sí misma, puede arrastrar al sujeto en toda una serie de soluciones, las que se superponen unas con otras, se suceden y se adicionan, pudiendo arrastrarlo muy lejos del campo de una ejecución normal, para la que tiene todos los elementos.

Ese falo suficientemente grande, o más exactamente, ese falo, esencial para el sujeto, en un momento de su experiencia, se encuentra caduco, y es eso que volvemos a encontrar bajo mil formas, no siempre desde luego aparentes ni manifiestas, latentes, pero es precisamente en este caso, como diría Monsieur La Palice, es en este momento de esta etapa que está allí a cielo abierto, que podemos tenerla, tocarla, y también, darle su alcance.

Veremos al sujeto más de una vez en la confrontación, en la referencia a esa cosa que nos es necesario tomar allí en ese momento de su vida, a menudo alrededor y en el despertar de la pubertad, donde reencuentra el signo.

El sujeto está allí confrontado a algo que, como tal, es del mismo orden de lo que venimos evocando desde hace rato; el deseo por algo de otro se encuentra legitimado, sancionado, y de cierta forma, lo que aquí aparece como un destello, se muestra en la fenomenología bajo la cual el sujeto lo expresa, podemos asumirlo en la siguiente fórmula: ¿Tiene o no el sujeto el arma absoluto? A falta de tener el arma absoluta, va a encontrarse arrastrado en una serie de identificaciones, de coartadas, de juegos de escondidas de los que, se los repito, no podemos desarrollar aquí las dicotomías, pueden llevarlo muy lejos. Lo esencial es lo siguiente; lo que quiero indicarles es cómo el deseo encuentra el origen de su peripecia a partir del momento en que se trata de que el sujeto está como alienado en algo que es un signo, en una promesa, en una anticipación: conteniendo, por otra parte, como tal, una pérdida posible; cómo el deseo esta ligado a la dialéctica de una falta, subsumido en un tiempo que, como tal, es un tiempo que no está ahí; tampoco el signo es el deseo.

Eso con lo que el deseo tiene que enfrentarse es a ese miedo, a que él no se mantenga bajo su forma actual, artijifa (artifex: artificio-fijo), si puedo expresarme así, que perezca. Pero bien entendido, este artifijo que es el deseo que el hombre siente, prueba, como tal, este artifijo no puede perecer más que comparándose con el artificio de su propio decir. Es en la dimensión del decir que este temor se elabora y se estabiliza.

Es ahí que volvemos a encontrar ese término tan sorprendente y curiosamente dejado de lado en el análisis, aquél del que les dije que Jones había desmenuzado como soporte de su reflexión que es aquella de la afanisis.

Creado por Jones, se detiene, medita sobre la fenomenología de la castración, fenomenología que ustedes verán por su experiencia, por las publicaciones, que queda cada vez más velada en la experiencia psicoanalítica, si se puede decir, moderna. Jones, en la etapa del análisis en que se encontraba, confrontado a todo tipo de tareas que son diferentes de aquellas que ofrece la experiencia moderna, cierta relación de la enfermedad en el análisis, que no es aquella que ha sido desde entonces orientada según otras normas a una cierta necesidad de interpretación, de exégesis, de apologética, de explicación del pensamiento de Freud. Jones, si se puede decir, intenta encontrar ese intermediario, el medio para hacerse entender a propósito del complejo de castración, que eso de lo que el sujeto teme ser privado, es de su propio deseo.

No es necesario sorprenderse de que el término 'afánisis', que quiere decir eso, desaparición, y sobre todo, del deseo, verán que en el texto de Jones es claramente de eso de lo que se trata; es eso lo que él articula, ese término que le sirve de introducción, en razón de una problemática que le ha dado muchas preocupaciones: las relaciones de la mujer con el falo, de lo cual no se liberó jamás.

Él usa inmediatamente esta afanisis para ubicar bajo el mismo denominador común las relaciones del hombre y de la mujer a su deseo, lo que lo arroja en un impasse, ya que lo ignorado es, precisamente, que esas relaciones son fundamentalmente diferentes, y únicamente, puesto que está allí lo que Freud ha descubierto, a causa de sus asimetrías en relación al significante falo.

Esto, pienso que ustedes ya lo tienen bastante comprendido como para pasar a considerar, a título provisorio hoy, que hay aquí algo de adquirido.

Puesto que esta utilización de la afanisis, que esté en el origen de la invención o que esté solamente en sus consecuencias, marca una especie de inflexión que, en suma, desvía a su autor de lo que es la verdadera cuestión, a saber: ¿Qué significa, dentro de la estructura del sujeto, esta posibilidad de afanisis? A saber: ¿No nos obliga ella, justamente, a una estructuración del sujeto humano, en tanto que tal, en tanto que es un sujeto para quien la existencia es suponible y supuesta más allá del deseo; un sujeto que ex-siste, quien sub-siste fuera de lo que es su deseo?

La cuestión no es saber si vamos a tener en cuenta objetivamente el deseo en su forma más radical, el deseo de vivir, los instintos de vida, como decimos. La cuestión es bien diferente; se trata de lo que el análisis nos muestra como puesta en juego de lo vivido del sujeto. Es esto mismo, quiero decir que no es solamente que lo vivido humano esté sostenido, como seguramente nosotros sospechamos, por el deseo. Sino que el sujeto humano, teniendo en cuenta, si puedo decir, que él cuenta con el deseo como tal, teme, si puedo expresarme así, que el impulso vital, ese querido impulso vital, esa encantadora encarnación - y ésta es la ocasión para hablar del antropomorfismo del deseo humano en la naturaleza- que justamente ese famoso impulso con el que nosotros intentamos empezar esta naturaleza de la que no comprendemos gran cosa, esto es lo que, cuando se trata de este impulso vital, el sujeto humano ve, delante suyo, él teme que pueda faltarle.

Sólo queda aquí sugerida, al menos, la idea de que no haríamos mal en tener algunas exigencias de estructura, ya que se trata también allí, de otra cosa que de reflejos del inconsciente, quiero decir, de esa relación del sujeto-objeto inmanente, si puedo decir, a la pura dimensión del conocimiento. Y que, puesto que se trata del deseo, como por otra parte nuestra experiencia nos lo prueba, es decir, la experiencia freudiana, esto va a plantearnos problemas algo más complicados.

En efecto, podemos, ya que hemos partido de la impotencia, llegar al otro término. Si la impotencia teme, no es temor ni a la potencia ni a la impotencia. El sujeto humano, en presencia de su deseo, llega también a satisfacerlo, a anticiparlo como satisfecho.

Es igualmente interesante ver esos casos donde, en condiciones de satisfacerlo, es decir, no marcado de impotencia, el sujeto teme mucho la satisfacción de su deseo, y es lo más común que, al mismo tiempo que el sujeto teme satisfacer su deseo, lo hace depender a la vez, de aquí en más, de aquél o aquélla que va a satisfacerlo, a saber, del otro.

El hecho fenomenológico es cotidiano; es asimismo el texto corriente de la experiencia humana. No hay necesidad de llegar a los grandes dramas que han tomado forma de ejemplo e ilustración de esta problemática, para ver cómo, todo a lo largo del curso de una biografía, el tiempo se desarrolla en un sucesivo evitamiento de lo que siempre ha estado puntuado como el deseo más subyacente.

¿Dónde está esta dependencia del otro? Esta dependencia del otro que, de hecho, es la forma y el fantasma bajo el que se presenta lo que para el sujeto es tan temido; y ¿qué lo hace apartarse de la satisfacción de su deseo?

No es, tal vez, simplemente lo que se puede llamar el temor al capricho del otro, ese capricho que, no sé si ustedes se dan cuenta, no tiene mucha relación con la etimología vulgar, ésa del dicciónario Larousse que lo refiere a la cabra y al camaleón.

Caprice, 'capricho' en italiano, quiere decir estremecimiento, de donde nosotros lo hemos tomado, que no se trata de otro que de aquel mismo vocablo tan querido por Freud, que se llama Sichstraüben, erizarse. Y ustedes saben que a través de toda su obra esta ahí una de las formas metafóricas bajo la cual, para Freud, se encarna a cada paso. Hablo de los temas más concretos. Hable él de su mujer, hable de Irma, hable del sujeto de la resistencia en general, es una de las formas bajo las cuales encarna de la manera más sensible su apreciación del sujeto que resiste en general.

No es esencialmente en tanto tal que el sujeto depende, ya que él se representa al otro como tal en su capricho. Y esto es lo que le está velado, es, justamente, que el otro marca ese capricho con signos, y que no hay signo suficiente de buena voluntad del sujeto, sino la totalidad de signos de donde él subsiste, que no hay, en verdad, otro signo del sujeto, que el signo de su abolición como sujeto.

Esto es lo que se escribe así: S (A/) [A tachada]. Esto les muestra que en cuanto a su deseo, en suma, el hombre no está en lo cierto, ya que sea un poco o mucho el coraje que él ponga en esto, la situación se le escapa radicalmente. Que, en todo caso, ese desvanecimiento, ese algo que alguien llamo, luego de mi último seminario, hablando conmigo, umbilicación del sujeto a nivel de su querer, y yo recojo gustosamente esa imagen, de lo que he querido hacerles comprender a través del $ en presencia del objeto a, tanto más, dado que estrictamente acorde a lo que Freud designa cuando habla del sueño; punto de convergencia de todos los significantes. En donde, finalmente, el sueño se implicaba tanto, que él lo llama lo desconocido mismo. No ha reconocido que este 'Unbekawnte', término muy extraño bajo la pluma de Freud, no es otro, justamente, que aquél por donde traté de indicarles eso que hacía la diferencia fundamental del inconsciente freudiano. Esto es que no es que él se constituye; se instituye como inconsciente, simplemente en la dimensión de la inocencia del sujeto en relación al significante: sino que se organiza, que se articula en su lugar.

Esto es lo que hay en esa relación del sujeto al significante, este impasse esencial, como acabo de formular: No hay otro signo del sujeto que el signo de su abolición como sujeto.

Las cosas no se sostienen allí, si ustedes lo piensan bien, ya que, en principio, si no se tratara más que de un impasse, como dijimos, que no nos llevaría lejos. Lo propio de los impasses es, justamente, que son fecundos; y este impasse no tiene otro interés que el de mostrarnos lo que éste desarrolla como ramificaciones que son, justamente, en las que va a engancharse efectivamente el deseo.

Tratemos de distinguirlas.

Esta afanisis, hay un momento en el que es necesario que, en vuestra experiencia, quiero decir esta experiencia en tanto ella no es simplemente la experiencia de vuestro análisis, sino la experiencia, también, de los modos montales bajo los cuales están llevados a pensar esta experiencia sobre el punto del Complejo de Edipo donde ella aparece clara, que es cuando se dice que en el Edipo invertido, es decir, en el momento en que el sujeto entrevé la solución del conflicto edípico en el hecho de atraer para si, pura y simplemente, el amor del más potente, es decir, del padre. El sujeto se sustrae a causa de que su narcisismo está allí amenazado. Por lo tanto, recibir este amor del padre implica, para él, la castración.

Esto va de suyo, ya que, desde luego, cuando no se puede resolver una cuestión, se la considera como comprensible. Esto es lo que hace que habitualmente esto no sea tan claro como aquello.

El sujeto une ese momento de solución posible, una solución tanto más posible ya que, en parte, ésa será la falsa vía, puesto que la introyección del padre bajo la forma del ideal del yo, seré algo que se parece a aquello.

Hay una participación de la función llamada invertida del Edipo en su solución normal, que de todas maneras, es un momento puesto en evidencia por una serie de experiencias, especialmente en la problemática de la homosexualidad, en donde el sujeto experimenta el amor del padre como especialmente amenazante, como comportando esta amenaza que nosotros calificamos, a falta de poder darle un término más, y después de todo, éste no es un término tan inapropiado; los términos han conservado en el análisis, felizmente, bastante sentido y plenitud de carácter denso, pesado y concreto, para que sea eso lo que al fin de cuentas, nos dirige. Nos damos cuenta, localizamos que está en este asunto en juego el narcisismo, y que el narcisismo esta interesado en ese rodeo del Complejo de Edipo.

La cosa nos será confirmada, sobre todo, por las vías ulteriores de la dialéctica, cuando el sujeto sea arrastrado por las vías de la homosexualidad. Ellas son, ustedes lo saben, mucho más complejas que aquéllas de una pura y simple exigencia sumaria de la presencia del falo en el objeto, pues fundamentalmente, ella está ahí encubierta.

No es por ahí que quiero meterme. Simplemente, esto nos introduce en esta proposición que es que, para hacer frente a esa suspensión del deseo, en la horda de la problemática del significante, el sujeto va a tener ante sí más de una astucia, si se puede decir. Esas astucias llevan, en primer lugar, esencialmente, a eso de la manipulación del objeto, del a de la fórmula.

Esta captura del objeto en la dialéctica de las relaciones del sujeto con el significante, no debe ser puesta en el principio de todo tipo de articulación de la relación que he intentado realizar estos últimos años con ustedes, ya que la vemos todo el tiempo, y por todas partes.

Es necesario que ustedes recuerden ese momento de la vida de Juanito en el que, a propósito de todos los objetos, él se pregunta: "¿tiene o no tiene falo?".

En principio, es suficiente tener un niño para percibir bajo todas sus formas esta función esencial que allí juega claramente, a cielo abierto.

En el caso de Juanito, se trata de la "cosita de hacer pi-pi" (fait pi-pi). Ustedes saben durante qué período, a propósito de qué y en cuál rodeo, a los dos años, esta pregunta se plantea para él frente a todos los objetos, definiendo una clase de análisis que Freud señala incidentalmente como un modo de interpretación de esta fobia.

Por supuesto que esto no es una posición que, de alguna manera, no hará más que traducir la presencia del falo en la dialéctica. Esto no nos informa, de ninguna manera, ni sobre el uso, el fin que traté de hacerles ver en su momento; no sobre la estabilidad del procedimiento.

Lo que quiero indicarles simplemente, es que tenemos, todo el tiempo, testimonio. No nos desviamos al saber que los términos que se presentan son los siguientes: el sujeto, por su desaparición, su enfrentamiento a un objeto, algo que de tanto en tanto se revela como siendo el significante esencial alrededor del cual se juega la suerte de toda relación del sujeto con el objeto.

Ahora, para evocar rápidamente en qué sentido, en el sentido más general, se produce este incidente concerniente al objeto, es decir, a la a minúscula de nuestro algoritmo, lo que se podría llamar la especificidad instintual desde el punto de vista de la necesidad.

Sabemos ya lo que sucede en una relación imposible, si podemos decir, vuelta posible, con el objeto, por la presencia, por la interposición del significante, ya que el sujeto tiene que sostenerse, ahí, en presencia del objeto. Está claro que el objeto humano sufre una especie de volatilización, que es lo que llamamos, en nuestra práctica concreta, la posibilidad de desplazamiento, lo que no quiere decir simplemente que el sujeto humano, como todos los sujetos animales, vea desplazarse su deseo de objeto en objeto, sino que ese desplazamiento mismo es el punto en donde puede mantenerse el frágil equilibrio de su deseo.

¿De qué se trata al fin de cuentas? Se trata, decía, de considerar, por un lado, impedir la satisfacción, preservando siempre un objeto de deseo. De cierta forma, es un modo aún sé simbolizar metonímicamente la satisfacción, si puede decirse así; y avanzamos allí, directamente, en la dialéctica del cofre y el avaro.

Esta dialéctica está lejos de ser la más complicada. Todavía se ve poco de lo que se trata. Es que es necesario que el deseo subsista en esta ocasión, en una cierta retención del objeto, como decimos, haciendo intervenir la metáfora anal.

Pero en tanto que este objeto retenido es, él mismo, objeto de algún otro goce, que esta retención sirve de soporte del deseo. Es el caso decirlo; la fenomenología jurídica aporta las huellas: Se dice que se goza de un bien. ¿Qué es lo que esto quiere decir, si no es, justamente, que es totalmente concebible humanamente, el tener un bien del cual no se goce, y que sea otro quien goce de él?

Aquí el objeto revela su función de prenda del deseo, si se puede decir así, por no decir de rehén del deseo. Y si ustedes quieren que tratemos de hacer aquí la conexión con la psicología animal, evocaremos lo que ha sido dicho por quien es de la etología, por uno de nuestros colegas más ejemplares, más imaginativos. En cuanto a mí, tengo bastante tendencia a creerle. No quisiera contarles, pues esto los llevaría a distracciónes. Este folleto acaba de aparecer; se llama "El orden de las cosas". Es, felizmente, un pequeño libro de Jacques Brosser, personaje hasta ahora completamente desconocido; apareció en Plon.

Se trata de una especie de pequeña historia natural. Y es como tal que se las interpreto. Una pequeña historia natural a la medida de nuestro tiempo. Quiero decir que: Primero, esto nos restituya eso tan sutil y tan encantador que es lo que encontramos en la lectura de Buffon, y nunca más en ninguna publicación científica, aunque, sin embargo, podríamos entregarnos a este ejercicio, en tanto que sabemos sobre el comportamiento, sobre la etología de los animales aún mucho más que Buffon. En las revistas especializadas esto es ilegible.

Segundo, lo que es dicho en ese pequeño libro lo verán expresado en un estilo, debo decirlo, muy notable. Leerán sobre todo, algo que esté por el medio y que se llama "Vidas paralelas": la vida de la cigarra, la vida de la hormiga. He pensado en este pequeño libro porque su autor tiene eso en común conmigo, que para él la cuestión de los mamíferos está resuelta. No hay, fuera del hombre, un mamífero tan esencialmente problemático, no hay más que ver el rol que juegan las mamas en nuestra imaginación; no hay, además del hombre, más que un mamífero serio; éste es el hipopótamo. Todo el mundo esté de acuerdo acerca de eso; basta que tenga un poco de sensibilidad. El poeta T. S. Elliot, quien tiene funestas ideas metafísicas, pero que, sin embargo, es un gran poeta, de un primer golpe ha simbolizado la Iglesia militante, en el hipopótamo. Volveremos a esto más tarde.

Volvamos al hipopótamo. ¿Qué es lo que hace este hipopótamo? Se nos subrayan las dificultades de su existencia. Ellas, parece ser que son grandes, y una de las cosas esenciales es que custodia el campo de sus pastanzas, porque le es necesario aún cuando él tenga ciertas reservas de recursos en sus extremos. Este es un punto esencial. Él señala lo que llamamos su territorio, limitándolo por una serie de relevos, de puntos marcados suficientemente antes para todos aquellos que tienen que reconocerse en esto, a saber, sus semejantes, que aquí se está en su casa. Esto es para decirles que sabemos bien que no es que no haya esbozos de actividad simbólica en los animales. Como ven ustedes, es un simbolismo muy especialmente excremencial en el mamífero. Si, en suma, el hipopótamo logra defender su pastura con sus excrementos, encontramos que el progreso realizado por el hombre, y la verdad es que no sabría aquí cómo entrar en la cuestión, si no tuviéramos ese singular intermediario del lenguaje, ése que no sabemos de dónde viene, pero es lo que hace intervenir allí dentro la complicación esencial. Es decir, que él nos ha conducido a esa relación problemática con el objeto. Es que no es su pastura lo que el hombre cuida con la mierda, puesto que es su mierda lo que él cuida como prenda de la pastura esencial, de la pastura esencialmente a determinar; y es ésta la dialéctica de lo que se llama el simbolismo anal, si puedo expresarme así, del hombre con su objeto, que es una de las dimensiones absolutamente insospechadas, hasta el momento en que la experiencia freudiana nos la reveló.

En fin de cuentas, he querido simplemente indicarles aquí, en qué dirección y por qué se produce esto que es, en suma, la misma cuestión en su polémica con Proudhon, Marx, sin resolverla, y de la cual nosotros, sin embargo, podemos dar un pequeño enfoque al menos de explicación. Que es lo que hace que los objetos humanos pasen, de un valor de uso, a un valor de intercambio.

Es necesario leer ese fragmento de Marx, ya que es una buena educación para el espíritu; se llama "Filosofía de la miseria, miseria de la filosofía". Se dirige a Proudhon, haber decretado que un pasaje de uno al otro se hace por una especie de puro decreto de los cooperativistas, de los que sé trata de saber por qué han llegado a ser cooperativistas, y con la ayuda de quién. La forma en que Marx lo destripa durante algunas veinte o treinta buenas páginas, sin contar el resto de la obra, es algo bastante saludable y educativo para el espíritu.

He aquí, entonces, que todo eso que para el objeto, seguramente, y el sentido de esta volatilización de esta valorización, que es igualmente desvalorización del objeto, quiero decir, ese desprendimiento del objeto del campo puro y simple de la necesidad, es allí algo que, ante todo, no es otra cosa que un recuerdo de la fenomenología esencial, de la fenomenología del bien, hablando propiamente, en todos los sentidos de la palabra 'bien', figúrense ustedes.

Pero dejemos por el momento, hoy, esto, simplemente en estado de esbozo. Digamos, simplemente, que a partir del momento en que lo que está interesado como objeto, es el otro, es el prójimo, es el partenaire sexual, especialmente, esto, bien entendido, arrastra un cierto número de consecuencias; las que son tanto más sensibles puesto que se trataría desde hace rato del plano social.

Es claro que aquí, eso de lo que se trata, está en la base del contrato social, ya que tiene que tener en cuenta las estructuras elementales de pensamiento, en tanto que el partenaire femenino, bajo una forma que es, ella misma, una forma no sin latencia ni sin retorno es, aquí, como nos lo ha revelado Lévi-Strauss, objeto de intercambio.

Este intercambio no viene totalmente solo. Para decirlo todo, diremos que, como objeto de intercambio, la mujer es, si se puede decir, una ocupación muy peligrosa para aquellos que realizan la operación, puesto que, por otra parte, todo esto nos introduce en esa movilización, si podemos decir, real, que se llama la prestación, el alquilar los servicios del falo.

Nos ubicamos allí en la perspectiva, naturalmente, del utilitarismo social, y como ustedes saben, esto no deja de presentar ciertos inconvenientes. Es de aquí mismo que partí hace un rato. La mujer sufre en esto una fuerte e inquietante transformación, a partir del momento en que ella está incluida en esta dialéctica, a saber, como objeto socializado, esto es algo de lo que es verdaderamente divertido ver cómo en Freud, en la inocencia de su juventud, en las páginas 192 y 193 del tomo I de Jones, puede hablar.

La manera en la que, a propósito de los términos emancipatorios de la mujer en Mill, de lo cual ustedes saben que Freud se hizo traductor en un momento, a instancias de Compers, en la que Mill habla de temas emancipatorios, y de lo que en una carta a su propia novia él le presenta para qué sirve una mujer, una buena mujer, eso vale mil, cuando pensamos que él estaba en el máximo de su pasión, esta carta que finaliza en el hecho de que una mujer debe mantenerse bien en su lugar, y prestar todos los servicios, los que no son demasiado diferentes a los de los famosos "K, K, K": Kinder, Kirche, Küche (Niños, iglesia, cocina).

Y el texto finaliza con un pasaje que debo leérselos en inglés, ya que ese texto no ha sido publicado en otra lengua: ( leído en francés) "Ni la ley ni la costumbre han tenido mucho para dar a la mujer de la que ha sido precedentemente retirada, pero fundamentalmente la posición de las mujeres debe ser seguramente, la que es en la juventud, una adorable querida (un adorable mueblecito, un jarrón angelical), una mujer amada".

El otro aspecto posible, no es para nada que hemos entrado aquí en la dialéctica social, es que, ante esta posición problemática, hay otra solución para el sujeto, y esto también lo sabemos por Freud: es la identificación.

¿Identificación a qué? La identificación al padre. ¿La identificación al padre por qué? Se los he indicado ya, en tanto que él es quien, de alguna manera, es distinguido como aquél que ha logrado superar realmente ese lazo al impasse, a saber, aquél a quien se considera haber realmente castrado a la madre, diría, que es considerado, porque, bien entendido, él no es otra cosa que considerado, y que, por otra parte, hay aquí algo que se plantea esencialmente.

He aquí la problemática del padre, y tal vez, si vuelvo hoy a esto con cierta insistencia, es en la línea de algo que ha sido tratado ayer a la tarde en nuestra reunión científica, que es, justamente, la función del padre, la función imaginaria del padre en ciertas esferas de la cultura.

Es evidente que hay aquí una problemática que no deja de presentar todo tipo de posibilidades de deslizamientos, porque lo que es necesario ver es que la solución aquí preparada, es una solución directa: el padre es ya un tipo, en el sentido propio del término, tipo presente, sin duda alguna, en las variaciones temporales. Nosotros no podríamos interesarnos de tal manera en algo que no tuviera esas variaciones, sino que no podemos nosotros concebir aquí la cosa de otra manera, que en sus relaciones con una función imaginaria, negando la relación del sujeto con el padre, esta identificación al ideal del padre, gracias a la cual puede ser (peut etre) al fin de cuentas, podemos decir, que el término medio de las noches de bodas son exitosas y resultan bien, aunque la estadística no haya sido hecha jamás de una forma estrictamente rigurosa.

Esto está ligado, evidentemente, a datos de hecho, pero también a datos imaginarios, y no resuelve en nada la problemática para nosotros, ni para nosotros ni, por otra parte, para nuestros pacientes. Y es posible sobre este punto nos confundamos; esto no resuelve en nada, para nosotros, la problemática del deseo.

Vamos a ver, en efecto, que esta identificación a la imagen del padre no es más que un caso particular de lo que es necesario abordar ahora como siendo la solución más general, quiero decir, en las relaciones, en ese enfrentamiento del S/ con el a del objeto, la introducción de la forma más general de la función imaginaria, el soporte, la solución, la vía de solución que ofrece, al sujeto, la dimensión del narcisismo, que hace que el Eros humano esté comprometido en cierta relación con su propio cuerpo, y en la cual va a poder producirse este intercambio, esta intervención en la que voy a intentar articular para ustedes la forma en la que se presenta el problema del enfrentamiento del S/ con la a minúscula.

Es sobre este punto que retomaremos, dado que son ya las doce menos cuarto, luego de las vacaciones. Retomaré el 7 de Enero, ya que no he podido hoy adelantar las cosas más lejos. Verán ustedes cómo, sobre el a minúscula que hemos de tener la ocasión de precisar en su esencia, en su función, a saber, la naturaleza esencial del objeto humano en tanto que, como ya lo he esbozado largamente en los seminarios precedentes, todo objeto humano está, básicamente, marcado por una estructura narcisista, por la relación profunda con el Eros narcisista.

¿Cómo este objeto humano, en tanto que marcado por esto, se encuentra, en la estructura más general del fantasma, recibiendo normalmente la más esencial de las angustias del sujeto, a saber, ni más ni menos que su afecto en presencia del deseo, ese miedo, esa inmanencia en la que designé hace un rato, lo que retiene al sujeto al borde de su deseo? La naturaleza toda del fantasma de transferirlo al objeto.

Esto lo veremos estudiando, retomando un cierto número de fantasmas, que son, justamente, aquéllos de los que tenemos que desarrollar aquí la dialéctica. Y esto no sería más que a partir de uno fundamental, uno de los primeros descubiertos, el fantasma "Pegan a un niño", donde ustedes verán los rasgos más esenciales de esa transferencia del afecto del sujeto en presencia de su deseo, sobre su objeto en tanto que narcisista. Inversamente, eso que deviene el sujeto, el punto donde él se estructura, puesto que él se estructura como yo (moi) e ideal del yo (moi).

Esto no podrá, a fin de cuentas, entregárseles, a saber, distinguido por ustedes en su necesidad estructural absolutamente rigurosa, más que como siendo el retorno, el reenvío de esta de legación que el sujeto ha hecho de su afecto a este objeto, a éste del que aún no hemos jamás hablado verdaderamente, como siendo su reenvío: quiero decir cómo, necesariamente, debe colocarse él mismo, no en tanto que a, sino en tanto que imagen de a, imagen del otro, lo que es una sola y misma cosa con el yo (moi), esta imagen del otro estando marcada por este índice, por una (gran) I mayúscula, por un ideal del yo (moi), en tanto que él es el heredero de una relación primera del sujeto, no con su deseo, sino con el deseo de su madre, el ideal tomando el lugar de lo que, en el sujeto, ha sido experimentado como, efectivamente, un niño deseado.

Esta necesidad, este desarrollo, es por lo que viene a inscribirse en cierta huella, formación del algoritmo que puedo ya inscribir en el pizarrón, para anunciárselos para la próxima vez:

i(a) (I)($) a($)

en cierta relación con el otro, dado que él está afectado de un otro, es decir, del sujeto mismo en tanto que I está afectado por su deseo.

Esto, lo veremos la próxima vez.



índice del seminario 6
































Clase 7. Del 7 de Enero de 1959

7 de Enero de 1959



(...) Esta experiencia nos confronta entre lo que en el sujeto debemos llamar el deseo, y la función en la constitución de ese deseo, en su manifestación, en las contradicciónes que, en el curso de los tratamientos, estallan entre el discurso del sujeto y su comportamiento. Distinción esencial entre el deseo y la demanda.

Hay algo que no solamente ha sido dado desde el origen del discurso freudiano, sino, precisamente, en todo su desarrollo que sostiene las contradicciónes que van a estallar: es el carácter problemático que allí juega la demanda, ya que, al fin de cuentas, todo hacia lo cual está dirigido el desarrollo del análisis desde Freud, ha sido, cada vez más, admitir la importancia de lo que ha sido llamado diversamente, y que, a fin de cuentas, converge hacia una noción general de neurosis de dependencia, es decir, lo que ha sido escondido, velado, tras esa fórmula. Es el acento puesto, por una especie de convergencia de la teoría, de sus deslizamientos y fracasos, y la práctica; es decir, de una cierta concepción concerniente a la reducción que se obtendrá por la terapéutica.

Esto está escondido tras la noción de neurosis de dependencia.

El hecho fundamental de la demanda, con sus efectos impresores, compresores, opresores sobre el objeto que está acá, y en el cual se trata, justamente, de buscar si en el lugar de esta función que revelamos como formadora, según la formación de la génesis del sujeto, si adoptamos la actitud correcta, quiero decir, lo que finalmente, va a quedar justificado. Es decir, la elucidación, por un lado, y el levantamiento, al mismo tiempo, del síntoma.

Está claro, en efecto que, si el síntoma no es, simplemente, algo que debemos considerar como el legado de una especie de sustracción, de suspensión llamada frustración, si no es simplemente una especie de deformación del sujeto, bajo el efecto de algo que se dosificara en función de una cierta relación a lo real.

Como he dicho, la frustración imaginaria es, siempre, con algo de lo real que se relacióna.

Si esto no es así, si entre lo que descubrimos efectivamente en el análisis como sus consecuencias, sus secuencias, sus efectos, sus efectos durables, sus impresiones de frustraciones y el síntoma, hay algo otro, de una dialéctica infinitamente más compleja, y que se llama el deseo. Si el deseo es algo que no puede asirse ni comprenderse más que como un nudo muy estrecho, pero no por algunas impresiones dejadas por lo real, sino el punto más estrecho donde el conjunto se anuda, para el hombre real, lo imaginario, y su sentido simbólico, eso que, precisamente, he tratado de demostrar es que este nexo por el cual la relación del deseo al fantasma se expresa aquí en este campo intermediario entre las dos líneas estructurales de toda enunciación significante.

Si el deseo está acá, si es desde acá que parten los fenómenos llamados metafóricos, es decir, de interferencia del significante reprimido por un significante patente que constituye el síntoma, está claro que es infaltable estructurar, organizar, situar, el lugar del deseo.

Esto, habíamos comenzado a hacerlo este año, tomando un sueño sobre el cual yo me he detenido mucho tiempo, sueño singular, sueño que Freud se encuentra en dos ocasiones valorando, al haber integrado secundariamente a la Traumdeutung, después de haberle dado su lugar particular, totalmente útil, en el artículo. Los dos principios del suceder psíquico, el deseo y el principio de realidad, artículo publicado en 1911.

Este sueño es el de la aparición del padre muerto. Nosotros habíamos probado situar allí los elementos sobre la cadena doble, tal que mostré ahí la distinción estructural en lo que se puede llamar el grato de la inscripción del sujeto biológico elemental, del sujeto de la necesidad, en los desfiladeros de la demanda, largamente articulado.

He propuesto cómo debíamos considerar esta articulación fundamentalmente doble, ya que ella jamás demanda algo, ya que, en el fondo de toda demanda precisa, de toda demanda de satisfacción, el hecho mismo del lenguaje, simbolizando al otro - el otro como presencia y como ausencia - como pudiendo ser el sujeto del don de amor, que da, por su presencia y sólo por su presencia. Quiero decir, en tanto que no da ninguna otra cosa, que precisamente, lo que da esté más allá de todo lo que puede dar. Es, justamente, esta nada, lo que es todo en la determinación presencia-ausencia.

Habíamos articulado este sueño, arrojando de manera didáctica esta duplicidad de los signos sobre algo que nos permite tomar, en la estructura del sueño, la relación que queda establecida por esta producción fantasmática cuya estructura Freud estuvo tentado de elucidar a lo largo de la vía magistral de la Traumdeutung.

Probamos ver la función, para este hijo en duelo por un padre sin ninguna duda amado y cuidado hasta el fin de su agonía, que él hace resurgir en condición que el sueño articula con una simplicidad ejemplar. Es decir, que este padre aparece como estando vivo, que habla, y el hijo, delante de él, enmudece, oprimido, aprisionado por el dolor, el dolor, dice él, de pensar que su padre estaba muerto y que él no lo sabía. Freud nos dice: es necesario completar; "él estaba muerto, según su deseo".

¿Qué es lo que no sabía? Que esto era según su deseo. Todo está acá, entonces, y si probamos acercarnos a la construcción, la estructura de este sueño, observamos esto: el sujeto se confronta con una cierta imagen, y en ciertas condiciones. Diría que lo que está asumido en el sueño por el sujeto y esta imagen con la cual se confronta, se establece una distribución una repartición que va a mostrarnos la esencia del fenómeno.

Ya habíamos tratado de articular, de cercar, si puedo decir, sobre la escala significante, los temas significantes carácterísticos: Sobre la línea superior, el "él no sabía", referencia esencialmente subjetiva en su esencia, que va al fondo de la estructura del sujeto. "El no sabía", como tal, no comporta nada de actual. Es algo que implica la profundidad, la dimensión del sujeto. Y sabemos que aquí es ambigüa. Es decir que lo que no sabía, vamos a verlo, no es solamente y puramente atribuible a aquél con quien uno está paradojalmente, absurdamente, de una manera que resuena contradictoria, y aún de una manera de sinsentido con el que está muerto. Él participa de esta ignorancia. Precisamente, esto es esencial.

Por añadidura, he aquí cómo el sujeto se coloca en la suspensión, si puedo decir, de la articulación onírica. El sujeto, tal como se coloca, tal como se asume, es, puesto que el otro no sabe, la posición del otro subjetivo. Y aquí, el ser en falta, si se puede decir.

Que él esté muerto, seguramente, es acá un enunciado que; al fin de cuentas, no podría alcanzar. Toda expresión simbólica, tal como ésta, de estar muerto, lo hace subsistir, lo conserva. Y esto es, precisamente, la paradoja de esto posición simbólica: no hay, del ser al ser, ni afirmación de estar muerto, que no lo inmortalice. Y es seguro que de esto se trata en el sueño.

Pero esta posición subjetiva de ser en falta, esta menor validez subjetiva, no apunta a que esté muerto, apunta esencialmente a que él es el que no sabe. Es así que el sujeto se sitúa frente al otro.

Además, esta suerte de protección ejercida con respecto al otro, que hace que no solamente él no sepa, sino que, en el límite, yo diré que no hay que decirle, es algo que se encuentra siempre más o menos en la raíz de toda comunicación entre los seres, esto que se puede y esto que no se puede hacerle saber. He aquí algo en lo cual ustedes deben siempre sopesar las incidencias cada vez que tengan una cuestión con el discurso analítico. Se hablaba ayer a la tarde de aquellos que no pueden decir, expresarse, de los obstáculos, de la resistencia a hablar, propiamente del discurso.

Esta dimensión es esencial para retomar desde este sueño, otro sueño, tomado de la última página del Diario de Trotsky, al final de su estada en Francia al principio de la última guerra, creo. Sueño que es una cosa singularmente emocionante. Es en el momento en que, por primera vez quizá, Trotsky comienza a sentir en él los primeros golpes de yo no sé qué repliegue de la potencia vital tan inagotable en este sujeto.

El ve aparecer en un sueño a su camarada Lenin, quien le felicita por su buena salud, por su carácter imposible de abatir. Y el otro, de una manera que toma su valor de esta ambigüedad que hay siempre en el diálogo, le deja entender que quizá esta vez hay en él algo que no está en el mismo nivel de lo que su viejo camarada ha conocido siempre. Pero esto en lo cual él piensa, este viejo campanero también surgido de una manera tan significativa en un momento crítico, cambiante de la evolución vital, es en velar por él. Al querer recordar algo que precisamente, se relacióna con el momento en el cual el mismo Lenin ha flaqueado en su esfuerzo, para designarle este momento en el cual él está muerto: el momento en que estabas muy, muy enfermo. Como si alguna formulación precisa de esto de lo cual se trataba, debía, por sí misma, disipar la sombra frente a la cual el mismo Trotsky en su sueño, en ese momento cambiante de su existencia, se mantiene.

Y bien; si por un lado, en esta repartición entre las dos formas enfrentadas, ignorancia y puesta sobre el otro que le es imputada, cómo no ver que, inversamente, hay algo acá que no es otra cosa que la ignorancia del sujeto mismo que no sabe.

No solamente que ella es la significación de su sueño, a saber, todo lo que es subyacente de esto que Freud evoca, es decir, su historia inconsciente, los viejos deseos, mortales, contra el padre, más aún, que es en la naturaleza del dolor mismo en la cual en este momento el sujeto participa, de este dolor - del que buscando su camino y su origen hemos reconocido este dolor experimentado, vislumbrado en la participación de los últimos momentos del padre - de la existencia como tal, en tanto que ella subsiste en el límite, en este estado donde no hay nada más aprehendido aún, el hecho del carácter inextinguible de esta existencia misma, y el dolor fundamental que la acompaña cuando todo deseo se borra, cuando todo deseo, allí, se desvanece.

Es precisamente este dolor que el sujeto asume, pero como siendo un dolor que él motiva en ella tan absurdamente, ya que lo motiva únicamente la ignorancia del otro, de algo que, en fin de cuentas, si uno mira allí, desde muy cerca, no es un motivo lo que él acompaña como motivación, sino el surgimiento del afecto, en una crisis histérica que se organiza, aparentemente, en un contexto en el cual está extrapolado, pero, de hecho, no se motiva en él.

Es, precisamente, al hacerse cargo de este dolor, que el sujeto enceguece por su proximidad, por el hecho de que en la agonía y en la desaparición de su padre, es algo que lo amenaza, que ha vivido y de lo cual se separa actualmente por esta imagen reevocada, esta imagen que lo reúne nuevamente con algo que separa y que modera al hombre, en esta suerte de abismo o de vértigo que se abre en él cada vez que está confrontado con el último término de su existencia; es decir, justamente, lo que él necesita interponer entre él y esta existencia, es, en la ocasión, un deseo.

El no cita ningún soporte de su deseo, ningún otro que el más próximo y el más urgente, el mejor, aquél que lo ha dominado mucho tiempo, aquél que lo tiene ahora abatido. Él necesita, por un cierto tiempo, hacerlo revivir imaginariamente, ya que en esta rivalidad con el padre, en esto que en el fondo hay de poder, en el hecho de que él triunfa finalmente, del hecho que no sabe, el otro que sabe de él, acá es la fina pasarela gracias a la cual el sujeto no se siente a sí mismo directamente invadido, engullido, ya que lo que se le abre a él de hiancia, de confrontación pura y simple, con la angustia de muerte, de manera que nosotros sabemos, de hecho, que la muerte del padre, cada vez que se produce, es para el sujeto, nuevamente sentirla como la desaparición - en un lenguaje más grosero - de esta especie de escudo, de interposición de sustitución que hace el padre, del amo absoluto, es decir, de la muerte.

La fórmula que trato de presentarles como siendo la fórmula fundamental de lo que constituye el soporte, la relación intrasubjetiva esencial donde todo deseo como tal debe inscribirse, es bajo esta forma tan simple, la que es inscripta acá, esta relación separada en la relación cuadrilátera, aquélla del esquema L, aquélla del sujeto al gran Otro, a pesar de que este discurso parcialmente inconsciente que viene del gran Otro viene a interponerse en él.

La tensión a-a', aquélla que se puede, aún en ciertas relaciones, llamar la tensión imagen de a en relación a a', según de trate de la relación a-a' del sujeto al objeto, de la relación imagen de a en relación al Otro, por eso que ella estructura esta relación.

Es justamente que, como siendo carácterística de la relación del deseo con la relación del sujeto $ con las funciones imaginarias, que he expresado en la fórmula $(a, en éste sentido que el deseo como tal, y en relación a todo objeto posible para el hombre, plantea para él una pregunta por su elisión subjetiva.

Quiero decir que, en tanto el sujeto, en el registro, en la dimensión de la palabra, en tanto que él se ha inscripto allí como demandante, para aproximar de esto algo que es el objeto más elaborado, más evolucionado, lo que más o menos hábilmente la concepción analítica nos presenta como siendo el objeto de la oblatividad —esta noción, les he señalado a menudo, presenta dificultad, es en la que acá probamos también confrontar, probamos de formular de una manera más rigurosa—; el sujeto, por eso que como deseo, es decir, en la plenitud de un destino humano que es el de un sujeto hablante, al aproximar este objeto, se encuentra tomado en esta especie de impasse que hace que él mismo no pueda alcanzar este objeto como objeto; que de alguna manera se transforme en él como sujeto, sujeto de la palabra, o en esta cesión que le deja en la noche del trauma, para hablar propiamente, en lo que está más allá de la angustia misma, o de encontrarse debiendo tomar el lugar -sustituirse, subsumirse bajo un cierto significante que se encuentra (yo lo articulo pura y simplemente, en este momento no lo justifico, ya que es todo nuestro desarrollo quien debe justificarlo y toda experiencia analítica esté acá para justificarlo) siendo el falo.

Es de acá, el hecho de que en toda asunción de la posición madura, de la posición que llamemos genital, algo se produce al nivel del imaginario que se llama castración, y tiene su incidencia a nivel del imaginario.

¿Por qué? Porque el falo —no hay otra cosa en esta perspectiva que haga que podamos comprender toda la problemática que ha levantado el hecho verdaderamente al infinito, y del cual es imposible salir de otra manera— la cuestión de la fase fálica para los analistas, la contradicción, yo diría el diálogo Freud-Jones sobre este tema que es singularmente patético, toda esta especie de impasse donde Jones entra casi rebelándose contra la concepción muy simple que se hace Freud de la función fálica como siendo el término unívoco alrededor del cual pivotea todo el desarrollo concreto, histórico, de la sexualidad en el hombre y en la mujer, valorando lo que llama las funciones de defensa ligadas a esta imagen del falo.

Uno y otro, finalmente, dicen lo mismo, abordándolo desde puntos de vista diferentes. Ellos no pueden reencontrarse, seguramente, a falta de esta noción central, fundamental, que hace que debamos concebir el falo como, en esta ocasión, tomado, sustraído a la comunidad imaginaria, a la diversidad, a la multiplicidad de las imagenes que vienen a asumir las funciones corporales, aisladas frente a todas las otras, en esta función privilegiada que hace, de hecho, el significante del sujeto.

Enfoquemos aún más, aquí, nuestra linterna, y digamos esto: que, en suma, sobre los dos planos, que son el primer plano inmediato, aparente, espontáneo, que es el llamado, que es "Socorro", que es "Pan", que es un grito en fin de cuentas, que es, en todo caso algo donde, de manera más total el sujeto es idéntico por un momento a esta necesidad, que de todas maneras, debe articularse al nivel interrogativo de la demanda que se encuentra en la primera relación, en la experiencia del niño y la madre, función de lo que está articulado, seguramente, en la relación del niño y de la madre, en todo lo que la sustituye del conjunto de la sociedad que habla su propia lengua.

Entre este nivel y el nivel votivo, es decir, acá donde el sujeto, en todo el curso de su vida, va a reencontrarse, es decir, a encontrar lo que se le ha escapado porque, estando más allá, aparte de todo lo que la forma del lenguaje, cada vez más, y a medida que se desarrolla, deja pasar, deja filtrar, arroja, reprime esto que, de antemano, tendía a expresarse, a saber, su necesidad.

Esta articulación en segundo grado es aquello que, como siendo justamente modelado, transformado por su palabra, es decir, este ensayo, esta tentativa de pasar más allá esta transformación misma, es esto que nosotros hacemos en el análisis, y es porque se puede decir que, del mismo modo que todo lo que reside, de lo que debe articularse al nivel interrogativo, es acá el A, como un código predeterminado, tan pre-existente a la experiencia del sujeto, como siendo aquello de lo que, en el otro, es ofrecido al juego del lenguaje, a la primera patria significante que el sujeto experimenta por aprender a hablar.

¿Qué hacemos nosotros en el análisis? ¿Qué es lo que reencontramos? ¿Qué es lo que reconocemos? Ya que decimos que el sujeto está allí en el estado oral, anal, etc., no es otra cosa qué aquello que está expresado bajo esta forma madura de la cual no hay que olvidar el elemento completo: que es el sujeto, en tanto marcado por la palabra, y en cierta relación con la demanda; en esto, literalmente, que en tal o cual interpretación donde nosotros le hacemos sentir la estructuración oral, anal u otra de su demanda, no hacemos, simplemente, reconocimiento del carácter anal de la demanda; confrontamos al sujeto con este carácter anal u oral. No nos interesamos, simplemente, en algo que es inminente a esto que articulamos como siendo la demanda del sujeto; confrontamos al sujeto con esta estructura de su demanda. Y es acá, justamente, que debe balancear, oscilar, vacilar la acentuación de nuestra interpretación. Porque, acentuada de una cierta manera, aprendemos a reconocer algo que, si se puede decir, es en este nivel superior, nivel votivo, nivel de lo que él quiere, de lo que anhela, en tanto estos son inconscientes.

Nosotros le enseñamos, si puede decirse, a hablarlo, a reconocerse en eso que corresponde a su deseo en ese nivel. Pero sin embargo, no le damos las respuestas. Sosteniendo la interpretación en ese registro del reconocimiento de los soportes significantes escondidos en su demanda, inconscientes, no hacemos nada diferente, si olvidamos esto de lo cual se trata, es decir, confrontar al sujeto con su demanda; si no nos apercibimos de que esto que producimos es justamente el colapso, el borramiento de la función del sujeto como tal en la revelación de este vocabulario inconsciente.

Solicitamos al sujeto, borrarse y desaparecer. Y es tal cual en muchos casos, esto de lo que se trata. Es, a saber, que en cierto aprendizaje que uno puede hacer en el análisis del inconsciente, en cierta forma lo que desaparece, lo que huye, lo que está cada vez más reducido, no es otra cosa que esta exigencia del sujeto de manifestarse más allá de todo eso en su ser. Al volver a llevarlo, sin cesar, al nivel de la demanda, se termina seguramente por algún lado - y es eso que se llama en cierta técnica, análisis de las resistencias - por reducir, pura y simplemente, lo que es su deseo.

Entonces, si es simple y fácil de ver que, en la relación del sujeto con el otro, la respuesta se hace retroactivamente; y por otro lado, que acá, algo retorna desde atrás en el sujeto para confirmarlo en el sentido de la demanda, para identificarlo, en la ocasión, a su propia demanda, y está claro, asimismo, el nivel en el cual el sujeto debe situarse, reconocerse, justamente, en aquella que él es más allá de esta demanda, que es donde hay un lugar para la respuesta; que este lugar para la respuesta acá esquematizada por S significante de A barrado, es decir, el llamado que el otro le hace, también marcado por el significante, que también el otro esta abolido, de una cierta manera, en el discurso; esto no es nada más que indicar un punto teórico del cual veremos la forma que debe tomar. Esta forma es, esencialmente, justamente, el reconocimiento de lo que tiene de castrado, lo que, del ser viviente, intenta aproximarse al ser viviente, tal como es evocado por el lenguaje. Y bien entendido este punto, no es en este nivel que podemos de antemano dar la respuesta.

Pero por el contrario, respetar, enfocar, explomar, utilizar aquello que, desde ya, se expresa más allá de este lugar de la respuesta en el sujeto, que está representado por la situación imaginaria donde él mismo se coloca, se mantiene, se suspende como en una especie de posición que, seguramente, participa en ciertos lados, de los artificios de la defensa, es seguro que esto hace la ambigüedad de las manifestaciones del deseo, del deseo perverso, por ejemplo.

Es por eso que acá, algo se expresa, que es el punto más esencial, donde el ser del sujeto intenta afirmarse.

Es esto tan importante de ser considerado, que es necesario considerar que es precisamente acá, en este mismo lugar, que debe producirse esto que llamamos tan fácilmente, a ,el objeto acabado, la maduración genital; dicho de otra manera, todo aquello que constituirá, como expresa en alguna parte bíblicamente Jones, las relaciones del hombre y la mujer, que encontrarán en el hecho de que el hombre es un sujeto hablante, marcado por dificultades estructurales que son las mismas que se expresan en la relación de $ con a.

¿Por qué? Porque, precisamente, si se puede decir que, hasta cierto momento, cierto estado, cierto tiempo del desarrollo, el vocabulario, el código de la demanda, puede pasar por un cierto número de relaciones, las cuales comportan un objeto inmóvil, a saber, el alimento para lo que es la relación oral; el excremento para lo que es la relación anal - para limitarnos por el momento a esos dos -, cuando se trata de la relación genital, es muy evidente que esto no es más que una especie de impronta, de prolongación, de esta fragmentación significante del sujeto en la relación con la demanda, que algo puede aparecérsenos y nos aparece, en efecto, pero a título mórbido, a título de todas las incidencias sintomáticas: a saber, el falo.

Por una simple y buena razón: es que, tal cual, el falo no es este objeto inmóvil; él deviene, solamente por su pasaje al rango de significante, y todo aquello de lo cual se trata en una maduración genital completa reposa sobre esto, que todo lo que en el sujeto debe presentarse como siendo aquí el cumplimiento de su deseo, para decirlo claro, es algo que no se puede demandar.

Y la esencia de la neurosis, esto con lo cual nosotros tenemos algo que ver, consiste muy precisamente, en esto, que es lo que no puede preguntarse el neurótico, justamente, en este terreno. O en el fenómeno neurótico, a saber, en lo que aparece más o menos esporádico en la evolución de todos los sujetos, que participa de la estructura de la neurosis, consiste, justamente -reencontramos siempre ésta estructura - en esto que lo que es del orden del deseo, se inscribe, se formula, en el registro de la demanda.

En el curso de una relectura que hice recientemente de Jones, retomé todo lo que él escribe sobre la afanisis; es muy atraparte en todo momento, lo que aporta de su experiencia más fina, más directa.

"Quisiera relatar algo de un gran número de parientes masculinos que presentan una deficiencia para consumar o cumplir su virilidad en relación a otros hombres o mujeres, y a mostrar que su fisura (su falta) en esta ocasión, su obstáculo, y de la manera más estricta... su actitud de necesidad de antemano de adquirir algo de las mujeres, algo que por una buena razón, ellos no pueden realmente adquirir".

"¿Por qué?" dice Jones. Y cuando él dice "¿por qué?", en su artículo y en su contexto, es un verdadero por qué; él no sabe por qué, pero él lo constata, lo puntúa como un punto de horizonte, una abertura, una perspectiva, un punto donde las guías le escapan. "¿Por qué? Un acto es imperfecto. ¿Puede él dar a un muchacho ese sentido de posesión imperfecta de su propio pene? Yo estoy totalmente convencido de que las dos cosas están íntimamente ligadas una a la otra, en tanto que la conexión lógica entre estas dos cosas no es, ciertamente evidente".

En todo caso, no es evidente para él. En todo momento reencontramos estos detalles sobre la fenomenología más florida. Quiero decir, las sucesiones necesarias por las cuales un sujeto se desliza, puede arribar a la acción plena de su deseo, las condiciones previas que le son necesarias.

Podemos reconstituirlo, reencontrar esto que llamaré los progresos laberínticos donde se marca el hecho esencial de la posición que él sujeto ha tomado en esta referencia, en esta relación estructural para él, entre deseo y demanda.

Y si el mantenimiento de la posición incestuosa en el inconsciente es algo que tiene un sentido, y que tiene consecuencias efectivamente, diversamente devastadoras de las manifestaciones del desear en el cumplimiento del deseo del sujeto, esto no es, justamente, por otra cosa que esto: es que la posición llamada incestuosa, conserva alguna parte en el inconsciente, es justamente esta la posición de la demanda.

El sujeto, en un momento —se dice— y es así como se expresa Jones, tiene que elegir entre su objeto incestuoso y su sexo. Si quiere conservar uno, debe renunciar al otro. Yo diría que es entre qué y qué, él tiene que elegir en tal momento inicial, es entre su demanda y su deseo.

Retomemos ahora, después de estas indicaciones generales, el camino en el cual deseo introducirlos, para mostrarles la medida común que tiene esta estructuración del deseo, y cómo efectivamente, ella se encuentra implicada. Los elementos imaginarios, a pesar de que ellos debieran ser desviados, deben ser tomados en el juego necesario de la partida significante, ya que este juego está comandado por la estructura doble del votivo y del volitivo.

Tomemos un fantasma, el más banal, el más común, aquél que Freud mismo ha estudiado, al que ha prestado una especial atención, el fantasma "Pegan a un niño". Retomemos- ahora con la perspectiva aquella con la cual nos aproximamos para tratar de tomar cómo puede formularse la necesidad del fantasma, en tanto soporte del deseo.

Freud, hablando de estos fantasmas como él los ha observado, en cierto número de sujetos de la época predominantemente en las mujeres, nos dice que la primera fase de la Schlagfantasie, esta restituida, ya que llega a ser reevocada, sea en los fantasmas, sea en los recuerdos del sujeto, por la fase siguiente: "der vater schlang das Kind". Y, que el niño que es pegado, en la ocasión es, en relación al sujeto, éste: "el padre pega al niño que yo odio".

Entonces, aquí nos vemos llevados por Freud al punto inicial, al corazón de algo que se sitúa en la cualidad más aguda del amor y del odio, aquélla que apunta al otro en su ser. Y es por eso que este ser, en esta ocasión, está sometido al máximo de la decadencia, en la valorización simbólica que, por la violencia, por el capricho paternal, él es acá.

La injuria, aquí, si la llamamos narcisística, es algo que, en suma, es total. Ella apunta, en el sujeto odiado, lo que esta demandado, más allá de toda demanda. Apunta a que él esté absolutamente frustrado, privado de amor.

El carácter de la decadencia subjetiva que está ligada en el niño al reencuentro con el primer castigo corporal, deja huellas diversas, siguiendo el carácter diversamente repetido. Y cada uno puede constatar, en la época en la que vivimos, que esas cosas son extremadamente trabajadas en los niños, que si se llega a que después de que un niño no haya sido jamás castigado, sea el objeto una vez de algunos rigores, que fuesen muy justificados, al menos en una época relativamente tardía, uno no podría imaginar consecuencias, por lo menos por el momento, postrantes, que tenga esta experiencia para el niño.

Sea lo que sea, podemos dar por hecho que la experiencia primitiva es seguramente, esto de lo cual se trata, tal como Freud nos lo expresa: "Entre esta fase y la siguiente, debe pasar alguna importante transformación".

En efecto, esta segunda fase, Freud nos la expresa así: la persona que pega permanece siendo el padre. Pero el niño pegado, cambia regularmente en el fantasma mismo. "El fantasma, está en muy alto grado tonalizado de placer, y se cumple de una manera muy significativa, en la cual nosotros habremos accedido muy tarde", y con razón.

Su fórmula articulada es ahora, así: "Yo soy pegado por el padre". Pero de esto, en Freud, que es muy importante, y la más grave consecuencia de todas las fases, podemos decir, aún en cierto sentido, que ella no ha tenido nunca existencia real. "Ella no es jamás reevocada, en ningún caso. No es jamás llevada a la conciencia. Es una construcción del análisis, y es allí no menos que una necesidad".

Creo que no se sopesan bastante las consecuencias de tal afirmación de Freud. En fin de cuentas, ya que nosotros no encontramos nunca esta frase tan significativa, es sin embargo, muy importante ver, ya que ella desemboca en una tercera fase, frase en cuestión, que es necesario que concibamos esta segunda frase como oculta y buscada por el sujeto. Y bien entendido, esta cosa que es buscada, nos interesa en el más alto grado, ya que esto no es otra cosa que la fórmula del masoquismo primordial, es decir, justamente este momento donde el sujeto va a buscar más cerca su realización en él, de sujeto en la dialéctica significante.

Algo, como dice Freud con justicia, ha pasado de esencial entre la primera y la segunda fases este algo en el cual él ha visto al otro como precipitado en su dignidad de sujeto erigido en pequeño rival. Algo es abierto en él, que le hace percibir que es en esta posibilidad misma de anulación subjetiva, que reside todo su ser, en tanto que ser existente: que es acá, rozando muy cerca esta abolición, que mide la dimensión misma en la cual él subsiste como ser, sujeto a querer, como ser que puede emitir un anhelo.

¿Qué es lo que nos da toda la fenomenología del masoquismo, de manera que haga sin embargo ir a buscar en la literatura masoquista que, nos guste o no, que esto sea pornográfico o no? Tomemos una novela célebre, o una novela reciente, aparecida en una casa medio clandestina.

¿Cuál es la esencia del fantasma masoquista, en fin de cuentas? Es la representación por el sujeto de algo, de una pendiente, de una serie de experiencias imaginarias, de la cual la vertiente, la orilla sostiene esencialmente, esto que, en el límite, es pura y simplemente tratado como una cosa, como algo que en límite se regatea, se vende, se maltrata, está anulado en toda especie de posibilidad votiva, de tomarse autónomo. Es tratado como un fantasma, como un perro, digamos nosotros, y no importa de qué perro se trate, un perro que se maltrata, precisamente, como un perro ya maltratado.

Este es el punto, el punto pivote, la base de transformación supuesta en el sujeto que busca encontrar dónde está este punto de oscilación, este punto de equilibrio, este producto de este $ que es aquello en lo cual él tiene que entrar, precisamente, si entra, si una vez entrado en la dialéctica de la palabra, tiene algún lugar para formularse como sujeto.

Pero en fin de cuentas, el sujeto neurótico es como Picasso: él no busca; encuentra. Pues es así como se expresó un día Picasso. Fórmula verdaderamente soberana. Y en realidad, hay una clase de gente que busca; y hay aquéllos que encuentran. Créanme; la neurosis, a saber, todo lo que se produce de espontáneo en este abrazo del hombre con su palabra, encuentra.

Y yo quisiera remarcar que 'encontrar' viene de la palabra latina trope, más expresamente, de esto de lo que yo hablo sin cesar, dificultades de retórica. La palabra que, en las lenguas romances, designa 'encontrar' (trouver), al contrario de lo que pasa en las lenguas germánicas, donde es otra raíz que sirve para esto, es bastante curioso que sea tomado en el lenguaje de la retórica.

Detengámonos un instante en este tercer momento, en que el sujeto encuentra. Lo tenemos enseguida. Vale quizás detenerse allí.

En el fantasma "Se pega a un niño", ¿qué es lo que hay? Quien pega, es 'se'. Es totalmente claro, y Freud insiste allí. No hay allí nada que hacer, uno dice, pero ¿quién pega? Es tal o cual. El sujeto es verdaderamente evasivo. Lo que no es después más que una cierta elaboración interpretativa, cuando se haya reancontrado la primera fase, se podrá reencontrar allí una cierta figura o imagen paternal bajo esta forma, la forma en que el sujeto ha reencontrado su fantasma, en tanto que su fantasma sirve de soporte a su desea la realización masturbatoria. En este momento, el sujeto está perfectamente neutralizado. El es 'se'. Y a éste que es castigado, no es menos difícil de tomar. Es múltiple. Muchos niños; muchachos, cuando se trata de la joven; pero no forzadamente con una relación obligatoria entre el sexo del niño que es fantasma, y el sexo de la imagen fantasma.

Las más grandes variaciones, las más grandes incertidumbres, rigen también sobre este tema, donde sabemos bien que, para cada lado que esto sea, a o a, que éste sea i(a) o a, el niño hasta un cierto punto, participa, ya que es él quien hace el fantasma.

Pero por fin, en ninguna parte de una manera precisa, una manera no equívoca, de una manera que no sea precisamente indefinidamente oscilante, el niño se sitúa.

Pero esto sobre lo cual nos gustaría poner el acento, es sobre algo de fuerte vecindad con lo que hemos, a menudo, llamado la repartición entre los elementos intrasubjetivos del sueño.

Por un lado, en el fantasma sádico, éste, y en el fantasma masoquista, se puede observar de cerca, en él, una gran expansión.

Yo preguntaré: ¿Dónde está el afecto acentuado? El afecto acentuado, del mismo modo que estaba en el sueño portado por el sujeto soñante, esta forma de dolor, es indiscutiblemente un fantasma sádico; es portado en la imagen fantasma, pero del partenaire. Lo que en el fantasma sádico está en suspenso. Y a menudo el fantasma sádico, por poco consciente y refinado que sea, sabe, seguramente, detenerse allí - es la espera del partenaire. Es el partenaire, no en tanto sea pegado, como que va a serlo, o que no sabe cómo va a serlo.

Este elemento extraordinario, sobre el que volveré a propósito de la fenomenología de la angustia, y donde desde ya les indico esta distinción que está en el texto de Freud, pero de la cual, naturalmente, jamás nadie ha tomado en cuenta a propósito de la angustia, entre estos rasgos que separan la pérdida pura y simple del sujeto en la noche de la indeterminación subjetiva, y esto algo que es totalmente diferente, y que ya es advertencia, erección, si se puede decir, del sujeto ante el peligro, y que, como tal, es articulado por Freud en "Inhibición, síntoma y angustia", donde Freud introduce una distinción aún más sorprendente, porque ella es de tal manera sutil, fenomenológica, que no es fácil de traducir en francés, entre lo que trataré de traducir por sufrir, no poder con ello, pero soportar, y lo que es vérselas venir.

Es en este registro, en esta gama, que se sitúa, en el fantasma sádico, el afecto acentuado, y por lo cual es agregado al otro, al partenaire, a aquél que está enfrente, en la ocasión, a minúscula.

En fin de cuentas, ¿donde está este sujeto que, en esta ocasión, está preso de algo que le falta justamente por saber donde está? Sería fácil decir que esté entre los dos. Iría más lejos. Yo diría que, en fin de cuentas, el sujeto está de tal manera, verdaderamente, entre los dos, que si hay algo aquí a lo cual él sea idéntico, o que ilustre de una manera ejemplar, es el rol de aquello con lo cual se imprime; es el rol del instrumento.

Es al instrumento al que es idéntico, ya que el instrumento aquí nos revela y siempre para nuestro estupor —y siempre para la mayor razón de nuestro asombro, salvo en aquello que no quisimos ver—, que interviene como personaje esencial, muy frecuentemente, en aquello que nosotros tratamos de articular de la estructura imaginaria del deseo.

Y está acá, seguramente, esto que es lo más paradojal, lo que más nos advierte. Es que, en suma, es bajo este significante, aquí develado en su naturaleza de significante, que el sujeto llega a abolirse en tanto que se toma en esta ocasión en su set esencial.

Si es cierto, con Spinoza podríamos decir que este ser esencial es su deseo. Y, en efecto, es a esta misma encrucijada que somos llevados cada vez que se plantea, para nosotros, la problemática sexual.

Si el punto pivote de donde hemos partido hace dos años, que era, justamente, el de la fase fálica en la mujer, esta constituido por este punto de relevo por el cual Jones vuelve siempre al curso de su discusión, para elaborarlo.

El texto de Jones sobre este sujeto, tiene el valor de elaboración analítica. El tema central es esta relación del odio de la madre con el deseo del falo. Desde acá, Freud partió. Es alrededor de esto que él hace partir el carácter verdaderamente fundamental, genético, de la exigencia fálica en la salida del Edipo en el varón, en la entrada del Edipo en la mujer. Es esté punto de conexión: odio de la madre, deseo del falo. Esto que es el sentido propio de este "Penis-neid".

O Jones subraya las ambigüedades que son reencontradas cada vez que nos servimos de ellas, o si es el deseo de tener un pene supuesto de Otro, es decir, una rivalidad, es necesario al mismo tiempo, que se presente bajo un aspecto ambigüo, que nos muestra bien que es más allá que debemos buscar su sentido. El deseo del falo, es decir, deseo mediatizado por el mediatizante falo. Rol esencial que juega el falo en la mediatización del deseo.

Esto nos lleva a plantear, para introducir lo que habremos de desarrollar ulteriormente en nuestro análisis de la construcción del fantasma, esta encrucijada, que es, a saber, que el problema es, en fin de cuentas, saber cómo va a poder ser sostenida esta relación del significante falo en la experiencia imaginaria que es la suya, en tanto que ella está profundamente estructurada por las formas narcisísticas que reglan las relaciones con su semejante como tal. Es entre S sujeto hablante, pequeño a, a saber, ese otro que el sujeto tiene en sí mismo.

Pequeño a es, entonces, aquello que hemos identificado hoy. Es el otro imaginario, es aquello que el sujeto tiene en sí mismo como "pulsión", en el sentido en donde la palabra pulsión esté puesta entre comillas, donde ésta no es la pulsión entonces elaborada, tomada en la dialéctica significante, donde es la pulsión en su carácter primitivo, o la que representa tal o cual manifestación, en el sujeto, de la necesidad.

Imagen del otro, a saber, ésta en que por lo intermediario de la reflexión especular del sujeto, ha de situar sus necesidades; está en el horizonte algo del otro, a saber, lo que he llamado, en principio, la primera identificación al otro, en el sentido radical, la identificación a los emblemas del otro, a saber, significante gran I sobre A.

Voy a dar un esquema que reconocerán aquellos que han seguido el primer año de mi seminario. Hemos hablado del narcisismo. He dado el esquema del espejo parabólico, gracias al cual uno puede hacer aparecer, sobre un plato, en un florero, la imagen de la flor escondida, sea arriba o abajo y que, gracias a la propiedad de los rayos que vienen a proyectarse, se perfila aquí, en imagen real. Quiero decir, producir un instante la ilusión de que hay en el florero, precisamente, esta flor.

gráfico

Esto puede parecer misterioso, ver que se puede imaginar que es necesario tener aquí una pequeña pantalla para escoger esta imagen en el espacio. No es nada de eso. Yo hice notar que esta ilusión, a saber, la vía de la erección en el aire de esta imagen real, no se percibe más que desde un cierto campo del espacio que es, precisamente, determinado por el diámetro del espejo esférico, marcado en relación al centro del mismo. Es decir que, si el espejo es estrecho, él necesitará, seguramente, colocarse en un campo donde los rayos que son reflejados desde el espejo, llegan a cruzar su centro y, en consecuencia, en cierta expansión de una zona en el espacio, para ver su imagen.

La astucia de mi pequeña explicación en el tiempo, era ésta: si alguien quiere ver producirse esta imagen fantasmática en el interior del florero, o un poco de costado, importa verla producirse en alguna parte en el espacio donde hay ya un objeto real, y si el observador se encuentra acá, podrá servirse del espejo.

Si él está en una posición simétrica en relación al espejo, la posición virtual de aquél que está delante del espejo, será en esta inclinación, venir a situarse en el interior del cono de visibilidad de la imagen que se producirá aquí.

Esto quiere decir que él verá la imagen de la flor, justamente en este espejo, en el punto simétrico. En otros términos, lo que se produce, si el rayo luminoso que se refleja hacia el observador es estrictamente simétrico de la reflexión visual, lo que pasa del otro lado, es porque el sujeto virtualmente, habrá tomado el lugar de eso que está del otro lado del espejo, que verá el florero en el espejo - esto que puede esperarse, ya que está acá - y por otra parte, la imagen real, tal como se produce en el lugar donde él no puede verla.

La relación, el interjuego entre los diferentes elementos imaginarios, y los elementos de identificación simbólica del sujeto, pueden ser en cierta manera graficados (images) en este aparato óptico, de una manera que yo no creo no tradicional, ya que Freud la ha formulado en alguna parte de su Traumdeutung. El da alguna parte del esquema de las lentes sucesivas, en las cuales se refracta el pasaje progresivo del inconsciente, del preconsciente. El buscaba en referencias análogas - ópticas, dice precisamente.

Ella representa, efectivamente, esto que, en el fantasma, trata de reunir su lugar en lo simbólico.

Esto, en consecuencia, hace de S otra cosa que un ojo. Esto no es más que una metáfora. Si él designa que quiere reunir su lugar en lo simbólico, es de una manera especular, a saber, en relación al otro que, aquí, es el A mayúscula.

Este espejo no en más que un espejo simbólico. No se trata del espejo delante del cual el niñito se agita. Quiero decir que es en cierta reflexión que está hecha con ayuda de palabras en el primer aprendizaje del lenguaje, que el sujeto aprende a reglar, en alguna parte, a buena distancia, los emblemas con los que se identifica, a saber, algo que da, del otro lado, lo corresponde en estas primeras identificaciones del moi.

Y que es en el interior de esto, en tanto que hay algo a la vez de preformada, de abierto a la fragmentación, y en tanto que el simbolismo existe y le abre en ella el campo, es en el interior de ella que va a producirse esta relación imaginaria en la cual el sujeto se encontrará tomarlo, y que, yo lo señalo, hace que, en la relación erótica con el otro, por acabada y pujante uno la suponga, tendrá siempre un punto de reducción que pueden tomar como extrapolaciones del diseño erótico entre los sujetos. Es que hay transformación de esta relación primera de a a imagen de a, de esta relación fundamentalmente especular que regla las relaciones del sujeto con el otro.

Hay transformación de esto y una repartición entre, por un lado, el conjunto de los elementos fragmenta del cuerpo, aquéllos con los cuales tenemos que ver, en tanto somos la marioneta, y en tanto que nuestro partenaire es la marioneta. Pero a la marioneta no le faltará más que una cosa, el falo. El falo está ocupado por otra parte, en la función significante.

El sujeto, en tanto se identifica al falo, frente al otro despedazado, en tanto él mismo en presencia de algo que es el falo. Y para poner los puntos sobre las íes, les diré que entre el hombre y la mujer —les ruego detenerse en esto— en la relación, por más amorosa que sea, entre un hombre y una mujer, el deseo se encuentra más allá de la relación amorosa del lado del hombre. Yo entiendo, en tanto que la mujer simboliza el falo, que el hombre encuentra allí el complemento de su ser.

Es la forma, si puedo decir, ideal. Es justamente, en la medida en que el hombre, en el amor, está verdaderamente alienado, que este falo, objeto de su deseo, que reduce sin embargo, en el acto erótico, a la mujer a ser un objeto imaginario, que esta forma del deseo será realizada.

Y es seguramente por esto que es mantenida, en el seno mismo de la relación amorosa más profunda, más íntima, esta duplicidad del objeto sobre la cual yo he insistido tantas veces a propósito la famosa relación genital.

Vuelvo a la idea de que, justamente, si la relación amorosa es aquí acabada, lo es en tanto que el otro dará lo que no tiene, y esta es la definición misma del amor.

Por otro lado, la relación de la mujer con el hombre, que nos place creer muy monogámica, es algo que no presenta menos antigüedad, en esto de que lo que la mujer encuentra en el hombre, es el falo real, y entonces, su deseo encuentra allí, como siempre, su satisfacción. Efectivamente, ella se encuentra en postura y ve una relación de goce satisfactorio.

Pero justamente, es en la medida en que la satisfacción del deseo se produce en el plano real, que aquello que la mujer efectivamente ama, y no desea, es este ser que él es, más allá del reencuentro del deseo, y que es, justamente, el otro, a saber, hombre en tanto privado de falo, en tanto, precisamente por su naturaleza de ser acabado, de ser hablante, es castrado.



índice del seminario 6



Clase 8. Del 14 de Enero de 1959

14 de Enero de 1959



Ya que las últimas veces hemos hablado mucho del deseo, vamos a comenzar a abordar la cuestión de la interpretación. El grafo debe servirnos para algo. Lo que voy a decirles hoy sobre un ejemplo, a saber, sobre la interpretación de un sueño, quiero introducirlo por ciertas consideraciones sobre lo que resulta de las indicaciones que nos da Freud, precisamente, sobre la interpretación del sueño.

He aquí, en efecto, un poco más de cerca, el sentido de la observación de Freud a la que apunto actualmente. Está en el capítulo XII, donde se interesa por el sentimiento intelectual concerniente al sueño. Por ejemplo, en el momento en que el sujeto relata un sueño, tiene el sentimiento de que falta allí algo que ha olvidado, o que algo es ambigüo, dudoso, incierto. En todos estos casos, nos dice Freud, lo que es denunciado por el sujeto a propósito del sueño, en lo que concierne a su incertidumbre, su puesta en duda, su ambigüedad: a saber, es o esto o aquello, no recuerdo más, no puedo decir más, incluso, su grado de realidad, es decir, el grado de realidad con él cual ha sido visto, ya sea que eso fuera algo que se afirma en el sueño con tal grado de realidad que el sujeto lo distinga o, por el contrario, que fuera un sueño; todo esto, nos dice Freud, en estos casos, debe ser tomado como lo que enuncia lo que Freud llama uno de los pensamientos latentes del sueño.

Eso que, en suma, es dicho por el sujeto en nota marginal en lo que concierne al texto del sueño, a saber todos los acentos de tonalidad, eso que en una música se acompaña con anotaciones como 'allegro', 'crescendo', 'decrescendo', todo esto forma parte del texto del sueño.

No pienso que para la mayoría de ustedes, que supongo han ya tomado conocimiento de la Traumdeutung, de la técnica, esto sea nuevo. He ahí algo verdaderamente fundamental para lo que es la interpretación de un sueño. No hago más que recordarlo, pues no tengo tiempo de darles los ejemplos que están en Freud, y los envío al texto de la Traumdeutung. Verán el uso que hace Freud de esa evocación esencial.

Freud interpreta el sueño integrando el sentimiento de duda, por ejemplo, que hay en este sueño, en el momento en que el sujeto lo relata, como uno de los elementos del sueño, sin el cual no podría ser interpretado.

Partimos, entonces, de la interpretación freudiana, y nos planteamos la pregunta de saber lo que esto comporta de implicación.

No basta con aceptar este hecho, o esta regla de conducta, como debiendo ser recibida religiosamente como lo han hecho muchos de los discípulos de Freud, sin buscar ver más lejos, otorgando confianza al inconsciente, de cierta forma ¿Qué implica que Freud nos diga que no es solamente la tensión de vuestro inconsciente lo que está ahí en el momento en que vuestro recuerdo del sueño se sustrae, o por el contrario, se coloca bajo cierta rúbrica, bajo cierto acento?

El dice que esto forma parte de los pensamientos latentes del sueño mismo. Es, pues, aquí, que eso que hemos convenido en llamar el grafo, nos permite precisar, articular de una forma más evidente, más cierta, eso de lo que se trata cuando Freud nos da una regla de conducta en la interpretación del sueño.

He aquí, en efecto, lo que podemos decir. ¿Qué hacemos cuando comunicamos un sueño, sea esto dentro o fuera del análisis? No se ha esperado al análisis para que pudiéramos dar una fórmula de la enunciación de un sueño, que la especifique en el conjunto de las enunciaciones posibles, como teniendo cierta estructura en relación al sujeto. En lo que nosotros podemos aportar como enunciado en un, discurso distinguir legítimamente esto que, en medio de esos enunciados concernientes a los acontecimientos, hay algunos que tienen un valor totalmente digno de ser distinguido respecto del registro significante. Son los enunciados que podemos poner bajo esta rúbrica general: pertenecer al discurso indirecto. Son los enunciados que conciernen a las enunciaciones de otros sujetos. Es eso que es relato de las articulaciones significantes de algún otro. Y muchas cosas se introducen por allí, inclusive otros enunciados, es decir, el rumor, me han contado, Fulano ha afirmado que ha sucedido tal o cual cosa. Esta es la forma, una de las formas más fundamentales del discurso universal. La mayor parte de las cosas de las que nosotros mismos tenemos que rendir cuentas, forman parte de lo que hemos recogido de la tradición de otros. Digamos, pues, un relato de enunciado puro y simple, fáctico, que tomamos por nuestra cuenta. Y por otra parte, esto comporta de una forma latente, la dimensión de la enunciación, la que no es forzosamente puesta en evidencia, sino que lo deviene desee el momento en que se trata de relatar el enunciado de algún otro. Es, posiblemente, asimismo, de nuestro enunciado de lo que se trata. Podemos decir que hemos dicho tal cosa, que hemos dado testimonio ante tal otro, y podemos, incluso, hacernos la enunciación que hemos hecho el enunciado que es completamente falso. Podemos testimoniar que hemos mentido.

Una de las posibilidades es aquélla que retiene nuestra atención por el momento. ¿Qué es lo que hacemos en la enunciación de un sueño? Hacemos algo que no es único en su clase, por lo menos en la forma en que vamos a tener que definirla ahora. Una forma, pues, de la que es interesante subrayar que es la forma espontánea que se tiene frente a un sueño, antes de entrar en la querella de los sabihondos, a saber, que el sueño no tiene ninguna significación, es un producto de descomposición de la actividad psíquica, que es la posición llamada científica que ha sido sostenida durante un período bastante corto de la historia - Freud hacía notar que él no hacía más que reencontrar la tradición. Ya es algo considerable lo que hemos avanzado hasta ahora a saber que la tradición no ha estado jamás sin plantear, al menos en lo concerniente al sueño, un punto de interrogación en cuanto a su significación.

En otros términos, lo que enunciamos al producir el enunciado del sueño, es algo en lo que está dado, en la misma forma bajo la cual nosotros la producimos a partir del momento en que contamos nuestro sueño a algún este punto do interrogación que no es cualquiera, que supone que algo está bajo ese sueño, de lo cual ese sueño es el significante. Quiero decir, podemos escribir esto en nuestra formalización, que se trata de una enunciación, de un enunciado, que tiene él mismo un índice de enunciación, al que se le supone que toma valor, por supuesto, no fáctico.

Es necesario que añadamos allí un acento suplementario para contar esto de una forma y en una dimensión puramente descriptiva.

La actitud que permanece espontánea, la actitud tradicional, de tal modo ambigüa del niño pequeño que comienza a contarles sus sueños, que les dice "esta noche he soñado". Si se observan las cosas, todo sucede como si, en algún momento, se le hubiese descubierto al niño la posibilidad que él tiene de expresar esas cosas. Y esto es a tal punto que muy frecuentemente no se puede verdaderamente saber, en la edad en que comienza esta actividad confidencial del niño concerniente a sus sueños, si después de todo, eso que él les cuenta es verdaderamente algo que él ha soñado, o algo que él les trae porque él sabe que sueña y que se pueden contar los sueños.

Esos sueños del niño tienen el carácter de estar en el límite de la fabulación, como el contacto con un niño lo hace sentir. Pero justamente, si el niño lo produce así y lo cuenta así, es con el carácter de ese pequeño índice de enunciación E(e). Algo está más allá. Con esto, justamente, él juega con ustedes el juego de una pregunta, de una fascinación. Y para decir todo, la fórmula de toda especie de relato concerniente al sueño, sea ella intra o extra analítica, siendo esta E(eE), lo que nosotros diremos ser la fórmula general de algo que, por consiguiente, no le es particular al sueño, es aquélla del enigma.

A partir de ahí, ¿qué es lo que significa eso que Freud quiere decir? Veamos cómo vamos a servirnos del grafo para proyectar allí los diferentes elementos de esta formalización. Puede haber aquí varios modos. El interés estructural del grafo es que es una estructura que nos permite señalar la relación del sujeto con el significante, ya que necesariamente, desde que el sujeto es tomado en el significante - y es esencial que sea tomado ahí - es esto lo que lo define, es la relación del individuo con el significante. Se impone en ese momento una estructura y una red que permanece, por decirlo así, siempre fundamental.

Tratemos de ver ahí como podemos repartir las diversas funciones interesadas en la enunciación del sueño en dicho grafo, en este caso. Eso de lo que se trata, el punto pivote, el enunciado - yo diría - total, el sueño como hecho de creación espontánea, se presenta como algo que, en su primer aspecto, tiene un carácter de relativa totalidad, es el producto de un cierto bloque. Se dice: "he tenido un sueño", se lo distingue de otro sueño que ha seguido y que no es el mismo. Tiene el carácter de ese discurso; se refleja, en tanto que nada hace aparecer allí, en el momento en que nosotros hacemos esa fragmentación, esa descomposición del significante sobre el cual tenemos todo tipo de índices retroactivos, que esa fragmentación incide en la función de todo discurso.

Pero el discurso, por cuanto el sujeto se sostiene allí, suspende a cada instante nuestra elección, en el momento de impulsar un discurso. Sin esto, nuestra manera de comunicar tendría algo de otro modo, arduo.

Ese sueño nos es dado como un todo. Es este enunciado el que se produce, si puedo decir, en el nivel inferior del grafo. Es una cadena significante que se presenta bajo la forma habitual del lenguaje, que es algo sobre lo que el sujeto ha de hacer un relato, una enunciación, ha de situarse en relación a ella, va a hacerlos pasar, justamente, con todos esos acentos que va a poner allí, de mayor o menor adhesión a eso que él les cuenta. Es decir que, en suma, es a nivel del discurso para el otro, que es también el discurso donde el sujeto asume ese sueño, que va a producirse ese algo que acompaña al sueño, y el cómo, por decirlo así, de su posición más o menos asumida por el sujeto. Es decir que aquí, durante el relato de eso que es pasado, se presenta ya, él mismo, en el interior de esto, como lo enunciado del sueño. Es aquí, en el discurso, donde ese sujeto lo asume para ustedes a quienes él les cuenta, que nosotros vamos a ver producirse enes diferentes elementos, esas diferentes acentuaciones, que son más o menos asumidas por el sujeto.

Me parece que esto es pasado, en ese momento.

En ese momento, todo esto se sucede como si tal sujeto fuera al mismo tiempo, tal otro, o se transformara en tal otro. Eso es lo que he llamado hace poco, sus acentos. Esos diversos modos de asunción de lo vivido del sueno por el sujeto, se sitúan aquí en la línea que es la del yo (je) de la enunciación, ya que frente a este acontecimiento psíquico, él lo asume más o menos en su enunciación.

¿Qué quiere decir esto, sino que eso que tenemos ahí es, justamente, lo que en nuestro grafo, se presenta bajo la forma de la línea punteada, discontinua, que les indica como siendo la carácterística de eso que se articula al nivel de la enunciación, en tanto que esto interesa al significante? Observen pues, esto. Si es verdadero que lo que justifica la línea inferior, aquélla sobre la que, en su oportunidad, hemos ubicado esa retroacción del código sobre el mensaje que a cada instante da a la frase su sentido, es unidad frasística es de amplitud diversa; al final de un largo discurso, al final de mi seminario, o al final de todos mis seminarios, hay algo que abrocha retroactivamente el sentido de eso que les he enunciado antes, pero hasta un cierto punto, donde en cada una de las partes de mi discurso, cada uno de los parágrafos, hay algo que se deformó.

Se trata de saber en qué grado más reducido es necesario detenernos, para que este efecto, que llamamos efecto de significación, en tanto que es algo esencialmente nuevo, que va más allá de lo que llamemos los empleos del significante, constituye una frase, constituye, justamente, esta creación de significación, hecha en el lenguaje. ¿Dónde se detiene esto? Se detiene, evidentemente en la unidad más pequeña que sea, y que es la frase, justamente en esta unidad que, en esta oportunidad, se presenta allí de una manera totalmente clara en el relato del sueño, bajo la forma de eso que el sujeto asume o no asume, cree o no cree, o relata algo, o duda de lo que nos cuenta.

Lo que quiero decir es que esta línea o bucle de la enunciación, se hace sobre los fragmentos de frase que pueden ser más cortos que el conjunto de lo que es contado. A propósito de tal o tal parte del sueño, les aporta una asunción por el sujeto, una captura enunciativa de un alcance más corto que el conjunto del sueño. En otros términos, ella introduce una posibilidad de fragmentación de amplitud mucho más escasa en el nivel superior del grafo, que en el nivel inferior.

Esto nos pone sobre la vía de eso que implica Freud, diciendo que este acento de asunción por el sujeto, forma parte de los pensamientos latentes del sueño. Esto nos dice que esta en el nivel de la enunciación y, por otra parte, que implica esta forma de valorización del significante que esta implicada por la asociación libre. Esto es que, si la cadena significante tiene dos aspectos, aquél que es la unidad de su sentido, la significación frasística, lo monolítico de la frase, el holofrasismo, o más exactamente, que una frase puede ser tomada como teniendo un sentido único, como siendo algo que forma un significante, supongamos, transitorio, pero que, en el tiempo en que él existe, se mantiene solamente como tal. Y la otra fase del significante, que se llama asociación libre, y que comporta que, con cada uno de los elementos de esta frase, también se puede ir más lejos en la descomposición, deteniéndose estrictamente en el elemento fonético, algo puede intervenir que, haciendo saltar uno de esos significantes, implante allí, en su lugar, otro significante que lo suplante. Y es allí dentro que yace la propiedad del significante: es algo que se relacióna con ese lado del querer del sujeto. Algo, un incidente, a cada instante lo evoca, que implica, sin que el sujeto lo sepa, y de una manera para él inconsciente, que, en su discurso mismo, dirigido, más allá de su intención algo interviene en la elección de esos elementos de los que nosotros vemos emerger los efectos a la superficie, bajo la forma más elemental del lapsus fonemático, por ejemplo, que se trata de una sílaba cambiada en una palabra, que muestra la presencia de otra cadena significante que puede venir a cortarse con la primera, y entrar a implantar allí otro sentido.

Nos es indicado por Freud que eso, que a nivel de la enunciación, por consiguiente, en apariencia, en el nivel más elaborado de la asunción del sujeto, en el punto donde el yo (je) se ubica como consciente por relación a.... nosotros no diremos su propia producción, ya que, justamente, el enigma permanece íntegro - ¿de quién es este enunciado del que se habla? - el sujeto no decide de eso, si él dice "he soñado"; es con una connotación y un acento propio, que hace que aquello que ha sonado, es también algo que, por relación a él, se presenta como problemático. El sujeto de esta enunciación contenida en el enunciado del que se trata, y con un punto de interrogación, ha estado largo tiempo considerado como siendo Dios antes de llegar a ser el él-mismo del sujeto. Esto casi lo tenemos con Aristóteles...

Para volver a ese más allá del sujeto que es el inconsciente freudiano, toda una oscilación, toda una vacilación se produce, que lo deja en una permanente pregunta por su alteridad. Y eso que de aquello el sujeto retoma luego, es de la misma naturaleza despedazante, tiene el mismo valor de elemento significante que eso que se produce en el fenómeno espontáneo de sustitución, de desorden del significante, que es eso que Freud nos muestra como la vía normal para descifrar el sentido del sueño.

En otros términos, la fragmentación que se produce en el nivel de la enunciación, en tanto que la enunciación es asunción del sueño por el sujeto, es algo de lo que Freud nos dice que está sobre el mismo plano, y es de la misma naturaleza que esto, de lo que el resto de la doctrina nos muestra como la vía de la interpretación de sueño, a saber, la descomposición significante máxima, el deletreo de los elementos significantes ya que es en este deletreo que va a residir la valoración de las posibilidades del sueño, es decir, de sus entrecruzamientos, de esos intervalos que él deja, y que no se manifiestan más que en tanto que la cadena significante está relaciónada, recortada, entrecruzada por la otras cadenas; que, a propósito de cada uno de los elementos del sueño, pueden entrecruzarse, entremezclarse con la primera.

Y en otros términos, es, y de una manera mucho más ejemplar en el sueño que en cualquier otro discurso, esto es, por otra parte, que en el discurso del sujeto, en el discurso actual, nosotros hacemos vacilar, dejamos desengancharse de la significación actual eso que, de significante está interesado en la enunciación, es en esta vía que nos aproximamos a lo que, en el sujeto es llamado inconsciente en la doctrina freudiana.

Es en la medida en que el significante está interesado, es en las posibilidades de ruptura de este inconsciente, que yace eso sobre cuya pista estamos, eso que, para volver a encontrar, estamos ahí, es, a saber eso que ha pasado de esencial en el sujeto que mantiene ciertos significantes en la represión. Y ese algo va a permitirnos ir sobre la vía, precisamente, de su deseo, a saber, de ese algo del sujeto que es mantenido en esa captura por la red significante, debe pasar, por así decir, para ser revelado, a través de esas mallas, está sometido a ese filtro, a ese clivaje del significante y que es eso que nosotros tenemos como propósito restituir y restaurar en el discurso del sujeto.

¿Cómo podemos hacerlo? ¿Qué significa que podamos nosotros hacerlo? Les he dicho, el deseo esté esencialmente ligado; por la doctrina, por la práctica, por la experiencia freudiana, en esta posición, está excluido, enigmático, donde él se instala en relación al sujeto está (ndo) esencialmente ligado a la existencia del significante reprimido como tal, y su restitución, su restauración, esta ligada al retorno de esos significantes. Pero esto no quiere decir que la restitución de eso significantes enuncie pura y simplemente el deseo. Es otra cosa lo que se articula en esos significantes reprimidos, y que es siempre una demanda; el deseo es otra cosa, ya que el deseo es algo por lo que el sujeto se sitúa, por el hecho de la existencia del discurso, en relación a esta demanda.

No es de eso que él demanda de lo que se trata. Es de eso que es(tá) en función de esta demanda, es eso que es en la medida en que la demanda es(tá) reprimida, esté enmascarada. Y es esto lo que se expresa de una forma velada en el fantasma de su deseo. Es su relación a un ser del que no se trataría, si no hubiera allí demanda, discurso, que es fundamentalmente el lenguaje, pero del que comienza a ser cuestión a partir del momento en que el lenguaje introduce esta dimensión del ser y, al mismo tiempo, la oculta. La restitución del sentido del fantasma, es decir, de algo imaginario aparecido entre las dos líneas, entre el enunciado de la intención del sujeto, y ese algo en el que de una manera descompuesta, lee que esta intención está profundamente dividida, fragmentada, refractada por el lenguaje; entre las dos líneas, esta ese fantasma donde habitualmente él suspende su relación al ser.

Pero este fantasma es siempre enigmático, más que cualquier otro. ¿Y qué es lo que quiere (veut)? Esto: que nosotros lo interpretemos. Interpretar el deseo es restituir aquello a lo cual el sujeto no puede acceder por sí mismo, solo; a saber, el afecto que designa en el nivel de ese deseo que es el suyo - hablo del deseo preciso que interviene en tal o cual incidente de la vida del sujeto, del deseo masoquista del deseo suicida, del deseo oblativo, según el caso. Se trata de qué eso que se produce de una forma cerrado para el sujeto, al retomar su lugar, su sentido en relación al discurso enmascarado que está interesado en ese deseo, retoma su sentido verdadero, aquél que es definido, por ejemplo, por eso que llamaría los actos posicionales en relación al ser. Es eso que llamamos amor, odio o ignorancia, esencialmente, y otros términos aún de los que será necesario que hagamos el recorrido y el catálogo. Ya que eso que se llama afecto no es ese algo pura y simplemente opaco y cerrado que seria una especie de más allá del discurso, una especie de conjunto, de nudo vivido del que no se sabe de qué cielo nos cae. Pero ya que el afecto es, precisamente, siempre, algo que se connota en una cierta posición del sujeto por relación al ser, quiero decir, por relación al ser en tanto que eso que se le propone en su dimensión fundamental es simbólico o bien que, por el contrario, en el interior de ese simbólico representa una irrupción de lo real, esta vez, muy perturbador.

Y es muy difícil no percibir que un afecto fundamental como el de la cólera, no es otra cosa que esto: lo real que llega en el momento en que nosotros hemos hecho una muy bella trama simbólica, o todo va muy bien, el orden, la ley, nuestro mérito y nuestra buena voluntad. Uno se da cuenta de golpe, que las clavijas no encajan en los pequeños agujeros. Este es el régimen del afecto de la cólera: todo se presenta bien para el puente de barcos en el Bósforo, pero hay una tempestad que hace agitar el mar. Toda cólera es hacer agitar el mar.

Por otra parte, puesto que es algo que se relacióna con la del deseo mismo, es también algo que determina una forma de afecto sobre la cual volveremos. Pero el afecto es esencialmente, y como tal, al menos para toda una categoría fundamental de afectos, la connotación carácterística de una posición del sujeto, de una posición que se sitúa, si vemos esencialmente las posiciones posibles en esta puesta en juego, puesta en trabajo, puesta en obra de él-mismo, en relación a las líneas necesarias, que le impone, como tal, su envoltura en el significante.

Veamos ahora un ejemplo. Este ejemplo lo he tomado de la posteridad de Freud, nos permite articular bien eso que es análisis. Y para proceder de una manera que no deje lugar a una elección especialmente arbitraria, he tomado el capitulo V del Análisis de los Sueños, donde el autor toma como ejemplo el análisis de un sueño simple, quiero decir, de un sueño que ella toma como tal, impulsando como tal, impulsando con ello hasta el fin, su análisis. Entiendan bien que, en los capítulos precedentes, ella ha mostrado un cierto número de perspectivas, de leyes, de mecanismos, por ejemplo, la incidencia del sueño en la práctica analítica, o incluso más lejos, los problemas planteados por el análisis del sueño, o de lo que sucede en los sueños de personas analizadas. Lo que hace el punto pivote de este libro es, justamente, el capítulo en el que ella nos da un ejemplo singular de un sueño ejemplar en el cual pone en juego, en acción, ilustra todo esto que ella puede tener, por otra parte, para hacernos conocer, concerniente a la forma en la que la práctica analítica nos muestra que debemos ser efectivamente guiados en el análisis de un sueño, y fundamentalmente lo esencial que es lo que prácticamente aporta de nuevo luego de la Traumdeutung, que un sueño no es simplemente algo que revé tener una significación —eso es de la Traumdeutung—, sino algo que, en la comunicación analítica, en el diálogo analítico, y que justamente el sueño viene de una manera activa y determinada, a acampanar el discurso analítico para aclararlo, para prolongar sus caminos, que el sueño es un sueño, al fin de cuentas, hecho no solamente para el análisis, sino a menudo, para el analista.

El sueño, en el interior del análisis, se encuentra, en suma, como portador de un mensaje. La autora en cuestión no retrocede. No más que los autores que luego han tenido que hablar del análisis de los sueños.

Se trata solamente de saber qué pensamiento, qué acento le daremos. Y ustedes lo saben. He llamado la atención ahí en mi relato de Royaumont, ésta no es la pregunta menos que plantea la cuestión del pensamiento respecto al sueño, que algunos autores creen poder desviarse de esto, ya que ven allí algo así como una actividad; al menos seguramente es algo...

Quiero decir que el hecho de que el sueño se presente como materia de discurso, como materia de elaboración discursiva, es algo que, si no nos damos cuenta de que el inconsciente no está en ninguna otra parte que en las latencias, no de no sé qué base psíquica en la que estaría en estado inconstituido, sino más bien en tanto inconsciente de este lado donde —ésta es otra cuestión— es inmanente a la formulación del sujeto, al discurso de él-mismo, a su enunciación. Veremos cómo es legitimo tomar el sueño, como siempre ha sido considerado, por la vía regia del inconsciente.

He aquí, entonces, cómo se presentan las cosas en ese sueño que nos presenta la autora. Voy a comenzar por leer el sueño mismo, voy a mostrar la forma en que se plantean los problemas en su caso. Ella nos da, en primer lugar, una breve advertencia sobre el sujeto, la que nosotros vamos a tener muy en cuenta. Todo el capítulo debe ser revisto, criticado, para permitirnos comprender cómo lo que ella nos enuncia es, a la vez, aplicable, mejor que en cualquier otro registro, sobre las marcas que son las nuestras, y cómo, al mismo tiempo, posiblemente estas marcas podrán permitirnos orientarnos mejor.

El paciente llega ese día a su sesión en ciertas condiciones que luego contaré. Es sólo luego de ciertas asociaciones, de las que ustedes verán cuáles son extremadamente importante que él recuerde. Esto me recuerda -volveré sobre esas asociaciones naturales. "No sé por qué acabo de pensar ahora —dice él— en mi sueño de la última noche. Era un sueño terrible, tremendo, el sueño duraba una eternidad. No voy a poder darle la lata con esto, por la buena razón de que no recuerdo nada de él. Pero era un sueño muy excitante, pleno de incidentes y pleno de interés. Me desperté caliente y transpirado."

El dice que no recuerda de esta infinidad de sueño, de este mar de sueño, pero lo que surge es esto: una escena bastante corta que "él nos va a contar". "He soñado que hacía un viaje con mi mujer". Hay aquí un matiz muy gracioso que, posiblemente, no ha sido suficientemente acentuado en cuanto al orden normal de los complementos en la lengua inglesa. No creo, sin embargo, equivocarme, diciendo que "yo había emprendido (entrepris) un viaje con mi mujer alrededor del mundo", es algo que merece ser notado. Hay una diferencia entre "un viaje alrededor del mundo con mi mujer" lo que parecería el orden francés normal de los complementos circunstanciales (un voyage autour du monde avec ma femme), y "he emprendido un viaje con mi mujer alrededor del mundo" (j'ai entrepris un voyage avec ma femme autour du monde). Creo que aquí la sensibilidad del oído en inglés debe ser la misma. "Llegábamos a Checoslovaquia, en donde todo tipo de cosas sucederían. Yo encontraba una mujer en la ruta. Una ruta que ahora no puedo recordar, que le he descripto en otros dos sueños hace algún tiempo, y en los cuales yo tenía un juego sexual con una mujer delante de otra mujer".

Es allí, y con motivo de que la autora cambia de tipografía, ya que es esta una reflexión lateral: "así es que eso sucedía en el sueño". Esta vez retoma el relato del sueño. "Mi mujer estaba allí mientras que el evento sexual se producía. La mujer que yo encontraba tenía un aspecto muy apasionado (very passioned looking). Y allí, cambio tipográfico con motivo, porque es un comentario, es ya una asociación: "Y esto me hace acordar a una mujer que había visto en la víspera, en un restaurant. Ella era morena (dark) y tenía los labios muy llenos, muy rojos (passioned looking)". Igual expresión, igual aspecto apasionado. "Y era evidente que, si le hubiera dado el menor estímulo, ella hubiera respondido. Ella bien puede haber estimulado ese sueño. En ese sueño la mujer quería tener una relación sexual conmigo, y ella tomaba la iniciativa, lo que, como Usted sabe, es algo que me ayuda mucho." Y comenta: " Si la mujer quiere hacer esto, es una gran ayuda para mí. En el sueño la mujer realmente estaba sobre mí. Esto se me acaba de ocurrir. Ella tenía la intención, evidentemente, de introducirse mi pene. Yo no estaba de acuerdo, pero ella estaba muy decepcionada, de manera que pensé que debería masturbarla." (But she was so disappointed I thought that I would masturbate her). Aquí retoma el comentario: "Suena completamente mal (wrong) usar este verbo de forma intransitiva: se debe decir 'yo me masturbo". Es propio del verbo inglés no tener la forma reflexiva que hay en la lengua francesa. Cuando dice "I masturbate", en inglés, quiere decir "yo me masturbo". Eso es totalmente correcto, pero es totalmente incorrecto, observa él, usar una palabra transitiva.

La analista no deja de hacer un gesto sobre esta observación del sujeto. Y el sujeto hace, en efecto, algunas observaciones confirmativas a propósito de esto, comienza a asociar sobre sus propias masturbaciones. Y no se detiene allí, por otra parte.

He aquí el enunciado de ese sueño. Debo atraer el interés a eso que vamos a decir. Es, debo decir, un modo de exposición totalmente arbitraria, en cierta forma; podría exagerar en esto. No crean, tampoco, que sea ésta la vía sistemática sobre la cual les aconsejo apoyarse para interpretar un sueño. Es solamente con el fin de arrojar un jalón que muestre eso que vamos a tratar de ver, y de demostrar.

Del mismo modo que en el sueño de Freud, tomado por Freud, sueño de muerte del que hemos hablado, hemos podido designar de una manera a la que han podido ver que no le falta artificio, cuales son los significantes en los que él esta muerto según su deseo, que su hijo anhelaba; igualmente aquí se lo verá en cierta forma, el punto donde culmina efectivamente el fantasma del sueño, a saber, "yo no estaba de acuerdo, pero ella estaba muy desilusionada, de manera que pensé que debería masturbarla", con el comentario que el sujeto hace enseguida de que es totalmente bizarro emplear ese verbo transitivamente... Todo el análisis del sueño va a mostrarnos que es, efectivamente, reestableciendo esta transitividad del verbo, que encontramos el verdadero sentido de lo que se trata.

¿Ella está muy desilusionada, de qué? Parece que todo el texto del sueño lo indica suficientemente: a saber, del hecho de que nuestro sujeto no es muy participativo, aunque él indique que en el sueño todo sea hecho para incitarlo. A saber, que a él lo ayudaría mucho, normalmente, tal posición. Sin duda, es de eso de lo que se trata. Y diremos que la segunda parte de la frase cae bien en eso que Freud nos articula como siendo una de las carácterísticas de la formación del sueño, la elaboración secundaria, que se presenta como teniendo un contenido comprensible.

Sin embargo, el sujeto mismo nos hace observar que esto no viene solo, ya que el verbo mismo que él emplea es algo de lo que él nos indica que no encuentra que este empleo suene bien.

Incluso, según la aplicación de la fórmula que nos da Freud, debemos retener esta observación del sujeto como que nos pone sobre la vía, sobre la huella de eso de lo que se trata. A saber, del pensamiento del sueño. Y allí esta el deseo. Al decirnos "I thought", debe comportar como continuación que la frase sea restituida bajo la siguiente forma: "I thought she could masturbate", lo que es la forma normal en la cual el deseo (voeu) se presentaría: que ella se masturbe, si no está contenta. El sujeto nos indica aquí con bastante energía, que la masturbación concierne a una actividad que no es transitiva, en el sentido de lo que pasa del sujeto a otro, sino, como él lo expresa, intransitiva. Lo cual quiere decir en esta ocasión, una actividad del sujeto sobre sí mismo. Y lo subraya verdaderamente bien: cuando se dice "I masturbate", eso quiere decir "yo me he masturbado".

Este es un procedimiento de exposición, pues la importancia no esta, bien entendido, en cortar sobre ese sujeto, aunque, lo repito, sea importante darnos cuenta de que aquí, de ahora en más, inmediatamente, la primera indicación que nos da el sujeto, sea una indicación, en el sentido de la rectificación de la articulación significante.

¿Qué es eso que nos permite esta rectificación? Es, más o menos, esto: Todo lo que vamos a considerar ahora, es, en el primer abordaje, la entrada en juego de esta escena, de esta sesión. La autora la ofrece por una descripción que no es, necesariamente, una descripción general del comportamiento del sujeto. Incluso, ella hasta nos ha ofrecido un pequeño preámbulo de lo que concierne a su constelación psíquica. En breve, vamos a volver aquí, ya que eso que ella ha admitido en esas premisas se reencontrará en sus resultados. Resultados que vamos a criticar.

Para ir enseguida a lo esencial, quiero decir, a eso que nos va a permitir avanzar, vamos a decir que ella nos hace observar que ese sujeto es un sujeto, evidentemente, muy dotado, y que tiene un comportamiento, se lo verá cada vez mejor a medida que vayamos centrando las cosas. Es un sujeto de cierta edad, ya casado, que tiene una considerable actividad en el foro. Y ella nos dice, y esto vale la pena que sea puesto de relieve en los términos propios de los que el sujeto se sirve, que desde que el sujeto ha comenzado su actividad profesional, ha desarrollado severas fobias.

Para exponer las cosas brevemente, es a eso que se limita la exposición del mecanismo de la fobia. Esto significa, nos dice ella - y nosotros le damos crédito, pues es una de las mejores analistas, una de las más intuitivas, penetrantes, que haya existido - "no que él no se atreva a trabajar con éxito (succesfully), sino que él debe parar de trabajar, en realidad, porque él sólo será demasiado succesful, exitoso".

La nota que la analista aporta aquí, es que eso de lo que se trata no es de afinidad con el fracaso, sino que el sujeto se detiene, si lo puedo decir, ante la posibilidad inmediata de puesta en relieve de sus facilidades, es algo que merece ser retenido. Verán ustedes qué uso haremos de esto más adelante.

Dejemos de lado eso que, desde el principio, la analista indica como siendo algo que puede ser aquí puesto en relación con el padre. Volveremos allí. Sabemos solamente que el padre se muere cuando el sujeto tiene tres años. Y que durante muy largo tiempo, el sujeto no tiene en cuenta a ese padre, más que precisamente, al decir que esté muerto. Eso que, con razón, retiene la atención de la analista, en ese sentido que ella escucha por allí, eso que es bien evidente, que él no quiere acordarse para nada de que su padre haya vivido. Esto no parece muy posible de ser discutido - y que cuando él se acuerda de la vida de su padre, seguramente, dice ella, es un acontecimiento totalmente "starting" (lo aterroriza). Produce en él una especie de terror.

Muy pronto, la posición del sujeto del análisis implicará que los deseos de muerte que el sujeto ha podido tener respecto de su padre, está (n) ahí, en el resorte de este olvido y de toda la articulación de su deseo, ya que el sueño lo revela. Entendamos bien que nada, van a verlo, nos indica de ninguna forma que se trate de la intención agresiva en tanto que ella estaría en el origen de un deseo de retorsión. Es esto, justamente, lo que un atento estudio del deseo nos permitirá precisar.

En efecto, ¿qué nos dice la analista de este sujeto? Ella nos dice esto: "Ese día, como los otros días, yo no lo había escuchado llegar". Allí hay un párrafo muy brillante concerniente a la proposición extraverbal del sujeto, y que corresponde a una cierta conducta. A saber, todos esos pequeños incidentes de su comportamiento, que un analista que tiene ojo sabe observar.

Allí, ella nos dice: jamas lo escuchaba llegar. Se comprende en el contexto, que se llaga al consultorio subiendo una escalera. "Los hay que suben los escalones de dos en dos, y aquellos que descubro por un pifff pifff ". La palabra inglesa no tiene equivalente en francés y quiere decir un ruido amortiguado, sordo, ese ruido que hace un pie sobre una escalera cubierta con moquette, y que se hace un poco más fuerte si se suben dos escalones a la vez. "Otro llega, se precipita...", todo el capítulo es como esto, y es muy sabroso, literalmente. Por otra parte es un puro rodeo, pues la cosa importante es eso que hace el paciente.

El paciente tiene esta actitud de perfecta corrección un poco afectada, que no cambia jamás. El jamás va al diván más que de una sola manera. Hace siempre un pequeño saludo perfectamente convencional, con la misma sonrisa. Una sonrisa solamente gentil, que no tiene nada de forzada, y que tampoco encubre una manifestación de los impulsos hostiles. Aquí, el tacto de la analista estuvo muy bien, no hay nada que pueda revelar que algo semejante exista allí. Nada es dejado al azar, las vestimentas son perfectamente correctas, ni un pelo fuera de su sitio. El se instala, cruza sus piernas, está muy tranquilo. Y jamás, ninguna especie de acontecimiento.

Eso que él contara durante la hora, lo hará de una manera clara, con una excelente dicción, sin ninguna vacilación, con muchas pausas, esa voz diferente y totalmente igual. Todo lo que él piensa, y jamás, agrega ella, lo que él siente.

Lo que es necesario pensar de esta distinción del pensamiento y del sentimiento, seguramente nosotros seremos de misma opinión frente a una presentación como ésta, lo importante es, evidentemente, saber qué significa este modo particular de comunicación. Todo analista pensaría que hay en el sujeto algo a lo que teme mucho, una especie de esterilización del texto de la sesión, ese algo que debe hacer desear a la analista, algo que nosotros sintiéramos en la sesión como más vívido. Pero naturalmente, el hecho de expresarse así también debe tener un sentido. Y la ausencia de sentimientos, como ella expresa, no es, por otra parte, algo que no tenga absolutamente nada que aportar al capitulo sentimental.

Antes he hablado del afecto, como concerniente a la relación del sujeto al ser, y revelándolo. Debemos preguntarnos en esta ocasión qué puede comunicarse por esta vía.

La analista, ese día, está impresionada por esto que, en el centro de ese cuadro que se distingue por una severa rectitud, un precaverse consigo mismo del sujeto, algo se produce, que ella, hasta ese momento, no ha escuchado jamás. El llega a su puerta y, justo antes de entrar, hace 'hum, hum'. Eso no es mucho aún, es la más discreta de las toses. Era una mujer muy apasionada, ardiente, todo lo indica en su estilo: fue institutriz o algo así antes de ser analista éste es un buen punto de partida para la penetración de los hechos psicológicos-, y es indudable, una mujer de gran talento. Ella escucha esta pequeña tos como la llegada de la paloma al arca de Noé. Esta tos es anunciadora. Hay algo detrás: el lugar donde viven los sentimientos. "Oh, pero yo no voy a hablarle jamás de esto, porque si digo una palabra, él va a tragarse lo que iba a decir". Esta es la posición clásica en casos parecidos, no hacer jamás al paciente referencias, en cierta etapa de su análisis, sobre su comportamiento físico, su manera de acostarse, de abrocharse o desabrocharse la chaqueta; todo esto implica la actitud motriz reflexiva sobre el propio cuerpo, ya que esto puede tener valor de señal, porque esto toca profundamente a eso que es del registro narcisista.

Está ahí eso que distingue el poder de la dimensión significante, ya que ella se escucha, que ella se expone sobre todo eso que es del registro de lo vocal, es que esta regla no se aplicaría a algo como una pequeña tos, porque una tos, por pequeña que sea, e independientemente de eso, que allí no da precisión de un acontecimiento puramente somático, del mismo registro que esos 'hum, hum' que algunos analistas hacen algunas veces.

La prueba es que, para su gran sorpresa, es la primera vez que el sujeto habla de eso. El dice, exactamente con su tono ordinario, totalmente igual, pero muy deliberado: "He observado esa pequeña tos que he tenido justo antes de entrar a la habitación. Estos últimos días he tosido; yo lo he observado y me pregunto si Usted lo ha observado. Cuando la recepcionista, abajo, me dijo que suba, preparé mi espíritu diciéndome que no quería toser. Para mi gran fastidio, igualmente tosí justo cuando terminé de subir la escalera. Es lo mismo que algo parecido pudiera sucederle a Usted, fastidioso, pues llaga a Usted y para Usted, por sí mismo. Uno se pregunta por qué eso pudo llegar, a qué propósito puede servir una tosecita de esta especie".

La analista avanza con la prudencia de la serpiente, y vuelve a lanzar. "Pero sí, a qué propósito puede servir esto". "Evidentemente —dice él—, es algo que uno es capaz de hacer si entra a una habitación donde hay amantes". El cuenta que ha hecho algo parecido en su infancia, antes de entrar en la habitación donde estaba su hermano con su girl friend. El había tosido antes de entrar, porque posiblemente ellos estaban a punto de besarse, y que más valía que se detuvieran antes, y que, de esta manera, se sentirían menos embarazados que si él los hubiera sorprendido.Ella vuelve a lanzar: "¿A qué puede servir esto de que Usted tosiera antes de entrar aquí?".

"Sí, es un poco absurdo —dice él— porque, naturalmente, yo no puedo preguntarme si hay alguien aquí, ya que si se me ha dicho abajo que suba, es porque no hay nadie aquí. No hay ninguna especie de razón que yo pudiera ver en esta pequeña tos. Y esto me trae a la memoria una fantasía, un fantasma que he tenido en otra época, cuando era niño. Era un fantasma que concernía a esto, estar en una habitación en la que no habría debido estar, y pensar que alguien podría entrar, pensando que yo estaba allí. Y entonces, para impedir que cualquiera entre (come in) y me encuentre allí, yo podría ladrar como un perro. Eso disfrazaría mi presencia, porque aquél que pudiera entrar se diría: 'oh, no es más que un perro quien está allí '." "A dog" —vuelve a lanzar la analista con prudencia.

"Esto me recuerda —continúa el paciente, bastante cómodamente— un perro que venía a frotarse contra mis piernas: realmente él se masturbaba. Y yo tenía bastante vergüenza de contarle esto, porque yo no lo detuve, lo dejé continuar, y alguien hubiera podido entrar". Sobre esto, él tose ligeramente. Y es sobre esto que él entronca su sueño.

Retomaremos la próxima vez, pero de ahora en adelante, esta eso que no veremos más que aquí: el recuerdo mismo del sueño que ha venido inmediatamente después de un mensaje conforme a toda probabilidad -y por otra parte, la autora no dudará de esto, y lo hará entrar en el análisis del sueño, y totalmente en el primer plano. Esta pequeña tos era un mensaje, pero se trata de saber de qué. Pero ella estaba por otra parte, en tanto que el sujeto ha hablado de esto, es decir, en tanto que él ha introducido el sueño, un mensaje en segundo grado. A saber, de la manera más formal, no inconsciente: un mensaje que era mensaje, porque el sujeto no dijo simplemente que él tosía. El habría dicho igualmente "he tosido", esto ya es un mensaje. Pero además, él dice "he tosido y esto quiere decir algo" ,e inmediatamente después, él comienza a contarnos historias que son singularmente sugestivas. Esto quiere decir, evidentemente: yo estoy allí. Si usted esta por hacer algo que le divierte , y que no le divertiría que esto sea visto es tiempo de poner allí un término.

Pero eso no seria ver justamente aquello de lo que se trata si no nos damos cuenta también de eso que al mismo tiempo es aportado.

En esto que se presenta como teniendo todos los aspectos del fantasma. En principio, porque el sujeto lo presenta como tal, y como un fantasma desarrollado en su infancia, y más aún, porque puede ser si el fantasma se produce en relación a otro objeto, es totalmente claro que nada realiza mejor que ese fantasma, aquél del cual él nos habla cuando nos dice: he pensado en disimular mi presencia - yo diría, como tal, como presencia de verme, el sujeto —en una habitación— muy precisamente, haciendo algo de lo que es bien evidente que seria totalmente hecho para llamar la atención; a saber, ladrar.

Esto tiene todas las carácterísticas del fantasma que cumple mejor las formas del sujeto, ya que es por efecto del significante que se encuentra adornado. Es, a saber, el uso por el niño de eso que se presenta como siendo ya los significantes naturales para servir de atributo a algo que se trata de significar. El niño que llama a un perro 'guau, guau'. Allí estamos incluidos en una actividad fantasmática. Es el sujeto mismo quien se atribuye a sí mismo el 'guau, guau'. Si, en suma, aquí él se encuentra señalando su presencia, de hecho él la señala en tanto que, en el fantasma —ese fantasma siendo totalmente inaplicable— es por su manifestación misma, por su palabra misma, que él es sensato al hacer otro que no es él, atrapado en el dominio de la palabra, hacerse animal, producirse ausente, naturalizado literalmente. Uno no va a ir a verificar que él está allí, porque él se habrá hecho, presentado, articulado, en un significante de lo más elemental, como no siendo: no hay nada allí, pero literalmente: no hay nadie allí. Es, verdaderamente, literalmente, eso que nos anuncia el sujeto en su fantasma. En tanto que estoy en presencia de otro, yo no soy nadie (personne). Es allí que él es Ulises frente al cíclope.

No están ahí más que los elementos. Pero eso que vamos a ver, llevando más lejos el análisis, es que es eso que el sujeto ha asociado a su sueño, lo que va a permitirnos ver cómo se presentan las cosas, a saber, en qué sentido, y cómo, no es, él, nadie (personne).

La cosa no es sin correlativos de costado, precisamente. De lo otro que se trata de advertir allí, a saber, en la ocasión en que se encuentra siendo, como en el sueño, una mujer. Eso que no está, ciertamente, para nada en la situación, esa relación con la mujer como tal.

Eso que él va a permitirnos articular concerniente a algo que el sujeto no es, no quiere ser, no puede ser, ustedes lo verán, es algo que nos dirigirá hacia lo más fundamental, lo hemos dicho, los símbolos concernientes a la identificación del sujeto.

Sí, el sujeto quiere, como todo lo indica, que su partenaire femenina se masturbe; se ocupa de ella, esto es seguramente porque ella no se ocupa de él. Porque él no quiere que ella se ocupe de él, y cómo él no quiere. Es también eso que hoy, al final del tiempo que tenemos asignado normalmente para esta sesión, no nos permite articular, y eso que retomaremos la próxima vez.


índice del seminario 6




Clase 9. Del 21 de Enero de 1959

21 de Enero de 1959




Habíamos quedado la ultima vez en medio del análisis de lo que Ella Sharpe llama el sueño singular, único, al cual ella consagra un capitulo en el que converge la parte culminante de su libro. Luego vienen los complementos que ella agrega.

Su libro tiene la originalidad de ser un libro importante sobre los sueños, hecho después de treinta años de experiencia analítica general. Los seminarios de Ella Sharpe representan experiencias referidas a los treinta años precedentes.

Ese sueño, que ha sido el objeto de una sesión de su paciente, es un sueño extremadamente interesante, y los desarrollos que da, la conexión que establece no sólo entre las asociaciones del sueño, aún interpretación, si no todo el mensaje de la sesión en su conjunto. El mérito se acuerda ya que ello indica en ella una gran sensibilidad en la dirección, en el sentido del análisis.

Es, por otra parte, sorprendente, ver que ese sueño del que contaré los términos - veremos cómo lo interpreta línea por línea, como conviene hacerlo -, ella lo interpreta en el sentido de un deseo ligado a un anhelo (voeu) de omnipotencia de su paciente.

Veremos eso en detalle. Esté justificado o no, desde ahora deben pensar que, si ese sueño nos interesa, es aquí por el sesgo por el que trato de mostrarles lo que hay de ambigüo y de engañador en esa noción unilateral, la que comporta ese anhelo (voeu) de omnipotencia, las posibilidades, las perspectivas de potencia, de lo que podemos llamar deseo (voeu): neurótico.

¿Es de la omnipotencia del sujeto de lo que siempre se trata? He introducido aquí esta noción. Es bien evidente que la omnipotencia de la que se trata, aunque sea la omnipotencia del discurso, no implica para nada que el sujeto se sienta el soporte y depositario de esto. Que si tiene que ver con la omnipotencia del discurso, es por la intermediación del otro que él profiere.

Esto es muy particularmente olvidado en la orientación que Ella Sharpe da a su interpretación del sueño.

Y, para comenzar por el final, verán que probablemente no lleguemos a anudar eso en esta lección, porque un trabajo tan elaborado supera un mundo, un mundo del que uno se percata, al fin de cuentas, de que casi nada ha sido dicho, aunque sea ese el terreno sobre el que operamos siempre.

Comienzo, pues, a indicar lo que va a aparecer al final. Veremos en detalle cómo ella argumenta sobre el tema de su anhelo (voeu) de omnipotencia, de su anhelo de omnipotencia agresiva, subraya Ella Sharpe. Ese paciente del que nos da todas las coordenadas, pero que se encuentra teniendo las mayores dificultades en su profesión - esta en el colegio de abogados -, dificultades de las que el carácter neurótico es tan evidente, que ella las define de una manera muy matizada, porque precisa que no se trata tanto de fracaso, como de miedo a triunfar.

Ella había destacado en la modulación de la definición de síntoma, algo que merecería retenernos mejor por el clivaje, la sutileza evidente el matiz aquí introducido en el análisis.

El enfermo, que tiene otras dificultades que las que se producen en su trabajo, que tiene, ella misma nos lo señala, dificultades en el conjunto de las relaciones con los otros sujetos, relaciones que desbordan sus actividades profesionales, que pueden expresarse especialmente en los juegos, particularmente en el tenis, como veremos en las indicaciones que ella nos da a continuación sobre otras acciones. Ella indica el esfuerzo que él ha debido hacer, lo que le seria muy necesario al momento de superar un set o un partido, "to corner", arrinconar a su adversario, acorralarlo en un rincón del "court" para tirar, como es clásico, la pelota al otro rincón, donde no la alcanzará. Es el ejemplo del tipo de dificultades que seguramente tiene el paciente. Y no será de poco apoyo que síntomas como ése puedan ser aquilatados por el analista para con firmar que se trata, en el paciente, de una dificultad en manifestar su potencia o, más exactamente, su poder.

Ella intervendrá, pues, de una cierta manera, se encontrará regocijada por cierto número de reacciónes que van a seguir, lo que será el momento cumbre en que va a apuntar, donde ella desea, en el verdadero sentido en que lo definimos, podríamos casi apuntar que lo que ella enfoca es, justamente, lo que localizaríamos en una cierta referencia en relación a la demanda.

Ustedes lo verán, es eso. Seguramente ese deseo ella lo interpreta de una cierta manera, en el sentido de un conflicto agresivo, ello lo pone sobre el plano de una referencia esencial y profundamente dual del conflicto imaginario.

Mostraré también por qué se justifica que ella aborde las cosas por me sesgo. Sólo planteo aquí la cuestión: podemos considerar como una sanción de la oportunidad de ese tipo de interpretación dos cosas que ella nos va a declarar.

La primera, siguiendo el esbozo de su interpretación de tipo dual, del tipo de interpretación de la agresividad del sujeto fundada sobre un retorno, sobre una transferencia del deseo (voeu) de omnipotencia. Ella nota algo espantoso, sorprendente en un sujeto adulto, de lo que el sujeto le da esta respuesta: de que por primera vez desde los tiempos inmemoriales de su infancia, se ha hecho pis en la cama. Volveremos allí en detalle, para puntuar dónde se plantea el problema.

Y en algunos días después de esa sesión, la que ella erigió porque el sujeto cuenta un bello sueno, que ha sido un momento crucial del análisis; en el tenis, donde precisamente se encuentra teniendo esos embarazos bien conocidos por todos los jugadores de tenis, que pueden dar la ocasión de observarse un poco sobre la forma en que ponen en ejecución sus capacidades, y de lo que también se les escapa a veces, cual es la recompensa última de una superioridad que conocen, pero no pueden manifestar sus partenaires habituales, con esa sensibilidad respecto de las dificultades, de los impasses inconscientes que forman, al fin de cuentas, la trama de ese juego de los carácteres, de las formas en las que se impone entre los sujetos el ruido o chatarra del dialogo, la burla, la broma, la superioridad asumida, el burlarse como siempre a propósito del partido perdido y se encoleriza tanto como para tomar a su adversario en broma, y encerrarlo en una esquina del court, intimándole la orden de no recomenzar jamás esa suerte de chanza.

No digo que nada funda la dirección, el orden en que Ella Sharpe planteaba su interpretación. Ustedes verde que, sobre la base de la más fina disección del material, que los elementos de los que ella se ha servido son situados, son comprobados por ella. Trataremos de ver qué ideas a priori, qué ideas preconcebidas, a menudo fundadas - después de todo, jamás un error se engendra sino en cierta falta de la verdad, fundadas sobre otra cosa que ella no sabe articular, aunque ella nos da —es lo más precioso de esta observación— los elementos, el otro registro, pero al otro registro, ella ni sueña manejarlo.

El centro, el punto hacia el cual ella va a llevar su interpretación a un grado de menor complejidad —verán ustedes allí lo que quiero decir, aunque pienso que dije bastante de eso, que ustedes comprenden— poniéndolo sobre el plano de rivalidad imaginaria del conflicto de poder, ella deja de lado, algo de lo que se trata ahora, hablando propiamente, en su texto mismo.

Es su texto el que va a mostrarnos, creo que de una manera brillante, lo que ella deja escapar, y que se manifiesta con gran coherencia, ser ahí lo que se trata en esa sesión analizada - y el sueño que la centra - para que, evidentemente, procuremos ver esas categorías que son las que yo propongo desde hace tiempo, y de las que traté de darles la referencia, ese esquema topológico, ese grafo del que nos servimos... si llegamos a centrar mejor las cosas.

Les recuerdo que se trata de un sueño donde el paciente hace un largo viaje con su mujer alrededor del mundo. Va a llegar a Checoeslovaquia, donde toda suerte de cosas le van a ocurrir. El destaca que allí ha escuchado un mundo de cosas antes de ese momento que va a contar rápidamente -ya que ese sueño no ocupa sino una sesión. Son solamente las asociaciones que él da... Ese sueño es muy corto de contar. Y entre otras cosas que le ocurren, él encuentra una mujer en una ruta, que le recuerda a la misma que le ha descrito a su analista ya dos veces, donde pasaba algo, un juego sexual, con una mujer delante de otra mujer. Eso ocurre aún, dice al margen, en este sueño.

Y retoma: "esta vez es mi mujer la que está ahí mientras el hecho sexual ocurre. Esa mujer que reencuentro en el sueño tenía un aspecto Verdaderamente apasionado, muy apasionado, y eso me recuerda —dice él— a una mujer que encontré en el restaurante el otro día —exactamente la víspera— ella era negra y tenía labios muy plenos, muy rojos, y tenía el mismo aspecto apasionado; era evidente que, si le daba el mínimo estimulo, ella habría respondido a mis avances. Eso puede haber estimulado el sueño. Y en el sueño, la mujer quería la relación sexual conmigo; ella tomaba la iniciativa, y como usted sabe, evidentemente eso siempre me ayuda mucho".

El repite comentando: "Si la mujer hace eso, me ayuda mucho. En el sueño la mujer efectivamente estaba sobre mí —precisamente ahora la pienso—, ella tenía evidentemente la intención de "to put my penis in her body" (meter mi pene en su cuerpo); puedo decirlo a partir de las maniobras que ella hacia. Yo no estaba de acuerdo. Ella estaba tan decepcionada, que pensé que debía masturbarla".

Inmediatamente después de la observación que, verdaderamente, no vale más que en inglés: "Eso suena mal, absolutamente mal, esa forma de utilizar el verbo 'masturbase' de modo transitivo. Se puede decir simplemente 'I masturbate', lo que quiere decir 'yo me masturbo'; y eso es correcto".

Se verá en la continuación del texto, otro ejemplo que muestra bien que, cuando se emplea "to masturbase" se trata de masturbarse. Ese carácter primordialmente reflexivo del verbo, esta muy marcado para que el haga esa observación propiamente filológica. Y no es por nada que la hace en ese momento.

Lo he dicho; en cierto modo podemos completar, si queremos proceder como hemos hecho para el sueño precedente, completar esa frase, restableciendo significantes elididos —veremos que lo que sigue lo confirmará. "Ella estaba tan decepcionada por no tener mi pene (o pene), que pensé 'She should masturbate' y no 'I should'. Que ella me masturbe".

Luego verán lo que nos permite completar las frases así.

A continuación, tenemos una serie de asociaciones. No es allí muy largo, pero es suficientemente amplio para nuestras meditaciones. Tiene casi tres hojas, y para no cansarlos, no las retomaré hasta después de haberles dado el diálogo con el paciente que sigue A este sueño.

Ella Sharpe ha escrito ese capitulo con fines pedagógicos; hace el catálogo de lo que el paciente le aportó, en suma. Sabrá mostrar a aquellos a los que les enseña, sobre qué material va a hacer su elección, primeramente, para su interpretación para ella. Segundo, lo que de esa interpretación va a trasmitir al paciente, señalando, insistiendo ella misma sobre el hecho de que las dos cosas están lejos de coincidir, porque lo que ha de decir al paciente probablemente no es todo lo que ha de decir del asunto. De lo que el paciente le ha brindado, hay muchas cosas que decir, y otras tantas que no.

Como esta en una posición didáctica, va a hacer el balance de lo que se ve, de lo que se lee en la sesión.

1)- La tos. La última vez les dije de qué se trataba. Se trata de esa tosecita que el paciente hace ese día antes de entrar a sesión, esa tosecita en la que Ella Sharpe, vista la forma en que el paciente se comporta, tan contenido, tan estudiado, tan manifiestamente en guardia de lo que ella misma siente las defensas y las dificultades, de lo que ella está lejos de admitir, en primer lugar, que sea una defensa del tipo defensa contra los propios sentimientos, visto algo que sería de una presencia más inmediata que esa actitud donde está todo reflejado o nada se refleja.

Y es a eso a lo que nos remite la tosecita. Es algo en lo que otros quizá no se habrían detenido. Por poco que sea, es algo que él hace oír, lo anuncia, literalmente, como un ramo de olivo de no sé qué descenso de las aguas.

Y ella se dice: respetemos eso.

Ahora, se produce todo lo contrario. El propio paciente hace un largo discurso sobre la tosecita. He indicado la última vez, y vamos a volver sobre la forma en que a su vez Ella Sharpe lo comprende, y lo que, a nuestro entender, hay que comprender.

He aquí cómo ella misma analiza eso, lo que ella toma, aprehende del paciente lo que viene después de la tosecita, pues el sujeto está lejos de traer el sueño enseguida; es por la seguidilla de una serie de asociaciones que le vienen a continuación de la observación, que él mismo hace de esa tos que se le ha escapado, y que, sin duda, quiere decir algo, que él se había dicho que esta vez no recomenzaría, por que no era la primera vez que eso le había pasado después de haber subido esa escalera que ella no le escucha subir de tan discreto que es, él hace esa tosecita. El mismo emplea el término y se interroga.

Vamos a tomar ahora lo que él ha dicho en la perspectiva, de la en que lo registra Ella Sharpe. Ella hace el inventario de lo que llama ideas concernientes a propósito de una tos.

He aquí cómo ella lo registra.

Primeramente, esa tosecita aporta la idea de amantes que están juntos. ¿Qué es lo que ha dicho el paciente? El paciente, después de haber hablado de... plantea la pregunta: "¿a qué propósito puede servir esto?". Dice: "Si es el tipo de cosas que uno puede hacer si va a entrar en una habitación donde dos amantes están juntos. Si uno se aproxima, puede toser un poco, con discreción, y así hacer saber que van a ser molestados. Yo lo hice, por ejemplo, cuando mi hermano estaba con su 'girl friend' en el salón. Tenía el hábito de toser un poco antes de entrar, de modo que si estaban en tren de abrazarse, podían detenerse y en ese caso no estarían tan embarazados como si los hubiera sorprendido haciéndolo".

Esto no es más que señalar que la tos, primeramente, y el paciente lo ha manifestado, y nosotros no dudamos, porque todo lo que sigue nos lo ha desplegado: la tos es un mensaje.

Pero notemos enseguida, eso que ya en la primera forma en que Ella Sharpe analiza las cosas, aparece, es que ella nos pone de relieve, esto puede parecerles un poco puntilloso, un poco minucioso como observación, pero sin embargo verán que ese orden de observación que voy n introducir, es a partir de ella que el resto prosigue, a saber, la caída de nivel que marcará la interpretación de Ella Sharpe —que, si la tos es un mensaje, es evidente; sale del texto mismo de Ella Sharpe— que lo que es importante de revelar, es que el sujeto no haya, simplemente, tosido, sino, justamente —es ella quien lo subraya con gran sorpresa— es que el sujeto termina diciendo que es un mensaje.

Ella elude eso, porque ella señala en su catálogo de piezas cobradas, no estamos todavía en lo que ella va a elegir y que va a depender de lo que habrá reconocido. Ahora está claro que ella elide eso que ella misma nos ha explicado, que primeramente hay allí tos, sin duda pero que el sujeto —ahí esta el punto importante sobre esa tos-mensaje, tan mensaje es— habla diciendo "¿cuál es su propósito?, ¿qué, es lo que anuncia?". El sujeto, exactamente, comienza por decir, de esa tos - lo dice literalmente - es un mensaje. El lo marca como un mensaje. Y todavía más en esa dimensión donde él anuncia que es un mensaje, plantea la pregunta:

"¿Cuál es el propósito de ese mensaje?".

Esa articulación esa definición que tratamos de dar de lo que pasa en el análisis, sin olvidar la trama estructural que reposa sobre el hecho de lo que pasa en el análisis, es ante todo un discurso, aquí sin ningún procedimiento especial para ser desarticulado, analizado, hablando con propiedad.

Y se verá qué es lo importante. Diría también qué, hasta cierto punto, podemos desde ahora comenzar a ubicarlo sobre nuestro grafo. Cuando hace la pregunta de qué es esa tos, es una pregunta de segundo grado sobre el suceso. Es una pregunta que él plantea a partir del otro, porque es en la medida en que está en análisis, que él comienza a plantearla, se lo ve en la sorpresa de Ella Sharpe - más lejos de lo que ella imagina - casi en la forma en que los padres están siempre en retraso sobre el tema de lo que los niños comprenden o no. Aquí el analista está en retraso sobre el hecho de que el paciente pescó el truco hace rato, es decir, que se trata de interrogarse sobre los síntomas que pasan en el análisis, del menor engorro que este allí planteando una cuestión.

Esa pregunta a propósito del "es un mensaje", está allí en su forma de interrogación en la parte superior del grafo. Les propongo la parte inferior para permitirles ubicarse dónde estamos. Es justamente esa parte que he definido con otro propósito, diciendo que estaba a nivel del discurso del Otro.



Aquí, sin embargo, es en el discurso analítico en el que entra el sujeto, Y es una cuestión literalmente concerniente al Otro que está en 81, concerniente a su inconsciente. Es a ese nivel de articulación que es siempre puntual (instant) en cada sujeto, por cuanto el sujeto se pregunta: "pero que es lo que quiere", que aquí no da lugar a duda en su distinción del primer plano verbal del enunciado inocente, por más que no es un enunciado inocente hecho en el interior del análisis.

El lugar donde puntúa esa interrogación es aquel donde ubicamos lo que debe ser finalmente el shibolet del análisis, el Significante del Otro, en tanto que él mismo está marcado por el Significante, pero que es precisamente lo que al neurótico le está velado, velado por cuanto, justamente, no conoce esa incidencia del significante sobre el Otro, y que en esa ocasión no solamente él reconoce, sino que eso sobre lo que él interroga está lejos de ser una respuesta; es la interrogación. Es efectivamente: ¿Qué es el significante del Otro en mi?

Para decirlo todo, decimos en el comienzo de nuestra exposición, que está lejos, y con motivo, de haber reconocido, de poder reconocer que el Otro, tanto como él, esta castrado.

De momento, simplemente se interroga por esa inocencia o docta ignorancia que está constituida por el hecho de estar en análisis, sobre eso: qué es el significante, en tanto que es significante de algo en mi inconsciente, que es significante del Otro. Eso está elidido en el progreso de Ella Sharpe. Lo que ella va a enumerar son ideas concernientes a la tos. Es así como ella toma las cosas. Seguramente, son ideas concernientes a la tos, pero son ideas que ya dicen mucho más que una simple cadena lineal de ideas que, lo sabemos, esta ubicada aquí sobre nuestro grafo Es a saber, que algo se ha esbozado.

Ella nos dice: ¿qué es lo que aporta esa tosecita? Aporta la idea de amantes juntos, les he leído lo que ha dicho el paciente. ¿Que ha dicho? Ha dicho algo que no parece que pueda resumirse de esa forma, a saber, que eso aporta la idea de amantes juntos. Me parece que la línea que da es la de alguien que llega como tercero tras esos amantes que están juntos. Llega tercero, pero no de cualquier modo, ya que se las compone para no llegar a terciar de modo incomodante.

En otros términos, es importante, desde el primer abordaje, puntualizar que, si hay tres personajes, su reunión comporta vacilaciones en el tiempo, variaciones coherentes, a saber, que ellos están juntos en tanto el tercero está afuera. Mientras que, cuando el tercero ha entrado, no lo están mas. Esto salta a la vista.

Bien dicen ustedes que harían falta dos seminarios para cubrir la materia que nos aporta ese sueño y su interpretación, una semana de meditación para obtener que el paciente nos aporte el análisis podría parecer algo insuperable, porque las cosas no dejaron de inflarse y seremos rápidamente desbordados. Pero en realidad, eso no es una objeción valedera, por la buena razón de que hasta cierto grado en el esquema que ya se dibuja, esto es que, cuando el tercero está fuera, los dos están juntos, y que cuando el tercero está en el interior, los dos no están juntos, no digo que el todo de lo que vamos a ver a ese propósito ya esta allí, eso seria un poco simple, pero vamos A ver eso desarrollarse, enriquecerse y envolverse en sí mismo como un leit motiv, indefinidamente reproducido y enriqueciéndose en todo punto de la trama, constituir toda la textura del conjunto. Y van a ver cuál.

¿Que puntúa Ella Sharpe enseguida, como siendo la consecuencia de la tos?

El ha abordado ideas concernientes a amantes que están reunidos.

b)- Rechazo de una fantasía sexual concerniente a la analista.

¿Es eso algo que cuenta de lo que cuenta de lo que el paciente ha aportado? La analista ha planteado la pregunta: ¿Qué es esa tos antes de entrar aquí? Justo después que él explicó que servirla si fueran amantes los que estarían en el interior. El dice: "es absurdo, porque naturalmente no tengo razón para preguntarme... no habría sido invitado a subir aquí si hubiera habido alguien. Además no pienso para nada en Usted de esa manera. No hay razón para ello. Esto me recuerda un fantasma que tuve en una habitación en la cual yo no tendría que haber estado".

Es allí que se detiene eso a lo que apunta Ella Sharpe. ¿Podemos decirnos que hay aquí rechazo de una fantasía sexual concerniente a la analista? Parece que no hay rechazo en absoluto' sino más bien admisión. Admisión desviada, por cierto, admisión por las asociaciones que van a seguir. No se puede decir que la proposición de la analista concerniente a ese sujeto, que el sujeto rechaza pura y exclusivamente, sea una posición de pura y simple negación. Eso parece, por el contrario, el típico estilo de interpretación oportuna porque va a entrañar todo lo que va a seguir, y que nosotros vamos a ver.

Justamente, esa cuestión de la fantasía sexual que esta en causa a propósito de esa entrada en el escritorio de la analista, donde la analista está razonablemente sola, es precisamente lo que esta en cuestión, y de lo que creo nos va a aparecer pronto, que no es necesario ser un sabio para aclararlo. El tercer elemento que nos aportan las asociaciones, nos lo dice Ella Sharpe: El fantasma. El fantasma de estar donde no debe estar, y ladrando como un perro para despistar. Es una expresión metafórica que se encuentra en el texto inglés: "to put off scent".

Nunca es vano que una metáfora sea empleada más que otra, pero aquí no hay huella de hacerse el distraído en lo que nos dice el paciente, que eso esté reprimido o no, no tenemos ninguna razón para resolverlo. Digo esto porque el 'scent' es la perla de ciertas formas de análisis. Contentémonos aquí con lo que nos dice el paciente.

A propósito de la interrogación que le ha hecho la analista, el nos dice: "Esto me hace recordar cierta fantasía que he tenido, de estar en una habitación donde efectivamente —esto es conforme a lo que informa la analista no tenía razón de estar. Más exactamente, donde yo no debía estar. De suerte que se puede pensar. . . ".

La estructura es doble, en referencia a la subjetividad del otro, y constante. Es allí abajo donde voy a poner el acento, ya que se trata de eso sin cesar, y es aquí, y únicamente aquí que podemos centrar dónde esta el.

Es lo que ya está elidido todo el tiempo en la rendición de cuentas que hace Ella Sharpe, y en la forma en que ella va a tomar en cuenta los diferentes incidentes tendenciales.

El dice, pues: "Pienso que alguien puede pensar". "He tenido esa fantasía de que alguien podría pensar que yo estaba allí, y entonces pensé (pensais) que para impedir a alguien entrar y que me encuentre allí, yo podría ladrar como un perro. Eso disfrazaría mi presencia. Eso yo (moi) podría entonces decir, oh, es sólo un perro. No hay sino un perro aquí". El carácter paradojal de esta fantasías del sujeto llama probablemente —él mismo dice que los recuerdos son de una infancia tardía, de una adolescencia. El carácter poco coherente, aún absurdo de ciertos fantasmas, no es menos percibido en todo su valor, es decir, como siendo premiado y retenido como tal por el analista.

La cosa, pues, es justa, por poco que se imagine estar allí donde no debería, el fin (bus) del fantasma, el sentido del fantasma, el contenido evidente del fantasma: es mostrar que él no está allí donde está.

Es la otra fase. Fase muy importante porque, vamos a verlo, es lo que va a ser la carácterística, la estructura misma de toda afirmación subjetiva de parte de ese paciente, y que cortar en el sesgo en semejantes condiciones diciéndole que él está en tal punto, donde ha querido matar a su semejante, y eso es el retorno y la revancha, es algo que seguramente es tomar partido, y tomar partido en condiciones en que las chances a la vez de éxito y error, es decir, de hacer adoptar al paciente una forme subjetiva sobre la que ustedes cortan son allí particularmente evidentes. Y es lo que hace al interés del texto.

Si, por otra parte, podemos ver qué es poner allí en evidencia lo que se anuncia aquí en su estructura, lo que quiere decir eso que ya aparece en el fantasma, a saber, que él no está allí donde él está, y puede ser que vayamos a ver el sentido de eso. Puede ser que eso también nos conduzca a otra interpretación. Lo veremos.

Sea lo que fuere, no toma cualquier yo (moi) para hacerse no estar allí donde está. Está muy claro que, desde el punto de vista de la realidad, ese fantasma es insostenible, y que ponerse a ladrar como un perro en un cuarto donde no debe estar, no es la mejor forma de escapar a la atención.

Dejemos de lado esta frase, que no tiene valor más que para hacernos resaltar que no estamos en lo comprensible, sino en la estructura imaginaria; que, después de todo, se oyen cosas como ésa en el curso de las sesiones, y uno se contenta creyendo, porque el enfermo tiene aspecto de comprender.

Se los dije: lo que es propio de todo afecto, de todo ese margen, ese acompañamiento, esos bordes del discurso interior, al menos especialmente como podemos reconstruirlo cuando tenemos la sensación de que ese discurso no es tan continuo como se creía, es que la continuidad ocurre, en efecto y principalmente, por medio del afecto. A saber que, cuanto menos los afectos son motivados —es una ley— aparecen para el sujeto como comprensibles.

Esto no es para nosotros una razón para seguirlo, y es por ello que la observación que he hecho allí, por evidente que pueda parecer, tiene su alcance propio. De lo que se trata de analizar en el fantasma, sin comprenderlo, es decir, encontrando allí la estructura que él revela.

Ahora: ¿que quiere decir ese fantasma? Aún cuando lo importante sea ver qué nos dice el sujeto a propósito de su tos, es un mensaje, importa percatarse de que ese fantasma no tiene verdaderamente sentido alguno, debido al carácter totalmente irreal de su eficacia eventual.

Es que el sujeto ladrando dice simplemente: "es un perro". ¡Ah! También él se hace otro, pero no es ésa la cuestión. El no se pregunta cuál es el significante del Otro en él. Allí él hace un fantasma —y esto es al menos tan precioso cuando nos llega, como para que nos percatemos de lo que se nos da. El se hace otro, ¿con ayuda de qué? : de un significante, precisamente.

El ladrido es, aquí, el significante de lo que no es. No es un perro. Pero gracias a ese significante, para el fantasma, el resultado está perfectamente obtenido. El es otro que quien es.

Aquí les voy a preguntar, ya que no hemos agotado lo que fue aportado por simple asociación de la tos; hay un cuarto elemento que veremos oportunamente a propósito de eso, a saber, en esa ocasión de la función del significante en el fantasma —porque ahí está claro que el sujeto se considera como suficientemente cubierto por ese ladrido fantasmático— de hacer un paréntesis. No les hablo más del sueño, ahora, sino de una pequeña observación clínica elemental.

Al final de una comunicación hice alusión a lo que voy a aportarles aquí.

Hay que decir que, en una materia tan abundante, lo que habría que enseñar allí es tan desmesurado en relación a lo que se enseña, es decir, a lo que se repite (rabache), que algunos días, verdaderamente, me siento ridículamente reventado por la tarea que he emprendido.

Tenemos el "es un perro". Voy a llamar vuestra atención sobre algo concerniente a la psicología del niño: lo que se llama psicología genética. Se trata, ese niño que se quiere comprender, de hacer con él esa psicología que se llama genética, y que consiste en preguntarse cómo el querido pequeño, que es tan tonto (bête), comienza a adquirir sus ideas.

Entonces, uno se pregunta cómo procede el niño. Su mundo sería primitivamente autoerótico; los objetos no llegarían sino más tarde. Espero que, gracias a Dios, todos tengan, si no' le experiencia directa con niños, al menos suficientes pacientes que puedan contarles la historia de sus hijos, para que vean que no hay nadie más interesado en los objetos, en el reflejo de los objetos, que un niño pequeño. Dejemos esto de lado. Se trata, por ahora, de darnos cuenta de cómo entra en juego en él la operación del significante.

Digo que podemos ver en el niño, en la fuente, en el origen de su captura del mundo que se le ofrece, y que es, ante todo, un mundo de lenguaje, un mundo donde la gente le habla, lo que es un enfrentamiento importante, cómo va a entrar en ese mundo.

Ya aludí a lo que pueden destacar las personas con tener la oreja atenta, y de no encontrar forzosamente cómo confirmar las ideas preconcebidas con las que entran en el abordaje del niño. Un amigo me hacía observar recientemente que él mismo habla decidido ocuparse de su hijo, al que consagraba mucho tiempo; él no le habla hablado jamás del perro, más que como 'perro'. Y no habla dejado de estar un poco sorprendido por el hecho de que el niño, que habla ubicado perfectamente lo que era nombrado por la nominación primitiva del adulto, se puso a llamarlo 'guau guau'.

Otras personas que pueden hablarme de una manera, no diría más directamente esclarecida por los planos de investigación que les doy, sino por el hecho de mi enseñanza, no han hecho destacar esa otra cosa que no sólo el niño bordea la designación del perro con ese 'guau guau', que es algo selecciónado en el perro, primitivamente, entre todos sus carácteres - y cómo sorprenderse, ya que el niño no va a comenzar ya, evidentemente, a clasificar a su perro, pero antes de tener el manejo de algún tipo de atributo, comienza a hacer entrar en juego lo que él puede decir, algo como que el animal se presenta produciendo, él mismo, un signo que no es un significante. Pero noten que aquí es por el abordaje, por lo que lo favorece en lo que ah! se manifiesta, precisamente, la presencia de un animal, algo que está bastante aislado para brindar el material, que es ya una emisión laríngea, que el niño tomó ese elemento, ¿como qué? Como algo que, puesto que eso reemplaza al perro, él ya comprendió y entendió perfectamente, al punto de poder dirigir su mirada, tanto hacia el perro como hacia una imagen cuando se lo nombra, y lo reemplaza por 'guau guau', lo que es hacer la primera metáfora. Es en lo que veremos fragmentarse, conforme a la verdadera génesis del lenguaje, la operación predicativa.

Se ha destacado que, en las formas primitivas del lenguaje, lo que juega como función de adjetivo, son metáforas. Esto esta confirmado aquí en el sujeto, a menos que encontremos allí alguna misteriosa operación primitiva del espíritu, ante una necesidad estructural del lenguaje que quiere que, para que algo se engendre en el orden del significante, es necesario que haya sustitución de un significante a otro significante.

Ustedes me dirán: ¿Que sabe Usted? ¿Por qué afirmarles que lo esencial es la sustitución de 'guau guau' a 'perro'?

Primeramente, les diría que es de observación corriente - y ella me ha sido aportada hace poco que, a partir del momento en que el niño ha sabido llamar 'guauguau' a un perro, llamará 'guau guau' a un montón de cosas que no tienen nada que ver con un perro, mostrando de esa manera que, de lo que se trata es, efectivamente, de la transformación del signo en significante; que se verifican toda suerte de sustituciones en relación con lo que en ese momento carece de importancia, si son otros significantes o unidades de lo real. De lo que se trata, es de someter a prueba el poder del significante.

El punto de esto es marcado en el momento decisivo en que el niño - de eso hice la observación al fin de la comunicación científica de la que hablé - declara con la mayor autoridad e insistencia: 'el perro hace miau', o 'el gato hace guau'. Punto absolutamente decisivo, ya que en ese momento es cuando la primitiva metáfora, que está constituida simplemente por la sustitución significante, por el ejercicio de la sustitución significante, engendra la categoría de la calificación.

Entiéndanme bien; podemos ahora formalizar, si ustedes lo quieren, y decir que el paso, el progreso que se cumple, consiste en eso que al principio de una cadena monolineal esta establecido que dice: 'el perro = guau guau'; que de lo que se trata es de que está demostrado de la forma más evidente por el hecho de que el niño superpone, combina una cadena con otra, es lo que ha llegado a hacer cruzarse, en relación a la Cadena, 'el perro hace guau guau', 'el gato hace miau', que sustituyendo el 'miau' al 'guau guau' va a hacer entrar en juego la posibilidad de cruzamiento de una cadena con otra. .

Una redivisión de cada una de las cadenas en dos partes, lo que provisoriamente será fijo, y lo que no menos provisoriamente, será móvil, es decir, que quedará de una cadena alrededor de la cual volverá lo que puede cambiarse allí.


S' S perro guau

-----------------------------------------

S S' gato miau


En otros términos, es únicamente a partir del momento en que se asocia el S' de 'gato, en tanto significado por ese signo con el S, el 'guau guau', significante de 'perro!.

Y que eso supone que, debajo - y aquí no hay debajo - el niño liga las dos líneas, a saber, que el significado de 'guau guau', el perro hace S', 'miau', significante de 'gato'. Sólo a partir del momento en que este ejercicio ha sido completado, y la importancia que el niño da a ese ejercicio es evidente y demostrada, por eso, si los padres tienen la desdicha de intervenir, de reprenderle, reprimirlo o controlarlo por decir semejantes tonterías, el niño tiene reacciónes emocionales muy vivas, llora, porque sabe muy bien lo que está por hacer, contrariamente a los adultos, que creen que dice tonterías.

Pero es únicamente a partir de ese momento, y según la fórmula que he dado de la metáfora, que consiste esencialmente en esto: algo que, a nivel de la línea superior esta desplazado, está elidido en relación a algo que en la línea inferior, del significado, está también desplazado. En otros términos, es por ello que, desde el punto de vista del grafo, a partir del momento en que ese juego ha sido introducido, el 'guau guau' puede ser elidido, viene en las profundidades de la enunciación concerniente al perro, que la enunciación deviene propiamente significante, no una simple conexión imitativa en relación a la realidad.

El perro, indicado o nombrado, igualmente se produce. Pero literalmente, el hecho que cuando la calificación, la atribución de tina cualidad al perro le es dada, eso no está sobre la misma línea; es sobre la de la cualidad, en tanto tal: hay los que hacen 'guau guau', hay los que hacen 'miau', y todos los que harán otros ruidos son aquí implicados en verticalidad, en altura, para que comience a nacer, de la metáfora, la dimensión del adjetivo.

Ustedes saben que no es de ayer que estas cosas han sido vistas. Darwin ya se había ocupado, y sólo por falta del aparato lingüístico, las cosas quedaron para él muy problemáticas. Pero es un fenómeno tan general, tan fundamentalmente dominante en el desarrollo del niño, que aún Darwin, llevado hacia las explicaciones naturalistas, no había dejado de ser sorprendido por eso: era muy divertido que un niño de una astucia destacable, que le permitía aislar el 'pip' del canario - es así como es tomado el grito del canario en el texto de Darwin, ya fonetizado por el niño - que ese 'pip' sea referido a toda una serie de objetos cuya homogeneidad genérica va a ser suficientemente destacada por el hecho de que, si bien recuerdo, había allí entre esos objetos, vino y un "sus".

No sé bien qué designa ese termino "sus", si es un peny u otra cosa. No he verificado lo que eso quería decir en tiempos de Darwin, pero era una pieza de moneda, ya que Darwin, en su embarazo, no deja de destacar que esa moneda estaba marcada, en un lado, por un águila.

Puede parecer que la explicación que unificarla la relación del 'pip' a la especie volátil en general, so pretexto de una imagen tan ambigüa como la de un águila con las alas desplegadas en una moneda, pueda ser algo que podamos considerar como homogeneizado por el niño en su percepción del canario. Evidentemente, el vino, el liquido, sería un problema. Podemos pensar que hay alguna relación entre el vino y algo que sería el elemento liquido por el cual el canario ahí chapotea (barbote).

Vemos que, en todos los casos, eso de lo que se trata es, una vez más, designado como marcado por el revés del elemento significante como tal. Admitámoslo aquí en la contigüidad de la percepción, si queremos admitir en efecto, que es de la cualidad liquida que se trata cuando el niño aplica allí el 'pip' del canario. Ustedes ven bien que, en todo caso, es en el registro de la cadena significante, que podemos aprehender o que se funda en el niño de fundamental en su aprehensión del mundo como estructurado por la palabra.

No es que él busca el sentido o la esencia de los pájaros, del fluido, o de lo que sea. Es que, literalmente, los encuentra por el ejercicio del "non sens", ya que, al fin de cuentas, si tenemos tiempo, nos plantearemos preguntas sobre lo que técnicamente es el non sens.

Yo les diría "el no sentido". En la lengua inglesa es precisamente un género. La lengua inglesa tiene dos ejemplos eminentes de no sentido, muy especialmente en Edmond Lear, autor de no sentidos, que definió como tal, y Lewis Carroll, de quien pienso que conocen al menos Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas. Debo decir que, si tuviera que aconsejar como libro introductorio a lo que debe ser un psiquiatra o un psicoanalista de niños, más que no importa cuál de los libros de Piaget, le acongojaría leer Las aventuras de Alicia... ya que captaría efectivamente esa cosa de la que tengo las mejores razones para pensar, dado todo lo que se sabe de L. Carroll, que es que reposa sobre la profunda experiencia del juego de retruécanos del niño, y que efectivamente, nos muestra el valor, la incidencia, la dimensión del juego del no sentido como tal.

No puedo aquí sino destacar esa indicación. La he destacado en materia de paréntesis, y a propósito del "es un perro" de nuestro sujeto. Quiero decir, de la manera formulada, significante del cual conviene interpretar lo que se bosqueja del fantasma, y del que al menos repararán aquí - creo que fácilmente - el título al término del fantasma, quiero decir, que en ese fantasma, un perro no es más que un perro.

Reencontrarán lo que les dí como fórmula del fantasma, a saber, que eso que el sujeto parece elidir, no es otra cosa para él que el que haya otro allí. Un otro imaginario. Primera indicación de la conveniencia de ese esquema para hacerles situar la validez del fantasma como tal.

Llego al cuarto elemento asociativo, que nos da en esa ocasión Ella Sharpe. Aunque un perro llevado a la memoria bajo esa forma de un perro que se masturbaba - empleo naturalmente intransitivo - como el paciente lo ha contado, a saber, cómo sigue según el esquema de un dog, un perro... "Eso me recuerda a un perro que se frotaba contra mi pierna, realmente se masturbaba a sí mismo", con gran vergüenza de hablarle de eso "porque no lo detuve, lo dejé continuar, y alguien podría haber entrado allí en ese momento".

¿Es que la connotación de la cosa, como un elemento a poner en la serie de la cadena por el analista, a saber, recordar un perro que se masturbaba, es algo que debe satisfacer completamente allí? Yo creo que no, porque ese elemento nos permite avanzar un poco más lejos en lo que se trata en ese mensaje que aporta el sueño.

Y para mostrarles el primer bucle que ha sido recorrido por las asociaciones del paciente y mostrarles dónde está diría que nada es más evidente en esa oración, que la cadena asociativa. Es precisamente lo que les dibujé en punteado, aunque ella está en la enunciación del sujeto, sus elementos significantes rotos van a pasar como en la palabra ordinaria y normal, por los dos puntos ubicados del mensaje y del código, y el mensaje y el código siendo aquí de otra naturaleza que el partenaire que habla la misma lengua; de lo que se trata es del otro A.



Y eso que vemos aquí en esa línea asociativa recorrida, es justamente a propósito del hecho de que hemos llegado ahí bajo la forma: se trata del significante del Otro que está en mí. Esa es la cuestión.

Y lo que el sujeto, a tal propósito, comienza a desenredar, no es nada menos que pasar por ese punto al cual llegaremos después, pues es aquí en d, en ese nivel donde está la cuestión de su deseo.

¿Qué es lo que hace al hacer esa tosecita, es decir, en el momento de entrar en un ámbito donde hay algo de lo que no se sabe qué es, fantasía sexual a propósito de la analista, la cual...? Eso que se muestra presionando su propio fantasma, a saber, él allí, si él estuviera en lugar del otro, soñaría con no estar ahí, o más exactamente, con ser tomado por otro que él mismo.

¿Y ahora llegamos a que? Exactamente, a lo que pasa. La escena aquí se descubre de golpe, es desplegada por el paciente. Lo que pasa es que el perro, en tanto que es él mismo, no está allí. Ese perro, helo allí no más fantasmático sino en la pura realidad, es otro esta vez, no totalmente significante, sino una imagen, un compañero en esa pieza, y un compañero aún más evidentemente próximo a el, asimilado a el, que, contra la propia pierna del paciente, viene a masturbarse.

¿Cuál es el esquema de lo que pasa en ese momento? Está esencialmente fundado en esto antes que en otra cosa. Aquí el animal en tanto real, y del que sabemos que hay una relación, el sujeto; porque el sujeto ha tenido el cuidado de informarnos, él podía ser imaginariamente ese animal, con la condición de adueñarse del significante 'ladrar'.

Ese otro presente se masturba. El le muestra algo, precisamente, masturbarse. ¿Es que la situación esta ahí determinada? No. Como nos lo dice el paciente mismo, hay allí la posibilidad de que alguien entre; la situación sería insostenible. El sujeto literalmente desaparecería de vergüenza ante ese otro testigo de lo que pasa.

En otros términos, lo que se articula aquí es: "muéstrenme lo que tengo que hacer, a condición de que el otro en tanto que es el gran Otro, el tercero, no esta allí. Yo miro al otro que yo soy, ese perro, a condición de que el Otro no entre; si no, yo desaparezco de vergüenza. Pero por el contrario, ese otro que yo (je) soy, el perro, Yo (je) lo miro como ideal del yo (moi), como haciendo lo que yo (je) no hago, como ideal de potencia" como diría más tarde Ella Sharpe, pero seguramente no en el sentido en que ella lo entiende, porque eso, justamente, no tiene nada que ver con las palabras.

Es por eso, porque el perro justamente no es un animal hablante, que puede ser aquí un modelo e imagen, y que el sujeto puede ver en él lo que él desea ver, que se le muestra lo que debe hacer, lo que puede hacer, y esto, en tanto esta fuera de la vista del Otro' del que puede entrar y de aquel que habla.

Y en otros términos, es en tanto yo (je) no hube entrado aún en lo de mi analista, que yo puedo imaginarla a Ella Sharpe, la pobre querida mujer, mostrándome masturbarse, y yo toso para advertirle que debe retomar una posición normal. Es en ese juego entre los otros dos, el que uno imagina que no habla, y aquel al cual se le va a hablar, que es rogado a prestar atención, para que la confrontación no se produzca demasiado rápido, que el sujeto no se ponga a desaparecer. Allí está el punto, nivel donde el golpe va a surgir a la memoria como el sueño. Y bien, el sueño, lo retomaremos la próxima vez, para que nos percatemos de que el interés del sueño y del fantasma que va a mostrarnos es, precisamente, de ser todo lo contrario de ese fantasma forjado en estado de vigilia, del que hemos cernido los lineamientos hoy.



índice del seminario 6



Clase 10. Del 28 de Enero de 1959

28 de Enero de 1959



Esta búsqueda, este ejercicio que es el nuestro, es para mostrarles cómo, en el uso que haremos de aquí en adelante en nuestra experiencia, prácticamente, de la noción de deseo, suponemos sin saberlo, un cierto número c relaciones, de coordenadas que son las que intento situar para ustedes, mostrando que son siempre las mismas, que es interesante reconocer, ya que, al no hacerlo, el pensamiento se desliza siempre un poco más a la derecha, un poco más a la izquierda, se aferró a coordenadas mal definidas, y esto no es siempre sin inconvenientes para la conducta de la interpretación.

Hoy voy a continuar el análisis del sueño que elegí en Ella Sharpe, precisamente por su carácter excepcionalmente elucidado. Vamos a ver otras cosas bajo esta doble faz: lo que dice, y lo que dice más agudo, más terminante, más notable en esta observación de la sesión donde este sueño es analizado, y en las dos sesiones siguientes, lo que hay como más notable, es que algo se inscribe tan bien en las categorías cuyo uso intento que ustedes aprendan, que es gracias a esto que se puede dar a tales elementos todo su valor. Y en cuanto falta distinguir, justamente, la originalidad de estos elementos, ella llega a reducir r en cierta manera el alcance, haciendo caer al mismo nivel el color, el relieve, mezclándolos, reduciéndolos a nociones muy gastadas, muy someras, que le impiden sacar todo el partido posible de lo que tiene en la mano.

Pero de ahora en más para fijar en vuestro espíritu algo que está destinado a dibujarse siempre muy precisamente y un poco mejor, quiero que ustedes comiencen a entrever lo que quiere decir el doble piso del grafo En suma, ¿a qué tiende este recorrido que retorna sobre sí mismo en la enunciación analítica, en tanto, yo diría, liberado por el principio, la regla fundamental de la asociación libre? A valorizar como posible lo que hay incluido en todo discurso, una cadena significante de todo lo que sabe cada uno, en tanto fragmentada, es decir, de elementos interpretables. Y estos elementos interpretables, en tanto fragmentados, aparecen precisamente en la medida en que el sujeto trata de reconquistarse en su originalidad, de ser más allá de aquello que la demanda ha fijado en él, ha àpresado de sus necesidades. Y sin embargo el sujeto, en la expresión de sus necesidades, se encuentra primitivamente tomado, ligado a las necesidades propias de la demanda, que están esencialmente fundadas por el hecho de que ya la forma de la demanda está alterada, alienada; por el hecho de que debemos pensar bajo esta forma del lengua je, es ya en el registro del Otro como tal, en el código del Otro que ella debe inscribirse.

Es en éste nivel que se produce la primitiva desviación, la primitiva distancia del sujeto en relación a algo que en su raíz, es su necesidad, pero que en su llegada no puede ser la misma cosa, ya que va a ser reconquistada en su llegada, pero conquistada más allá de la demanda, en una realización del lenguaje" en la forma del sujeto que habla, y que este algo llamado lo que el sujeto quiere es algo que se refiere a aquello que va a constituirse en él como siendo en una relación tampoco de alguna manera inmanente, completamente incluida en su participación vital, sino por el contrario, como declarante, y por lo tanto, en una cierta relación al ser.

En este intervalo —es entre el lenguaje pura y simplemente quesitivo, y el lenguaje que se articula, donde el sujeto responde a la pregunta de lo que él quiere, donde el sujeto se constituye en relación a aquello que es— es en este intervalo que se producirá eso que va a llamarse marcadamente el deseo. Y este deseo en esta doble inscripción del grafo, es algo que tiene alguna homología entre este deseo, en tanto está situado en algún lugar de la parte superior de esas coordenadas, y la función que tiene el yo (moi) en tanto que ese discurso del Otro se retoma a sí mismo, y que el llamado al otro para la satisfacción de una necesidad se instituye en relación al Otro, en lo que he llamado a veces la palabra plena, la palabra de compromiso, en una relación tal que aquélla donde el sujeto se constituye a sí mismo en relación al Otro, donde él dice al Otro "tú eres mi amo" (maitre), "tú eres mi mujer", esa relación que toma el yo (moi), lo instituye en relación a un objeto, para retornar aquí bajo la forma de mensaje.

Hay alguna homología entre esta relación en que el yo (moi) es tomado en el discurso del Otro, y el simple hecho de que alguien hable de mí como yo mismo, de sí como sí mismo. Hay algo articulado de una manera fragmentaria, que necesita un desciframiento de orden especial en el deseo.

De la misma manera que el yo (moi) se constituye en una cierta relación imaginaria con el otro, el deseo se instituye, se fija, en alguna parte del discurso del Otro, a medio camino de ese discurso, en que el sujeto por toda su vida debe concluir en algo donde su ser se declare a mitad de camino.

El deseo es una reflexión, una vuelta en este efecto por el cual el sujeto se sitúa en alguna parte frente a esto que yo designo como fantasma, es decir, la relación del sujeto en tanto se desvanece en cierta relación con un objeto electivo. El fantasma tiene siempre esta estructura, no es simplemente relación de objeto. El fantasma es algo que corta, cierto desvanecimiento, una cierta síncopa significante del sujeto en presencia de un objeto. El fantasma satisface a una cierta acomodación, a cierta fijación del sujeto, a algo que tiene un valor electivo. La efectividad de es te valor es esto que trato, este año, de demostrarles con ayuda de cierto número de ejemplos.

Esta oposición del sujeto con cierto objeto, es algo que en el fantasma está implícito, tal que él es el prefacio, el preludio del sueño enunciado por el sujeto. Ya se los he hecho oír la última vez, creo. El sujeto llega y comienza a hablar de su tos —mensaje sobre mensaje— de su tos que se produce para advertir misteriosamente antes de entrar en la pieza donde podrían estar otros dos, otros dos que estarían amándose, para advertirles que él está a tiempo de irse.

Por otro lado, en las asociaciones vemos que esta tos es algo muy próximo a un fantasma que él proporciona enseguida. El ha imaginado un fantasma pasado, estando en alguna parte, y no queriendo allí ser encontrado porque él no debería estar allí, en ese lugar. El podría ladrar como un perro y todo el mundo se diría "es un perro". El se revela, el ladrido, como siendo la señal por donde el sujeto se ausenta profundamente de donde está; se señala como siendo otro.

Y la correlación de la tos, entre esto que es una pareja de otros en la cual una tercera asociación nos muestra que el sujeto está también incluido, pues este perro que él ha sido para ladrar, es decir, para hacerse otro del que es, ahora, en un tercer recuerdo, el de lo real, nos dice que este perro es un perro que a venido a masturbarse contra su pierna. ¿Y a qué habría llegado si se des hubiera sorprendido a los dos? En breve veremos dibujarse algo que, en el orden estructural es esencial.

Cuando los dos que están en el interior de una especie de cerco son acá confrontados uno frente al otro en la relación propiamente imaginaria, aquello de lo cual se trata esta bastante bien señalado por el hecho de que este perro se masturba contra su pierna, este perro, que en la ocasión es el fantasma mismo a propósito del cual él es llevado, es también él mismo imaginario; aquel que lo muestra masturbarse, como también que no esta ausente de la unión de esos amantes. Pero lo esencial no es, simplemente, describir que la identificación del sujeto, como puede alcanzarse allí, está en todas partes.

Está también con el sujeto que queda afuera y que se anuncia, y con el sujeto que está adentro y que esta tomado en la relación de pareja con aquello que ella comporta de satisfacción imaginaria corriente. Es que, o bien los dos elementos de la unión imaginaria, dual, quedan unidos en la fascinación común del acto, entre el abrazo, entre el acoplamiento y la fascinación especular donde quedan unidos, y el otro no debe estar allí o el otro se muestra. Y entonces los otros dos se separan y se disuelven.

Es la estructura lo que es importante poner de relieve. Es la que desvirtúa el problema porque, en fin de cuentas, es el sujeto que nos dice que ha tenido una tosecita antes de entrar en rol de su analista. Entonces, está claro que, si se lo ha hecho subir, es que no habla nadie más, que ella estaba sola.

Sin embargo, el problema está claro. El sujeto tosiendo, es decir, por un lado, produciendo este acto del cual él mismo no sabe la significación, ya que plantea la pregunta por la significación, siendo por esta tos como el perro por su ladrido que él no es, él mismo no sabe cuál es su mensaje y sin embargo, él se anuncia por esta tos. Y anunciándose ¿qué es lo que él imagina? ¿Qué es lo que él imagina que hay en el interior de esta pieza, para que esta tos que él nos señala como siendo en esta oportunidad una impulsión, una compulsión, algo que lo irrita?

Y he puesto de relieve, a este propósito, qué sorprendente es que Ella Sharpe haya creído que para este fin no era necesario que hablara de ello, que el sujeto no era consiente de ello, y que no era necesario volverlo concierte. Entonces, es él mismo quien conduce este interrogante. Dice que es un mensaje, yo no sé cuál" pero esta muy claro. ¿Qué es lo que él imagina que hay adentro? ¿Cuál es el objeto que está ahí mientras él está afuera, y se anuncia de esta manera que lo aliena, por este mensaje que él no comprende? Es por este mensaje en el cual la asociación con el ladrido del perro está para mostrar que es para anunciarse como un otro, como algún otro que él mismo, que esta condición se manifiesta.

Y yo les señalo después de haber hecho este bucle, una primera vuelta donde él nos ha hablado, en principio, de su tos como mensaje, seguida de este fantasma, donde él se complace imaginándose ser un perro, hemos señalado en la realidad del acoplamiento de sí mismo con un perro en una pieza, tener de alguna manera trazado este pasaje, de una forma flotante, ambigüa, ya que pasa sucesivamente por algo que refleja su deseo, pues encarna su fantasma y vuelve después de haber ensortijado el bucle en alguna parte.

¿Por qué, él va a cambiar de registro a partir de este momento?

En ese momento, donde se terminaba mi última lección, el sujeto, nos dice la analista, tose todavía. Tiene una tosecita como si puntuara. Después de esta tosecita enuncia el sueñe" que ya he leído. Lo que les quiero decir es que ella va a ser, a partir de acá, y en este sueño, a propósito de este sueño, nuestro objetivo.

Les he dicho: lo que se manifiesta en el sueño de la relación del deseo al fantasma, se manifiesta como una acentuación que es exactamente la opuesta de aquélla que estaba dada en ese fantasma que había llegado en dos asociaciones. Acá, lo que estaba acentuado era que el sujeto le ladraba. El ladra; es un mensaje, un anuncio. El se enuncia como otro, esencialmente. Es, sobre el plano de una relación que lo enmascara en tanto que él ladra como un perro, que no comprende por qué procede así, que él se pone en la postura, o bien de no ser, ahí, o si es anunciarse como otro, de tal manera que los otros en ese momento, es decir, lo que hay para ver, se separan desaparecen, no muestran más eso que hay para mostrar.

El enigma es evidentemente lo que el imagina.

El carácter enigmático está bien subrayado por el hecho de que, en efecto, ¿qué es lo que él puede tener para anunciar, para desear anunciar, para que, en el momento de entrar en el consultorio de su analista, tuviera esta tos?

Lo que esta velado por este lado de la relación con este objeto porque es, yo no diría su analista, pero lo que está en la habitación.

En el sueño, lo que vamos a ver puesto en todo momento en primer plano, es algo que está aquí. Es un elemento imaginario, vamos a verlo, que no es cualquiera. Y como es necesario que ustedes lo esperen allí, estando en un sueño, está marcado por una cierta función. Lo que yo les habré enseñado sobre el sueno, no tendrá sentido si esta función no es una función significante.

Sabemos bien que lo que está de este lado de la relación en el fantasma del sujeto, es algo también que debe tener una función compleja, no ser solamente una imagen, sino algo significante. Pero esto, para nosotros, permanece velado, enigmático. No podemos articularlo como tal. Todo lo que sabemos es que, del otro lado de la relación, el sujeto se anuncia a sí mismo como otro. Es decir, como sujeto marcado por el significante, como sujeto barrado. En el sueño, es la imagen que tenemos, es lo que no sabemos, es lo que está del otro lado, a saber: que es él, en este sueño, es decir, lo que Ella Sharpe va a tratar de articular para él en su interpretación del sueño.

Tomemos ahora las asociaciones a propósito del sueno, enseguida después de que el sujeto haya hecho esta observación que concluye el sueño, a propósito del uso, del verbo se marturber (masturbarse), que el ha empleado en sentido transitivo, y del cual ha hecho notar que es intransitivamente que él ha debido emplearlo para utilizarlo de manera correcta, que habiendo dicho "ella estaba tan decepcionada que yo había tenido la idea de masturbarla".

Se trata evidentemente de otra cosa, ya sea que se tratara de que el sujeto se masturba, que es justamente esto que piensa la analista, y es esto que ella lleve enseguida a sugerirle, subrayando lo que el sujeto acaba él mismo de hacer notar, a saber, que el verbo habría debido ser usado en sentido intransitivo. El sujeto, a este propósito, hace notar que, en efecto, es excesivamente raro que él haya masturbado a cualquiera. El no lo hizo más que una sola vez con otro muchacho. "Es la única vez que puedo recordar". Y continúa: "El sueño está totalmente vivo en mi memoria; no hubo allí orgasmo. Veo por delante sus partes genitales. El fin de la vulva." Y describe algo grande "que se proyecta hacia adelante que cuelga hacia abajo, como el pliegue de una capucha". Es esto de lo cual la mujer hacía uso mientras maniobraba (es el término que él había empleado en el sueño). "La vagina parecía apretar mi dedo alrededor. La capucha aparecía muy extraña" (seems strange).

La analista retoma: "¿Qué piensa además? Deje salir lo que hay en su espíritu". El paciente retoma "Pienso en un antro, en una caverna. Allí había algo como un antro, una caverna, sobre la colina donde yo vivía cuando era niño. A menudo he ido allí con mi madre. Era visible desde la ruta a lo largo de la cual caminábamos. Su carácterística más notable era que la parte superior (the top) sobresalía (overhanging) y parecía un enorme labio. Algo como la gruta del cíclope en Capri, cuyo costado estaba salpicado de cosas parecidas. Una caverna con una parte proyectándose hacia adelante".

El hace por debajo una asociación muy notable: "Hay un joke a propósito de los labios, en el sentido genital del término, cubriendo transversalmente y no longitudinalmente. Pero no recuerdo cómo este joke estaba compuesto. Cierta comparación con la escritura china y su relación con la nuestra, una y otra partiendo de diferentes lados, una de arriba hacia abajo, otra transversalmente. Seguramente los labios están " side by side" (es decir, costado contra costado), mientras las paredes de la vagina son, una anterior y otra. El posterior. Es decir, una longitudinal y la otra transversal. Pienso entonces -dice- en la capucha".

Estos jokes que son en inglés una parte del patrimonio cultural, son muy conocidos, están en general bajo la forma de los limeriks . El limerik es algo muy importante y revelador, no haré más que valerme de esto. He buscado en una colección bastante considerable, de alrededor de tres mil limeriks.

Este limerik existe seguramente, yo he visto otros de ellos que se aproximan. No se siquiera por que" el tema de la China parece justamente considerado. Había allí cierta especie de inversión de la línea de escritura -evocada cada vez que algo se acerca a una asimilación y al mismo tiempo, a una oposición de la línea de abertura genital con la de la boca, transversal, también con esto que se supone detrás de la línea de la abertura genital de la transversalidad de la vagina.

Es decir que todo esto es muy ambigüo. Lo que se acerca más y es más divertido, por el hecho de que uno no ve especialmente por qué la China interviene en esta asociación, en este limerik 1381 de una obra sobre el limerik.


Había allí una joven de la China
que confundió un día su boca con su vagina
su enorme clítoris cubría con rouge
y puso rouge en sus labiecitos.


Traducido, pierde su encanto, pero es muy notable, es en todo caso algo que está muy cerca de nuestra cuestión, de la cual el autor nos subraya que la superposición de dos imagenes, una imagen de la boca, otra imagen genital, es muy esencial.

¿Qué voy a realizar aquí? Es a propósito de algo sobre lo cual enseguida el pensamiento analítico se desliza hacia elementos imaginarios, a saber, la similación de la boca a la vagina, el pecho de la madre considerado como el elemento de engullimiento o de devoración primitiva. Y tenemos toda clase de testimonios diversamente etnológicos, folklóricos, psicológicos, que muestran esta relación primitiva, como aquélla de continente a contenido, que el niño puede tener en relación a esto que podemos llamar la imagen maternal.

Me parece que merece ser retenido en este nivel algo de lo cual diré que tiene seguramente el mismo acento que la otra vez el punto donde yo los he detenido cuando se trataba de la grande y la pequeña jirafa.

No era solamente el elemento entre el pequeño y el grande, entre la madre y el falo: estos elementos es lo que hacia allí Juanito; uno podía sentarse encima, molestarlos, eran ya el fantasma de cosas transformadas en papel.

Se podría decir de una manera más matizada más interrogativa, más sometida a confirmación, pero digamos, para puntuar eso de lo cual se trata, que esto no es nada, que sólo sirve para introducir acá algo concerniente a este elemento imaginario que representa ya de manera notable lo que es en el sueño y que ha sido deslucido como algo muy precisamente descripto, el repliegue de una capucha. Esto no es nada. Es algo que tiene ya una cierta estructura, que cubre, que peina; y el dedo introducido —to close rond— en este elemento, este sudor también, es algo que nos da algo muy preciso como imagen, algo que no se puede diluir allí en una simple estructura general de envoltura, devoración o engullimiento. Está puesto en cierta relación con el dedo del sujeto, precisamente Y yo diré aún que toda la cuestión está acá.

¿Pone o no pone el dedo? Es cierto que pone allí el dedo, y que no pone otra cosa, entre otras, que no pone allí su pene que está acá presente; esta relación con eso que acaba de envolver, enguantar la mano, es algo que es acá totalmente prevalente, puesto por delante, impulsado hacia adelante hacia la salida de la figurabilidad, como dice Freud para designar el tercer elemento en acción, el trabajo del sueño (Traumarbeit)

Se trata de saber lo que debemos hacer con esto. Si debemos resolverlo enseguida en una serie de significaciónes reprimidas preformadas, a saber, todo lo que uno va a poder poner detrás de esto, introducirnos a nosotros mismos en esta especie de bolsa de prestidigitador con todo lo que estamos habituados a encontrar allí, o bien detenernos, y respetar esto como algo que tiene allí un valor específico.

Ustedes deben darse cuenta cuando yo digo valor específico, por poquitas nociones librescas que tengan sobre esto que acá pueda ser un fantasma parecido, que después de todo siempre hay lugar para que nosotros no diluyamos esto en la noción, por ejemplo, muy general, del interior del vientre materno de la que hablamos en los fantasmas.

Algo también elaborado en el sueño, merece que nos detengamos allí. Esto que tenemos por delante no es ciertamente, el interior de un útero, es over hanging, este borde que se proyecta.

Y por otra parte, ya que es muy fina, Ella Sharpe subraya más lejos, en un pasaje que podremos reencontrar a continuación, que está frente a algo notable. Es una proyección, dice; y enseguida, después en el pasaje ella anuncia que es el equivalente de un pene.

Es posible, pero por qué àpresurarse. Tanto más en cuanto ella subraya también en este momento que es difícil hacer de esta proyección algo ligado a la presencia de la vagina. Está bastante acentuado en el sueño, y por la maniobra misma a la que el sujeto se presta, yo diría se sustituye a sí mismo poniendo allí el dedo y no su pene. Cómo no ver que, precisamente, esto está localizado en este fantasma que es, en efecto, cómo el sujeto lo articula, algo que tiene la más estrecha relación con la pared anterior y posterior de la vagina; que al decir de un médico para quien la profesión es practicar la medicina - que no era el caso de Ella Sharpe, quien era profesora de Letras, y esto le daba gran apertura sobre la psicología - es un colapso, algo que se produce en la pared de la vagina donde se produce esta proyección de la pared anterior más o menos seguida de la proyección de la pared posterior y que en un estadio todavía ulterior, hace aparecer en el orificio genital, la extremidad del cuello. Es algo muy frecuente que plantea toda clase de problemas al cirujano.

De esto no se trata aquí. Seguramente haya acá algo que pone en juego la pregunta y el fantasma de la mujer fálica, tan cierto como que yo recordaba en su obra - no he podido verificar él pasaje (es un hecho bastante conocido para que piense que no es nuevo para algunos de ustedes) de la reina Cristina de Suecia, la amiga de Descartes, que era una ruda mujer, como todas las mujeres de esta época, no sabría insistir demasiado sobre la influencia sobre la historia de las mujeres de esta maravillosa mitad del siglo XVIII. La reina Cristina misma vio un día aparecer en el orificio de la vulva la punta de un útero, que sin que sepamos las razones, se encuentra en este momento de su existencia, haciendo hiancia, en un caso por completo carácterizado como colapso (o prolapso uterino). Es entonces que, cediendo a una enorme lisonja, su médico cae a sus pies diciendo: "¡Milagro, Júpiter al fin le ha devuelto su legítimo sexo". Lo cual prueba que el fantasma de la mujer fálica no data de ayer en la historia de la medicina y de la filosofía.

Lo que acá está, no es lo que está en el sueño ni es necesario escuchar —la analista pone en claro esto muy tarde en la observación— que la madre del sujeto, por ejemplo, tuvo un prolapso. Y aún, por qué no, ya que en la articulación de su comprensión de lo que pasa, la analista se hace cargo del hecho de que muy probablemente el sujeto haya visto un montón de cosas por debajo, que algunas de sus imaginaciones dejar pensar que son pocas, que él debe tener allí mismo, para que su interpretación sea coherente, algo de análogo, es decir, una cierta aprehensión bajo las faldas del órgano genital (y del de su madre).

¿Por qué no ir en este sentido? Porque esto no es así. Estamos demasiado justificados al hacerlo el mismo sentido que la analista, en tanto que pronto va a pasar necesariamente por esta suposición. Nosotros no estamos en eso aquí. Indico simplemente, que desde entonces, se trata de referencias en relación a imagenes del cuerpo —que se las hace entrar en juego en la interpretación— no sería preciso, ya que no distinguiríamos la obsesión o el deseo, o el temor del retorno al vientre materno, y muy especialmente la relación con la vagina, que después de todo, no es algo a lo que, se bien en esta simple explicación, el sujeto no pueda tener alguna aprehensión directa o indirecta.

Lo que quiero simplemente subrayar aquí, después de haber marcado el acento especial de esta imagen en este sueño, es que en todo caso, algo debe retenernos. Es el hecho de que el sujeto lo asocia enseguida a algo de otro orden, a ese juego poético y verbal del cual solamente para divertirme di un ejemplo —es para dar una idea del estilo de un extremo rigor literario; es un género que tiene leves más estrictas posibles— y es un joke o limerik, poco importa, que lleva una historia definida literariamente, y cabalgando, ella misma, en un juego concerniente a la escritura.

Pero esto que no hemos encontrado en el limerik, que habíamos desterrado, el sujeto afirma haberlo oído: era, refiriéndose en eso a la diferente dirección de las líneas de escritura en nuestra manera de escribir y la china, que él evoca en ese momento algo que no se impone a esta asociación de esta manera; a saber, justamente lo que pone sobre la vía de un acercamiento entre el orificio de los labios grandes y los labios de la boca. Este acercamiento como tal, afecta algo que es del orden simbólico. Lo más simbólico que puede tener, son las líneas de carácteres chinos, porque es algo que está acá, que nos designa que, en todo caso, este elemento en el sueño es un elemento que tiene un valor significante, que en esta suerte de adaptación, de adecuación, de acomodamiento del deseo, en tanto que él se forma en relación a un fantasma que está entre el significante del Otro y el significado del Otro, ya que ésta es la definición del fantasma, en tanto que el deseo tiene que acomodarse a él.

Y yo digo si esto no es expresable de una manera más articulada en lo que es nuestra experiencia, cuando buscamos centrar lo que es el deseo del sujeto. Es una cierta posición del sujeto frente a cierto objeto, en tanto que pone alguna parte intermediaria entre una pura y simple significación, una cosa asumida, clara, transparente para él, y algo de otro que no es de ningún modo un fantasma, que no es una necesidad, que no es un empuje, un cabo, sino que es, siempre, del orden del significante en tanto significante, algo cerrado, enigmático

Entre los dos, esta lo que aparece aquí bajo la forma de una representación sensible extremadamente precisa, llena de imagenes. Y el sujeto, por las mismas asociaciones, nos advierte: esto es lo que es significante. ¿Qué es lo que haré ahora? ¿Entrar en la manera en la cual la analista la interpreta? Es necesario, entonces, que les haga conocer todo el material que tenemos.

¿Qué es lo que dice la analista en el momento siguiente: y después, qué? Ella responde sobre el hecho de que el sujeto" re tome después de haber tosido, volviendo sobre la capucha.

"Pienso en la capucha". "¿Y qué más?" —dice la analista. "Un tipo raro —responde— una vez en uno de mis primeros campos de golf, recuerdo, él me corrió y me dijo que podía darme una bolsa para los palos de golf a buen precio, y que el material sería del tejido que se usa para las capotas de los autos". Sobre eso, hace una imitación después de haber dicho: "es de su acento de lo que me acuerdo".

"Imitarlo así hablando de él mismo, me recuerda a una amiga eh la que las imitaciones que la radio (broadcast es la palabra que importa) son extremadamente astutas y maliciosas (very clever). Pero sin embargo yo la traigo nuevamente contándole de ella algo como esto. Tanto como si le contara que tengo la más maravillosa "T.S.F." que pueda tener. Ella toma las estaciones sin la menor dificultad. Mi amiga tiene una espléndida memoria —dice. Ella recuerda muy bien su infancia, pero mi memoria de mí es muy mala por debajo de los once años. Recuerdo sin embargo, una de las primeras canciones que escuché en el teatro. Imitaba el hombre del que se trataba después. Es una canción del buen gEnero inglés del music hall que se puede traducir un poco más cerca como: dónde es que has pescado este sombrero; dónde es que has pescado esta teja". La teja designa muy especialmente lo que llamamos en la ocasión un tubo, el sombrero de forma alta. Esto puede significar también, simplemente, un sombrero.

"Mi espíritu —continúa— vuelve nuevamente al sombrero, y yo me acuerdo de un primer "car" que tuve al principio", pero en esta época, seguramente, no era más llamado "bar", sino "motor-car", ya que el sujeto es bastante entrado en años. "La capota de este auto tenía trazos completamente notables: estaba cerrada con correas levantadas cuando no estaba inclinada hacia adelante. El interior tenía dibujos escarlatas". Y continúa: "El límite de velocidad para este coche era alrededor de sesenta millas".

El habla de este coche como si fuera humano. "Yo recuerdo que estuve enfermo en ese coche, y esto me hace recordar el tiempo en el que debí orinar en una bolsa de papel cuando era niño. Pienso aún en la capucha". Vamos a detenernos aquí en las asociaciones. Ellas no van muy lejos, pero quiero, sin embargo, contraponer esto que les aporto aquí con la manera en la cual la analista comienza a interpretar esto.

"La primera cosa de importancia —dice— es encontrar el hilo cardinal de la significación del sueño. Nosotros podemos hacerlo notando, justo el momento en que las cosas llegan al espíritu del paciente". Y luego comienza a hablar del perro que se masturbaba contra su pierna, en el momento en que justo en la pantalla, él ha hablado del perro para decir que él mismo imitaba a este perro, después de la tos, después del sueño del que se ha despertado transpirando.

"La deducción —dice ella— que concierne a la significación general del conjunto del sueño", es entonces paralela la de una fantasía masturbatoria. Aquí estoy completamente de acuerdo. Esto es de primera importancia; estamos de acuerdo con ella. "La cosa siguiente para notar —dice ella— está, conectando con esta fantasía de masturbación, el tema de la potencia". Ella lo entiende pero no en el sentido de la potencia sexual, sino como la potencia, en el sentido más universal del termino, coma ella va a decir más adelante, de la omnipotencia. El hace un viaje alrededor del mundo; es el sueño más largo que jamás haya tenido (es lo que dice el sujeto); Esto tomarla toda una hora para contarlo. Con esto podemos relaciónar la excusa de darlo el golpe hablando de fas imitaciones de su amiga que esta en la radio. Y que esta en la radio para el mundo entero, agrega la analista. Y su propia radio "T.S.F." que atrapa toda clase de estaciones. Notemos también su propia imitación del hombre cuyo acento lo ha divertido tanto. Un acento fuertemente cocney. E incidentalmente, lo que ha dicho por medio de este hombre.

Las imitaciones de la voz de su amiga y su voz misma tienen la significación de la imitación de una persona más fuerte. ¿Se engaña ella? Es un hilo conductor hacia el sentido de la fantasía de masturbación, es decir, la fantasía en la cual él encarna a otra persona. Es una significación de un poder de inmensa potencia. He aquí entonces, lo que es tenido por la analista como cayendo de su propio peso. Es decir, que el simple hecho de estas encarnaciones imitadas que intervienen más o menos en conexión con la fantasía masturbatoria estando supuestas en el fondo de esto que pasa - el sólo hecho de que el sujeto se haya excusado de poner demasiado allí, de vanagloriarse, de lanzarse demasiado, significa que tenemos una fantasía de omnipotencia que debe ser puesta en primer plano.

¿Es algo con lo que de antemano podemos convenir? Una vez más, les ruego, simplemente aquí, notar que lo menos que podemos decir es que hay alguna confusión quizá en decir que se trata de una omnipotencia anhelada, o más o menos secretamente asumida por el sujeto. Entonces, qué parece este sujeto, si nosotros nos sostenemos en el primer abordaje del sueño, su contenido manifiesto en esta ocasión es, por el contrario, para reducir, para minimizar. Y la analista subraya otra ocasión de la capucha. La analista está de tal manera, de hecho, mucho más lejos que su propia interpretación, bajo el golpe de una cierta aprehensión de esto, de este lado reducido del sujeta en toda su presencia en este fantasma, que ella dice siempre él ha visto o ha percibido esto cuando era un niñito.

De hecho, ¿qué es lo que vemos? Primero, el sujeto haciéndose chiquito. En presencia de esta especie de apéndice vagamente tentacular en el cual a lo sumo osa aproximar un dedo, del cual no sabe si debe ser para peinar, cubierto, protegido, en todo caso distanciando de él y del ejercicio propio de su potencia en todo caso sexual, este objeto significante, quizá es ir un poco lejos, y es siempre la misma confusión, como confundir la omnipotencia imputada al sujeto como más o menos negada, con esto que es, por el contrario, totalmente claro en esta ocasión, la omnipotencia de la palabra. Pero es que hay un mundo entre los dos porque es precisamente en contacto con la palabra, que el sujeto tiene dificultades.

Es abogado, pleno de talento, y es preso de las fobias más severas cada vez que se trata para él de comparecer, de hablar. Se nos dice, al principio, que su padre ha muerto hace tres años que el sujeto ha tenido todas las penas del mundo para hacerle revivir un poco en su recuerdo. Pero, ¿cuál es el único recuerdo que permanece en él absolutamente claro? Es que se ha transmitido que la última palabra de su padre habría sido: "Roberto tomará mi lugar".

¿En qué sentido la muerte del padre es temida? ¿Es en tanto que el padre está muerto, o en tanto el padre, muriendo, ha hablado, ha dicho "él debe tomar mi lugar"; es decir, "acá es donde soy", o "acá es donde muero".

La dificultad del sujeto en el lugar de la palabra, esta distancia que hace que la palabra se sirva de eso, justamente, para ser en otra parte, y que inversamente, nada es más difícil para el, no solamente hablar, sino hacer hablar a su padre —esto no ha sido recientemente atravesado y ha sido una especie de maravilla para el, nos dice la analista, al ver que su padre hablaba— esto no es algo que deba incitarnos a acentuar para él más para otro esta división entre el otro en tanto hablante, y el otro en tanto imaginario, ya que, para decir bien, cierta prudencia se impone en este nivel.

La analista encontrará una confirmación de la omnipotencia del sujeto en el carácter enorme del sueño. El carácter enorme del sueño, no podemos saberlo sino por el sujeto. En él quieta nos dice que ha tenido un sueño enorme, y que allí había Una enorme historia anteriormente, que ha habido una vuelta al mundo, cien mil aventuras que tomaría un tiempo enorme contarlas, que no va a aburrir a la analista con eso. Pero al fin de cuentas, la montaña alumbra una pequeña historia, una sonrisa. Si hay, también acá, una noción de algo que esta indicado como un horizonte de potencia total, es un relato, pero un relato que no está hecho.

La omnipotencia esta siempre del lado del otro, del lado del mundo de la palabra en tanto tal.

¿Es que debemos enseguida ver al sujeto en esta ocasión, como siendo lo que supone, y esto enseguida implicará, en el pensamiento de la analista, como siendo la estructura del sujeto, no solamente este fantasma como omnipotente, sino con la agresividad que esto comporta?

Es en esto que debemos, de antemano, detenernos para situar justamente lo que estoy tratando de hacerles notar, lo que se produce de parcialidad en las interpretaciones, en la medida en que es ignorada una diferencia de plano, que, cuando ella esta suficientemente acentuada en la estructura misma debe ser respetada. Es por esta sola condición que sabemos que esta diferencia de plano existe.

¿Cuál es la cuestión que se plantea a continuación, no dice la analista? ¿Por qué esta fantasía de extrema potencia? La respuesta esta dada en el sueño. El da una vuelta al mundo. Yo lo pondré acá como reunido con la idea del recuerdo real que tiene cuando describe la capucha en el sueño, que era tan extraña. Por esto pone por delante no sólo el hecho de que ha descripto una proyección, un repliegue de la capucha, sino también que la capucha estaba sobresalida como el labio de Una caverna. Así, obtenemos esto de que la capucha y los labios de la vulva son comparados con una gran caverna sobre el flanco de la colina donde él se paseaba con su madre. La fantasía de masturbación es, entonces, una fantasía asociada con una potencia inmensa, ya que sueña con estrechar, abarcar la tierra misma, ser en la altura, al nivel de la enorme caverna, bajo sus labios proyectados hacia adelante. Esta es la segunda cosa de gran importancia.

Ustedes verán cómo procede en esta ocasión el pensamiento de la analista. Indiscutiblemente, no podrán evitar sentir un salto. Que hay una relación con el hecho de la asociación, aquí está demostrado, entre este recuerdo de niño donde él mismo sufre una cobertura, como decimos, y aquél del cual se trata, a saber, del valor significante del fantasma que llamaré fantasma de prolapso; esto, seguramente, no tiene que ser descartado. Que el sujeto sea considerado por este hecho mismo, domo siendo el sujeto clásico, si puedo decir, de la relación edípica, es decir, el sujeto que se alza al nivel de este abrazo de la madre que aquí se transforma en el abrazo de la tierra madre del mundo entero, hay acá algo que me parece ser un paso franqueado quizá un poco rápido, sobre todo cuando sabemos cuánto, al costado de este esquema clásico, grandioso, del héroe edípico, en tanto se muestra a la altura de la madre, cuanto en la diferencia de este esquema podemos ver aquí que Adler tiene tan bien detallada una fase de la evolución del niño, a saber, el momento donde, muy precisamente, la integración de su órgano como tal está ligada a un sentimiento de inadecuación —contrariamente a esto que dice la analista— con lo cual se trataría de una empresa tal como la conquista o el abrazo de la madre.

Efectivamente, este elemento puede jugar un rol, un rol indiscutible, manifestado, de una manera seguramente apremiante en un gran número de observaciones que conciernen, precisamente, a esta relación narcisística del sujeto con su pene, en tanto que para él está considerado como más o menos insuficiente, demasiado chico.

Sólo con la relación con los semejantes, con los rivales masculinos, se entra en juego. La experiencia clínica nos muestra, por el contrario, que la inadecuación del pene al órgano femenino, como supuesto seguramente enorme en relación al órgano masculino, es algo de demasiada importancia para que nos apuremos tanto.

La analista continúa: ahora voy a atraer su atención sobre la asociación que concierne a los labios y a los labios de la vulva. La mujer que fue un estimulo para su sueño, tenla los labios rojos, plenos, apasionados. En el sueño, hay una pintura muy viva de la imagen de los labios de la capucha. Está la caverna con un labio sobresaliente. Se piensa en cosas longitudinales y otras atravesadas, lo que ahora nos sugiere la boca comparada con la vulva. Esto, sin comentario. Piensa, por otra parte, que el primer coche que ha tenido tenía su capota cerrada por correas hacia atrás, cuando no estaba vuelta hacia adelante, y un dibujo escarlata en esta capota. Piensa inmediatamente en la velocidad y en las referencias que ha hecho, la voz de la mujer y la voz del hombre imitada, son parecidas en la imitación. De esta referencia a ella, y en conexión con una encarnación masculina, deduzco que, por lo menos cuando era pequeño, vio los órganos de su hermana, percibió el clítoris y comprendió.

Le hace, por otra parte, enseguida, evocar más lejos, considerando el conjunto del trabajo de análisis hecho precedentemente, que por agregado había allí cierta situación infantil en la cual hubo alguna ocasión de ver las partes genitales de su madre. Todos los detalles suponen en sus recuerdos, en sus imagenes, que había estado en este momento acostado en la alfombra, que había visto esto o aquello.

Voy a puntuarles, sin embargo, aquí, algo que les indica dónde quiero llegar en estas criticas, dónde les enseño a mirar, a deletrear, si puedo decir, en qué sentido van un cierto número de inflexiones en la comprensión de lo que nos es presentado, que no está destinado —creo— a argumentar la evidencia de ello, ni tampoco, sobre todo - ustedes lo verán cuando lleguemos allí —a darle su justa interpretación.

Es necesario, sin embargo, que aclare un poco mi enfoque; Quiero decir que yo les digo, o quiero llegar allí, esto que entiendo como opuesto a este color en el cual se empeña el pensamiento de la analista.

Y ustedes verán que estas interpretaciones serán, a este respecto, extremadamente activas, aún brutales, sugiriendo que el fondo de la cuestión es el carácter agresivo de su propio pene. Ustedes verde que es un pene en tanto órgano agresivo, en tanto órgano que hace entrar en juego el carácter nocivo y deletérea del agua que él ha despedido, a saber, la orina que ustedes han visto evocada en la ocasión, y sobre la cual habremos de volver, que la analista obtiene un efecto del cual no hay que estar sorprendido, que un sujeto adulto, bastante mayor, se orine de noche.

Pero dejemos esto de lado. Lo que quiero decir es esto: creo que este sueño, para anticipar un poco esto que creo poder demostrarles, continuando este trabajo penoso y lento de análisis línea por línea de lo que no es presentado, ¿dónde se plantea la pregunta en lo que podemos llamar el fantasma fundamental del sujeto, en tanto que está presentificado? El sujeto imagina algo, no sabemos qué, que concierne a su analista. Les diré lo que la analista piensa del punto en que está la transferencia.

Esta es en este momento, una transferencia de tipo netamente imaginario. La analista está focalizada, centrada, como algo que está, esencialmente, respecto al sujeto, en una relación de un otro yo (moi). Toda la actitud rígida, mesurada, de defensa, como la analista lo percibe muy bien, en presencia de Ella Sharpe, es algo que indica una relación especular muy estrecha con la analista. Es contrariamente a esto, que dice Ella Sharpe, está muy lejos de ser la indicación de que no hay allí transferencia. Es una cierta clase de transferencia, en su origen, dual, imaginaria.

Esta analista, en tanto ella es la imagen de él, ¿qué está por hacer? Ya esto se impone. Está bien claro que esto contra lo cual el sujeto la previene con su tosecita, es que ella suena con masturbarse. Es esto que ella está haciendo como sensato. Pero, ¿cómo lo sabemos? No lo sabemos enseguida, y esto es muy importante. ¿Cómo podemos saber? Es por otra parte que en el sueño la cosa, entonces es, seguramente, clara, ya que es lo que el sujeto está diciendo, a saber, que hay alguien que se masturba.

La analista reconoce con mucha justicia que se trata de una masturbación del sujeto, que es lo que sueña. Pero en el sueño esta la intención manifiesta en el sujeto de masturbarla - agregando que esto es un verbo intransitivo - nos pone suficientemente sobre la vía de esto: que el fantasma significante del cual se trata, es de una estrecha ligazón con un elemento macho y hembra tomado sobre el tema de una especie de envolvimiento. Quiero decir que el sujeto no está simplemente tomado, contenido en el otro. En tanto que él la masturba, él se masturba, pero también, no se masturba. Quiero decir que la imagen fundamental de la que se trata, que está acá presentificada en el sueño, es de una especie de vaina, de guante. Por otra parte, éstas son, en suma, las mismas palabras. Vaina es la misma palabra que vagina.

He aquí dos encuentros lingüísticos que no son sin significación. Sobre la vaina, el guante, la funda, habría mucho que decir desde el punto de vista lingüístico, pero creo que hay acá una cadena de imagenes en la que es extremadamente importante reparar, ya que son muy constantes y presentes, no solamente en el caso particular, sino en muchos otros casos. De lo que se trata, es de que el personaje imaginario significante es algo en que el sujeto ve, de alguna manera, envuelta, tomada, toda clase de posibilidades de su manifestación sexual. Es en relación a esta imagen central, que él sitúa su deseo, y que su deseo está de alguna manera subsumido en ella.

Voy a poder mostrarles que es necesario que haga un poco más para justificar esta noción: en la continuidad de las asociaciones va a aparecer una idea que ha atravesado el espíritu del sujeto, nos dice la analista, desde asociaciones recientes. El sujeto, por sus funciones, debe ir a un lugar donde el rey y la reina deben mostrarse. El esta encantado por la idea de tener una avería en el auto en mitad de la ruta, y de bloquear por esto el pasaje del auto real.

La analista ve allí una vez mas, las manifestaciones de la omnipotencia temida del sujeto por sí mismo, aún va a ver allí —nosotros veremos todo esto en detalle la próxima vez— el hecho de que el sujeto ha tenido la ocasión durante algunas escenas primitivas, de intervenir de esta manera, deteniendo algo, a los padres, en esta escena primitiva. ,

Lo que es seguramente sorprendente, nos parece, por el contrario, ea la función del auto sobre el cual volveremos. El sujeto está en su auto, y más allá de que durante este detenimiento él separa lo que sea - detiene sin ninguna duda a los otros; que él detiene, nosotros lo sabemos bien, ya que se trata de esto, esta en análisis por esto. Todo se detiene, detiene a los otros, la pareja real, parental en la ocasión, en un auto, y bien dicho, en un sólo auto que los envuelve como la capota de su auto, la que él evoca en sus asociaciones, reproduciendo el carácter de cobertura de la caverna.

Estamos en la época en que Melanie Klein comienza a ascender en la sociedad inglesa y aportar cosas articuladas, que son de una alta cualidad clínica, y es por lo que vale la pena, haber hablado de tal manera de un padre ambigüo, del monstruo biparental, por no saber aquí reconocer de una manera particularmente específica un cierto carácter ambigüo, ligado a cierto modo de aprehensión de la relación sexual.

Digamos, para acentuar entonces nuestro pensamiento, que lo que está en cuestión en el sujeto es, justamente aquí, precisamente, separar a los padres, separar, en ellos, el principio macho y hembra. Y diría, en cierta manera: lo que se propone como línea de horizonte de la interpretación analítica-, no es otra cosa que una especie de operación de circuncisión psíquica.

Pero en fin de cuentas, esta vagina protuberante, prolapsada, que esta acá, viene aquí a presentarse bajo la forma de algo que, por otro lado, no está en ninguna parte, que se sustrae - he hablado hace un rato de bolsa de prestidigitador, pero para nosotros, la verdad de este girar y donde se encuentra y no se encuentra alternativamente, lo que se resbala allí por algo de habilidad. Esta especie de perpetua presencia y no presencia del sujeto, es también algo que tiene otra cara: es lo que hay en la masturbación, que ya implica allí cierto elemento de hembra presente.

Es por eso que hablo de una cierta circuncisión. Esta especie" de elemento protuberante es también el prepucio que él sueña en ciertos lados - y esto de lo cual se trata en este sujeto - y que otra parte de sus recuerdos nos hace aparecer. (falta la página final N.T.)



índice del seminario 6







































Clase 11. Del 4 de Febrero de 1959

4 de Febrero de 1959



Hemos llegado entonces, al momento de intentar interpretar el sueño del sujeto de Ella Sharpe. Empresa que podemos intentar, naturalmente, a titulo puramente teórico, como un ejercicio de indagación: que á causa del carácter excepcionalmente bien desarrollado de ese sueño, ocupa, al decir de Ella Sharpe, a la que damos crédito en este punto, un punto crucial del análisis.

El sujeto, que tuvo un sueño enorme, necesitará horas para contarlo, dice que lo ha olvidado, que le queda de él lo que sucede en una ruta de Checoslovaquia, en la que se encuentra por haber emprendido un viaje alrededor del mundo con su mujer. He subrayado también que él dice: "un viaje con mi mujer alrededor del mundo". El se encuentra en una ruta, y allí sucede que es víctima de las tentativas sexuales de una mujer que, lo hago notar, se presenta de cierta forma que no está dicha en el primer texto del sueño. El sujeto dice: "lo advertí en el instante mismo, ella estaba debajo mío, hacía todo lo que podía 'to get my penis' (por tomar mi pene)." Tal es la expresión sobre la que volveremos más adelante.

"Por supuesto —dice el sujeto— eso no me ayuda para nada, a punto tal que pensé que ante su contrariedad, yo debería masturbarla." Hace aquí una observación sobre la naturaleza básicamente intransitiva del verbo 'to masturbate' en inglés, de lo cual ya nos hemos interesado con la autora misma, aún cuando la autora haya acentuado menos directamente su fundamentación sobre la observación de alguna manera gramatical del sujeto.

Habíamos puesto de relieve la última vez, el valor de eso que aparece menos aún en las asociaciones que en el despliegue de la imagen del sueño: a saber, eso que forma ese repliegue, ese "pin hood" a la manera del repliegue de una capucha de la que habla el sujeto. Y hemos mostrado que, seguramente, el recurso del bagaje de imagenes consideradas por la doctrina clásica, y nacidas manifiestamente de la experiencia, cuando se las hace intervenir de alguna forma como tantos objetos separados, sin señalar bien su función en relación al sujeto, lleva posiblemente a algo que puede ser forzado, de lo que hemos subrayado la última vez lo que podría haber de paradojal en la interpretación demasiado precipitada de ese apéndice singular, de esa protrusión (1) del órgano genital femenino, como siendo, de ahora en adelante, el signo de que se trata del falo de la madre.

Por otra parte, tal cosa no es sin impulsar otro salto en el pensamiento de la analista, a tal punto es verdad que un paso imprudente no puede rectificarse, contrariamente a lo que se dice, más que con otro paso imprudente; que el error es mucho menos erudito de lo que se cree, por la sola posibilidad de salvar un error cometiendo otro que lo compense.

No decimos que Ella Sharpe esté completamente errada. Intentamos articular los mejores modos de dirección que habrían podido permitir una adecuación más completa. Esto, bajo total reserva, ya que nosotros no tendremos jamás la experiencia crucial de este caso.

Pero el salto siguiente del que hablaba es que eso de lo que se trata es aún mucho menos del falo del partenaire en la ocasión imaginado eh el sueño; que del falo del sujeto. Esto, lo admitimos, el carácter masturbatorio del sueño, coordinado por bastantes otras cosas de todo lo que aparece antes en los decires del sujeto. Pero ese falo del sujeto, de ahora en adelante somos llevados a considerarlo como siendo el instrumento de destrucción, de agresión de un tipo extremadamente primitivo, tal que sale de todo lo que se puede llamar la imaginarla Y es en ese sentido que de aquí en mas, se orienta el pensamiento de la analista, de Ella Sharpe en esta ocasión. Y aunque ella esté lejos de comunicar el conjunto de su interpretación al sujeto, el punto sobre el que va a intervenir inmediatamente, en el sentido en que ella (le) dice, es después de que le ha hecho notar los elementos que ella llama de omnipotencia, según su interpretación, eso que aparecería en su opinión en el sueño serte, en segundo lugar, la masturbación; en tercer lugar, esta masturbación es omnipotente, en el sentido de que se trata de este órgano perforante y que pincha, que es el propio falo del sujeto.

Es necesario decir que hay allí una verdadera intrusión, una verdadera extrapolación teórica de parte de la analista, pues en verdad, nada, ni en el sueño, ni en las asociaciones; da ninguna especie de fundamento para hacer intervenir enseguida en la interpretación esta noción del sujeto, que el falo intervendría aquí en tanto que órgano de agresión, y que eso que sería tan temido sería, de alguna manera, el retorno, la retorsión de la agresión implicada por parte del sujeto.

No se puede no subrayar acá que no vemos claramente en qué momento el sujeto pasa de esas intrusiones, al análisis, de eso que ella tiene efectivamente delante de los ojos, y que aprecia con tanto detalle y fineza. Es claro que se trata de teoría. Es suficiente leer esta fórmula, para darse cuenta de que después de todo, nada justifica aquello, si no es que la analista no nos dice. Pero nos ha informado suficientemente y con bastante esmero de los antecedentes del sueño, del caso del enfermo a grandes rasgos, para que nosotros podamos decir que hay allí, seguramente, algo que constituye un salto. Que eso haya parecido necesario, está bien después de todo, eso lo concedemos de buen grado; pero que a nosotros también nos parezca necesario, es el punto sobre el que vamos a intentar retomar este análisis, no para sustituir de alguna manera los equivalentes imaginarios, las interpretaciones en el sentido en que se escucha hablar de ellas; esto que es un dato debe comprenderse como tal.

No se trata de saber lo que quiere decir en tal o cual momento, en el conjunto, cada elemento del sueño. En el conjunto, no se puede decir sino que esos elementos están más que correctamente apreciados. Están basados en una tradición de la experiencia analítica en el momento en el que opera Ella Sharpe, y por otra parte, son certeramente percibidos con gran discernimiento y gran fineza. No es eso de lo que se trata. Se trata de ver si el problema no puede ser aclarado para ser formulado, articulado de una manera que ligue mejor la interpretación con ese algo sobre el cual intento hacerles poner el acento aquí, a saber, la topología intersubjetiva, aquélla que, bajo diversas formas, es la que intento siempre construir aquí ante ustedes, restituir que ella es, por otra parte, aquélla de nuestra experiencia: aquélla del sujeto, del pequeño otro, del gran Otro, en tanto que su lugar debe siempre, en el momento de cada fenómeno en análisis, ser señalado por nosotros, si queremos evitar cierta especie de enredo, de nudo, verdaderamente cercado como por un hilo que no se ha sabido desanudar, y que forma, si se puede decir, lo cotidiano de nuestras explicaciones analíticas.

Ese sueño, lo hemos recorrido ya bajo varias formas, y podemos igualmente comenzar a articular algo simple, directo, algo que no esta ausente para nada de la observación que se desprende de la lectura que hemos hecho. Diré que en el estado que precede, que conduce al sujeto y al sueño mismo, hay una palabra, que después de todo lo que tenemos aquí como vocabulario en común parece ser aquélla que viene primero, y de la que no estaría excluido que llega en esta época al espíritu de Ella Sharpe. Esto no es para nada hacer intervenir una noción que no estuviera a su alcance; estamos en el ambiente inglés de ese momento, dominado por discusiones tales como aquéllas que se elaboraron, por ejemplo, entre gente como Jones y Mme. Joan Riviére, lo que ya ha sido cuestión aquí, a propósito de su libro "De la femineidad como máscara". Ya les he hablado de ello a propósito de la discusión concerniente a la fase fálica y la función fálica en la sexualidad femenina.

Hay una palabra, la que he citado hace un momento, que es la palabra verdaderamente necesaria a Jones para entrar en la comprensión lo que es el punto mis difícil de comprender, no simplemente de poner en juego, del análisis, a saber, el complejo de castración. La palabra de la que Jones se sirve es afanisis, a la que ha introducido de manera interesante en el vocabulario analítico, y a la que nosotros no podemos de ningún modo considerar ausente del medio inglés, ya que la tiene en gran consideración.

Afanisis es desaparición, en tanto que él así lo entiende. Y lo que quiere decir con eso, lo veremos más adelante. Pero yo voy a hacer un uso totalmente distinto por el momento, uso verdaderamente impresionista de eso que está verdaderamente allí todo el tiempo en el curso del material del sueño, de lo que lo circunda, del comportamiento del sujeto, de todo lo que hemos intentado articular ya a propósito de lo que se presenta, de eso que se propone Ella Sharpe.

Ese sujeto mismo que, antes de presentarse de una manera que ella describe tan bien, con esa especie de ausencia profunda que le da a ella misma el sentimiento de que no hay tema del sujeto, ni uno de sus gestos que no sea amigo enteramente pensado, y que ella corresponde a lo que es del sentimiento.

Ese sujeto que se mantiene tan bien entre barrotes, que por otra parte no se anuncia, no aparece, pero que inmediatamente aparecido es más inatrapable que si no estuviera allí, ese mismo sujeto nos ha dado en las premisas de lo que ha aportado al sujeto de su sueño, esta pregunta que ha planteado a propósito de su tosecita: ¿Y esta tosecita, para qué hacerla? Para hacer desaparecer algo que debe estar más allí de la puerta. No se sabe qué.

El mismo lo dice: en el caso de la analista, ¿qué es lo que puede querer hacer desaparecer allí? Evoca a propósito de esto, la puesta en guardia en otras circunstancias, en otro contexto en el que se trate de que ellos se separaran, que se desunieran, ya que la situación podía ser embarazosa si él mismo entraba, y así sucesivamente.

En el sueño, estamos en presencia de tres personajes, ya que no hay que olvidar que esta allí su mujer. Una vez que lo hubo dicho, el sujeto no habla más de ello. Pero, ¿qué es lo que sucede exactamente entre el partenaire sexual, aquella de la que, en suma, el se escapa? ¿Es tan seguro que él se esconde?

Lo que enuncia a continuación prueba que él está lejos de estar completamente ausente, y él ha puesto su dedo, dice, en una especie de vagina "protru", dada vuelta (retourné), cierta especie de vagina prolapsada, sobre la cual he insistido. Allí también se plantean preguntas, y nosotros vamos a plantearlas. ¿Dónde está lo que este en juego? ¿Dónde está el interés de la escena? Eso que a propósito de un sueño es hasta donde se puede plantear la pregunta -- y nosotros podemos plantearla, en tanto toda la teoría freudiana nos impone hacerlo - eso que se producirá inmediatamente después en las asociaciones del sueño, es algo que implica a esta amiga por intermedio de un recuerdo que él tiene concerniente a la capucha que constituye el órgano femenino de alguien que le ha ofrecido sobre un campo de golf algo en lo que podrían ser envueltos sus palos, y al que él ha encontrado un tipo raro, extravagante. Habla de esto con una especie de regocijo divertido. Y se ve bien lo que sucede alrededor de este personaje verdadero. Es, a propósito de este personaje, que uno podría preguntarse hasta donde meditó en él (Rouler sa bosse: también, viajar mucho).

Es el tomo en el que habla de esto: con esa jeta y con esa labia, ¿que podía ser ese tipo? Puede ser un carnicero, dice. Dios sabrá por qué un carnicero. Pero el estilo y la atmósfera general, el ambiente de imitación a propósito de ese personaje - inmediatamente, por otra parte, el sujeto se divierte en imitarlo - muestra claramente que se trata de esto.

Por otra parte, es por ahí que se introduce la noción de imitación y la asociación con su amiga, que imita tan bien a la gente, que tiene tal talento, que ella lo explota en la Broadcasting.

Y respecto a eso, la primera idea que se le ocurre al sujeto es que habla demasiados de eso, que parece alabarse hablando de una relación tan notable, de confianza. He verificado la palabra inglesa que él utiliza, es una palabra de uso totalmente reciente, que se puede considerar cercana al slang, y que nosotros hemos intentado traducir aquí por 'la ramener' (volverla a traer). El la utiliza para decir: "tengo escrúpulos de volverla a traer respecto de eso". Para decirlo claramente, el desaparece, se hace chiquito, no quiere ocupar mucho lugar en esta ocasión. En resumen, lo que se impone a cada instante, que vuelve como tema, como leit motiv en todo el discurso, las palabras del sujeto, es algo por lo que el término afanisis aparece aquí mucho más cerca del hacer desaparecer, que del desaparecer, de algo que es un perpetuo juego, donde sentimos que bajo diversas formas, algo —si quieren, lo llamamos el objeto interesante— jamás está ahí.

Ya he insistido la última vez sobre esto. No está jamás donde se lo espera, deslizándose de un lado a otro en una especie de juego escamoteador. Voy a insistir allí aún, y verán ustedes dónde nos va a llevar esto que es lo esencial, la carácterística, a todos los niveles, de la confrontación ante la que se encuentra la analista. El sujeto no puede avanzar nada si no sustrae inmediatamente, por algún costado, lo esencial, si se puede decir. Y haré la observación de que en Jones también el término afanisis es un término que se ofrece a una critica que conducirla a la denuncia de alguna inversión de la perspectiva.

Jones ha observado en sus sujetos que, ante la cercahía del complejo de castración, lo que siente, lo que comprende, lo que ve en ellos, es el miedo a la afanisis, a la desaparición del deseo. Y de alguna manera, lo que nos dice, es que la castración - no lo formula así por no tener el aparato para ello - es la simbolización de esta pérdida. Hemos subrayado cuán enorme problema es ver en una perspectiva genética cualquiera, como un sujeto, supongamos en su desarrollo, en algún momento, en un nivel de alguna forma animal de intersubjetividad, comienza a ver la tendencia a desligarse de ella misma para devenir miedo de su propia pérdida. Y Jones hace de la afanisis, la sustancia del miedo a la castración.

Quiero hacer notar aquí que es exactamente en el sentido contrario que conviene tomar las cosas. Es porque puede haber castración, es porque el juego de significantes está implicado en la castración, que el sujeto se elabora la dimensión donde él puede tener miedo, alarma, por la desaparición posible, futura, de su deseo.

Observemos bien que es difícil concebir algo como el deseo, tanto si le damos un sentido pleno, el sentido de la tendencia, a nivel de la psicología animal, cuanto en la perspectiva humana, como a algo que sea totalmente accesible.

El miedo a la falta del deseo es, al menos, un paso a explicar. Para explicarlo les digo: el sujeto humano, que tiene que inscribirse en el significante, encuentra allá una posición desde donde, efectivamente, pone en cuestión su necesidad, en tanto que su necesidad es tomada, modificada, identificada, en la demanda. Y allí todo se concibe muy bien, y la función del complejo de castración en esta ocasión, a saber, en qué esta toma de posición del sujeto en el significante implica una pérdida, el sacrificio de uno de esos significantes entre otros; esto es lo que por ahora dejamos de lado.

Lo que quiero decir, simplemente, en que el miedo a la afanisis en los sujetos neuróticos corresponde, contrariamente a lo que cree Jones, a algo que debe ser comprendido en la perspectiva de una formación insuficiente, una articulación insuficiente, de una forclusión parcial del complejo de castración. Es en tanto que el complejo de castración no pone al sujeto al abrigo de cierta especie de confusión, de arrastre, de angustia, que se manifiesta en el miedo a la afanisis, que lo vemos efectivamente en las neurosis, y aquí tenemos una buena ocasión de constatarlo a propósito de este caso.

Continuemos y volvamos sobre el texto mismo, sobre el texto del sueño, y sobre esas imagenes de las que hemos hablado la ultima vez, a saber, sobre la presentación del sexo femenino bajo la forma de esa vagina prolapsada.

En las imagenes del sujeto, esta especie de vagina, de bolsa, de funda, que da allí una imagen tan extraña que no se puede, sin embargo - aunque no sea para nada un caso excepcional y único, pero que no es de todas maneras, frecuente de encontrar, que no ha estado descripto en la tradición analítica de una manera perfectamente carácterizada -. Aquí se puede decir que la imagen misma que es empleada en la articulación significante del sueño - a saber, qué es lo que esto quiere decir entre los personajes que están presentes la imagen misma toma su valor de eso que sucede, de eso por lo que ella es utilizada.

De hecho, lo que vemos, es que el sujeto va a poner el dedo ahí, como el dice. No pondrá su pene. Desde luego que no. El pondrá el dedo ahí. El retorna, reinvagina eso que está allí desvaginado, y todo eso pasa como si se produjera allí casi un gesto de escamoteador. Ya que, al fin de cuentas, él pone algo en el lugar de eso que deberla poner allí. Pero también él muestra que algo puede ser puesto allí. Y, suponiendo que algo pudiese ser, efectivamente, sugerido por la forma de lo que se presente, a saber, el falo femenino, todo sucede como si, ese falo, que en efecto está en cuestión de la manera más clara (to get my penis), tenemos derecho a preguntarnos qué es lo que el sujeto está mostrándonos, ya que mucho más que un acto de copulación, se trata allí de un acto de exhibición. Esto, no lo olvidemos, sucede ante un tercero. El gesto está allí, está ya evocado el gesto de prestidigitador en el ejercicio que en francés se llama 'la bolsa del huevo' (le sac a l'oeuf). A saber, esa bolsa de lana en la cual el prestidigitador hace desaparecer alternativamente el huevo y lo hace desaparecer, lo hace aparecer en el momento en que no se lo espera, y muestra su desaparición allí donde se creería verlo. 'The bag of the eggs', se dice, también, en inglés.

El gesto, la mostración de la que se trata, es tanto más que las asociaciones del sujeto. Eso que hemos visto siempre advertible exactamente en el momento en que aparece, de manera que nada se vea de eso que halla antes allí, o aún hacerse tomar, él mismo, dice en su fantasma, como un perro ladrando, de manera que se dice que no hay allí mes que un perro. Si, siempre el mismo escamoteo del que no sainemos que es lo que se escamotea. Y seguramente es, ante todo, el sujeto mismo el que es escamoteado. Pero el sueño nos indica y nos permite precisar que, en todo caso, si lo que buscamos precisar, lo que se localiza en el sueño como siendo lo que esta en juego en este escamoteo es, ciertamente, el falo, el falo del que se trata: to get my penis.

Y aquí estamos, yo diría, de tal manera habituados, acostumbrados por la rutina analítica, que casi no nos detenemos en este dato del sueño. No obstante, la elección del sujeto del 'to get' para designar lo que aquí pretende hacer la mujer... es un verbo de uso extremadamente polivalente. Es siempre en el sentido de obtener, de ganar, de atrapar, de agarrar, de adjuntar. Se trata de algo que se obtiene al por mayor (en gros), en el sentido general. Seguramente, entendemos esto con la nota y el eco de femina curem et benim o penim devorem, pero esto no es tan simple.

Ya que, ante todo, lo que es puesto en causa, en esta ocasión, es algo que, al fin de cuentas, está muy lejos de estar en ese registro. Y si, por otra parte, la cuestión se trata de la forma que sea, real o imaginaria, de obtener el pene, la primera pregunta a plantearse es la siguiente: ¿Dónde está ese pene?.

Ya que parece caer por su propio peso que él esta allí. A saber, que bajo el pretexto de que se ha dicho que el sujeto en el relato del sueño, que ella hacía maniobras 'to get my penis', se tiene la sensación de creer que entonces él está allí en alguna parte, en el sueño. Pero literalmente, si se observa bien el texto, no hay absolutamente nada que lo indique.

No es suficiente que la imputación del partenaire esté allí dada, para que deduzcamos que el pene del sujeto esta allí, es suficiente, de alguna manera, para satisfacernos sobre el sujeto, acerca de esta pregunta: ¿Dónde está?

El, posiblemente, esta totalmente en otra parte que allí, donde tenemos esa necesidad de completar en una escena, donde se supondría que el sujeto se esconde... Esto no es tan simple. Y a partir del momento en que nos planteamos esta pregunta, vemos, en efecto, que es ahí donde se plantea toda la cuestión, y que es también a partir de allí que podemos detectar cuál es la discordancia singular, la rareza, que presenta el signo enigmático que nos es propuesto en el sueño. Puesto que se trata de que hay allí una relación entre lo que sucede y una masturbación.

¿Qué es lo que esto quiere decir? ¿Qué es lo que esto nos señala en esta ocasión? Vale la pena recopilarlo en el pasaje. Ya que, aunque esto no sea elucidado, es muy instructivo, quiero decir, aunque eso no sea articulado por la analista en sus propias palabras. Esto es, a saber, que la masturbación del otro y la masturbación del sujeto, es todo uno; que incluso se puede llevar más lejos, y decir que todo lo que hay allí en la captura del otro en el sujeto mismo, que se asemeja a una masturbación, supone, efectivamente, una secreta identificación narcisista; que es menos aquélla del cuerpo a cuerpo, que aquélla del cuerpo del otro al pene; que toda una parte de las actividades de la caricia - y esto se vuelve más evidente puesto que ella toma un carácter de placer más desatado, más autónomo, mes insistente, incluso lindante con algo que se llama más o menos propiamente en esta ocasión, un cierto sadismo - es algo que pone en juego al falo, puesto que como les he mostrado ya, El se perfila imaginariamente en el más allá del partenaire natural.

Que el falo esté interesado como significante en la relación del sujeto con el otro, hecho que viene aquí como de algo que puede ser buscado en este más allí del abrazo del otro sobre el cual se pone en marcha, toma toda la clase de formas tipo, más o menos acentuada en el sentido de la perversión.

De hecho, eso que vemos ahí es que, justamente, esta masturbación de la otra sujeto difiere totalmente de esta captura del falo en el abrazo del otro, que nos permitirla hacer equivalente, estrictamente, la masturbación del otro a la masturbación del sujeto mismo, que ese gesto del que les he mostrado el sentido, que es un gesto de verificación de que eso que esto allí de frente es, seguramente, algo totalmente importante para el sujeto, es algo que tiene gran relación con el falo, pero también es algo que demuestra que el falo no está allí, que el 'to get my penis' del que se trata para el partenaire, es algo que huye, que se esconde, no simplemente por voluntad del sujeto, sino por algún accidente estructural que es verdaderamente lo que esta en cuestión, lo que da su estilo a todo lo que resulta en la continuación de la asociación.

Esta mujer de la que nos habla, que se conduce tan notablemente en esto, que imita perfectamente a los hombres; esta especie de increíble escamoteador del que se acuerda después de años, y que le propone con una labia increíble algo, que singularmente es aún una cosa por otra, hacer una envoltura de algo con la envoltura que esta hecha para otra cosa, especialmente, el tejido destinado para hacer una capota de un auto, y ¿para hacer qué? Para permitirle introducirlo en su club de golf. Esta especie de falluto, he aquí por lo que regresará.

Todo tiene siempre ese carácter: que de algún elemento se trate, el que no es jamás completamente Ese que se presenta como aquél del que se basa. Es siempre bajo una forma problemática, que se presentaran las cosas.

Tomemos todo lo que viene inmediatamente después, y que va a jugar su rol. El carácter problemático de eso que insiste ante el sujeto, se continúa inmediatamente, y por una cuestión que se le ocurre al respecto, que hace surgir recuerdos de su infancia. ¿Por que diablos ha tenido en otro momento otra compulsión como la que ha tenido al comienzo de la sesión, es decir, la tos? A saber, al cortar las tiras de su hermana. "Yo no pensaba que ésta era una verdadera compulsión. Es por la misma razón que la tos me molestaba. Supongo que corta las sandalias de mi hermana en el mismo estilo. Tengo un recuerdo bastante oscuro de haberlo hecho. No sé por que, y que desearía yo de ese cuero, por lo que hacia esto con las tiras. Pero en fin, debo creer que quería hacer algo útil con eso, pero pienso que era completamente 'unnesesary' (innecesario). Era muy útil en mi espíritu, pero eso no tenía ninguna necesidad seria".

Allí también nos encontramos ante una especie de huida, a la que seguirá aún otra huida, a saber, la observación de que piensa de golpe en las correas que ataban la capota del coche. O más bien, esto le hace pensar en las correas que atan un coche de bebé. Y en este momento, de manera curiosa, de manera negativa, él introduce la noción de cochecito. Piensa que no tenía un cochecito en su casa. Ahora bien, "no hay nada más estúpido —dice él mismo— que decir que no hay un cochecito en nuestra casa". Lo había seguramente, ya que había dos niños.

Siempre el mismo tipo de cosa que aparece bajo la forma de que algo falta, y que domina todo el estilo de las asociaciones del sujeto. ¿Cuál es el paso siguiente, directamente enganchado esto?

"Fíjese he recordado de pronto que debía mandar dos cartas a dos miembros que deberían ser admitidos en nuestro club, y yo me lactaba de ser mejor secretario que el ultimo. Es de todos modos, bastante singular que yo venga a olvidarme, justamente, de dar a estos el permiso para entrar al club. Dicho de otro modo, no les he escrito". E inmediatamente encadena, indicado entre comillas en el texto de Ella Sharpe, aunque ella no lo aclara, porque para un lector inglés no es necesario incluso que esas líneas están entre comillas, una cita de una frase que se encuentra en eso que se denomina la Confesión General, a saber, una de las plegarias del "Book of Common Priere" (Libro de oraciones comunes), del libro de plegarias para todo el mundo, que forma el fundamento de los deberes religiosos de los individuos, en la iglesia de Inglaterra.

Debo decir que mis relaciones con el Book of common priores, no comienzan ayer, y no haré más que evocar aquí el muy gracioso objeto que había sido creado hace veinte o veinticinco años en la comunidad surrealista, por mi amigo Roland Penrose, que se habla hecho de uso para los iniciados del Common book of priores.

Cuando se lo abrió, de cada lado del plano inferior de la tapa, tenía un espejo. Esto es muy instructivo, ya que allí está la única critica que se le puede hacer a Ella Sharpe, porque seguramente este texto le era mucho más familiar que a nosotros, ya que el texto del Book of common priores no es totalmente parecido a la cita que el sujeto nos da de él.

"We have let undone", hemos dejado de hacer (non fait), las cosas que tentamos para hacer, en lugar de "No hemos hecho las cosas que debíamos hacer" (cita del sujeto). Es poca cosa, pero a continuación, falta una frase entera que es, de alguna manera, la contrapartida en el texto de la plegaria de confesión general: "y hemos hecho las cosas que no debíamos hacer".

Esto, en el sujeto, no prueba para nada la necesidad de confesarme. Por una buena razón, que es al fin de cuentas, para el sujeto, se trata siempre verdaderamente de no hacer las cosas. Pero hacer las cosas no es asunto suyo. Es, en efecto, eso de lo que se trata, puesto que agrega que él es completamente incapaz de hacer lo que sea, por miedo a tener demasiado éxito, como nos lo ha subrayado la analista.

Y además, ya que esto no es lo de menos, es allí donde quiero llegar, el sujeto continua la frase: "No hay nada de bueno en nosotros (good things)". Esto es pura invención del sujeto, ya que en el Book of common priores non hay tal cosa. Allí dice: "No hay nada sano en nosotros". Creo que ese "good things" que él ha puesto en ese lugar, es de lo que se trata. Diría que ese objeto bueno que no este ahí, es ése que está en cuestión, y nos confirma una vez más que se trata del falo.

Es muy importante para el sujeto decir que ese objeto bueno no está allí. No está jamas allí donde se lo espera. Y es seguramente un "good thing", que es para él algo de la más extrema importancia, pero no es menos claro que eso que tiende a mostrar, a demostrar, es siempre una sola y la misma cosa, a saber, que él no está jamás allí.

Allí, ¿dónde? Allí donde se podría decir "to get", apoderarse de eso, tomarlo. Y es eso, claramente, lo que domina el conjunto del material del que se trata.

¿Qué ilumina eso sobre lo que acabamos de avanzar? El acercamiento entre las dos compulsiones, aquélla de la tos que es, por otra parte, aquélla de haber cortados las tiras de las sandalias de su hermana, parecería menos sorprendente. Ya que es verdaderamente de una interpretación analítica de las más corrientes, el hecho de cortar las tiras de cuero que sostienen las sandalias de su hermana, tiene una relación que nosotros nos contentamos aquí, como todo el mundo, a aproximar globalmente con el tema de la castración.

Ustedes tomarán a Fenichel, verán que los cortadores de trenzas son gente que hace esto en función de su complejo de castración. Pero cómo poder decir, salvo en el calculo más exacto, en un caso, si es la retorsión de la castración, la aplicación de la castración a otro sujeto que a ellos mismos o, al contrario, el apaciguamiento de la castración. Pone en juego sobre el otro una castración que no es verdadera, y por consiguiente, que se manifiesta no tan "dangerous" (peligrosa) como aquella; domesticación, si se puede decir, o minusvalía, devaluación, de la castración, en el curso de este ejercicio; tanto más dado que, cortando las trenzas, es siempre posible, concebible, que dichas trenzas vuelvan a salir, es decir, que reasegura contra la castración.

Esto es, seguramente, todo lo que la suma de las experiencias analíticas permiten empalmar sobre ese sujeto, pero que, en la ocasión, no nos parece más que como escondido. Pero de que habría allí ligazón con la castración, no hay ningún tipo de dudas.

Pero ahora, eso de lo que se trata, si nos obligamos a no ir muy rápido y a sostener las cosas en el nivel en que las hemos indicado suficientemente, es decir, que aquí la castración es algo que forma parte, si se puede decir, del contexto de la relación, pero que nada nos permite hasta el momento hacer intervenir de una manera tan precisa, que la analista le ha hecho la indicación al sujeto, postulado en la ocasión para articular algo como siendo una intención opresiva primitivamente vuelta contra él. Pero, ¿qué sabemos nosotros de esto, después de todo? ¿No es mucho más interesante plantear, renovar la pregunta "¿dónde está ese falo"? ¿Dónde está, en efecto, dónde es necesario concebirlo?

Lo que podemos decir es que la analista va muy lejos, se excede al decirle al sujeto "es algo muy lejano en Usted, forma parte de una vieja rivalidad con su padre; esta allí en el comienzo de todos sus anhelos primordiales de omnipotencia; está allí como fuente de una agresión de la cual experimenta Usted en esta ocasión la retorsión". Aunque hablando propiamente, nada permite comprender algo que se articula de esa manera en el texto.

En cuanto a nosotros, ensayemos plantear la pregunta quizá un poquito más audazmente, hasta que seamos llevados naturalmente. No podemos, parece ser, proponer a propósito de una observación impresa como ésa, escrita, algo que sería lo que preguntaría a un alumno. Si se tratara de un alumno, yo hablaría de eso mucho más severamente. Le diría: "qué mosca le ha picado para decir una cosa parecida". Yo plantearía la pregunta en un caso semejante: ¿Dónde está el elemento de contratransferencia?

Allí está lo que puede parecer audaz al plantear semejante pregunta a propósito de un texto de un autor que, sobre todo, es alguien de quien tenemos todas las razones para darle en este asunto la más extrema confianza, a saber, Ella Sharpe. Me sonreí conmigo mismo en el momento en que me he planteado esta pregunta, ya que me parecía, hablando propiamente, un poquito exorbitante.

Y bien; jamás se ha errado por ser un poco más audaz. Sucede que sea de esta forma que se encuentra lo que se busca. Y en esta ocasión, yo he buscado antes de encontrar. Quiero decir que había leído casi distraídamente las primeras páginas de ese libro. Quiero decir que, como siempre, uno no lee bien jamas, y había allí, sin embargo, algo extremadamente divertido.

Inmediatamente después de haber hablado del padre muerto, de ese padre que ella no llega a revelar en la memoria del sujeto, que logra hacer mover un poquito en los últimos tiempos - recuerdan que el sujeto se asombraba de que su padre en un tiempo había hablado, inmediatamente después ella hace notar que es la misma dificultad que él tiene con ella, a saber, "ese paciente no tiene pensamiento respecto de mí". Había ya algo allí que habría podido retener nuestra atención, "él no siente nada respecto de mí". El no puede creer en esto. Es inquietante, es necesario decirlo. Que el sujeto no tome conciencia de esto como tal, no dice que no haya manifestación, ya que igualmente, hay una especie de oscuro sacudimiento de la ansiedad en tal o tal otra ocasión. Es ahí donde yo había retenido mal algo que se expresa aquí. Pero cuando uno lee esto, cree que es una disertación lo que llega a hacer la analista.

"Pienso —dice ella— que se trata de esto, que el análisis puede ser comparado a un juego de ajedrez (echec) que se prolonga y que debe continuar aquí, hasta que dejo de ser el padre que se venga en el inconsciente, que se emplea para el 'corner in' (acorralar), para el atascar, para ponerlo en jaque, después de lo cual no hay otra alternativa que la muerte".

Esta referencia curiosa al juego de ajedrez en esta ocasión, que en verdad nada implica es, sin embargo, lo que en esta ocasión merece retener nuestra atención. Diría que, en el momento en el que he leído esta página, la encontré efectivamente muy divertida, no me detuve inmediatamente en su valor en el orden transferencia. Quiero decir que, en el curso de la lectura, lo que ésta ha hecho vibrar en mí es: es muy divertido.

Se deberla comparar todo el desarrollo de un análisis al juego de ajedrez. ¿Por qué? Porque lo que tiene de más bello y más destacado el juego de ajedrez, es que es un juego que puede describirse así: hay cierto número de elementos que nosotros carácterizaremos como elementos significantes. Cada una de las piezas es un elemento significante. Y en suma, en un juego que se juega por medio de una serie de movimientos en réplica fundados en la naturaleza de los significantes, teniendo cada uno su propio movimiento carácterizado por su posición como significante, lo que sucede es la progresiva reducción del número de significantes que están en juego.

Y se podría, después de todo, describir un análisis, así: que se trata de eliminar un número suficiente de significantes para que quede en juego solamente un número bastante pequeño de significantes para que se aprecie bien dónde está la posición del sujeto en su interior. Para regresar allí, en consecuencia, creo que, en efecto, esto puede conducirnos bastante lejos.

Pero lo importante es esto: que Ella Sharpe —efectivamente todo lo que conozco o podría conocer, además, de su obra, lo indica— tiene tal concepción del análisis, que hay en su interpretación de la teoría analítica esta especie de profunda valorización del carácter significante de las cosas. Ella ha puesto el acento sobre la metáfora, de una manera que no es disonante en absoluto comas cosas que yo les explico. Y todo el tiempo ella sabe valorar este elemento de sustitución lingüístico en los síntomas, hecho que hace que ella haya sostenido en sus análisis temas literarios que constituyen una parte importante de su obra. Y todo lo que ella da como reglas técnicas, participa también de algo que está del todo marcado profundamente por una especie de experiencia, de aprehensión del juego de los significantes como tal.

De tal suerte que la cosa que se puede decir que ella desconoce, diría que son las intenciones, que se expresan en ese registro, en el plano de la palabra, de lo cual se trata en el primer plano de esta observación, de sujetar (coincer), acorralar. El "corner in" es traído primero por ella. Es solamente en las sesiones ulteriores a la interpretación que ella da de ese sueño, que veremos aparecer la misma palabra en el discurso del paciente, y dentro de poco les diré a propósito de qué.

Es por lo que - ustedes ya lo saben - les he indicado lo que sucedía dos sesiones antes. A saber, su imposibilidad de "corner" (acorralar) a su partenaire igualmente, en un juego, el juego de tenis, de acorralarlo para dar la última arremetida, aquélla que el tipo no puede llegar a atrapar. Se trata claramente de esto, lo que está en el plano en el que la analista se manifiesta. Y no estoy para nada tratando de decir que el sujeto se dé cuenta de esto.

Está bien claro que ella es una buena analista. Ella lo dice de todas las formas: "es un caso en el cual ustedes han podido observar - dice ella - a los estudiantes, que no hago la más mínima observación, o me callo. ¿Por qué? Dice ella. Porque no hay nada absolutamente en ese sujeto que indique otra cosa, de todas las formas posibles, ya que su pretensión de querer ser ayudado quiere decir exactamente lo contrario, a saber, que ante todo él quiere quedarse al abrigo y con su pequeña cobertura, su capota de coche sobre él".

El "hood" (capucha), es verdaderamente una posición completamente fundamental. Esto ella lo comprende. Todo lo que sucede a propósito del recuerdo del cochecito que está borrado es, sin embargo, lo que ha estado en su lecho "pined up", es decir, pinchado. Por otra parte, parece que él tiene nociones muy precisas sobre lo que puede provocar en un niño el hecho de estar más o menos atado, aunque no haya nada particular en su recuerdo que le permita evocarlo, sino que, seguramente, en esta posición atada él se sostiene bien.

Así pues, ella está muy lejos de dejar transparentar este elemento de contratransferencia, es decir, algo que sería demasiado intervencionista en el juego. Un juego agresivo en ese juego de ajedrez. Pero lo que digo es que, porque ella se da cuenta tan bien del alcance de esta noción, de este ejercicio agresivo del juego analítico, es que no ve su alcance exacto, a saber, que eso de lo que se trata es algo que tiene la más estrecha relación con los significantes.

A saber, que si nosotros preguntamos dónde esta el falo, es en ese sentido que debemos buscarlo, dicho de otra manera, que, si ustedes quieren, en el cuadrángulo del esquema del sujeto, del otro, por lo menos en tanto que imagen del otro, y del gran Otro, es de esto de lo que se trata. De allí donde puede aparecer el significante como tal. Es que ese falo que no está jamás allí donde lo esperamos, sin embargo, está allí. Está allí como la carta robada, donde menos se lo espera, y allí donde, sin embargo, todo lo designa.

Para expresar cómo verdaderamente la metáfora del juego de ajedrez nos permite articularlo, diría que el sujeto no quiere perder su dama, y me explico. En el sueño, el falo no es el sujeto que está allí y que lo mira. No es allí que está el falo. Ya que para ese sujeto, como lo percibe oscuramente a través de un velo la analista en su interpretación, el sujeto tiene una cierta relación con la omnipotencia, a la potencia más simplemente, al poder. Su poder, en esta ocasión, el falo, es lo que conviene que él preserve a cualquier precio, para mantenerlo fuera de juego, porque puede perder ese falo en el juego, y aquí en el sueño representado simplemente por el personaje del cual menos se pensaría que lo representa, a saber, su mujer, que está allí y que de lejos deja de ser la aparente testigo que ella es, ya que en verdad no está explicado de ningún modo que esta función de ver sea allí algo esencial.

En este sujeto, como en muchos sujetos, y les ruego que retengan esto porque es un hecho clínico tan evidente, que uno queda estupefacto de que no sea un lugar común del psicoanálisis, el partenaire femenino, en tanto que otro, es, justamente, lo que representa para el sujeto lo que en su potencia tiene de alguna manera como lo más tabú, y además que se encuentra, de golpe, dominador de toda la economía de su deseo.

Es porque su mujer es su falo, que yo diría comete esa especie de lapsus Infimo que les he marcado al pasar, a saber, "hacer un viaje con su mujer alrededor del mundo", "a travel with my wife round the world" y no "round the world with my wife".

El acento de omnipotencia esta puesto en "round the world" para nuestra analista. Yo creo que el secreto de la omnipotencia en ese sujeto está en el ''with my wife", y que de lo que se trata es de que él no pierde esto, es decir, que no se da cuenta justamente, de que allí está lo que hay que encauzar, es decir, darse cuenta de que su mujer es, en esta ocasión, la analista.

Ya que al fin de cuentas es de esto de lo que se trata. El sujeto no quiere perder su dama, diremos nosotros, a la manera de los malos jugadores de ajedrez, que se figuran que perder su dama es perder la partida, mientras que ganar al ajedrez es, al fin de cuentas, llegar a lo que se llama un final de partido, es decir, con el sujeto, la facultad de desplazamiento más simple y más reducida, y el mínimo de derechos. Quiero decir que no tiene derecho de ocupar un casillero que esta puesto en jaque por otro, y con esto, encontrar la ventaja de la posición.

Por el contrario, en esta ocasión tiene gran provecho sacrificar su dama. Es lo que en ningún caso quiere hacer el sujeto, porque el significante falo es lo que para él es idéntico a todo lo que se produjo en la relación con su madre.

Y es aquí que aparece, como la observación lo deja traslucir netamente, el carácter deficiente, cojo, de lo que ha podido aportar el padre en la ocasión. Y bien entendido, volvemos a caer en algo, en una vertiente ya conocida de la relación del sujeto con la pareja parental. Lo importante no es esto. Lo importante es, efectivamente, acentuar esa relación muy escondida, muy secreta del sujeto con su partenaire, porque está allí todo lo que hay de importante a poner en evidencia en el momento en que se hace evidente en el análisis.

Es en el análisis donde, en suma, el sujeto, con su discreta tosecita, advierte a su analista lo que sucede en el interior, si por azar su analista había, como en el sueño, trucado su bolsa o su juego, tenía que regresar antes de que él llegue, ya que tiene que ver esto, ver que no hay allí nada más que una bolsa para perder.

Allí está la prudencia de la que el sujeto da prueba y que, de alguna manera, mantiene en un cerrado lazo con el cochecito (pram pined) de la posición de su infancia en una relación con su deseo que no puede ser más que fantasmática, a saber, que le es necesario que él mismo sea atado en un cochecito o en otra parte, y verdaderamente agarrado y ajustado, para que pueda ser en otra parte el significante, la imagen de una omnipotencia soñada.

Y es claramente de esta manera, también, como es necesario comprender el rol capital para él de la omnipotencia, toda esta historia y esta observación del automóvil. El automóvil, ese instrumento problemático de nuestra civilización, del que cada uno siente su relación, por una parte, a la potencia (los caballos, la velocidad, el pin of speed) y al parecer de cada uno, evidentemente, equivalente fálico, equivalente de la potencia, es auxilio de los impotentes. Pero por otra parte, cada uno conoce el carácter infinitamente acoplado, femenino incluso. Ya que el automóvil (automobile) no es por nada que en francés lo decimos en femenino; que le damos a este automóvil, en la ocasión, todo tipo de pequeños sobrenombres que tienen también la carácterística de un partenaire del otro sexo. Y bien, este automóvil sobre el que hace esas observaciones tan problemáticas a saber: es extraño que se hable de él como de un ser viviente.

Banalidades. Pero este automóvil, cosa muy curiosa, es tan evidentemente, eso en lo que se reproduce cierta especie de ambigüedad significante que hace que sea eso a la vez lo que lo protege, lo que lo ata y lo envuelve, lo que en relación a él, tiene exactamente la misma posición que, en el sueño, la capucha saliente - se trata, por otra parte, de la misma palabra que es empleada en los dos casos -, que en el sueño, esta bizarra protuberancia sexual sobre la que él se encuentra poniendo el dedo, por otra parte, he subrayado bien esto que he traducido mal. No es necesario leer 'rayado de rojo', sino 'enchapado en rojo'.

Pero, ¿qué nos dice la analista? La analista aquí no se ha equivocado. El momento, nos dice, en el que ella produce su intervención decisiva, no es momento en el que comienza a ponerlo sobre la vía de su agresión, por otra parte, con esta curiosa manifestación, que se puede llamar psicosomática en ese sujeto, de la que ella no revela enteramente el carácter, a saber, que en lugar de la tos, al día siguiente, él experimenta un pequeño cólico antes de entrar.

El tiene todo para perder (il a tout a perdre), en el momento de entrar para la sesión siguiente en el consultorio de su analista. Pero la interpretación que Ella Sharpe misma hace, parece la más iluminadora -es en la segunda sesión, después de esta interpretación, cuando el sujeto le cuenta que había tenido aún el cólico al marcharse la última sesión. ¿Después de que hable de él?

Dice: "no he podido tener mi auto; el mecánico no había terminado. No he podido tirarle la bronca, porque él es tan gentil que no se puede estar resentido él; es muy honrado, y además no tengo ninguna necesidad de este coche". Agrega con un acento de irritación: "Pero de todos modos, tengo extremadas ganas de tenerlo ("la" en francés), lo (la) quiero, yo amo eso".

Y ella no se equivoca. "Por primera vez —dice ella— tenía ante mí una libidinal thing".

Por consiguiente, estamos totalmente de acuerdo con ella. Si hago esta crítica a Ella Sharpe, es porque la encuentro en todos los puntos de esta observación, admirablemente sensible. Ella comprende la importancia de esto, a saber, que lo que se presenta en la vida de un sujeto propiamente como deseo, el deseo siendo carácterizado por su carácter no motivado —"no tengo ninguna necesidad de este coche" —, el hecho de que él lo declare su deseo, que es la primera vez que ella escucha un discurso tal, es algo que se presenta a sí mismo, desrazonable en el discurso del sujeto.

Ella nos dice que salta sobre eso, es decir, que ella se lo señala.

Cosa curiosa, aquí tenemos como una especie de fluctuación del aparato de proyección. Aún cuando ella nos ha dicho siempre tan bien lo que le dice al sujeto, incluso las cosas más audaces, las más arriesgadas, allí no sabemos exactamente lo que le ha dicho. Es muy irritante. Lo que nos dice es que ella estaba embriagada de alegría en ocasión de decirle: "Allí reconoce Usted que desea algo". Pero qué es lo que ha podido decirle ella, no lo sabemos.

Sabemos, simplemente, que ha podido, sin embargo, decirle algo bastante orientado en el sentido de lo que ella le había dicho antes, porque justamente fue después de esto que, en la sesión siguiente, el sujeto viene a decirle, entre bromas y verdades, que esa noche ha mojado su cama.

No podemos considerar que esto sea, en sí mismo, el síntoma que, por más transitorio que sea, y por más significativo que sea de eso que, de golpe, ha sido traído, que ciertamente ha sentido nuevamente. Puede ser, sin embargo, algo que nos confirme absolutamente en lo que podría llamar el sentido de la buena dirección del decir, si es que hay decir. Esto es, a saber, que, si tenemos noción de qué cosa representa una enuresis, es, ciertamente, la puesta en acción, diría personal, del pene.

Pero en fin, esto no es, sin embargo, una puesta en acción genital. Es, justamente, el pene como real lo que interviene en eso muy frecuentemente —es lo que la clínica nos muestra en los niños—, de la actividad sexual de los padres, que ocurren estas manifestaciones enuréticas que, en esta ocasión, son la puesta en juego sobre el plano de lo real, del órgano como tal. Pero el órgano como tal, como real, no más como significante, que es claramente algo que nos muestra qué, en esta ocasión, la intervención de Ella Sharpe ha tenido, en efecto, un cierto alcance.

¿Es oportuno este alcance?. Esto es, bien entendido, lo que queda para ver de más cerca. Está bien claro que lo que sigue, a saber, la llegada, el surgimiento, ciertas reacciónes que el sujeto mismo parece tener en su activo con cierta conciencia de satisfacción, y que el hecho es que, en el juego, el no se deja burlar más por sus camaradas, es decir, que él ha tomado a uno del cuello y que lo acogotó en una esquina con tal fuerza, porque él no tenía más ganas de recomenzar, no puede, de ninguna manera, ser considerado como algo que esta verdaderamente en la línea a la que queremos acceder.

No olvidemos, al menos, que si hay algo que le está permitido al sujeto, es decir, arrinconar al otro en un juego, esto no es, para nada, lo mismo que acogotarlo con motivo de ese juego.

Allí está, justamente, la reacción inadecuada, aquélla que no lo hace capaz para acorralarlo en el juego, allí donde suceden las relaciones con el otro, el otro como lazo con la palabra, como lazo con la ley, como lazo con las convenciones del juego. Es justamente esto lo que se encuentra por esta leve declinación del acto de intervención analítica, fallado.

Creo que hoy hemos llevado las cosas bastante lejos. La próxima vez daré el último seminario de lo que se agrupa alrededor del análisis literario, a propósito del deseo y de su interpretación, y tratara de reunir para ustedes, en algunas fórmulas, cómo debemos concebir esta función del significante fálico en toda su generalidad, a propósito de la relación al Otro y de la forma en la que el sujeto se sitúa en el deseo.

Trataré de reunir alrededor de las nociones que intento articular aquí, la ayuda del grafo, esta función que debemos dar, muy precisamente, al significante fálico. Trataré de mostrarles también dónde se sitúa más exactamente, como a título de referencia, en nuestro ejercicio del análisis, pueden tratar de situar el significante fálico en ese esquema.

Para decirlo todo, y para dar algo que esta sacado de la obra de un escritor al cual ya he hecho alusión aquí, Lewis Carroll, les mostrare lo que Lewis Carroll dice en alguna parte, más o menos así: El pensaba que había visto una puerta de jardín - esa famosa puerta paradisíaca del interior del vientre maternal, alrededor del cual se centran acutamente, o se hunden, incluso, todas las teorías analíticas -, que se abría con una llave. Miró más de cerca, y se dio cuenta de que eso era una doble regla de tres. La próxima vez les mostraré que ella es esta regla de tres.



índice del seminario 6




















































Clase 12. Del 11 de Febrero de 1959

11 de Febrero de 1959



He enunciado la última vez que terminaría hoy el estudio de este sueño que nosotros hemos tenido particularmente registrado desde el punto de vista de su interpretación, pero estoy obligado a consagrarle aún una sesión.

Recuerdo rápidamente que es ese sueño de un paciente abogado, que tiene un gran embarazo en su trabajo. Y Ella Sharpe no se aproxima más que con prudencia, ya que el paciente tiene toda la apariencia de andarse con cuidado, sin que se trate, por otra parte, de rigidez en su comportamiento. Ella Sharpe no ha dejado de subrayar que todo lo que él cuenta es del orden del pensamiento, no del sentimiento.

En el punto donde se encuentra el análisis, él ha tenido un sueño notable que ha producido un giro en el análisis y que nos es brevemente tardío. Es un sueño que el paciente concentra en pocas palabras, haya habido allá —dice él— un enorme sueño, tan enorme que, si él lo recordara, no terminaría de contarlo.

Emerge de esto algo que, hasta un cierto grado, presenta las carácterísticas de un sueño repetido, es decir, de un sueño que él ha tenido ya. Es decir que en ese viaje que él ha emprendido —como él dice— con su mujer alrededor del mundo —y ya he subrayado esto—, en un punto que es Checoslovaquia; y después de todo ella lo lamenta, pues en esta Checoslovaquia - después de todo quizá nosotros podamos pensar algo - él tiene un juego sexual con una mujer delante de su mujer. La mujer con quien tiene el juego sexual - continúa es alguien que se presenta en relación a él como en una posición superior. Por otra parte, no aparece a continuación en su decir, pero nosotros lo encontramos en sus asociaciones, que no se trata para ella de maniobrar, "to get my penis".

He señalado el carácter muy especial del verbo 'to get' en inglés. 'To get', esto es obtener, de todas las maneras posibles del verbo obtener. Es atrapar, obtener, asir, terminar con. Y 'to got'... Si la mujer llega a "to got my penis", eso quiere decir que ella lo tiene.

Pero este pene entra tanto menos en acción, en tanto el sujeto nos dice que el sueño se termina sobre este anhelo (voeu), que ante la decepción de la mujer, él pensaba que ella debería masturbarse.

Y ya les he explicado que eso de lo que se trataba, evidentemente, ahí, es el sentido clave, secreto del sueño. En el sueño eso se manifiesta en el hecho de que el sujeto dice: "yo querría masturbarla". De hecho, hay ahí una verdadera exploración de algo que es interpretado con mucha insistencia y cuidado en el informe de Ella Sharpe como siendo el equivalente de capucha.

Cuando uno mira de cerca eso, algo tiene el mérito de retener nuestra atención. Es algo que muestra que el órgano femenino es ahí como una suerte le vagina vuelta o prolapsada. Se trata de vagina, no de capucha. Y todo continúa como si esta seudo masturbación del sujeto no fuera otra cosa que una suerte de verificación de la ausencia de falo.

He ahí, en qué sentido he dicho que la estructura imaginaria, la articulación manifiesta del sueño deba, al menos, obligarnos a limitar el carácter del significante.Y planteo la cuestión de saber si, por un método más prudente, pudiendo ser considerado como más estricto, no podemos llegar a una mayor precisión en la interpretación, a condición de que los elementos estructurales con los cuales hemos aquí tomado partido, al familiarizarnos, son suficientemente tenidos en cuenta para permitir, justamente, lo que es el sentido del caso.

Y vamos a ver que, al hacerlo, vemos que, como es costumbre, los casos más particulares son los casos en los que el valor es el más universal, y que lo que nos muestra esta observación es algo que no es para descuidar, pues se trata, nada menos, que de precisar, en esta ocasión, ese carácter significante sin el cual no se puede dar su verdadera posición a la función del falo, que no deja de ser tan importante, tan inmediata, tan crucial, en la interpretación analítica, sin que a cada instante nos encontremos, a propósito de su manejo, en impasses en los que el punto más sorprendente es traducido, delatado por la teoría de M. Klein, de la que —se sabe— hace, del objeto falo, el más importante de todos los objetos.

El objeto falo se introduce en la teoría kleiniana y en su interpretación de la experiencia, como algo —dice ella— que es el sustituto, el primer sustituto que llega a la experiencia del niño —se trate de la niña o del niño— como siendo un signo más cómodo, más manejable, más satisfaciente.

Esto es algo para provocar preguntas sobre el rol, el mecanismo... ¿Cómo tenemos que concebir esta salida de un fantasma totalmente primordial, como siendo eso alrededor del cual va a ordenarse ese conflicto profundamente agresivo que pone al sujeto en una cierta relación con el continente del cuerpo de la madre?
Por eso que, del continente, él codicia, el desea —todos los términos son empleados desafortunadamente, siempre con dificultad, es decir, yuxtapuestos—. El quiere arrancar esos buenos y malos objetos que están ahí, en una suerte de mezcla primitiva en el interior del cuerpo de la madre.

¿Y por qué en el interior del cuerpo, el privilegio acordado es a ese objeto falo? Seguramente, en tanto todo eso nos es aportado con la gran autoridad, el estilo de descripción tan tajante, en una suerte de deslumbramiento por el carácter determinado de los estilos, yo diría que casi no abre a ninguna discusión de los enunciados kleinianos, uno no puede dejar tampoco de retomar, después de haber escuchado testimoniar a cada instante, preguntarse: ¿qué es eso a lo que ella apunta?

¿Es el niño, efectivamente, quien aporta el testimonio de esta prevalencia del objeto falo o, al contrario, es ella misma quien nos da la señal del carácter privilegiado como siendo el sentido del falo?

Debo decir que, en numerosos casos, no estamos claros sobre la elección que es necesario hacer en cuanto a la interpretación. De hecho, sé que algunos de ustedes se preguntarán dónde hace falta colocar, en los diferentes elementos del grafo, ese signo del falo alrededor del cual intentamos orientar la experiencia del deseo y su interpretación. Y he tenido algunos ecos de la manera que puede tomar, para algunos, la cuestión: ¿cuál es la relación de ese falo con el Otro, el gran Otro, del que nosotros hablamos como lugar de la palabra?

Hay una relación entre el falo y el gran Otro, pero no es, ciertamente, una relación más allá, en el sentido en que el falo seria el ser del gran Otro, como alguien ha planteado la cuestión en esos términos.

Si el falo tiene una relación con algo, es, más bien, con el ser del sujeto. Pues creo que ahí esta el nuevo punto, importante, que intento hacerles comprender, en la introducción del sujeto en esa dialéctica que es aquélla que se continúa en el desarrollo inconsciente de las diversas etapas de la identificación, a través de la relación primitiva con la madre; después, con la entrada en juego del Edipo y del juego de la ley.

Lo que he puesto aquí de relieve es algo que es, a la vez, muy sensible en las observaciones, muy especialmente a propósito de la génesis de las perversiones, y que es, a menudo, velado en eso que uno relacióna con el significante falo. Es que ahí hay dos cosas muy diferentes, según se trata, para el sujeto, de ser, en relación al Otro, ese falo, o bien, por algunas vías, resortes o mecanismos, que son aquéllos que vamos, justamente a retomar en el seguimiento de la evolución del sujeto, pero que ya están ahí esas relaciones, instaladas en el Otro, en la madre.

Precisamente, la madre tiene una cierta relación con el falo, y es en esa relación con el falo, que el sujeto tiene que hacerse valer al entrar en concurrencia con el falo. Es de ahí que hemos partido hace dos años, cuando yo he comenzado a revisar esta relación.

Eso de lo que se trata en la función del significante falo, en relación al sujeto, la oposición de esas dos posibilidades del sujeto, en relación al falo, de serlo o de tenerlo, hay ahí algo que es una distinción esencial. Esencial, en tanto que las incidencias no son las mismas, que no es al mismo tiempo de la relación de identificación (identificatoria), que serlo y tenerlo sobrevienen; que hay, entre los dos, una verdadera línea de demarcación, una línea de discernimiento, que no se puede serlo y tenerlo, y que, porque el sujeto llega en ciertas condiciones a tenerlo, es necesario, de la misma manera, que él haya ahí renunciado a serlo.

Las cosas, de hecho, son mucho más simples de formular, si nosotros tratamos de estrechar lo más cerca posible la dialéctica de la cual se trata.

Si el falo tiene una relación con el ser del sujeto, no el con el ser del sujeto puro y simple, no es en relación con ese sujeto pretendido, sujeto del conocimiento, soporte poético de todos los objetos. Es con un sujeto hablante, con un sujeto en tanto que asume su identidad, y como tal, aire —es por eso que el falo juega su función esencialmente significante— que el sujeto, a la vez, lo es y no lo es.

Me excuso del carácter algebraico que tomaron las cosas, pero es necesario que aprendamos a fijar las ideas, ya que esto se plantea para algunas cuestiones.

Si en nuestra notación algo se presenta - y nosotros vamos a volver ahí pronto — como estando el sujeto barrado enfrente del objeto ($ (a), es decir, el sujeto del deseo, el sujeto en tanto que, en su relación al objeto es, él mismo, profundamente puesto en cuestión, y que es eso que constituye la especificidad de la relación del deseo en el sujeto mismo, es en tanto que el sujeto es, en nuestra notación, sujeto herrado, que uno puede decir que es posible, en ciertas condiciones, darle, como significante, el falo. Esto, en tanto que es sujeto hablante.

El ser no es el falo. El es, porque es el significante bajo el cual el lenguaje lo designa. Y él no es, en tanto que el lenguaje —y justamente, la ley del lenguaje sobre otro plano— lo oculta. De hecho, las cosas se suceden ahí sobre el mismo plano. Si la ley lo oculta es, precisamente, para arreglar las cosas, es porque una cierta elección en ese momento es ahí hecha. La ley, en fin de cuentas, aporta, en la situación, una definición, una repartición, un cambio de plan. La ley le recuerda que él lo tiene o que no lo tiene.

Pero de hecho, lo que sucede es algo que juega enteramente en el intervalo entre esa identificación significante, y esa repartición de roles.

El sujeto es el falo, pero el sujeto, bien entendido, no es el falo.

Voy a poner el acento sobre algo, que la forma misma del juego de la negación en la lengua, nos permitirá asir en una fórmula donde se introduce el deslizamiento concerniente al verbo ser. Se puede decir que el momento decisivo, aquél alrededor del cual gira la castración, es éste: uno puede decir que él es y que él no es el falo, pero él no es sin tenerlo.

Es en esta inflexión, "no ser sin", es alrededor de esta asunción subjetiva que se inflexiona entre el ser y el tener, que juega la realidad de la castración. Es decir que es en tanto que el falo, que el pene del sujeto, en una cierta experiencia, es algo que ha sido balanceado, que ha tomado cierta función de equivalente, o de patrón de medida en relación al objeto, que toma su valor central, y que, hasta cierta punto, se puede decir que es en proporción a cierto renunciamiento del sujeto en relación al falo, que el sujeto entra en posesión de esta suerte de infinitud, de pluralidad, de totalización del mundo de los objetos que carácteriza el mundo del hombre.

Observen bien que esta fórmula, de la que les ruego guardar la modulación, el acento, se reencuentra, bajo otras formas, en todas las lenguas. Es evidente que él no lo es, sin tenerlo. Nosotros volveremos ahí a continuación.

La única fórmula exacta, aquélla que permite salir de impasses, contradicciónes, ambigüedades, alrededor de las' cuales giramos en torno a la sexualidad femenina, es que ella es, sin tenerlo. La relación del sujeto femenino al falo, es de ser sin tenerlo. Y es a eso a lo que le debe la trascendencia de su posición. Pues es a eso a lo que arribaremos. Llegaremos a articular lo concerniente a la sexualidad femenina, y esa relación tan particular, tan permanente, en la que Freud ha insistido sobre su carácter irreductible, y que se traduce psicológicamente bajo la forma de penis neid.

Diremos, en suma, para llevar las cosas al extremo, y hacerlas entender bien, que para el hombre su pene le es restituido por un cierto acto del que, en el limite, uno podría decir que lo priva de eso.

Esto no es exacto; es para hacerles abrir las orejas. Es decir que aquéllos que ya han entendido la precedente fórmula, no la degraden en el acento segundo que les doy.

Pero este segundo acento tiene su importancia, porque es ahí que se hace la reunión con el elemento inicial del desarrollo mental del que se parte habitualmente, y que es aquél que voy a intentar revisar ahora con ustedes, preguntándonos cómo podemos formular, con los elementos algebraicos de los que nosotros nos servimos, eso de lo que se trata en esas famosas primeras relaciones del niño con el objeto, con el objeto materno, especialmente, y cómo, a partir de allí, podemos concebir que llegue a hacerse la reunión con ese significante privilegiado del que se trata, y que intento, aquí, situar la función.

El niño, en lo que está articulado por los psiquiatras, especialmente Melanie Klein, en toda una serie de relaciones primeras que se establecen con el cuerpo de la madre concebido aquí, representado en una experiencia primitiva, que no se entiende claramente después de los informes kleinianos: la relación del símbolo y de la imagen... y cada uno sabe bien que es de eso de lo que se trata, en los textos kleinianos: de la relación de la forma al símbolo. Aunque sea siempre un contenido imaginario lo que aquí es promovido.

Sea como sea, nosotros podemos decir que, hasta un cierto punto, algo que es el símbolo o imagen, pero que, seguramente, es una suerte de lo Uno - encontramos hasta ahí, una oposición que recubre oposiciones filosóficas, porque eso que hace siempre el juego del famoso Parménides entre el uno y el ser -, nosotros podemos decir que la experiencia de la relación a la madre, es un experiencia enteramente centrada alrededor de una aprehensión de la unidad o de la totalidad.

Todo el progreso primitivo que Melanie Klein nos articula como siendo esencial al desarrollo del niño, es aquél de una relación de fragmentación, con algo que se presenta fuera de él, a la vez el conjunto de todos los objetos divididos, fragmentados, que parecen estar ahí en una suerte, no de caos, sino de desorden primitivo; por otra parte, le enseña a tomarlo de esas relaciones de esos objetos diversos, de esta pluralidad en la unidad del objeto privilegiado, que es el objeto materno, a captar la aspiración, el progreso, la vía, hacia su propia unidad.

El niño —lo repito— aprehende los objetos primordiales como estando contenidos en el cuerpo de la madre, ese continente universal que se le presenta y que sería el lugar ideal, si puede decirse, de las primeras relaciones imaginarias.

¿Cómo podemos intentar articular esto? Hay, evidentemente, ahí, no dos términos, sino cuatro.

La relación del niño al cuerpo de la madre, tan primordial, es el cuadro donde van a inscribirse las relaciones del niño con su propio cuerpo, que son aquéllas que, desde hace un tiempo, he intentado articular para ustedes, alrededor de la noción de afecto narcisístico.

Es porque, a partir de un cierto momento, el niño se reconoce en una experiencia primordial, como separado de su propia imagen, como teniendo una cierta relación electiva con la imagen de su propio cuerpo, relación especular, que le es dada.

O sea, dada una cierta relación de castración transitiva en los juegos con el otro de una edad semejante, demasiado semejante, y que oscila en un cierto limite de maduración motriz, no importa qué tipo de pequeño otro - aquí la palabra 'pequeño' apuntando al hecho de que se trata de amiguitos - que el sujeto puede hacer esta experiencia, esos juegos de prestancia con el otro compañero. La edad juega aquí un rol sobre el cual he insistido en su momento.

La relación de esto con un eros, la libido, juega un rol especial, es aquí articulado en toda la medida donde la pareja del niño y el otro que le presenta su propia imagen, viene a yuxtaponerse, a interferir, a chocarse, en la dependencia de una relación más amplia y más oscura entre el niño, en sus tentativas primitivas —tendencias nacidas de su necesidad—, y el cuerpo de la madre, en tanto que es, efectivamente, el objeto de la imagen, la identificación primitiva.

Y eso que sucede, eso que se establece, gira enteramente en el hecho de lo que pasa en la pareja primitiva, es decir, la forma inconstituida en la cual se presenta el primer vagido del niño, el grito, el llamado de su necesidad, la forma en la que se establecen las relaciones de este estado primitivo, aún inconstituido, del sujeto, en relación a algo que se presenta, entonces, como un Uno al nivel del Otro, a saber, el cuerpo materno, el continente universal, es lo que va a reglar de una manera completamente primitiva la relación del sujeto, en tanto que él se constituye de una manera especular, a saber, como yo (moi), y el yo (moi) es la imagen del otro - con un cierto otro, que debe ser diferente de la madre.

Pero - ustedes van a verlo - es de otra cosa de lo que se trata, dado que es en esa primera relación cuatripartita, que van a hacerse las primeras adecuaciones del sujeto a su propia identidad.

No olviden que es en ese momento, en esa relación —la más radical—, que todos los autores suponen, de común acuerdo, situar el lugar de las anomalías psicóticas en lo que se puede llamar la integración de tal o cual término de las relaciones autoeróticas del sujeto consigo mismo, en las fronteras de la imagen del cuerpo.

El pequeño esquema del que me sirvo esta vez, y que he recordado recientemente, que es aquél del famoso espejo cóncavo, es tanto que él permite concebir que pueda producirse, a condición de que uno se ubique en un punto favorable determinado -quiero decir, en el interior de algo que prolonga los limites del espejo cóncavo, a partir del momento en que, si uno los hace pasar por el centro del espejo esférico, algo que es imaginado por la experiencia que he hecho ya conocer en su tiempo, aquello que provoca la aparición, que no es un fantasma, sino una imagen real, que puede producirse en ciertas condiciones que no son demasiado difíciles para producir aquello que se produce cuando uno hace surgir una imagen real, de una flor, en el interior de un vaso perfectamente existente, gracias a la presencia de ese espejo esférico, a condición de mirar el conjunto de este aparato desde un cierto punto.

Este es un aparato que nos permite imaginar de lo que se trata, a saber, que es en tanto que el niño se identifica a una cierta posición de su ser en los poderes de la madre, el se realiza.

Es desde ahí que parte el acento de todo lo que hemos dicho, concerniente a la importancia de las primeras relaciones con la madre. Es, incluso, de una manera satisfactoria, que él se integra en ese mundo de insignias que representan todos los comportamientos de la madre.

Es a partir de ahí que él irá a situarse de una manera favorable, que podrá ubicarse, ya sea en el interior de él mismo, ya sea fuera de él mismo, o sea, faltándole, si se puede decir, ese algo que a él mismo se le esconde; a saber, sus propias tendencias, sus propios deseos: y que él podrá, desde la primera relación, estar en una relación más o menos falseada, desviada, con sus propias pulsiones.

Esto no es tan complicado de imaginar; recuerden ustedes alrededor de qué he hecho girar la explicación narcisística: una experiencia manifiesta crucial, desde largo tiempo descripta; el famoso ejemplo puesto en primer término en las Confesiones, de San Agustín: aquél del niño que ve a su hermano de leche en posesión del seno materno (cita latina). Eso que yo he traducido por: "Yo he visto con mis propios ojos, y bien visto, a un pequeñito presa de los celos, no hablaba aún y ya contemplaba con una amarga mirada a su hermano de leche".

Esta experiencia, una vez profundizada, van a verla aparecer en su alcance absolutamente general. Esta experiencia es la relación de su propia imagen que, aún cuando el sujeto vea a su semejante en una cierta relación con la madre, como primitiva identificación ideal, como primera forma de lo Uno, de esta totalidad de la cual, a continuación, las exploraciones de los analistas concernientes a esta primitiva experiencia, hacen de esto un estado tal, que no se habla más que de totalidad; de noción de toma de conciencia de la totalidad, como si, llevados por esa versión, nos olvidaremos, de la manera más tenaz, de que, justamente, lo que la experiencia nos muestra, es proseguir hasta lo más extremo, todo lo que vemos en los fenómenos.

Esto es que, en el ser humano, no hay ninguna posibilidad de acceder a esta experiencia de totalidad; que el ser humano esta dividido, desgarrado, y que ningún análisis le restituye esta totalidad porque, precisamente, otra cosa es introducida en su dialéctica, que es, justamente aquella que nosotros intentamos articular, y que nos es literalmente impuesta por la experiencia y, en primer lugar, por el hecho de que el ser humano, en todo caso, no puede considerarse, en último término, nada más que como un ser en el que falta algo, un ser -ya sea macho o hembra castrado. Es por eso que es en la dialéctica del ser, en el interior de esta experiencia de lo uno, que se relacióna esencialmente el falo.

Pero aquí tenemos esta imagen del pequeño otro, esta imagen del semejante, en una relación con esta totalidad que el sujeto ha acabado por asumir, aunque con lentitud.

Y es, seguramente, sobre esto, alrededor de esto, que M. Klein hace pivotear la evolución del niño. Es el momento llamado de la fase depresiva, que es el momento crucial, cuando la madre, como totalidad, ha sido, en un momento, realizada. Es de esta primera identificación ideal de lo que se trata.

¿Y qué tenemos frente a eso? Tenemos la toma de conciencia del objeto deseado en tanto que tal, a saber, que el otro esta poseyendo el seno materno. Y él toma este valor electivo, que hace, de esta experiencia, una experiencia crucial, alrededor de la cual les ruego detenerse, como siendo esencial para nuestra formalización.

En tanto que, en esa relación con este objeto en esta ocasión, es el seno materno, toma conciencia de sí mismo como privado, contrariamente a lo articulado por Jones - toda privación, dice él, en algún lugar (y es siempre alrededor de la discusión de la fase fálica que esto es discutido, formulado), engendra el sentimiento de la frustración -, es exactamente lo contrario. Esto es, en la medida donde el sujeto es imaginariamente frustrado, donde él tiene la primera experiencia de algo que está ante él en su lugar, que usurpa su lugar, que es en esa relación con la madre que debería estar la suya, y donde él siente este intervalo imaginario como frustración - digo imaginario porque, después de todo, nada prueba que él esté, él mismo, privado; un otro puede estar privado. Uno puede ocuparse de ello en su momento - que nace la primera aprehensión del objeto, en tanto que el sujeto está privado de eso.

Es ahí que se inicia, que se abre algo que va a permitir, a este objeto, entrar en cierta relación con un sujeto que, aquí, nosotros no sabemos si es, efectivamente, un S al cual es necesario que pongamos un índice (i), una suerte de autodestrucción pasional absolutamente inherente a esa palidez, a esta descomposición que nos muestra aquí la pincelada literaria de aquél al que se lo debemos, San Agustín, o si es algo que ya podemos concebir, hablando propiamente, como una aprehensión del orden simbólico. ¿Que es lo que eso quiere decir? Que ya, en esta experiencia, el objeto esté simbolizado de una cierta manera, toma valor significante, pleno; que ya el objeto del cual se trata, a saber, el seno de la madre, no solamente puede ser concebido como estando ahí o no estando ahí, sino que puede ser puesto en la relación con algo de otro, que puede serle sustituido. Es a partir de eso, que deviene elemento significante.

En todo caso, M. Klein, sin saber el alcance de eso que ella dice hasta ese momento, toma partido diciendo que el puede tener ahí algo mejor, a saber, el falo... Pero no nos explica por qué. Ese es el punto que queda misterioso. Ahora bien; todo reposa sobre ese momento donde nace la actividad de una metáfora que yo les he puntuado como siendo esencial a deletrear en el desarrollo del niño.

Recuerden ustedes que yo les he dicho, el otro día, de esas formas particulares de la actividad del niño, delante de las cuales los adultos están, a la vez, tan desconcertados y torpes; aquello del niño que, no contento con haberse puesto A llamar guau-guau, es decir, por un significante que él ha invocado como tal, lo que ustedes se han obstinado en llamar 'perro', se pone a decretar que el perro hace miau y que el gato hace guau-guau.Es en esta actividad de sustitución que gira todo el rol, el resorte del progreso simbólico. Y esto es algo que está bastante más primitivamente entendido que articulado por el niño.

De lo que se trata es, en todo censo, de algo que sobrepasa esta experiencia pasional del niño que se siente frustrado, es decir, aquélla, precisamente, que nosotros podemos formalizar en esto: que esta imagen del otro va a poder ser sustituida, en el sujeto, por su pasión de anonadamiento, en su pasión de celos, en esa ocasión, y encontrarse en cierta relación al objeto, en tanto que él está en cierta relación, también, con la totalidad que puede o no concernirle.

Pero es en tanto que el objeto es sustituible a esta totalidad, en tanto que la imagen del otro es sustituible en el sujeto, que entramos, propiamente hablando, en la actividad simbólica, en aquélla que hace, del ser humano, un ser hablante; eso que va a definir toda su relación ulterior a nuestro objeto.

i (a)a

--------------------- ( ------------------

$I

Dicho esto, en el caso que es del que nos ocupamos, ¿Cómo distinciones tan fundamentales, que permanecen en su carácter tan primitivo, pueden servirnos para orientarnos? Quiero decir: Cómo crear las discriminaciones que nos permitan, justamente, extraer el máximo de provecho de estos hechos que nos son dados en la experiencia del sueño y del sujeto particular del que nosotros analizamos el caso.

Vemos si esta relación al deseo, esta relación llamada deseo, esta relación al objeto, en tanto que es relación de deseo humano, debemos, a cada instante, proponernos asirla de cerca, y si es siempre exigible que nosotros ahí encontremos esa relación a un objeto, en tanto que el sujeto se tenga ahí como en el límite, aniquilado.

Se es $ en relación a a, que es la fórmula del deseo, y si todo esto se inscribe en una relación cuádruple que hace el sujeto, en la imagen del otro, en las sucesivas identificaciones que van a llamarse yo (moi), encuentre, para sustituirse, una forma, algo profundamente temido, profundamente pálido, que es la relación del sujeto en el deseo.

¿Qué es lo que encontramos en los diferentes elementos sintomáticos que nos son aportados aquí, en esta observación?

Podemos tomar por partes este material que nos es aportado por el enfermo. Tomémoslo, en tanto sea posible, en las partes que son puestas de relieve, en las partes sintomáticas.

Hay un momento donde nos dice que el ha cortado en tiras, las correas de las sandalias de su hermana. Esto viene en el curso del análisis del sueño, es decir, después de un cierto número de intervenciones, sin duda, mínimas, pero sin embargo, no nulas de Ella Sharpe, la analista; simples envites han hecho meter, poco a poco, hilo en aguja. Después, el capuchón, el hecho que el capuchón es la forma del órgano genital femenino en esa relación que es la del sueño. Luego, la capota del coche, las correas que sirven para fijar, para anudar esta capota. Luego, esas tiras que él corta, en cierto momento, a las sandalias de su hermana, sin poder, aún ahora, dar cuenta del objetivo que, sin duda, él perseguía, que le parecía útil sin que él pueda demostrar bien en qué eso le era necesario.

Estos son, exactamente, los mismos términos que usa con respecto a su coche en una sesión ulterior, Después de la sesión de interpretación del sueño, él dice a la analista que este coche que el mecánico no le ha entregado —y que él no piensa hacer de esto un problema con este excelente buen hombre— y del cual no tiene ninguna necesidad! Lo quiere, aunque no le sea necesario. Dice que lo ama.

He aquí dos formas, parece, del objeto con el cual el sujeto tiene, por supuesto, una relación de la que él mismo articula el carácter singular, a saber, que no responde, en los dos casos, a ninguna necesidad.

No somos nosotros quienes lo decimos. No decimos: "el hombre moderno no tiene ninguna necesidad de su coche" aunque cada uno, mirando eso de cerca, se da cuenta de que esto es demasiado evidente.

Aquí es el sujeto quien lo dice: "No tengo necesidad del coche, solamente lo quiero, lo deseo". Y como ustedes saben, Ella Sharpe marca, coreo el cazador frente a su presa, el objeto de su búsqueda, nos dice que ella ha intervenido con las últimas energías, sin decirnos - cosa curiosa en qué términos ella lo ha hecho. Comencemos por describir un poco eso de lo que se trata. Y puesto que he querido partir de lo que es más simple, lo más remarcable en esta vieja ecuación, las correas o las tiras, eso es el a.

Hay un momento donde el hace colección de tiras. Nos obligamos a seguir un poco nuestras fórmulas, porque, si las ponemos, es que ellas deben servirnos para algo. La imagen de a, está claro que aquí es su hermana, de la que no se ha hablado demasiado, ya que uno no duda cuan complejo es remover la menor cosa, cuando se trata de explicar eso que vamos a hacer.

Su hermana es mayor; ella tiene ocho años más que él. Eso, nosotros lo sabemos está en el informe. Ella no hace gran uso del hecho de tener ocho años más que él, pero lo que es cierto es que, si ella tiene ocho años más que él, ella tenía once años cuando el sujeto tenía tres, en el momento de perder a su padre.

Cierto gusto por el significante tiene la ventaja de hacernos hacer, de cuando en cuando, cálculos aritméticos. Esto no es algo excesivo, pues no se duda de que, con la edad, los más pequeñitos no cesan de hacerlo, en lo que concierne a su edad y a su relación de edad. Nosotros gracias a Dios nos olvidamos de que hemos pasado la cincuentena —tenemos razones para eso—, pero los niños tienden mucho más a saber su edad. Y cuando se hace este pequeño calculo, uno se da cuenta de una cosa, que es muy sorprendente: que el sujeto nos dice que él no comienza a tener recuerdos, más que a partir de los ocho u once años.

Esto esta en el informe. No se saca de esto gran provecho, pero no es, simplemente, una especie de hallazgo al azar lo que les doy ahí, porque, si ustedes leen ahora la observación, verde que llega mucho más lejos que eso. Es decir, que es en el momento mismo donde el sujeto trae esto a nuestro conocimiento —quiero decir que él tenía mala memoria para todo lo que está debajo de los once años—, él habla enseguida, después, de su girl friend, que es duramente astuta en lo que concierte a la "impersonation", es decir, para imitar a todos y a cada uno, y particularmente a los hombres, de manera fabulosa, puesto que lo utiliza en la BBC.

Es sorprendente que él hable de eso, en el momento donde habla de algo que parece de otro registro, o sea que, debajo de los once años, esta el agujero negro. Es necesario creer que esto no es sin conexión con cierta relación. La alienación imaginaria, de él mismo en ese personaje "sororal", i(a), es seguramente su hermana. Y eso puede explicarnos mucho mejor las cosas, comprendido ahí que él hará, seguidamente, la elisión, en lo concerniente a la existencia, en su familia, de pram, cochecito. Sobre ese plano está el pasado, esta el asunto de su hermana.

En fin, hay un momento donde a esta hermana, él la ha recuperado, si uno puede decirlo. Es decir, ha llegado a reencontrarla en el mismo punto donde la había dejado, alrededor de una acontecimiento que es crucial. Ella Sharpe tiene razón al decir que la muerte del padre es crucial. La muerte del padre lo ha dejado confrontado con toda suerte de elementos, salvo uno, que le habría sido, posiblemente, demasiado precioso para superar las diversas captaciones de las cuales va a tratarse.

Aquí, de todas maneras, está el punto que, bien entendido, va a sernos un poco misterioso, pues el sujeto mismo lo subraya: ¿Por qué esas tiras? El no sabe nada de eso. Gracias a Dios, nosotros somos analistas y debemos —en lo que esta acá a nivel del $—, quiero decir que es exigible que nos hagamos una pequeña idea de lo que está ahí, porque conocemos otras observaciones. Esto es algo que tiene, evidentemente, relación con la no castración —si aquí estuviese la castración bien asimilada, registrada bien, asumida por el sujeto, él no habría tenido ese pequeño síntoma transitorio; pero en ese momento, sin embargo, es alrededor de la castración que eso giraba—; pero que nosotros no tenemos el derecho, hasta nuevo aviso, de extrapolar y que es aquí I. A saber, eso que tiene relación con algo que, hasta nuevo aviso, podemos bien permitirnos suspender un poco nuestra conclusión.

Su hermana Las correas

-------------------------------------------------

$ X

Si estamos en psicoanálisis, esto es, justamente, para intentar entender un poco, y entender lo que él es en eso, a saber, qué es lo que es el I del sujeto, su ideal, esta identificación extremadamente particular, en la cual yo ya he indicado la última vez que conviene detenerse.

Vamos a ver cómo podemos precisarlo, en una relación que él tiene en referencia a la primera cosa, la más evolutiva. Eso debe ser algo que se relacióna con la situación actual, en el análisis, y que concierne a las relaciones con la analista.

Y bien; volvamos a plantearnos las preguntas que conciernen a lo que él es actualmente. Habría, seguramente, dos maneras de plantear este problema, pues en esta ocasión, uno puede decir que todos los caminos conducen a Roma. Se puede partir del sueño, y de esta masa de cosas que el sujeto trae como material, en reacción a las interpretaciones que hace de eso su analista. Nosotros estamos de acuerdo con el sujeto en que lo esencial es el coche. El coche y las correas, no es, evidentemente, la misma cosa. Ha habido algo que ha evolucionado en el intervalo. El sujeto ha tomado posiciones, él mismo ha hecho reflexiones concernientes a este coche, y reflexiones que no son sin marcas de ironía: es gracioso que él hable de eso como de algo viviente. Mas allá, no he tenido que insistir. Uno siente —ya lo he hecho notar la última vez— que el carácter evidentemente simbólico del coche tiene su importancia.

Es cierto que, en el curso de su existencia, el sujeto ha encontrado, en este auto, un objeto más satisfactorios pareciera, que las correas. Por la simple razón de que las correas, él no comprende nada actualmente, mientras que es capaz, incluso, de decir que, evidentemente el auto no sirve para satisfacer una necesidad, sino que él, ahí, tiene mucho más. Y además, él juega con eso, él es amo de eso. El está bien en el interior de su auto.

¿Qué es lo que encontramos aquí, a nivel de la imagen? Al nivel do la imagen de a, nosotros encontramos cosas que son, evidentemente, diferentes, según se tomen a nivel del fantasma y del sueño, o a nivel de lo que se puede llamar los fantasmas del sueño y de la ensoñación. En la ensoñación, que tiene seguramente también su precio, sabemos lo que es la imagen del otro. Esto es algo frente a lo cual el ha tomado actitudes bien particulares. La imagen del otro, esto es, esa dupla de amantes que, bajo pretexto de no molestar —lo remarco—, él no deja jamás de molestar de la manera más efectiva, es decir, requerirles separarse.

La imagen del otro es este otro, del cual todo el mundo dirá —recuerden ustedes ese fantasma bastante excitante que el dice haber tenido no hace tanto tiempo—, no vale la pena verificar que hay, en esta pieza, eso no es más que un perro. En resumen, la imagen del otro es algo que deja, en todo caso, muy poco lugar a la conjunción sexual, que exige, o bien la separación, o bien, al contrario, algo que está verdaderamente por completo fuera de juego: el falo animal, un falo que está, totalmente, puesto fuera de los limites del juego. Si hay aquí un falo, es un falo de perro.

Esta situación, como ustedes ven, parece haber hecho progresos, en el sentido de la desintegración. Es decir que, si durante largo tiempo el sujeto ha sido alguien que ha tomado su soporte en una identificación femenina, nosotros constatamos que su relación con las posibilidades de conjunción, el hecho del abrazo, de la satisfacción genital, se presenta de una manera que, en todo caso, deja abierto el problema de lo que hace el falo ahí adentro.

Es muy cierto que el sujeto, en todo caso, no esta a gusto. La cuestión de lo doble o lo simple está ahí. Si es doble, está separado; si es simple, no es humano. De todas maneras, eso no se arregla bien.

Y en cuanto al sujeto, en esta ocasión, hay una cosa completamente clara: nosotros no tenemos que preguntarnos, como en el otro caso, lo que él es y dónde él es. Esto es completamente claro. No hay nadie. Que eso sea el sueño, donde la mujer hace todo para "to get my penis", donde literalmente no hay nada de hecho, se hará todo lo que se querrá con la mano, incluso, mostrar que no hay gato en bolsa; pero en cuanto a él, nadie.

Y en cuanto a lo que es su fantasma, es que está en ese lugar donde él no debe estar. Hay, en efecto, nadie. No hay nadie, porque, si hay un falo, es el falo de un perro que se masturba, en un Jugar donde habría sido bastante molesto que entre. En todo caso, no él.

Y aquí, ¿qué es lo que hay a nivel de I? Se puede decir, uno está seguro, que hay Ella Sharpe, y que ella no está sin tener relación con todo eso. Ella Sharpe fue advertida en el anticipo de una tosecita, a invertir la fórmula, a no meterse en asuntos familiares. Es decir que, si ella está en tren de operar sobre ella misma, de una manera más o menos sospechada, ella debería reflexionar en eso, antes que el sujeto llegue. Es necesario, para decirlo todo, que Ella Sharpe esta completamente al abrigo de los golpes del sujeto. Esto es lo que he llamado, la última vez, en mi referencia a las propias consideraciones de Ella Sharpe, que considera al análisis como un juego de ajedrez, que el sujeto no quiere perder su dama.

El no quiere perder su dama porque, sin ninguna duda, su dama es la llave de todo eso; que todo eso no puede tener fundamento, sino porque es del lado de la dama que nada debe ser cambiado. Porque es del lado de la dama que está la omnipotencia (tout puissance).

Lo curioso es que esta idea de la omnipotencia, Ella Sharpe huele y la reconoce por todas partes, al punto de decir al sujeto que él se cree omnipotente. Con la excusa de que él ha tenido un sueno enorme, por ejemplo, mientras no es capaz de contar más que esa aventurita que tiene sobre una ruta de Checoslovaquia. Pero no es el sujeto quien es omnipotente (tout puissance). Lo que es omnipotente es el Otro.

Y es por eso que la situación es especialmente más temida. No olvidemos, incluso, que es un sujeto que no puede llegar a pleitear. El no puede, y es, sin embargo, algo muy sorprendente.

La clave de la cuestión es esta: Si es verdad o no que el sujeto no puede llegar a pleitear porque el Otro (lugar y sitio en el cual nosotros nos colocamos siempre, si tenemos que pleitear ) para él no hace falta que esté involucrado. En otros términos, el Otro -y en esta ocasión, es la mujer- no debe estar, en ningún caso, castrado. Quiero decir que el Otro debe poseer, en sí mismo, ese significante que tiene todos los valores. Y aquí es donde es necesario considerar al falo. Yo no soy el único. Lean en la página 272 de Melanie Klein, en lo que concierne a la evolución de la niña. Ella dice muy bien que el significante falo, primitivamente, concentra sobre sí todas las tendencias que el sujeto ha podido tener en los órdenes oral, anal, uretral; y que antes, incluso, de que antes pueda hablar de genital, ya el significante falo concentra en sí todos los valores, y especialmente los valores pulsionales, las tendencias agresivas que el sujeto ha podido elaborar.

Es en la medida en que el sujeto no puede poner en juego el significante falo, que el significante falo queda concerniendo al otro como tal, que el sujeto se encuentra, él mismo, en una postura que es la postura en avería que todos vemos. Pero lo que hay completamente sorprendente, es que aquí, como en todos los casos donde nosotros nos encontramos en presencia de una resistencia del sujeto, esta resistencia es del analista.

Pues, efectivamente, si hay algo que Ella Sharpe se prohibe en esta ocasión severamente —ella no se da cuenta de por qué, pero es cierto que ella lo tiene como tal, que ella se lo prohibe— es pleitear. En esta ocasión donde, justamente, una barrera es ofrecida para franquear, que ella podría franquear, se prohibe franquearla, se rehusa, pues ella no se da cuenta de que eso de lo que el sujeto se cuida, no es —como ella piensa— algo que concierne a una pretendida agresión paternal —el padre de el hace largo tiempo que está muerto, completamente muerto, y han tenido todos los cuidados del mundo en darle una pequeña reanimación en el interior del análisis—, no es para incitar al sujeto a servirse de un falo como de un arma, de lo que se trata. No es de su conflicto homosexual; no es que él se tenga como más o menos irascible, agresivo, en presencia de gente que se burla de él en tenis, porque no sabe dar el último golpe. No es de todo eso de lo que se trata. El está más acá de ese momento donde debe consentir en darse cuenta de que la mujer esta castrada.

No digo que la mujer no sea el falo. El lo demuestra en su fantasma del sueño de una manera completamente irónica. Sino que el otro, como tal, por el hecho mismo de que él esta en el Otro del lenguaje, está sometido a esto: Para lo que es de la mujer, ella es sin tenerlo.

Ahora bien; eso es, justamente, lo que no puede ser admitido por él en ningún caso.

Para él, ella no debe ser sin tenerlo, y es por eso que él no quiere, a ningún precio, que ella lo arriesgue. Su mujer —no lo olviden— está fuera de juego en el sueño. Ella es, ahí, la que no juega, en apariencia, ningún rol. No está, incluso, subrayado, que ella mira. Es ahí, si puedo decir, que el falo es puesto al abrigo.

El sujeto no tiene, incluso él mismo, que arriesgar el falo, porque él está enteramente en juego en un rincón donde nadie podría soñar buscarlo. El sujeto no llega a decir que él está en la mujer y que, sin embargo es, seguramente, en la mujer, donde él es. Quiero decir que es por eso que Ella Sharpe esta ahí. No es especialmente inoportuno que ella sea mujer. Eso podría ser completamente oportuno, si ella se diera cuenta de lo que hay que decir al sujeto, a saber, que ella está ahí como una mujer, y que eso plantea preguntas, que el sujeto ose ante ella, pleitear su causa.

Eso es, precisamente, lo que él no hace. Y es, precisamente, lo que ella percibe que él no hace, y es alrededor de ahí que gira ese momento crítico del análisis.

En ese momento, ella lo incita a servirse del falo como de un arma. Ella dice: "ese falo es algo que ha sido siempre excesivamente peligroso; no tenga miedo; es de eso de lo que se trata".

No hay nada en el material que nos dé una indicación del carácter agresivo del falo. Y es, sin embargo, en ese sentido que ella interviene con la palabra. No pienso que eso sea ah! lo mejor. ¿Por qué? Porque la posición que tiene el sujeto y que, según toda apariencia, él ha guardado, que él guardará en, todos los casos, aún después de la intervención de Ella Sharpe, es aquélla, justamente, que él tenía en un momento de su infancia, que es la que intentamos precisar en el fantasma de las correas cortadas, y de todo lo que se anuda ahí, de das identificaciones a la hermana, y de la ausencia de los cochecitos.

Esto es algo que aparece —Ustedes lo verán si releen atentamente las asociaciones. Esto es algo de lo cual él esta seguro de que tiene la experiencia: él, atado, el pined-up en su cama. Es él en tanto que se lo tiene ciertamente, contenido, mantenido en posiciones que no son sin relación a lo que podemos presumir, con alguna represión de la mes turbación y, en todo caso, con alguna experiencia que ha sido para él ligada a sus primeros inicios de emoción erógena, y que todo hace pensar que ha sido traumático.

Es en ese sentido que Ella Sharpe interpreta. Todo lo que el sujeto produce, es algo que ha debido jugar un rol —dice ella— con alguna escena primitiva, con el acoplamiento de los padres. Este acoplamiento, sin duda, él lo ha interrumpido, sea por sus gritos, sea por algún trastorno intestinal. Es ahí que ella encuentra, incluso, la prueba que este pequeño cólico que reemplaza a la tos en el momento de golpear, es una confirmación de su interpretación.

Eso no es seguro. El sujeto, ya sea él pequeño o, en tanto que algo se produce en eco como síntoma transitorio en el curso del análisis, sospecha lo que tiene lugar en el interior del cuerpo. Eso es un pequeño cólico. No lo es, sin embargo, para zanjar la cuestión de la función de esta incontinencia. Esta incontinencia —ustedes lo saben— se reproducirá a nivel uretral, sin duda, con una función diferente. Y ya he dicho cuán importante era notar el carácter del eco de la presencia de los padres en tren de consumar el acto sexual, en toda especie de manifestación do la enuresis.

Aquí, seamos prudentes, conviene no siempre dar una finalidad unívoca a lo que puede, en efecto, tener ciertas, consecuencias, ser, a continuación, utilizada secundariamente por el sujeto como constituyendo una intervención completa en las relaciones interparentales.

Pero ahí el sujeto, recientemente, es decir, en una época bastante próxima a ese sueño del análisis, ha tenido un fantasma completamente especial, y a partir del cual Ella Sharpe, en esta ocasión, hace gran esfuerzo para confirmar la noción de esta relación con la conjunción parental. Es en El ha temido, un día, tener una pequeña avería con su famoso coche, decididamente rada vez. Más identificado a su propia persona, y tenerlo a través de la ruta donde debería pasar la pareja real —ni más ni menos—, como si él estuviera ahí para hacernos eco del juego de ajedrez. Pero cada vez que encuentren el rey, piensen menos en el padre que en el sujeto.

Cualquiera sea el fantasma, esta pequeña angustia que el sujeto manifiesta: dado que él debía también rendir homenaje a esta pequeña reunión de inauguración, donde la pareja real —estamos en 1934, la corona inglesa no es de una reina y de un maridito—, hay ahí un rey y una reina que van a encontrarse bloqueados por el coche del sujeto. Con lo que debemos contentarnos, pura y simplemente, con decir en esta ocasión, es que hay algo que se renueva imaginariamente, fantasmáticamente, pura y simplemente una actitud agresiva del sujeto, una actitud de rivalidad comparable, parable, en rigor, a aquella que puede darse al hecho de mojar la cama. Eso no es seguro. Si esto debe despertar en nosotros algún eco es, al menos, que la pareja real no está en cualquier condición: él va a encontrarse en su coche detenido, expuesto a las miradas.

Parece que de lo que se trata en esta ocasión, es incluso algo que está mucho más cerca de esta búsqueda perdida del falo figurado, que no esta en ninguna parte, y para él se trata de encontrarlo. Y de lo cual, uno esta seguro de que no lo encontrará jamas.

Es que si el sujeto está ahí en ese capuchón, en esa protección construida hace tiempo alrededor de su yo (moi), por la capota del coche - es también la posibilidad de esconderse con un pin off-speed, rápidamente - el sujeto va a encontrarse en la misma posición, tanto que nosotros hemos, otra vez, oído contener la risa de los olímpicos: Es Vulcano que nos atrapa bajo sus rayos, como Marte y Venus y todos saben que la risa de los dioses parece, en esta ocasión, aún, resonar en nuestras orejas y en los versos de Homero. ¿Dónde está el falo? Esto es, siempre, el mayor resorte de lo cómico, y después de todo, no olvidemos que ese fantasma es, ante todo, un fantasma alrededor de una noción de incongruencia, más que otra cosa. El se engancha de la manera más estrecha en esta misma situación fundamental, que es aquélla que va a dar la unidad a ese sueño, y de todo lo que esta alrededor, a saber, la de una afanisis, que no es tanto desaparecer, como hacer desaparecer.

Recientemente, un hombre de talento, Raymond Queneau, ha puesto un epígrafe a un muy divertido libro, "Zazi dans le metro" ("Zazi en el subte") —cita latina : "Aquél que hace eso, tiene cuidadosamente disimulados sus resortes". Es de eso de lo que se trata, al fin de cuentas. La afanisis de la que se trata aquí, es el escamoteo del objeto en cuestión, a saber, el falo. Es en tanto que el falo no está puesto en juego, que el falo está reservado, está preservado, que el sujeto no puede acceder al mundo del otro. Y —ustedes lo verán— lo más neurotizante no es el temor de perder el falo, o el temor de la castración —éste es el resorte fundamental—, sino no querer que el Otro esté castrado.



índice del seminario 6





































Clase 13. Hamlet. Cannevas I.
4 de Marzo de 1959

Hamlet. Cannevas I
4 de Marzo de 1959



Creo que hemos llevado bastante lejos el análisis estructural del sueño modelo que se encuentra en el libro de Ella Sharpe, para que, al menos, vean hasta qué punto ese trabajo nos aporta sobre la ruta de lo que tratamos de hacer, a saber, eso que debemos considerar como el deseo y su interpretación.

Aún cuando algunos hayan dicho no haber encontrado la referencia a Lewis Caroll que había dado la última vez, estoy sorprendido de que no hubieran retenido la doble regla de tres, porque es allí abajo que termina, a propósito de esas dos etapas de la relación del sujeto al objeto más o menos fetiche, la cosa se expresa finalmente como el



I mayúscula, la identificación ideal que he dejado abierta, no sin intención, para la primera de las dos ecuaciones para la de las correas de las sandalias de la hermana. Eso donde, en el lugar de, tenemos una x.

No pienso que ninguno de ustedes se haya percatado de esa x. Por supuesto, es algo que era el falo. Pero lo importante es el lugar donde estaba ese falo precisamente en el lugar de I, de la identificación primitiva, de la identificación a la madre, precisamente en ese lugar donde esta el falo, el sujeto no desea denegar a la madre. El sujeto desea (veut), como lo enseña la doctrina desde siempre, desea mantener el falo de la madre. El sujeto rechaza (refuse) la castración del Otro.

El sujeto, como les decía, no quiere perder su dama, porque es del juego de ajedrez del que se trata. El no quiere, en la ocasión, poner a Ella Sharpe en otra posición que la posición del falo idealizado, que es aquélla de la cual él la advirtió por una tosecita antes de entrar en la pieza. De hacer desaparecer las pruebas, de forma que él no tenga, de ninguna manera, que ponerlas en juego.

Nosotros tendremos, posiblemente, la ocasión, este año, de volver a Lewis Carroll. Verán que, literalmente, no se trata de otra cosa en las dos Alicias: "Alicia en el país de las maravillas" y "... A través del espejo". Es casi un poema de los avatares fálicos de estas dos Alicias.

Pueden ponerse a buscarlos desde ahora, de modo de prepararse para ciertas cosas que podría llegar a decir.

Una cosa puede sorprenderlos en lo que les dije, que concierne a la posición de ese sujeto en relación al falo, que es lo que les subrayé: la oposición entre el ser y el tener.

Cuando les he dicho que eso era porque para él era la cuestión de ser la que se planteaba, que fue necesario serlo sin tenerlo —eso por lo cual he definido la posición femenina— no se puede sino a propósito de ese ser y no ser el falo, que no sea elevado en ustedes el eco, que verdaderamente se impone, a propósito de toda esta observación del "to be or not to be", siempre tan enigmático, convertido casi en farsa, que nos da el estilo de la posición de Hamlet y que, si nos enganchamos en esa aventura, no hará sino llevarnos a uno de los temas más primitivos del pensamiento de Freud, de ese algo donde se organiza la posición del deseo, donde se prueba el hecho de que es desde la primera edición de La "Traumdeutung"; que el tema de Hamlet ha sido promovido por Freud, a un rango equivalente al del tema edípico que aparecía entonces, por primera vez, en la "Traumdeutung´.

Con seguridad, sabemos que Freud lo pensaba desde hace un buen tiempo atrás, pero es por las cartas que no estaban destinadas a ser publicadas.

La primera aparición del complejo de Edipo se hace en la "Traumdeutung" en 1900. El Hamlet, en ese momento, es publicado, también en 1900, en la forma como Freud lo dejó en la serie, pero en nota, y es en 1910-1914 que ello pasa al cuerpo del texto.

Creo que el tema de Hamlet puede servirnos para reforzar esa suerte de elaboración del complejo de castración. ¿Cómo se articula el complejo en lo concreto, en el encaminamiento del análisis?

El tema de Hamlet, desde Freud, ha sido tomado muchas veces. Probablemente no haga el tour de todos los autores que lo han retomado. Ustedes saben que el primero es Jones. Ella Sharpe también avanzó sobre Hamlet un número de cosas que no carecen de interés, estando el pensamiento de Shakespeare y la practica de Shakespeare en el centro de la formación de esa analista. Es posible que lleguemos a eso.

Se trata hoy de comenzar a descifrar ese terreno. Preguntarnos qué es lo que el propio Freud quiso decir introduciendo Hamlet, y lo que se demuestra que ha podido decirse ulteriormente, en la obra de otros autores.

He aquí el texto de Freud, que vale la pena ser leído al inicio de esta investigación. Lo doy en la traducción francesa.

Después de haber hablado del complejo de Edipo por primera vez - no es vano destacar, aquí, que el complejo de Edipo se introduce, en "La ciencia de los sueños" a propósito de los sueños de muerte de personas que nos son queridas, es decir, precisamente, a propósito de lo que nos ha servido, este año, de punto de partida y de primera guía en la valoración de algo que es presentado, en principio, naturalmente, en ese sueño que he elegido por ser uno de los más simples, refiriéndose a un muerto, ese sueño que nos ha servido para mostrar cómo se instituía, sobre dos líneas de intersubjetividad superpuestas, desdobladas, una en relación a la otra, el famoso "él no sabía", que hemos ubicado en una línea, la línea de la posición del sujeto, el sujeto paternal, en este caso, siendo el que es evocado por el sujeto soñante (rêvour), es decir, en algún lugar donde se sitúa, bajo una forma encarnada por el padre mismo, y en el lugar del padre, bajo la forma de "él no sabía". Precisamente, el hecho de que el padre es inconsciente y encarna, aquí, la imagen, el inconsciente mismo del sujeto. ¿Y de qué? De su propio deseo. Del deseo de muerte contra su padre.

Es claro que conoce, en eso, a un otro, una suerte de anhelo benevolente, de llamado a una muerte consoladora. Pero justamente, ese inconsciente que es el del sujeto, concerniente a su deseo de muerte edípico, está, en cierto modo, encarnado en la imagen del sueño, bajo esa forma que el padre no debe saber que el hijo ha tenido contra él, ese anhelo benevolente de muerte.

Él no sabe , dice el sueño absurdamente que él estaba muerto. Es allí que se detiene el texto del sueño. Y lo que es reprimido por el sujeto, que no es ignorado por el padre fantasmático, es el "según su deseo", del que Freud nos dice que es el significante que debemos considerar como reprimido.

"Otra de nuestras grandes obras trágicas —nos dice Freud— el Hamlet de Shakespeare, tiene las mismas raíces que Edipo rey". La diferente puesta en marcha muestra, de una manera idéntica, alguna diferencia en la vida intelectual de esas dos apocan, y cuáles progresos hizo la represión en la vida sentimental —la palabra "sentimental" es aproximativa—. En Edipo los deseos del niño aparecen y son realizados como en el sueño.

Efectivamente, ha insistido mucho sobre el hecho de que los sueños edípicos están allí, en alguna forma, como el retoño, la fuente fundamental de esos deseos inconscientes, que reaparecen siempre, y el "Edipo" —hablo del "Edipo" de Sófocles o de la tragedia griega— como la fabulación, la elaboración de lo que siempre surge de esos deseos inconscientes. Es así como, textualmente, las cosas son articuladas en "La ciencia de los sueños".

"En Hamlet, esos mismos deseos del niño están reprimidos, y no aprehendemos su existencia, tal como en las neurosis, más que por su acción". (Cita alemana).

"La pieza está fundada sobre las hesitaciones de Hamlet para cumplir la venganza de la que es encargado. El texto no dice cuáles son las razones y los motivos de sus hesitaciones".

"Los numerosos ensayos de explicación no han podido descubrirlos. Según Goethe (y es la concepción dominante aún) Hamlet representaría al hombre en el cual la actividad es dominada por un desarrollo excesivo del pensamiento, en el cual la fuerza de acción esta paralizada"."Se siente la palidez del pensamiento". Según otros, el poeta habría querido representar un carácter enfermo, irresoluto y neurasténico.

"Pero nosotros vemos, en la pieza, que Hamlet no es incapaz de obrar. Obra dos veces; primero, en un movimiento de pasión violenta, cuando mata al que escucha detrás del tapiz".

Ustedes saben que se trata de Polonio, y que es en el momento en el que Hamlet tiene una conversación con su madre que esta lejos de ser crucial, porque nada, en esa pieza, lo es jamas, salvo su terminación mortal, donde, en algunos instantes, se acumula, bajo la forma de cadáveres, todo lo que, hasta entonces, está retardado, de los modos de acción.

"Después, de una manera reflexiva y astuta, tanto como con la indiferencia total de un príncipe del Renacimiento, entrega a los dos cortesanos (se trata de Rosencratz. y de Guildenstern, que representan un tipo de falsos hermanos), a la muerte que les había destinado. ¿Qué es lo que le impide, pues, cumplir la tarea que le ha dado el fantasma (fantôme) de su padre?"

Ustedes saben que la pieza se abre sobre la terraza de Elsinor, para la aparición de ese fantasma a dos guardias, que enseguida lo advierten a Hamlet.

"Hay que convenir que es la naturaleza de esa tarea de Hamlet. Hamlet puede obrar, pero él no sabría vengarse de un hombre que ha apartado a su padre, y ha tomado su lugar junto a su madre. En realidad, es el horror que debería impulsarlo a la venganza, pero eso es reemplazado por remordimientos, escrúpulos de conciencia.

"He traducido en términos conscientes lo que, en el alma del héroe, permanece inconsciente".

Ese primer aporte de Freud se presenta con el carácter de una justeza de equilibrio que, si puedo decirlo, nos conserva la vía recta para situar, para mantener, a Hamlet en el lugar en que lo puso. Aquí, eso está claro. Pero es también por relación al bosquejo de la percepción de Freud, que deberá situarse a continuación todo lo que se impondrá como excursión alrededor de eso, y como bordado —y ustedes lo verde, alguna vez, bastante distante.

Los autores, a medida del avance de la exploración analítica, centran el interés sobre los puntos que, por otra parte, en Hamlet se encuentran, algunas veces, válidamente, pero en detrimento de esa suerte de rigor con el cual Freud lo sitúa desde el inicio. Y yo diría que, al mismo tiempo - y esto es el carácter menos explicitado, en suma, al menos, interrogado—, hay allí algo que se encuentra situado sobre el plano de los escrúpulos de conciencia, algo que, de todas maneras, no puede ser considerado sino como una elaboración.

Si se nos lo presenta como siendo lo que pasa, la forma en que eso puede expresar, sobre el plano consciente, lo que queda inconsciente en el alma del héroe, parece justo que podamos preguntar cómo articularlo en el inconsciente. Porque hay una cosa cierta, y es que la elaboración sintomática, como un escrúpulo de conciencia, no está, sin embargo, en lo inconsciente. Si está en lo inconsciente, si está construido, de alguna manera, por los medios de la defensa, tendremos que preguntar qué responde, en lo inconsciente, la estructura consciente. Es lo que estamos por tratar de hacer. Termino lo poco que queda del párrafo de Freud. No le falta mucho para arrojar lo que habrá sido el puente sobre el abismo de Hamlet. Es, en verdad, sorprendente, que Hamlet haya quedado como un enigma literario total, hasta Freud. Lo que no quiere decir que no lo es aún, pero ha habido ese puente. Eso es verdad para otras obras. El misántropo es el mismo género de enigma.

"La aversión por los actos sexuales concuerda con ese síntoma. El asco debe crecer siempre más en el poeta, y hasta lo que él expresa completamente el "El timón de Atenas". Leo este pasaje hasta el fin, porque es importante, y abre la vía en dos líneas para aquéllos que, en la sucesión, han tratado de ordenar, alrededor del problema de une" represión personal, el conjunto de la obra de Shakespeare. Efectivamente, eso trata de hacer Ella Sharpe. Lo que ha sido indicado en lo que se publicó después de su muerte, bajo la forma de "Unfinished Papers", del cual su Hamlet, aparecido en el International Journal de Psicoanálisis, y que parece tener una tentativa de tomar, en el conjunto, la evolución de la obra Shakespeareana, como significativa de algo de lo que creo que, queriendo dar un cierto esquema, Ella Sharpe ha hecho, ciertamente, algo imprudente, criticable desde el punto de vista metodológico, lo que no excluye que ella no haya encontrado, efectivamente, algo valedero.

"El poeta no puede haber expresado en Hamlet, sino sus propios sentimientos. George Brandes indica en su "Shakespeare", que su drama (en el 96), fue escrito después de la muerte del padre de Shakespeare en 1601. Nosotros podemos admitir que, en ese momento, las impresiones de la infancia que se referían a su padre estaban particularmente vivas. Sabemos, además, que el hijo de Shakespeare, muerto tempranamente, se llamaba Hamlet".

Yo creo que podemos terminar aquí con ese pasaje que nos muestra, por simples indicaciones, hasta qué punto Freud ya deja avanzadas cosas en las que los autores se engancharon.

Quisiera aquí enganchar el problema, como podemos hacerlo a partir de los datos que, desde el inicio del año, encuentro haber producido ante ustedes. Es que creo que esos datos nos permiten agrupar de una manera más sintética, más sorprendente, los diferentes resortes de lo que pasa en Hamlet, de simplificar de algún modo esa multiplicidad de instancias, a la cual nos encontramos confrontarlos, a menudo, en la presente situación. Quiero decir que da cierto carácter de reduplicación a los comentarios analíticos sobre cualquier observación, cuando vemos tomar, por ejemplo, simultáneamente, en el registro de la oposición de lo inconsciente y de la defensa, y luego el Yo (moi)) y el Ello, y pienso todo lo que puede producirse cuando se agrega aún la instancia del Superyó, sin que jamás se hayan unificado los puntos de vista diferentes que dan, a esos trabajos, una indefinición (floo), una sobrecarga que no parece hecha para ser utilizable por nosotros en nuestra experiencia.

Lo que aquí tratamos de asir son guías que, permitiéndonos resituar allí los diferentes Organos, esas diferentes etapas de los aparatos mentales que nos ha dado Freud, permiténdonos resituarlos de forma tal, que tenga en cuenta el hecho de que se superponen semánticamente en forma parcial. No es adicionándolas las unas a las otras, haciendo una suerte de reunión o conjunto, como puede hacérselas funcionar normalmente.

Es, si ustedes quieren, tratándolas sobre un plan que trataremos de hacer, más fundamental, de manera que sepamos lo que hacemos con cada uno de esos órdenes de referencia, cuando los hacemos entrar en juego.

Comencemos a deletrear ese gran drama de Hamlet. Por evocador que sea el texto de Freud, es necesario que yo refiera de qué se trata.

Se trata de una pieza que ocurre poco después de la muerte de un rey que fue, nos dice Hamlet, su hijo, un rey muy admirable, un ideal, tanto de rey como de padre, y que es muerto misteriosamente. La versión que ha sido de su muerte, es que ha sido picado por una serpiente en un jardín (el "orchard" que es aquí interpretado por los analistas). Luego, rápidamente, algunos meses después de su muerte, la madre de Hamlet ha esposado a quien es su cuñado, Claudio, ese Claudio, objeto de todas las execraciones del héroe central, de Hamlet, y aquél sobre el cual haré posar no sólo los motivos de rivalidad que puede tener Hamlet para con él, , Hamlet apartado, en suma, del trono por ese tío, y aún más, todo lo que él entrevé, todo lo que sospecha del carácter escandaloso de esa sustitución. Y aún más, el padre que aparece como fantasma (ghost) para decirle en qué condiciones de dramática traición se operó lo que —el fantasma le dice— ha sido llanamente un atentado. A saber —allí está el texto, y no ha dejado de llamar la atención de los analistas, que se ha vertido veneno en su oreja, durante su reposo, un veneno llamado, misteriosamente, Hebona. Hebona es una suerte de palabra forjada —no sé si se encuentra en otro texto; se ha tratado de darle equivalentes: una palabra que es próxima y que designa, de la manera en que ordinariamente es traducida, por Beleño (Jusquiamus)

Es bien cierto que ese atentado por la oreja no podría satisfacer a un toxicólogo, lo que, por otra parte, da materia al analista para más interpretaciones.

Vemos enseguida algo que se nos presenta como atraparte, quiero decir, a partir de los criterios, de las articulaciones que hemos aquilatado, sirviéndonos de esas claves tan particulares como puedan parecerles en su surgimiento. Eso ha sido con ese particular propósito, bien determinado; pero ello no excluye, y es asta una de las fases más claras de la experiencia analítica, que ese particular tiene el valor más universal.

Está totalmente claro que lo que hemos puesto en evidencia escribiendo el "él no sabía que estaba muerto", es algo seguramente fundamental.En la relación al Otro en tanto tal, la ignorancia donde es tenido ese Otro de una situación cualquiera, es algo absolutamente original. Ustedes lo saben bien porque se les enseña que es una de las revoluciones del alma infantil, el momento en que el niño, después de haber creído que todos sus pensamientos —"todos sus pensamientos" es algo que siempre debe incitarnos a una gran reserva ; quiero decir que, a los pensamientos, somos nosotros los que los llamamos así. Para lo que es vivido por el sujeto— los pensamientos son todo lo que es, todo lo que es conocido por sus padres, sus menores movimientos interiores, son conocidos. Se percata de que el Otro no puede saber. Es indispensable tener en cuenta esa correlación del no saber en el Otro, justamente, en la constitución del inconsciente.

Uno es, de algún modo, el anverso del otro. Y puede ser su fundamento. Pero, en efecto, esta formulación no es suficiente para constituirlos.

Pero hay algo, en fin, que es claro, y que nos sirve de guía, que en el drama de Hamlet vamos a procurar dar cuerpo a esa noción histórica, aún un poco superficial, en la atmósfera, en la cual, en el estilo del tiempo, se trata de no sé qué tabulación moderna. Por relación a la estatura de dos antiguos, eso sería de pobres degenerados. Nosotros estamos en el estilo del siglo XIX.

No es por nada que Georges Brandes es citado allí. Y no sabremos james si Freud, en esa época —aunque era probable— conocía a Nietzsche. Pero eso, esa referencia a los modernos, puede que no sea suficiente. ¿Por qué los modernos serían más neuróticos que los antiguos? Es, en todo caso, una petición de principios. Lo que tratamos de ver es algo que vaya más lejos de esta petición de principio, o explicación por la explicación: eso va mal porque va mal. Lo que tenemos delante nuestro es una obra en la que vamos a tratar de separar las fibras, las primeras fibras.

Primera fibra: El padre, aquí sabe muy bien que está muerto, muerto según el deseo de aquél que quería tomar su lugar, a saber, Claudio, que es su hermano.

El crimen es escondido, seguramente, para el centro de la escena, para el mundo de la escena. Este es el punto esencial, sin el cual el drama de Hamlet no tendría lugar para situarse y existir. Y es eso lo que, en el artículo de Jones a él accesible, "The death of Hamlet"s father", es puesto de relieve, la diferencia esencial que Shakespeare ha introducido en relación a la saga primitiva, donde la masacre de aquél que, en la saga, lleva un nombre diferente, pero que es el rey, tiene lugar frente a todos en nombre de un pretexto, de un pretexto que mira, en efecto, sus relaciones con su esposa. Ese reyes, también, masacrado por su hermano. Pero todo el mundo lo sabe. Allí, en Hamlet, la cosa es ocultada pero - éste es el punto - el padre se la hace conocer, y es él quien viene a decirnos: "There needs no ghost, my lord, to tell us this."Freud lo cita en diversas ocasiones, porque eso se convierte en proverbio: "No hace falta fantasma, mi buen señor". No hace falta un fantasma para decirnos eso. Y si, en efecto, se trata del tema edípico, sabemos eso hace rato. Pero es claro que, en la construcción del tema de Hamlet, no llegamos todavía a saberlo. Y hay algo significativo en el hecho de que, en la construcción de la fábula, sea el padre quien viene a decirlo, que el padre se lo haga saber.

Creo que eso es algo esencial, y es una primera diferencia en la fibra con la situación, la construcción, la fabulación fundamental, primera, del drama "Edipo", ya que Edipo no lo sabe. Cuando lo sepa, todo el drama se desencadenará hasta su autocastigo, por su propia liquidación de una situación. Pero el crimen edípico, es cometido por Edipo en lo inconsciente. Aquí, el crimen edípico es sabido. ¿Por quién es sabido? Por el otro. Viene a surgir de quien es la víctima, para traerlo al conocimiento del sujeto.

¿Ven en qué camino avanzamos?, en un método, si puedo decir, de comparaciones, de correlaciones entre esas diferentes fibras de la estructura, que es un método clásico, el que consiste en un todo articulado; y en ninguna parte hay allí más articulación en esto, que es del dominio del significante.

La noción misma de articulación —lo señalo sin, cesar— le es consustancial, después de todo, no se habla de articulación en el mundo, más que porque el significante da sentido a ese termino. De otro modo, no hay más continuo o discontinuo, pero no articulación.

Tratamos de asir, de ver, por una suerte de comparación de fibras homólogas, en una y otra fase, del "Edipo" y de "El Hamlet", en tanto que Freud los ha aproximado, lo que va a permitirnos concebir la coherencia de las cosas, esto es, cómo, en qué medida, por qué es concebible que, en la medida misma en que uno de los acordes se encuentra bajo un signo opuesto a donde esta en el otro drama, se produce una modificación estrictamente correlativa. Y esa correlación, es allí la que debemos llevarnos a la junta del tipo de casualidad del que se trata en esos dramas.

Son más instructivos, para nosotros, a partir de que son correlativas, que nos permiten reunir los resortes del significante, de una manera que sea, para nosotros, más o menos utilizable. Debe haber una relación asible y notable, finalmente, de una manera casi algebraica, entre esas primeras modificaciones del signo de lo que pasa.

Si ustedes quieren, en la línea de lo alto, de que "él no sabia", allí es "él sabia que estaba muerto". El estaba muerto según el deseo mortífero que lo llevó a la tumba, el de su hermano. Vamos a ver cuales son las relaciones del héroe del drama.

Pero antes de lanzarnos de una manera siempre un poco precipitada, en la línea de superposición de identificaciones que está en la tradición, hay conceptos, y los más cómodos son los menos elaborados, y Dios sabe qué no se hace con las identificaciones , y Claudio, al fin de cuentas, lo que ha hecho, es una forma de Hamlet, es el deseo de Hamlet. Esto es rápidamente dicho, porque, para situar la posición de Hamlet respecto de ese deseo, debemos hacer intervenir, de golpe, el escrúpulo de conciencia. Es algo que introduce, en la relación de Hamlet a ese tal Claudio, una posición doble, profundamente ambivalente, la de la relación a un rival. Pero de la que se siente bien que esa rivalidad es singular, de segundo grado, aquél que, en realidad, es aquél que ha hecho lo que él no había osado hacer. Y, en esas condiciones, él se encuentra rodeado de no se qué misteriosa protección, que se trata de definir.

¿A título de escrúpulos de conciencia, decimos? En relación a lo que se impone a Hamlet, y que se impone aún más a partir del encuentro primitivo con el "ghost", es decir, literalmente, de la orden de vengar al fantasma, Hamlet, para actuar contra el matador de su padre, es armado de todos los sentimientos. Ha sido desposeído, sentimiento de usurpación; sentimiento de rivalidad; sentimiento de venganza, y más aún, con la orden de su padre, por encima de todo, admirado. Seguramente, en Hamlet todo es acorde para que actúe; y él no actúa.

Es evidente que es aquí donde comienza el problema, y que la vía de progresión debe armarse con gran simplicidad. Quiero decir que, siempre, lo que nos pierde, lo que nos engaña, es sustituir al franqueamiento de la cuestión, con claves ya hechas. Freud nos lo dice: se trata, allí, de la representación consciente de algo que debe articularse en lo inconsciente. Lo que tratamos de articular, de situar, en alguna medida, y como tal, en lo inconsciente, es lo que quiere decir un deseo.

En todo caso, decimos, con Freud, que hay algo que no va, a partir del momento en que las cosas se encadenan de tal manera. Algo no va, del deseo de Hamlet. Es aquí donde cabemos elegir el camino. No es fácil, porque no estamos allí lo suficientemente más lejos, que en el punto en que, siempre, se estuvo.

Aquí hay que tomarlo a Hamlet, su conducta en la tragedia, en su conjunto. Y, puesto que hemos hablado del deseo de Hamlet, hay que percatarse de lo que no escapó, naturalmente, a los analistas, pero que puede que no sea del mismo registro, del mismo orden; Se trata de situar lo que es de Hamlet, como de un punto que, para nosotros, es el alma, el centro, la piedra de toque del deseo. No es exactamente eso, a saber, las relaciones de Hamlet con lo que puede ser el objeto consciente de su deseo.

Nada nos es escatimado por el autor. Tenemos, en la pieza, como el barómetro de la posición de Hamlet, en relación a su deseo. Lo tenemos en la forma más evidente y clara, bajo la forma del personaje de Ofelia. Ofelia es, evidentemente, una de las creaciones más fascinantes que haya sido propuesta a la imaginación humana. Algo que podemos llamar el drama del objeto femenino, el drama del deseo del mundo, que aparece, en el linde de una civilización, bajo la forma de Helena. Es destacable verlo, en un punto que puede ser también un punto cúlmine, encarnado en el drama y desdicha de Ofelia. Ustedes saben que ha sido tomado trajo muchas formas, por la creación estética, artística, sea por dos poetas, sea por los pintores, al menos en la época prerrafaélica, hasta darnos cuadros detallados con los mismos términos de la descripción que da Shakespeare de esa Ofelia flotante en su vestido en la orilla del agua en que su locura se dejó deslizar... . . ya que el suicidio de Ofelia es ambigüo.

Lo que ocurre en la pieza es, en seguida, correlativamente en suma, al drama —es Freud quien nos lo indica—, vemos ese horror de la feminidad como tal. Los términos de ello son articulados en el sentido más propio. Es decir que lo que descubre, lo que des taca, lo que hace jugar ante sus propios ojos de Ofelia como siendo de todas las posibilidades de degradación, de variación, de corrupción, que están ligadas a la evolución de la vida misma de la mujer, en tanto que ella no se deja arrastrar a todos los actos que, poco o a poco, hacen de ella una madre. Es por ello que Hamlet repele a Ofelia, de la forma en que aparece en la pieza, la más sarcástica y cruel.

Vemos, aquí, una primera correlación de lo que marca bien la evolución y los hechos, una evolución y una correlación esenciales de algo que lleva al caso de Hamlet es sobre su posición respecto del deseo. Fíjense que nos encontramos, ahí, de golpe, confrontados al pasaje con el psicoanalista salvaje, Polonio, el padre de Ofelia que, de inmediato, mete el dedo en el trasero: la melancolía de Hamlet. Es porque le ha escrito cartas de amor a su hija y que él, Polonio, no faltando a su deber de padre, ha hecho que su hija responda agriamente. Dicho en otros términos, nuestro Hamlet está enfermo de Amor.

Ese personaje caricaturesco está allí para representarnos el acompañamiento irónico de lo que siempre se ofrece en fácil pendiente para la interpretación externa de los sucesos. Las cosas se estructuran un poco distinto, como nadie duda. Se trata, por supuesto, de algo que concierne a las relaciones de Hamlet, ¿con qué? Con su acto, esencialmente. Seguramente, el cambio profundo de su posición sexual es capital, pero debe ser articulado, organizado, algo diferente. Se trata de un acto a hacer, y depende de su posición de conjunto y, precisamente, de ese algo que se manifiesta a lo largo de la pieza, que va en contra de esa posición fundamental respecto al acto que, en inglés, tiene un modo de empleo mucho más corriente que en francas. Es lo que llamamos, en francés, aplazamiento (ajournament), atraso (retardement), y que se expresa, en inglés, por "procastinate", dejar para mañana.

Es, en efecto, eso de lo que se trata. Nuestro Hamlet, a lo largo de la obra, "procastinates"... Se trata de saber qué van a querer decir las diversas devoluciones que él va a hacer del acta, cada vez que va a tener la ocasión, y eso va a ser determinante al fin, por cuanto él va a franquear ese acto a acometer.

Creo que, en todo caso, hay algo a destacar aquí. Es, justamente, la cuestión que se plantea a propósito de lo que significa el acto que se le propone. No tiene nada que ver (rien á faire), al fin de cuentas, y es algo suficientemente indicado en lo que les hice destacar, con el acto edípico contra el padre. El conflicto con el padre, en el sentido de que está en el psiquismo creador, no es el acto de Edipo, no obstante que el acto de Edipo sostiene la vida de Edipo, y que lo hace ese héroe que él es antes de su caída, mientras que nada sabe, que hace a Edipo concluir sobre lo dramático. Hamlet es culpable de ser. Es insoportable ser. Antes de todo comienzo del drama de Hamlet, Hamlet, conoce el crimen de existir. Y es a partir de ese comienzo, que él debe elegir. Y para él, el problema de existir, a partir de ese inicio, se plantea en términos que son los sayos, a saber, el "To be or not to be", que es algo que lo engancha, inmediatamente, en el ser, como él articula también.

Es, justamente, porque para él el drama edípico está abierto al comienzo, y no al final, que la elección se propone entre el ser y el no ser. Y es, justamente, porque hay ese "o bien, o bien", que se comprueba que esta tomado, de todos modos, en la cadena del significante, en algo que hace que, de esa elección, él sea, de todos modos, la víctima.

Daría la traducción de Letournier, que me parece la mejor:

"Ser o no ser, es ésa la cuestión. Es una noble señal sufrir las huellas golpeantes de la injusta fortuna, o rebelarme contra esa multitud de males. (Cita del texto inglés) Morir, dormir, nada más. Es por ese sueño decir que ponemos un término a las angustias del corazón, y a esa multitud de llagas y de dolor. (Cita del texto inglés). Y esas miles de cosas naturales, de las que la carne es la heredera".

Pienso que esas palabras no son dichas para sernos indiferentes: "..- morir, dormir, soñar... , puede ser. He aquí el gran obstáculo. Pues de saber cuáles fantasías (songe) puede sobrevivir en ese sueño de la muerte, después de que somos despojados de esta envoltura mortal...".

"This mortal" no es, exactamente la envoltura. Es esa especie de torsión de algo enrollado que hay alrededor nuestro...

"... debe forzarnos a hacer una cosa. He aquí la reflexión que da una tan larga existencia a la calamidad. Porque quien aguantaría los ultraje y desórdenes del mundo, la injuria del opresor, los ultrajes del soberbio, las congojas del amor desairado, las tardanzas la justicia, justicia, las insolencias poder y las vejaciones que el paciente mérito recibe del hombre sin alma, cuando, con un punzón, podría él mismo procurarse el reposo" .

Eso frente a lo que se encuentra Hamlet, en ese "ser o no ser", es reencontrar el lugar tomado por lo que le ha dicho su padre. Y lo que su padre le ha dicho en tanto que fantasma (fantôme), es que él ha sido sorprendido por la muerte "en la flor de sus pecados" . Se trata de reencontrar el lugar tomado por el pecado del otro, el pecado imago. El que sabe es, por el contrario, contrariamente a Edipo, alguien que no ha pagado el c rimen de existir. Por otra parte, las consecuencias para la generación siguiente no son ligeras. Los dos hijos de Edipo no piensan sino en enmascararse entre ellos con todo el vigor y la convicción deseables, en santo que, para Hamlet, es todo distinto.

Hamlet no puede, ni pagar en su lugar, ni dejar la deuda abierta. Al fin de cuentas, él debe hacerla pagar. Pero en las condiciones en que está ubicado, el tiro pasa a través de él mismo. Y es del arma misma, seguida de una sombra, drama sobre el cual habremos de extendernos largamente, que Hamlet se encuentra herido, únicamente después de que él, Hamlet, sea estocado a muerte, es que puede estocar al criminal que está allí a su alcance, a saber, Claudio.

Es en esa comunidad del develamiento, del hecho de que padre e hijo, el uno y el otro, saben, que está aquí el resorte que hace toda la dificultad del problema de la asunción, por parte de Hamlet, de su acto. Y las Vías por las cuales podrá reunírsele, que harán posible ese acto en sí mismo imposible, en la medida misma en que el otro sabe, es por las vías del rodeo que le harán posible, finalmente, cumplir lo que debe ser cumplido. Esas son las vías que deben ser objeto de nuestro interés, porque son las que van a instruirnos.

Porque es ése el verdadero problema que se trataba de introducir hoy. Es necesario que yo les lleve, de alguna manera, el término de la cosa, quiero decir, eso por lo cual, finalmente, y por qué vías, Hamlet llega a cumplir su acto. No olvidemos al menos que, si ocurre, si Claudio, al fin, cae golpeado, es también al máximo costo. Eso es nada menos que después de haber atravesado el cuerpo de alguien que, ciertamente, se encuentra allí, y lo ven sumergirse en el abismo. A saber, el amigo, el compañero Laertes, después de que su madre, a consecuencia de un desaire, se envenenó con la copa que debía servirle para un atentado seguro, en el caso en que la punta del florete envenenado no hubiera tocado a Hamlet. Es a partir de un cierto número de otras víctimas, y es antes de haber sido, el mismo, tocado a muerte, que puede ciar el golpe. Hay allí, por tanto, algo que, para nosotros, debe ser problemático. Si efectivamente algo se cumple si hubo, in extremis, una suerte de rectificación del deseo que ha hecho posible el acto, ¿cómo ha sido cumplida?. Allí reside, precisamente, la clave que hace que esa pieza genial no haya sido reemplazada jamás por otra parte mejor hecha. Ya que, en suma, qué son los grandes temas míticos sobre los que ensayan, en el curso de las eras, las creaciones de los poetas, sino una especie de larga aproximación que hace el mito, para cernir más de cerca sus posibilidades, que acaba por entrar, hablando con propiedad, en la subjetividad y en la psicología. Yo sostengo y sostendré, sin ambigüedad —y creo estar en la línea de Freud haciéndolo— que las creaciones poéticas engendran más de lo que reflejan de las creaciones psicológicas....lo que es ese plan difuso de algo que, vagamente, flota en esa relación primordial de la rivalidad del hijo y el padre, es algo que aquí le da todo su relieve, y que hace al verdadero corazón de la pieza de Hamlet. Es en la medida en que algo vino a equivaler a lo que ha faltado, a lo que ha faltado en razón misma de esa situación original, inicial, distinta en relación al Edipo. Es decir, la castración, en razón misma del hecho de que, en el interior de esa pieza, las cosas se presentan como una especie de lento encaminamiento en zig-zag, lento parto, y por las vías desviadas de la castración necesaria, en esa misma medida, y en esa medida, que eso es realizado en último término, es que Hamlet hace brotar la acción terminal donde él sucumbe, y donde las cosas, siendo llevadas a ese punto donde los Fortinbrás, siempre listos a recibir la herencia, vendrán a sucederlo.



índice del seminario 6














































Clase 14. Hamlet. Cannevas II.
11 de Marzo de 1959










Pesquisar este blog

Carregando...
arte (407) pintura (248) filosofia (102) fotografia (89) literatura (84) psicanálise (57) morte (37) HQ (28) freud (28) peanuts (27) skull (27) antropologia (26) comic (24) poesia (23) lacan (22) PSYCHOANALYSIS (20) Desenho (17) Picasso (15) o seminário (15) Bresson (13) cat (12) oriente (12) borges (11) kant (11) psicologia (11) foucault (10) levi-strauss (10) platão (10) SONHOS (9) religião (9) Kirchner (8) biografia (8) kafka (8) love (8) Ernest Max (7) Guimaraes Rosa (7) Ken Rosenthal (7) Mark Eshbaugh (7) NIETZSCHE (6) Salvador Dali (6) aristóteles (6) manet (6) snoopy (6) sociologia (6) Animais (5) Aristotle (5) Escher (5) Geertz (5) Hundertwasser (5) Lauren Simonutti (5) Sommer (5) medicina (5) munch (5) Arthur DOVE (4) CINEMA (4) Carl LARSSON (4) Cézanne (4) DICIONARIO (4) Descartes (4) Doré (4) Ernest Jones (4) Ernst HAAS (4) Guido Crepax (4) H. Bergson (4) Julio Cortázar (4) Kacere (4) Locke (4) Mucha (4) Richter (4) Van Gogh (4) Will Barnet (4) alexandre koyrè (4) caveira (4) drummond (4) gravura (4) hegel (4) história (4) linguística (4) monet (4) música (4) sartre (4) teatro (4) televisão (4) universo (4) verdade (4) Abbas (3) Arthur Rackham (3) Avigdor (3) Blake (3) CORINTH (3) Cambon (3) Connie Imboden (3) David Hockney (3) F. Hodler (3) Frida KAHLO (3) GEORGES BATAILLE (3) James Joyce (3) Kojeve (3) Konrad LORENZ (3) Lori Nix (3) M. J. A. Eguiño (3) Marcel MAUSS (3) Marqués de Sade (3) Marx (3) Memling (3) Pierre Bourdieu (3) Psychiatry (3) SENECA (3) Schopenhauer (3) Tom Chambers (3) Winnicott (3) arroyo (3) autobiografia (3) baby (3) caravaggio (3) cristianismo (3) dickens (3) einstein (3) erwitt (3) etologia (3) fisica (3) magia (3) planetas (3) B. F. Skinner (2) BACHELARD (2) Birman J. (2) CERVANTES (2) Castillo (2) Dix (2) Dulac (2) E. HOPPER (2) E. Nodel (2) ETNOLOGÍA (2) Ernest HAAS (2) Ferenczi (2) G. JOHN (2) GEORGE CANGUILHEM (2) Gustav Caillebotte (2) Hipocrates (2) J. Ensor (2) J. J. Tissot (2) JUNG (2) John Donne (2) KARL JASPERS (2) KIERKEGAARD (2) Kandinsky (2) Klimt (2) L. da VINCI (2) LOUIS ALTHUSSER (2) Lewis Carroll (2) M. Dzama (2) MAUGHAM (2) MERLEAU - PONTY (2) Mann (2) Melanie Klein (2) Neil Welliver (2) Norman Rockwell (2) Pascal (2) Piaget (2) Pollock (2) Quino (2) Roland Barthes (2) Sahlins (2) Serge Leclaire (2) St. Agostinho (2) Stratton (2) Vinicus de Moraes (2) Vuillard (2) WITTGENSTEIN (2) amor (2) beauvoir (2) biology (2) cogito (2) critica (2) cultura (2) diabo (2) erotic (2) estruturalismo (2) gide (2) guerra (2) loucura (2) lua (2) mind (2) mitologia (2) mitos (2) rilke (2) salomão (2) saturno (2) sono (2) sócrates (2) vida (2) ética (2) A. Comte (1) A. Warhol (1) Alix Malka (1) Andreas Gursky (1) Anticristo (1) Arcimboldo (1) Aristófanes (1) Augusto dos Anjos (1) B. Barbey (1) B. Jacklin (1) Bagheria (1) Barbara Morgan (1) Basquiat (1) Berkeley (1) Bhagavad-Gita (1) Bhopal (1) Bocklin (1) Bouguereau (1) Brauner (1) Bruegel (1) Brueghel (1) Brueguel (1) Burt GLINN (1) CALOUSTE GULBENKIAN (1) CAZOTTE (1) CRVANTES (1) Charles S. Peirce (1) Chavannes (1) China (1) Claesz (1) Confucius (1) Confúncio (1) D. (1) DAVIS Stuart (1) DEGAS (1) DELACROIX (1) Dalton Trevisan (1) Deleuze (1) Denis (1) Design (1) Diebenkorn (1) Diógenes (1) E. (1) ERNST CASSIRER (1) Emile Durkheim (1) Empédocles (1) Epimenides (1) F. Vallotton (1) FERDINAND DE SAUSSURE (1) Feuerbach (1) Feyerabend (1) Florbela Espanca (1) Franceco Clemente (1) Franz Marc (1) GROOT (1) GUSTON (1) Galileu (1) Gestalt (1) Graham (1) Grécia (1) Guercino (1) H. Arendt (1) H. MARCUSE (1) Hals (1) Helmut Newton (1) Holbien (1) Hume (1) J. Derrida (1) J.-F. Millet (1) Jan Van KESSEL (1) Jean Laplanche (1) KROYER (1) Kandel E. (1) Keane (1) Kim (1) Kitaoka (1) Klee (1) Knight (1) Korand Von SOEST (1) Kôhler (1) Liev Tolstói (1) M. Mead (1) Malinowski (1) Mantegna (1) Mark Petrick (1) Max Weber (1) Mário Quintana (1) Münter (1) N. Chomsky (1) NEIL GAIMAN (1) Nasio (1) Otto Rank (1) Ovídio (1) Palencia (1) Parmênides (1) Paul DELVAUX (1) Peter HILLE (1) Raduan Nassar (1) Ron Van Dongen (1) S. Franklin (1) Sandman (1) Satrapi (1) Schiele (1) Shakespeare (1) Silvers (1) Siqueiros (1) Spinoza (1) St. T. de Aquino (1) TELEPATIA (1) TODOROV (1) Tarsila do Amaral (1) Taschen (1) Thomas HOPKER (1) Truffaut (1) Tycho (1) Uccello (1) Velvet underground Nico (1) Verne (1) Victor Brochard (1) W. Metcalf (1) Web (1) Weinberg (1) William Bailey (1) Woody Allen (1) Xenofonte (1) Y. Utagawa (1) Yoshitoshi (1) alessandro gottardo (1) arcoiris (1) armour (1) arquitetura (1) asselyn (1) ate (1) bassano (1) biblia (1) breton (1) cartoon (1) ceticismo (1) cocaina (1) conto (1) criança (1) dança (1) direito (1) dor (1) eclesiastes (1) economia (1) edgar allan poe (1) edgar morin (1) ego (1) ensaio (1) epicurus (1) espelho (1) estações (1) eu (1) fala (1) feed (1) foto (1) frr (1) física (1) game (1) gato (1) giger (1) girafa (1) goya (1) hamlet (1) hoffmann (1) humor (1) identificação (1) impressionismo (1) intuição (1) jakobson (1) japan (1) krsna (1) kundera (1) lacn (1) leminski (1) lévi-strauss (1) mafalda (1) magritte (1) miró (1) moda (1) moral (1) mundo (1) mãe (1) narrativa (1) nausea (1) neruda (1) nokides (1) ocultismo (1) perguntas (1) poeso (1) poker (1) política (1) praia (1) sabedoria (1) sapatos (1) saramago (1) semina (1) semiótica (1) shopenhauer (1) soutine (1) suicidio (1) swan (1) sêneca (1) tatoo (1) tatuagem (1) tese (1) titã (1) touro (1) umberto eco (1) valentina (1) venus (1) virtude (1) war (1) weeks (1)
 

sobrefulanos by nokides