TRATADOS HIPOCRÁTICOS - JURAMENTO • SOBRE LA CIENCIA MÉDICA. SOBRE LA MEDICINA ANTIGUA • SOBRE LA ENFERMEDAD SAGRADA • EL PRONÓSTICO. SOBRE LOS AIRES, AGUAS Y LUGARES • SOBRE LA DIETA EN LAS ENFERMEDADES AGUDAS. SOBRE LA DIETA | HIPOCRATES

| sexta-feira, 30 de outubro de 2009
LA MEDICINA HIPOCRÁTICA Y SU CONTEXTO
HISTÓRICO Y CULTURAL
La mayoría de los escritos que componen el llamado
Corpus Híppocraticum fueron Compuestos en los últimos
decenios del siglo y y los primeros del IV a. C. De ninguno
de todos esos tratados médic:os atribuidos al famoso Hi-
pócrates de Cas —que vivió entre 460 y 380 a. C. aproxi-
madamente, contemporáneo de Sócrates y de Tucídides—
podemos asegurar con exactitud que realmente fuera com-
puesto por su mano magistral. Pero es muy probable que
algunos de los libros más famosos de esa biblioteca pro











TRATADOS HIPOCRÁTICOS
TRATADOS
HIPOCRATICOS
JURAMENTO • SOBRE LA CIENCIA MÉDICA.
SOBRE LA MEDICINA ANTIGUA • SOBRE LA
ENFERMEDAD SAGRADA • EL PRONÓSTICO.
SOBRE LOS AIRES, AGUAS Y LUGARES • SOBRE
LA DIETA EN LAS ENFERMEDADES AGUDAS.
SOBRE LA DIETA
INTRODUCCIÓN GENERAL DE
CARLOS GARCÍA GUAL
TRADUCCIÓN Y NOTAS DE
M. D. LARA NAVA, C. GARCÍA GUAL,
J. A. LÓPEZ FÉREZ Y B. CABELLOS ÁLVAREZ
BIBLIOTECA BÁSICA GREDOS
BIBLIOTECA BÁSICA GREDOS
C EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2000
MY D. Lara Nava ha traducido Juramento y Sobre la medicina
antigua, C. García Gual Sobre la ciencia médica, Sobre La enfer-
medad sagrada, El pronóstico y Sobre la dieta, J. A. López Férez
Sobre los aires, aguas y lugares y B. Cabellos Álvarez Sobre la
dieta en las enfermedades agudas.
Quedan rigurosamente prohibidas, bajo las sanciones establecidas
por la ley, la reproducción total o parcial de esta obra por
cualquier medio o procedimiento, así como su distribución
mediante alquiler o pt~stamo público sin la autorización
escrita de los titulares del copyright.
Diseño: Brugalla
ISBN 84-249-2481-9.
Depósito Legal: B. 15589-2000.
Impresión y encuadernación:
CAYFOSA-QUEBECOR, Industria Gráfica
Santa Perpétua de la Mogoda (Barcelona).
Impreso en España - Printed in Spain.
INTRODUCCIÓN GENERAL
1
LA MEDICINA HIPOCRÁTICA Y SU CONTEXTO
HISTÓRICO Y CULTURAL
La mayoría de los escritos que componen el llamado
Corpus Híppocraticum fueron Compuestos en los últimos
decenios del siglo y y los primeros del IV a. C. De ninguno
de todos esos tratados médic:os atribuidos al famoso Hi-
pócrates de Cas —que vivió entre 460 y 380 a. C. aproxi-
madamente, contemporáneo de Sócrates y de Tucídides—
podemos asegurar con exactitud que realmente fuera com-
puesto por su mano magistral. Pero es muy probable que
algunos de los libros más famosos de esa biblioteca pro-
fesional procedan de su enseñanza directa, e incluso al-
gunos de su propia escritura. En todo caso, la variedad de
los textos~ y de su temática no excluye una clara coinci-
dencia de miras en los aspectos más generales de la me-
dicina como téchne, y en la concepción del médico como
profesional al servicio de los hombres.
Ya muchos siglos antes de Hipócrates se practicaba la
medicina en Grecia y los médicos gozaban de una repu-
tación alta como demzourgo(. Bastará recordar el papel
que tienen Macaón y Podalino en la Ilíada, o algunas ins-
cripciones arcaicas que honran la memoria de un médico
ilustre. Hubo escuelas de medicina en varias ciudades
griegas y del sur de Italia, pero fue la de Cos, la isla donde
nació y ejerció el gran Hipócrates. la que logró a fines del
siglo y a. C. la reputación más sólida ligada al recuerdo de
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
INTRODUCCIÓN GENERAL
XI
ese maestro en el arte de la curación. Allí se formó la
primera biblioteca de escritos médicos, esa colección de
textos atribuida pronto al maestro —ya en el siglo iv y
luego en el ni recogida y comentada en Alejandría—. Nos
importa subrayar que los grandes autores de esos prime-
ros textos médicos pertenecen al pleno período clásico.
Esos médicos habían leído las obras de varios autores pre-
socráticos y algunos estaban influidos por los sofistas, y
escriben antes que Platón.
Hay en la Colección Hipocrática textos de autores pos-
teriores, como el tratado Sobre el corazón y el tratado So-
bre la naturaleza del hombre, atribuido con buenas razo-
nes a Pólibo, yerno de Hipócrates. Y hay alguno que, por
sus propias indicaciones, conviene adjudicar a alguna es-
cuela de doctrina y prácticas algo distintas, como es el
caso del llamado Juramento hipocrático. Algún texto me-
nor, como el llamado Sobre la decencia, es ya del siglo u d. C.
Pero en conjunto, nos hallamos ante un grupo de escritos
médicos —unos más técnicos y otros más generales y de
divulgación— que ofrecen una perspectiva bastante ho-
mogénea en cuanto a su concepción del saber médico en
una época bien definida. Quiero insistir en que esto no
significa que no haya divergencia de opiniones entre al-
gunos de esos tratados —así, por ejemplo, en cuanto a la
relación con las ideas filosóficas sobre los componentes
esenciales de la naturaleza del hombre, las hay muy no-
tables entre los textos de Sobre la medicina antigua, Sobre
la dieta y Sobre la naturaleza del hombre—.
Por otra parte, para cuestiones como la que vamos a
ver aquí, conviene recordar que la medicina hipocrática
se constituye —con afán de ser una téchne que puede dar
cuenta de sus fundamentos teóricos y no sólo prácticos—
en la época de la Ilustración helénica, lo que significa que
en sus aspectos más generales tiene que tomar posición
ante la filosofía como saber de los principios últimos de
las cosas. Este de las relaciones entre la filosofía y la me-
dicina es un tema muy amplio, sobre el que se han escrito
muchos comentarios, y que apenas podemos rozar ahora.
Nos limitaremos sólo a mencionar que el gran pensador y
médico Alcmeón de Crotona (nacido hacia el 500 a.
que descubrió el papel del cerebro como centro del pen-
samiento y el sistema nervioso, y que definió la salud Co-
mo un equilibrio de fuerzas y la enfermedad como un ex-
cesivo predominio de una de ellas (es decir, la salud como
isonomía y la enfermedad como monarchia, utilizando una
muy sugerente metáfora política), parece haber abierto
una senda muy transitada por los hipocráticos. Podemos
recordar también que en Sobre la naturaleza del hombre
parece clara la influencia de la teoría de Empédocles so-
bre los cuatro elementos cósmicos (también Empédocles
fue médico, aunque tal vez poco ortodoxo), así como la
de Heráclito en Sobre la dieta y la de Diógenes de Apolo-
nia en Sobre los vientos. Algún texto médico de tono di-
vulgador, como el Sobre la ciencia médica, bien pudo ser
redactado por un sofista, y en este caso se ha sugerido el
nombre de un enciclopedista como Hipias de Élide, al que
Platón ha caricaturizado estupendamente.
Por otro lado, sabemos que la medicina como un sa-
ber técnico influyó en otros autores de la época clásica,
como Tucídides o Platón. Es precisamente Platón quien
en su Fedro menciona con elogio y como ejemplar el mé-
todo de Hipócrates, siendo nuestra fuente clásica mgs an-
tigua sobre el amplio prestigio de su contemporáneo. No
hay, en cambio, huellas en nuestros textos hipocráticos
de la teoría socráticoplatónica del alma como principio
de vida trascendente a las funciones del cuerpo. La pala-
bra psyché aparece muy pocas veces en los tratados del
Corpus (p. e. en el Sobre la dieta) y no tiene un sentido
importante. El hombre es, para estos médicos, un cuerpo,
sano o enfermo, cuyos trastornos psíquicos tienen tam-
bién un origen corporal. También conviene recordar que
será Aristóteles, hijo de un médico de la corte macedonia,
X
XII
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
quien desarrolle en sus tratados sobre los animales una
primera anatomía comparada, que algunos médicos hele-
nísticos, posthipocráticos, sabrán aprovechar.
Basten estas breves indicaciones de introducción so-
bre el lugar y momento en que se desenvuelve el pensa-
miento hipocrático. Esta medicina pionera se desarrolló
con talante científico, aunque con medios terapéuticos muy
limitados, con evidentes lagunas básicas en su visión ge-
neral de la enfermedad (recordemos, por ejemplo, que los
griegos ignoraban la existencia de los microbios, carecían
de una química elemental y tenían un instrumental médi-
co rudimentario y una farmacopea muy reducida). El ni-
vel de la ciencia hipocrática, por citar el titulo de un libro
de R. Joly, debe estimarse más que por sus logros concre-
tos por sus afanes racionalistas y sus objetivos. Es cierto
que subsisten en esos textos antiguos ciertos restos de
creencias populares (aunque la crítica de la superstición
es muy fuerte en algunos textos básicos~ y que a veces se
impone una tendencia —muy propia del pensamiento grie-
go antiguo— a teorizar sin sólida base experimental. Sin
embargo, conviene, pensamos, evaluar esa hazaña cien-
tífica» no tanto por sus logros concretos como por sus
planteamientos y sus anhelos. Y recordar cuántos siglos
habrán de pasar para que esos métodos terapéuticos y
esos esquemas teóricos sean desplazados por una medi-
cina más experimental y más capaz, y, sobre todo, por
una medicina estimulada por otras técnicas de explora-
ción del interior humano y una más amplia farmacopea.
LA MIRADA DEL MÉDICO
Como hemos subrayado ya, el médico hipocrático .se
considera un profesional, que aplica su téchne al cuidado
de los enfermos. La therapeía del cuerpo del enfermo cons-
J
1
INTRODUCCIÓN GENERAL
XIII
tituye su objetivo. Con su tratamiento profesional, objeti-
yo, racionalizado, pretende devolver a éste la salud perdi-
da. De modo que los conceptos de salud y enfermedad re-
sultan básicos para comprender su actuación. Pretende
mediante su cuidado médico hacer que el enfermo recu-
pere su salud natural, el buen orden de su cuerpo, el equi-
librio interno —recordemos el símil de Alcmeón de la
isonomía de los elementos— que ha sido perturbado por
algún agente dañino. Todo debe funcionar de acuerdo con
la naturaleza, kat& physin. Vencer a la enfermedad signi-
fica recomponer o reconquistar la propia physis elimi-
nando los factores dañinos que la descompensaban. Por tan-
to conviene saber qué es la naturaleza propia del cuerpo y
cómo está éste compuesto, a fin de intervenir en el proce-
so de curación.
Notemos, por lo pronto, que la atención del médico
—a diferencia de la teoría del filósofo— está enfocada a
un objetivo práctico. Saber qué es el hombre, en abstrac-
to, indagar las archal de la corporeidad humana, es algo
importante, pero aquí está subordinado a una actuación
práctica, terapéutica, del médico.
De ahí que haya una cierta dependencia de las teorías
filosóficas, y también una polémica en cuanto la medici-
na quiere prescindir de las hipótesis de algunos presocrá-
ticos, tal como veremos en el tratado Sobre la medicina
antigua. El autor de este texto sostiene que la medicina
tiene más que ver con la alimentación bien programada
que con las hipótesis filosóficas acerca del ser último del
hombre.
La enfermedad, nósos, es, pues, el concepto central en
la perspectiva hipocrática. El hombre es, en esta perspec-
tiva médica, ante todo un ser sujeto a las enfermedades, y
luego a la muerte. El cuerpo humano es así visto como un
recipiente complejo y un tanto misterioso, cubierto por la
piel y articulado por el esqueleto, que puede ser afectado
por heridas externas y desequilibrios internos. (La idea de
XIV
TRATADOS HIPOCRATICOS’
que el cuerpo funciona como un organismo, como una
máquina, y que los componentes del mismo son instru-
mentos, árgana, coordinados al servicio del conjunto no
está expresa en el Corpus Hippocraticum. El término
mismo de órganon, instrumento, aparece en contados ca-
sos y sin relieve especial. Hay en este punto notables dife-
rencias respecto a la concepción aristotélica, que resulta
mucho más avanzada y moderna.) Detectar la enferme-
dad, prever su desarrollo, combatir su avance, y tratar de
restaurar la salud en el cuerpo dañado, tales son los afa-
nes del médico como technítes al servicio de la sociedad.
La iatriké es una téchne y no una epistéme, y como tal arte
o ciencia aplicada debe definir bien sus objetivos y méto-
dos para obtener sus resultados. Es un saber empírico, en
todo caso, que requiere una teoría previa, pero que debe
ser revalidada justamente en su praxis terapéutica habi-
tual, mediante experimentos y comprobaciones metódi-
cas. En ese sentido al hipocrático le importa menos saber
qué es el hombre que observar y comprender cuándo y
cómo enferma, y cómo puede ser devuelto a su salud na-
tural, a su equilibrada naturaleza.
El médico hipocrático tiene unos medios de observa-
ción muy limitados. Como indica un estudioso moderno,
«La actitud ante la enfermedad era racional, pero los me-
dios empíricos para su posterior conocimiento estaban
ausentes, ya que ni la estructura celular del cuerpo ni los
microbios que lo invaden podían ser vistos ni estudiados»
(Phillips). No tenían nada del complicado instrumental
moderno, por supuesto. Ni microscopios, ni estetoscopios,
ni rayos X. Acostumbraba el médico a servirse de sus fa-
cultades de observador, poniendo en juego todos sus sen-
tidos y su práctica clínica. Todavía pasa por alto alguna
manifestación importante: no toma el pulso al enfermo,
por ejemplo. Para conocer el aspecto de las enfermedades
examina al enfermo buscando las manifestaciones exter-
nas de su mal. Hace honor a la sentencia de Anaxágoras
INTRODUCCIÓN GENERAL
XV
ópsiS adélon ta phainómena, «a partir de lo que se mues-
tra debe ver lo oculto». A partir de los síntomas, t¿l sé-
meia, debe inducir los padecimientos internos y pronosti-
car el proceso morboso. Toda una semiótica se despliega
ante los ojos del médico, ininteligible al profano, revela-
dora para el profesional. El texto más significativo y claro
al resp&to es el comienzo del Pronóstico, que bien podría
estar escrito por el mismo Hipócrates. (Y el de Epidemias
1 23, que citaremos luego.)
El médico debe leer, por así decir, en el rostro y en la
postura del enfermo su dolencia. Y luego prever y profe-
tizar el desarrollo de la misma y proveer con sagaz tera-
péutica a un éxito favorable. El pronóstico y no el diag-
nóstico es lo característico de ese saber médico, que ve al
enfermo como paciente de un proceso, en el que el cuer-
po es como el campo de batalla de factores enfrentados.
El médico hipocrático no tiene un cuadro médico de mu-
chas enfermedades con nombres específicos al que refe-
rirse, y dispone, por otra parte, de una farmacopea muy
pobre. De modo que trata de colaborar con los elementos
benéficos de la propia naturaleza del paciente, a fin de que
el decurso de la enfermedad tenga un buen éxito. Pronos-
ticar ese desarrollo resulta prioritario, y la habilidad en el
pronóstico define al médico. Excelente observador en
muchos casos, anota los cambios del mal, atiende espe-
cialmente a los momentos decisivos, las crisis, y orienta,
por decirlo así, el proceso hacia un buen final. Pero mu-
chas veces el médico se encuentra con la imposibilidad de
salvar al enfermo, cuando el daño es ya irreparable o im-
previsible el remedio. (En algún texto del CH se reco-
mienda al médico que no acepte tratar a los enfermos in-
curables o terminales, para no ser dañado en su prestigio
profesional, tan importante en el oficio.) Las historias
clínicas recogidas en los siete libros de las Epidemias re-
velan muy bien este proceder del médico, que registra y
anota día a día, minuciosamente, los síntomas del proce-
xvl
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
so morboso y en muchos casos asiste al final, sin una ac-
tuación decidida ni un veredicto claro, a la muerte del
paciente. Estos documentos de los casos observados por
el médico, que viaja y estudia a los enfermos a lo largo de
sus días de enfermedad, muestran muy bien, en su sucinto
estilo, la capacidad de observación a la par que el temple
anímico de estos profesionales. El médico —atendiendo
al principio de ophelefn ¡cal me bláptein— apenas intervie-
ne en algunos casos, o no nos dice cómo ha intervenido,
sino que asiste al combate del enfermo con su dolencia
como un atento y refinado testigo.
EL OSCURO INTERIOR DEL CUERPO HUMANO
Los médicos griegos de la época clásica no practica-
ban la disección de cuerpos humanos, por razones de res-
peto religioso. Más tarde sabemos que sí la conocieron los
alejandrinos, e incluso se dice que en la Alejandría del si-
glo nI a. C. algunos audaces investigadores llegaron a prac-
ticar alguna vivisección humana experimental (sobre va-
rios criminales convictos). Sí es probable que algunos hi-
pocráticos diseccionaran animales, como lo hizo más tarde
Aristóteles y, desde luego, Galeno. De tal modo, el cono-
cimiento que tenían del interior del cuerpo humano era
bastante vacilante e hipotético. Por otra parte, como ya
advirtió Aristóteles, el observar el interior de un cuerpo
muerto sin una debida preparación no permitía advertir
muchos elementos importantes de su funcionamiento, ya
que éste había dejado de comportarse como en el ser vi-
yo. Fue la anatomía comparada aristotélica la que permi-
tió avanzar en este terreno, pero aún en ella perduraron
muchos errores anteriores.
El interior del cuerpo, negado a una sensación direc-
ta, lejano a esa aísthesis toú sómatos que un famoso texto
J
INTRODUCCIÓN GENERAL
xx~í
invoca como el criterio fundamental del conocimiento
médico (la sensación que el médico tiene del cuerpo del
enfermo), es pensado como un largo recipiente en el que
están instalados los órganos fundamentales —corazón,
pulmones, estómago, etc.— y por el que circulan unos
fluidos mutantes, como la sangre, el aire, el agua, la bilis,
etc., es decir, lo que los médicos de la segunda generación
hipocrática llaman los «humores». En ese espacio hueco
interior, en el que los huesos forman el armazón esquelé-
tico, revestido luego por las carnes y los nervios, existen
además unos conductos que transportan esos humores y
los distribuyen por el cuerpo, aunque las ideas sobre sus
conexiones (con el cerebro, el corazón, los pulmones, el
estómago, etc.) varían bastante. Suelen distinguir nuestros
autores los «nervios» o tendones, neurd, y los tubos hue-
cos por donde circulan los humores, sin separar las venas
de las arterias hasta una fecha algo posterior. (Tanto unas
como otras son llamadas phlébes.) Se discute si los hipo-
cráticos conocieron la circulación de la sangre, en cual-
quier caso sus nociones sobre todos esos conductos inte-
riores y su función están bastante alejadas de lo real. Más
tarde daremos algunas precisiones sobre estos elementos,
pero ahora quiero sólo indicar que la idea vaga y general
del interior del cuerpo está fundada en una concepción
imaginativa, y no en conocimientos anatómicos relevan-
tes. De hecho, se ha dicho con razón que la medicina hi-
pocrática es todavía preanatómica. Y la representación
del cuerpo en su interior carece de un esquema claro de
sus órganos y vasos.
Citaré al respecto unos párrafos de M. Vegetti, un buen
conocedor de estos textos:
El paradigma más difundido y dominante —como
ha mostrado Robert Joly— comporta una concepción del
cuerpo como recipiente hueco, dentro del cual circulan
fluidos que se combinan, s~ encuentran y reaccionan en-
tre sí; los órganos internos, en los casos raros en que son
r
XVIII
TRATADOS HIPOCRATICOS
tomados en cuenta, son considerados como canalizacio-
nes o como bombas aspirantes y evacuantes respecto al
fluir de esos líquidos.
Cuando, excepcionalmente, ánthropos viene pensado
en su acepción antropológiCa complexiva —y esto acaece
siempre por efecto de una presión teórica externa a la
medicina, que se origina en el campo de la filosofía de la
naturaleza— el concepto viene constantemente reducido
a los elementos que llenan el recipiente. Eso sucede de
modo ejemplar al comienzo del De natura honíinis: el
hombre no es únicamente uno de los fluidos comprendi-
dos en el cuerpo, pero si es correcto afirmar que ‘el cuer-
po del hombre tiene en si sangre, flegma, bilis amarilla y
negra’>’.
’ (M.
Vegetti, ’, en
Tra Edipo e Euclide, págs. 45-48).
El médico no tiene una idea clara de los procesos in-
teriores del cuerpo, aunque sabe de algunos, como el de
INTRODUCCIÓN GENERAL
XIX
la respiración y el de la cocción de los alimentos —pép-
sis—, y tiene una vaga idea de la conversión de éstos en
sustancias incorporadas en parte al mismo, y en parte
eliminadas por evacuación. De ahí la enorme importancia
que se concede a la dieta en su sentido más amplio y por
autores muy distintos, como son el que escribió Sobre la
medicina antigua (donde los comienzos de la medicina
auténtica coinciden con los descubrimientos de la alimen-
tación conveniente al hombre) y el autor del Sobre la dieta.
El médico hipocrático presta gran atención a las cualida-
•des de los alimentos ingeridos, así como también estudia
las deyecciones del enfermo para informarse del decurso
de la enfermedad. Los excrementos, el sudor, el flato, el
aliento, muestran los síntomas del proceso morboso.
En cuanto al órgano central que dirige el conjunto de
todos esos cambios y movimientos internos, en el tratado
• Lugares en el hombre se dice que «no hay ninguna arché
del cuerpo» (cap. 1), mientras que tanto Enfermedad sa-
grada como Naturaleza del hombre asignan un papel rele-
vante en la dirección y origen de estos procesos al cerebro
y a la cabeza, respectivamente. En el Sobre el corazón se
sitúa el principio vital en el vetrículo izquierdo del cora-
zón (cap. 10). Pero éste es un texto algo tardío, que supone
un avance en sus esbozos anatómicos, como se ha seña-
lado a menudo. Según M. Vegetti y otros han comentado,
el pensamiento organicista sobre el cuerpo comienza con
Platón y con Aristóteles, y es éste quien en sus estudios
sobre los animales lleva hacia ~adelante la visión anatómi-
ca de los varios órganos del cuerpo, y de éste como una
estructura orgánica, con una perspectiva muy distinta a
la de los hipocráticos. Galeno intenta combinar luego am-
bas teorías.
Pero, así como la observación clínica del médico anti-
guo parece limitada a analizar lo que entra y lo que sale
de ese cuerpo humano, de cuyo interior sabe poco con
precisión, su atención a los factores externos que pueden
XX
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
afectar al equilibrio natural del paciente le lleva a consi.
derar muy ampliamente el ambiente en el que vive y ac-
túa. De ahí que la dietética se amplíe a un estudio del
ambiente y de las condiciones de vida de los pacientes. El
ser humano como individuo está condicionado por ese
entorno físico y climático. (La atención a esos factores ex-
ternos es bien visible en textos un tanto programáticos
como Aires, aguas y lugares, pero también en muchas his-
torias clínicas de las Epidemias.)
Predomina, en toda esta concepción del enfermo y la
enfermedad, una visión del hombre como organismo físi-
co, que en gran parte se apoya en una idea previa de base
filosófica. Las relaciones entre la medicina y la filosofía
en Grecia son complejas, y hubo desde muy pronto in-
fluencias reciprocas, aunque la medicina es una de las
primeras ciencias en conquistar una plena autonomía
metódica. El escrito Sobre la dieta es, a este respecto, muy
interesante. Son numerosos los escritos médicos que ex-
ponen en un comienzo ideas generales sobre el hombre y
el cosmos, para luego avanzar hacia un tratamiento con-
creto de sus temas médicos. Pero la atención al conjunto
del ser humano, a la ph>isis que es la norma de la salud,
caracteriza a la mayoría de los textos más antiguos.
LA CIENCIA MÉDICA Y SU CONTEXTO HISTÓRICO
La medicina hipocrática se configura en un horizonte
histórico e intelectual que podemos delimitar con preci-
sión. Los tratados más significativos del CH (El pronósti-
co, Sobre la medicina antigua, Epidemias 1 y m, Sobre la
dieta en las enfermedades agudas, Sobre la enfermedad sa-
grada, Sobre los aires, aguas y lugares, Sobre la dieta, etc.)
están escritos en los últimos decenios del siglo y o a co-
mienzos del siglo IV a. C. Son obra de Hipócrates o de
j
INTRODUCCIÓN GENERAL
X)U
otros médicos de su generación. Esto es lo que nos inte-
• resa destacar: estos profesionales de la medicina pertene-
cen a un momento muy bien caracterizado de la cultura
• griega, el del apogeo de la ilustración y del racionalismo.
Tienen un patrimonio tradicional, en cuanto technítai de
la curación y demiourgo4 formado por un repertorio de
observaciones y experiencias adquiridas en la práctica
propia y en la enseñanza recibida de sus maestros y pre-
cursores en el arte, médicos ambulantes, y también maes-
tros de gimnasia y educadores de atletas. Pero, bajo el in-
• flujo de la teoría filosófica acerca de la regularidad de la
naturaleza, estos escritores médicos tratan de explicitar
los fundamentos teóricos de su arte y de confirmar la va-
• lidez de su ciencia exponiendo sus principios generales.
• Siempre sin perder de vista el objetivo final: combatir las
dolencias y devolver al hombre la salud, su condición na-
tural. Se empeñan en demostrar que la medicina, como
ciencia real, téchne eoúsa, no sólo es una práctica benéfi-
ca, sino también un saber operativo acerca del hombre y
del mundo en el que vive y perece. La hazaña intelectual
de estos médicos ha pervivido como impulso hacia el co-
• nocimiento del hombre, más allá de sus limitados logros
en motivos concretos de su dominio científico.
Uno de los pocos datos firmes que tenemos sobre Hi-
pócrates es el de su nacimiento en Cos hacia el 460 a. C.
Esto quiere decir que era un estricto coetáneo de Demó-
crito de Abdera y que era unos diez años más joven que
Sócrates. Bien pudo escuchar, como señala la tradición
biográfica, al famoso Gorgias, y tomar lecciones de su
hermano, el médico Heródico de Selimbria, reputado por
sus tratamientos dietéticos. Sabemos también que ejerció
la actividad médica en el norte de Grecia (en Tesalia y en
Tracia, como el autor de Epidemias 1 y III) y en la isla de
Tasos y cerca del Ponto Euxi no, y que murió en Larisa a
una edad avanzada. Debió de gozar pronto de prestigio
como profesional ilustre, a juzgar por la referencia de
XXII
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
Platón en el Protágoras (31 Ib) que lo nombra como ejem-
plo de un maestro en su oficio, dispuesto a enseñar a
otros mediante salario. (El Protágoras fue escrito hacia el
395 a. C., y sitúa el coloquio allí narrado unos treinta
años antes.)
Era uno de los Asclepiadas, es decir, uno de los des-
cendientes de Asclepio, el héroe fundador de la medicina.
Al remontar su genealogía hasta el sabio hijo de Apolo,
los médicos de Cos sólo destacaban el carácter gremial y
familiar de su oficio, lo mismo que los rapsodos de Quíos,
los #Homéridas», remontaban la suya hasta el patriarca
‘de l~ épica, Homero. También sus hijos fueron médicos,
Tésalo y Dracón, y a su yerno Pólibo le atribuyeron algu-
nos autores antiguos el tratado Sobre la naturaleza del
hombre.
La Antología Palatina (X’II 135) nos ha transmitido un
hermoso epitafio honorífico, que le rinde alabanzas como
a un noble guerrero, y que pudo estar grabado sobre su
tumba en Larisa:
El tesalio Hipócrates, de linaje coico, aquí yace,
que, nacido del tronco divino de Febo, trofeos múltiples
erigió derrotando a las enfermedades con las annas de Higiea,
y consiguió inmensa gloria no por azar, sino con su ciencia.
Pero en ese combate «con las armas de Higiea», que
logra sus victorias no de la casualidad, sino del saber téc-
nico, ou t~chei allá téchnei, Hipócrates no era, sin duda,
un guerrero solitario. Su actividad profesional se inscribe
en una tradición larga dentro de la historia social griega,
ya que desde los poemas homéricos está atestiguado el
prestigio de algunos médicos. (Cf. fiada XI 514; Odisea
XVII 383.) Sabemos, luego, de la estimación y altos emo-
lumentos de destacados médicos, como Democedes de
Crotona, que trabajó en Egina, en Atenas, y en la corte del
tirano Policrates en Samos (según cuenta Heródoto, m
131), o como Ctesias de Cnido, que lo hizo en la corte
INTRODUCCIÓN GENERAL
XXIII
persa de Artajerjes II, o como Onasilo y sus hermanos, a
los que alude una inscripción chipriota de Edalion (de
mediados del siglo y) prometiéndoles una elevada suma o
tierras por atender a los heridos en un asedio de la ciu-
dad. Tanto en la guerra como en la cotidiana práctica de
la vida ciudadana, el médico era un demiurgo necesario y
apreciado, un «artesano» itinerante, hábil en su oficio, en
una praxis que requiere la habilidad manual y el ejercicio
constante de la inteligencia. Ya desde mucho antes de
Hipócrates la medicina griega se había desarrollado sobre
unos supuestos empíricos y técnicos, al margen de la me-
dicina religiosa y de la superstición popular.
La distinción entre el médico que cura heridas de gue-
rra mediante la cirugía y diversos cauterios, y el médico
de enfermedades internas, está ya en la épica, según unos
versos de Arctino en su poema El saco de Troya (com-
puesto a fines del siglo vm a. C.), que se refiere a Macaón y
Podalirio, hijos de Posidón aquí (o de Asclepio, según la
versión homérica):
Su padre, el ilustre Sacudidor de la tierra, les conce-
dió sus dones a ambos, pero a uno lo hizo más glorioso
que al otro. A uno lo dotó de manos más ligeras para sa-
car dardos de la carne, y para cortar y aprontar remedios
a todas las heridas. Al otro le infundió en el pecho todo
lo preciso para reconocer lo escondido y para curar lo
incurable. Él fu~ el primero en advertir los relam-
pagueantes ojos y la abotargada mente de Áyax enloque-
cido.
Volviendo a ello, es importante destacar que la medici-
na griega se había desligado, desde muy antiguo, de cual-
quier vinculación con las prácticas religiosas y con la ma-
gia. Ya en Homero hay testimonios de ese médico que
actúa al margen del sacerdote purificador. Es el caso de
Macaón, hijo de Asclepio, que «vale como médico por mu-
chos hombres» y sabe «extraer los dardos y aplicar suaves
remedios a las heridas» (11. XI 5 14-5). Aunque en Grecia
XXIV
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
perduraron con éxito los santuarios y templos donde, bajo
el patrocinio de Asclepio, se operaban milagrosas curas, y
la medicina popular que recurría a prácticas mágicas y a
remedios supersticiosos siguió contando siempre con nu-
merosos adeptos, la medicina científica discurrió por ca-
minos propios, bien diferenciados de los frecuentados por
magos, adivinos, curanderos de varios tipos y trazas, y adi-
vinos de diversa catadura. Tanto el autor de Sobre la enfer-
medad sagrada (1, 2, 17) como el de Sobre los aires, aguas y
lugares (que bien pudiera ser el mismo) expresan su desdén
hacia los practicantes de esos turbios remedios, y manifies-
tan su confianza en que todas las enfermedades son natu-
rales y deben tratarse por medios naturales.
Por otro lado, la deificación de Asclepio no parece un
proceso demasiado antiguo. Según L. Edelstein, se produjo
a fines del siglo vi a. C., cuando, en la tendencia a persona-
lizar la relación religiosa del enfermo con la divinidad cu-
radora, se habría desplazado a Apolo, el Sanador por exce-
lencia, Péan, en favor de Asclepio, el héroe, hijo del dios y
de la ninfa Corónide. El culto a Asclepio, atestiguado en
Epidauro hacia el 500 a. C., se introdujo en Atenas hacia el
420 a. C. y en Cos a mediados del siglo iv. Es decir que en
Cos no existía ni el templo ni el culto en tiempos de Hipó-
crates, cuando la escuela de medicina era ya famosa. Con
este dato queda rechazada la hipótesis de E. Littré, que
pensaba en una influencia de los casos recogidos en los
anales y tablillas votivas de los templos en las notas de los
médicos (en Prenociones de Cos y Predicciones 1). El culto
es posterior y subsistió en buenas relaciones con las prácti-
cas de los médicos, que podian enviar a sus enfermos des-
hauciados a visitar los templos como último recurso.
Ya antes de Hipócrates había médicos y escuelas médi-
cas en diversas ciudades griegas; las había en el sur de Ita-
lia, donde Crotona fue, en el siglo vi, la escuela más presti-
giosa, en Cirene, en Cnido y en Cos. Hipócrates es un
heredero de técnicas y saberes que él y sus contemporá-
1
INTRODUCCIÓN GENERAL
XXV
neos harán avanzar mediante una mayor conciencia metó-
dica y con una teoría mucho más ambiciosa en cuanto a su
visión de la medicina como un saber causal en torno a las
enfermedades y la salud. Para este progreso, la medicina
recibió un impulso decisivo de la filosofla presocrática, de
esa physiologla jónica que aspira a describir una concep-
ción del mundo ordenado según unos principios funda-
mentales inmanentes a los procesos naturales. Y tampoco
fue Hipócrates de los pioneros en pretender expresar una
concepción filosófica de la enfermedad y la salud, o del
hombre como un organismo complejo sometido a la acción
de diversos factores naturales. A una generación anterior
pertenecen Alcmeón de Crotona, y Empédocles de Agrigen-
to, y Diógenes de Apolonia, por citar los nombres de tres
influyentes pensadores del período presocrático. En el CH
hay huellas de diversas teorías filosóficas, pero hay tam-
bién un empeño por destacar la autonomía del saber mé-
dico respecto de esas teorías generales. En este punto se
inserta, creemos, el empeño hipocrático de fundamentar
la medicina como saber, como téchne ejemplar, en una
cosmovisión racional de las últimas causas del acontecer
humano; pero, a la vez, en una serie de prescripciones
para la actuación del médico con una bien definida fina-
lidad: la de velar por el mantenimiento de la salud y la de
alejar las dolencias del cuerpo.
La concepción de la salud como un equilibrio interno,
y de la enfermedad como un excesivo predominio de un
elemento sobre otros, fue expuesta por Alcmeón y recogi-
da por los médicos hipocráticos. También la teoría de que
el cerebro es el centro de la actividad mental procede de
él; así como la teoría acerca del pneúma vital procede
de Diógenes. Pero lo que define a la medicina hipocrática no
es tanto la aceptación de estos conceptos, como su apro-
vechamiento. El conocimiento de la naturaleza, y en es-
pecial de la naturá!”za del hombre, por parte del médico
tiene una finalidad práctica: la conquista de la salud, la
XXVI
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
restauración del equilibrio somático. El afán especulativo
por conocer las causas de los procesos naturales se com-
bina, en la actividad médica, con la observación y la expe-
riencia clínicas. Esta combinación es lo que otorga un se-
llo característico al saber hipocrático. Aun en los autores
que recriminan el uso de postulados filosóficos o de hypo-
théseis (como el autor de Sobre la medicina antigua) en-
contramos una gran dosis de especulación. Y en los escri-
tores más especulativos, como el autor de Sobre la dieta,
encontramos constantes referencias al dato sensible y a la
observación de los síntomas específicos. La medicina en-
cuentra en la «sensación del cuerpo», aísthesis toú sóma-
tos, el criterio fundamental para la verificación de la teo-
ría. Atento a los síntomas, el hipocrático interpreta una
semiótica que le conduce a un empirismo muy concreto.
Los signos corpóreos son la base de la terapia, las indica-
ciones por las que se rige el pronóstico y la medicación.
Hipótesis, observación de los síntomas, conjetura de las
causas morbosas, medicación, son etapas de un proceso
metódico en el que se complementan la experiencia sen-
sible (aísthesis) y la reflexión (logismós) para aplicar los
recursos de la ciencia (téchne siempre y no epistéme) en
favor del paciente. La naturaleza, el médico y el enfermo
han de colaborar en esa reconquista de la salud. Y el co-
nocimiento del médico es el instrumento fundamental, aun-
que limitado, para obtener la victoria.
Una gran importancia en esta concepción tiene el ha-
ber identificado la enfermedad como un proceso morbo-
so que afecta al organismo en su conjunto; es más, como
un proceso determinado por causas concretas que se des-
arrolla con síntomas típicos y predecibles en un curso re-
gular. El médico hipocrático sabe predecir ese curso, como
sabe, desde un momento definido del mismo, conjeturar
el pasado del mismo, y emitir su juicio a partir de los sín-
tomas presentes y el recuento de los anteriores: eso es el
pronóstico.
INTRODUCCIÓN GENERAL
XXVII
La enfermedad presenta en su decurso unos momen-
tos decisivos. Son las crisis, en las que se decide el rumbo
del proceso patológico, bien hacia la salud (mediante la
evacuación o el depósito o apóstasis de los elementos da-
timos), o bien hacia una muerte irremediable. Junto con
este concepto es también interesante la cOncepción de
que los elementos morbosos sufren una especie de coc-
ción (pépsis, pepasmós) por la que pierden su carácter da-
timo y quedan, por así decir, digeridos por el organismo.
Hay días críticos y momentos en que la intervención del
médico puede ser decisiva. El médico debe estar atento y
actuar aprovechando el kairós, ya que el tiempo es un fac-
tor incuestionablemente valioso en toda terapia.
Por lo demás, el médico hipocrático parece advertir de
antemano que la enfermedad es una abstracción y que lo
que él tiene ante sí es siempre a un enfermo, a un hombre
sufijente al que ha de salvar con unos medios muy limita-
dos. Muchas veces, ante las enfermedades más graves el
médico se ve obligado a prescribir una dieta que ayude al
enfermo a mantenerse con fuerzas para resistir y a procu-
rar no exacerbar las dolencias. Son escasos los medicamen-
tos que el médico tiene a mano, y los conocimientos de fi-
siología y anatomía tampoco le proporcionan una ayuda
eficaz en el tratamiento de las enfermedades agudas. Por
ello se confina en la observación minuciosa y atenta.
En los libros 1 y III de Epidemias se nos cuentan cua-
renta y dos casos cinicos, de los que veinticinco (un 600/o)
concluyen con la muerte del paciente. Son raras las refe-
rencias a los tratamientos aplicados, mientras que la aten-
ción se concentra en los síntomas del enfermo. Estos ca-
sos historiados son una muestra del talante científico con
que el médico periodeuta, probablemente el mismo Hi-
pócrates, atiende a los enfermos más graves. Sin amba-
ges, en algunos textos se aconseja al médico no tratar los
Casos desesperados (sin duda, para evitar posibles cen-
Suras posteriores).
XXVIII
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
Para diagnosticar un caso son múltiples los factores
que el médico debe observar, como advierte un texto ci-
tado con frecuencia (Epidemias 123):
En lo que respecta a las enfermedades, las recono-
cemos a partir de los siguientes datos, teniendo en cuen-
ta la naturaleza humana universal y la particular e indi-
vidual, la de la dolencia, la del paciente, las sustancias
que se le administran, quién se las admiistra — si a par-
tir de esto el caso se presenta de soluc¡óft más fácil o
más arduo —, la constitución atmosférica general y la de
los astros y cada terreno en particular, y lo que respecta
a los hábitos, el régimen de vida, las ocupaciones, y la
edad de cada uno, con sus palabras, gestos, silencio, pen-
samientos, sueños, insomnios, pesadillas, cuáles y cuándo,
y sus tics espasmódicos, sus picores, sus llantos, junto
con sus paroxismos, deposiciones, orinas, esputos, vómi-
tos, y todo aquello que indica las mutaciones de la en-
fermedad y sus depósitos en un sentido crítico o mortal:
sudor, tensión, escalofríos, tos, estornudos, hipo, re~pira-
ción, eructos, ventosidades, silenciosas o ruidosas, he-
morragias, hemorroides. Hay que atender a todo esto y a
lo que con estos síntomas se indica.
La observación detenida del paciente en su contex-
to doméstico y en su situación más general requiere del
practicante de esta medicina un enorme esfuerzo de aten-
ción, al que el médico presta todos sus sentidos: $ptesthai, piensa que aquí se alude
al suicidio, rechazado por los pitagóricos como muestra la actitud de Fi-
lolao (PLATOS, Fedon 61e Ss.). Para entender esta prohibición LITTRE(OeO-
vres..., IV, pág. 622) evoca la situación en la antiguedad, donde el envene-
namiento era difícilmente detectable y perseguible, al no existir la prác-
tica de la autopsia ni el análisis químico; dado que los casos de envene-
miento eran frecuentes, Juramento habría querido reforzar la justicia
en un punto cii el que contaba con débiles recursos. Edelstein piensa,
por el contrario, que los griegos antiguos tenían conciencia de poder de-
tectar el envenenamiento y disponían de medios poderosos para hacer-
lo, como la t(>rtiira; por ello invoca aquí nuevamente el influjo de la ética
pitagoríca. — En el CH no parecen existir Otros pasajes que aludan a es-
te tema. Pero, de hecho, Juramento recoge leyes generalmente conoci-
das, y codificadas en el derecho ático, que prohibían el envenenamiento
y consideraban el suicidio como un crimen (DEICHGRÁBER, .Standesethík.,
pág. i08 y nn. 34 y 35). También los médicos, en general, ponían especial
cuidado en la administración de fármacos venenosos. Es significativo,
al respecto, el testimonio de Ctesías de Cnido, que, hacía el año 400, fue
médico del rey de Persia Artajerjes II. ~ dice que, en tiempos de
su abuelo y de su padre, sólo excepcionalmente se administraba el elé-
boro, porque se conocía su peligrosidad, pero no la dosis terapéutica que
había que administrar (G. HARIG-J. KoLLEscH, .Der híppokratísche Eid.
Zur Entstehung der antíken mediziníschen Deontologie., Philologus
122-123 [1978-79], 62, n. 25; y W. ARTELT, Studien zur Geschich¡e der Be-
grille ~.Heilmitteh und ~Gift.. (Jrzei¡-Homer-Corpus Hippocraticum (Stu-
dien zur Geschichte der Medízin. 23], Leipzig. 1937, pág. 95). A pesar de
j
JURAMENTO
este testimonio, que describe la situación en la época hipocrática, D. W.
AMUNDSEN afirma que la prohibición de proporcionar venenos es propia
de Juramento y atípíca en la medicina antigua (‘.The Líability of the Physi-
cian in classícal Greek Legal Theory and Practíce~, Journ. Hisí. Medie.
32 [19771, i93).
6 El aborto estaba sancionado en muy pocas ciudades de la Grecia
antigua y sólo se conoce una prohibición en Tebas y en Mileto (cf. DE¡cH-
ORABER, ,Standesethik., pág. 108). Se puede afirmar que, a partir de la
sofística, fue una cuestión frecuentemente debatida en Atenas y que la
mayoría de los filósofos no sólo lo admitían, sino que incluso lo reco-
mendaban. PLATÓN lo considera una institución propia del Estado ideal
(Republica 46 le; Leyes 740d) y admite que las comadronas puedan prac-
ticarlo silo consideran conveniente. Aun sin razones niedícas es también
admitido por ARISTÓTELES (Política 1335b 20 ss.), quien ve en él una de
las mejores maneras de mantener la población dentro de los límites de-
seables. Sin embargo, las opiniones sobre el momento en que puede ser
practicado no son unánimes: si Aristóteles aconseja que se realice antes
deque el feto tenga vida animal, Platón, los estoicos y la mayoría de filo-
sofas y científicos piensan que puede realizarse durante todo el embara-
zo; sólo los pitagóricos, en opinión de EOELsTEIN(Ancient Medicine..., pag.
¡7), disienten del resto y niegan la licitud del aborto en cualquier mo-
mento. El aborto terapéutico era tambien admitido por los médicos hi-
pocráticos y, así, vemos que Enfermedades de las mujeres habla, con to-
da naturalidad, de los diversos preparados abortivos para eliminar los
letos muertos, paralizados o a medio desarrollar; pero hasta ahora sólo
se ha podido aducir un caso de aborto no terapéutico en el CH: el de So-
bre la naturaleza del niÑo 13, donde el autor describe cómo hizo abortar,
de manera un tanto grotesca, a una bailarina dedicada a la prostitución.
Otros casos aducidos por R. HA,,NEL(.Der kunstliche Abortus im Alter-
tum., Arch. Gesch. der Med. 29 [1937], 224 Ss.) y retomados tambien por
Edeistein como prueba de que Juramento mantiene en este punto una
actitud radicalmente opuesta a la del resto del CH, no demuestran que
el aborto no terapéutico fuese también practicado por los médicos hipo-
cráticos: en sólo dos de esos casos se trata de expulsión del embrión, que,
por lo demás, o ya estaba muerto o ponía en peligro la vida de la madre
(cl. 1. M. LoNIE, The Hippocratic Treatises .On (3eneration~. .On tite na-
ture of tite Child.. .~Diseases ¡Vs, Berlín, De Gruyíer, 1981, pág. 165 y
n. 301.
Los términos hagn¿5s y hósiós pueden entenderse de varías mane-
ras. Junto con la justicia, la santidad y la pureza son ideales aplicados
aquí al médico, pero que, en general, se pueden aplicar también a cua-
lesquiera acciones humanas. Sí bien Deíchgraber enfatíza la importan-
cia que tiene, en Juramento, el concepto de justicia (incluso el de la anti-
gua díké griega), para Edelstein, cuya interpretación se da siempre a la
1
r
8
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
luz de la doctrina pitagórica, esta exigencia de pureza y santidad responde
al elevado ideal de vida de los adeptos a esa doctrina.
El tratamiento del mal de piedra parece haber sido una práctica
muy antigua en Grecia. Aquí se le da la suficiente importancia como pa-
ra mencionarlo expresamente y ser objeto de juramento. Por ello, algu-
nos autores antiguos vieron en este pasaje una alusión a la castración,
de considerables repercusiones sociales; pero la mayoría ha entendido
que con esta enfermedad se designaba a la cirugía en general, que esta-
ría ya claramente diferenciada de la medicina interna y seria practicada
por un grupo especial de médicos. Esta tesis lue puesta en cuestión por
Andreae y rechazada taxativamente por LITTRÉ(Oeuvres..., IV, págs. 615
y sigs.), para quien esa pretendida separación no resiste una confronta-
ción con los textos del CH, donde los internistas son a la vez cirujanos
(cf. LAIN ENTRALGO, La medicina hipocratica, pág. 345). DEiCH6RÁDER(.Staxí-
desethik., pág. 109> admite también como hecho histórico esa distinción,
pero no aduce pruebas; aunque no menciona opiniones antiguas que vie-
ran, en este pasaje, una referencia a la castración, piensa que Juramento
pretende garantizar la capacidad reproductora del hombre, dejando en
manos de especialistas la delicada operación de vesícula. EDEcsTE¡N(An-
cient Medicine.... pág. 30), por su parte, acepta igualmente la distinción
de ambas especialidades, pero piensa que aquí se rechaza no sólo una
operación concreta, sino la cirugía en general, en consonancia con la tra-
dición pitagórica que también las distinguía y que consideraba la labor
del cirujano como de rango inferior; seria, por otro lado, normal que un
dogma que rechazaba todo tipo de sacrilícios cruentos rechazara tam-
bién el uso del cuchillo para aquel que quería mantener su vida y su of i-
cío en pureza y santidad. Sin embargo, tampoco Edelstein aporta la prueba
positiva de su tesis: que en el s. mv, donde él sitúa a Juramento, existiera
ya un grupo especial de cirujanos (cf. DILLER, Kleine Schn ¡ten,,., pág. 221).
La interpretación de este texto es, pues, oscura y quizás sólo contenga
una llamada a la prudencia, como pensaba Littré. JONES ve en él una de
las posibles adiciones posteriores con que se fue engrosando Juramento
(Hippocrates 1, Loeb Class. Libr., Londres, 1923, págs, 295 y 296. n. 2).
Los votos sobre el comportamiento del médico con sus pacientes
son tan generales que difícilmente se puede ver en ellos algo caracterís-
tico de Juramento. Con todo, EDELSTEIN í’Ancient Medicine..., págs. 34 y
sigs.) los compara con algunas prescripeiones de Sobre el médico, en donde
se descubre un fuerte acento utilitarista, en contraste con el rigor ético
que aquí se expresa y que no distingue entre hombre y mujer ni entre
libre o esclavo.
O El deseo y la búsqueda de la justa fama es tema Irecuentemente
tratado en el CH y, de modo especial, en Sobre la decencia. DEICHORADER
.
j
16
TRATADOS HIPocRÁTICOS
sucede por algo, y en este ~sis péphyken, axiescie d>inas¡hai,
agnoel ógnoáan armózonsan maní& mallon ~ ama¡hzgi.
Los dimiourgoí dominan los objetos por medio de ‘los instrumen-
tos de las artes. (tois¡ te t6n physu5n ¡ots¡ te tón ¡¿ch n¿On organois epa-
kratein). La relación entre del término
para aludir a lo que nosotros, con otra metáfora, llamamos el ~tronco”
humano.
> De nuevo el término es ichtr. Cf. L~m~ ENT RALGO, La »,edwiuía Iii-
pocrauca, pág. 147. Esta palabra comenzó por significar el liquido claro
que corría por las venas de los dio~es, en lugar de la sangre propia de
los mortales. En su decurso diacrónico su sentido se ha degradado, a partir
de la oposición entre ich6r y sangre normal, hasta ese signilicado de
•turbio líquidos, ~humor” o .pus blanquecino’ que aqui tiene. Para más
precisión, véase el art, de M.-P. DIJMINIL, .Le sens d’ich¿Jr dans les textes
hippocratiques~. en Corpus H¿ppocraticum. Actes du Coil. hipp. de Mons,
Mons. 1977, págs. 65-76.
~ Ad~1a significa ~‘no evidentes~., ~imposibles de mostrar”.
SOBRE LA CIENCIA MÉDICA
21
posible. Y es posible en la medida en que las naturalezas
de los enfermos admiten el ser objeto de examen y las de
los que investigan estén dispuestas a tal investigación.
Cierto que se conocen con mucho más esfuerzo y con mu-
cho más tiempo que si pudieran verse con los ojos.
El caso es que las enfermedades que escapan al exa-
men de los ojos quedan sometidas al examen de la
inteligencia.
Por lo demás, de cuanto sufren los enfermos por el he-
cho de no ser observados rápidamente, no son culpables
los que los atienden, sino la naturaleza del paciente y la
de la enfermedad. El médico, ya que no le ha resultado
posible ver lo que causa el daño ni enterarse de oídas, lo
aborda con su razonamiento. Porque, ciertamente, lo que
los paciente~ de enfermedades internas intentan relatar
de sus dolencias a los que les atienden, lo notifican más
sobre la base de sus conjeturas que sobre sus conocimien-
tos. Pues si conocieran sus enfermedades, no habrían caí-
do en ellas. P9rque.es propio de la misma inteligencia
el conocer las causas de las enfermedades y el saber aten-
der a ellas con todos los cuidados que impiden que los
padecimientos se hagan mayores.
Así que cuando no.es posible escuchar un informe fia-
ble de lo que se le cuenta, el médico ha de recurrir a otro
medio de observación. Y de la lentitud consiguiente no es
culpable la ciencia, sino la naturaleza de los cuerpos hu-
manos. La ciencia, pues, considera oportúno intentar la
cura después de informarse, examinando cómo curará no
con audacia, sino con entendimiento, y más bien con sua-
5 Tés auzes synesios. El conocer y el curar son dos aspectos funda-
mentales de la conciencia del médico. Synesis significa eso: .compren-
SiÓn...conciencia. y .,entendimiento~. Para tal conocimiento, el médico
atiende a las informaciones orales de los pacientes, pero sobre todo, más
allá de esas confesiones, a su observación de los síntomas, como indica-
rá Pronóstico
22
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
vidad que por medio de violencia. Y la naturaleza huma-
na, si es capaz de someterse a examen, también es capaz
de ser curada. Pero si en el tiempo en que es examinada
resulta vencida (por el mal) a causa de que el paciente acu-
de tardíamente al médico o bien por la rapidez de la en-
fermedad, se producirá la muerte.
Pues si la enfermedad avanza desde un mismo punto
de salida que la cura, no es más rápida que ésta, pero si
le toma adelanto inicial es más rápida. Y le toma ventaja
a causa de la densidad de nuestros cuerpos, en los que las
enfermedades habitan en terreno no fácil de observar, y
a causa de la negligencia de los propios enfermos. Que sue-
le ocurrir. Pues quieren curarse no al ser atacados, sino
estando ya invadidos por sus dolencias.
12 Desde luego, el poder de la ciencia es más digno de ad-
mirar cuando produce el restablecimiento de alguno de
los enfermos de dolencias internas que si tratara a los
incurables ‘>.
No hay en ninguna de las profesiones descubiertas una
pretensión semejante. Sino que entre éstas aquellas que
realizan su oficio por medio del fuego, cuando éste no es-
tá presente están inactivas, y sólo activas cuando se ha
encendido el luego. Y todas aquellas artes que ejercen su
oficio con materiales que pueden rectificarse: unas, con
maderas, otras, con cueros; otras por pintura (o grabado)
en bronce, hierro, y otros elementos semejantes a éstos,
y así son la mayoría de los oficios, siendo los objetos pro-
ducidos por esas artes y trabajados en esos materiales fá-
ciles de conformar y rectificar, y con todo, no atienden
en su trabajo tanto a la rapidez como a la corrección. Y
sin excederse, siempre que les falta alguno de sus instru-
mentos, cesan. Y aunque también en ellas la lentitud es
‘~ Gomperz supone una laguna en el texto a partir de este punto. Jo-
nes cree que el párrafo siguiente se halla bastante corrupto.
SOBRE LA CIENCIA MÉDICA
23
inconveniente a su interés y provecho, sin embargo se la
prefiere.
La medicina, que está privada, tanto en lo referente a, 13
los abscesos purulentos como en lo del hígado y los riño-
nes, y en lo de todas las afecciones de la cavidad interior,
de ver algo con la mirada, con lo que todos ven todos sus
• objetos del modo más cabal, ha encontrado, sin embargo,
otros medios para actuar. Con que por la claridad o la as-
pereza de la voz, por la precipitación o lentitud de la res-
piración, y por cada una de las secreciones, que suelen eva-
cuarse a través de las salidas que están destinadas a cada
una de ellas, de sus olores, colores, unas veces, y de su
fluidez y espesor otras, la medicina toma sus medidas y
conjetura de qué son síntomas tales indicios y qué partes
son las afc ctadas o las que pueden serlo.
Cuando esto no se revela, y la naturaleza por sí misma
no envía al exterior tales indicios, ha encontrado medios
de obligarla, con los que la naturaleza, forzada sin daño,
los da. Y, en cuanto ella los emite, indica con éstos a los
expertos de la ciencia lo que debe hacerse. Por ejemplo,
se ve obligada por medio de la acidez de alimentos y be-
bidas a expulsaría flema ~. De ese modo, al quedar a la
vista algo, permite conjeturas sobre aquellas partes que.
están en un lugar cuya visión es imposible. En otros ca-
sos se fuerza la respiración, por medio de marchas, ca-
rreras, y subidas en cuesta, a que revele aquello que pue-
de indicar. Produciendo sudores por los tratamientos an-
tedichos, por las emanaciones de líquidos cálidos por la
fiebre se obtienen indicios de lo que tales síntomas indi-
can. Hay también secreciones de la vejiga que son mucho
más suficientes para expresar la enfermedad que las que
se eliminan a través de la piel.
>7 Tó phlegma, .flema, o ~pituita~, es uno de los cuatro humores
básicos en la teoria antigua. No se olvide, por otra parte, que nuestro
autor no es un profesional y que su lenguaje no es, en estos ejemplos,
¡¡¡Uy técnico.
24
TRATADOS HIPOCL(TICOS
Además (la ciencia médica) ha inventado bebidas y ali-
mentos tales, que, al resultar más calientes que los ele-
mentos causantes de la fiebre, los derriten y los hacen fluir
hacia afuera, a ellos que, de no sufrir ese trato, no se di-
solverían. Con que, unas veces por unos medios y otras
por otros, son diversas las secreciones y los síntomas pro-
porcionados, de modo que no es extraño que las descon-
fianzas se hagan duraderas y los intentos de curación más
lentos, cuando los signos que han de interpretarse se pre-
sentan ante el entendimiento del médico a través de di-
versas interpretaciones ‘~.
14 Por lo tanto, que la medicina posee en sí misma efica-
ces razonamientos para sus curas, y que con justicia pue-
de negarse a atender las enfermedades que no tienen cla-
ra solución, y que puede tratar enfermedades sin come-
ter errores, lo demuestran las palabras ahora dichas y las
actuaciones públicas de los entendidos en la ciencia, que
lo evidencian con sus obras, despreocupándose de los dis-
cursos, porque consideran que la gente tiene una confian-
za más natural por los hechos que ven que por lo que pue-
dan oír >~.
>~ Todo este capitulo es muy interesante desde el punto de vista de
la concepeión del método de la medicina, basado en la con jetura <¡ekmaí~ res¡hai) y en la interpretación <¡en ¡he rapeuousan synesin~t A partir de los indicios externos, él diagnostica sobre las causas no Visi- bles de la enfermedad y les busca remedio. >9 .Los ojos son testigos más exactos que los oídos. decia HEutÁcLI-
io(tr. lOla), y una sentencia popular dice: ‘los oídos suelen ser menos
dignos de fe que los ojos., según recoge HERÓDoTo, 1 8.
SOBRE LA. MEDICINA ANTIGUA
Los que han pretendido hablar o escribir de medicina 1
basando su explicación en postulados como . Pero son toda-
¡ Es éste el ataque de un hombre de ciencia que se opone firmemen.
tea la aplicación de métodos filosóficos en medicina. La unión filosolia-
medicina se dio por primera vez entre los pitagóricos; entre los filósofos
jonios, kue Empédocles el máximo exponente de esa unión, como ya se
ha dicho. Pero, así como a línales del s. y la tilosolía seguía sus propios
derroteros, al margen de la medicina, ésta estaba aún hipotecada por aqué-
lía y sulria cada vez más su influjo. El método que el autor ataca ea el
de las hypo¡hese ja. El término hypó¡hes,s no equivale aqui a lo que la cien-
cia moderna entiende por ‘hipótesis., que debe estar respaldada por los
datos y depender siempre de la experimentación. Aqui es una premisa
que debe ser aceptada a pnon y que en ningún momento necesita ser de-
¡Riostrada ni verilicada; equivale, pues, a lo que para nosotros es un pos-
tuladoo axioma El término po’Jna haberse introducido en el campo de
la medicina procedente de cosmólogos y geómetras, y por ello, entre otras
razones G. E. R. LLOYD sugiere que el autor se dirige contra el pitagóri-
CO Fílolao 1 Who is attacked in On Ancien¡ Medicine?., Phrones,s 8(19631
121.126>; pero lo cierto es que no aparece en ningún texto claramente an-
terior a MA (para su uso en Platón y su relación con nuestro tratado, cf.
A. J. FESTu6I~ss Hippocra¡e L’Ancíenne Medecine, Paris, 1948, págs. 25-26,
Y LLOyn, op. ci:., pág. 121, donde se resumen los principales puntos de
26
TRATADOS HIPOcRÁTIcOs
vía más criticables porque se equivocan en un arte que
ya existe 2, un arte del que todos se sirven en momentos
cruciales y por el que sus practicantes y profesionales
expertos son tenidos en gran estima.
vista). En cualquier caso, la doctrina jonia de los elementos no utiliza
este término, que implica un conocimiento relinado de la lógica: los filó-
sofos jonios hablaban de archE, con el doble sentido de .postulado lógi-
co. y de .principio..
2 Se introduce aquí un tema central en el conjunto del tratado: el
de la medicina como arte o saber técnico. Aunque, en un principio, una
¡échn¿ era un arte manual, un olicio artesanal, poco a poco las diferen-
tes ¡écl¡nai lucran adquiriendo gran importancia social y. en el s. y, eran
ya objeto de reí lexión teorica. La ¡echni se distinguía de la ep¿s¡Étn¿, por-
que no era una realidad puramente teórico-deductiva, y de la empeiria,
porque suponía un sistema de reglas y categorías sólidamente estructu-
rado. A lines del s. y y principios del y, existían diversas ¡echnai ya cons-
tituidas, provistas de unas reglas y un método, ricas en observaciones,
que se tradujeron en manuales metódicos sobre distintas materias, co-
mo retórica, dietética, arquitectura, armonía, cocina, pintura, etc. En este
contexto cabe situar este pasaje y la interpretación dada a amphi ¡ech-
n~s eoús¿s. ya que el autor pone el acento en el hecho deque la medicina
tiene unas reglas; es decir, en que está constituida como un arte. Esta
afirmación, que volverá a repetírse a lo largo del escrito, se fundamenta
en el conocimiento médico ya adquirido en tiempos del autor: la ciencia
médica adquiere, por primera vez, conciencia de su propia existencia y
calidez.
Traducimos cheiro¡ec/¡n~s por .practícante.. El término significa,
literalmente, .experto en su ti-abajo con las manos’. Se reliere al artesa-
no y comprende a escultores, como Fidias y Policleta, o a herreros, zapa-
teras y otros obreros manuales. En Platón suele tener una connotación
peyorativa, que indica un cierto desprecio por la actividad manual y téc~
nica Irente a la intelectual (Apología 21b ss.). En el CH, por el contrario,
no hay nada de peyorativo en el uso de la palabra, que equivale a .prac-
tícante de la-medicina’; tal es la importancia que en el CH se conc~de
a la destreza manual en el médico: unas líneas más abajo los médicos
buenos se dilerencian de los malos por su inteligencia (ka¡h gn3rn~n) Y
por su habilidad manual 5rológos tiene un matiz
28
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
conocer cómo son, no hay evidencia de que sean verdade-
ros o falsos ni para el que habla ni para los que escuchan.
Y es que no existé el punto de referencia que tiene que
haber para conocer la verdad ~.
2 La medicina hace tiempo que tiene todo lo que necesi-
ta para ser un arte ~, y ha descubierto un punto de par-
tida y un método con el que se han conseguido a través
a veces despectivo; así, el autor de Sobre los aíres, aguas y lugares 2 se
ve en la obligación de defenderse contra posibles detractores de su doc-
trina: ‘y sí a alguien le parece que esto son cosas del cielo...’. Nuestro
pasaje lleva una gran carga de ironía, definiendo estos temas como
aphanea y aporeámena (cf. la ridículización a que es sometido el Sócra-
¡es aristofánico de las Nubes 188 y 228).
Esta frase resume la crítica que hace el autor a todos aquellos que
desvirtúan la ciencia, usando métodos que le son ajenos. Al mismo tiem-
po, viene a ser un sumario de la razón científica a la que permanecerá
fiel en toda su exposición. Con frecuencia le veremos defender la validez
de los descubrimientos realizados, sin los que no se puede seguir ade-
lante (caps. 2 y 9). o poner ejemplos de la vida ordinaria (capa. 16, 18 y
20). o reterirse a la observación del mundo visible y cercano (cap. 22).
El concepto básico de tal razón científica es el de la ais¡hes,s toú s6n,a-
¡os del cap. 9.
La polémica sobre el valor científico y la eficacia operativa de las
¡echnai se avivo en la segunda mitad del siglo v,cuando la lilosofía elea-
ta, y en especial Melisso (fr. B 7-8. DK) negaron que la experiencia y los
sentidos pudieran ser fuente de conocimiento. Dentro del CH. el tratado
Sobre la ciencia médica polemiza abiertamente contra los que niegan que
la medicina sea una tech ni; en MA no es éste el tema central, pero ocupa
un lugar importante. Ambos escritos parten de un concepto de techni
ya elaborado. Nuestro tratado no desarrolla este concepto y sólo insiste
en dos aspectos (a rch* y hodós) que le sirven en su polémica con los .in-
novadores’; pero, en su época, se consideraban requisitos de una technl
los siguientes: ser útil para algo, tener una tarea especílica. reposar so-
bre un conocimiento capaz de ordenar todos los medios a un objetivo
común y poder ser enseñada (F. HEiNIMANa, ‘Eme vorpíatoniache Theo-
ríe der Techne’, Mus. Helv. 18 [1961]. 105-106). — Todo ello apunta a una
doctrina científica elaborada ya por la sofística, en cuya esfera de influen-
cia está claramente inmerso el autor de MA. Un estudio del debate sobre
la cientificidad de la medicina puede verse en M. VEGETTI. ‘Technaí e fi
lusolia nel Peri ¡echnes pseudoippocratico~. en Atti d. Accad. d. Sc. ¡1.
Tormo 98 (1964). 1-73.
SOBRE LA MEDICINA ANTIGUA
29
de los años muchos y valiosos descubrimientos. Y los de-
más se irán consiguiendo en el futuro, si el que está capa-
citado y conoce lo ya descubierto parte de ahí en su in-
vestigación. Pero el que, rechazando y despreciando todo
eso, intenta investigar con otro método y otros esquemas,
aunque asegure que ha descubierto algo está equivocado
y se engaña a sí mismo, ya que esto es imposible. Intenta-
ré demostrar por qué forzosamente es así, explicando y
demostrando qué es este arte. De ahí resultará evidente
que es imposible lograr descubrimientos de cualquier otra
manera que no sea ésta.
Es fundamental, en mi opinión, que el que habla de este
• . arte diga cosas inteligibles para los profanos ~, ya que no
le compete ni investigar ni hablar de algo distinto a las
dolencias 4:.íe ellos mismos padecen y sufren. Ciertamen-
-~ te que a ellos, por ser profanos, no les resulta fácil com-
prender sus propias enfermedades, cómo se producen y
cesan y por qué causas crecen o disminuyen; pero si es
otro el que lo ha descubierto y se lo explica, les es com-
prensible porque cada uno, al escuchar, no tiene más que
recordar lo que le sucede a si mismo. Y si se falla en ha-
cerse comprender por los profanos, y no se les pone en
tal disposición, se está fuera de la realidad. De ahí que no
haga falta para nada un postulado.
En cuanto a su origen, ni la medicina habría sido des- 3
cubierta ni siquiera hubiera sido objeto de investigación
(pues no habría habido necesidad de ella), si a los enfer-
mos les hubieran convenido en sus dietas y alimentación
Como experto en medicina y en el conocimiento de la naturaleza
humana, el médico hipocrático se siente en el deber de enseñar al prof a-
110. Este, a su vez, por su situación en la poíís tiene obligación de acceder
a la cultura Los autores hipocráticos tienen en cuenta frecuentemente
a los prof anos (cf. Sobre la dieta en las enfermedades agudas 6. 8; Sobre
las Ventosidades 1; etc.). Para la obligación de hacerse entender por ellos,
~- W. JAEGER, Paideia: los ideales de la cultura griega, trad. española, J.
XiaAiJw Rocas, México, 1957, págs. 791 y sigs.
30
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
las mismas cosas que comen y beben los sanos, o las que
éstos tienen en su régimen de vida, y si no hubiera habi-
do otras mejores. De hecho, fue la necesidad ~o la que lle-
vó a los hombres a buscar y descubrir la medicina, pues-
to que la alimentación de los enfermos no requería lo mis-
mo que la de los sanos, como tampoco ahora lo requiere.
Yendo, incluso, más atrás en el tiempo, creo que la die-
ta y la alimentación que usan hoy los hombres sanos no
hubiera sido descubierta, si el hombre hubiera podido be-
ber y comer plantas, frutos, ramas o hierbas como hace
un buey, un caballo o cualquier otro animal. Porque és-
tos no sólo se alimentan de esas cosas y crecen con ellas,
sino que incluso viven sin daño y no necesitan para nada
de otro tipo de alimento.
Sin embargo, yo estoy convencido de que al princi-
pio también el hombre usaba esos alimentos y que sólo
con el paso lento del tiempo se ha llegado a descubrir y
elaborar las dietas actuales. Porque a causa de una dieta
fuerte y propia de animales, al tomar crudas y no equili-
bradas cosas que tenían grandes principios activos “, los
~i La idea de progreso de la humanidad, simbolizada en la figura de
Prometeo. estaba muy enraizada en el siglo y. Aparece frecuentemente
en poetas (Esquilo, Sófocles), filósofos (Demócrito, Protágoras), médicos
y científicos vinculada al desarrollo de fas technai, que proporcionaban
al hombre un control cada vez mayor de la naturaleza. Protágoras (Pí~-
TON. Protdgoras 320-322) y PRÓDICO (B 5, DK), entre los sofistas, veían el
origen del progreso en la ‘necesidad., que había empujado al hombre
a organizar 1 as instituciones sociales y a descubrir las artes. Pero ya an-
tes ANAXAGORAS afirmaba que el hombre salió de su estado puramente
natural por medio de la experiencia, la memoria, cl saber y la ¡echnE(B
21 b, DK). Esta corriente doctrinal suponía una .secularización. del pen-
samiento griego y chocaba 1 rontalmente con la mitología cíclica del eterno
retorno. En esta corriente hay que encuadrar a MA. Su autor hace con
la historia de la medicina algo similar a foque Tucídides. en su Arqueo-
logia, había hecho con fa historia ético-política.
II En esta breve historia dc la dietética, en cuyo descubrimiento 5t
túa el autor el nacimiento de fa medicina, se introducen ya conceptos
básicos para la propia teoría sobre el origen de la enfermedad. Ákrlta
se aplica aquí a los alimentos tomados por el hombre cuando su dieta
SOBRE LA MEDICINA ANTIGUA
31
hombres padecían dolores, sufrimientos terribles y muer-
tes fulminantes, como también hoy padecerían. Sin duda
en aquellos tiempos era natural que sufrieran menos por
la costumbre, pero de todas formas también sufrían enor-
memente. Y la mayoría de ellos, al tener constituciones
demasiado débiles, era natural que murieran, resistien-
do más tiempo los más robustos; igual que ahora, que unos
se liberan fácilmente de los alimentos fuertes, pero otros
no sin muchos dolores y sufrimientos. Por esa razón, creo
yo, es por lo que también ellos buscaron una alimentación
adecuada a su naturaleza y encontraron la-que actualmen-
te utilizamos. Así que a partir del trigo, tras haberlo re-
mojado, aventado, molido, cernido y mezclado,cociéndo-
lo después elaboraron pan ¡2; de la cebada también hicie-
era ‘fuerte y propia de animales.. Más adelante (cap. 14), se precisará
su sentido de alimentos que contienen distintos humores —salado, amar-
go, ácido, etc.— que no están bien equilibrados o temperados. La falta
de lcr¿sis (mezcla) de esos humores será la causa de la enfermedad.
D~nan,is, por su parte, es el concepto más vital para el autor en su com-
prensión de la naturaleza, y sobre él elabora la teoría de la enfermedad
> la salud. La base de todo el pensamiento médico de MA se encuentra
en la afirmación de que ‘hay en cada cosa grandes principios activos.,
completada (cap. 14) con la deque ‘de ellos depende la vida del hombre
sano.. Esta idea general, tomada de la medicina empirica de períodos
más antiguos, se hace extensiva, en MA. a una interpretación fisiológica
más precisa y se aplica a la propia teoría médica. El término dynamis
se traduce, generalmente, por ‘cualidad., ‘propiedad. o ‘poder.; noso-
¡los preferimos traducirlo por ‘principio activo’, que corresponde mejor
a la idea de una entidad simple y real, caracterizada por una actividad
que provoca en el organismo efectos específicos observables (cf. H. W.
MILLER, ‘Dynamís and Physis in On Ancient Medicine., iraus. aud Proc.
i~f ¡he American Phil. Ass., 83 [¡952], ~ss.).
teodicea de las Suplica EuRÍPIDEs (195-218), el des-
mabrímiento del pan figura por prime entre las aportaciones de la
ttvilización. CANTaaaLc~(.Incivilime¡sano dal Prometeo all~Antigo-
‘e Con una nota su Eurípide Supp. 18 e la datazione del De Antí-
la Medicina. Ann. Fac. di Let¡ere3solia di Trieste 3 [¡966-1967],
!42) piensa que Eurípides ha tom idea de nuestro tratado y con-
duye que éste fue publicado h~
32
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
ron torta y, sometiéndola a otras muchas manipulaciones,
la hirvieron y la cocieron; mezclaron y equilibraron así
los elementos fuertes con otros más débiles, adaptándo-
los todos a la naturaleza y capacidad del hombre, guia-
dos por la idea de que si los comían siendo fuertes su or-
ganismo no podría asimilarlos ‘~ y causarían dolores, en-
fermedades y muerte; y que, por el contrario, aquellos
que pudiera asimilar redundarían en nutrición, crecimien-
to y salud.
A este hallazgo y a su búsqueda ‘~, ¿qué nombre se le
podría dar más justo y adecuado que el de medicina? Por-
que, ciertamente, se descubrió con vistas a la salud, para
salvaguarda y nutrición del hombre, en sustitución de
aquella dieta de la que se seguían padecimientos, enfer-
medades y muertes.
4 No deja de ser comprensible que a éste no se le consi-
dere un arte; porque no parece adecuado llamar a alguien
experto en un arte en el que nadie es profano y que todos
conocen ‘X debido a su imprescindible uso. Pero el ha-
llazgo en sí es importante y requirió mucha observación
y conOCimientO técnico. Incluso hoy en día los que se ocu-
~ Literalmente ‘dominar’ ,re las afeccio-
lies 20, Enfermedades de la mujer 41. líO, y Sobre la dieta III 81. que nos
da una muestra del interés de la medicina hipocrática por la dieta pre-
ventiva; es decir, para hombres sanos. Cabe señalar, por lo demás, que
en la Atenas del s. y el almuerzo matinal era todavía un lujo (cf. ARísTÓ-
PANES, Nubes 416).
38
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
muerzo, porque les sienta bien. Hay, incluso, algunos que
siguen una de las dos costumbres por placer o por otra
coyuntura. Y es que para la mayor parte de los hombres
no suele haber diferencia entre seguir una norma u otra,
si están habituados a hacer una sola comida o a añadir
el almuerzo. Pero hay algunos que si se salen de su nor-
ma no se librarían fácilmente de sus consecuencias y pa-
decerían lo indecible con alterar su régimen un solo día,
y si me apuras ni siquiera completo. En el caso de los que
hicieran un almuerzo no habitual, porque en seguida se
sentirán cargados y abotargados física y mentalmente, lle-
nos de somnolencia, amodorrados y sedientos; si por aña-
didura cenan, tendrán flatulencias, retortijones y el vien-
tre suelto. Para muchos, ése es el principio de una enter-
medad seria, aunque la cantidad de alimento fuera la mis-
ma y no mayor que la que tenían costumbre de consumir
en una sola vez. En el caso del que suele tomar además
un almuerzo, y eso le va bien, en cuanto pasa su hora sin
tomarlo siente una gran debilidad, temblor y desvaimien-
to. Tendrá también ojeras, la orina más pálida y caliente
y sabor amargo de boca; le parecerá que se le revuelven
las entrañas y sentirá vértigo, desmayo y desfallecimien-
to. Es más, si intenta cenar, el alimento le resultará desa-
gradable y no podrá tomar lo que normalmente cena los
días que ha hecho su almuerzo habitual: esos mismos
alimentos, al ir bajando con retortijones y ruido, provo-
can ardor de estómago y son causa de insomnio y sueños
agitados. Para muchos, ése es también el comienzo de una
enfermedad.
11 Hay que analizar por qué causa les han sucedido esas
cosas. En el caso del que suele comer una vez al día, creo
que es porque no aguardó el tiempo suficiente para que
su estómago terminara de digerir la última comida, la hu-
biera asimilado y hubiera tenido reposo después de ha-
berse vaciado; en lugar de eso, en plena digestión, ingirió
nuevos alimentos. Los estómagos de estas personas digie-
SOBRE LA MEDICINA ANTIGUA
39
ren muy lentamente y necesitan reposo e intervalos ma-
yores.
En cuanto al que tiene la costumbre de tomar un al-
muerzo, la caúsa está en que su organismo necesitaba ali-
mento tan pronto como consumió el de la anterior comi-
da, sin ningún descanso, y ese alimento no le llegó a tiem-
po. En realidad, lo que le pasa es que se debilita y consu-
me por causa del hambre, a la que yo atribuyo todos los
males que padece, según he dicho. Es más, afirmo que
cualquier hombre sano que permanece dos o tres días sin
comer tendrá los mismos síntomas que he descrito en los
que prescinden del almuerzo.
En mi opinión, estas constituciones que acusan mucho 12
y rápidamente los errores son más débiles que las demás;
el más parecido a un hombre de condición débil es el en-
fermo y éste es más débil aún y con más motivo tiene que
padecer por apartarse de lo que es oportuno.
Siendo tal la precisión requerida por el arte, es difícil
que éste alcance en todos los casos la máxima exactitud.
Y eso que en muchos de sus aspectos 1a medicina llega
a conseguir esa precisión. De ello se hablará. Lo que digo
es que no se puede rechazar la medicina antigua como
inexistente ~ o que no ha investigado correctamente, por
no ser exacta en todas sus modalidades. Más bien creo que,
por lo muy cerca que pudo llegar de la verdad partiendo
de una gran ignorancia, son dignos de admiración sus des-
cubrimientos, alcanzados mediante el razonamiento, por
II
el camino correcto y no por azar
20 Aquí está el colofón a la primera parte del escrito y. por ello, el
Biltor insiste en algunas ideas básicas, ya desarrolladas. como la exis-
Wncia de una technl médica (caps. 1 y 2).
21 En este resumen final queda de maniliesto dónde sitúa el autor
el nacimiento de la medicina: en el momento en que, por medio del logis-
Ntds, se reduce el campo de acción de la tychl y ésta ya no domina sobre
Ienlermedad. La agnoszi, al igual que la lalía de empeiría y de episttml
del cap. í,• implica aquí la presencia de la tychl. En otro tratado del CH
40
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
13 Quiero volver a la teoría de los que investigan el arte
al nuevo estilo, es decir partiendo de un postulado 22~
Si son lo caliente o lo frío, lo seco o lo húmedo los que
dañan al hombre, es preciso que el que cure correctamente
lo haga valiéndose también de lo caliente contra lo frío
y de lo frío contra lo caliente, o de lo seco contra lo hú-
medo y de lo húmedo contra lo seco. Pues bien, pongamos
el ejemplo 23 de un hombre que no sea de constitución
fuerte, sino débil. Supongamos que come trigo tal y co-
mo sale de la era, crudo y sin elaborar, que come carne
sin guisar y que bebe agua. Con semejante dieta estoy se-
guro de que padecerá muchó: tendrá dolores, su organis-
mo se debilitará, el estómago se le estropeará y no podrá
vivir mucho tiempo. ¿Qué tratamiento habrá que poner
al que se encuentra en este estado: lo caliente, lo frío, lo
seco o lo húmedo? Porque es obvio que habrá de ser algo
de esto, ya que si el mal lo causa alguno de los elementos
de esos dos pares, según el razonamiento de aquéllos ha-
brá que curarlo con el elemento contrario 24, De hecho, el
se dirá que ..el médico que conoce así la medicina no se apoya en el azar
y. con fortuna o sin ella, tendrá éxíto~ (Sobre los lugares en el hombre
46). Para la oposición téchn¿-tych~. y. F. HEINIMANN, .Eine vorpíatonis-
che Theorie...., pág. 107. n. II, y pág. 108, n. IB.
22 Comienza ahora la revisión de la medicina que se basa en postu-
lados lilosóficos y su confrontación con la propia teoría del autor. A la
doctrina de los cuatro elementos se contrapone la de los humores, y ésta
se desarrolla a medida que se refuta aquélla. Sobre el tema de la innova-
ción del método de los postulados, véase lo dicho en n. 1.
23 El autor, fiel a su idea de que el médico debe decir cosas fami-
liares a los profanos (cf. cap. 2) va a aducir numerosos ejemplos para ha-
cer comprensible su doctrina. En esta segunda parte del escrito se haFá
uso de pruebas, testimonios y comparaciones que el público pueda com-
prender. Con el ejemplo propuesto, el autor inicia la refutación de la teoría
de los cuatro elementos, ciñéndose, naturalmente, al terreno de la dieta.
24 Se trata aquí del método de la alopatia. o tratamiento por los con-
trarios, que ocupa en el CH un lugar importante entre los diversos mo-
dos de curar. Aforismos II 22 formula clara y rotundamente el principio
de que, en general, los contrarios son curados por los contrarios. Tam-
bién se encuentra de distintas formas en Aforismos II 25 y 34. Sobre las
SOBRE LA MEDICINA ANTIGUA
41
remedio más seguro y claro es suprimir al enfermo la dieta
que seguía, dándole pan en vez de trigo, carne guisada en
lugar de cruda y vino como bebida. Con este cambio es
imposible que no se ponga sano, a no ser que esté ya con-
sumido por el mucho tiempo que siguió la otra dieta.
¿Qué decir? ¿Era que su mal lo causaba lo frío y se
curó al administrarle las cosas calientes, o afirmaremos
lo contrario? Creo yo que el que así fuera interrogado se
vería en un gran aprieto, porque quien hizo el pan ¿qué
fue lo que quitó al trigo: lo caliente, lo frío, lo seco o lo
húmedo?; y porque lo que se ha entregado al fuego y al
agua, y además en su elaboración han intervenido otras
muchas cosas que tienen su virtualidad y naturaleza pro-
pias, ha perdido algunos de sus componentes, pero se ha
combinado y mezclado con otros.
Sé, por supuesto, que no es lo mismo para el organis- 14
mo humano el pan de harina fina que el de harina sin cer-
nir, hecho con trigo solo o también con salvado, mezcla-
do con mucha o con poca agua, bien amasado o sin ama-
alecciones 6 y Epidemias VI 6, 2. Esta doctrina supone que hay una adap-
tación del organismo al medio ambiente y, más en concreto, una reac-
ción del cuerpo a los estímulos externos. Esa reacción tiene lugar por-
que las cosas que son contrarias se atraen, se suscitan. se engendran y
se sustituyen unas a otras. La teoria de los contrarios se basa en deter-
minadas experiencias médicas (p. ej.. la fiebre), pero es también reflejo
de la filosofía, que veía en el movimiento la esencia de todas las cosas,
como es el caso de los físicos jonios y. en especial, de Anaxímenes. Ana-
ximandro y Tales. A la escuela de Mileto le servía para explicar la salida
y puesta de los astros, la evaporación del agua del mar, la lluvia, el desa-
rrollo del embrión, la sucesión de las generaciones. las transformacio-
nes de las especies, etc. — Opuesta a la teoría de los contrarios estaba
la de los semejantes o afines, que se encuentra también en algunos luga-
res del CH (Semanas 46, Sobre la naturaleza del hombre 8). Según ella,
los efecto del organismo y del medio exterior se acumulan y van en el
mismo sentido: el calor aumenta el calor, el frío aumenta el trío y, en
general, las cosas que son semejantes se provocan y refuerzan unas a otras.
Esta teoría está en la base de la cosmología pitagórica y es recogida por
Empédocíes y Alcmeón.
42
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
sar, muy cocido o casi crudo, y otras muchas cosas más.
Y lo mismo pasa con la torta de cebada. Hay en cada cosa
gíandes principios activos muy distintos entre sí. El que
no se da cuenta de esto o no lo hace objeto de conocimien-
to al observarlo 25 ¿cómo podrá siquiera conocer algo de
los padecimientos en el hombre? Pues éste se resiente y
sufre alteraciones, en un sentido u otro, por la influencia
de cada uno de esos principios, y de ellos depende la vida
del hombre sano, la del que se recupera de una enferme-
dad y la del enfermo. De ahí que conocer estas cosas, y
no otras, sea sin duda lo más imprescindible y útil, sabien-
do además que fue, al investigar correctamente y con ra-
zonamiento aplicado a la naturaleza humana, como las
descubrieron los pioneros de un arte que consideraron dig-
no de ser atribuido a un dios, como comúnmente se
piensa 2~ Pues no creyeron que lo que dañaba al hombre
fuera lo seco o lo húmedo, lo caliente o lo frío, ni que ne-
cesitase nada de esto. Pensaron, por el contrario, que lo
que le perjudicaba era la fuerza de cada cosa y lo que ha-
bía en ella de excesivo para la naturaleza humana, que no
25 Nuevamente, la unión de experiencia y ciencia es resaltada por
cl autor, para quien ya está dado el paso entre una medicina puramente
empírica, que se limíta sólo a observar, y otra ya constituida como tech nl.
26 Durante mucho tiempo la medicina estuvo en Grecia vinculada a
los templos de Asclepio, y todavía en el s. y se designaba con el nombre
de Asclepíadas a los médicos. Este hecho llevó a algunos críticos a pen-
sar que las corporaciones médicas procedían de la casta sacerdotal de
cste héroe mitológico; pero los estudios de Edelstein han mostra’do lo
infundado de esta tesis. En cualquier caso, la primitiva medicina griega
hundía sus raíces en la mitología y veía en Asclepio al héroe sanador de
muchas y variadas enfermedades —como le llama Píndaro— y del que
Quirón había aprendido el uso correcto de los pharmaka (Piticas III 5-7,
45-46; IV 271; Nemeas III 55). Para PLATÓN (República 407c ss4 Asclepio
sigue siendo el inventor del arte de la medicina. Sin embargo, la medicí.
na racional o .laica~ no nació de la medicina religiosa. sínode las obser-
saciones y rellexiones de los lilósolos, corno ya se ha dicho en la intio-
ducción. La medicina hipocrática, sobre todo, siguió un canino contra-
puesto al de la antigua medicina religiosa.
SOBRE LA MEDICINA ANTIGUA
43
lo podía asimilar; y eso fue lo que trataron de suprimir.
De lo dulce lo más fuerte es lo más dulce; de lo amargo,
lo más amargo; de lo ácido, lo más ácido, y, en fin, de ca-
da componente, su grado máximo ~‘.
Y es que veían también que esos mismos elementos for-
maban parte del hombre y le perjudicaban. Y así es: en
el organismo se encuentran lo salado, lo amargo, lo dul-
ce, lo ácido, lo astringente, lo insípido y otros muchos ele-
mentos más, dotados de principios activos distintos en
cantidad y fuerza. Mezclados y combinados unos con
otros, pasan inadvertidos y no perjudican al hombre; pe-
ro en el momento en que alguno se disgrega e individuali-
za, entonces se deja sentir y causa sufrimiento al hom-
bre 26~
En el caso de los alimentos que son inapropiados y nos
sientan mal al comerlos, cada uno de ellos es amargo, sa-
lado, ácido o con algún otro humor intemperado y fuerte,
que provoca el trastorno, junto con los factores que se dis-
gregan en nuestro organismo. Por el contrario, es claro
que los alimentos que solemos comer y beber contienen
27 El lenguaje de este pasaje es muy ambiguo. Habría que entender
que lo dulce, cuando está niás concentrado y sin mezcla de otro compo-
nente, predomina y es lo mas fuerte. A nivel teórico, cada componente
podría quizás existir en su estado de mayor concentración y en él seria
mas poderoso (MILLER, .Dynamis and Physis..... pág. 184).
~ Esta es la expresión de la doctrina lisiológíca de MA sobre las
causas de la enlermedad. Sus antecedentes se encuentran en Alcmeón.
que fue a la vez lilósofo y médico. Dentro de la corriente filosófica de
los elementos, Alcníeón no limitaba éstos a los cuatro que generalmente
se aceptaban; para él. su número era indelinido. La salud consistía en
una ísonomía (equilibrio) de los elementos, mientras que la mona rchía
tpredominio) de uno de ellos era la cau ,a de la enlermedad (Fr. B 24, DK).
Esta doctrina ejerdó un gí-an inílujo cmi la escuela de Cos y en la teoría
médica en general. — Lo salado, lo amargo, lo dulce. etc., no son, en MA.
mas que ejemplos de humores, cuyo número queda, así, indelinido. En
la krés,s (mezcla) de estos humores estriba la salud, y en la apókrisis (día.
gregación) de alguno de ellos, la enterníedad. El lenguaje y la terminolo-
gía dc este pasaje son eco de Anaxágóras.
44
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
en poquisima medida ese humor intemperado y dominan-
te; me refiero al pan, la torta y sus derivados, alimentos
habituales para el hombre y que, al margen de los elabo-
rados para el placer y el hartazgo, son los que éste consu-
me cotidianamente. En general, tales alimentos ni provo-
can trastornos al hombre ni disgregación de los principios
activos de su organismo, sino vigor, crecimiento y nutri-
ción. Y la razón no es otra que el hecho de estar bien com-
binados, sin ningún elemento intemperado y fuerte, sino
formando todo el conjunto una unidad simple 29
15 Lo que no entiendo es de qué manera, con sus supues-
tos, curan a los hombres los que mantienen aquella teo-
ría, desviando el arte de este método hacia elde los pos-
tulados. Porque no creo que ellos hayan descubierto algo
que por sí mismo 30 sea .
Otro ejemplo: los flujos de humores que van a la gar-
ganta, que producen tos y anginas, ¿risipelas y perineu-
monías, salen al principio salados, líquidos y ácidos, sien-
do éste el momento en que las enfermedades alcanzan su
máxima virulencia; cuando, por el contrario, se hacen más
espesos y están más cocidos y sin ninguna acidez, es el
momento en que cesan las fiebres y los otros males.
Sin lugar a dudas hay que interpretar que, en todos
estos casos, el origen del mal está en los factores cuya pre-
sencia da lugar necesariamente a esa situación concreta
y cuyo cambio en otra combinación le pone fin. En conse-
cuencia, los males producidos por lo caliente o lo frío ais-
ladamente, sin estar combinados con ninguna otra cuali-
dad, cesarían con el solo cambio de calor a frío y vicever-
sa, lo que sucede de la manera que ya he dicho antes ~.
33 En los caps. 18 y 19 de nuestro tratado tenemos la explicación
más completa de cómo la medicina antigua concebía el fenómeno de la
‘cocción». En este pasaje el concepto está claramente definido como la
acción de combinar de tal modo los humores que dé como resultado la
perfecta kresís de todos ellos. El autor presenta tres tipos de enferme-
dad —el catarro normal, la oftalmía y la perineumonía— y demuestra que
la mejoría está en relación directa con el hecho deque la secreción o mu-
cosidad se ha hecho menos acre y más espesa como resultado de la
pepsis. En realidad, la ‘cocción’ equivale a nuestra digestión, pero en
un sentido más amplio: una buena digestión conduce a un comportamiento
de los humores que es garantía de salud. Precisamente por ello, el autor
dedica tanta atención a los problemas de alimentación y dietética.
~ Queda, así, rechazada la aplicación de la doctrina de los cuatro
SOBRE LA MEDICINA ANTIGUA
49
En los demás casos, todo el ma! que padece el hombre
se debe a las cualidades. Así, por ejemplo, cuando en el
cuerpo se ha expandido un elemento amargo, concreta-
mente el que llamamos bilis amarilla, ¡qué náuseas, ar-
dores y desgana se apoderan de nosotros! Al liberarnos
de él, a veces incluso limpiándose el propio organismo de
modo espontáneo o con ayuda de una purga, si esto suce-
de en el momento oportuno, claramente desaparecen los
dolores y la fiebre; sin embargo, ningún remedio los hace
cesar, mientras esos elementos estén sueltos, sin cocer ni
atemperar. Igualmente, ¡qué irritaciones y espasmos en
las entrañas y el pecho, y qué angustia sienten aquellos
•en los que hacen presa acideces fuertes y agudas! Y nada
de ello cesa hasta que éstas no se han purgado, atempera-
do y mezclado con el resto de los humores. Ahora bien,
para cocer y mutarse, para volverse más fluido o espeso
hasta formar un determinado humor, pasando por otros
de todo tipo (y de ahí la importancia .en estos casos de los
períodos de tiempo y de las crisis 35), quienes realmente
menos aptitud tienen son lo caliente y lo frío, ya que, en
cualquier caso, no podrían fermentar ni espesar. Pues ¿có-
mo podríamos decir que ellos modifican su cualidad se-
gún los elementos con los que se combinan, si el calor só-
lo en combinación con el frío pierde su cualidad de calien-
elementos a la medicina. Con ello, el autor rechaza, igualmente, la apli-
cación inmediata y mecánica de procesos 1 isicos al campo biológico.
~ Krís¡s es la ‘determinación de la enfermedad» de modo similar
al de un veredicto judicial. El momento de la ‘cocción» era decisivo para
el resultado de la enlermedad, ya luera éste la recuperación, la agrava-
ción o la muerte. La crisis se producia en lo que se llamaron ‘días críti-
cos», según la creencia común de que la enlermedad tendia a llegar a su
crisis en un día fijo a partir de su comienzo. Aunque Galeno atribuyó es-
la doctrina a Hipócrates, se piensa que hay en ella una pervivencia del
Pítagorism0 para el que los números tenían poderes místicos (Jorn~s, Híp-
Pocra,es, vol. 1, Londres, 1923, págs. LIV-LV). Seguir la enlermedad a través
de sus distintas etapas era fundamental para el médico hipocrático.
50
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
te, y el frío sólo con el calor? ~. Sin embargo, los demás
elementos que se dan en el hombre son más favorables
y mejores cuanto más numerosos son los factores de que
se componen. El estado más saludable del hombre es aquel
en que todos los elementos están cocidos y en equilibrio,
sin que ninguno deje que se destaque su principio activo
particular. Creo que esto ha quedado ya probado.
20 Dicen algunos médicos y sabios ‘~ que no sería posible
saber medicina sin saber qué es el hombre; que, por el con-
trario, eso es algo que debe aprender el que quiera curar-
lo correctamente. Tiende su lenguaje hacia la filosofía 3,
como es el caso de Empédocles y otros quJen sus trata-
dos Sobre la naturaleza ~‘ han descrito desde el origen
36 Pasaje de texto incierto y de dilícil interpretación. Probablemente
tenga razón JONES(ibid.. págs. 50-1) al considerarlo como una interpolación.
~ El término sophísia¡ no tiene todavia el sentido peyorativo de
»profesor de sabiduría’ o »solista» que le darla Platón. Se refiere, sim-
plemente, al lilósoto. aunque no deje de percibirse una cierta ironía en
todo cste pasaje.
~ En estas primeras lineas ha vuelto a aparecer el tono polémico
con el que el auto,- suele introducir sus temas. Comienza aquí la tercera
parte del escrito en la que se cxpone el método correcto de la investiga-
ción médica. El autor entra en materia con un tenis polémico que le da.
rá pie. enírentándose a doctrinas conocidas, para resaltar la propia co-
mo única válida. — La palabra phulosop/iii aparece ya con su sentido pre-
ciso de »lilosolía» y no el más general de »sabiduría» o ‘alán de saber’.
Por el contexto puede apreciarse que el autor se refiere a la lilusofia na-
tural de los jonios. No hay datos para precisar si el término técnico se
debe a Sócrates, a la sofística o si nace, precisamente. en escritos médi-
cus como el nuestro (FESTUGIÉRE. Háppocrale..., pág. 57).
~» Los críticos no están de acuerdo en si hay aquí un ataque direc-
to contra Empédocles y su doctrina, o si la mención del filósofo jonio es
simplemente ilustrativa. Creemos con JAEGER (Paídeía.., pág. 800, n. 40>
que la alusión solo sirve para ilustrar el significado de la palabra philo-
soph¡l. FESTtJGIÉRE toma esa alusión como la principal evidencia para fe-
char nuestro tratado entre 440 y 420 a. C. ,
por ser en esa época cuando la lilosofia de Empédocles fue particular-
mente influyente. — Entre los autores que escribieron algún tratado So-
bre la naturaleza destacan Zenón, Anaxáguras. Arquelao, Diógenes de APo
lonia, Pródico y Gorgías.
SOBRE LA MEDICINA ANTIGUA
51
qué es el hombre, cómo llegó a existir y de qué fue forma-
do. Pienso, por mi parte, que todo aquello que los sabios
y médicos han dicho y escrito sobre la naturaleza se ajus-
ta menos al arte de la medicina que al de la literatura ~
y creo, además, que sólo a partir de la medicina es posí- -
ble conocer algo cierto sobre la naturaleza ~‘. Aprender- -
lo será posible cuando se haya abarcado aquélla correc-
tamente y en su totalidad 42; y para esto me parece que
aún falta mucho. Me refiero a esa investigación que con-
siste en conocer con exactitud qué es el hombre, por qué
causas llega a existir y todo lo demás. Porque a mí al me-
~> Graphik~ que nosotros traducimos por literatura, es, en el s. y
a. C., tanto el arte de la escritura como el de la pintura. Cualquiera de
las dos ínterpretaciona del término es válida, lo mismo si se quiere ver
aquí una alusión a Empédocles —que comparaba la formación de todos
los seres a partir de los cuatro elementos con el trabajo de un pintor que,
con unos pocos colores, representa todos los seres que quiere (B-23. DK)—,
como si se preliere ver una relerencia al atomismo de Leucipo y Demó-
crito, que comparaban las diversas combinaciones de átomos para for-
mar los seres con las de las letras que componen la palabra (A 6, DK).
La idea del autor es que las elucubraciones de los tratados sobre la natu-
raleza son tan inútiles en medicina como puedan serlo en el arte graphí-
ke. Es notable su habilidad, al relerirse, precisamente, a un arte ya cons-
tituido y admitido desde antiguo y que no había necesitado de la filoso-
fía para desarrollarse Con ello refuerza su tesis de que tampoco la me-
dicina lo necesita.
~ Afirmación revolucionaria, extraña a un mundo donde las doctrí-
‘mas médicas eran adaptaciones de teorías lilosólicas. El autor de MA no
en su empeño de desligar la medicina de la fílosolia. Hay que notar
1 Insistencia en distinguir entre ‘escribir sobre la naturaleza» y ‘cono-
cer algo cierto» sobre ella. Véase el final del capítulo primero donde el
contraste se da entre decir algo ‘sobre las cosas oscuras e invisibles»
‘conocer la verdad» , salado, astringente o ácido? Yo opino que en el ácido.
bien, si el humor que menos conviene administrar
~s el dulce, el más inadecuado entre los restantes debe ser
tI ácido ~.
Si uno pudiera de este modo investigar con éxito el
undo externo, podría elegir siempre lo mejor. Y lo me-
ir es siempre lo que se aparta más de lo inadecuado.
analizar, por atenerse a los datos de la experiencia, que no permite
neralizaciones simplificadoras. Por otra, la obligación de hacer objeto
conocimiento todo aquello que se observa, acudiendo a las causas.
almente, la idea de que el médico que ha comprendido todo eso ac-
U correctamente.
~ El texto es oscuro y ha sido objeto de diversas conjeturas e iii-
>retaciones. Festugiére y Vegetti, siguiendo el texto de Heiberg, inter-
fan que el humor ácido es el último que se deberla administrar, en el
lo de que el más conveniente fuera el dulce. Aquí respetamos el texto
Iones y estamos de acuerdo con su interpretación, porque nos parece
far más de acuerdo con el método de investigación del autor de MA.
~án la máxima que sirve de colofón al escrito, »lo mejor es siempre lo
SC aparta más de lo inadecuado»; ahora bien, en el ejemplo dado se
l~na al humor ácido como el más próximo al dulce, no como el más
do de él. Nuestro autor no está dando soluciones, que sólo valdrían
~uao6 concretos, sino proponiendo un método a seguir. el que esté de
maerdo y quiera continuar en esa línea, deberá ir buscando de humor
• humor hasta encontrar el que más se aleje del que es inconveniente o
~ecuado.
SOBRE LA ENFERMEDAD SAGRADA
Acerca de la enfermedad que llaman sagrada sucede 1
lo siguiente. En nada me parece que sea algo más divino
ni más sagrado que las otras, sino que tiene su naturale-
za propia, como las demás enfermedades, y de ahí se ori-
gina. Pero su fundamento y causa natural lo considera-
ron los hombres como una cosa divina por su inexperien-
cia y su asombro, ya que en nada se asemeja a las demás.
Pero si por su incapacidad de comprenderla le conservan
ese carácter divino, por la banalidad del método de cura-
ción con el que la tratan vienen a negarlo. Porque la tra-
tan por medio de purificaciones y conjuros.
Y si va a ser estimada sagrada por lo asombrosa, mu-
chas serán las enfermedades sagradas por ese motivo, que
yo indicaré otras que no resultan menos asombrosas ni
monstruosas, a las que nadie considera sagradas. Por
ejemplo las fiebres cotidianas, tercianas y cuartanas no
me parecen ser menos sagradas ni provenir menos de una
divinidad que esta enfermedad. Y a éstas no les tienen ad-
Ifliración. Y, por otro lado, veo a personas que enloque-
cen y deliran sin ningún motivo evidente y que realizan
muchos actos sin s~ntído; y sé de muchos que sollozan y
gritan en sueños, de otros que hasta se ahogan, y otros
que se levantan deprisa y se escapan fuera de sus casas
y desvarían hasta que despiertan, y que luego están Sa-
DOs y cuerdos como antes, quedando pálidos y débiles, y
tSo no sólo una vez, sino muchas. Hay otros muchos ca-
60
TRATADOS HIPOcRATICOs
sos y muy varios, que hablar de cada uno haría prolija la
charla.
2 Me’ parece que los primeros en sacralizar esta dolen-
cia fueron gente como son ahora los magos, purificado-
res, charlatanes y embaucadores 2, que se dan aires de
ser muy piadosos y de saber de más. Éstos, en efecto, to-
maron lo divino como abrigo y escudo de su incapacidad
al no tener remedio de que servirse, y para que no queda-
ra en evidencia que no sabían nada estimaron sagrada es-
ta afección- Y añadieron explicaciones a su conveniencia,
y asentaron el tratamiento curativo en el terreno seguro
para ellos mismos, aduciendo purificaciones y conjuros,
prescribiendo apartarse de los baños y de un buen núme-
ro de comestibles que serían comida inconveniente para
los enfermos. De entre los pescados de mar (prohibieron)
el salmonete, la raya, el mújol y la anguila —éstos son,
por lo visto, los más mortíferos 3~ entre las carnes, las
He preferido adoptar la numeración en capítulos de Iones, que se
diferencia de la de Littré (seguido este autor también por Wilamow¡tz,
y Grensemann) por subdividir en cuatro el primer capitulo de éste. En
la numeración de Littré este primer parágrafo, muy amplio, encierra el
ataque del autor contra los magos y purificadores, como un prólogo de
polémica general, con una clara unidad de composición, subrayada por
la frase que clausura el periodo final. Pero ese capitulo tan extenso re-
sulta demasiado largo en comparación con los demás; la división de Io-
nes es, en este aspecto, más regular y permite una precisión mayor en
las citas. (Conviene que el lector recuerde esta doble numeración de los
capítulos, ya que es frecuente que las referencias se hagan en una o cii
otra.)
2 Sobre los milgo¡, karharta¡, ag9rta¡ y aldzones, pueden leerse las
págs. 40 y sigs. de G. LANATA, Medicina magíca e religione popolare mn GiS-
cia lino al!’ eut d’ Ippocrale, Roma, 1967. Los kathartal trataban de ClI~
minar o purificar la enfermedad, considerada como una mestibles, y se esfuma el influjo de lo divino.
~ En todos estos tabúes hay, como se ve, una amalgama de creen-
la supersticío~as, mezcladas ocasionalmente con algún consejo dieté-
~. L. GIL, Therape,a La medicina popular en el mundo cldsico, Madrid,
9, págs. 340-48, recuerda algunos otros .,remedios de la epilepsia, en
medicina popular antigua.
Por ‘libios. se entienden los habitantes de los desiertos del N. de
Tica; no se trata de aludir a un pueblo en concreto.
‘ Al emplear los términos de theds o tó the fon el escritor se refiere
lo divino en conjunto, sin individualizarlo en un dios.
62
TRATADOS HIPOCRATICOS
3 Así que, a mí al menos, me parece que quienes inten-
tan por este procedimiento curar esas enfermedades no
las consideran sagradas ni divinas. Pues, cuando por me-
dio de tales ritos purificatorios y semejante tratamiento
se obtiene un alejamiento del mal, ¿qué impide que, por
otros artilugios semejantes a ésos, les sobrevenga y se
atraiga sobre las gentes? De modo que ya no es culpable
lo divino, sino algo humano. Porque quien es capaz de
apartar tal dolencia actuando como purificador y como
mago, ése también podrá atraerla con sus maquinaciones,
y en este manejo se desvanece lo divino.
Con sus palabrerías y maquinaciones fingen saber al-
go superior y embaucan a la gente recomendándoles pu-
rificaciones y expiaciones, y el bulto de su charla es invo-
cación de lo divino y lo demoniaco. Aunque a mí me pare-
ce que no construyen sus discursos en torno a la piedad,
como creen ellos, sino, más bien, en torno a la impiedad
y a la creencia de que no existen los dioses, y que su sen-
tido de lo piadoso y lo divino es impío y blasfemo, como
yo voy a demostrar.
4 Pues si pretenden tener conocimientos para hacer ba-
jar la luna y ocultar el sol, y para producir la tormenta
y la calma, lluvias y sequías, y dejar el mar insoportable
y la tierra estéril, y toda una serie de trucos por el estilo,
y aseguran que, bien sea por medio de ritos o por algún
otro ingenio o práctica, es posible lograrlo, a mí me pare-
ce que los que se dedican a esto cometen impiedad y pien-
san que no existen los dioses ni tienen ningún poder, ni
siquiera para impedirles nada de sus actos extremos, por-
que no tienen temor de los dioses. Ya que, si un hombre
actuando como mago o por medio de sacrificios hiciera
desaparecer la luna y OCultar el sol, y produjera tempes-
tad y calma, yo ya no creería que ninguna de éstas era una
cosa divina, sino humana, si es que el ámbito de lo divino
estaba dominado y esclavizado al poder de un hombre-
SOBRE LA ENFERMEDAD SAGRADA
63
Pero tal vez no sucede esto así, sino que hombres que
carecen de un medio de vida se las ingenian y se inventan
muchos y varios trucos en cualquier asunto, y en esta en-
fermedad achacándole la culpa a un dios en cada mani-
festación de la dolencia. Porque no inculpan a uno solo,
sino a varios. Con que si uno imita a una cabra, o si ruge
y si sufre convulsiones por el lado derecho, dicen que la
responsable es la Madre. de los Dioses. Si grita de modo
más fuerte y más agudo, lo asimilan a un caballo y afir-
man que el responsable es Poseidón ~. Si se le escapa al-
gún excremento, lo que sucede muchas veces a los que es-
tán dominados por la enfermedad, se le aplica el sobre-
nombre de la diosa Enodia’; pero si es más repetido y
menudo, como los pájaros, el de Apolo Nomio. Si echa es-
puma por la boca y da coces, Ares tiene la culpa. Los que
tienen terrores nocturnos, espantos y delirios, y dan sal-
tos de la cama y se escapan fuera de sus casas, dicen que
sufren ataques de Hécate y asaltos de los héroes’. Recu-
Las manifestaciones de los ataques sugieren, según los curande-
ros, qué dios es el responsable: la Madre de los Dioses, señora de bestias
selváticas, como las cabras y los leones (recuérdese su representación so-
bre un carro tirado por éstos, como el de Cibele), o Poseidón, señor del
caballo, o Apolo, especialmente vinculado a los pájaros, o el furioso
Ares que infunde la rabia y la ferocidad en el combate, tienen, sí, su par-
cela de influencia definida por los variados síntomas en que se manifies-
la la epilepsia.
Enodia, <, es calificativo de Hécate, diosa noc- Ilvaga y terrorífica, y de la agreste Anemia, o de Perséfone, la diosa in- fanal. (En Eui, lón 1049, la invoca el coro para que patrocine un enve- nenamiento: <) Hécate era la diosa de los fantasmas y terrores nocturnos, asocia- da a práctic~ má~cas y, hechizos (cf. Eui, Mcd. 396, etc.). Los héroes eran, en la creencia popular, figuras de los muertos que podian reapare- cer, maliguos y peligrosos, en momentos especiales, para < es la traducción latina de la ko. Y
eso lo hacen por verguenza de su enfermedad y no por te-
rror, como muchos piensan, de lo divino. Los niños peque-
ños al principio caen donde sea a causa de su inexperien-
cia. Pero cuando ya han sido atacados varias veces, una
vez que lo presienten, se refugian junto a su madre o jun-
to a algún otro al que conozcan muy bien, por temor y mie-
do a su dolencia. Pues todavía desconocen el sentimiento
de la verguenza.
16 En los cambios de los vientos sobrevienen los ataques
por lo que voy a decir, y especialmente al soplar los del
Sur, y luego en los sopíos del Norte, y después con los de-
más vientos. Porque esos dos son mucho más fuertes que
los otros vientos y de lo más opuesto uno a otro por su
constitución y su actividad ‘.
El viento del Norte condensa el aire y aparta lo nebli-
noso y húmedo y deja la atmósfera límpida y diáfana. Del
mismo modo actúa sobre los demás factores que se origi-
nan del mar y de las otras aguas. Pues de todo despeja lo
húmedo y turbio, incluso de los mismos seres humanos,
y por ello es el más saludable de los vientos.
El viento del Sur hace todo lo contrario. En primer lu-
gar, comienza por humedecer y dispersar el aire conden-
sado, de modo que no sopla fuerte al pronto, sino que en
un comienzo provoca la calma, porque no puede imponer-
se de repente sobre el aire, que antes estaba compacto y
condensado, pero con el tiempo lo disuelve. De igual mo-
do actúa sobre la tierra, y sobre el mar, los ríos, fuentes,
pozos, y sobre las plantas y en aquello en lo que hay algo
húmedo. Y lo hay en cualquier ser, en uno más, yen otro
menos. Todas estas cosas perciben la presencia de este
IC Es interesante constatar los paralelos entre lo que se dice de las
influencias de los vientos, y el calor y la humedad, con lo que se advierte
en Sobre los aires, aguas y lugares.
SOBRE LA ENFERMEDAD SAGRADA
75
viento, y se vuelven turbias en vez de claras, y de frías se
hacen cálidas, y de secas se tornan húmedas, Las vasijas
de barro que hay en las casas o que están enterradas, lle-
nas de vino o de algún otro liquido, todas ellas perciben
la presencia de este viento y alteran su aspecto en otra
forma. Y presenta al sol, a la luna, y a los demás astros
mucho más borrosos de lo que son naturalmente.
Puesto que incluso de tal manera domina a cosas que
son tan grandes y fuertes, es natural que domine en gran
modo a la naturaleza humana y que el cuerpo lo perciba
y que cambie. Por eso, con las alteraciones de estos vien-
tos, forzoso es que bajo los sopíos del Sur se relaje y hu-
medezca el cerebro, y las venas se harán más flojas; mien-
tras que bajo los sopíos del viento norte se condensa lo
más sano del cerebro, y se segrega lo más enfermizo y más
húmedo, y lo baña por fuera; y de tal modo sobrevienen
los flujos en estas mutaciones de los vientos. Así se origi-
na la enfermedad, y se desarrolla a partir de lo que se agre-
ga y se desagrega. y en nada es más imposible de curar
ni de conocer que las demás, ni es más divina que las otras.
Conviene que la gente sepa que nuestros placeres, go- 17
zos, risas y juegos no proceden de Otro lugar sino de ahí
(del cerebro), y lo mismo las penas y amarguras, sinsabo-
res y llantos. Y por él precisamente, razonamos e intui-
mos, y vemos y oímos y distinguimos lo feo, lo bello, lo
bueno, lo malo, lo agradable y lo desagradal~le, distin-
guiendo unas cosas de acuerdo con la norma acostumbra-
da, y percibiendo otras cosas de acuerdo con la convenien-
cia; y por eso al distinguir los placeres y los desagrados
según los momentos oportunos no nos gustan (siempre)
las mismas cosas.
También por su causa enloquecemos y deliramos, y se
nos presentan espantos y terrores, unos de noche y otros
por el día, e insomnios e inoporturnos desvaríos, preocu-
paciones inmotivadas y estados de ignorancia de las cir-
76
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
cunstancias reales y extrañezas ~9. Y todas estas cosas las
padecemos a partir del cerebro, cuando éste no está sa-
no, sino que se pone más caliente de lo natural o bien más
frío, más húmedo, o más seco, o sufre alguna otra afec-
ción contraria a su naturaleza a la que no estaba acos-
tumbrado.
Así, por ejemplo, enloquecemos a causa de su hume-
dad. Pues cuando está más húmedo de lo natural, forzo-
samente se mueve, y al moverse, no permanecen estables
ni la visión ni el oído, sino que unas veces vemos y oímos
unas cosas, y otras veces otras, y la lengua expresa las co-
sas como las ve y oye en cada ocasión. Pero durante todo
el tiempo en que el cerebro está firme, todo ese tiempo
razona el individuo.
18 La corrupción del cerebro se produce a causa de la fle-
ma y de la bilis. Reconocerás una y otra causa por los si-
guientes rasgos: los que enloquecen a causa de la flema
están tranquilos, y no son gritones ni alborotadores, los
(que desvarían) a causa d~ la bilis van gritando y son peli-
grosos e inquietos, y siempre están haciendo algo absur-
do. Si enloquecen de modo continuo,, ésos son los motivos.
Pero si se presentan espantos y temores, (eso sucede)
a causa de una alteración del cerebro. Se altera al calen-
tarse. Y se calienta a causa de la bilis, cuando se precipi-
ta hacia el cerebro a través de las venas sanguíneas, pro-
cedente del cuerpo. Y el temor se mantiene hasta que de
nuevo se retira hacia las venas y el cuerpo. Entonces cesa.
El paciente se angustia y se deprime sin motivo al en-
friársele el cerebro y condensársele más de lo habitual.
Eso lo sufre a causa de la flema. A causa de esta afección
sufre también olvidos. Por la noche grita y chilla, cuando
de repente se le recalienta el cerebro. Esto lo padecen los
~‘ En lugar de aethlai, lectura del MS. e, aceptada por Littré y Jo-
nes, Grensemann prefiere la variante Uthé; se tratana entonces no de
‘actos extraños’, ‘inhabituales,, sino de ‘olvido..
SOBRE [A ENFERMEDAD SAGRADA
77
biliosos, los flemáticos no. Se recalienta precisamente
cuando la sangre llega al cerebro en cantidad y allí echa
a hervir. Llega en abundancia por las venas antes dichas
cuando el hombre ve en sueños una imagen aterradora y
está dominado por el terror. En efecto, del mismo modo
que a un hombre que está despierto se le enciende el ros-
tro y se le enrojecen los ojos, cuando se aterroriza y su
mente concibe realizar alguna mala acción, así también
le sucede durante el sueño. Pero en cuanto se despierta
y vuelve en si y la sangre de nuevo se reparte por las ve-
nas, cesa.
De acuerdo con esto considero que el cerebro tiene el 19
mayor poder en el hombre. Pues es nuestro intérprete,
cuando está sano, de los estímulos que provienen del aire.
El aire le proporciona el entendimiento. Los ojos, los
oídos, la lengua, las manos y los pies ejecutan aquello que
el cerebro apercibe. Pues en todo el cuerpo hay entendi-
miento, en tanto que hay participación del aire, pero el
cerebro es el transmisor de la conciencia.
Pues cuando el hombre recoge en su interior el aire
que respira, éste llega en primer lugar al cerebro, y luego
se reparte el aire en el resto del cuerpo, habiéndole deja-
do en el cerebro lo~x¿nejor de sí, y lo que le hace ser sensa-
to y tener inteligencia. Pues si llegara primero al cuerpo
y en segundo lugar al cerebro, después de haber dejado
en las carnes y en las venas su poder de discernimiento,
iría al cerebro estando caliente y ya impuro, estando mez-
dado con el humor de las carnes y de la sangre de modo
que no seria ya límpido. Por eso afirmo que el cerebro es
el intérprete de la comprensión ~.
20 Aunque la capacidad de sentir (tó aisthdnesthai) y aun de cierto
entendimiento (ph rónésis) se encuentra repartida por el cuerpo, gracias
al aire, es el cerebro el receptor primero, el intérprete único y el difusor
de ese entendimiento Tiene como funciones propias no sólo el discrimi-
Bar los estímulos procedentes del exterior y el pensar. sino también el
Ser la sede de todas las emociones, y el órgano de la intelección, median-
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
20 El diafragma, singularmente, tiene un nombre adqui-
rido por el azar y la costumbre, pero que no está de acuer-
do con su naturaleza 21 No sé yo qué capacidad posee el
diafragma en relación con el pensar y reflexionar; a no
ser que, si una persona se alegra en exceso o se angustia
inesperadamente, (el diafragma) se estremece y da saltos
a causa de su finura, precisamente por estar tensado al
máximo dentro del cuerpo, y porque no tiene ninguna ca-
vidad en la que haya de acoger un bien o un mal que le
caen encima, sino que por uno y otro se queda perturba-
do por la debilidad de su complexión natural. Puesto que
no percibe nada antes que los d~emás órganos del cuerpo.
En fin que tiene ese nombre y su referencia sin motivo,
al igual que las llamadas ~sei) o < (de fpnon), que se tomaba a la caí- SOBRE LOS AIRES, AGUAS Y LUGARES 107 si aman el ejercicio físico y el trabajo, comen bien y beben poco. Partiendo de estos puntos, hay que ocuparse de cada 2 dato por separado. Pues si uno los conociera perfecta-- mente —mejor todos, pero, si no, los más posibles—, no ignoraría, al llegar a una ciudad que desconoce, ni las enfermedades locales, ni cuál es la naturaleza de las afecciones comunes, de suerte que ni andaría confuso en el tratamiento de las enfermedades, ni cometería erro- res, cosa que es natural que suceda, si se medita en los datos concretos, sin conocerlos de antemano. Según transcurre el tiempo y pasa el año, podrá de- cir cuántas enfermedades generales van a atacar la ciu- dad en verano o en invierno, y cuántas enfermedades particulares es de temer que le ocurran a cada uno a causa de un cambio en su dieta Pues quien conoce los cambios de las estaciones y la salida y ocaso de los astros, a la vista de cómo ocurre cada uno de esos he- dios, podrá prever cómo va a ser el año. Al reflexionar y prever de este modo, conocerá perfectamente la oca- sión oportuna de cada caso, conseguirá curar en la ma- da de la tarde y era, en general, más copiosa que la que se tomaba por la mañana. El sistema de comidas entre los griegos antiguos era muy variado, según épocas y lugares. En Homero, por citar un caso relevante, se habla de tres comidas: driston (desayuno), defpnon (comi- da) y dórpon (cena). idia <, <. Que los cambios climáticos producen enfer- medades generales, mientras que, en cambio, la modificación de la dieta acarrea afecciones individuales es una idea corriente en los es- critos médicos que estudiamos. Cf. Sobre los flatos 6 y Sobre la natura- leza del hombre 9, entre otros. La <, seria dar una idea aproximada del concepto 108 TRATADO5 HIPOCRÁTICOS yor parte de las ocasiones y obtendrá un éxito grandísi. mo en la ciencia médica. Si alguien pensara que esos datos son propios de la meteorología ~, en caso de cambiar de criterio, sabrá que la astronomía contribuye a la medicina, no en po- quisima, sino en grandísima medida. En efecto, los ór- ganos internos ‘~ les cambian a los hombres juntamen- te con las estaciones. 3 Voy a decir yo claramente cómo hay que observar y comprobar cada uno de los puntos citados. La ciudad que está expuesta a los vientos calientes —éstos soplan entre los puntos de salida y puesta del sol en invierno— “, cuando recibe esos vientos como habituales y está al amparo de los vientos del Norte, en esa ciudad es forzoso que las aguas sean abundan- tes, algo saladas y estén a flor de tierra, calientes en verano y frías en invierno; que sus habitantes tengan la cabeza húmeda y llena de flema, y se les trastornen frecuentemente los intestinos 12 a causa de la flema ‘ El autor se defiendé, en este punto, de todo ataque contra una pretendida orientación teórica de la medicina. Para algunos estudio- sos, los vocablos <órganos digestivos.’. En el mundo jonio de fines del siglo y a. C, había varios siste- mas para designar los vientos, pero ninguno de ellos logró imponerse sobre los demás. Según NIELSEN, <, cabe verlo como todo lo que revela una actividad o poder prodigiosos y mágicos, por encima de la capacidad de comprensión humana. Así, una enfermedad hir~ lo es porque viene causada por fuerzas misteriosas e inexplica- bles.— Dentro del CH, donde aparece también el término epilepsia (en plural, por ejemplo, en Aforismos III 22), que responde a la idea de 110 TRATADOS HIPOCRÁTICOS grada; a los hombres, disenterías, diarreas, escalofríos, fiebres crónicas de invierno, muchas pústulas noctur- nas y hemorroides en el asiento. En cambio, no se producen, por lo común, pleuritis, perineumonías, causones, ni las que son consideradas enfermedades agudas. No es posible, realmente, que es- tas enfermedades tengan fuerza donde los intestinos son húmedos. Sobrevienen oftalmías húmedas, no graves, de corta duración, a no ser que predomine una enfermedad ge- neral a causa de un gran cambio. Cuando las personas pasan - de los cincuenta años, unos flujos procedentes del cerebro las dejan parapléji- cas, si de repente les da el sol en la cabeza o pasan frío. Ésas son las enfermedades endémicas que les sobre- vienen. Y, además, si prevalece alguna enfermedad ge- neral a causa del cambio de estación, también la pade- cen. 4 Las ciudades que, al revés de las anteriores, están expuestas a los vientos fríos que soplan entre los pun- tos de puesta y salida del sol en verano 14, en tales ciu- dades, que tienen esos vientos como habituales y están al amparo del viento del Sur y de los vientos calientes, ocurre como sigue. En primer lugar, las aguas son, por lo común, duras, frías y dulces. Los habitantes son, por fuerza, vigorosos y flacos, y, en su mayoría, tienen la cavidad inferior cruda y seca, pero la superior les fluye mejor. Son más biliosos que flemáticos. Tienen la cabe- za sana y dura, y están expuestos, generalmente, a rotu- ras internas. <. 7 ethea (en singular, ¿thos). Con vocalismo breve tenemos ~thos, que es la forma nominal corriente y significa <éter.’. SOBRE LOS AIRES, AGUAS Y LUGARES 115 Tal situación de una ciudad se asemeja muchísimo al otoño, respecto de los cambios del día, porque hay una gran diferencia entre la mañana y la tarde. Así sucede en lo relativo a los vientos que son fa- 7 vorables o desfavorables. Quiero explicar, a propósito de las aguas, cuáles son malsanas, cuáles muy saluda- bles, y cuántos males y bienes es natural que se produz- can a causa del agua, pues ésta contribuye muchísimo a la salud 25 Las aguas quietas, pantanosas y estancadas son, por fuerza, en el verano, calientes, gordas 26 -y fétidas, por- que no fluyen, pero, como las alimenta el agua de llu- via, siempre nueva, y las calienta el sol, son, necesaria- mente, de mal color, nocivas y productoras de bilis; en invierno, son heladas, f rías y turbias a causa de la nieve y los hielos, de suerte que ocasionan, con gran facili- dad, flema y ronqueras. Quienes las beben tienen siem- pre el bazo grande y contraído 27 y el vientre duro, del- gado y caliente. Se les quedan delgados los hombros, clavículas y Ja cara, pues las carnes se consumen al irse 25 Que las aguas y los lugares podían ser causa de enfermedades es una teoría que encontramos ya en ALCMEdN (B 4 DK): <. cf. Afo- rismos VII 29. 31 De entender pondrás en sentido activo, cabría traducirlo por .~causan problemas.’ o <. ~ ARISTÓTELES usó, con fines biológicos, estas notas físicas del agua. Así, cuando escribe: ‘en los que tienen una vejiga, una vez eva- cuado el excremento, queda en los conductos un depósito salado (hal- myrís) y terroso, pues la parte dulce y potable, a causa de su ligereza (lcouphótata,>, pasa a las carnes.’ <. Esta última palabra añade una connotación inte- resante, pues indica sobre Otras es causa de enfermedades la hallamos bien ex-
puesta en ALcMEÓN Da CROTONA (B 4 DK), en el último tercio del siglo
vi a. C. Los conceptos de predominio e igualdad que descienden desde la cabeza has-
el sol en los primeros días de agosto, a manera de perrito al lado de
un dueño más voluminoso (aparentemente y a simple vista, se entien-
de). Tal hecho acontece, hoy día, a finales de agosto.— En otro orden
de cosas, advertimos en todo el capitulo la presencia de las cuatro
propiedades: frío-caliente, húmedo-seco. El exceso de humedad, por
ejemplo, produce enfermedades en las naturalezas húmedas: mujeres
y flemáticos; el frío seco pone en peligro a las naturalezas biliosas, etc.
~ et~síai ‘vientos etesios’, formado sobre dtos ‘año.’ (cf. latín
uetus). Aplicase a los que cambian en determinada época del año. En-
tre los griegos, se daba tal apelativo a los que soplaban desde el NO.,
especialmente durante el verano.
~ ophthalmiaí es el término especifico para designar las inflama-
ciones de los ojos: las secas (x~raí) son peores que aquellas en que
el ojo está húmedo o lagrsmea.
~ katdrroi <úlcera cancerosa’, ‘cáncer’ (cf. P. CHANTRAINE, Dictionnaire éíysnologíque de la langue grecque. Paris, 1980, pág. 1.167). El significado etimológico es el de enfermedad ‘que devora’ (cf. pha- gefn aparece aquí por primera vez dentro de la literatura grie-
ga.— Al hablar de Asia, el autor apunta, sobre todo, a Asia Menor.
SOBRE LOS AIRES, AGUAS Y LUGARES
133
La causa de eso es la mezcla de las estaciones ~, por-
que Asia está situada en medio de los lugares de salida
del sol ~ mirando hacia Oriente y bastante lejos del
frío. Crecimiento de las cosechas y aptitud para el cul-
tivo los ofrece en grado sumo, siempre que no haya na-
da que predomine de forma violenta ~, sino que el
equilibrio prevalezca en todo.
Ahora bien, en Asia no se dan las mismas condicio-
nes en todos sitios, sino que toda la parte del país situa-
da entre el calor y el frío, ésa es la de mejores frutos
y árboles, la más templada y la que goza de las mejores
aguas, tanto caídas del cielo, como nacidas de la tierra.
En efecto, ni está excesivamente abrasada por el calor
ni se reseca a causa de la sequía y la falta de agua,
ni sufre la violencia del frío, ni resulta húmeda 52 y
empapada a consecuencia de las muchas lluvias y la nie-
ve. Naturalmente, las cosechas son abundantes allí, tanto
las nacidas de semillas, como las de plantas que ofrece
~ kt kr&sis tón horé6n. Sobre el concepto de kr¿sis puede verse lo
dicho en Sobre la medicina antigua 14 y n. 28. — Si la cocción (pépsis)
de los humores ha sido la adecuada, éstos permanecen en equilibrio, sin
que ninguno de ellos prevalezca sobre los demás. Aquí se aplica la teoría
del temperamento (temperancia o templanza) a las estaciones, en el sen-
tido de que ninguna impone sus rigores o notas dominantes sobre las
demás.
~ Tanto en verano, como en invierno, para un habitante de Asia
Menor, el sol sale siempre por territorio asiático.
50 Léxico tomado del terreno político. Cada partido ~aqul elemen-
tos, estaciones o rasgos de una estación) tiende a preaominar (ep¿kra-
tefn) violentamente (bíaíós) sobre los demás. -
51 Nos encontramos aquí con otro término sacado de la esfera po-
lítica: isomoir¡i~ que alude al hecho de tener igual participación políti-
ca o los mismos derechos que los demás (cf. TUCÍDIDES, VI 39, y VII
75). Cuando, contrariamente, una facción política se impone violenta-
mente sobre las demás, termina por incurrir en insolencia (h$ibnis) o
en ambición (pleonexía) (cf. Tuctomas, 1 17, y III 82-83).
S2 El texto griego resulta incierto en este punto. Unos editores
Sustituyen noti~ tsis) y la enseñanza (didach~) son algo parecido (paraplt-
sion), pues también la naturaleza altera el ritmo del hombre y, al alte-
rarlo. crea naturaleza (metarythmoúsa de physiopoief).’ (B 33 DK). Cf.
J. A. LÓPEZ Fáuutz, <5n .por la falta de guerras., lo que crea probk~mas de contexto. Se han propuesto varias solucio- nes. Littré, Jones y Diller aceptan polem iOn . Esto es que-
so de yegua.
19. Así es lo referente a su manera de vivir y costum-
bres. En relación con las estaciones del año y con el
aspecto de las personas, sucede que el pueblo escita es
muy diferente de los demás hombres; ofrece un parecí-
do dentro de sí mismo, al igual que el pueblo egipcio;
es muy poco fecundo; y el país cría animales salvajes
muy exiguos en tamaño y número, pues está situado
en el Norte mismo, al pie de los montes Ripeos ‘~, des-
de donde sopla el Bóreas.
El sol llega muy cerca, al final de su curso, cuando
alcanza el solsticio de verano, y entonces calienta du-
rante poco tiempo y no con fuerza. Los vientos que so-
plan desde zonas cálidas no llegan allí, salvo en pocas
ocasiones y débiles, pero soplan continuamente, proce-
~ próba la, que desde Homero venía aplicándose al ganado y los
rebaños en general, pasa en ático a referirse a las ovejas. En el caso
que nos ocupa, nos decidimos por entenderlo como
<, <, .adaptar<, ~sios. En pasajes como éste hemos de ver en ph~sis.
no sólo el ‘origen< o la
< de la enfermedad, sino también el ‘orden regular< de la naturaleza.— Frente a HERÓDOTÓ (1 105. y IV 67) que achaca la enfermedad mujeril de los escitas a un castigo divi- no, el autor hipocrático da como razón etiológica el corte sufrido en las venas de detrás de las orejas, pero subrayando con un ‘me parece< (emol doke 1), repetido dos veces en corto espacio, que se trata de una opinión personal. Pero la misma teoría la encontramos también en So- bre los lugares en el hombre 3, Sobre la generación 2 y Sobre los enfer- medades II 1, tratados, todos ellos, en los que se sostiene, de algún modo, la teoría pangenética, es decir, el postulado de que el semen procede de todas las partes del cuerpo. Por último, la teoría de que el semen procede de la cabeza y llega a los órganos sexuales a través de unos vasos que pasan por detrás de las orejas, surge en el si- glo y y la encontramos en varios escritos médicos: Sobre la generación habla en tres ocasiones de esas venas portadpras de semen. (Cf. L¡T- TRÉ, Oeuvres, vol. VII, págs. 470, 472 y 506.) líO la kédmaía es un término oscuro, utilizado sólo en plural. De- finido como ‘enfermedad crónica de las articulaciones’, por Erotiano en su léxico. No sabemos nada cierto sobre la etimología del vocablo. ‘“ helkoúníai di Ischia, donde helkoúníai es conjetura de JERÓNI- MO Maicuaz~u, editor de Hipócrates en griego y latín (Venecia, 1588). Tal lectura viene apoyada por una traducción latina (uulneran4urj), del siglo x.— Los códices leen hdkonrai, lección seguida por Littré, que traduce: ‘occasioner... la dístension de la hanche’. j 148 TRATADOS HIPOCRATtCOS men, porque a lo largo de las orejas hay unas venas y, cuando se las corta, quedan estériles los que han re- cibido el corte. Me parece a mi que cortan esas venas. Después de eso, cuando se llegan a las mujeres y no son capaces de unirse con ellas, al principio no se preocupan, sino que están tranquilos, pero, cuando, a pesar de intentarlo dos, tres e, incluso, muchas veces, no obtienen ningún resultado mejor, tras pensar que han cometido alguna falta contra la divinidad a la que echan la culpa 112, se ponen atuendo femenino, se acusan a sí mismos de falta de virilidad, actuan como mujeres y trabajan al lado de éstas en lo mismo que ellas hacen. Les ocurre esto a los escitas ricos, no a los más ba- jos, sino a los más nobles y poseedores del mayor po- der, por efecto de la equitación; a los pobres, en cam- bio, les sucede menos, pues no montan a caballo. Ahora bien, sería preciso que, de ser esa enfermedad algo más divina que las demás, no les sobreviniera solamente a los escitas más nobles y ricos, sino a todos por igual e, incluso, más a los que poseen poco, sies que los dio- ses se complacen en ser honrados 113 y admirados por los hombres, y, a cambio de eso, les otorgan sus favores. Pues, como cabe esperar, los ricos hacen muchos sa- crificios a los dioses, les dedican ofrendas, porque tie- nen dinero, y los honran, pero los pobres, a causa de su indigencia, los honran menos y, además, les hacen 112 epaitidotnai es < (cf. HERÓDOTO, II 121; TucíDiDEs, VI 28). En general, para la relación entre pecado come- tido y dolencia padecida, véase P. LAIN ENTRALGO, Enfermedad y peca- do, Barcelona, 1961. 113 En la lectura de nuestro tratado (timómenoi dé ei chaz rousin hoi theoi kai thaumazómenoi hyp ‘anthrópÓn) puede, verse un reflejo del pensamiento y de la letra de EURIPIDES, quien, en el prólogo de Hipólito, hace decir a Afrodita respecto de los dioses: timómenoi chat- rousin anthrdptln h>2po, es decir, ‘gozan cuando son honrados por los
hombres’. La tragedia fue representada en el 428 a. C.
SOBRE LOS AIRES, AGUAS Y LUGARES
149
reproches, porque no les conceden dinero, de suerte que
el castigo por faltas de esta índole más bien lo pagan
quienes tienen poco que los ricos.
Por tanto, como he dicho antes, esta afección es di-
vina de igual manera que las demás, y cada una en par-
ticular sobreviene de acuerdo con la naturaleza. Esta
enfermedad les ocurre a los escitas por un motivo de
índole semejante al que acabo de referir.
De forma parecida ocurre también entre los demás
hombres. En efecto, donde la gente cabalga más y con
gran frecuencia, allí numerosisimas personas padecen
dolores articulares, ciáticas y podagras 114, y están muy
poco capacitadas para el trato sexual. Estas afecciones
se dan entre los escitas. Son las personas más impoten-
tes por los motivos expuestos, y, además, por el hecho
de llevar siempre pantalones 115 y estar a caballo la ma-
yor parte del tiempo, de tal manera que no tocan su
sexo con la mano, y, de resultas del frío y el cansan-
lío
cío , olvidan el deseo sexual y la unión carnal; y no
sienten ninguna excitación antes de haber perdido su
virilidad 117
114 ‘La gota< es en griego podagra. En nuestro texto tenemos el adjetivo podagriós, esto es, ‘lo pertinente a la afección de la gotas. Etimológicamente es una
’’. Todo esto es más nocivo que
si siguieran otra dieta. Los errores acarrean mucho más
perjuicio en ese momento, que si los dos o tres primeros
días se hiciese una dieta absoluta, y al cuarto o quinto se
siguiese ya este régimen.
Y resulta aún más grave si, tras haber ayunado durante
esos días, se hiciese en los sucesivos la dieta aludida sin
que la enfermedad haya llegado a su fase de maduración.
Pues de esta forma se produce claramente la muerte de
la mayoría de los enfermos, a menos que la enfermedad
sea totalmente benigna. Los errores iniciales tio son tan
irreparables como éstos, sino mucho más fáciles de sub-
sanar. Creo, pues, que la enseñanza más importante que
se puede sacar es que, no hay que privar de un determina-
do caldo hervido durante los primeros días a quienes po-
co después van a utilizarlos, o bien van a seguir una dieta
sólida.
Los que siguen tratamientos de tisana de cebada des- 40
conocen, por completo y de base, por qué las tisanas les
dañan cuando empiezan a tomarlas sin ayunar antes dos,
tres, o más días. Ni tampoco los que usan la infusión de
jugo hervido saben por qué les perjudica cuando no la em-
piezan a tomar de forma correcta. En cambio, lo que tra-
tan de evitar y sí saben es que resulta muy nocivo el que
el enfermo que suele usar jugo de cebada beba, tisana an-
tes que la enfermedad llegue a su fase de cocción.
a ~ciceón~ (kykedn): bebida que consiste en una mezcla de varios in-
gredientes (cebada, queso rallado, vino, acaso miel, etc.) en diversas
proporciones
170
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
41 Todo esto es prueba sólida de que los médicos no lle-
van bien los tratamientos de sus pacientes. Al contrario,
mandan ayunar a afectados por enfermedades que no lo
requieren cuando se va a seguir una dieta de líquidos her-
vidos, y en las enfermedades en que no hay que pasar del
ayuno a los líquidos, en éstas, prescriben el cambio. Y por
lo general, lo hacen justo al revés, en el momento preciso
en que, si la enfermedad está en su fase más aguda, lo que
conviene es ir pasando de líquidos hervidos al ayuno.
42 A veces estos tratamientos hacen bajar de la cabeza
sustancias crudas, y de la región torácica, sustancias bi-
liosas. El insomnio les sobreviene a estos pacientes, y, por
ello, la enfermedad no madura. Los enfermos se ponen
irritables, deprimidos, fuera de juicio; sus ojos chispean,
sus oídos están llenos de ruidos, las extremidades se les
quedan frías, y la orina sin cocer. Los esputos son lige-
ros, salados, pequeños y de un color puro; les suda el cue-
lío, están inquietos, la respiración es intensa o demasia-
do profunda por las dificultades que encuentra el aire al
subir; se les frunce el ceño, les dan unos desmayos terri-
bles, se arrancan las ropas del pecho, las manos les tiem-
blan y, a veces, también el labio inferior. Cuando estas co-
sas aparecen al principio, evidencian un delirio violento,
y, generalmente, mueren. Los que superan este estado es,
bien mediante un absceso, una hemorragia nasal, o expec-
torando mucho pus, no por otros medios.
43 Pues no veo siquiera que los médicos sean expertos en
cómo reconocer los diferentes estados de debilidad en las
enfermedades: la debilidad producida por el ayuno, la pro-
vocada por alguna otra irritación, o por lo penoso o agu-
do de una enfermedad, ni observo tampoco que tengan ex-
periencia en cuantas afecciones y variantes de todo tipo
nuestra naturaleza y el hábito originan en cada individuo,
pese a que su conocimiento o ignorancia producen la sa-
lud o la muerte.
SOBRE LA DIETA EN LAS ENE. AGUDAS
171
Si en un estado de debilidad cuya causa es lo penoso 44
o agudo de la enfermedad se prescribe un aumento de só-
lidos o líquidos hervidos o sin hervir, por creer que la de-
bilidad obedece a la dieta, el daño es mayor. Pero también
no reconocer un estado de debilidad producido por el ayu-
no, y forzar al paciente con la dieta, es vergonzoso. Este
error supone un riesgo, aunque menor que el otro, pero
provoca mucha más hilaridad. Pues si otro médico o pro-
fano que llega, y, tras informarse de la situación del en-
fermo, le prescribe beber o comer lo que el otro le prohi-
bió, claramente se verá que su actuación le beneficia. La
gente vitupera esta manera de actuar de los profesiona-
les prácticos, pues les parece que el médico o particular
que llega el último, por así decirlo, hace levantarse a un
muerto. Dejaré expuestos, respecto a este asunto, los in-
dicios por los que hay que diferenciar cada caso.
Parecidas a las precisiones sobre el intestino son las 45
que voy a hacer a continuación: si el cuerpo entero repo-
sa durante mucho tiempo sin tener costumbre de ello, no
va a quedar de inmediato fortalecido del todo. Si, tras ha-
cer un reposo mayor aún, vuelve luego de manera brusca
a áctividades que fatigan, está claro que va a sentirse en
baja forma. Lo mismo ocurre también con cada parte del
organismo, pues a los pies y a las otras articulaciones les
pasaría igual si, al no tener hábito de realizar un esfuer-
zo, se ponen de repente y a ratos a realizar una actividad
que lo requiera. Los dientes, los ojos y todos los órganos
sin excepción sufrirían también eso, puesto que incluso
usar cama dura o blanda sin estar acostumbrado produ-
ce trastornos molestos, y el dormir al aire libre, cuando
no se suele hacer, endurece el cuerpo.
Bastará con dar un ejemplo de todo esto. Pongamos 46
por caso quien tiene en la pierna una úlcera, ni grave ni
benigna en exceso, ni de curación especialmente fácil o
difícil, y que este paciente desde el comienzo mismo per-
maneciese tumbado y sin mover para nada la pierna, tal
172
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
enfermo presentaría menor inflamación y sanaría más rá-
pido que si, durante el periodo de tratamiento, la hubie-
se movido al andar. En cambio, si el quinto, sexto, o los
días posteriores quisiera levantarse y echar a andar, en-
tonces le costaría más esfuerzo que si, desde el principio,
hubiese seguido el tratamiento andando. Si sufriese de re-
pente mucha fatiga, le seria mucho más penoso que el fa-
tigarse lo mismo que en esos días siguiendo aquel trata-
miento. Todos estos hechos atestiguan entre sí que cual-
quier cambio repentino y desmesurado, sea en el sentido
que sea, es muy perjudicial.
47 Los perjuicios intestinales son mucho más serios si, en
una dieta severa de ayuno, se aumenta la alimentación por
encima de la medida apropiada. Respecto al resto del cuer~
po, 51 de repente se pasa de un estado de gran tranquili-
dad a un esfuerzo bastante considerable, se va a produ-
cir un daño mucho mayor que si se pasa de una alimenta-
ción abundante a la inanición; y, desde luego, el organis-
mo de estos individuos necesita reposar.
Y si de un estado de gran esfuerzo se cae de pronto en
la inactividad y laxitud, también en este caso el intestino
requiere un descanso en la alimentación copiosa. De lo
contrario se produce en todo el cuerpo fatiga y pesadez.
48 La mayor parte de mi exposición está consagrada a los
cambios en sus distintos aspectos. Bueno es, desde lue-
go, conocerlos todos, pero especialmente porque en las en-
fermedades agudas se pasa del ayuno a una dieta de be-
bidas hervidas, tema sobre el que versó mi exposición. Los
cambios hay que hacerlos como yo indico, y luego no dar
infusiones hervidas hasta que la enfermedad llegue a su
fase de cocción, o se manifieste en el intestino o los hipo-
condrios algún otro indice de vacio o irritación, síntomas
que ya dejaré expuestos.
49 El insomnio pertinaz dificulta la digestión de sólidos
y líquidos, y un cambio en el otro sentido produce floje-
dad en el cuerpo, agotamiento y pesadez de cabeza.
SOBRE LA DIETA EN LAS ENF. AGUDAS
173
Es preciso establecer cómo hay que usar en las enfer- 50
medades agudas el vino dulce y el seco, el tinto y el blan-
co, la hidromiel, el agua y la oximiel, señalando lo siguien-
te: el vino dulce es menos pesado y se sube menos a la ca-
beza que el seco, es más laxante para el intestino que el
otro, y provoca hinchazón del bazo e hígado. No es reco-
mendable más que para los que sufren de bilis amarga,
pues les da sed. Produce también flato en el intestino su-
perior, aunque desde luego al inferior no le perjudica en
proporción a los gases. Sin embargo, el flato que produce
el vino dulce no tiene casi tendencia a salir, sino que se
queda detenido alrededor del hipocondrio. Este vino dul-
ce es también, por lo general, menos diurético que el blan-
co seco, pero, en cambio, favorece más que el otro la sali-
da de esputos. Cuando da sed al beberlo, su acción expec-
torante es de mayor eficacia que la del blanco seco, y si
no da sed, mayor.
La mayor parte y lo sustancial de los elogios y repro- 51
ches del vino blanco seco ya quedan expuestos en la des-
cripción detallada del vino dulce. Siempre es más benefi-
cioso en las enfermedades agudas, por tener mayor ten-
dencia a desplazarse a la vejiga, ser diurético y laxante.
Pues si en otras cosas es por naturaleza menos recomen-
dable que el dulce, en cambio, la evacuación de vejiga que-
origina produce un alivio si se opera como es debido. Es-
tas buenas pruebas sobre la utilidad y perjuicio del vino,
las desconocían mis predecesores.
En las enfermedades agudas se podría usar el vino 52
blanco claro y el tinto seco para los siguientes casos: si
el vino no se ha subido a la cabeza, ni hay en ella pesadez;
si la expectoración no tiene dificultades de salida, ni hay
retención de orina, y si las heces están bastante húme-
das y contienen briznas, convendría, en estos casos y otros
parecidos, beber los vinos citados y dejar de tomar el blan-
co. Hay también que tener en cuenta que, si está rebaja-
do con agua, va a producir menos daño a las partes supe-
174
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
riores y a la vejiga, y si es puro, favorecerá más al in-
testino.
53 El beber hidromiel durante todo un proceso agudo es
menos recomendable a los que sufren de bilis amarga e
hinchazón de vísceras, que a quienes no padecen esto. Da
menos sed que el vino dulce, pues ablanda el pulmón, fa-
vorece la expectoración en medida conveniente y apaci-
gua la tos, por contener alguna sustancia que da a los es-
putos la viscosidad necesaria. La hidromiel es también
bastante diurética, si no encuentra alguna dificultad en
las vísceras, y favorece la evacuación de sustancias bilio-
sas por el aparato excretor, deposiciones que, a veces, tie-
nen buen aspecto y, a veces, un color más oscuro de lo que
debe, apareciendo espumosas. Esto se da, sobre todo, en
los que padecen bilis e hinchazón de vísceras.
54 La hidromiel rebajada propicia la expulsión de espu-
tos y ablanda el pulmón. La hidromiel pura favorece más
que la rebajada la evacuación de heces espumosas, más
calientes y biliosas de lo necesario. Los excrementos de
este tipo conllevan otros grandes daños, pues no calman
el dolor del hipocondrio, sino que, al contrario, lo exacer-
ban, y ocasionan angustia y agitación de miembros, ade-
más de ulcerar el ano y el intestino. Ya dejaré escritos los
remedios contra esto.
55 Quien utiliza en estas enfermedades agudas la hidro-
miel sin bebidas hervidas o sin hervir, se encontraría bien
casi siempre, y mal pocas veces. Lo sustancial de a quié-
nes hay que darlas, a quiénes no, y por qué no hay que
hacerlo, está ya dicho.
56 La gente acusa a la hidromiel de consumir a quienes
la toman, y de ahí la creencia de que provoca rápidamen-
te la muerte. Esta opinión negativa viene de los que se de-
jan morir de hambre, pues algunos usan sólo la hidromiel,
y en seguida ya se le achaca esto. Pero en absoluto es así.
Al contrario, la hidromiel, si se bebe sola y no causa pro-
blemas intestinales, tiene mucha más fuerza que el agua.
SOBRE LA DIETA EN LAS ENF. AGUDAS
175
En algunas cosas es más fuerte que un vino ligero, flojo
e inodoro, y en otras menos. Las diferencias de fuerza en-
tre el vino y la miel pura son grandes. Si uno bebe de vino
puro doble de la cantidad de miel que ha tomado, si no
le causa problemas de vientre, la miel le fortalecerá sin
duda mucho más, pues evacuaría en abundancia. Si bebe
tisana hervida y además hidromiel, se sentirá harto en ex-
ceso, con flato y molestias en las vísceras de la zona del
hipocondrio. Si la hidromiel se toma antes de las bebidas
hervidas, no daña igual que si se bebe después; al contra-
rio, presta una cierta utilidad.
La hidromiel cocida tiene mucho mejor aspecto que la 57
cruda, pues se pone brillante, fina, blanca y transparen-
te. No puedo añadirle ninguna propiedad diferente a la
cruda, pues ni siquiera es más dulce aunque la miel sea
de buena calidad. Desde luego es más floja y produce me-
nos deposiciones, aunque no necesita el apoyo de estas
propiedades. La hidromiel hay que herviría, sobre todo
si la miel es de mala calidad, impura, negra y no tiene buen
olor, pues la cocción hace desaparecer casi todos los de-
fectos de su mal aspecto.
La bebida denominada oximiel resultará útil muchas 58
veces en esas enfermedades agudas, pues hace expecto-
rar y respirar bien. Es oportuno usarla en los siguientes
casos: la oximiel muy ácida sería bastante efectiva con-
tra los esputos que no suben fácilmente, ya que, al hacer
subir a los esputos que producen carraspera, lubrica y lim-
pia la traquea como si pasase una pluma, calmaría un po-
co el pulmón, pues es lenitivo, y si esto ocurre, producirá
un beneficio grande. Sucede a veces que la oximiel muy
ácida no logra hacer salir los esputos, sino que los pone
pegajosos, y esto es nocivo. Especialmente sufren esto los
que por otros motivos también están en trance de muer-
te, y no pueden toser, ni expeler los esputos que tienen
dentro. En estos casos también hay que tener en cuenta
la fuerza del enfermo, y, si hay esperanza, dársela. Y si
176
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
se le da la oximiel, hay que administrársela templada, en
pequeña dosis y poco a pOCG.
59 La oximiel poco ácida humedece la boca y la faringe,
hace salir los esputos y no da sed. Es buena para el hipo-
condrio y las vísceras próximas. Dificulta la acción nociva
de la miel al equilibrar las sustancias biliosas que contie-
ne, hace expulsar los gases, estimula la orina y produce
briznas en los excrementos. A veces sucede que en estas
enfermedades agudas esto es perjudicial, sobre todo por-
que dificulta el paso del aire y lo hace retroceder. Puede
también debilitar y enfriar las extremidades, y éste es el
único problema digno de mención que la oximiel puede
producir.
60 La oximiel hay que beberla de noche, en cantidad pe-
queña, en ayunas y antes de una bebida hervida, aunque
nada impide tomarla mucho después. No es conveniente
que usen oximiel sola los que siguen únicamente una die-
ta a base de líquidos sin hervir. El motivo es el siguiente:
ante todo, las úlceras e irritaciones intestinales, pues al
estar en ayunas, la oximiel agravaría el estreñimiento que
hay, y depués, porque quitaría a la hidromiel su fuerza.
Si parece que es útil administrar oximiel en grandes do-
sis a lo largo de toda la enfermedad, hay que poner poco
vinagre, lo preciso para que se note el sabor; pues, de es-
ta manera, los efectos nocivos perjudicarían muy poco y
los efectos beneficiosos prestarían la utilidad que deben.
61 Para resumir, la ácidez del vtnagre es más útil a los
que sufren de bilis amarga que a quienes padecen de bi-
lis negra, pues disuelve los humores amargos y transfor-
ma en flemas los humores haciéndolos subir; los humo-
res negros en cambio, los fermenta, los desplaza hacia arri-
ba y los multiplica, pues el vinagre favorece la expulsión
de bilis negras. En general, daña más a las mujeres que
a los hombres, pues produce dolores de matriz.
62 No puedo decir nigún otro efecto que obre el agua en
estas enfermedades agudas. Pues no mitiga la tos, ni ha-
SOBRE LA DIETA EN LAS ENF. AGUDAS
177
ce expectorar a los enfermos de perineumonía; al contra-
rio, si se usa durante toda la enfermedad, su acción es me-
nor que la de otras bebidas, pues provoca cierto flujo. Sin
embargo, si además se toma un poco de agua entre la oxi-
miel y la hidromiel, favorece la expectoración por el cam-
bio de propiedades de las bebidas, pues provoca un cier-
to flujo. Pero si se usa de otra manera, ni siquiera calma
la sed, sino que la estimula, pues el agua es biliosa para
una naturaleza biliosa, y nociva para el hipocondrio. Pe-
ro si se toma en un estado de vacio total, es cuando más
dañina, biliosa y extenuante resulta. Además, también hin-
cha el higado y el bazo cuando ya están inflamados, se
mantiene flotando y no baja; pues, como es un poco fría y
no se digiere con facilidad, sigue un curso lento, y no es
laxante ni diurética. Y perjudica también porque por na-
turaleza produce estreñimiento. Y si se toma cuando los
pies están fríos, cualquier trastorno que origine de to-
dos éstos perjudica muchísimo más. Ahora bien, si ade-
más se toma un poco de agua entre la oximiel y la hidro-
miel, favorece la expectoración por el cambio de propie-
dades de las bebidas, pues provoca un cierto flujo.
Sin embargo, cuando en estas enfermedades agudas se 63
piensa que el vino se sube a la cabeza, o produce en ella
mucha pesadez, hay que retirarlo. En tales casos hay que
usar agua o bebidas acuosas, y dar vino blanco totalmen-
te rebajado y sin nada de olor, y después de beberlo, dar
un poco de agua, pues así el vino se subiría menos a la
cabeza y trastornaría menos el juicio. Los casos en que
hay que usar especialmente agua, cuándo hay que hacer-
lo en cantidad o con moderación, y cuándo caliente o fría,
unos ya quedaron dichos antes, y los otros se dirán en su
momento oportuno.
Según esto, también sobre las otras bebidas, por ejem- 64
Pío las que se hacen de cebada, de hierbas, de uvas secas,
de orujo, de trigo, de alazor, de mirto, de granada y de
otras cosas, y sobre el momento oportuno de tomarlas, ya
178
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
quedará dicho en la enfermedad en cuestión, e igualmen-
te lo de los remedios compuestos.
65 A muchos de los enfermos que toman baños, lo hagan
de forma continua o no, eso puede beneficiarles. Pero ocu-
rre que algunas veces hay que recomendarlos menos, por-
que en pocas casas la gente dispone de las condiciones,
medios y personas como es debido. Y si el baño no se to-
ma en óptimas condiciones, sería muy perjudicial. Pues
se requiere una habitación sin humos, agua abundante, y
meterse varias veces pero sin demasiada brusquedad, a
no ser que se necesite así. Y lo más importante, no hm-
1
piarse friccionando, y si se hace, utilizar agua caliente y
una cantidad mucho mayor de lo que se suele usar con•
jabón, y verter mucha durante la limpieza y después de
ella.
Es preciso también que la bañera esté cerca, y que se
pueda entrar y salir de ella con facilidad; quien se baña
debe estar tranquilo, en silencio y sin hacer nada, que le
froten y le echen el agua otros. Se necesita tener prepara-
da mucha agua templada y echársela rápidamente por en-
cima. Hay que usar esponja en vez de cepillo y dar en el
cuerpo aceite antes de que se seque. La cabeza sin embar-
go, hay que secarla en seguida con una esponja escurri-
da, y no dejar que se enfríen ni ella, ni las extremidades,
ni el resto del cuerpo. No hay que bañarse estando recién
comido o cuando se acaba de beber líquido hervido, ni
tampoco comer ni beber nada inmediatamente después.
66 Hay que consertírselos al enfermo en gran medida, si
goza de buena salud, si le gustan mucho los baños y está
acostumbrado a tomarlos. Pues los enfermos que los pi-
den, se sienten bien después ellos, y mal si no se bañan.
En general, va mejor a la perineumonía que al causón.
Pues el baño mitiga el dolor de costado, de pecho y de la
zona dorsal, cuece los esputos, los hace salir, favorece la
respiración y no fatiga. Suaviza las articulaciones y la epi-
SOBRE LA DIETA EN LAS ENF. AGUDAS
179
dermis, es diurético, quita la pesadez de cabeza y hume-
dece la nariz.
estos son los efectos positivos que procura el baño, y 67
todos ellos necesarios. Si embargo, si hay alguna deficien-
cia en la preparación de uno o de varios requisitos, se co-
rre el riesgo de que el baño no beneficie, sino que perju-
dique. Pues cualquier pormenor que los servidores no pre-
paren como es debido produce mucho daño. Es muy po-
co oportuno que se bañen quienes, en estas enfermeda-
des, tienen el intestino más húmedo de lo debido, y muy
inoportuno también para los que padecen un estreñimien-
to más fuerte de lo que conviene y no han evacuado an-
tes. Tampoco tienen que bañarse los que están débiles,
sienten náuseas o vómitos, quienes vomitan bilis y tienen
hemorragias nasales, excepto si el flujo es menor de lo de-
bido; y ya se sabe qué es lo debido en estos casos. Si es
así, hay que bañarles sólo la cabeza, o el cuerpo entero,
si es útil en otros aspectos.
Si los preparativos están bien hechos y el paciente es- 68
tá dispuesto a recibir el baño, hay que bañarlo todos los
días. A los que les gusta bañarse, nada les perjudicaría ni
que lo hiciesen dos veces al día. Los baños pueden tomar-
los mucho más los que usan la tisana de cebada en gra-
nos que los que utilizan sólo su jugo hervido, aunque tam-
bién éstos pueden hacerlo a veces. En cambio, a los que
toman sólo bebidas casi nunca les conviene bañarse; sin
embargo, hay veces que pueden hacerlo. Es preciso que,
por las razones que quedan expuestas, se conjeture a qué
enfermos va a serles útil el baño en cada tipo de dieta, y
a qué enfermos no. Pues a los que necesitan alguno de
cuantos beneficios opera el baño, hay que bañarlos por
cuanto le sacan provecho; y a los que no necesitan ningu-
no de ellos y hay, además, algún indicio de que el baño
no les conviene, no bañarlos.
j
SOBRE LA DIETA
LIBRO 1
Si yo considerara que alguno de quienes me han pre- 1
cedido en escribir acerca de la dieta humana adecuada
a la salud había expuesto en sus escritos, en conjunto
y en detalle, conociéndolo correctamente, cuanto le es
posible abarcar a la inteligencia humana, a mí me bas-
taría, tras el trabajo realizado por otros, con reconocer
lo que es atinado y valerme de estos resultados en la
medida en que cada uno de ellos me pareciera ser útil.
Ahora bien, son muchos los que ya han escrito sobre
estos temas’, pero ninguno aún supo bien cómo de-
bían tratarse por escrito. Unos acertaron en un pun-
La insistencia en que muchos ya han escrito o compuesto tra-
tados sobre el tema —ya que el verbo repetido varias veces por el
autor, syngrdph6. puede tener en la época este preciso sentido— re-
salta que la literatura sobre dietética era abundante a comienzos del
s. iv a. C. (si aceptamos la fecha más habitualmente admitida para
este tratado). En el CH nos quedan unas pocas muestras de ésta, en
Sobre la dieta en los enfermedades agudas, Sobre la dieta saludable,
y en Sobre las afecciones (caps. 3941). No solo médicos, sino también
preparadores de gimnastas estaban muy interesados por el tema, tal
era el caso de un Herodico de Selimbria. La postura que nuestro escri-
tor adopta frente a sus predecesores le caracteriza como un ecléctico
consciente y crítico, que presume de culminar con su obra de conjunto
y su visión amplia una tarea tradicional, cf. W. D. SMITH, .The Deve-
lopmení of Classical Dietetic Theory~, en Hippocra¡ica. Paris, 1980, pá-
ginas 439-448.
182
TRATADOS HIPOCRATICO5
to, otros en otro; pero en el conjunto todavía no lo hizo
ninguno de mis predecesores. No obstante, no es justo
hacerte reproches a ninguno de ellos por no haber podi-
do completar sus descubrimientos; más bien hay que
elogiarlos a todos por haber emprendido tal investiga-
cion.
Con que no vengo dispuesto a censurar lo que no
se ha dicho acertadamente, sino que mi intención es con-
firmar con mi asentimiento lo que está bien entendido.
Porque todo cuanto mis predecesores han expuesto acer-
tadamente no me es posible describirlo de manera dife-
rente si lo describo correctamente. En cuanto a lo que
han escrito de modo equivocado, con sólo rechazarlo
y decir que no es así, nada concluiré. Con exponer lo
que me parece acertado en cada tema dejaré claro cuál
es mi propósito.
Y hago estas observaciones iniciales por la razon si-
guiente: que la mayoría de la gente, una vez que han
oído al primero que dio explicaciones sobre algo, no
aguardan a los que luego comentan sobre el tema, sin
advertir que es propio del mismo proceso intelectual 2
reconocer lo dicho acertadamente y descubrir lo que
aún no estaba enunciado.
Yo pues, como dije, confirmaré con mi aprobación
lo que esté expuesto acertadamente, y en cuanto a lo
dicho inexactamente mostraré cómo es en realidad. Y
todo aquello que ninguno de los anteriores intentó ex-
plicar, yo indicaré también cómo se presenta.
2 La oración es muy interesante y merece ser citada en griego:
ou gignóskontes hóti t¿s aulés esti dianoí¿s gnónai ¡a orthós eir~ména,
exeurein te la m¿pd eir~mena. Traduzco dianola por .proceso intelec-
tual., como hace R. Joly.
El autor insiste, con varios verbos, en la importancia de su apor-
tación: de un lado confirmará lo dicho, de otro mostrará algo nuevo
y dará su demostración (egO... prosomolog~sO. d~lOs6..., cgt epidCI.zL~)
Todo este prólogo está muy cuidado; en cambio, el párrafo final de
SOBRE LA DIETA
183
Afirmo que quien pretende componer acertadamen- 2
te un escrito sobre la dieta humana debe, antes que na-
da, reconocer y discernir la naturaleza del hombre en
general; conocer de qué partes está compuesto desde
su origen y distinguir de qué elementos está dominado.
Pues si no reconoce la composición fundamental, será
incapaz de conocer lo que de ella se deriva. Y si no dis-
cierne qué es lo dominante en el cuerpo, no será capaz
de procurarle lo conveniente al ser humano ~. Por tan-
to, esa debe conocerlo el autor de tal escrito y, junta-
mente con ello, la cualidad de todos los alimentos y
las bebidas con las que nes mantenemos, qué propie-
dad tiene cada uno, tanto si proviene de su misma natu-
raleza, como si es debida a la ocasión forzada y a la
técnica del hombre. Pues es preciso saber cómo hay que
disminuir la influencia de las cosas que son fuertes por
su naturaleza y cómo hay que potenciar el vigor de las
la obra, en que vuelve a insistir en su aportación, parece un tanto
apresurado.
Este párrafo en que se sostiene que, para escribir de dietética,
hay que conocer y discernir previamente la naturaleza del hombre en
general (próton mén pantós physin anzhrópou gnónai kai diagnónai)
ha sido objeto de múltiple atención, por su afirmación de un funda-
mento filosófico y por su cercanía a la alusión platónica al método
hipocrático en un famoso pasaje del Fedro platónico.
Traduzco aquí dynamis por .cualidad., mientras que m~s ade-
lante utilizo también el término .influencia.. Me parece imposible re-
coger en un solo vocablo la amplitud semántica del término griego;
del mismo modo que resulta imposible recoger siempre su relación
con djynamai .poder.. La traducción del término por .potencia~. como
en los textos aristotélicos, resultaría impropia; d9namis se hace un
término técnico más preciso en la filosofía de Aristóteles; pero ya en
los textos hipocráticos tiene una notable importancia como categoría
fundamental y concepto general; así, p. ej., podemos recordar sus usos
en Sobre la medicina antigua. Para más detalles, cf. H. W. MILLER .The
concept of Dynamis in De vicíu*, Trans. Amer. Philol. Assoc., 90 (1959),
147-64, y G. PLAMBÓCK, Dynamis im Corpus Hippocraricum, Mainz, 1964.
184
TRATADOS HIPOCRATICOS
débiles, por medio de la técnica, cuando quiera que se
presente el momento oportuno para lo uno y lo otro.
Los que ya conocen lo dicho ahora todavía no po-
seen con ello el tratamiento completo para medicar al
hombre, ya que no puede el ser humano mantenerse sa-
no sólo comiendo, sino que tiene además que practicar
ejercicios. Pues presentan influencias opuestas entre sí
comidas y ejercicios, pero se complementan con vistas
a la salud. Porque los ejercicios - físicos producen natu-
ralmente un gasto de lo acumulado, mientras que los
alimentos y bebidas restauran lo vaciado ~
Conviene, según está admitido, discernir la influen-
cia de los ejercicios físicos, tanto de los naturales como
de los violentos, y cuáles de ellos proporcionan un
aumento de las carnes y cuáles una disminución; y no
sólo esto, sino además las relaciones convenientes de
los ejercicios con respecto a la cantidad de alimentos,
la naturaleza de los individuos, y las edades de los cuer-
pos, y su adecuación a las estaciones del año, a las va-
riaciones de los vientos y a las situaciones de las locali-
dades en que se habita, y la constitución del año. Hay
6 La relación entre ejercicios (pónoi) y comidas (sita) y bebidas
(poid) es uno de los ejes sobre los que pivota todo el tratamiento dieté-
tico. La consideración de las dyndmeis de alimentos y ejercicios en
contraposición ocupa la mayor parte de los libros II y III. La descom-
posición del equilibrio saludable entre unos y otros es la causa de
las enfermedades, que pueden curarse mediarte un apropiado régi-
men dietético- Aquí aparecen los conceptos un tanto elementales de
combinándose y disgregándose. Pero los huma-
nos estiman que lo que crece viene a nacer desde el Ha-
des a la luz, y que lo que mengua desde la luz al Hades
perece. Pues clan más crédito a sus ojos que a su enten-
dimiento, cuando no son capaces siquiera de juzgar so-
bre lo visible. Yo en cambio explico estas cosas de acuer-
do con la razón O, Seres vivos, en efecto, los hay tanto
~3 Las cuatro cualidades fundamentales se encuentran ya en la
teoría cosmológica de Empédocles; pero la presencia de cualidades
diversas en los elementos contrapuestos puede relacionarse con la con-
cepción anaxagorea de la materia, quizás a través de Arquelao. (Cf.
R. Joiv, Recherches sur le trair~ pseudo-hippocratique Du r~gime. PS-
ris, 1961. pág. 21.)
14 Esta sentencia y las siguientes parecen ecos de las teorías de
EMPÉDOCLES (frs. 9, 17) y de ANAXÁGORAS (frs. 17 y 21), especialmente
de éste.
lO Aqui tenemos la oposición entre lo ,~visible’., té horeámefla, y
lo que se juzga por la .razón., gn6m¿, que es característica de algunos
pensadorcs presocráticos, pero que resulta menos usual en un médico.
SOBRE LA DIETA
189
aquí como allí. Y no es posible que algo, si está vivo,
muera a no ser junto con todo. ¿ Pues adónde irá a mo-
rir? Ni tampoco que lo que no existe se origine, pues
¿de dónde vendría a existir? Lo que sucede es que todo
aumenta y disminuye hasta el máximo y el mínimo de
sus posibilidades.
Lo que en mi charla llamo
no saben lo que hacen, mientras
que creen saber lo que no hacen, y desconocen lo que
ven. Sin embargo todo les sucede por una divina necesi-
dad, tanto lo que quieren como lo que no quieren. Al
Este uso de gndma .razón., es interesante, y se da en otros pasajes.
En las lineas siguientes se detecta un cierto «pastiche. del estilo de
Haráclito en las contraposiciones y antítesis. Sin embargo, como indi-
ca Joly, la influencia anaxagórea es más profunda que la del efesio
(cf. Jo¡.y, Recherches..., págs. 21.26).
190
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
presentarse acá las cosas de allá, y al ir allí las de aquí,
mezclándose unas con otras, cada una cumple el desti-
no asignado, en su aumento y su disminución. A todas
les viene la destrucción, a unas de otras, a lo mayor
de lo menor y a lo menor de lo mayor; y se desarrolla
lo mayor a partir de lo menor, y lo menor a partir de
lo mayor.
6 Todas las. cosas, así el alma del hombre, y el cuer-
po igual que el alma, están implicadas en un orden ~
En el ser humano se introducen partes de partes, con-
juntos de conjuntos, que presentan una combinación de
fuego y de agua, los unos para tomar, los otros para
dar. Los que toman causan disminución, los que dan
aumentan. Unos hombres sierran un madero: el uno em-
puja, el otro tira. Hacen lo mismo, disminuyendo aumen-
tan I7~ Tal es la naturaleza del hombre: lo uno empuja,
lo otro tira; lo uno da, lo otro recibe; y a lo uno se lo
da y a lo otro se lo toma; y le da a esto tanto más y
le toma a esto tanto menos. Cada parte conserva su es-
pacio propio; las unas, al disminuir, se separan yendo
a ocupar un espacio menor; las otras, al progresar ha-
cia lo mayor, se mezclan y pasan a una disposición su-
perior. Las partículas extrañas, heterogéneas, son ex-
pulsadas de un lugar que les es ajeno.
‘~ De esta oración: Té de díla pánta, kaí pysch~ an¡hrdpou kal sO-
ma hoko fon he psych~. diakosmeftai, se han dado varias interpretacio-
nes. Me parece que hay aquí una huella de las teorías de Anaxágoras
acerca del orden impuesto sobre el mezcíarse y disgregarse de los ele-
mentos radicales en las cosas. Pánta d¡ekosmlse notas dice el filósofo
en su amplio fr. 12, que explica ese orden cósmico por la acción de
la Mente, noús, que, en cambio, queda sin mencionar en nuestro texto,
silencio que me parece significativo. Al autor de Sobre la dieta sólo
le interesa resaltar que hay un orden natural, no quién fue el ordena-
dor del mismo.
~ La imagen de los dos trabajadores con la sierra, en una acción
aparentemente opuesta pero concorde. le habria gustado. sin duda,
a HERÁcLITo (cf. sus frs. 59 y 60). Otras dos veces, en los caps- 7 y
16, repite nuestro autor el ejemplo.
1
SOBRE LA DIETA
191
Cada alma, que tiene sus partes mayores y menores,
circula por sus propias partículas, sin necesitar de la
adición o de la supresión de partes, sino que tan sólo
requiere un espacio de acuerdo con el aumento y la dis-
minución de sus componentes; cumple sus funciones en
cualquier espacio al que llega y acoge lo que le sobre-
viene ‘~. Lo que no es del mismo género no puede que-
darse en lugares que le son inconvenientes, y así vaga
sin rumbo y al azar; en cambio los elementos que se
juntan unos a otros conocen a qué se agregan; porque
se agrega lo conveniente con lo conveniente, mientras
que lo inconveniente guerrea y combate y se distancia
lo uno de lo otro. Por eso el alma del hombre crece
en el ser humano y en ningún otro más; y del mismo
modo ocurre en los demás grandes animales. Cuando
sucede de otro modo, se producen separaciones violen-
tas de lo demás ‘~
Ahora voy a dejar de tratar de los demás seres vi- 7
vos, y me explicaré acerca ,del hombre. Pues bien, en
el ser humano penetra un alma que contiene una com-
binación de fuego y agua, y es una parte del cuerpo
humano 20~ Sus partes, tanto masculinas como femeni-
nas, se forman muchas y variadas, y aumentan con el
~ La concepción del ‘alma. (psychE~ es claramente materialista.
Principio de vida que impregna, podríamos decir, el cuerpo animándo-
lo, necesita un espacio adecuado en un cuerpo adecuado. Hay algo
universal en el alma, pero hay algo específico en cada una, es decir,
cada tipo de alma corresponde a una especie animal.
19 Sobre la influencia de Anaxágoras. cf. JoLX, Recherches..., pá-
• ginas 26-35, y C. W. MOLLaR, Gleiches zum Gleichem, Wiesbaden, 1965,
págs. 122-26.
• 20 En estos párr;fos la concepción de la psych¿ como spérma se
nos presenta de un modo muy rápido. Probablemente la idea era cono-
cida. Había sido mantenida por Hipón de Regio, según apunta MosTO-
TELEs (en Acerca del alma 1 405 b), y la recoge también PLATÓN en un
pasaje del Tímeo 73b-c. Para mayores explicaciones sobre esta concep-
ción embriológica, véase JoLY, op. cit., págs. 29 y sigs.
192
y
TRATADOS HIPocRÁTIcOs
régimen de vida adecuado al hombre. Forzoso es que
las partes del hombre contengan todos sus constituyen-
tes, pues de aquel que no hubiera desde un principio
una partícula no podría desarrollarse ni recibir nutri-
ción, sea mucha o poca, ya que carecería de base para
su posterior crecimiento.
Conteniéndolos todos, cada parte crece en su propio
espacio, recibiendo la nutrición que proviene de un agua
seca y de fuego húmedo, introduciéndose algunos ele-
mentos a la fuerza y expulsando otros. Del mismo mo-
do que los carpiI~tcros sierran un madero, el uno tira
y el otro empuja, y hacen lo mismo; y al presionar ha-
cia abajo se desliza hacia arriba, ya que no admitiría
bajar fuera de su momento, y si se lo fuerza todo se
estropea. Así la nutrición humana: lo uno tira, lo otro
empuja; forzando hacia adentro sale afuera, y si se ha-
ce violencia a contratiempo todo va al traste.
8 Cada parte mantiene su propia disposición durante
tanto tiempo como,su espacio lo admite, y cuando ya
no y tampoco recibe suficiente nutrición para el desa-
rrollo máximo de sus posibilidades, entonces cambia a
un espacio más amplio, tanto las partes femeninas co-
mo las masculinas, impulsadas del mismo modo por
fuerza y necesidad- Las que primero cumplen el destino
asignado, éstas se separan primero, y al mismo tiempo
se combinan unas con otras. Pues cada parte primero
se separa, y luego se combina de nueve.
Una vez que han cambiado de lugar y consiguen in-
sertarse en un sistema armonizado según relaciones mu-
sicales exactas, en el que aparecen las tres consonan-
cias, cuarta, quinta y octava, viven y se desarrollan con
los mismos ingredientes que antes. Pero si no consiguen
alcanzar este acuerdo armónico, y no resultan acorda-
dos los graves con los agudos en el primer intervalo
o en el segundo o en la octava, si un solo tono falla,
todo el acorde queda malogrado, como que no podría
—u
SOBRE LA DIETA
193
servir de acompañamiento al canto 2I~ Entonces cam-
bian de lo mayor a lo menor antes del momento asigna-
do, porque desconocen lo que hacen.
Acerca de machos y hembras, de por qué nacen unos 9
y otras daré mis explicaciones al avanzar el escrito. Pe-
ro cualquiera que sea el sexo de la parte que avanza
y consigue la armonía, ésta se mueve, siendo húmeda,
por efecto del fuego. Al moverse se inflama y consigue
su nutrición de los alimentos y del aire respirado que
penetran en la mujer; así al comienzo en todo igualmen-
te, en tanto que es algo tierno. Pero por efecto del movi-
miento y del fuego se seca y se solidifica; y al solidifi-
carse se endurece en toda su superficie. Entonces el
fuego, que queda encapsulado, ya no puede obtener su-
ficiente nutrición ni expulsa el aire interno a causa de
la dureza de la capa envolvente. De modo que consume
la humedad del interior.
En cuanto a las partes duras y secas por naturaleza
en el organismo, éstas no se consumen en nutrición del
fuego, sino que se hacen más sólidas y se quedan com-
pactas al faltarles la humedad, y son las que se denomi-
nan huesos y tendones. El fuego, a partir de la hume-
dad combinada y agitada por él, organiza el cuerpo de
acuerdo con la naturaleza y según el destino asignado
de este modo: a través de las partes duras y secas no
pueden forjarse pasajes duraderos, porque ahí no obtie-
ne nutrición, lo que sí puede en las partes húmedas y
blandas, ya que éstas le sirven de sustento. Pero tam-
bién en éstas hay una sequedad que no es consumida
por el fuego, y estas partes se cohesionan unas con otras.
El fuego que está encerrado en lo más dentro es el
más abundante y consigue hacerse una salida más am-
plia, porque lo húmedo era por allí más abundante, y
~ Es muy probable la inspiración pitagórica en este pasaje so-
bre la proporción armónica del alma; acaso a través de Filolao.
y
194
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
eso es lo que llamamos «vientre» 22• De alh salió hacia
afuera, una vez que se encontró falto de alimento, y se
fabricó conductos para el aire respirado y la obtención
y distribución de los alimentos. La parte encerrada, que
era la más húmeda del fuego, produjo en esos espacios
interiores del resto del cuerpo tres conductos, que son
lo que se llaman «venas cavas». Y entre éstas, lo que
resta del agua se concentra y se densifica sólidamente
23
en lo que se llaman las «carnes»
10 En resumen, el fuego todo lo ha organizado por si
mismo en el interior del cuerpo, a imitación del univer-
so, acordando lo pequeño con lo grande y lo grande con
lo pequeño 24, La cavidad estomacal es como el órgano
más amplio, recipiente para el agua seca y húmeda, a
fin de proporcionaría a todo el resto y recibir de todo
lo demás, a la manera del mar, nutridor de los animales
adaptados a él y destructor de los inadaptados. En tor-
no a esta
produjo el fuego una con-
densación de agua fría y húmeda, conducto para un aire
interior frío y caliente, a imitación de la tierra, que trans-
forma todo lo que cae sobre ella. Y al consumir esto
y desarrollar lo otro, ha logrado una dispersión de agua
22 koilW, la .cavidad. central, por asi decir, del cuerpo.
23 sdrkes. Por .venas cavas, he traducido koflai phUbes.
24 Es muy interesante, esta formación del feto, en la que el prin-
cipio activo es el fuego, que asume también el papel de .ordenador.,
como era el no¿~.s en el kósmos de Anaxágoras. De nuevo aparece el
verbo díakosm~o. con el sentido de .organizar. u .ordenar., grato a
Anaxágoras. He,u dé lógt5i pónta di¿ kosm~saro karé tropon autó heéu-
¡di ¡ti en ¡di sOrnan té p9r, apomim!smn ¡ot2 hólou, mikrti prós megdla
kai megdla pró~ mzkrd es una sentencia solemne, que anuncia la com-
paración del microcosmos y el macrocosmos, que luego reaparecerá
en otro contexto. Se ha comentado que, tal vez, haya aquí algún eco
de doctrinas orientales, pero no parece justificado. La comparación
es antigua en el pensamiento griego. JOLY (Recherches..., págs. 39-52)
que comenta con amplitud el pasaje, prefiere pensar en influencias
pitagóricas.
SOBRE LA DIETA
195
ligera y de fuego aéreo, invisible y visible, secreción de
lo compacto, en lo que se mueve cada elemento para
llegar a hacerse visible en el momento prefijado. En el
interior el fuego ha formado tres circuitos, que se co-
rresponden entre si tanto por dentro como por fuera:
el uno en las cavidades de lo húmedo, a la manera de
la luna, el otro en la capa sólida circundante, a la ma-
nera de los astros, y el circuito medio que alcanza tanto
el interior como el exterior, a la manera del sol.
El fuego más cálido y más intenso, que domina todo,
que todo lo dirige de acuerdo con la naturaleza, inacce-
sible a la vista y al tacto, es aquel del que depende el
alma, la inteligencia, el pensamiento, el crecimiento, la
disminución, el movimiento, la alteración, el-sueño, el
estar despierto. Éste lo gobierna todo en todo momen-
to, tanto lo de aquí como lo de allí, sin vacilar jamás.
Los hombres no saben observar lo invisible a partir 11
de lo visible 25, Porque usan técnicas semejantes a la
naturaleza humana y lo ignoran 26, La providencia de
los dioses” les enseñó a imitar sus propias funciones,
sabiendo lo que hacen pero desconociendo lo que imi-
~ L.o invisible se manifiesta a través de lo visible, como se dice
en la famosa sentencia de ANAxÁGo¡c&s: ópsis ad~I431¡ té phainomena
lo aparente es visión de lo invisible (21A). Este es un principio muy
importante para el médico, que por los síntomas aparentes reconoce
dolencias internas. .mediante la visión de la inteligencia., ¡¿í ¡¿5 ~flÓ-
m¿s opse¡. según decía el autor del Peri UchnEs.
26 Pero la mayoría, los hombres en general, desconocen tal hecho:
ho¡ dé an¡hrépoi ek tón phanerdn ¡a aphan¿a skep¡esthaí ouk epistan-
¡aí. ¡echn¿isi gar chredmenoi homoi~¡sa an¡hr6pín~i ph~sEi ou gignós-
kous¡n. He aquí un tema propio de Heráclito: el desconocimiento con
que deambulan cual sonámbulos los humanos. Las lineas siguientes
evocan con su estilo brevilocuente y antitético las sentencias densas
de Heráclito. Sobre la imitación de la naturaleza en las artes y técni-
cas humanas, véase lo que dice ARISTiTELES. en su Física II 8.
27 Theón nóos es una expresión que encaja en la mentalidad reli-
giosa tradicional que parece sustentar el autor, como se ve luego en
algunos textos del libro IV.
196
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
tan. Pues todo es semejante siendo distinto, concertado
siendo divergente, dialogante sin entrar en diálogo, po-
seedor de razón siendo irracional. Opuesto es el modo
de ser de unas cosas y otras, concertándose entre sí.
Porque convención y naturaleza, con las que actuamos
en todo, no andan de acuerdo, concordando 25,
Los hombres han establecido ellos entre si lo con-
vencional, aunque ignoran sobre qué bases lo estable-
cieron; pero la naturaleza de todo la ordenaron los
dioses. Lo que los hombres establecieron jamás se man-
tiene en los mismos términos ni correcta ni incorrecta-
mente, pero cuanto los dioses déterminaron persiste jus-
tamente. Tanto se diferencia lo recto y lo no recto.
12 Yo voy a demostrar que las artes conocidas son si-
milares a los procesos experimentados por la naturale-
za humana, tanto visibles como internos. Así en el caso
de la
adivinatoria 29 Por los signos visibles
conoce lo invisible y por lo invisible lo visible, y por
lo que es conoce el futuro, y por los muertos lo vivo,
y por los hechos irracionales comprenden los adivinos,
el que es sabio siempre de modo acertado, el que no
es sabio unas veces si y otras no. Eso es un simulacro
de la vida y la naturaleza del hombre. Un hombre, tras
25 Esa oposición entre physis y nómos (ya aludida al final del ca-
pítulo 4) es un tema tópico en la época de la sofistica. nomos .conven-
ción~ o .ley~’, es lo que los humanos han dispuesto (di¿thesan), mien-
tras que la .naturaleza” la ordenaron los dioses (¡heoi diekósrnlsan).
29 La mántíca es la primera entre las varias ¡echnai que el autor
presenta (caps. 12-24) como ejemplos de la mimisis inconsciente, con
la que las artes parodian procesos naturales. Como se ve. se guarda
de negar el valor de la adivinación, aunque sugiere que algunos adivi-
nos se equivocan (de modo parecido se expresa a propósito de la adivi-
nación de los sueños, en el comienzo del libro IV). Sabre el tema de
la mím~sis en el pensamiento griego de la época, véanse los textos
que cita Joiy, Recherches.... págs. 53-75, así como sus precisiones 50-
bre lo peculiar de nuestro texto, en el que la influencia más probable
es la pitagórica, aunque un tanto difusa.
5OBRE LA DIETA
197
haberse unido a una mujer, engendra un niño. Por lo
visible conoce lo invisible, cómo será. La razón huma-
na, que es invisible, conociendo lo visible avanza desde
el niño hasta el hombre; por el presente conoce el futu-
ro. No es similar el muerto al vivo; pero por el cadáver
se conoce al ser viviente. El estómago carece de enten-
dimiento, pero con él entendemos que tenemos sed o
hambre. Las mismas experiencias están en la base del
arte adivinatoria y de la naturaleza humana. Para quie-
nes las conocen están siempre correctas, para los que
no las conocen de manera permanente, unas veces sí
y otras no.
Los artesanos funden el hierro con el fuego, presio 13
nando al fuego con el sopío del aire; le sustraen el ali-
mento que tenía, y volviéndolo maleable lo baten y lo
moldean. Y con el alimento de otra agua

se hace resistente. Lo mismo hace con el hombre el maes-
tro de gimnasia: le sustrae mediante el fuego la nutri-
ción de que disponía, presionándolo mediante la respi-
ración. Y cuando se ha vuelto maleable
,
lo golpea, lo moldea, y lo purga; y éste con una aporta-
ción de aguas de otra parte se vuelve resistente.
También los bataneros hacen eso: pisotean, baten, 14
estiran, y con rudo tratamiento fortalecen, cortando lo
que sobresale y recosiendo embellecen los tejidos. Lo
mismo le ocurre al hombre con ese tratamiento.
Los zapateros cuartean lo entero en trozos y de los 15
trozos hacen piezas enteras; cortando y taladrando lo
que está pasado las recomponen en buen estado. Tam-
bién eso le pasa al ser humano. De sus conjuntos se
cuartean trozos y de estos trozos ensamblados se origi-
nan conjuntos nuevos; sometidos a punzadas y cortes
por los médicos en lo que tienen deteriorado, recupe-
ran la salud. Y esto es lo propio de la medicina: recha-
zar lo que causa dolor, y al eliminar lo que motiva el
dolor devolver la salud. La naturaleza por sí misma lo
198
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
sabe: hace incorporarse al que está echado y reposar
al que está en agitación, y también otros trazos de la
medicina los posee la naturaleza.
16 Los carpinteros sierran: el uno empuja, el otro tira,
y ambos están haciendo el mismo trabajo; al empujar
sube un lado y desciende el otro. Al hacer menor hacen
mayor. Imitan la naturaleza del hombre. La respiración
expele el aire y lo atrae; hace lo mismo en ambos casos.
Por un lado oprime, por otro impulsa hacia arriba. De
una sola alma, al dividirse, resultan otras, más o menos
numerosas, más o menos grandes.
17 Los arquitc~ctos construyen sus obras conjuntadas de
materiales diversos, humedeciendo los secos, secando
los húmedos, troceando las piezas enteras y ensamblan-
do las troceadas. De no ser así no resultaría lo que debe
ser. Imitan la dieta del hombre: humedeciendo lo seco,
secando lo húmedo,
trocean lo en-
tero y recomponen lo troceado. Todo eso, que- es diver-
so, se armoniza-
18 Las composiciones musicales no son idénticas a par-
tir de los mismos tonos, de los agudos y de los graves,
similares en el nombre, pero desiguales en su son. Los
que más difieren mejor se acuerdan, y los que muy po-
co difieren muy poco se ajustan. Y si uno compone todo
en un solo tono, elimina el placer. Los cambios más am-
plios y más varios son los más placenteros.
Los cocineros les preparan a la gente platos de man-
jares varios, distintos, que se combinan de varios mo-
dos, y de los mismos ingredientes resultan cosas dife-
rentes, alimento y bebida para el hombre. Si todo lo
hicieran igual, no habría en ello deleite. Ni si en el mis-
mo plato lo combinaran todo tampoco estaría bien.
Los instrumentos de percusión en música dan unas
notas altas y otras bajas. La música imita a la lengua
~ Aceptamos la corrección al texto propuesta por H. KoLLER (en
Die Mimesis in der Antike. Berna. 1954. pág. 66) y por JOLY (op. Cii..
SOBRE LA DIETA
199
que distingue lo dulce y lo ácido de lo que se le da a
gustar, lo desacorde y lo acorde. Y da los sonidos altos
y bajos, y no es correcto dar los altos bajos ni los bajos
altos. Cuando la lengua está bien afinada hay placer en
el acorde y disgusto en lo discordante.
Los curtidores tensan, frotan, peinan, lavan; del mis- 19
mo modo se trata a los niños. Los canasteros dando vuel-
tas al cesto lo trenzan, y partiendo de un comienzo con-
cluyen volviendo al mismo comienzo. Lo mismo acaece
en el ciclo del cuerpo: donde comienza ahí viene a con-
cluir.
Trabajan otros el oro: lo baten, lo lavan, lo funden. 20
Al fuego suave, pero no al violento, se solidifica. Y, una
vez que lo tienen trabajado lo utilizan para todo. El hom-
bre sacude el trigo, lo lava, lo muele, y lo utiliza cocién-
dolo al fuego; pero no se aglutina en el cuerpo con un
fuego violento, sino con uno suave.
Los escultores hacen una imitación del cuerpo sin 21
alma, y forman seres no dotados de razón, a partir de
agua y tierra, humedeciendo lo seco y secando lo húme-
do; recortando lo que sobra y añadiendo lo que falta,
desarrollando (sus obras> de lo más pequeño a lo más
grande. Lo mismo sucede en el hombre: va creciendo
de lo más pequeño a lo más grande, eliminando lo que
sobra, añadiendo lo que falta, humedeciendo lo seco y
secando lo húmedo.
Los alfareros hacen girar el torno, y éste no se des- 22
plaza ni adelante ni atrás, y al moverse en los dos senti-
dos a la vez imita la rotación del universo. Y con la
misma rueda que voltea sobre sí fabrican variados ca-
charros, nada semejantes uno a otro, a partir de los mis-
mos materiales y con los mismos instrumentos. Lo mis-
mo les pasa a los hombres y al resto de los animales.
pág. 57). Los manuscritos dicen que ‘la lengua imita a la música..
Todo este párrafo sobre música suena a pitagórico.
y
200
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
En el mismo ciclo son modelados todos, de los mismos
materiales y con los mismos órganos, tornando seco lo
húmedo y húmedo lo seco, y no son semejantes en nada.
23 Un caso parecido es el de la escritura: combinación
de figuras, signos de la voz humana, capacidad de re-
memorar los hechos pasados, y de indicar lo que debe
hacerse ~ El conocimiento se construye con siete figu-
ras. Todo eso lo ejecuta el hombre, tanto el que sabe
de letras como el que no sabe. A través de siete estruc-
turas también se construyen las sensaciones del hom-
bre: el oído en contacto con los sonidos, la vista con
lo visible, las narices con el olór, la lengua con el sabor
de lo gustoso y lo desagradable, la boca con el habla,
el cuerpo con el tacto, los conductos interiores y exte-
riores con el aire cálido o frío. Gracias a estos sentidos
le llega al hombre el conocimiento.
24 El esfuerzo competitivo, el aprendizaje gimnástico
es algo así por el estilo:
en-
señan a transgredir las normas según una norma, a ser
injustos justamente, a engañar, hurtar, robar, cometer
actos violentos, a lo peor de la mejor manera 3Z~ El que
31 Es interesante recordar aquí los términos griegos, que resul-
tan más amplios que su traducción castellana, p. ej., grammatikt .es-
critura.. o schtmata .figuras.. .signos gráficos. y .letras. (y aquí
sólo los signos vocálicos). Dice así el texto: Grammatik~ ¡oió,sde. schE-
mdWn synrhesis. semeia phonis aníhropín~s, dynamis d paroichómena
mrWmoneúsai, tá poi~t~a dflósai. La relación entre las siete vocales
(o signos vocálicos. schtmata) y los siete sentidos (también schtmaia
.estructuras.) es, evidentemente, mucho más convencional de lo que
• el autor advierte. La referencia al número siete ha hecho pensar en
una relación con el texto de Sobre las semanas, caps. 8 y 19. W. Kranz
ha sostenido la existencia de una fuente común a ambos; tampoco pue-
de descartarse una influencia directa de uno en otro.
32 Es interesante este ataque del dietético contra los que se dedi-
can a la ag&nii~ la paidotribía, y. pocas líneas después, a la hypokrzti-
k¿. Desdén hacia posibles competidores y recelos críticos de un ilus
• trado. acaso con algún eco sofistico en tal actitud. Este ataque excluye,
SOBRE LA DIETA
201
no hace eso es malo, y el que lo hace bien bueno. Una
muestra de la insensatez popular. Admiran eso, y consI-
deran que entre todos
sólo uno es
bueno, y todos los otros malos. Muchos son los que ad-
miran, pocos los que entienden.
Las gentes que acuden al mercado hacen lo mismo.
Los hombres practican el engaño comprando y vendien-
do. Y el que más engaña, ése recibe admiración. Bebien-
do y enfureciéndose hacen lo mismo. Corren, pelean,
combaten, roban, engañan, y uno solo de todos es pre-
miado. El arte del actor embauca a los .espectadores.
Dicen unas cosas y piensan otras; los mismos entran
y salen que no son los mismos. Propio-del hombre es
decir esto y hacer aquello, y que la misma persona no
sea la misma, y sostener unas veces un juicio y otras
otro. Así que todas las artes tienen algo en común con
la naturaleza humana.
El alma humana que, como ya dejé dicho, presenta 25
una combinación de fuego y agua y las partes del ser
humano, se introduce en todo ser vivo que respira, y
ciertamente en cualquier humano, sea joven o viejo. Pe-
ro no en todos se desarrolla del mismo modo, sino que
en los cuerpos más jóvenes, donde la circulación es rá-.
pída y el cuerpo está creciendo, se inflama y se consu-
me ligera en el desarrollo del cuerpo. En cambio, en
los de más edad, cuando la circulación ya es lenta y
el cuerpo está más frío, se gasta en la mengua del
individuo.
Pero todos los cuerpos
que están en su
plenitud y en las edades de procreación pueden nutrir-
ía y desarrollarla. Un guerrero que puede dar comida
a numerosos hombres es un jefe poderoso, pero cuando
éstos le abandonan se ve más débil. Así es también para
según Joly, que el autor fuera el pedotríba Heróclíco de Selímbria,
de cuyas enseñanzas, sin embargo, hay algunas huellas en el tratado.
202
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
cada cuerpo. Los que pueden nutrir muchísimas almas
ésos son los más fuertes, y a medida que éstas les aban-
donan son más débiles ~~.
26 Lo que penetra en otro terreno no se desarrolla,
tan sólo lo que penetra en la mujer se desarrolla si en-
cuentra las condiciones favorables. Entonces todos sus
miembros se distinguen y se desarrollan a la vez, y nin-
guno con anterioridad o retraso sobre otro ~ Los ma-
yores por su condición natural se hacen visibles antes
que los menores, sin haber nacido antes ninguno.
No todos los seí-es se estn¡cturan en el mismo tiem-
po, sino que unos van más deprisa y otros más despa-
cio, según como consiga cada uno el fuego y la nutri-
ción. El caso es que algunos alcanzan a ser visibles a
los cuarenta días, lo otros a los dos meses, y los otros
a los cuatro. Y del mismo modo llegan al nacimiento:
unos más aprisa, a los siete meses, completamente for-
mados, y los otros, más lentamente, a los nueve meses
se muestran a la ltjz por completo con la composición
que mantendrán a lo largo de su vida.
27 Con que machos y hembras se originan regularmen-
te, en lo posible, de este modo. Las hembras, que son
más afines al agua, se desarrollan a partir de comidas,
bebidas y hábitos fríos, húmedos y blandos; los machos,
más próximos al fuego, de los alimentos secos y cálidos
~ El alma (psychE) aparece como spérma, que puede penetrar en
cualquier ser vivo, pero sólo desarrollarse en el cuerpo apropiado; es
decir, el alma humana sólo se desarrolla en el cuerpo humano. Mien-
tras que los muy jóvenes y los viejos consumen con su extremado ca-
lor o frío ese germen vivificador, el hombre y la mujer adultos tienen
poder de aumentar esta alma —similar—, y así pueden multiplicarla
y procrear. A ello parecen aludir las últimas palabras, poco claras-
~ En oposición a otros, que sostienen que, en el embrión o feto,
se desarrolla antes alguna parte privilegiada

segregado por el hombre, sino también el de la mujer,
por lo siguiente ‘~. Ninguna de las dos partes tiene de
por si suficiente movimiento a causa de la abundancia
de lo húmedo y por la debilidad del fuego para consu-
mir el flujo y volverlo sólido. Pero cuando ambos
se encuentran convergiendo en un mismo
lugar, se suman uno al otro, el fuego con el fuego y
el agua con el agua del mismo modo. Si entonces han
caído en lugar seco, se produce el movimiento y el fue-
go domina al agua confluyente, y desde este encuentro
se desarrolla el fuego, hasta el punto de no ser apagado
por el flujo que sobreviene, sino que resiste su avance
y lo solidifica sobre la base ya formada. Pero si caen
en húmedo, enseguida desde un comienzo
se apagan y se disuelven en el proceso de
mengua.
Sólo en un día de cada mes pueden solidificarse uni-
dos y dominar los flujos que les sobrevienen, y eso siem-
~ La opinión de que ambos padres segregan la semilla —spérma
y ps-vch~— del recién nacido fue sostenida por Parménides, Empédo-
cíes, Demócrito, Anaxágoras, y Epicuro. Pero hay un testimonio de
Aristóteles (De gen animal. IV 1, 763b) en contra de la atribución de tal
tesis a Anaxágoras: .Dicen algunos que en los fetos existe en seguida
la oposición (de sexos), como dicen Anaxágoras y otros de los fisiólo-
gos. Porque la simiente (spérma) viene del macho, y la hembra ofrece
sólo el lugar (de recepción), y en los machos está a la derecha y en
hembras a la izquierda.~ Censorino (V 4) es quien incluye a Anaxágo-
ras con los otros precursores de la tesis mantenida en Sobre la dieta,
y dice más: .Anaxágoras autem eius parentis faciem referre liberos
iudicavit qui seminem amplaus contulisset’. (VI 8).
204
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
pre que resulte que han convergido en un mismo lugar
al mismo tiempo desde ambos lados ~.
28 Pueden cohesionarse mutuamente lo femenino y lo
masculino porque en uno y otro de los progenitores se
nutren uno y otro ~ y porque el alma es lo mismo en
todos los seres vivientes, aunque el cuerpo de cada uno
sea diferente. En efecto el alma siempre es idéntica, tan-
to en el más grande como en el más pequeño; porque
no se altera ni por su condición natural ni por presio-
nes, en tanto que el cuerpo nunca es el mismo, ni por
naturaleza ni a la fuerza, ya que algo de él se disgrega
en todo y algo se mezcla con todo.
En el caso de que las partes segregadas por ambos
progenitores sean masculinas, se desarrollarán según su
fundamento, y de ellas nacerán hombres brillantes por
su espíritu y fuertes de cuerpo, con tal de que no les
perjudique su régimen de vida posterior ~ En el caso
de que lo procedente del hombre sea masculino, y lo
de la mujer femenino, y que se imponga lo masculino,
el alma más débil se funde con la más fuerte, ya que
no tiene adónde retirarse que le sea más apropiado en
lo que está a su alcance. Pues lo menor se dirige a lo
mayor y lo mayor converge con lo menor. Y juntamente
dominan lo que tienen a su disposición. El cuerpo varo-
nil se desarrolla, en tanto que lo femenino disminuye
y se aleja en pos de otra suerte. Y esos individuos son
menos brillantes que los anteriores; sin embargo, al im-
~ Una alusión curiosa al ciclo de fecundidad femenino, aunque
la reducción del período fértil a un único día resulta chocante-
~ También esta idea de que ambos progenitores pueden segregar
un semen de uno u Otro sexo es original (en la medida que nosotros
conocemos las teorías embriológicas antiguas). Se encuentran sólo en
el Peri gonés, caps. 6 y 7.
~ A partir de aquí se esboza, en breves trazos, un sistema de ca-
racteres basados en la combinación seminal, que distingue seis tipos.
Probablemente hay un influjo de Empédocles. pero a la vez una adap-
tación importante de nuestro autor en tal teoría.
SOBRE LA DIETA
205
ponerse lo masculino proveniente del hombre, son va-
roniles y reciben con justicia tal apelación.
Pero silo masculino proviene de la mujer y lo feme-
nino del hombre, y se impone lo masculino, esto se de-
sarrolla del mismo modo que lo de antes, mientras que
lo femenino mengua. Los que nacer4 sobre esta base son
afeminados, y se les llama así con razón. Estas tres son,
pues, las maneras de formarse los hombres, que se dis-
tinguen en que lo son más o menos
, por la
combinación del agua y del fuego, de sus elementos y
sus alimentos, crianzas y usos. Me explicaré al avanzar
el tratado también sobre estos puntos.
El ser femenino se origina de la misma manera. 29
Cuando lo femenino se segrega de ambos progenitores,
nacen las hembras muy femeninas y muy hermosas. Si
lo femenino proviene de la mujer, y lo masculino del
varón, y se impone lo femenino, resultan unas mujeres
más bravas que las anteriores, pero también éstas son
moderadas. Mas cuando lo femenino viene del varón,
y lo masculino de la mujer, y domina lo femenino, éste
se desarrolla según el mismo modo, pero de ahí salen
unas mujeres más bravas que las anteriores y las lla-
man masculinas.
Si alguno no cree que el alma se fusiona con el al-
ma, que observe los carbones ~‘. ¿ Acaso al echar los no
encendidos a los ya ardientes, fuertes sobre débiles, y
darles así el alimento, no forman todos un cuerpo ho-
mogéneo? Y allí no puede distinguirse uno de otro, sino
que se inflaman en un mismo montón, y el conjunto es
semejante al final. Y cuando se han gastado el alimento
de que disponían se disuelven en lo invisible; eso es lo
que sufre también el alma humana.
~ La imagen da una noción muy clara de la condición material
de esa psych¿ - spérma que se funde y cohesiona dentro del cuerpo.
206
TRATADOS HIPOCRTICOS
30 Acerca del nacimiento de gemelos la explicación lo
aclarará del siguiente modo: en lo fundamental la cau-
sa está en la matriz de la mujer ~. Pues si a uno y a
otro lado del orificio de entrada ambos costados se han
desarrollado por igual, y están receptivos de igual ma-
nera, y se han secado tras la menstruación, resulta ca-
paz de dar nutrición a las simientes que recibe del hom-
bre, en caso de que se escindan a ambos lados de la
matriz por igual. Si la simiente es abundante, pues, por
parte de ambos progenitores y se desprende fuerte, pue-
~de desarrollarse a ambos costados, porque consigue la
nutrición conveniente. En otro caso no nacen gemelos.
Cuando lo segregado por ambos progenitores es mas-
culino, resulta forzoso que se origine un varón en am-
bos costados, y cuando es femenino, de uno y de otro,
que nazcan hembras. Y cuando uno es femenino, y otro
masculino, aquel de los dos que se impone, ese sexo se
desarrolla. Los gemelos nacen parecidos entre sí por es-
tas razones: en primer lugar, porque se desarrollan en
idénticos lugares; luego, que ambos han sido segrega-
dos al mismo tiempo; luego, qúe se desarrollan con los
mismos alimentos, y que salen conjuntamente en el parto
a la luz.
31. La superfetación resulta del modo siguiente: cuando
la matriz está cálida y seca naturalmente, y lo mismo
la mujer, y el esperma llega seco y cálido, no hay ya
en la matriz ninguna humedad que domine la simiente
que allí cae. Por eso desde un comienzo ésta se consoli-
da y vive, pero no puede perdurar, sino que incluso vie-
ne a destruir el embrión ya existente, porque no les sir-
ven a ambos las mismas cosas.
32 El agua más ligera y el fuego más suave, al con-
seguir su combinación en el cuerpo humano, dan como
resultado la constitución más saludable por los motivos
Algo parecido se dice en Sobre la naturaleza del niño 31.
SOBRE LA DIETA
207
siguientes: en las mayores variaciones de las estaciones
del año ni la una ni el otro se condensan hasta su extre-
mo, ni el agua llega a lo más denso en los aflujos del
agua, ni el fuego en los del fuego, ni en los Cambios
de las edades ni con los usos de comidas y bebidas. Pues
ambos
pueden admitir muy col-
mada generación y plenitud. El bronce más dúctil y sua-
ve admite la mezcla más firme y resulta el más bello.
Y el agua más ligera y el fuego más suave al entrar
en combinación resultan del mismo modo. Así que los
que tienen esa constitución natural viven en estado sa-
ludable todo el tiempo, hasta los cuarenta años, y algu-
nos hasta la extrema vejez. Y a aquellos a los que les
ataca alguna enfermedad después de los cuarenta años,
no suelen morir.
Todos los cuerpos que tienen una combinación del
fuego más fuerte y del agua más densa son fuertes y
vigorosos, pero requieren mucho cuidado. Pues tienen
muchos cambios en uno y otro sentido, y tanto en los
aflujos del agua caen en dolencias enfermizas como en
los del fuego, de un modo semejante. A tal individuo,
para enfrentarse a las estaciones del año, le conviene
utilizar un régimen de vida afín al fuego, al sobrevenir
el aflujo del agua, y cuando sea el aflujo del fuego utili-
zar un régimen dietético afín al agua, variándolo paula-
tinamente de acuerdo con la estación.
Cuando el agua más espesa y el fuego más ligero
1
se encuentran combinados en un cuerpo, se dan tales
efectos que hay que diagnosticar una naturaleza fría y
húmeda. Estos cuerpos son más enfermizos en invierno
que en verano, en la primavera que en otoño. Respecto
de las edades, los más sanos son los niños; en segundo
lugar, los adolescentes; y muy enfermizos son los más
viejos y los de edades próximas. Y estas naturalezas en-
vejecen rápido. A éstos les conviene mantener una dieta
de todo aquello que calienta y seca, tanto en alimentos
208
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
como con ejercicios, y realizar los ejercicios que afec-
tan al exterior del cuerpo más que al interior.
Si el fuego más húmedo y el agua más densa logran
su combinación en el cuerpo, hay que reconocer una
naturaleza húmeda y cálida por los siguientes síntomas:
tales personas enferman sobre todo en primavera, y muy
raramente en otoño, porque en la primavera hay un ex-
ceso de la humedad, y en el otoño una Justa proporción
de sequedad. De sus edades la más enfermiza es la ju-
ventud. Los cuerpos se desarrollan deprisa y están pro-
pensos a los catarros. Les conyiene llevar una dieta de
aquello que enfría y seca, tanto de comidas y bebidas
como de ejercicios, y en cuanto a estos ejercicios físicos
les conviene más realizar los que afectan al interior del
cuerpo.
Si se combinan el fuego más fuerte y el agua más
ligera, la naturaleza será seca y cálida. En estos indivi-
duos la enfermedad se presenta durante los aflujos del
fuego, y la salud en los del agua. Cuando están en su
edad de plenitud, en la buena disposición de su carne,
son más propensos a las enfermedades, y los más sanos
son los viejos, y de igual modo en las edades próximas
a una y otra. Les convienen dietas que enfrían y hume-
decen, y aquellos ejercicios físicos que, calentando y con-
sumiendo un mínimo, procuren muchísimo refresco. Los
de tal condición natural son de larga vida y logran una
bella vejez.
Si se da una combinación del fuego más suave y del
agua más seca, la naturaleza resultante es fría y seca,
enfermiza en el otoño, saludable en primavera, y se com-
porta de ese modo en las épocas cercanas a una y otra
estación. Su edad enfermiza es en torno a los cuarenta
años, y los más sanos son los niños. De modo parecido
sucede en las cercanías de uno y otro período. Las die-
tas (que le convienen) son las que siendo cálidas hume-
decen, y ejercicios que, adoptándose paulatinamente~
SOBRE LA DIETA
209
calientan con suavidad, sin consumir mucho de las re-
servas naturales.
Así que acerca del diagnóstico de la naturaleza hu-
mana esto es lo que hay que discernir al considerar la
constitución fundamental ~
En cuanto a las edades, por si mismas presentan las 33
siguientes características 42~ El niño está formado con
una combinación de elementos húmedos y cálidos, por-
que está compuesto por ellos y con ellos se desarrolla.
En efecto, lo que está muy próximo al nacimiento es
muy húmedo y muy cálido, y crece al máximo, y de igual
manera lo que está más cercano. El joven es una mez-
cla de elementos cálidos y secos, cálidos porque la apor-
tación de fuego se impone sobre el agua; y secos porque
la humedad de la infancia ya se ha consumido, una par-
te gastada en el crecimiento del cuerpo, otra en el mo-
vimiento del fuego, y en parte por los ejercicios físicos.
El hombre, cuando su cuerpo detiene su crecimiento,
es seco y frío, porque el fluir de lo cálido ya no se impo-
ne, sino que queda detenido, y al aquietarse el cuerpo
en su crecimiento se queda enfriado. Pero aún le resta
lo seco de la edad anterior, y aún no tiene la humedad
de la edad siguiente y del aflujo de agua
,.
y por eso está dominado por elementos secos. Los vie-
jos son fríos y húmedos, a causa de la retirada del fue-
go, y del aflujo del agua, es decir, distanciamiento de
lo seco y constitución de lo húmedo.
En todos los seres vivos los machos son más cálidos 34
y secos, y las hembras más húmedas y frías por los mo-
41 La oración parece recoger, a modo de cláusula que cierra un
amplio capítulo, uno de los temas generales apuntados en el cap. 2,
con carácter programático: así hay que .discemir la constitución fun-
damental. diagigndslcein tés ex arch&~s sysrdsios.
42 Las características de las cuatro edades se explican por la mez-
cla de las cuatro cualidades básicas: lo cálido y lo frío, lo seco y lo
húmedo.
210
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
tivos siguientes. Desde un comienzo cada uno
se originó con tales caracteres y se desarrolla
gracias a ellos, y tras el nacimiento los machos se sir-
ven de unos hábitos de vida más esforzados, de manera
que se calientan y se secan, mientras que las mujeres
llevan un régimen de vida más húmedo y más tranqui-
lo, y llevan a cabo una eliminación del calor de su cuer-
po cada mes.
35 A propósito de la llamada inteligencia del alma y
de la necedad sucede lo siguiente. El fuego más húme-
do y el agua más seca al lograr su combinación en un
cuerpo consiguen su mayor inteligencia, ya que el fue-
go retiene del agua la humedad y el agua del fuego la
sequedad ~. Cada uno de ambos es así de lo más auto-
suficiente. Ni el fuego muy necesitado de alimento va
a buscarlo lejos, ni el agua falta de movimiento se que-
da inerte. Así que cada uno es muy autosuficiente tanto
solo frente al otro como en la mezcla con él. Pues lo
que menos necesita de sus circunstancias, eso se aplica
más y mejor a lo presente, el fuego que se mueve mini-
mamente a no ser por obligación, y el agua que se mue-
ve lo más posible no siendo retenida por la fuerza. El
alma que tiene la combinación de estos elementos es
la más sensata y la más memoriosa. Y si por algún in-
flujo cualquiera de éstos creciera en exceso o se agosta-
ra, resultaría la más estúpida”, porque es, con estas
cualidades, de lo más autosuficiente.
Si se da una combinación del fuego más puro y del
agua
, y el fuego resulta ser algo inferior
~ La mezcla más completa es la que proporciona una mejor in-
teligencia (ph ronesis psych~s). HERÁcLITo (fr. 74) y Diógenes de Apolo-
nia habían sostenido que ‘el alma seca es la mejor., y nuestro autor
señalará más adelante que, siendo el fuego el elemento activo y el agua
el pasivo, la estupidez es más propia de aquellos en que predomina
lo húmedo. Pero lo mejor es una buena krds¿s, equilibrada. Para hue-
llas de teorías de Empédocles, cf. TsoFs.ssTo, De sen.su 6 55.
“ La corrupción de lo melor es la pésima.
SOBRE LA DIETA
211
al agua, también salen individuos inteligentes, pero ín-
‘~ feriores a los de antes, ya que al ser dominado el fuego
por el agua y al hacerse lento su movimiento, se dirige
más torpemente hacia las sensaciones. Son considera-
blemente constantes tales almas en lo que se aplican.
Y si se sigue una dieta correcta, puede

resultar más inteligente y agudo de lo que prometía su
natural ~. Le conviene a éste utilizar los tratamientos
afines al fuego, sin hartazgos ni de comidas ni de bebi-
das. Por lo tanto le conviene practicar carreras de velo-
cidad, para que el cuerpo se vacie de lo húmedo y que
lo húmedo se condense más pronto. Luchas, friegas, y
ejercicios gimnásticos semejantes no le conviene practi-
car, para que los poros no se hagan más amplios y se
colmen de exceso, pues en ese caso seria fatal que el
movimiento del alma se hiciera pesado. Conviene dar
paseos, tanto después de comer como de mañana y des-
pués de las carreras. Después de comer, para que el
alma reciba un alimento má~ seco que los alimentos in-
geridos; de mañana, para que los conductos se vacíen
de humedad, y no se obstruyan los poros del alma; tras
los ejercicios físicos, a fin de que las secreciones produ-
cidas por la carrera no se queden en el cuerpo, ni se
mezclen al alma, ni obstruyan los conductos ni se alte-
re el alimento. Y conviene recurrir a los vómitos para
purificar el cuerpo, en caso de que los esfuerzos físicos
lo hagan insuficientemente, y tomar alimento tras los
vómitos aumentándolo poco a poco durante cuatro días
al menos, o más. Es más conveniente tomar friegas que
baños, y tener trato sexual con más frecuencia al pro-
ducirse los flujos de agua, y con menor frecuencia en
los del fuego.
Sobre la constitución somática operan los beneficios de la die-
ta apropiada. Ahora entra el autor en terreno propio, y da indicacio-
nes claras, referidas a los hábitos y ejercicios usuales.
212
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
Si en uno se presenta la potencia del fuego inferior
a la del agua, forzosamente su alma será más lenta, y
éstos son los que llaman bobos. Al ser, por tanto, lento
el movimiento circular del alma, en un breve punto la
alcanzan las sensaciones, que son rápidas, y en poco
se mezclan a causa de la lentitud del movimiento circu-
lar. Pues las sensaciones del alma, las que vienen por
la vista o el oído son rápidas, y las del tacto más lentas
y más fáciles de aprehender. Por eso tales individuos
perciben éstas no menos que las demás personas, es de-
cir las de frío, calor y otras por el estilo. Pero todas
aquellas que hay que percibir por la vista o el oído, que
no se saben de antemano, no son capaces de captarlas.
Pues si el alma no es agitada por el fuego que la impul-
sa, no puede percibir qué sucede.
Tales almas no lo experimentan por su tosquedad.
Pero si siguen un buen régimen, también éstos pueden
mejorarse. Les conviene un tratamiento como el del ca-
so anterior, con ~los alimentos más secos y en menor
cantidad, y con ejercicios más abundantes y más vivos.
También les conviene tomar baños de vapor, y tener vó-
mitos después de estos baños, con un aumento de la
alimentación tras los vómitos en un periodo más largo
que en el caso anterior. Y si se hace esto puede mejorar
su salud y su inteligencia.
Si en mayor medida resulta dominado el fuego por
el agua presente, tenemos esos individuos que llaman
necios unos y otros idiotas. La locura de éstos deriva
a una mayor torpeza y lentitud. estos lloran sin ningún
motivo, temen lo que no es terrible, se duelen de lo que
no es penoso, y no perciben en realidad nada de lo que
deben percibir los sensatos. Les conviene tomar baños
de vapor y purgarse a fondo con eléboro” después de
“ Uno de los pocos lugares (junto con los caps. 67, 73 y 76) CfI
que se recomienda recurrir a una droga: es muy poco partidario de esto.
SOBRE LA DIETA
213
los baños, y seguir la dieta recomendada en el caso an-
terior. Necesitan delgadez y sequedad.
Si el agua obtiene una potencia inferior a la del fue-
go que ofrece una combinación pura, en los cuerpos con•
buena salud el alma de esta clase es inteligente y percí-
be prontamente lo que le afecta, y no ofrece muchas
alteraciones. Por tanto la naturaleza de esta clase es
de un alma buena. Pero también este individuo puede
hacerse mejor con una dieta correcta, y peor con una
mala. A éste le conviene un régimen de vida más bien
afín al agua, evitando los excesos de comidas, bebidas
y ejercicios, y con carreras de fondo y díau los y lucha
de palestra y todos los, demás ejercicios gimnásticos,
haciéndolos sin ningún exceso. Pues si conserva su cuer-
po en disposición saludable y no está alterado por na-
da, la combinación de su alma es inteligente.
Si la potencia del agua está aún más dominada por
el fuego, es forzoso que esta alma sea más vivaz en tan-
to en cuanto se mueve más deprisa, y que atiende más
deprisa a las sensaciones, pero que sea menos estable
que las anteriores, puesto que selecciona más deprisa
los datos que se le presentan y se dirige hacia más obje-
tos por su rapidez. A éste le conviene un régimen dieté-~
tico más afín al agua que en el caso anterior; y tomar
pan de cebada más que de trigo, y mejor pescados que
carnes, y una bebida más aguada, y tener menos rela-
ciones sexuales; y en los ejercicios físicos servirse so-
bre todo de los naturales y en gran número, y de los
víolentos servirse sólo en caso de necesidad, y pocos.
Y de vómitos sólo tras los hartazgos, para que se vacíe
el cuerpo, pero que se caliente lo mínimo. A estos tipos
les conviene ser flacos para ser inteligentes, pues de la
abundancia de carnes es fatal que se origine una infla-
mación en la sangre. Y cuando esto le ocurre a un alma
semejante, se instala en la locura, al quedar dominada
214
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
el agua y extendido el fuego. Les conviene a éstos dedi-
carse a sus ocupaciones después de haber comido más
que en ayunas, ya que su alma está más asentada al
estar impregnada de la alimentación conveniente que
al estar falta de alimento.
Si aún más el agua está dominada por el fuego, se-
mejante alma es demasiado vivaz y es forzoso que tenga
pesadillas. A éstos los llaman maniáticos, puesto que
están muy próximos a la locura. Pues con una inflama-
ción corta y a destiempo enloquecen, ya sea en momen-
tos de embriaguez o de abundancia de carne o en una
comilona de carne. Por tanto un individuo de este tipo
debe abstenerse de todo eso y de cualquier otro hartaz-
go, y de los ejercicios gimnásticos violentos; debe con-
sumir pan de cebada de harina gruesa, y verduras her-
vidas, a excepción de las laxantes, y pequeños pescados
en salmuera; y lo mejor es que beba agua, si lo soporta,
y si no, lo más parecido a esto, a base de un vino blanco
y suave. Además muchos paseos matinales, y después
de comer sólo para mantenerse en pie, a fin de que los
alimentos no se sequen con estos paseos de después de
la comida, y que el cuerpo se vacíe por la mañana. Y
tomar baños completos de agua tibia mejor que darse
unciones. Les conviene también en verano recurrir a sies-
tas cortas durante el día, no muchas, de modo que el
cuerpo no se deseque por causa de la estación. Es pro-
vechoso en primavera que se purguen con eléboro des-
pués de haber tomado baños de vapor, y luego recurrir
a una dieta sedante, y tampoco este individuo debe de-
dicarse a sus trabajos en ayunas. Con estos cuidados
el alma de este tipo puede ser la más inteligente.
36 Con que acerca del alma, de que sea inteligente o
insensata, la causa es esta combinación, como queda aquí
descrito por mi. Y mediante la dieta puede hacerse me-
jor o peor. Cuando domina el fuego en sus cursos, tal
vez es posible aumentar el agua, y cuando domina el
SOBRE LA DIETA
215
agua en la combinación acrecer el fuego. Con esto se
47
hacen las almas más inteligentes o más insensatas
De los siguientes caracteres no es causa la combina-
ción dicha: el irascible, el indolente, el artero, el sim-
ple, el malévolo, el benévolo. De todos éstos la causa
está en la naturaleza de los poros a través de los que
se mueve el alma. Pues según cómo sean los conductos
por los que el alma circula y a los que el alma se lanza
y en los que se mezcla, así se forma el carácter. Por
eso no es posible variar tales disposiciones mediante
la dieta, porque no es posible moldear de nuevo una
naturaleza oculta.
De igual modo también de cómo sea la voz son cau-
santes los pasos por donde se mueve el aire respira-
do. Según cómo sean aquellos por los que el aire se mue-
ve y a los que el aire encuentra, tal será forzosamente
la voz. Y a ésta es posible volverla mejor o peor porque
se pueden hacer más suaves o más ásperos los pasos
del aire inspirado, pero lo anterior es imposible cam-
biarlo mediante la dieta.
LIBRO II
La situación de las regiones y la naturaleza de cada 37
una hay que considerarla del modo siguiente ~. En ge-
~‘ Este párrafo clausura rápidamente el tema. A continuación se
mencionan ciertos rasgos de carácter de los que no es responsable
la combinación seminal, y en los que no tiene papel la dietética.
~ Traduzco así el término póroz. También esto puede ser un eco
de teorías de Empédocles. (Cf. el ya citado resumen de Teofrasto.)
~ El auto¡~ sigue la exposición de los puntos prometidos en su
programa introductorio, pasando ahora a ocuparse de .das situaciones
de las regiones~ (théseís tón ch6ru3n) y de las .variaciones de los vien-
tos~ (merabolós ¡On pneuPnarón), que había anunciado en 1 2. Estos
dos capítulos (37-38), que hablan brevemente de los factores ambienta-
les, le sugieren al lector actual una relación con el tratado de Sobre
y
216
TRATADOS H ¡t’ocRÁTícOS
neral puede decirse esto: la que está en zona meridional
es más cálida y seca que la situada hacia el norte, ya
que está más cerca del sol. En estas regiones es necesa-
rio que tanto las razas de los humanos como los vegeta-
les de su suelo sean más secos, más cálidos y más fuer-
tes que los de los paises contrarios. Así, por ejemplo,
la raza de Libia en comparación con la del Ponto y las
más próximas a una y a otra.
Consideradas en si mismas las regiones se presentan
así: las altas y áridas y situadas hacia el mediodía son
más secas que los llanos con l~ misma orientación, por-
que tienen menos humedad, ya que aquéllas no pueden
retener el agua de lluvia, y éstos si pueden. Las lacus-
tres y pantanosas humedecen y calientan. Recogen ca-
lor, porque son cóncavas, están abrigadas y no las ba-
ten los vientos. Humedecen porque las plantas de su
suelo —de las que se nutren los hombres— son más hú-
medas, y el aire que respiramos es más denso a causa
del agua en su estancamiento.
Los valles que no tienen tales aguas resecan y cal-
dean. Caldean porque son cóncavos y están protegidos;
y resecan a causa de la sequedad de los alimentos, y
porque el aire que respiramos, siendo seco, atrae la
humedad de los cuerpos para su propio alimento, no
teniendo nada más húmedo a su disposición como nu-
trición. Cuando en tales regiones los montes están orien-
los aires, aguas y lugares. Puede discutirse si esa es una influencia direc-
ta. como sostuvo M. Pohlenz, o bien, como prefiere R. Joly, una coinci-
dencia parcial —que no excluiría una lectura distante de ese tratado
por parte del autor de Sobre la dieta—. La influencia de los factores
ambientales —disposición de los lugares y variación de los vientos y
de las estaciones— ha sido, sin duda, algo aceptado por la generalidad
de los profesionales de la medicina hipocrática. Y nos parece que no
mucho más puede extraerse de este breve apartado. muy distinto al
resto del libro II por su temática. Frente al estilo de Sobre los aires,
aguas y lugares, el de nuestro tratado es bastante dogmático y esque-
mático.
SOBRE LA DIETA
217
tados hacia el sur, soplan en ellas los vientos del sur
abrasadores e insalubres. Pero cuando los montes están
orientados al norte, los sopíos del Bóreas acarrean per-
turbaciones y producen enfermedades.
Cuando estos valles orientados al norte están veci-
nos a los poblados, o bien tienen enfrente una isla en
el mar, esa región resulta cálida y enfermiza, ya que
ni el Bóreas soplando ofrece una aportación de viento
saludabl¿, ni se refresca con los vientos veraniegos.
En cuanto a las islas, las cercanas a la tierra firme
son de inviernos más duros, y las situadas en alta mar
tienen más caldeado el invierno, ya que las nieves y hie-
los quedan retenidos en la tierra continental y de allí
envían los vientos fríos a las islas cercanas, mientras
que las de alta mar no tienen tal demora
en el invierno.
Acerca de los vientos, de cuál es la naturaleza y la 38
potencia que presenta cada uno, hay que distinguirlas
del modo siguiente. Todos los vientos tienen la capaci-
dad natural de humedecer y enfriar los cuerpos de los
animales y las plantas por estas razones: forzosamente
esos vientos soplan desde la nieve y el hielo, de terre-
nos helados, de ríos y lagos y de un suelo húmedo y
frío. Y los más fuertes vientos proceden de condiciones
más fuertes y más potentes, los más débiles de condi-
ciones menos duras y más débiles. Así pues como hay
aire en el interior de los animales ~, así también lo hay
en todos los demás seres, en unos menos y otros más,
~ Esta doctrina puede evocar el panneumatismo de Diógenes de
Apolonia, pero debía de ser un tópico muy aceptado en esta época.
Confróntese, en el CH. Sobre los vientos 3, y Sobre la naturaleza del
niño 12. con respecto al nivel de estas teorías, ver R. Joiv. Le niveau
de la sc¡ence hippocrarique, París, 1966. págs. 87-97. Tanto para desig-
nar el viento como para el aire interior de los cuerpos, el autor utiliza
el mismo término de pnedma (que en otros textos se opone al aire
exterior. arr).
218
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
según su tamaño. Por naturaleza, pues, todos los vien-
tos pueden enfriar y humedecer. Pero según la disposi-
ción de las regiones y lugares a través de los que se
originan los vientos en cada terreno, resultan diferen-
tes unos de otros: más fríos, más cálidos, más secos,
más húmedos, más enfermizos, más saludables.
Respecto a la causa de cada uno hay que conocer
lo siguiente: el Bóreas sopla frío y húmedo, porque pro-
viene de tales regiones y discurre por lugares tales que
el sol no los alcanza y no les sorbe la humedad, dese-
cando el aire. de modo que
llega a la tierra
habitada conservando su potencia propia, siempre que
la disposición de la región no lá destruya.
Y para los que habitan muy cerca resulta muy frío,
y mucho menos para los que habitan mucho más lejos.
El viento del sur sopla desde lugares semejantes por
su naturaleza a los del viento norte. Pues soplando des-
de el polo sur, surgiendo de la abundante nieve, el hielo
y las zonas duramente congeladas, forzosamente será
para los que habitan por allí cerca de éste tal cual es
para nosotros el Bóreas. Pero no llega igual a cualquier
región. Porque al soplar a través de los accesos del sol
y a través de la zona meridional su humedad es absor-
bida por el sol. Al desecarse se hace más ligero, por
lo que necesariamente llega aquí seco y cálido 5l•
En las zonas de muy cerca necesariamente desarro-
lla tal potencia, cálida y seca, como la que muestra en
Libia: abrasa las plantas y, sin que se advierta, deseca
a los humanos- Puesto que, en efecto, no puede absor-
ber humedad ni de la mar ni de un río, sorbe lo húme-
do de los hombres y de las plantas del todo. Y cuando
cruza el mar, como es cálido y ligero, colma de hume-
SI Sobre las causas de los vientos, mencionando su desplazamiento
desde el polo, había escrito ANAxÁGos~&s, interesado en explicar los cam-
bios atmosféricos (cf. fr. A 42, en Los filósofos presocraticos, II, Ma-
drid. 13. C. G., 1979, pág. 376).
Y
5OBRE LA DIETA
219
dad abundante la región a la que aboca. Fatalmente el
Noto es cálido y húmedo, de no ser que las posiciones
de los terreno~ sean causas
. De un modo
semejante se presentan las cualidades de los otros
vientos.
Según cada una de las regiones los vientos son del
modo siguiente. Los vientos que desde el mar van hacia
las tierras, o bien desde la nieve, los hielos, o las lagu-
• nas o los ríos, todos humedecen y refrescan tanto a
vegetales como a animales, y procuran salud a los cuer-
pos, siempre ~ue no se excedan en su frialdad. Enton-
ces éstos causan daños, porque producen grandes cam-
bios de calor y de frío en los cuerpos. Esto lo sufren
quienes habitan en terrenos pantanosos y cálidos cerca
de fuertes ríos. Pero los otros vientos que soplan desde
los lugares antedichos son beneficiosos, al aportar el
aire puro y sereno y ofrecer humedad al principio cáli-
do del alma.
Todos los vientos que soplan hacia el interior de la
tierra son necesariamente más secos, porque se van de-
secando a causa del sol y del suelo. No pudiendo ex-
traer su nutrición de otra parte, los vientos atraen lo
húmedo de los seres vivos, y dañan tanto a las plantas
como a los demás seres vivos. Y todos los que por enci-
ma de las montañas llegan a las poblaciones, no sólo
desecan, sino que además perturban el aire que respira-
mos, y también los cuerpos de los humanos, de manera
que producen dolencias. Con que hay que distinguir la
naturaleza y la potencia de cada uno de ese modo; y
cómo hay que precaverse ante cada uno de ellos lo mdi-
caré al avanzar en el tratado.
De alimentos y bebidas hay que distinguir la cua- 39
• lidad fundamental de cada uno, sea natural o bien arti-
ficial, de esta manera siguiente. Todos cuantos han
intentado expresarse de modo general acerca de la cua-
lidad básica de las cosas dulces o saladas o grasas o
r
220
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
sobre alguna otra sustancia del mismo tipo, no andan
bien informados 52, Porque no tienen la misma cualidad
unas que otras todas las cosas dulces, ni las grasientas,
ni ninguna de las demás por el estilo. Pues muchas co-
sas dulces son laxantes, y otras son astringentes, unas
desecan y otras humedecen. De igual modo sucede con
todas las demás. Hay algunas que son astringentes y
otras laxantes, unas son diuréticas y otras nada de eso.
De igual modo sucede con las cosas que-rescaldan y las
demás semejantes: tiene una una cualidad y otra tiene
otra. Así que no es posible acerca de todas en conjunto
52 Se anuncia el catálogo de alimentos al que se dedican los ca-
pítulos sigs. (40-46) de este libro. Se indica que existen otros textos
en la literatura especializada de la época, pero nuestro autor pretende
ser más completo y sistemático que sus precursores. No tenemos sufi-
cientes elementos de juicio para confirmarlo, pero podemos fiarnos
de su aserto. El catálogo de los alimentos, bastante amplio, parece
recoger datos tradicionales y es notoriamente más completo que cual-
quier otra noticia conservada, lo cual tampoco es decir mucho. Por
otra parte, en su insistencia sobre lo complejo de las influencias de
los alimentos, y en la búsqueda de la d9namis esencial de unos y otros,
encontramos un rasgo de realismo critico, semejante al del famoso
pasaje de Sobre la medicina antigua 14-16, donde se polemiza contra
opiniones demasiado esquemáticas o .metafisicas~, acerca de los prin-
cipios fundamentales. Mientras que en el libro 1 de Sobre la dieta en-
contrábamos una afirmación de principios filosóficos sobre la consti-
tución última del organismo —fuego y agua, humedad y sequedad, ca-
lor y frío, como en otros testimonios de filósofos presocráticos—, aquí
parece imponerse un cauto sentir próximo al principio de observación
empírica del profesional hipocrático.— Sobre el valor científico de los
caps. siguientes es difícil pronunciarse. Cf. .IOLY, Le niveau..., páginas
100-115. Sólo otros dos textos en eICH dan algunas listas semejantes.
aunque mucho más breves: el Apéndice a ,.Sobre las enfermedades agu-
das” en notas sueltas, y Sobre las afecciones 39-61. La comparación
de los textos revela coincidencias que se explican por la referencia
a una tradición abierta de esos conocimientos, medio populares medio
profesionales. Es probable que en los escritos dietéticos aludidos por
nuestro autor, y perdidos para nosotros, abundaran este tipo de listas-
El mérito de estos caps. estrib: en su esfuerzo por dar una lista am-
plia y de conjunto.
SOBRE LA DIETA
221
demostrar que son de tal o cual manera. De cada una
en particular yo enseñaré la cualidad que posee.
La cebada es por naturaleza algo frío y húmedo, y 40
deseca. Contiene también algo purgativo procedente del
jugo de la cáscara. La prueba es que si quieres hervir
los granos de cebada sin mondar, el zumo resulta fuer-
temente purgativo. En cambio, si la mondas,

es, más bien, refrescante y astringente.
Pero cuando la tuestas, lo húmedo y purgativo desa-
parece por efecto del fuego, y lo restante es frío y seco.
En cuantas ocasiones haya que refrescar- y desecar, la
harina de cebada puede lograrlo así, usándola en cual-
quier tipo de masa. Tal es la efectividad que tiene el
pan de cebada. Las harinas no bien cribadas dan menos
alimento, pero son más laxantes. Las puras son más ali-
menticias y menos laxantes. El pan de harina amasado
de antemano, humedecido, basto, resulta ligero, y es la-
xante y refresca. Refresca porque se humedeció cOn agua
fría, es laxante porque se digiere pronto, y ligero por-
que una gran parte del alimento se separa y se expulsa
con el aire respirado. Pues como los conductos son muy
angostos para tal alimento al sobrevenir más no pue-
den aceptarlo, y una parte, que se ha aligerado, la ex-
pulsan con el aliento, y otra, al quedar dentro, produce
flatos. Y ésta es ya expulsada por arriba en eructos,
ya por abajo con las heces. Así que una gran parte del
alimento se pierde fuera del cuerpo.
Pero si te propones dar el pan de cebada apenas re-
cién .amasado, esa masa resulta astringente; ya que, al
estar seca la harina y no habiéndose aún impregnado
de agua, al caer en el vientre atrae la humedad de éste,
que está caliente. Pues resulta por naturaleza que lo ca-
liente atrae lo frío, y lo frío lo caliente. Y al consumirse
la humedad del vientre es forzoso que éste se reseque,
y que por el agua que ha penetrado junto con la masa
de cebada lo que allí está se enfrie. Con que en todos
222
TRATADOS HIPOCRÁTIcOs
los casos en que conviene refrescar o desecar a uno que
está con diarrea o con alguna otra inflamación, un pan
de este tipo actuará eficazmente.
En cambio, un pan seco, de harinas bien molidas,
no es tan astringente al estar muy condensado, pero da
más alimento al cuerpo, ya que los conductos acogen
el alimento que se disuelve tranquilamente. De modo
que’hace su recorrido lentamente, pero sin producir ga-
ses ni eructos. El pan de cebada bien molido, amasado
con anterioridad, alimenta menos, es más laxante y pro-
duce más gases.
41 El ciceón ~ hecho con harinas de cebada sólo con
agua enfría y alimenta, y con vino alimenta, calienta
y es astringente; con miel calienta menos y alimenta,
y es más laxante, siempre que la miel no sea pura; en
ese caso, es astringente. Con leche, todos los ciceones
son alimenticios, pero si la leche es de vaca ~ es as-
tringente, y si es de cabra mas bien laxante, mientras
que el de leche de oveja lo es menos, y resulta más la-
xante con leche de yegua o de burra.
42 Los trigos son más fuertes y más alimenticios que
las cebadas, pero menos laxantes, y lo mismo su jugo.
El pan basto reseca y es laxante, el blanco alimenta más,
pero es menos laxante. Entre los tipos de panes el que
tiene levadura es ligero y laxante; ligero, porque la hu-
medad la consume el ácido de la levadura, a la que sir-
ve de alimento; y es laxante porque pronto es digerido.
El pan sin levadura (ácimo) es menos laxante y más nu-
tritivo. El que está amasado con su zumo es muy ligero,
~ Sobre el cycedn, cf. A. DELATTE, Le cyce6n, breuvage rituel des
tnysteres d ‘Eleusis, París-Bruselas, 1955.
S4 Seguimos a Joly, que toma la lectura de O: báeion, en lugar de
óion (dde oveja~~) que dan otros manuscritos. También ARIsTÓTEI-Es. en
Hist. anim. III 20, 52 Ib, señala: .la leche menos densa es la de camello,
seguida por la de yegua, y en tercer lugar la de burra; la leche más
densa es la de vaca.~ Cf., sobre la carne, cap. 46.
SOBRE LA DIETA
223
pero suficientemente nutritivo, y resulta laxante. Alimen-
ta porque es blanco, pero es ligero porque está amasa-
do con una sustancia muy ligera y tiene de ella su leva-
dura y está cocido al fuego. Resulta laxante porque lo
suave y laxante del trigo se le mantiene agregado.
En cuanto a los panes mismos, los más nutritivos
son los más grandes, porque su humedad queda menos
consumida por el fuego. Y los horneados son más nutri-
tivos que los cocidos sobre el hogar o con un asador,
ya que están menos abrasados por el fuego. Los cocidos
en el cubano o bajo las cenizas son los más secos;
los segundos por la ceniza, los otros a causa del barro
cocido que absorbe la humedad. Los hechos con la flor
de la harina son los más fuertes de todos ellos, y aún
más los de la flor del grano, y son muy nutritivos, si
bien no son igualmente laxantes.
La harina pura, embebida de agua además, refresca,
como la infusión de ese agua pasada por el fuego. Una
infusión hervida de esas harinas bastas resulta ligera
y laxativa. Las harinas hervidas en leche son más laxan-
tes que las hervidas en agua, a causa del suero, y sobre
todo en el caso de las’
laxantes. Todas aquellas
harinas que se cuecen o se tuestan con miel o aceite
calientan y provocan eructos; son provocadoras de eruc-
tos porque siendo alimenticias no son de fácil digestión,
y son caloríferas porque contienen en la misma sustan-
cia grasas y materias dulces mal avenidas entre sí que
reclaman una cocción distinta. La flor de la harina y
el grano, hervidos, son fuertes y sustanciosos, pero no
laxantes.
La espelta es más ligera que el trigo, y los derivados 43
de ella son parecidos a los del trigo, pero más laxantes.
~ El kltbanos es un recipiente de barro en el que se cocía el pan
por el calor de los tizones encendidos en torno.
Y
224
1 RATADOS HIPOCRÁTICOS
La avena humedece y refresca, tanto si se come como
si se bebe en un caldo.
44 Las harinas de cebada y de trigo recién cocidas son
más secas que las viejas, por estar más cercanas al fue-
go y a la preparación. Cuando envejecen, lo cálido se
evapora y lo frío penetra en ellas. Los panes calientes
resecan, los tríos menos, y aún menos los del día pasa-
do, y provocan una cierta delgadez.
45 Las habas son algo sustancioso, pesado y flatulento.
Flatulento porque los conductos no pueden acoger el
alimento que les llega en masa, y pesado porque tiene
pocos residuos en su nutrición. Los guisantes dan me-
nos gases, y son más digestivos. Los blanquecinos y los
alargados son más laxantes que los otros, y menos f la-
tulentos, siendo nutritivos. Los garbanzos blancos son
laxantes, diuréticos y nutritivos; su parte carnosa ali-
menta, la dulce es diurética, y la salada resulta laxante.
El mijo —en grano o en salvado— es seco y astringente.
Junto con los higos es fuerte para los que trabajan. El
mijo solo, hervido, es nutritivo, pero no se digiere fácil-
mente. Las lentejas producen calores y perturbaciones,
sin ser laxantes ni astringentes. La arveja es pesada y
fuerte; engorda y llena y da al hombre buen color. El
grano del lino es nutritivo y astringente; y tiene algo
de refrescante también.
Las semillas de salvia tienen efectos muy parecidos.
La almorta es por naturaleza algo fuerte y cálido, pero
mediante la preparación resulta más ligera y refrescan-
te y es laxante. El jarámago humedece y es laxante. La
semilla de pepino actúa más de diurético que de laxan-
te. El sésamo no lavado es laxante, llena y engorda; re-
sulta laxante a causa de la cáscara externa, y llena y
engorda por su parte carnosa. Lavado es menos laxante,
pero llena y engorda más; y seca y abrasa a causa de
su sustancia grasa y oleaginosa. El cártamo es laxante.
La amapola es astringente, sobre todo la negra, pero
5OBRE LA DIETA
225
también la blanca. Sin embargo, es nutritiva y fuerte.
Los jugos de todas estas plantas son más laxantes que
sus granos. Por lo tanto hay que cuidar en la prepara-
ción, en todos los casos en que quieras resecar, de ex-
traerles el zumo y utilizar sólo la pulpa; y en los que
quieras purgar aprovechar más el zumo y menos la pul-
pa, y ésta más jugosa.
Acerca de los animales que comemos conviene hacer 46
las siguientes precisiones. La carne de bovino es fuerte,
astringente y de difícil digestión para el estómago, ya
que este animal es de sangre densa y abundante. Así
que sus carnes son pesadas para el cuerpo, y tanto la
carne misma como la leche y la sangre. En cambio la
leche de oveja es ligera e igualmente la sangre, y la car-
ne por el estilo. La carne de cabra es más ligera que
las anteriores y es más laxante.
Las carnes de cerdo dan al cuerpo más fuerza que
ésas, y son bastante laxantes, porque
tiene
las venas finas y con poca sangre, y mucha carne. La
carne de cordero es más ligera que la de oveja, y la
de cabrito más que la de cabra, ya que son menos san-
grientas y más húmedas. Porque incluso los animales
que son secos y fuertes por naturaleza, cuando son tier-
nos, son laxantes, y cuando crecen lo son menos.
Y de igual modo las de ternera en relación con las
de vaca. Pero las de cochinillo son más pesadas que las
de cerdo, pues por naturaleza este animal es abundante
en carne y de poca sangre, y tiene un exceso de hume-
dad mientras es joven. Así que, cuando los poros no acep-
tan la nutrición que les llega, ésta queda retenida, ca-
lienta y perturba el intestino. Las carnes de asno son
laxantes, y la ‘de los asnillos aún más, y también las
de los caballos, aún más ligeras. Las de perro resecan
y calientan y dan vigor, pero no son laxantes. La de los
cachorros humedece y es laxante y más diurética. La
de jabalí reseca y da fuerza y es laxante. La de ciervo
y
226
TRATADOS HIPOCRÁTICO5
reseca, es menos laxante, y es más diurética. La de lie-
bre es seca y astringente, y produce alguna orina. La
de zorro es más húmeda, y también diurética. También
la de erizo terrestre es diurética y humedece.
47 En cuanto a las aves, pasa lo siguiente. En general
todas son más secas que las de los cuadrúpedos. Pues
todos los animales que no tienen vesícula carecen de
orina y de saliva, ya que a causa del calor del vientre
se consume la humedad procedente del cuerpo en el ali-
mento para el elemento cálido, de modo que no tienen
orina ni saliva. Y en quien está falto de tal humedad,
es forzoso que la carne sea seca. La más seca es la de
la paloma torcaz, en segundo lugar la de la perdiz, y
en tercero las de la paloma, la gallina y la tórtola. La más
húmeda es la de la oca. Las que se nutren de granos
son más secas que las otras. Las carnes de pato y de
las demás aves que viven en los pantanos o sobre las
aguas son todas húmedas.
48 De los pescados los más secos son éstos: la escor-
pena, el «dragón», el «caliónimo», el salmonete, el «glau-
co», la perca, el sábalo. Los peces de roca son casi to-
dos ligeros, como, p. ej., el tordo marino, el merlo, el
gobio, y el «elefitis.’. Estos peces son más ligeros que
los que son viajeros, porque al estar tranquilos presen-
tan una carne suave y ligera. En cambio, los que van
errantes y batidos por las olas, fortalecidos por el es-
fuerzo, tienen una carne más firme y pesada. Rayas, an-
gelotes, platijas y los semejantes son ligeros. Cuantos
tienen su alimento en lugares fangosos o pantanosos.
como róbalos, mújoles, anguilas, esos peces son más pe-
sados, porque encuentran su alimentación entre el agua
fangosa y lo que crece en tales lugares, de donde inclu-
so el aire respirado que un hombre inhala le daña y
le abotarga.
Los peces de río y de laguna son aún más pesados
que éstos. Los pulpos, las sepias y los de especie seme
5OBRE LA DIETA
227
jante ni son ligeros, según parece, ni laxantes, y debili-
tan la vista; en cambio los caldos hechos con ellos son
laxantes. En cuanto a los moluscos, por ejemplo, las os-
traperías, lapas, púrpuras, bocinas, y ostras, su pulpa
es astringente, mientras que su caldo es laxante. Los
mejillones, las pechinas, y las telinas son más laxantes
que los anteriores, y lo son sobre todo las ortigas de
mar. Los peces cartilaginosos hidratan y son laxantes.
Los huevos de erizos y el jugo de langosta son laxantes,
como el «arkos>., y también los cangrejos, sobre todo
los de río, pero también los marinos, y son diuréticos.
Los pescados en salmuera hacen adelgazar y rese-
can. Los grasos son en buena medida laxantes. De los
puestos en salazón, los más secos son los marinos, y
luego los de río, mientras que los de lago son los más
húmedos. De los pescados en salazón aquellos que son
los más secos
lo son también en salmuera.
De los animales domésticos los que pacen en los bos- 49
ques y los campos son más secos que los que se crían
bajo techado, porque en sus ejercicios al aire libre se
secan bajo el sol y con el frío, y viven respirando un
aire más seco. Son más secos los animales salvajes que
los domésticos, y los que comen poco que los que co-
men mucho, los que comen heno más que los que co-
men hierba, los que comen frutos más que los que no
los comen, los que beben poco más que los que beben
mucho, los que tienen mucha sangre más que los que
tienen poca o ninguna, los adultos más que los muy vie-
jos o los jóvenes, los machos más que las hembras, los
no castrados más que los castrados, los negros más que
los blancos, y los velludos más que los lampiños. Los
contrarios son más húmedos.
De los animales por sí mismos las carnes más fuer-
tes son las más sometidas a esfuerzos, y las más abun-
dantes en sangre y las del costado por donde se recues-
tan
. Las más ligeras son las que menos
228
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
se fatigan, y las de poca sangre, y las que quedan a la
sombra, y todas las más interiores del animal. Entre
las desprovistas de sangre el cerebro y la médula son
las más fuertes; y las más ligeras son cabezas, pies, se-
xos y tendones. De los peces las carnes más secas son
las de la parte dearriba, y las más ligeras las de bajo
el vientre, y las cabezas son más húmedas a causa de
la grasa y del cerebro.
50 Los huevos de las aves son un alimento fuerte, nu-
tritivo y flatulento. Fuerte, porque están muy cerca del
origen de la vida; nutritivo, porque eso es la leche para
el recién nacido, y flatulento, porque de un pequeño vo-
lumen se desarrollan enormemente.
51 El queso es fuerte, ardiente, nutritivo y astringen-
te. Fuerte, porque está muy cerca del origen de la vida;
nutritivo, porque es el residuo sólido de la leche; ar-
diente, porque es graso; y astringente, por estar concen-
trado con zumo
~ y con cuajo.
52 El agua es fría y húmeda; el vino, caliente y seco,
y tiene de su poso algo laxante además. De los vinos,
los tintos y ásperos son mas secos, y no son ni laxantes
ni diuréticos ni expectorantes. Resecan por su calor, al
consumir la humedad del cuerpo. Los tintos suaves son
más húmedos, y producen gases y son más laxantes. Los
tintos dulces son más húmedos y más débiles, y produ-
cen gases al introducir humedad. Los blancos ásperos
calientan, pero no resecan, y son más diuréticos que
laxantes. Los vinos jóvenes son más laxantes que los
otros, por estar más cerca del mosto y son más nutriti-
vos, y también los aromáticos más que los que no tie-
nen aroma, por ser más maduros, y más los gruesos
que los ligeros. Los ligeros son más diuréticos. Y los
blancos y los ligeros dulces son más diuréticos que la-
Sé Se trata, según Littré, del zumo de la higuera, con el que so-
lían coagular la leche.
SOBRE LA DIETA
229
xantes, y refrescan, adelgazan y humedecen el cuerpo,
y debilitan la sangre, desarrollando en el cuerpo el prin-
57
cipio rival a la sangre
El mosto produce gases y causa perturbaciones y va-
cía la tripa. Causa gases porque calienta, vacía como
con una purga el cuerpo, y causa perturbaciones al fer-
mentar en el estómago, y es laxante. Los vinos ácidos
refrescan, adelgazan y humedecen. Refrescan y adelga-
zan al producir la evacuación de la humedad del cuer-
po, y humedecen a causa del agua que penetra en el
cuerpo con el vino.
El vinagre es refrescante, porque gasta y consume
la humedad que hay en el cuerpo, y es más astringente
que laxante porque no es nutritivo y sí agrio. El mosto
hervido calienta, humedece y evacua. Calienta por ser
vinoso, humedece por ser nutritivo, y produce evacua-
ciones por ser dulce y encima estar hervido. El vino
de últimos residuos humedece, produce evacuaciones y
es flatulento, como el mosto.
La miel pura calienta y seca, pero con agua humede- 53
ce y es laxante para los biliosos, y es astringente para
los flemáticos. El vino dulce es más laxante para los
flemáticos ~‘.
En cuanto a las hortalizas ~ sucede lo siguiente. El 54
ajo es cálido y laxante y diurético, bueno para el cuer-
po, dañino para los ojos W• Porque, al efectuar una pur-
ga enorme del cuerpo, debilita la vista. Es laxante y diu-
~ De las varias propiedades de los vinos se habla también en So-
bre la dieta en las enfermedades agudas 50, 51 y 52.
~‘ Como advierte R. ioIy, esta mención de los “flegmáticos. es
un tanto rara, ya que nuestro autor no suele aludir a los varios humo-
res (tan sólo lo hace en IV 89 y 93). Y la nueva mención del vino dulce
está fuera de lugar. O bien se sigue aquí otro texto, o se ha introduci-
do un añadido marginal.
~ Traduzco por «hortalizas. láchana, en francés «légumes..
~ Opinión popular. Cf. Aais~róp»ass, AsambleIstas 404, y Pluto 718.
230
TRATADOS HIPOCRÁTICOS
rético, a causa de sus efectos purgantes. Cocido es más
suave que crudo. Produce gases por la retención del aire
interno. La cebolla es buena para la vista, pero mala
para el cuerpo, porque es cálida y ardiente y no es la-
xante. Pues no le da alimento al cuerpo ni le ayuda.
Al calentarlo le seca por efecto de su jugo. El puerro
caliente menos, y es diurético y laxante. Tiene también
algo de purgativo; humedece y hace cesar la acidez de
estómago. Hay que comerlo al final. El nabo humedece,
disolviendo el flegma con su aspereza; pero las hojas
en menor medida. Para la artritis es dañina la raíz, que
permanece en el estómago’ y es de difícil digestión. Los
berros caldean y disuelven la carne, y coagulan el fleg-
ma blanco, hasta llegar a producir estranguria. La
mostaza es cálida. También ella es laxante y produce
dificultad en la orina. También el jaramago provoca efec-
tos semejantes a esos. El coriandro es cálido y astrin-
gente, y calma los ardores de estómago, y si se come
al final produce además sueño. La lechuga es más fría
antes de que tenga su jugo; a veces causa debilidad en
el cuerpo. El eneldo es cálido y astringente, y detiene
los estornudos cuando se huele. El apio es más diuréti-
co que laxante; pero sus raíces son más laxantes que
la planta misma. La albahaca es seca y astringente. La
ruda es más diurética que laxante, y tiene algo coagu-
lante, y si se bebe antes sirve de alivio contra las póci-
mas venenosas. El espárrago es seco y astringente. La
salvia es seca y astringente. La hierba mora refresca
e impide las poluciones nocturnas. La verdolaga fresca
refresca, pero seca calienta. La ortiga purga. La caía-.
minta calienta y purga. La menta calienta y es diurética
y detiene los vómitos; y si uno la come a menudo, derri-
te el semen hasta producir pérdidas, e impide la erec-
ción y deja el cuerpo débil ~. La acedera, que calien-
é~ La menta tiene una varia influencia. Como condimento tuvo aIT’-
plio uso. Cf. A. C. ANDREWS, .The Minís of the Greeks and Romans
SOBRE LA DIETA
231
ta, es laxante. El armuelle es húmedo, sin embargo no
es laxante. El bledo es cálido, no laxante. La col calien-
ta, y es laxante, y evacua las sustancias biliosas. El zu-
mo de acelgas es laxante, pero la planta es astringente;
las raíces son más laxantes que las hojas de acelga. La
calabaza calienta, humedece y es laxante, pero no es
diurética. El nabo es ardiente, y humedece y perturba
el cuerpo, pero no es laxante, y provoca disuria. El po-
leo calienta y es laxante. El orégano calienta, y evacua
los humores biliosos. La ajedrea actúa de modo seme-
jante. El tomillo es cálido, es laxante y diurético, y eva-
cua los humores flegmáticos. El hisopo calienta y eva-
cua los humores flegmáticos.
Entre las hierbas salvajes, las que en la boca son
cálidas y bienolientes, ésas calientan y son más diuréti-
cas que laxantes. Aquellas que tienen una naturaleza hú-
meda, fría e inconstante u olores pesados, son más la-
xantes que diuréticas. Las que son acres o ásperas son
astringentes. Las que son picantes y de buen olor, son
diuréticas. Las que son picantes y secas en la boca, re-
secan. Las que son ácidas son también refrescantes. Son
diuréticos los zumos del hinojo marino, del apio, las in-
fusiones de ajo, de citiso, de hinojo, de puerro, de cu-
lantrillo, de hierba mora. Y son refrescantes éstos: el
escolopendrio, la menta, el seseli, la achicoria, la pimpi-
nela, el hipérico, las ortigas. Laxantes y purgantes son
los caldos de guisantes, lentejas, cebada, acelgas, col,
mercurial, saúco, cártamo, Estas plantas son más
laxantes que diuréticas.
and their condimentary Uses”, Osiris (1958), págs. 127-49: Tuvo tam-
bién su mitología, que está relacionada con sus efectos en lo erótico
y sexual; véase el sugestivo capítulo .Las desdichas de la menta~ de
M. DETIENNE, en Los jardines de Adonis [trad. esp. por C. BERMEJO,
Madrid. 19831, págs. 153-88. También la lechuga entró en ese sistema
semimítico. por sus propiedades anafrodisiacas.
1
232
TRATADOS HIP~RATICO5
55 En cuanto a la fruta pasa lo siguiente. Las frutas
en sazón son más laxantes, y las verdes más que las
secas. Vamos a exponer la propiedad natural de cada
una.
La mora calienta, humedece y es laxante. Las peras
maduras calientan, humedecen y son laxantes. Las du-
ras son algo astringente. Las peras silvestres de invier-
no maduras son laxantes y limpian el vientre. Pero las
verdes son algo astringente. Las manzanas dulces son
difíciles de digerir; las ácidas maduras lo son menos.
Los membrillos s~n astringentes y no laxantes. Los cal-
dos de manzanas sirven para detener los vómitos y son
diuréticos. Incluso su olor va bien contra los vómitos.
Las manzanas silvestres son astringentes; cocidas son
más laxantes. Contra el asma los zumos y las mismas
manzanas bebidas son benéficas.
Las serbas, los nísperos, los frutos de cornejo y los
demás por el estilo son astringentes y bloquean la tri-
pa. El jugo de la granada dulce es laxante, y tiene algo
ardiente. Las granadas vinosas son flatulentas, y las
agrias son más refrescantes. Los granos de todas ellas
son astringentes. Los pepinos crudos son cosa indiges-
ta; los melones son diuréticos y laxantes, pero dan gases.
Las uvas son cálidas y húmedas, y son laxantes, so-
bre todo las blancas. Cierto que las dulces calientan bas-
tante, porque guardan ya mucho calor. Las verdes ca-
lientan menos, pero si se toman en bebida purgan. Las
pasas son algo ardiente, pero son laxantes.
Los higos verdes humedecen, son laxantes y dan ca-
lor. Humedecen por ser jugosos, calientan y son laxan-
tes por su zumo dulce. Los primeros higos son los peo-
res, porque son los de más leche, y los últimos son los
mejores. Los higos secos son ardientes, pero son laxan-
tes.
Las almendras son un alimento ardiente, pero nutri-
tivo. Ardiente por su aceite, nutritivo por su pulpa. Las
SOBRE LA DIETA
233
nueces redondas son semejantes. Las anchas, maduras,
son nutritivas, y si están peladas son laxantes, y produ-
cen gases. Las pieles, en cambio, son astringentes. Las
bellotas de encina, de roble, y los hayucos son astrigen-
tes, crudos o tostados; cocidos, menos.
Las carnes grasas son ardientes, pero laxantes. Las 56
carnes conservadas en vino resecan y alimentan; rese-
can a causa del vino, y alimentan por la carne. Conser-
vadas en vinagre calientan menos a causa del vinagre,
y alimentan bastante. Conservadas en sal las carnes son
menos nutritivas, por quedar privadas de la humedad
por la sal; adelgazan, resecan y son bastante laxan-
tes ~
De cada uno de estos alimentos conviene disminuir
o aumentar sus propiedades específicas del modo si-
guiente, en el conocimiento de que todo, tanto animales
como plantas, está compuesto de fuego y agua, y con
esto aumenta y en esto se resuelve. Así que a los ali-
mentos fuertes se les priva de su propiedad cociéndolos
y enfriándolos varias veces; a los húmedos se les arre-
batá la humedad pasándolos por las brasas y tostándo-
los; y a los secos
mojá.i-
dolos y rociándolos; a los salados se los moja y se cue-
cen; a los amargos y ácidos se los mezcla con los dul-
ces, y a los astringentes con los grasientos. Y de todos
los demás conviene tomar noticia por lo ya dicho.
Todo lo que está pasado por el fuego y tostado es
más astringente que lo crudo, porque el fuego le ha arre-
batado la humedad, el zumo y lo grasiento. Así que cuan-
do cae en el estómago, atrae hacia sí la humedad de
la cavidad, y obtura los orificios de los conductos veno-
é2 Este capítulo concluye el catálogo de los alimentos; trata de
cómo, mediante la preparación, se pueden estimular o disminuir las
propiedades naturales de cada uno. Dia ,~chnJs queda modificada la
cualidad que tienen unos u otros kata phys¡n.
u
234
TRATADOS HIPOCRTICOS
sos, secando y calentando, de manera que contiene los
desagues de la humedad.
Todos los alimentos que provienen de las zonas ári-
das, secas y tórridas, son más secos y más caloríferos
y aportan mayor vigor al cuerpo, porque son más pesa-
dos, más densos y más nutritivos, con el mismo volu-
men, que los que vienen de regiones húmedas, lluviosas
y frías. estos son más húmedos, ligeros y fríos. Por lo
tanto no sólo hay que conocer la cualidad específica de
los cereales, de las bebidas, y de los animales, sino tam-
bién sus lugares de origen. Cuando, en efecto, se quiera
procurar al cuerpo un alimento más fuerte de los mis-
mos comestibles, habrá que recurrir a los que procedan
de regiones áridas, tanto en cereales como en bebidas
y en carnes. Y cuando se quiera una nutrición más lige-
ra y más húmeda, recurrir a los de regiones más
lluviosas.
Las cosas dulces, picantes, saladas, amargas, áspe-
ras y carnosas dan naturalmente calor, tanto las que
son secas como las húmedas. Pero todas las que tienen
una parte predominante de sequedad en su interior, és-
tas resecan y calientan. Cuantas tienen una parte ma-
yor de humedad, todas ésas a la vez que dan calor hu-
medecen y son más laxantes que las secas. Pues al dar
más alimento al cuerpo, provocan una revulsión en el
vientre, y al traer humedad resultan laxantes. Todo lo
que, aportando calor, reseca, ya sea comida o bebida,
y que no provoca ni sálivación ni orina ni deposiciones,
reseca el cuerpo por lo siguiente: al calentarse el cuer-
po se vacía de la humedad, en parte por los mismos
alimentos, y en parte porque lo humedo se consume en
alimento para el calor del• alma, y en parte porque, ca-
lentándose y haciéndose más sutil, se evapora a través
de la piel.
Las sustancias dulces y las grasas y las oleaginosas
dejan repleto, porque se derraman a partir de un pe-
—u
SOBRE LA DIETA
235
queño volumen. Al calentarse y al derramarse colman
el calor del cuerpo y causan una sensación de plenitud.
Las sustancias ácidas, picantes, astringentes, áspe-
ras, bastas, o secas, no llenan, porque dejan abiertos
y limpian los orificios de los conductos venosos. Que
los unos secando, los otros mordiscando y contrayendo,
hacen que se agite y se concentre en un pequeño volu-
men la humedad que hay en la carne, y se hace grande
el vacío en el cuerpo. Con que cuando quieras saturar
con pocos alimentos o vaciar con más, utilizar unos u
otros.
Todos los alimentos frescos dan más vigor que los
demás por esta razón, que están más cerca de lo vivo.
En cambio los viejos y pasados son más laxantes que.
los frescos, porque están más cerca de la corrupción ~.
Los alimentos crudos provocan cólicos y eructos, por-
que aquello que debe efectuarse con ayuda del fuego,
eso lo lleva a cabo el estómago, que es más débil que
los alimentos ingeridos. Los platos que se preparan con
salsas son ardientes y húmedos, porque tienen ingre-
dientes grasos, cálidos, y con propiedades diversas unas
de otras en un mismo guiso. Los preparados en salmue-
ra o en vinagre son mejores y no ardientes.
Respecto a los baños pasa lo siguiente. El agua 57
potable humedece y refresca, pues da humedad al cuer-
po. El baño salado calienta y reseca, ya que teniendo
un calor natural atrae fuera del cuerpo la humedad. Los
baños calientes en ayunas adelgazan y refrescan, pues
por el calor arrebatan la humedad del cuerpo; y al ver-
se privada la carne de la humedad, el cuerpo se enfría.
Después de la comida calientan y humedecen, al despa-
rramar lo húmedo que hay en el cuerpo en un volumen
~ Un punto de vista muy claro para una mentalidad precientifi-
ca, como señala Joly, es éste que pone en relación fuerza y vida, y
corrupción y excrementos.
236
TRATADOS HIPOCRATICOS
mayor. Los baños fríos lo contrario: al cuerpo en ayu-
nas le dan algo de calor y humedad, y al que ya ha co-
mido se lo quitan, estando húmedo, y, al ser algo frío,
lo llenan de la sequedad que conllevan. La abstinencia
de baños reseca, al consumirse lo húmedo; y la priva-
ción de unguentos otro tanto.
58 El darse unguentos calienta, humedece y ablanda.
El sol y el fuego resecan por esta razón: que, siendo
justamente calientes y secos, atraen la humedad del cuer-
po. La sombra y los fríos moderados humedecen, pues
dan más que toman (humedad). Todos los sudores, al
salir, adelgazan y resecan, al abandonar la humedad el
cuerpo. El coito adelgaza, humedece y calienta; calienta
a causa del ejercicio y de la secreción de lo húmedo,
adelgaza por la evacuación, y humedece a causa de lo
que queda en el cuerpo de lo licuado” a causa del
ejercicio.
59 Los vómitos adelgazan a causa de la evacuación de
la comida, sin embargo no resecan, a no ser que al día
siguiente se adopte el tratamiento adecuado; sino que
humedecen más bien, a causa de la repleción y del de-
rretimiento de la carne producido por el esfuerzo. Pero
si al día siguiente uno deja que esto se consuma en ali-
mento de lo cálido y se va aumentando la dieta de mo-
do paulatino, desecan. El vómito libera la tripa estreñi-
da, y estriñe la que está más suelta de lo oportuno, al
humedecer aquélla y contraer esta otra. Por tanto, si
uno quiere producir un efecto astringente, hay que pro-
ducir el vómito muy deprisa tras haber comido, antes
de que el alimento que es húmedo descienda hacia aba-
jo, y servirse sobre todo de alimentos astringentes y de
los picantes. En cambio, si se quiere soltar el vientre,
~“ La noción de que por medio de los ejercicios se produce una
licuación interior, s’,~n~exis, de las carnes, algo asE como lo que podria~
mos considerar un ,‘sudor’ o .~humor. interno, está en otros párrafos.
cf. II 40 y III 78. Reaparece en Otros textos del CH.
SOBRE LA DtETA
237
conviene retener los alimentos
el mayor
tiempo posible, y recurrir a alimentos y bebidas áspe-
ros, salados, grasos y dulces.
Los sueños, en ayunas, adelgazan y enfrían, si no 60
son largos, pues eliminan la humedad natural
. Pero si son prolongados, al calentarla derriten
la carne y relajan el cuerpo y lo dejan débil. Después
de la comida al calentar humedecen, esparciendo la co-
mida por el cuerpo. Tras los paseos matutinos es cuan-
do el sueño reseca en grado máximo.
El no dormir tras las comidas daña, al no dejar al
alimento que se disuelva; al que está sin comer le pro-
cura un cierto adelgazamiento, pero le daña menos. La
inactividad humedece y deja el cuerpo débil, pues el al-
ma que está inactiva no consume la humedad originada
en el cuerpo. El ejercicio reseca y pone el cuerpo fuerte.
Una única comida
adelgaza, reseca y estriñe
el vientre, porque lo húmedo del estómago y de la carne
es consumido por el calor del alma. El desayuno consi-
gue los efectos contrarios a la comida única. El agua
caliente como bebida adelgaza en todo y de igual modo
el agua fría. El frío excesivo tanto en el aire respirado
como en la comida y en la bebida congela la humedad
del cuerpo y estriñe el vientre por el frío y la solidifica-
ción. Pues domina a la humedad del alma. También los
excesos de calor solidifican
de modo que
así tampoco hay difusión de éste. Todo lo que al calen-
tar el cuerpo, sin aportarle alimento, vacía de humedad
la carne sin producir un exceso, causa en el hombre
un enfriamiento; pues al evacuarse la humedad existen-
te, se enfría a medida que se llena del aire que penetra
de fuera.
En cuanto a los ejercicios hay que apreciar la 61
cualidad que tienen del modo siguiente. Hay, en efecto,
~ Tras haberse ocupado de la alimentación, el autor va a hablar
de los ejercicios, pónoi, que constituyen el otro tema fundamental de
Y
238
TRATADOS HIPOCR~TICO5
unos que son naturales, y otros violentos. De ellos los
naturales son el ejercicio de la vista, del oído, de la voz,
y del pensamiento”.
Así pues, el ejercicio de la vista tiene esta propie-
dad: aplicándose el alma a lo que observa se mueve y se
calienta; y al calentarse se seca, porque se vacía de lo
húmedo. A través del oído, cuando le llega un ruido, el
alma se agita y se esfuerza, y con este esfuerzo se ca-
lienta y se seca. En todo lo que el hombre piensa, se
agita su alma, se caldea y se reseca, por esos esfuerzos,
trabaja gastando su humedád, vacía las carnes, y enfla-
quece al individuo. Todos los ejercicios de la voz, sean
discursos, lecturas o cantos, todos ellos agitan su alma.
Y al agitarse se caldea y se reseca, y gasta su humedad.
62 Los paseos son, desde luego, naturales, y lo son mu-
cho más que los demás ejercicios, pero tienen algo de
violento. La cualidad propia de cada uno de ellos es la
siguiente. El paseo de después de la cena - reseca el
vientre y el cuerpo, y no deja que el estómago acumule
grasa por lo siguiente: al moverse el hombre, se calien-
la dieta. Los caps. 57, 58, 59 y 60, sobre los efectos de los baños, las
unciones, los vómitos y los sueños (de dormir y no de soñar se habla
aquí), constituyen una transicion. Los cinco capítulos dedicados a los
ponor concluyen este libro II.
“ Como los alimentos, también los ejercicios resultan o bien na-
turales, kara phy’~in, o bien artificiales o .violentos’, dió bí~s, que son
los que obligan a un esfuerzo extraordinario. Es curioso que hasta
la actividad de los sentidos sea considerada un pónos. E incluso el
pensamiento, en cuanto que supone un movimiento del alma —que
no es mero espíritu, ni mucho menos, sino que se reseca y humedece.
como el resto del cuerpo—, es un ejercicio. Se ha recordado, a este
respecto, la frase que puede leerse en Epidemias VI 5: .el pensamiento
de los humanos es un paseo de su alma” (psychés peripatos phrontís).
Ya Anaxágoras había considerado que .toda sensación va acompañada
de esfuerzo’ (fr. A 94 D K).
~ Traduzco por “cenar” y, otras veces, simplemente por .comi
da” la palabra defp”ion, que era la comida fuerte que los griegos ha
cían por la tarde.
SOBRE LA DIETA
239
tan los alimentos y el cuerpo, de modo que la carne
atrae lo líquido y no permite que se concentre en torno
al estómago. Así que el cuerpo se llena, y el estómago
adelgaza. Se reseca por lo siguiente: al moverse y calen-
tarse el cuerpo, lo más ligero de la nutrición se consu-
me, una parte por el calor congénito”, y otra se pier-
de con la respiración hacia el exterior, y en parte tam-
bién se va a la orina. Y queda como resto lo más seco
de los alimentos dentro del cuerpo, de modo que se re-
secan el estómago y la carne.
Los paseos matutinos adelgazan, dejan la cabeza des-
pejada y alerta, y el oído vivaz, y liberan el estómago.
Adelgazan porque el cuerpo, al moverse, se calienta, y
la humedad disminuye y se elimina, en parte mediante
la respiración, y parte al sonarse y al escupir, y en par-
te se gasta en alimento para el calor del alma. Liberan
el estómago, porque al penetrar desde arriba en éste,
que está caliente, el aire frío, el calor se retira ante el
frío. Dejan despejada la cabeza por la razón siguiente:
cuando el vientre se vacía, al estar caliente, atrae hacia
si lo húmedo del resto del cuerpo y de la cabeza. Y al
vaciarse
la cabeza, se purifican la vista
y el oído. Y se póne uno alerta. Los paseos después de.
los ejercicios físicos dejan los cuerpos purgados y fla-
cos, al no permitir que la exudación de la carne produ-
cida por el esfuerzo se concentre, sino que la eliminan.
De las carreras, las dobles y de fondo 69, aumen- 63
tadas paulatinamente, al calentar la carne pueden co-
cerla y fundirla, y así aumentan por digestión la poten-
cia de los alimentos en la propia carne, y dejan los cuer-
pos más lentos y más firmes que las carreras sencillas.
“ Esta noción del .calor vital, es muy importante también en la
biología aristotélica, cf. F. SOLM5EN, .The vital heat, the inborn pneu.
ma and the aether., en Journal of HeII. Studies 77 (1957), págs. 119-23.
69 Como apunta JoLY, esta terminología de las carreras resulta un
tanto difícil de traducir (cf. sus Recherches..., págs. 115-20).
240
TRATADOS HIPOCRATICo5
Son más convenientes a los que comen mucho, y más
en invierno que en verano.
Las carreras con vestidos tienen la misma propie-
dad, pero como calientan más deprisa dejan los cuer-
pos más húmedos, si bien con menos color, porque el
aire puro que se recibe no purifica (el cuerpo), sino que
éste se mueve en el mismo aire durante el ejercicio. De
modo que esto les conviene a los individuos secos y a
los de abundante carne que quieren perder peso, y a
las personas de edad por la frialdad de su cuerpo.
Los díaulos y los dobles díaulos consumen menos la
carne, y secan más, porque los esfuerzos que se produ-
cen en las partes internas del alma extraen lo húmedo
de la carne y enflaquecen el cuerpo y lo secan. Las ca-
rreras simples consumen menos la carne, pero resecan
y contraen al máximo la carne y el vientre, ya que, al
necesitar una respiración muy rápida, atraen la hume-
dad hacia esos esfuerzos.
64 Los ejercicios gimnásticos agitados con brusquedad
son, para los individuos enjutos, inconvenientes. Pues
producen desgarramientos por lo siguiente. Estando ca-
liente el cuerpo, adelgazan mucho la piel, condensan la
carne menos que las carreras, y vacían la carne de su
humedad. Las flexiones y elevaciones de brazos caldean
mucho menos la carne, y aguzan el cuerpo y el alma,
y evacuan el aire.
La lucha libre y el frotamiento ofrecen en mayor me-
dida el ejercicio a las partes externas del cuerpo, y ca-
lientan, endurecen y hacen que se desarrolle la carne
por lo siguiente. Por un lado las partes por naturaleza
duras se hacen más compactas al ser frotadas, y las hue-
cas se desarrollan, como es el caso de los conductos
venosos. Porque al calentarse y secarse atraen hacia sí
el alimento a través de los poros, y luego aumentan.
.La lucha de cuerpo a tierra tiene unos efectos semejan-
tes a los de la lucha libre, y reseca más a causa del
SOBRE LA DIETA
241
polvo, y desarrolla menos carne. La lucha de manos y
dedos reseca y atrae las carnes hacia arriba, y efectos
similares logran la lucha con el saco y la gimnasia de
brazos 7O~ La retención de la respiración fuerza los po-
ros (a abrirse) y adelgaza la piel y puede expulsar la
humedad de la piel.
Los ejercicios gimnásticos en el polvo y los del 65
cuerpo untado en aceite difieren en lo siguiente. El pol-
vo es frío, el aceite cálido ~í. Durante el invierno el
aceite ayuda al desarrollo, porque impide que el frío
arrebate nada al cuerpo. Durante el verano el aceite,
que produce un exceso de calor, hace que se funda la
carne, cuando se recalienta a causa de la estación, del
aceite y del esfuerzo. El polvo de los ejercicios gimnás-
ticos favorece el desarrollo durante el verano, pues al
refrescar el cuerpo no deja que se recaliente hasta el
exceso. En cambio en invierno enfría y congela. Que-
darse en el polvo después de los ejercicios durante un
rato breve en el verano es provechoso, porque refresca;
pero si es mucho tiempo reseca demasiado y deja los
cuerpos duros y secos como leños. El frotamiento de
aceite mezclado con agua reblandece e impide un peli-
groso recalentamiento.
En cuanto a las torceduras y tensiones 72 que se 66
producen en el cuerpo, ocurre lo siguiente. Las perso-
70 El akrocheirismós. según indica su nombre griego, era un tipo
de combate que se hacia fundamentalmente con las puntas de los de-
dos. La korykomachíe .lucha con el saco” era el entrenamiento con
el korykos, el saco de cuero, generalmente relleno con granos, harina
o arena, con el que se ejercitaban los púgiles, una veces para la lucha
libre, tratando de asirla o sostenerlo, o bien para golpearlo practican-
do golpes de boxeo. El saco a bolsa podía ser más o mtnos grande
y colgar más o menos alío. según lo requiriera el entrenamiento.
~‘ Resulta notoria la importancia del aceite u óleo. daion, en las
prácticas gimnásticas de la Antiguedad.
72 .Torceduras y tensiones. o .luxaciones’., traduce kdpoí. Como
indica ioíy. la noción de .hábito. es muy importante en los tratamíen-
242
TRATADO5 HIPOCRATICOS
nas que no tienen hábito de hacer gimnasia se lastiman
en cualquier ejercicio. Pues ninguna parte de su cuerpo
está entrenada para ningún esfuerzo. Los cuerpos ejer-
citados, por su parte, pueden lastimarse por los ejerci-
cios desacostumbrados; e incluso se lastiman por los
ejercicios habituales, si los practican con exceso. esos
son, en efecto, los tipos de los achaques.
La propiedad característica de éstos es la siguiente.
Quienes no están entrenados, teniendo la carne húme-
da, al esforzarse en los ejercicios, en cuanto el cuerpo
se les calienta, sufren un enorme derretimiento de su
carne. Lo que entonces se exuda o se elimina con la
respiración no causa fatiga sino a la parte del cuerpo
vaciada así contra lo habitual. Pero lo que queda de esa
licuefacción causa fatigas no sólo a la parte vaciada del
cuerpo de modo inhabitual, sino también a la que reci-
be esa humedad. Porque no es un liquido73 connatural
al cuerpo, sino muy contrario. Pues no se acumula por
igual en las partes desprovistas de carne
,
sino que se concentran en las carnosas, hasta el punto
de provocar dolencia en éstas hasta que se expulsa. Pues-
to que desde luego no tiene circulación, quedando en
reposo, se recalienta ella y lo que se le añade.
Si la secreción es abundante, se impone incluso so-
bre lo que está sano, de modo que recalienta en exceso
todo el cuerpo, y resulta el principio de una fuerte fie-
bre. Pues al ponerse la sangre caliente y ser atraída,
acelera la circulación que se da en el cuerpo, y por me-
tos dietéticos, y en la medicina griega en general. cf. Sobre la dieta
en las enlermedades agudas 19 y ss., Sobre la medicina antigua lO.
~ La traducción de fo hygrón por ~humeur~ que encontramos en
Littré puede conducir a una precisión errónea. Al producirse con el
calor una ~fundición. (syntexis) de las carnes, hay una secreción (10
apokrzrhén) interna, que resulta, en parte, evacuada al exterior con
el sudor y la respiración; pero ese líquido no es un ~humor. en el
sentido más estricto que tiene el término en otros tratados del CH.
SOBRE LA DIETA
243
dio de la respiración se purifica todo el cuerpo; y el•
humor concentrado, al calentarse, se aligera y se expul-
sa de la carne hacia afuera a través de la piel, que es
lo que se llama
queden limpios, y recuperen
la disminución de la carne con ayuda de breves alimen-
tos y adelgazando.
Conviene, además, untarse con aceite sosegadamen-
te durante un buen rato, para no recalentarse con el
esfuerzo, y frotarse con unguentos sudoríparos y emo-
lientes, y dormir en cama blanda.
A quienes ya tienen hábito de ejercicios el achaque
les viene de esfuerzos desacostumbrados por los moti-
vos siguientes. Sea cualquier ejercicio al que el cuerpo
no esté entrenado, forzoso es que la carne esté húmeda
en relación a este punto, en el que no está acostumbra-
do a esforzarse, como es el caso de los que no practican
la gimnasia en cualquier ejercicio. Entonces necesaria-
mente la carne se fundirá, se disgregará y se acumulará
como en el ejemplo anterior. Conviene seguir este trata-
miento: acudir a los ejercicios habituales, para que el
humor concentrado calentándose disminuya y se pur-
gue, y el resto del cuerpo no se humedezca ni se quede
inactivo. Conviene recurrir a los baños calientes tam-
bién en este caso, ya unguentos de igual modo que en
el caso anterior. Pero no necesita para nada de los ba-
ños de vapor, ya que los ejercicios calentándolo sufi-
cientemente disminuyen y eliminan el liquido amonto-
nado.
Las luxaciones
producidas por los ejer-
cicios habituales se originan del modo siguiente. De un
244
TRATADOS HIPOCRÁTICO5
ejercicio moderado no proviene ninguna tensión. Pero
cuando se esfuerza uno más de lo oportuno, reseca de-
masiado su carne. Así que ésta se vacía de su humedad,
y se caldea y sufre dolor, se estremece y cae en una
fiebre bastante prolongada, a no ser que uno la trate
correctamente. En ese caso, en primer lugar hay que
bañar al enfermo en un baño ni demasiado caliente ni
demasiado abundante, luego darle a beber después del
baño un vino suave, y que coma de cena muy varios
y muchos alimentos, y como bebida que tóme un vino
aguado y suave, y en abundancia, y luego que conserve
mucho tiempo en el estómago
hasta que
los conductos venosos se llenen y se hinchen. Luego,
que vomite, y después de un breve paseo que se acueste
blandamente. Luego conviene aumentar lentamente los
alimentos y los ejercicios habituales durante seis días,
y en éstos disponer al individuo en su régimen acos-
tumbrado de comida y bebida ~
Este tratamiento tiene la siguiente propiedad: puede
rehidratar el cuerpo resecado en exceso sin caer en ex-
ceso. Si, desde luego, fuera posible, conociendo cuál es
la causa de la dolencia, curarla mediante la dosis con-
veniente de alimentación, bien estaría así. Pero eso es
imposible, y lo otro es fácil. Porque el cuerpo reseco,
al recibir todo tipo de alimento atrae de cada alimento
lo conveniente a cada parte del cuerpo, que queda llena
y humedecida, y, tras vaciarse el estómago por el vómi-
to, rechaza el exceso. El vientre, al quedar vacio, se re-
vuelve. Entonces, la carne regurgita la humedad que le
sobra, y no suelta la que le es adecuada, a no ser por
~ Estos consejos son como una fórmula resumida de los que sC
darán con mayores distingos y precisiones en el libro siguiente- Ya
aqui nos encontramos las nociones fundamentales de ,,vaciamICnto~
y ~repleción., y eí rechazo del perturbador .exceso’.
carne de vaca y de
si como señala .Joly, no parece que sean éstos los conSejoS más
adecuados a braceros y trabajadores que tienen que ganarse su vida.
SOBRE LA DIETA
249
cerdo y de las otras que producen un excesivo hartazgo;
y también conviene vomitar tras el hartazgo de queso
y de alimentos dulces y grasos desacostumbrados. Tam-
bién después de una borrachera y de una variación de
alimentación y de un cambio de región es mejor vomitar.
Puede uno abandonarse al frío con plena confianza,
a no ser después de las comidas y ejercicios gimnásti-
cos; sí en los paseos matutinos, cuando el cuerpo em-
pieza a entrar en calor, tanto en las carreras como en
el resto del tiempo, guardándose del exceso. Pues no
es bueno para el cuerpo no exponerse al frío invernal;
que ni siquiera los árboles, de no quedar expuestos al
invierno, pueden producir sus frutos en su sazón, ni man-
tenerse vigorosos ~ Y practicar muchos ejercicios du-
rante esta estación, de toda clase. Pues no resultan ex-
cesivos, a no ser que se produzcan lesiones.
astas son las indicaciones que doy a los profanos.
Por qué es así lo diré ahora. Siendo la estación fría y
dura, también los seres vivos se ven afectados por algo
parecido. Forzoso es, pues, que el cuerpo entre en calor
lentamente con el ejercicio, y que sólo una pequeña por-
ción de la humedad interna sea evacuada. Además, el
espacio de tiempo que se dedica al ejercicio es breve,
y mucho el que se dedica al reposo. Porque es corto
el día, y larga la noche. Por esa razón ni la duración
ni el ejercicio presentan exceso. Así
que es preciso llevar ese régimen de vida durante esta
estación, desde el ocaso de las Pléyades al solsticio, cua-
renta y cuatro días. En torno al solsticio conviene estar
alerta muy precisamente, y tras el solsticio conservar
la misma dieta durante otros tantos días.
Después de éste, es ya el momento en que sopla el
céfiro
y la estación es más suave. Entonces hay que adap-
2 La comparación con el mundo vegetal parece asumir fuerza de
prueba (aunque en casos como éste se basa en una opinión popular.
pero incierta), ~f. JoLY, Le niveau..., págs. 73 y sigs., y n. ad loc.
250
TRATADOS HIPOcRÁTIcOS
tar la dieta a la estación durante quince días. Luego
viene el surgir de Arcturo, y es el tiempo en que apare-
ce la golondrina. En el período siguiente ya conviene
vivir con un régimen más variado hasta el equinoccio
treinta y dos días. Conviene, por lo tanto, acompañar
el cambio de estación con los hábitos dietéticos, varián-
dolos con comidas y ejercicios más suaves y ligeros, aco-
modándolos poco a poco a la primavera.
Cuando llega el equinoccio, entonces son los días más
suaves y más largos, y más cortas la noches, y la esta-
ción que se aproxima es cálida y seca, y la que transcu-
rre alimenticia y temperadal Por consiguiente conviene
que, así como los árboles, que no tienen entendimiento,
se preparan en este tiempo una protección de cara al
verano, en su desarrollo y su sombra, así también lo
haga el ser humano. Puesto que él tiene entendimiento,
debe procurarse un desarrollo saludable de su carne.
Es preciso, pues, para no cambiar de repente el régi-
men dietético, dividir el tiempo en seis períodos de ocho
días.
En el primer periodo, pues, es preciso reducir ejer-
cicios y realizar más mitigados los que se mantengan,
y tomar alimentos más suaves y más puros, y bebidas
más aguadas y más blancas, y practicar la lucha de pa-
lestra con aceite al sol. En cada estación hay que variar
cada uno de los habitos dietéticos poco a poco. Por ejem-
pío, de los paseos, suprimir los más de después de las
comidas y los menos de los matutinos. Y servirse de
los chuscos de cebada más que de los panes de trigo,
añadir legumbres hervidas, y equilibrar los platos her-
vidos con los asados, tomar baños, y desayunar tam-
bién un poco; y menos relaciones sexuales, y menos vó-
mitos: en principio reducirlos de tres a dos, y luego que
sean a mayores intervalos, para que el cuerpo se afirme
bien provisto de carnes y con una carne limpia, y que
la dieta sea suave durante este tiempo hasta la apari-
ción de las Pléyades.
SOBRE LA DIETA
251
Entonces viene el verano, y conviene ya adaptar el
régimen de vida a éste. Con que, una vez que se alcen
las Pléyades, acudir a alimentos más suaves, y más pu-
ros, y en menor cantidad; luego a pan de cebada más
que al de trigo, bien amasado y de harinas gruesas, y
a bebidas suaves, blancas, acuosas; con un almuerzo fru-
gal, y breves sueños tras el almuerzo; con hartazgo de
comida en muy escasos momentos, y tomar abundante
bebida durante la comida. A lo largo del día beber lo
menos posible, a no ser que el cuerpo se vea afectado
por una sequedad apremiante. Habituarse a legumbres
hervidas, a excepción de las ardientes y secas, y tomar-
las también crudas, a excepción de las que dan calor
y son secas. No recurrir a los vómitos, a menos que
se produzca un hartazgo. Muy poco de relaciones se-
xuales, y darse baños templados. La fruta de la esta-
ción es demasiado fuerte para la naturaleza humana;
mejor, pues, es abstenerse de ella. Pero si uno la toma,
tomándola después de las comidas se perjudicará menos.
En cuanto a los ejercicios, conviene entrenarse en
carreras sencillas, pocos díaulos y durante corto tiem-
po, y paseos a la sombra, y lucha libre sobre el suelo
a fin de recalentarse mínimamente. El revolcarse por
el suelo es mejor, desde luego, que las carreras, pues
estas resecan el cuerpo vaciándolo de la humedad. No
salir de paseo después de la cena, a no ser lo justo para
relajarse. Recurrir a los paseos de mañana. Y cuidarse
del sol, y de los fríos matutinos y, al atardecer, de los
que exhalan ríos, lagos o nieves.
Continúese con este régimen de vida hasta el solsti-
cio, de modo que durante este tiempo se suprimirá todo
lo que es seco, cálido, negro, y sin mezcla, y los panes;
a no ser un poco (de pan) que se tome por placer. Y
en el tiempo siguiente se nutrirá de alimentos suaves,
húmedos, refrescantes, blancos, y puros, hasta la apari-
ción de Arcturo y el equinoccio, noventa y tres días.
L
252
TRATADOS HIPocRATIcOS
A partir del equinoccio hay que llevar la dieta si-
guiente, acomodándola gradualmente en otoño para el
invierno, previniéndose de los cambios de fríos y de sol
con un vestido grueso. Durante este tiempo, tras hacer
vestido los ejercicios preliminares, practicar las friccio-
nes y la lucha untados de aceite, adaptándose poco a
poco. Y darse los paseos al sol. Tomar baños calientes,
suprimir los sueños durante el día, y tomar alimentos
más cálidos, y menos húmedos y puros; y bebidas más
oscuras, suaves y no aguadas, y hortalizas secas en me-
nor medida, y continuar así en toda la dieta suprimien-
do los alimentos de verano; y adoptar los de invierno
pero no en extremo, a fin de acercarse lo más posible
a la dieta invernal en cuarenta y ocho días, desde el
equinoccio hasta el ocaso de las Pléyades.
69 Esto es lo que recomiendo a la mayoría de las gen-
tes, a todos los que por necesidad tienen que proseguir
su vida azarosamente, y no pueden desentenderse de lo
demás para dedicarse a cuidar de su salud. Pero para
quienes eso es accesible y que ya han reconocido que
ningún beneficio hay en las riquezas ni en los demás
bienes al margen de la salud 83, para éstos he descu-
83 cree Joly que puede haber aquí una alusión al poema de Arí-
frón de Sición. que bien pudo publicarse hacia el 400 a. c. Es un Peán
a la Salud, personificada como Higiea y representada, a veces, como
compañera de Asclepio en centros ligados a su culto. Dice así en la
trad. de F. R. ADR-snos (en Lírica Griega Arcaica, Madrid, 1980, B. c. G.,
pág. 455)
¡Salud, la más venerable de los felices para los mortales,
ojalá viva yo en tu compañía durante el resto de mi vida y tú
estés benévola a mí lado! Pues sí hay alguna felicidad en la
riqueza, o en los hijos, o en el mando real que es para los hom-
bres igual a ser un dios, o en los deseos que intentamos cazar
con las redes ocultas de Afrodita. o si existe algún otro placer
enviado por los dioses a los hombres o algún descanso en los
trabajos, sólo en unión de ti. oh feliz Salud, florece y brilla
en el trato con las Gracias: sin ti nadie es feliz.
SOBRE LA DIETA
253
bierto una dieta que se aproxima lo más posible al ma-
yor grado de verdad. Ésta es la que voy a exponer, en
efecto, avanzando el escrito.
Este hallazgo es hermoso para mi, que lo he hecho,
y útil para quienes lo aprendan. Ninguno de los de an-
tes intentó nunca comprenderlo, y frente a todo lo de-
más juzgo que esto es algo de gran valor.
Se trata de un diagnóstico previo al enfermar, diag-
nóstico de lo que les ocurre a los cuerpos, de si el ali-
mento prevalece sobre los ejercicios, o si los ejercicios
sobre los alimentos, o si están acomodados unos a otros.
Pues las enfermedades se producen por el predominio
de uno cualquiera de esos dos factores. Del andar equi-
librados unos y otros viene la salud. Ahora voy a tratar
de esos casos, e indicaré cómo son y cómo acontecen
en personas que parecen gozar de salud, comen a su
gusto, pueden hacer ejercicios, y están bien de cuerpo
y de color.
Las narices se llenan sin motivo evidente después 70
de la comida y del sueño”, y parecen estar llenas, pe-
ro sin moqueo. Sólo al empezar el paseo de mañana y
los ejercicios, entonces se moquea y se escupe. Al avan-
El aprecio por la salud está manifestado también en el conocido
canto de banquete (7D) que la considera el primer bien:
Tener salud es lo mejor para un mortal.
Lo segundo es haber nacido hermoso por naturaleza.
Lo tercero, ser rico sin engaños.
Y lo cuarto gozar de la juventud con los amigos.
comienza aquí la descripción del primero de los quince casos
que el autor distingue para aplicarles el tratamiento adecuado según
su prodiagn~sis. Todos provienen de un desequilibrio entre alimentos
y ejercicios. E,n los nueve primeros dominan los alimentos, y en los
seis últimos (caps. 79-84) dominan los ejercicios. Las nociones de .rc-
pleción. (pl~smon¿) y de .vaciamiento.
, y con esto sobrevienen palideces,
y se desencadenan catarros o temblores febriles, según
la zona a donde se desplace el hartazgo ocasional.
A lo que el paciente se encuentre haciendo en ese
momento se le echan las culpas, pero eso no es culpa-
ble. Es que en él los alimentos se imponen a los ejerci-
cios, y el hartazgo, acumulándose poco a poco, le ha
empujado hacia la enfermedad. Pero no hay que dejarlo
llegar hasta este punto. Sino que, apenas uno reconozca
los primeros de esos síntomas, ya hay que advertir que
las comidas predominan sobre los ejercicios y que poco
a poco se está acumulando el hartazgo. Porque el mo-
queo y la salivación indican va la crisis de la saciedad.
Al encontrarse el cuerpo tranquilo, bloquean las salidas
de la respiración, por ser enorme el hartazgo. Pero si
se calienta con el ejercicio,
se hace más ligera y se segrega.
A un paciente semejante hay que curarlo del modo
siguiente. Que se ejercite a fondo con las prácticas gim-
násticas habituales evitando lesionarse, y que dándose
un baño caliente vomite a continuación de una comida
de alimentos muy variados. Después de la vomitona que
se enjuague la boca y la garganta con un vino astrin-
gente para que los orificios de las venas se obturen y
no sean absorbidos ningunos restos de los producidos
por el vómito. Luego levantarse y dar un breve paseo
por el soí. Al día siguiente, que haga los mismos paseos:
y los mismos ejercicios, pero en menor número y más
ligeros que antes. Y que se quede sin almorzar, si es~
verano; y si no es verano, que coma un poco; y en
la cena que reduzca a la mitad lo que acostumbra a~
cenar. Al tercer día que recobre todos sus ejercicios
bituales y sus paseos, y que aumente poco a poco
SOBRE LA DIETA
255
alimentos a fin de volver al quinto día después del vó-
mito a la cantidad de comida acostumbrada. En fin, si
tras esto se encuentra bastante bien, que se medique
en lo demás con comidas menos abundantes y con mas
ejercicius.
Pero si no han menguado los, síntomas de la sacie-
dad, dejando pasar dos días después de haber vuelto
a la comida habitual, que vomite de nuevo y que se rea-
dapte según las mismas indicaciones. Y si es preciso,
también una tercera vez, hasta que se vea libre de su
hartazgo.
Hay algunas personas que, cuando los alimentos do- 71
minan a los ejercicios, se ven afectadas del modo si-
guiente. Comenzando la saciedad les sobrevienen sue-
ños largos y agradables, y se echan a dormir algún rato
durante el día. El sueño se produce al humedecerse la
carne, y se desparrama la sangre, y se serena disper-
sándose también el aire respirado. Pero cuando el cuer-
po no soporta ya la saciedad, provoca una secreción in-
terna por efecto de la violencia -de la circulación que,
al enfrentarse a la nutrición que viene de los alimentos,
produce perturbaciones en el alma. Entonces ya no son
agradables los sueños, sino que forzosamente perturban
al individuo, y éste se imagina que combate. Pues tales
cuales son las sensaciones que sufre el cuerpo, tales son
las cosas que ve el alma, aunque le falte la vista ~
Así que, cuando el paciente llega hasta este punto,
ya está cerca de la enfermedad. Pero cuál enfermedad
le alcanza, es algo incierto. Pues según sea la secreción
que sobrevenga y en qué lugar se imponga, eso determi-
na la dolencia. Pero el que es sensato no ha de dejar
que avance, sino que apenas reconozca los primeros sín-
tomas ha de medicarse como el enfermo anterior, si bien
necesita más tiempo y un ayuno más severo.
85 Este aserto está muy en consonancia con lo que dirá luego so-
bre los sueños en el libro IV.
256
TRATADOS HIPocRÁTIcOs
72 También son síntomas de saciedad los siguientes.
El cuerpo está dolorido, en unos casos todo él, en otros
una parte del cuerpo cualquiera. El dolor se asemeja
a la fatiga. De modo que creyéndose estar fatigados,
se medican con descansos y repleciones has-
ta que abocan a la fiebre. Y ni aun entonces se dan cuen-
ta de su situación. Sino que tomando baños y comidas
trasforman su enfermedad en una pneumonía, y se co-
locan en un peligro extremo.
Ahora bien, conviene tomar precauciones antes de
llegar a las enfermedades, y remediarse según el modo
siguiente. Lo mejor es ponerse a transpirar mediante
baños de vapor suaves, y si no, bañándose con agua
abundante y caliente, relajando el cuerpo lo más posi-
ble; y recurriendo a alimentos en primer lugar ácidos
y abundantes, y luego a los demás, vomitar bien, y al
levantarse dar un paseo de breve duración al sol, y lue-
go echarse a dormir~ Por la mañana hacer muchos pa-
seos aumentándolos poco a poco, y además los ejerci-
cios gimnásticos ligeros y en progresión semejante a lo
anterior. Ese paciente necesita un muy considerable adel-
gazamiento y caminatas.
En caso de que, por no haberlo previsto, uno llegue
a un estado febril, que no tome sino agua durante tres
días, si es que la fiebre le cesa durante éstos; en otro
caso, medicarlo con un caldo de cebada. Escapará en
cuatro o siete días y echará a sudar. Es bueno recurrir
a unguentos sudoríficos cuando las crisis. Porque fuer-
zan el sudor.
73 Algunos a causa de la saciedad padecen los síntomas
que voy a describir. Les duele y sienten pesada la cabe-
za, los párpados les caen después de las comidas y se
‘~en perturbados en sus sueños, y les parece tener fie-
bre, y a veces el vientre se queda detenido. En las rela-
ciones sexuales parece que uno está más ligero por el
momento, pero luego se encuentra más pesado. En es-
SOBRE LA DIETA
257
tos pacientes la cabeza atrae la saciedad por revulsión,
con ello hace que el vientre se retenga, y es ella la que
se siente pesada. Graves riesgos amenazan, y allí en don-
de irrumpe la saciedad, eso se corrompe.
Por tanto, hay que precaverse del modo siguiente.
Si uno quiere dar un tratamiento más rápido, dar pri-
mero un baño de vapor y luego purgar con el~boro; lue-
go acudir a alimentos ligeros y suaves durante diez días;
y a platos laxantes, a fin de que el bajo vientre domine
a la cabeza mediante una revulsión por abajo. Y paseos
lentos y matutinos, bastantes, y lucha en la palestra y
con el cuerpo aceitado. Que tome el almuerzo y una sies-
ta después del almuerzo que no sea larga. Después de
la cena levantarse sólo para un breve paseo. Y bañarse,
y darse fricciones con unguentos —pero bañarse con
agua templada—, y abstenerse del coito. Este es el tra-
tamiento más rápido.
Si uno no quiere tomar bebidas medicinales ‘~, que
tome un baño caliente y que vomite después de tomar
alimentos ácidos, húmedos, dulces y salados, y que des-
pués del vómito salga a dar tan sólo una vuelta; y que
por la mañana practique los paseos suaves y los ejerci-
cios prescritos progresivamente durante seis días. Al sép-
timo, depués de un hartazgo, provocar otro vómito de
esos mismos alimentos, y continuar con el mismo méto-
do. Seguir con estos tratamientos durante cuatro sema-
nas, pues es generalmente en este tiempo en el que se
opera el restablecimiento. Luego aumentar alimentos y
ejercicios, y provocar los vómitos con mayores interva-
los, y aumentar en menor espacio los alimentos, a fin
de que el cuerpo se recupere, y restablecer la dieta en
su forma habitual poco a poco.
“ Es decir, el eléboro citado antes. Se ha hecho notar la poca
simpatía del autor por la administración de drogas. Incluso en las po-
cas veces que alude al eléboro propone un tratamiento alternativo más
lento para evitar su recurso.
L
258
TRATADOS HIPOcRÁTIcOs
74 Nacen también de una saciedad los síntomas siguien-
tes. Cuando el vientre digiere los alimentos y las carnes
no los admiten, la nutrición que se queda produce fla-
tulencia. Cuando se almuerza, se retiene; pues lo más
ligero es expulsado por lo más fuerte, y los pacientes
parecen haberse liberado (de todos los restos). Pero
esto reaparece mucho más fuerte al día siguiente. A me-
dida que se aumenta día a día se hace más fuerte, y
domina lo retenido a lo que se introduce, y provoca re-
calentamientos, y perturba todo el cuerpo, y provoca
diarrea. Ése es el nombre que se aplica cuando sólo es
expulsada por abajo la nutrición corrompida.
Cuando, al recalentarse el cuerpo, la purga se hace
violenta, los intestinos son arañados, y quedan ulcera-
dos y se producen deposiciones sangrientas, eso es lo
que se llama disentería, enfermedad penosa y peligro-
sa. Entonces hay que tomar precauciones y suprimir el
almuerzo y un tercio de la cena. Disponerse a más ejer-
cicios, a luchas de palestra y a las carreras y camina-
tas, después de las prácticas gimnásticas y de mañana.
Cuando se cumplan diez días, añadir a la comida la mi-
tad de lo restado, y provocar un vómito y aumentar el
alimento durante cuatro días. Cuando se cumpla otra
decena de días, añadir el resto de la comida y provocar
otro vómito, y al aumentar la comida lo dejarás sano
en este espacio de tiempo. No tengas miedo de oprimir
al paciente con los ejercicios.
75 Se dan también los siguientes síntomas. Al día si-
guiente se devuelve la comida cruda sin un ardor de
estómago; el vientre evacua, menos que en proporción
a los alimentos ingeridos, pero bastante sin embargo,
y no se produce ninguna molestia. En estos individuos
el vientre, al ser frío, no puede digerir el alimento du-
rante la noche. De modo que, al ponerse en acción, se
vomita el alimento crudo. Por tanto conviene que en es-
SOBRE LA DIETA
259
te caso se le dé calor al vientre por medio de la dieta
y de los ejercicios.
En principio, por tanto, hay que recurrir a pan ca-
liente y fermentado, mojándolo en vino negro o en cal-
do de cerdo. Y a pescados hervidos en salmuera pican-
te, y tomar además trozos de carne, por ejemplo pies
de cerdo hervidos, y cerdos grasos asados, pero no mu-
chos cochinillos, ni carne de perrito ni cabritillo. En
cuanto a hortalizas: puerros, ajos hervidos o crudos, acel-
gas hervidas y calabazas. Bebidas más bien puras, y sue-
ños largos, y el primer día pasarlo sin el almuerzo.
Dormir después de los ejercicios gimnásticos, carreras
dobles, aumentándolas de poco en poco, lucha ligera y
con el cuerpo untado de aceite, pocos baños, y más fre-
cuentes unguentos, muy numerosos los paseos de ma-
ñana, y pocos después de la comida. Precisamente los
higos son buenos en la cena, acompañados de vino pu-
ro. Con este tratamiento se reponen unos más aprisa,
y otros más despacio.
Otros experimentan los padecimientos siguientes. 76
Pierden la color y, en cuanto comen, vomitan al poco
rato materias ácidas, y la acidez les sube hasta la nariz.
Los cuerpos de estos individuos no están limpios, y a
causa del esfuerzo la parte que se funde de la carne
es mayor que la que se elimina por medio de la circula-
ción. Entonces este remanente se opone a la nutrición,
y la empuja violentamente y la pone ácida. Con que el
alimento es vomitado, y ese humor es rechazado bajo
la piel, y causa en el individuo la falta de color y enfer-
medades semejantes a la hidropesía.
Así que hay que tomar precauciones del modo si-
guiente. El tratamiento más rápido es dar a beber cIé-
boro aumentándolo gradualmente, como he dejado des-
crito antes. Pero la curación más segura es por medio
del tratamiento dietético siguiente. En primer lugar, hay
que producir un vómito después de un baño caliente,
260
TRATADOS HIPOcRÁTIcOs
luego aumentar la comida durante siete días hasta al-
canzar lo habitual. Al décimo día tras el vómito que vo-
mite de nuevo, y que se reanude el tratamiento según
la misma progresión. Hasta por tercera vez hágase de
este modo. Que practique carreras sencillas, pocas y rá-
pidas, y saltos y flexiones de brazos, y fricción, con una
larga permanencia en el gimnasio y lucha por el suelo.
Numerosos paseos después de los ejercicios, y también
después de comer, y muchísimos de mañana. Que se dé
fricciones recubierto de polvo. Cuando quiera bañarse,
que tome un baño caliente, y que persista sin almorzar
durante todo este tiempo. Y si se repone en un mes,
que luego se trate con el método conveniente hasta el
restablecimiento total. Y si persiste algún resto, conti-
nuar con los tratamientos.
77 Hay algunos que tienen ardores de estómago al día
siguiente de una noche en que se les origina secreción
de un hartazgo. Así que, al agitarse el cuerpo después
del descanso nocturno, tomando una respiración de rit-
mo más frecuente, se expulsa forzadamente con el aire
expirado algo caliente y ácido. De esto se originan do-
lencias a no ser que uno actúe con precaución. A estos
pacientes les conviene también ser medicados como los
del caso anterior. Pero que practiquen más ejercicios.
78 A algunos les suceden estos síntomas siguientes. En
individuos que tienen cuerpos de carne densa, cuando
los alimentos se recalientan y se disuelven durante el
primer sueño, al calentarse la carne por efecto de los
alimentos y por el sueño, se produce una abunj:lante se-
creción de la carne, que es húmeda. Entonces la carne,
que es densa, no acepta el alimento, y el humor segre-
gado de la carne, oponiéndose a la nutrición y recha-
zándola, ahoga al paciente y lo recalienta, hasta que
vomita. Luego comienza a encontrarse más ligero. Nin-
guna tensión se presenta visible en el cuerpo, pero hay
falta de color. Al avanzar el tiempo se presentan ya fati-
SOBRE LA DIETA
261
gas y enfermedades. Éstos sufren algo parecido a aque-
líos que, no habiendo practicado la gimnasia, de pron-
to, se lanzan a los ejercicios, y provocan una violenta
y abundante licuefacción de la carne.
A tales individuos hay que tratarlos del modo siguien-.
te. Suprimirles un tercio de sus alimentos; recurrir a
comidas ácidas, secas, astringentes, bien olientes y diu-
réticas, y a muy numerosas carreras de fondo con la
ropa puesta, y a los díau¡os y carreras sencillas desnu-
do, y a friegas y un poco de lucha libre: pelea de manos
. Y muchos paseos des-
pués de los ejercicios, y también matutinos y después
de la comida. El ejercicio de la voz resulta oportuno,
pues provocando una evacuación de la humedad aligera
la carne. Conviene pasarse sin almuerzo. Recurrir a es-
tos hábitos durante diez días; luego recobrar la mitad
de la comida que se había eliminado en el plazo de seis
días, y producir un vómito, y después del vómito aumen-
tar gradualmente la comida durante cuatro días. Cuan-
do se cumplan los diez días a partir del vómito, que
se recobre toda la comida suprimida. Que continúe con
los ejercicios y los paseos y se encontrará sano. Una
naturaleza semejante requiere mayor dosis de ejercicio
que de alimentación.
Padecen algunos los siguientes síntomas ~ En sus 79
deposiciones evacuan el alimento húmedo, sin digerir-
lo, no por causa de una enfermedad como la lientería,
ni tampoco les causa esto ninguna molestia. Sino que
padecen esto sobre todo los que tienen vientres fríos
y húmedos. En efecto, a causa de la frialdad no llegan
a digerir del todo, y a causa de la humedad eVacuan.
~ com¡eui~a,~ aquí los seis casos de predominio de los ejercicios,
en contraste con los anteriores donde predominaba la repleción por
exceso de alimentos.
L
262
TRATADOS HIPocRÁTIcOS
Por consiguiente, el cuerpo se consume, al no recibir
la nutrición conveniente, y las tripas se corrompen y
caen en un estado enfermizo.
Con que hay que tomar precauciones. Le conviene
a este paciente suprimir la tercera parte de sus alimen-
tos. Su alimentación ha de consistir en panes de hari-
nas gruesas, sin levadura, cocidos en el cubano, o bajo
las cenizas, calientes y mojados en un vino astringente;
en cuanto a los pescados
las partes del lo-
mo y de la cola, pues las de la cabeza y del bajo vientre
son más húmedas; ya sean hervidos en salmuera, o bien
a la plancha en vinagre. También carnes conservadas
en sales o en vinagre, y carnes de perro hervidas. Tam-
bién carne de paloma torcaz y aves parecidas, hervidas
o asadas. Hortalizas lo menos posible. Y vino tinto, bas-
tante puro y astringente.
Que también se aplique a los paseos, muchos, des-
pués de la comida y al alba, y que se eche a descansar
•tras el paseo. Y carreras de fondo, con progresión cal-
culada. Que se dé muchas fricciones; y luchas cortas,
tanto con el cuerpo untado como por tierra, a fin de
que la carne, recalentándose, se reseque y rechace por
revulsión la humedad que le viene del vientre. Friccio-
narse con unguentos es mejor que bañarse. Pasarse el
día sin almorzar. Cuando se cumplan siete días, recupé-
rese la mitad de la comida suprimida, y provóquese un
vómito, y aumentar la alimentación en cuatro días. En
otra semana que vuelva todo a lo habitual. Y tras hacer
de nuevo un vómito continuar con el mismo método.
80 A algunos otros les suceden los síntomas siguientes.
Las deposiciones se evacuan sin digerir, y el cuerpo se
les consume al no aprovechar los alimentos; éstos con
el curso del tiempo enferman. Sus tripas están frías y
secas, y, por tanto, cuando no usan de alimentos ni ejer-
cicios gimnásticos adecuados padecen esos trastornos.
En efecto les conviene a éstos tomar panes de harina
SOBRE LA DIETA
263
pura y cocidos al horno, y pescados hervidos con salsa,
carnes de cerdo hervidas, pies de cerdo bien cocidos,
y carnes grasas asadas, y de las cosas ácidas y saladas
aquellas que humedecen, y salazones. Y vinos tintos dul-
ces, y uvas e higos en las comidas. Conviene también
que almuercen un poco.
Que practiquen pocos ejercicios gimnásticos, carre-
ras largas en gradación, y al final carreras sencillas,
y lucha tras la carrera con el cuerpo untado en aceite.
Pero no muchos paseos después de los ejercicios; tras
la comida sólo para desentumecerse. Pero recurrir a más
frecuentes paseos al alba. Darse el baño con agua ca-
liente. Darse fricciones de unguento. Que tenga un sue-
ño más largo y descanse sobre blando. Coviene que ten-
ga algunos contactos sexuales. Suprimir un tercio de
los alimentos. En doce días reconducirle a la alimenta-
ción habitual.
Hay quienes tienen unas deposiciones húmedas y 81
putrefactas, pero que en lo demás están sanos y hacen
ejercicios, y no sienten dolores. Y algunos se desentien-
den de sus ocupaciones. Al pasar el tiempo, el vientre
con su calor atrae entonces las carnes, y provoca dolor.
Se niegan a comer, el vientre se les ulcera y entonces
resulta difícil estreñirlo. Así que es preciso tomar pre-
cauciones antes, al advertir que el vientre está caliente
y húmedo más de lo normal, y que se está produciendo
en él un exceso de esfuerzos inconvenientes. Hay, en
efecto, que refréscarlo y resecarlo por medio de la dieta.
Con que primero hay que suprimir la mitad de los
ejercicios gimnásticos, y una tercera parte de los ali-
mentos. Hacer uso de pan de cebada amasado bien, de
harinas gruesas, y de los pescados más secos hervidos,
no de los salados ni de los grasientos; pueden tomarse
también a la brasa. En cuanto a las carnes de ave, to-
mar cocidas las de paloma torcaz y pichón, y asadas
sin condimentos las de perdices y de gallinas; las de
L
TRATADOS HIPocRÁTICOs SOBRE LA DIETA
265
liebre que sean hervidas en agua. De las hortalizas sil-
vestres todas las que son refrescantes, y las acelgas her-
vidas y con vinagre. El vino tinto, como astringente.
Como ejercicios gimnásticos carreras rápidas. Que
no se dé muchas fricciones, sino pocas, y tampoco haga
lucha. La lucha con las manos, el movimiento de bra-
zos, el golpear el saco, y el revolcarse por el suelo re-
sultan convenientes, pero no en cantidad. Que practi-
que los paseos especialmente después del gimnasio, bas-
tantes y en proporción con el ejercicio, y muchos más
después de comer en proporción con la comida, y de
mañana de manera ajustada ‘a su disposición personal.
Y que se bañe tranquilamente en agua tibia. Después
de haber llevado este régimen de vida durante diez días
recupérese la mitad de la comida y el tercio de los ejer-
cicios. Y provocar un vómito tras haber comido cosas
secas y astringentes, y sin retener un rato la comida,
sino que vomite lo más pronto posible. A partir del vó-
mito, auméntese gradualmente la comida durante cua-
tro días, así como la bebida y los ejercicios, poco a po-
co. Cuando se cumpla la decena añádase lo restante de
la comida
y algo menos de los ejercicios y
tras provocar un vómito, continúese con el mismo tra-
tamiento. Durante esta época conviene hacer una sola
comida al día hasta que se reponga.
82 A otros les sucede que tienen una deposición seca
y quemada, y la boca reseca, y al pasar el tiempo se
les vuelve también amarga, y se les para el vientre y
la orina. Pues cuando el intestino no tiene humedad,
se hincha en torno a los excrementos y tapona las sali-
das, causa dolor y produce fiebre, y se vomita todo cuan-
to se come o se bebe. Al final vomita incluso las heces.
Cuando se llega a tal extremo, ya no se puede sobrevivir.
Por lo tanto, hay que precaverse antes advirtiendo
que tal persona está dominada por una sequedad ca-
liente. Conviene, por tanto, que este paciente se alimen-
te con pan de cebada bien amasado y humedecido, y
pan de alforfón fermentado en caldo de salvado, y to-
mar verduras frescas a excepción de las ácidas y secas,
hervidas; de los pescados tomar los más ligeros hervi-
dos, incluso las cabezas de peces y crustáceos; y mejí-
llones, erizos de mar y cangrejos, y caldos de almejas
y las mismas almejas, que sean de las más húmedas;
y pies de cerdo delanteros, hervidos; y carnes de cabri-
to, de cordero y de perro pequeño, hervidas. [En cuanto
a pescados, los de ríos y lagos hervidos] U El vino dul-
ce, aguado.
Los ejercicios ni muchos ni rápidos, sino que todos
moderados. Use de los paseos al a!ba, suficientes según
su disposición personal y después del gimnasio acordes
con el esfuerzo realizado. Después de la cena que no
pasee. Que tome baños, y unos sueños en blando y al-
uerzo. Tras el almuerzo una siesta no larga. Que se
sirva fruta que humedece tras las comidas. Y guisantes
verdes, o secos, mojándolos en agua.
Que en sus ejercicios suprima también este paciente
un comienzo la mitad de los que hacía anterior-
desde
ente. Luego que haga un vómito tras tomar alimentos
dulces, grasos, salados y oleaginosos, pero que los re-
tenga el mayor tiempo posible en el estómago antes del
vomitado. A continuación que vaya aumentando la ali-
mentación durante tres días y que no prescinda del al-
muerzo. Cuando se cumplan los diez días que se apli-
que progresivamente a los ejercicios en mayor número.
Si se le presenta repleción tras la comida o desarreglos
en el estómago, que vomite. Si no, que continúe con es-
te tratamiento el tiempo restante.
Aparecen también los síntomas siguientes. Tienen es- 83
calofríos después de los paseos de la mañana, y sienten
U Esta mención resulta incoherente, Con Joly, parece mejor con-
siderarla como una .glosa aberrante..
264
266
TRATADO5 HIPocRÁTICOs
pesadez de cabeza en la medida en que los paseos son
superiores a la medida adecuada. Al vaciarse el cuerpo
y la cabeza de la humedad se sienten escalofríos y pesa-
dez. Al avanzar el tiempo, se cae en una fiebre que da
tiritona. Con que no conviene dejar que avance hasta
este punto, sino tomar medidas de antemano de este
modo. Tan pronto como se presente alguno de los sínto-
mas, uno se dará fricciones y unguentos, un poco, al-
morzará más de lo acostumbrado, y beberá bastante
vino suave, y se dará una buena siesta después de la
comida. Por la tarde, después de los ejercicios gimnás-
ticos y de darse un baño ¿aliente, cenará lo acostum-
brado. No darse ningún paseo tras la cena, sino sólo
entretenerse un rato. Al día siguiente suprimir un ter-
cio de todos los ejercicios y de los paseos, y tomar los
alimentos tal como se tenga por costumbre. Darse un
baño de agua templada y untarse de aceite mientras se
esté en el agua. Descansar durmiendo en blando, y en
cinco días aumentar los ejercicios poco a poco.
84 Hay algunos que tienen temblores durante los ejer-
cicios gimnásticos, desde que se desvisten hasta que se
encuentran en ellos. Pero en cuanto se enfrían se estre-
mecen de nuevo, y entrechocan los dientes, y están
somnolientos. Cuando están despiertos del todo, boste-
zan muchas veces, y tras el sueño sienten los párpados
pesados. Con el paso del tiempo les sobrevienen fuertes
fiebres, y deliran. Por tanto hay que precaverse y no
dejar que se llegue hasta ese punto, sino tomar el régi-
men de vida siguiente.
Desde el principio que se supriman la mitad de to-
dos los ejercicios. En todas sus comidas que tomen ali-
mentos bastante húmedos y frescos, y bebidas suaves
y más bien aguadas. Cuando se llegue a los cinco días
que recupere un tercio de los ejercicios suprimidos, y
que tome los mismos alimentos. Al otro quinto día que
añada la mitad de los restantes ejercicios. Y, de nuevo,
5OBRE LA DIETA
267
al quinto tras ése recobre, todos los ejercicios, más lige-
ros y menos prolongados, a fin de que no se presente
de nuevo el exceso.
En los que padecen estos síntomas, los ejercicios 85
son superiores a los alimentos. Así que hay que equili-
brarlos S9 Algunos no los padecen todos, sino unos sí,
y otros no. Pero en todos estos casos los ejercicios pre-
dominan sobre los alimentos, y el tratamiento ha de ser
idéntico. Les conviene a estos individuos bañarse calien-
te, dormir en blando, emborracharse una vez o dos, pe-
ro sin exceso, tener relaciones sexuales tras de haber
bebido un poco, y relajarse en cuanto a los ejercicios,
con excepción de los paseos.
UBRO IV
Respecto a los signos que aparecen en los sueños, 86
quien tenga un recto conocimiento
advertirá
que poseen una gran influencia de cara a cualquier asun-
es más
violento, que se sirva también de baños de vapor. Con-
viene, pues, que la eliminación se haga a través de la
piel, puesto que el daño está en el circuito exterior. Los
‘~ La comparación del cuerpo con el cosmos estaba ya en el ca-
pitulo 10, con la referencia a las tres órbitas (per
<. así como el de .hilioso., que viene luego. Tal vez aqt.i se inspire en alguna fuente con estos términos. SOBRE LA DIETA 271 alimentos tomarlos secos, ácidos, astringentes, puros, y en los ejercicios practicar los que desecan al máximo. Si es la luna la que sufre alguno de esos procesos, conviene provocar la revulsión hacia dentro, recurrir a un vómito después de alimentos ácidos, salados y emo- lientes, y a carreras veloces y a paseos, y a ejercicios de la voz, y a suprimir el almuerzo, y a privarse de la comida y a recobrarla gradualmente del mismo modo. Hay que hacer la revulsión hacia dentro por este moti- vo: porque el daño se mostró cerca de las cavidades del cuerpo. Si es el sol el que sufre algo semejante, entonces eso es más violento y más difícil de eliminar. Hay que ha- cer la revulsión en ambos sentidos; practicar las carre- ras largas y las cortas, los paseos y todos los restantes ejercicios, y la supresión de alimentos y su recupera- ción gradual del mismo modo. Enseguida, tras haber vomitado, aumentar de nuevo en cinco días. Si los astros se ven oprimidos, estando el cielo sere- no, y parece que están débiles, está domí-
nado por la sequedad del circuito y
indica riesgo
de caer en enfermedad. Entonces hay que eliminar los
ejercicios, adoptar un régimen de vida más húmedo y
suave, con baños, abundante reposo, y mucho dormir,
hasta reponerse.
Si lo que se opone parece ser fogoso y cálido, indica
una secreción de bilis. Si estos accidentes dominan, in-
dica enfermedad. Si los astros vencidos desaparecen, hay
riesgo de que de la enfermedad se llegue a la muerte.
~Y si lo que se opone pareciera haber sido puesto en
fuga, y huir rápidamente, y que los astros lo persiguen,
hay riesgo de que el paciente enloquezca, a nó ser que
sea curado. A todos éstos les conviene sobre todo que
sigan un régimen hasta el final, tras haberse purgado
con eléboro. De no ser así, conviene que sigan una dieta
con agua, y que no beban vino, a no ser blanco, ligero,
272
TRATADOS HIPOCRÁTIcOs
suave y aguado. Que se abstengan de alimentos calien-
tes, ácidos, resecantes, y salados. Que
prac-
tique muchísimos ejercicios naturales y muchísimas ca-
rreras con vestido. Que no haya ni fricción, ni lucha,
ni revolcarse por el suelo. Que duerma mucho y en blan-
do. Que mantenga reposo, al margen de los ejercicios
naturales. Que pasee después de las comidas. Es bueno
también que tome baños de vapor. Y que vomite des-
pués del baño de vapor. Que durante treinta días no
se llene (en las comidas). Que cuando se llene, vomite
tres veces al mes tras ingerir alimentos dulces, aguados
y ligeros.
Siempre que un astro va errante de un lado a otro
sin necesidad, eso es indicio de una perturbación cau-
sada por la inquietud. A este paciente le conviene reía-
jarse. Que vuelva su alma hacia los espectáculos, sobre
todo los cómicos, y si no, hacia lo que más se regocije
en contemplar, durante dos o tres días, y se repon-
drá ~ De lo contrario, hay riesgo de que caiga enfer-
mo.
Si alguna de las estrellas parece precipitarse fuera
de su órbita, siempre que sean puras y brillantes y cai-
gan hacia oriente, es indicio de salud. Cualquier cosa
que, siendo pura, es secretada fuera del circuito de
acuerdo con la naturaleza de oeste a este, está bien. Pues
también lo que se segrega en el vientre y lo que se vier-
te en la carne sale todo fuera del cii cuito. Pero si
es negro y turbio y parece que se desplaza hacia
el oeste, o hacia el mar o hacia la tierra o hacia arriba,
eso indica enfermedades. Los que van hacia arriba de-
rrames en la cabeza; los que van hacia el mar dolencias
de vientre; y cuantos van hacia tierra, indican sobre to-
do tumores que se producen en la carne.
‘~ Curioso consejo psicoterapéutico.
SOBRE LA DIETA
273
En estos casos conviene reducir un tercio de la ali-
mentación, y después de vomitar aumentarla gradual-
mente en cinco días, y en otros cinco recobrar toda la
alimentación habitual Y tras hacer un nuevo vómito
recuperarla con la misma progresión.
Cuando te parezca que un cuerpo celeste se estable-
ce sobre ti, si es puro y húmedo indica que tienes salud,
puesto que lo que se introduce en el hombre desde el
éter es puro, y así lo ve el alma tal cual penetra. Pero
si es algo negro, impuro y opaco, indicio es de enferme-
dad, no por repleción ni por vaciedad, sino por inter-
vención de algo exterior. A este individuo le conviene
practicar carreras sencillas veloces, a fin de que la fu-
sión del cuerpo sea la mínima posible y que al servirse
de una respiración muy rápida se expulse el influjo ex-
traño. Después de las carreras
paseos
rápidos. La dieta que se adopte ha de ser suave y ligera
durante cuatro días.
Cualquier cosa que parezca que se recibe pura de
la divinidad pura es buena para la salud. Pues indica
que las cosas que penetran en el cuerpo son puras. Cuan-
do parece que se ve lo contrario de esto, no es bueno.
Pues indica que algo enfermizo ha penetrado en el cuer-
po. Es preciso, entonces, que también este paciente sea
tratado como el del caso anterior.
Si parece que está lloviendo con una lluvia suave en
un día sereno, y que no diluvia fuertemente ni hay gran
tempestad, buen síntoma. Pues indica que el aire respi-
rado que viene del aire externo es adecuado y puro. Si
es lo contrario a eso, que llueve mucho y hay tormenta
y vendaval con agua turbia, es indicio de enfermedad
procedente del aire ingerido. Es preciso que también
esta persona sea tratada de la misma manera, pero con
muy pocos alimentos en conjunto.
Con estos conocimientos sobre los signos celestes,
en efecto, hay que tomar precauciones y seguir un régi-
L
274
TRATADO5 HIPOCRÁTICOS
men, y rogar a los dioses; dando gracias por los buenos
presagios a Helios, a Zeus Celeste, a Zeus Protector del
hogar, a Atenea protectora del hogar, a Hermes, a Apo-
lo, y en los casos contrarios a los que apartan los ma-
les, a Gea, y a los Héroes, para que todos los elementos
dañinos sean apartados ~.
90 Son indicio de salud también estos signos: ver y oír
agudamente lo que sucede sobre tierra, caminar con fir-
meza y correr con seguridad y rapidez sin miedo, ver
la tierra lisa y bien trabajada, y los árboles florecien-
tes, y cargados de frutos y bien cuidados, y ríos que
fluyen con normalidad y con agua clara ni más ni me-
nos de la conveniente, y las fuentes y los pozos por el
estilo. Todo eso indica salud en el hombre, y que el cuer-
po y sus circuitos y las aportaciones del exterior y las
secreciones están en orden.
Pero si se viera cualquier cosa contraria a éstas, in-
dica algún desarreglo en el cuerpo. Si están dañados
la vista y el oído, es indicio de una enfermedad en la
cabeza; entonces hay que dar muy numerosos paseos
por la mañana y después de la comida, además del régi-
men de antes. Si sonlas piernas las afectadas, hay que
provocar una revulsión con vómitos, y hay que recurrir
a la lucha libre con mayor frecuencia además del régi-
men indicado en el caso anterior.
Una tierra abrupta indica que la carne no está lim-
pia. Hay que dar muy numerosos paseos después de los
ejercicios. Falta de frutos en los árboles señala corrup-
ción del semen humano. Si los árboles pierden las ho-
jas, el daño procede de lo húmedo y lo frío; pero si es-
tán rozagantes, pero sin frutos, de lo cálido y seco. En
un caso, pues, hay que caldear y secar con los hábitos
de la dieta, en el otro enfriar y humedecer.
~ La Diosa Tierra y los Héroes —espiritus de los muertos— son
invocados por su función apotropaica. La nota piadosa reitera conse-
jos anteriores, en un línea tradicional.
SOBRE LA DIETA
275
Ríos que no van con un curso normal indican des-
arreglos en la circulación de la sangre; si fluyen de más
un exceso, si fluyen de menos una falta. Es preciso que,
por medio del régimen dietético, en un caso se aumente
y en otro se disminuya. Cuando no fluyen puros indican
perturbación. Se elimina por medio de carreras senci-
llas y paseos que crean un movimiento con respiración
de ritmo rápido.
Fuentes y pozos dan indicaciones sobre la vejiga; en-
tonces hay que purificar con diuréticos. Un mar agita-
do indica una dolencia de vientre; entonces hay que pur-
gar con ayuda de laxantes ligeros y suaves. Tierra o una
casa que tiemblan indican, para un hombre sano, una
debilidad, y para un enfermo salud y cambio de la si-
tuación actual. Para el sano, pues, le conviene cambiar
de dieta: que empiece por vomitar, para recuperar lue-
go su dieta normal poco a poco. Porque todo su cuerpo
es perturbado por su dieta actual. En cambio al que
está enfermo le conviene recurrir a la misma dieta; pues
su. cuerpo está ya cambiando con el régimen actual.
Ver la tierra inundada por el agua o por el mar indi-
ca enfermedad, por existir mucha humedad en el cuer-
po. Así que hay que recurrir a los vómitos, y a su-
primir el almuerzo, y a los ejercicios y a seguir un régi-
men seco. Luego recobrar lo habitual desde poco y
lentamente.
Tampoco es bueno ver la tierra negra ni abrasada,
sino que hay riesgo de enfrentarse a una enfermedad
violenta y mortal. Pues eso es indicio de un exceso de
sequedad en la carne. Entonces hay que suprimir los
ejercicios, y de la alimentación todo lo seco, cálido, áci-
do, y diurético. Que esté a dieta de caldo de cebada bien
hervido, y de todas las otras cosas emolientes y ligeras,
en pequeña cantidad, y más vino blanco aguado, y mu-
chos baños. Que no se bañe sin haber comido, que des-
canse en blando, que repose, que se guarde del frío y
L
276
TRATADOS HIPOcRÁTICOs
del sol. Y hacer plegarias a Gea, a Hermes ‘~, y a los
Héroes.
Si uno ve que se sumerge en un lago o en el mar
o en ríos, no es buen signo. Porque indica un exceso
de humedad. A este le conviene resecar mediante su die-
ta, y ejercicios más numerosos. Pero para quien tenga
fiebre es bueno; pues lo caliente se apaga con lo húmedo.
91 Si uno ve que algo se le ajusta en torno a su talle de
modo normal, sin venirle más grande o más pequeño,
es un indicio bueno para su salud. También ver que es
blanco el vestido que se tiene y un calzado bellísimo,
es bueno. Pero si fuera algo más amplio que la propia
figura, o más estrecho, no es bueno. Entonces hay que
aumentar con la dieta en un caso, o disminuir en el otro.
Los vestidos negros son más enfermizos y más peligro-
sos. Entonces hay que ablandar y humedecer. Y los nue-
vos indican un cambio.
92 Ver a los muertos limpios con vestimenta blanca es
bueno, y recibir de ellos algo puro es indicio de salud,
tanto del cuerpo como de lo que en él se introduce. De
los’ muertos, en efecto, nacen la nutrición, el crecimien-
to y las simientes”. Que estos penetren puros” en el
cuerpo es indicio de salud.
Si, al contrario, uno los viera desnudos o con ropas
negras, o impuros, o tomando o llevándose algo de la
casa, no es favorable. Pues indica enfermedad. Que lo
que se introduce en el cuerpo es dañino. Entonces es
preciso purgarse mediante carreras sencillas y paseos,
y, después de vomitar, irse recuperando con una nutri-
ción emoliente y ligera.
‘~ Hermes, psicopompo, dios de la magia, figura aqui entre los
dioses apotropaicos. por su relación con el mundo de las sombras.
98 Un trazo curioso de creencias arcaicas, cf. L. Gamzrn~-A. Bou-
LANCEA. Le genle Grec dans ¡a rehgton, Paris, 1932, pág. 62.
“ El adjetivo ka¡hara significa .limpios. y .puros.; aquí actúan
las connotaciones dobles del término.
5OBRE LA DIRTA
277
93 Todos los cuerpos de forma extraña que aparecen
en los sueños y espantan al hombre indican una reple-
ción de alimentos desacostumbrados y una secreción,
flujo bilioso y una enfermedad peligrosa. Entonces hay
que producir un vómito y aumentar luego gradualmen-
te los alimentos en cinco días, con los más ligeros, ni
abundantes ni ácidos, ni con los secos ni los calientes,
y con aquellos ejercicios que son justamente acordes
a lo natural, con excepción de los paseos de después
de comer. Servirse también de baños calientes y del re-
poso. Cuidarse del calor y del frío.
Cuando en el sueño le parece a uno que come o bebe
las bebidas o alimentos de costumbre, es indicio de ne-
cesidad de nutrición y de deseo del alma. Si son carnes,
las muy fuertes un exceso muy grande, las más débiles
menos. Lo que es bueno al comerlo, también es asi al
soñarlo. Conviene suprimir alimentos, en efecto, ya que
indica un exceso de comida. También los panes hechos
con queso y miel indican lo mismo. Que se beba agua
clara no es dañino. Todo lo demás es dañino.
Todas las cosas, de las habituales, que una persona
cree contemplar
son indicio de un deseo del
alma. Lo que uno rehúye espantado indica una reten-
ción de sangre debida a la sequedad. Es conveniente
enfriar y humedecer el cuerpo.
Cuando uno se pelea o es punzado o atado por otro,
eso indica que una secreción contraria al circuito se ha
producido en el cuerpo. Es conveniente vomitar, dese-
car y pasear; tomar alimentos ligeros y aumentarlos tras
el vómito durante cinco días.
También los vagabundeos y ascensiones penosas in-
dican lo mismo. Vadear ríos, hoplitas, enemigos, mons-
truos de formas extrañas, indican enfermedad o locura.
Conviene servirse de pocos alimentos, ligeros, suaves,
y de vómitos, recobrarse luego en cinco días tranquila-
mente, y practicar numerosos ejercicios naturales, ex-
278 TRATADOS HIPOcRÁTIcOs
cepto después de la cena, y evitar el baño caliente, el
relajamiento, el frío y el sol.
Sirviéndose de estos preceptos, según quedan des-
critos, se mantendrá una vida sana. Aquí queda descu-
bierta por ml la dieta, en la medida que puede descu-
brirla quien es humano, con la ayuda de los dioses.
INDICE GENERAL
Págs.
INTRODUccIÓN GENERAL. VII
TRAT~uos HiPocRÁTIcOs 1
Juramento 3
Sobre la ciencia médica 11
Sobre la medicina antigua 25
Sobre la enfermedad sagrada 59
El pronóstico 83
Sobre los aires, aguas y lugares 105
Sobre la dieta en las enfermedades agudas 155
Sobre la dieta 181
L
TÍTULOS DE PRÓXIMA APARICIÓN
20. ARISTÓFANES. Comedias: Los acarnienses. Los caba-
lleros.
21. JENOFONTE. Helénicas.
22. JENOFONTE. Anábasis.
23. JENOFONTE. Ciropedia.
24. PLATÓN. Diálogos 1: Apología, Critón, Eutifrón, Ion, Li-
sis, Cármides, Hipias menor, Hipias ma-
yor, Laques, Protágoras.
25. PLATÓN. Diálogos II: Gorgias, Menéxeno, Eutidemo,
Menón, Crátilo.
26. PLATÓN. Diálogos m: Fedón, Banquete, Fedro.
J










Pesquisar este blog

Carregando...
arte (407) pintura (248) filosofia (102) fotografia (89) literatura (84) psicanálise (57) morte (37) HQ (28) freud (28) peanuts (27) skull (27) antropologia (26) comic (24) poesia (23) lacan (22) PSYCHOANALYSIS (20) Desenho (17) Picasso (15) o seminário (15) Bresson (13) cat (12) oriente (12) borges (11) kant (11) psicologia (11) foucault (10) levi-strauss (10) platão (10) SONHOS (9) religião (9) Kirchner (8) biografia (8) kafka (8) love (8) Ernest Max (7) Guimaraes Rosa (7) Ken Rosenthal (7) Mark Eshbaugh (7) NIETZSCHE (6) Salvador Dali (6) aristóteles (6) manet (6) snoopy (6) sociologia (6) Animais (5) Aristotle (5) Escher (5) Geertz (5) Hundertwasser (5) Lauren Simonutti (5) Sommer (5) medicina (5) munch (5) Arthur DOVE (4) CINEMA (4) Carl LARSSON (4) Cézanne (4) DICIONARIO (4) Descartes (4) Doré (4) Ernest Jones (4) Ernst HAAS (4) Guido Crepax (4) H. Bergson (4) Julio Cortázar (4) Kacere (4) Locke (4) Mucha (4) Richter (4) Van Gogh (4) Will Barnet (4) alexandre koyrè (4) caveira (4) drummond (4) gravura (4) hegel (4) história (4) linguística (4) monet (4) música (4) sartre (4) teatro (4) televisão (4) universo (4) verdade (4) Abbas (3) Arthur Rackham (3) Avigdor (3) Blake (3) CORINTH (3) Cambon (3) Connie Imboden (3) David Hockney (3) F. Hodler (3) Frida KAHLO (3) GEORGES BATAILLE (3) James Joyce (3) Kojeve (3) Konrad LORENZ (3) Lori Nix (3) M. J. A. Eguiño (3) Marcel MAUSS (3) Marqués de Sade (3) Marx (3) Memling (3) Pierre Bourdieu (3) Psychiatry (3) SENECA (3) Schopenhauer (3) Tom Chambers (3) Winnicott (3) arroyo (3) autobiografia (3) baby (3) caravaggio (3) cristianismo (3) dickens (3) einstein (3) erwitt (3) etologia (3) fisica (3) magia (3) planetas (3) B. F. Skinner (2) BACHELARD (2) Birman J. (2) CERVANTES (2) Castillo (2) Dix (2) Dulac (2) E. HOPPER (2) E. Nodel (2) ETNOLOGÍA (2) Ernest HAAS (2) Ferenczi (2) G. JOHN (2) GEORGE CANGUILHEM (2) Gustav Caillebotte (2) Hipocrates (2) J. Ensor (2) J. J. Tissot (2) JUNG (2) John Donne (2) KARL JASPERS (2) KIERKEGAARD (2) Kandinsky (2) Klimt (2) L. da VINCI (2) LOUIS ALTHUSSER (2) Lewis Carroll (2) M. Dzama (2) MAUGHAM (2) MERLEAU - PONTY (2) Mann (2) Melanie Klein (2) Neil Welliver (2) Norman Rockwell (2) Pascal (2) Piaget (2) Pollock (2) Quino (2) Roland Barthes (2) Sahlins (2) Serge Leclaire (2) St. Agostinho (2) Stratton (2) Vinicus de Moraes (2) Vuillard (2) WITTGENSTEIN (2) amor (2) beauvoir (2) biology (2) cogito (2) critica (2) cultura (2) diabo (2) erotic (2) estruturalismo (2) gide (2) guerra (2) loucura (2) lua (2) mind (2) mitologia (2) mitos (2) rilke (2) salomão (2) saturno (2) sono (2) sócrates (2) vida (2) ética (2) A. Comte (1) A. Warhol (1) Alix Malka (1) Andreas Gursky (1) Anticristo (1) Arcimboldo (1) Aristófanes (1) Augusto dos Anjos (1) B. Barbey (1) B. Jacklin (1) Bagheria (1) Barbara Morgan (1) Basquiat (1) Berkeley (1) Bhagavad-Gita (1) Bhopal (1) Bocklin (1) Bouguereau (1) Brauner (1) Bruegel (1) Brueghel (1) Brueguel (1) Burt GLINN (1) CALOUSTE GULBENKIAN (1) CAZOTTE (1) CRVANTES (1) Charles S. Peirce (1) Chavannes (1) China (1) Claesz (1) Confucius (1) Confúncio (1) D. (1) DAVIS Stuart (1) DEGAS (1) DELACROIX (1) Dalton Trevisan (1) Deleuze (1) Denis (1) Design (1) Diebenkorn (1) Diógenes (1) E. (1) ERNST CASSIRER (1) Emile Durkheim (1) Empédocles (1) Epimenides (1) F. Vallotton (1) FERDINAND DE SAUSSURE (1) Feuerbach (1) Feyerabend (1) Florbela Espanca (1) Franceco Clemente (1) Franz Marc (1) GROOT (1) GUSTON (1) Galileu (1) Gestalt (1) Graham (1) Grécia (1) Guercino (1) H. Arendt (1) H. MARCUSE (1) Hals (1) Helmut Newton (1) Holbien (1) Hume (1) J. Derrida (1) J.-F. Millet (1) Jan Van KESSEL (1) Jean Laplanche (1) KROYER (1) Kandel E. (1) Keane (1) Kim (1) Kitaoka (1) Klee (1) Knight (1) Korand Von SOEST (1) Kôhler (1) Liev Tolstói (1) M. Mead (1) Malinowski (1) Mantegna (1) Mark Petrick (1) Max Weber (1) Mário Quintana (1) Münter (1) N. Chomsky (1) NEIL GAIMAN (1) Nasio (1) Otto Rank (1) Ovídio (1) Palencia (1) Parmênides (1) Paul DELVAUX (1) Peter HILLE (1) Raduan Nassar (1) Ron Van Dongen (1) S. Franklin (1) Sandman (1) Satrapi (1) Schiele (1) Shakespeare (1) Silvers (1) Siqueiros (1) Spinoza (1) St. T. de Aquino (1) TELEPATIA (1) TODOROV (1) Tarsila do Amaral (1) Taschen (1) Thomas HOPKER (1) Truffaut (1) Tycho (1) Uccello (1) Velvet underground Nico (1) Verne (1) Victor Brochard (1) W. Metcalf (1) Web (1) Weinberg (1) William Bailey (1) Woody Allen (1) Xenofonte (1) Y. Utagawa (1) Yoshitoshi (1) alessandro gottardo (1) arcoiris (1) armour (1) arquitetura (1) asselyn (1) ate (1) bassano (1) biblia (1) breton (1) cartoon (1) ceticismo (1) cocaina (1) conto (1) criança (1) dança (1) direito (1) dor (1) eclesiastes (1) economia (1) edgar allan poe (1) edgar morin (1) ego (1) ensaio (1) epicurus (1) espelho (1) estações (1) eu (1) fala (1) feed (1) foto (1) frr (1) física (1) game (1) gato (1) giger (1) girafa (1) goya (1) hamlet (1) hoffmann (1) humor (1) identificação (1) impressionismo (1) intuição (1) jakobson (1) japan (1) krsna (1) kundera (1) lacn (1) leminski (1) lévi-strauss (1) mafalda (1) magritte (1) miró (1) moda (1) moral (1) mundo (1) mãe (1) narrativa (1) nausea (1) neruda (1) nokides (1) ocultismo (1) perguntas (1) poeso (1) poker (1) política (1) praia (1) sabedoria (1) sapatos (1) saramago (1) semina (1) semiótica (1) shopenhauer (1) soutine (1) suicidio (1) swan (1) sêneca (1) tatoo (1) tatuagem (1) tese (1) titã (1) touro (1) umberto eco (1) valentina (1) venus (1) virtude (1) war (1) weeks (1)
 

sobrefulanos by nokides