SOBRE LÉVI-STRAUSS

| quarta-feira, 14 de outubro de 2009
La consecuencia fundamental de esta facilidad en la que Levi-Strauss se pone de
acuerdo para no poner en entredicho en su fondo a la ideología etnológica, y a la que, por tanto, allí se somete, es que se prohíbe estar atento a la parte fundamental de lo que dice Marx. Si se lee a Marx, si se escucha verdaderamente a Marx, habrá que llegar a las siguientes conclusiones: 1. No hay “sociedades primitivas” (este concepto no es científico), lo que hay son “formaciones sociales” (este sí es un concepto científico) que nosotros podemos llamar provisionalmente primitivas, en un sentido absolutamente descolgado de la idea de origen (de pura cultura naciente, de verdad de las relaciones humanas, puras, nativas, etc.).



(20 Agosto de 1966)

No existe más que una versión del texto titulado por Althusser “Sobre Lévi-Strauss”,
dactilografiado por una secretaria de la École Normale Supérieure, muy
probablemente a partir de una carta que no se encontró y de la que se retiraron las
fórmulas de uso. Los archivos de Althusser contienen numerosos ejemplares
roneotipados de este texto, que parece haber sido difundido ampliamente. Emmanuel
Terray acentúa así la recepción de éste texto en una carta datada el 12 de Enero de
1967; él lo comenta aquí muy ampliamente y afirma su intención de ponerlo en el
programa de los seminarios de la Universidad de Abidjan, donde estaba por entonces
enseñando. En una carta datada el 13 de Marzo de 1968, Althusser pide consejo a
Alain Badiou sobre la proposición hecha por Terray de publicar este texto como
apéndice a su libro Le marxisme devant les sociétés “primitives” (El marxismo delante
de las sociedades “primitivas”), que aparecerá finalmente en 1969 en la colección
“Theorie” sin el texto de Althusser. La respuesta de Alain Badiou, si hubo tal
respuesta, no ha sido encontrada.
1
La cuestión de Lévi-Strauss y del estructuralismo es actualmente, y por largo tiempo, de
primera importancia.
El reproche de fondo que dirigiría (y dirijo) a Lévi-Strauss (inútil hablar de sus
epígonos, aún cuando él es en parte responsable: dicho de otro modo, ha sido él el que
ha tenido que autorizar los (y los ha autorizado) para decir y escribir sus tonterías) es el
de reclamarse de Marx y no hacerle caso [desconocerle, ignorarle] al mismo tiempo (no
solamente no conociéndole, sino también al cree conocerle, y de este modo declarar
marxistas tal o cual de sus tesis, para después declarar, de esta guisa, que lo que él
propone es hacer una teoría de las ideologías1). Como ésta es su ambición, se pueden
examinar los títulos, siendo legítimo, al menos en una primera aproximación, examinar
a Lévi-Strauss bajo la relación de Marx.
Expreso así, de una manera voluntariamente limitada el reproche de fondo que le
dirijo a Lévi-Strauss hablando de su desconocimiento de Marx. Pero, verán que podría
(y pueden) expresar el mismo reproche sin mencionar a Marx. Dicho de otro modo: lo
que yo le reprocho no es una no-conformidad en (con) el pensamiento de un hombre,
por muy grande que él sea, sino, en definitiva, lo que le reprocho es un pensamiento que
olvida su objeto (que puede ser definido de este modo independientemente de Marx).
Marx me sirve, por tanto, solamente de punto de referencia y de lugar (marca) para
situar un reproche que se puede formular con total independencia de Marx. No os
confundo pues sobre la forma que voy a dar a mi reproche.
Muy esquemáticamente, para retomar los términos en los que Lévi-Strauss se
declara marxista y pretende hacer una teoría de la ideología (y lo extiende a veces a la
“superestructura”, o a las “superestructuras” en general), diré que el pensamiento de
Lévi-Strauss:
1. es formal
2. y le falta su objeto
3. lo que significa, en el formalismo de su pensamiento, encontrarse en
un error muy grave.
Estas distinciones son necesarias porque yo no podría de ninguna manera
reprochar a un pensamiento ser formal, o más exactamente de portar sobre sus formas, y
querer en toda la medida de lo posible formalizar los conceptos en los cuales estas
formas son pensadas. Todo pensamiento que es conocimiento es pensamiento de las
formas, es decir, de las relaciones que unen elementos determinados. Si Marx pone a
Aristóteles tan alto es, y él lo dice en El capital, porque es el pensador de las formas por
excelencia. Y nada prohíbe al pensamiento de las formas (que es el pensamiento
científico mismo) elevarse sobre las formas que él extrae y pensar estas formas; es
entonces cuando el pensamiento deviene en formalizante. Hay en El Capital no
solamente formalizaciones parciales, sino también todo lo que es preciso para fundar
una teoría formalizada de los modos de producción en general y de todas sus formas
internas de articulación (sobre este punto, decisivo, ver el texto de muy primera
importancia de Balibar en Lire Le capital). Pero no hay que confundirse. Yo no dirijo a
Lévi-Strauss el reproche de formalismo en general, sino de mal formalismo.
Dicho esto, entremos en los detalles.
Lévi-Strauss no sabe el todo lo que es un modo de producción. No conoce el
pensamiento de Marx. El primer resultado de este desconocimiento es que él piensa las
“sociedades primitivas” de las que él se ocupa (y no se ocupa de ellas prácticamente,
sino en todo caso más que originariamente de ellas –originariamente quiere decir:
1 Cf. en particular Anthropologie structurale, Paris, plon, 1958.
2
cuando habla de sociedades no primitivas no hace nada más que transferir a estas
sociedades no primitivas las categorías y los resultados sus trabajos sobre las sociedades
primitivas, esto es incontestable) en las categorías clásicas de base de la etnología, sin
criticarlas. El fondo de los prejuicios etnológicos, por tanto de la ideología etnológica,
consiste en considerar, en el fondo, que las sociedades primitivas son una especie
totalmente especial, lo que las pone a parte de las otras y prohíbe aplicarles las
categorías en las cuales se puede pensar las otras sociedades, en particular las categorías
marxistas. En el fondo de la ideología etnológica de las “sociedades primitivas” hay,
además de esta idea de la espicifidad irreducible de la naturaleza de estas sociedades, la
idea de que ellas son primitivas no sólo relativamente, sino absolutamente: en
“sociedades primitivas” la palabra “primitivas” más o menos quiere decir siempre para
la ideología etnológica y también para Lévi-Strauss, originarias (cf. Tristes Tropiques,
cf. su discurso en el Colegio de Francia). No solamente las SP (sociedades primitivas)
son primitivas, sino que ellas son originarias: ellas contienen, bajo una forma real y
visible, la verdad, una verdad que está hoy enmascarada y alienada en nuestras
sociedades no primitivas, complejas, civilizadas, etc. Es el viejo mito de Rousseau
(Levi-Strauss se refiere a él muy a menudo y no retiene más este mito, cuando tantas
otras cosas geniales en Rousseau), reavivado por la mala conciencia de los etnólogos,
hijos de la colonización, que se alivian de su mala conciencia encontrando en los
primitivos a los “hombres” en el alba de la cultura humana y ganando su amistad (cf. las
invocaciones de Lévi-Strauss sobre la amistad nacida entre él y sus primitivos). Bueno.
Todo eso puede parecer “fácil”, y sin embargo es así: la dificultad está en ver cuáles son
las consecuencias de esta “facilidad”.
La consecuencia fundamental de esta facilidad en la que Levi-Strauss se pone de
acuerdo para no poner en entredicho en su fondo a la ideología etnológica, y a la que,
por tanto, allí se somete, es que se prohíbe estar atento a la parte fundamental de lo que
dice Marx. Si se lee a Marx, si se escucha verdaderamente a Marx, habrá que llegar a las
siguientes conclusiones:
1. No hay “sociedades primitivas” (este concepto no es científico), lo que hay
son “formaciones sociales” (este sí es un concepto científico) que nosotros
podemos llamar provisionalmente primitivas, en un sentido absolutamente
descolgado de la idea de origen (de pura cultura naciente, de verdad de las
relaciones humanas, puras, nativas, etc.).
2. Que, como toda formación social, una formación social primitiva comporta
una estructura que no es pensable más que en el concepto de modo de
producción, con todo lo que este concepto comporta en él, o sea, con todos
los sub-conceptos implicados por y en este concepto (un modo de
producción comprende en efecto una base económica, una superestructura
jurídico-política y una superestructura ideológica).
3. Que, como toda formación social, una formación social primitiva posee una
estructura que resulta de la combinación de al menos dos modos de
producción donde uno es dominante y el otro subordinado (por ejemplo,
caza y ganadería, caza y cultura de tal tipo, recolección y caza y pesca, o
recolección y cultura y caza, o ganadería, etc.)2.
4. Que, como toda formación social, esta combinación de varios modos de
producción (con la dominancia de uno de ellos sobre el otro o los otros)
2 Althusser hizo reescribir a máquina por una secretaria de la E.N.S un extracto de una carta de E. terray
comentando notablemente este párrafo. Tras manifestar su acuerdo con la tesis fundamental de Althusser,
Terray subraya que los ejemplos empleados no son los adecuados, pues corren el riesgo de entrañar una
confusión entre un “modo de producción” y una “esfera de producción”: la caza o la pesca no son, en
ellas mismas, modos de producción. El original de esta carta no ha sido conservado.
3
produce efectos específicos teniendo en cuenta la forma concreta que
revista la superestructura jurídico-política y la superestructura ideológica.
Los efectos de dominancia de un modo de producción sobre los otros, o el
otro, producen al mismo tiempo efectos paradojales en el nivel de las
formas de la superestructura, en particular de la superestructura ideológica,
la única en la que trabaja verdaderamente Lévi-Strauss. Por aquí voy a
decir que cada modo de producción induce necesariamente la existencia de
las instancias (superestructura les) que le correspondan propiamente, y que
la combinación jerárquica de varios modos de producción, cada uno
induciendo sus propias instancias, produce en la realidad, como resultado,
una combinación de diferentes instancias (superestructura les) inducidas
por los diferentes modos de producción combinados en una formación
social dada. Resulta de ello que las instancias superestructurales realmente
existentes en esta formación social dada son formas que sólo son
inteligibles como la combinación específica de las instancias inducidas por
los diferentes modos de producción en presencia (combinados en la
formación social considerada), y por los efectos de la dominancia de uno de
ellos sobre los otros. Este efecto de la dominancia puede ser paradojal: eso
quiere decir, como la historia no deja de demostrarlo, que un modo de
producción dominante (económicamente hablando) puede con todo existir
en una formación social bajo la dominancia de instancias
superestructurales que provienen de tal modo de producción subordinado
(así como la forma del Estado prusiano de mediados del XIX estaba
inducida por el modo de producción feudal que estaba, con todo,
subordinado en la formación social prusiana al modo de producción
capitalista: en la superestructura lo que dominaba era un forma de estado
correspondiente al modo de producción feudal que, sin embargo, estaba
dominada en la economía por el modo de producción capitalista). Son estos
efectos de cruzamiento los que dan cuenta, incluso en las sociedades
“primitivas” de las diferencias ideológicas (en la estructura de las
ideologías, diferencias que Lévi-Strauss en todo y por todo a las
variaciones formales puramente posibles, es decir, a las categorías
puramente lógicas de oposición, sustitución, etc., sin interrogarse un solo
instante sobre las razones de estas sustituciones, variaciones, etc.,
justamente porque el no sabe lo que es una formación social, un modo de
producción, la combinación de los modos de producción, y de sus
instancias superestructurales).
5. Si esto es así, ya no se tiene el derecho de emplear, como lo hace Lévi-
Strauss después de todos los etnólogos, el concepto de antropología. La
antropología esa no puede existir. Es un concepto que no hace más que resumir
(volver a sumir) a la ideología etnológica (ver lo que he dicho más
arriba) en la ilusión de de que el objeto de la etnología es de otra realidad
diferente al que trata la ciencia de l historia (de las formaciones sociales,
sean las que sean). Que Lévi-Strauss se declare antropólogo es su carta de
adhesión a la ideología etnológica y al mismo tiempo un programa teórico:
la pretensión de forjar los conceptos específicos propios a esta realidad
única (y ejemplar) que es una sociedad primitiva, y la pretensión de forjar
en estos conceptos los conceptos primitivos (es decir, originarios) en
relación a todos los conceptos en los cuales se piensa la realidad de las
4
otras “formaciones sociales”, en particular en relación con los conceptos
marxistas.
(Lo que acabo de exponer a propósito de las “formaciones sociales
primitivas”, a propósito de los modos de producción, de su necesaria copresencia y
combinación en toda formación social, y de los efectos inducidos de cada modo de
producción, y en fin, de la combinación de los efectos inducidos de cada modo de
producción sobre sus instancias superestructurales, después de los efectos paradojales
posibles de esta última combinación, todo eso no está, si me atrevo a decirlo, de
ninguna manera en el comercio. Estas son ideas que hemos sacado, que yo he sacado de
nuestros estudios sobre Marx. Son en ellas mismas un pequeño “descubrimiento” que
expongo en mi libro3. En particular lo que se extrae concerniente a la antropología tiene
unas grandes consecuencias teóricas, y por contragolpe ideológicas, y naturalmente
políticas. Se verá también que disponemos allí por primera vez de cómo pensar lo que
pasa en el Estado o la política en general –¡pues ésta no tiene siempre la forma del
Estado!-, y también en las formas de lo ideológico. De ahí las grandes consecuencias
políticas.).
El reproche fundamental que yo le dirijo a Lévi-Strauss es el de hablar de los
ideológico y querer hacer teoría sin saber lo que y sin poder decir lo que es.
De ello resultan consecuencias incalculables, si se quiere retener bien que no
saber lo que es la ideología es en primer lugar no saber lo que es una formación social,
un modo de producción, las instancias (economía, política, ideología) de un modo de
producción, su combinación (primaria, secundaria, etc.), etc.
Estas consecuencias son perfectamente identificables en la teoría de Lévi-
Strauss. Voy a mencionar las más importantes, además de las que ya he indicado:
1. Cuando Lévi-Strauss analiza la estructura, las estructuras de las relaciones de
parentesco, lo que él no dice es que si las relaciones de parentesco en las sociedades
primitivas juegan un papel tan importante es justamente porque ellas juegan el papel de
relaciones de producción, relaciones de producción que no son inteligibles más que en
función de los modos de producción donde están las relaciones de producción (y de la
combinación de estos modos de producción). De ello resulta que, para Lévi Strauss, las
estructuras del parentesco están en “el aire”. Ellas dependen, cuando se lee sus textos,
de dos condiciones diferentes, y el no deja de pasar de la una a la otra. Sea de una
condición formal (efecto de una combinatoria formal que depende en última instancia
del “espíritu humano”, de la “estructura del espíritu humano”, y finalmente del…
“cerebro”4, este es el lado materialista de Lévi-Strauss que convine el binarismo
lingüístico con una concepción cibernética del cerebro humano, etc., ¡qué vea el topo!):
en el límite es un “principio” lógico, o una realidad material bruta (la lógica de Boole
“revisionada” por los lingüistas binaristas o la psicología del cerebro) que se “encarnan”
en las estructuras del parentesco. Sea al contrario, las estructuras del parentesco
dependen en Lévi-Strauss de otra condición, puramente funcionalista, que se puede
resumir de la siguiente manera: si hay en las sociedades primitivas tales o cuales reglas
del matrimonio, etc., es para permitirles vivir, sobrevivir, etc., (un subjetivismo
funcionalista biologicista: hay un “inconsciente social” que asegura, al igual que lo
3 Se trata verdaderamente de una de las obras inacabadas sobre la teoría marxista y sobre la “unión de la
teoría y la práctica” redactadas a partir de un texto roneotipado datado el 20 de Abril del 65: Teoría,
práctica teórica y formación teórica. Ideología y lucha ideológica.
4 Cf. por ejemplo La Penssée sauvage [El Pensamiento salvaje], Paris, Plon, 1962: “Pero los enunciados
de la matemática reflejan al menos el funcionamiento libre del espíritu, es decir, la actividad de las células
del cortex crebral, relativamente emancipadas de todo contacto exterior, y que obedecen solamente a sus
propias leyes. Como el espíritu es también una cosa, el funcionamiento de esta cosa nos instruye sobre la
naturaleza de las cosas.” Pasaje subrayado sobre el ejemplar personal de Althusser.
5
haría una inteligencia aguda, los medios propios para permitir a la “sociedad primitiva”
vivir, del mismo modo que es preciso criticar este funcionalismo, que, teóricamente, es
siempre una forma de subjetivismo que da a la sociedad una forma de existencia de un
sujeto que tiene intenciones y objetivos, del mismo modo es preciso criticar y refutar el
concepto de inconsciente, que es el correlato indispensable, y del que Lévi-Strauss está
obligado a hacer un gran uso –hasta llegaría incluso a decir que el concepto de
inconsciente no es un concepto más científico en psicoanálisis que en sociología o
antropología o historia: ¡se ve hasta dónde voy!-. Seré breve: es porque él no sabe que
las estructuras del parentesco juegan el papel de relaciones de producción en las
formaciones sociales primitivas (puesto que él no sabe lo que son las relaciones de
producción, tampoco sabe lo que es una formación social y un modo de producción,
etc.), por lo que Lévi-Strauss está obligado a pensarlas sea en relación al “espíritu
humano”, sea en relación al “cerebro” y a su principio formal común (binario), sea en
relación a un inconsciente social que asegure las funciones de la supervivencia de la
sociedad.
Uno de los resultados más espectaculares de su teoría es que es completamente
incapaz de dar cuenta del hecho de que las estructuras del parentesco en las sociedades
primitivas no sean, por todas partes ni siempre, las mismas, sino que presenten
importantes variaciones. Estas variaciones no son para él más que las variaciones de un
modo de combinación puramente formal, que no es nada más que tautológico, y que no
explica nada. Cuando tú te das un modo de combinación que permite una infinidad de
formas posibles en su matriz combinatoria, la cuestión pertinente no es otra que tal real
(tal estructura de parentesco observable) sea ya, por adelantado, incluido como un
posible entre las variaciones de la combinatoria (y eso es, pues, tautológico, eso consiste
en constatar que lo real era posible); pero, al contrario, la cuestión pertinente es en
realidad muy otra. Esta: ¿por qué es ese tal posible y no otro, qué devino (resultó ser),
qué es, por tanto, real?
Ahora bien, a esta cuestión Lévi-Strauss no ha respondido jamás, porque jamás
se la ha planteado. Ella está totalmente fuera de su horizonte teórico, fuera del campo
balizado por sus conceptos de base. Él toma por un lado lo real que puede observar y
por el otro los posibles que generó por su método de combinación universal: cuando
encuentra un real todo el problema para él consiste en construir la posibilidad de este
real, a partir el juego de la combinatoria. Ahora bien, no es produciendo la posibilidad
de un real existente como tú repartes la inteligencia, sino produciendo el concepto de su
necesidad (este posible-aquí y no otro). Comprender un fenómeno real no es, diría yo,
producir el concepto de su posibilidad (eso es aún y todavía la ideología filosófica
clásica, la operación filosófica tipo que denuncio en el prefacio de Lire Le Capital), sino
producir el concepto de su necesidad. Que el formalismo de Lévi-Strauss sea un mal
formalismo puede verse desde ahora sobre este punto muy preciso: Lévi-Strauss toma el
formalismo de la posibilidad para la formalización de la necesidad.
2. Lo que acabo de decir de los análisis de Lévi-Strauss a propósito de las
estructuras del parentesco es, a fortiori (con más razón, por una razón más fuerte), y de
una manera infinitamente más fuerte, válido para sus análisis de lo ideológico. No
obstante, sé que algunos que me concederían lo que digo, serían mucho más reticentes
en lo que concierne a la ideología y su análisis por Lévi-Strauss.
En efecto, parece que el formalismo de Lévi-Strauss estaría más en su sitio en
los análisis de los mitos al no parecer hacer confusión en el caso de los mitos como en
realidad hace con las estructuras del parentesco.
Si él no sabe que las estructuras de parentesco funcionan como relaciones de
producción (y esto es porque ellas son las estructuras que se pueden observar –
6
estructuras que han desparecido entre nosotros desde que las relaciones de producción
no se confunden más con las estructuras de parentesco). Si Lévi-Strauss se equivoca,
por tanto, sobre la naturaleza y las estructuras de parentesco –en cambio, parece no
equivocarse sobre los mitos porque los toma por lo que son: mitos, formas de lo
ideológico. ¡Él se dice a sí mismo que esto son formas de lo ideológico! Ello tiene,
pues, para él todas las apariencias de la realidad de su objeto y la exactitud de su
nombre. Lo malo es que un nombre no es un concepto científico ipso facto. Como Lévi-
Strauss no sabe lo que es lo ideológico (¡aunque diga que tiene por asunto a lo
ideológico!), puesto que él no sabe lo que es la instancia ideológica en la articulación
compleja de un modo de producción, y a fortiori en la combinación de varios modos de
producción en el interior de una formación social, en lugar de darnos una teoría de lo
ideológico, es decir, de producir el concepto de la necesidad de sus formas
diferenciales, él va a debatirse entre el método y las tentaciones ideológicas (que no es
que tenga sino que lo tienen a él ¡y tan bien!) conseguidas a propósito de las estructuras
del parentesco. Y es por esto por lo que asistimos, de nuevo, a la repetición del mismo
procedimiento “teórico”. Las formas de lo ideológico son llevadas de nuevo por él a los
posibles, construidos a partir de una combinatoria (con su procedimiento clásico, en el
fondo binario), combinatoria que es ella misma llevada de nuevo, como su efecto, a una
“facultad”” del espíritu humano, o, en una última desesperanza (¡o esperanza!), en el…
¡cerebro! Esto es la fuga por lo alto (la huida por la cumbre) por la mala formalización
(siempre la del posible, ideológico en su fondo). O bien las mismas formas son
identificadas como homólogas (en virtud de la “virtud” de los procedimientos de la
combinatoria) a otras formas existentes, las del parentesco o las de los cambios
económicos o verbales, o bien, a fin de cuentas, en ciertos elementos
“economistas” (“modo de vida”, “condiciones geográficas”), etc., que Lévi-Strauss
toma por lo equivalente de una teoría marxista de la instancia económica de un modo de
producción del que él ignora la existencia conceptual. Allí aún la cruz de Lévi-Strauss
es que es absolutamente incapaz de rendir cuenta de la diversidad real de la existencia
de tal forma de lo ideológico en tal formación social primitiva: él no rinde jamás cuenta
del posible, y, una vez que el produce el concepto de la posibilidad, se considera como
libre frente al concepto de la necesidad de la que se mofa perdidamente.
No digo que sea fácil ver claramente en todo esto. En particular, si uno se
contenta con tomar simplemente algunos conceptos marxistas en circulación en el
mercado, como dinero en efectivo, tal como se ofrecen (son ofertados), y si se quiere
"aplicarlos" tal cual a las pretendidas sociedades "primitivas"; eso apenas irá bien
(servirá para nada). Pero Marx ha explicado bastante que las leyes del mecanismo de
una formación social varían en función de la estructura de esta formación social, lo que
implica que es necesario producir los conceptos requeridos para dar cuenta de las
formaciones sociales específicas que son las formaciones primitivas. Se descubre así
que aunque en principio las cosas funcionen en virtud de las mismas leyes de necesidad,
sus formas son diferentes. Se descubre por ejemplo que la función de las relaciones de
producción no se asegura en las SP (sociedades primitivas) por los mismos “elementos”
que en nuestras sociedades, que lo político y lo ideológico, y en general las instancias
no tienen la misma forma, ni por tanto el mismo exacto dominio que en nosotros, que
ellas (las SP) comportan otros elementos, otras relaciones, otras formas. Pero estas
diferencias sólo son inteligibles sobre la base de los conceptos teóricos fundamentales
de Marx (formación social, modo de producción, etc.) en los que se trata de producir las
formas diferenciales convenientes para volver inteligibles los mecanismos de las
formaciones sociales primitivas.
7
Diré, por tanto, que todo el pensamiento de Lévi-Strauss puede llegar a ser
inteligible, en sus méritos como en sus fallas, a partir del desconocimiento de Marx; no
sólo porque Marx es Marx, sino porque Marx alguien que pensó el objeto mismo que
Lévi-Strauss se niega a pensar cuando emprende la tarea de pensarlo (e incluso declara
que lo piensa).
Lévi-Strauss describe muy bien los mecanismos (las estructuras del parentesco,
las formas de conversión de un mito en otro, etc.) pero él no sabe jamás cuál es el
objeto en el que describe los mecanismos, porque para él lo que permite definir este
objeto en la ciencia existente (los conceptos de Marx) es letra muerta. Habla de las
relaciones de producción al describir las estructuras de parentesco, pero no sabe que
habla de las relaciones de producción. Habla de una instancia (resultante de una
combinación compleja y al mismo tiempo paradojal) que figura en una formación social
estructurada por la combinación de modos de producción, incluso habla de los mitos,
pero no sabe que habla de esta instancia definida, real, necesaria: ¡él cree que habla del
espíritu humano! Esta profunda “metedura de pata” no deja de tener consecuencias muy
graves. La más grave es que Lévi-Strauus se ve obligado a fabricarse todas las piezas (o
más bien a recogerlas en la ideología más vulgar, la que se arrastra desde milenios de
religión) un objeto, que sea el objeto de lo que habla: ¡el espíritu humano! Las otras
consecuencias no son menos graves: este “espíritu humano” está dotado de una
“facultad” de combinar los posibles, binariamente (él o el “cerebro”), lo que hace que la
producción del concepto de necesidad de un objeto sea reemplazada en él por la
producción del concepto de su posibilidad. Lo que Lévi-Strauss describe (y a menudo
muy bien) estando así vinculado al cien por cien a esta virtud mística de un espíritu
humano que combina los posibles y que los produce como posibles, todo lo que
distingue los reales entre ellos, es decir, todo lo que hace la necesidad diferencial de las
realidades, de las distintas instancias, todo esto, está escamoteado: no hay ya más
asuntos en el mundo que las homologías, los isomorfismos, y así las palabras, las
mujeres, los bienes, etc… se intercambian de la misma manera, porque tiene la misma
“forma” (formas isomorfas, en virtud de su común nacimiento: ¡isomorfas en tanto
nacidas de la misma matriz combinatoria de puros posibles!). Ya no hay más asunto que
el mismo y único “espíritu humano”, y esto es la demostración de El Pensamiento
salvaje donde estalla la incultura filosófica de Lévi-Strauss. Para ver la bufonería de la
cosa basta con dar un solo ejemplo, que vale como el oro. A Lévi-Strauss se le metió en
la cabeza que, bajo determinadas relaciones, el “pensamiento salvaje” era más avanzado
que el “pensamiento no salvaje”, por ejemplo incluso él trata de pensar las “cualidades
secundarias”, el individuo, la singularidad, etc5. ¡Esto casi es de Bergson! Y esto es
propiamente un mito ideológico. Sería fácil demostrar que el pensamiento científico
moderno se da por objeto de conocimiento lo singular, no solamente en historia (Marx y
Lenin: “El alma viva del marxismo es el pensamiento concreto de la situación
concreta”) y en psicoanálisis, sino también en física, química, biología, etc. El único
pequeño problema (¡para Bergson y Lévi-Strauss!) es que este pensamiento de lo
singular, de lo concreto, no es posible más que a través de conceptos (por tanto
“abstractos” y “generales”), aquí está la condición misma del pensamiento de lo
singular, pues no hay pensamiento sin conceptos (por tanto abstractos y “generales”).
¡Esto sólo puede estar hoy en lo que filósofos como Spinoza (las “esencias singulares”)
o Leibniz han asignado (es decir, registrado filosóficamente la realidad de la ciencia
5 Cf. en particular El Pensamiento salvaje, op. cit.: “Ya la física y la química aspiran a volver a ser
cualitativas, es decir a rendir cuentas también de las cualidades secundarias que, cuando sean explicadas,
volverán a ser medios de explicación; y quizás la biología señale el paso en espera de esta realización,
para poder ella misma explicar la vida.”.
8
moderna) a el pensamiento no salvaje de pensar la singularidad! Naturalmente Lévi-
Strauss lo ignora y nos tira el guante de anunciar que la ciencia moderna está poco a
poco a punto de inclinarse hacia el pensamiento salvaje, y de pensar lo singular, ella
también, mientras que lo hace desde el objetivo de su existencia -como si nos anunciara
que poco a poco va a comprometerse finalmente en la vía que va a conducirlo al
descubrimiento de América, desgraciadamente para nuestro bien y nuestra desdicha
descubierta desde hace mucho tiempo.
Entendámonos bien: como toda crítica, la crítica que acabo e resumir es en parte
injusta, puesto que es unilateral. He dicho que Lévi-Strauss describía muy bien ciertos
mecanismos. Ocurre a menudo que en la descripción supera [dépasse] la descripción: es
sobre todo el caso de sus estudios de las estructuras del parentesco que quedarán como
un descubrimiento importante. En sus análisis de los mitos hay también, a veces, cosas
de gran valor. Quedará también que es un espíritu preocupado del rigor y que sabe lo
que es el trabajo científico. Brevemente: sería necesario que corrija y modere mi crítica
por toda clase de prejuicios para que sea equitativa. Aunque en lo que acabo de exponer
no he podido evitar ser demasiado rápido en algunas de mis fórmulas, creo que dan
exactamente en el blanco: tocan el punto preciso que nos diferencia del mismo Lévi-
Strauss y, por una razón más fuerte de los “estructuralistas”.

LOUIS ALTHUSSER

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