Aforismos y Sentencias | Hipocrates

| sexta-feira, 30 de outubro de 2009
Por Apolo médico y Esculapio juro: por
Higias, Panacea y todos los dioses y diosas a quien
pongo por testigo de la observancia de este voto,
que me obligo a cumplir lo que ofrezco con todas
mis fuerzas y voluntad. Tributaré a mi maestro de
Medicina igual respeto que a los autores de mis días,
partiendo con ellos mi fortuna y socorriéndoles en
caso necesario; trataré a sus hijos como a mis











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EL JURAMENTO
Por Apolo médico y Esculapio juro: por
Higias, Panacea y todos los dioses y diosas a quien
pongo por testigo de la observancia de este voto,
que me obligo a cumplir lo que ofrezco con todas
mis fuerzas y voluntad. Tributaré a mi maestro de
Medicina igual respeto que a los autores de mis días,
partiendo con ellos mi fortuna y socorriéndoles en
caso necesario; trataré a sus hijos como a mis
hermanos y, si quisieren aprender la ciencia, se la
enseñaré desinteresadamente y sin otro género de
recompensa. Instruiré con preceptos, lecciones
habladas y demás métodos de enseñanza a mis
hijos, a los de mis maestros y a los discípulos que
me sigan bajo el convenio y juramento que
determina la ley médica y a nadie más.
Fijaré el régimen de los enfermos del modo
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que les sea más provechoso según mis facultades y
mi conocimiento, evitando todo mal e injusticia. No
me avendré a pretensiones que afecten a la
administración de venenos, ni persuadiré a persona
alguna con sugestiones de esta especie; me
abstendré igualmente de administrar a las mujeres
embarazadas pesarios abortivos. Mi vida la pasaré y
ejerceré mi profesión con inocencia y pureza. No
practicaré la talla dejando esa operación y otras a los
especialistas que se dedican a practicarla
ordinariamente.
Cuando entre en una casa, no llevaré otro
propósito que el bien y la salud de los enfermos,
cuidando mucho de no cometer intencionadamente
faltas injuriosas o acciones corruptoras y evitando
principalmente la seducción de las mujeres jóvenes,
libres o esclavas. Guardaré reserva acerca de lo que
oiga o vea en la sociedad y no sea preciso que se
divulgue, sea o no del dominio de mi profesión,
considerando el ser discreto como un deber en
semejantes casos. Si observo con fidelidad mi
juramento, séame concedido gozar felizmente mi
vida y mi profesión, honrado siempre entre los
hombres: si lo quebranto y soy perjuro, caiga sobre
mí la suerte adversa.
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L A L E Y
Es la Medicina la más noble entré todas las
artes; mas, por la ignorancia de quienes la ejercen y
de los que juzgan de ella con ligereza, ha venido a
ser colocada en el postrer lugar. Entiendo que la
causa de tan equivocado juicio es el no tener en las
ciudades el mal ejercicio de la Medicina otro castigo
que la falta de consideración, pena que no afecta a
los individuos que hacen de ella un modo de vivir.
Aseméjanse éstos a los personajes de las comedias;
una vez que, del mismo modo que los actores
representan en traje y figura sin ver lo que aquéllos
son, igualmente, es por el nombre y no por los
hechos por lo que nuestros médicos se lo llaman.
Quien se consagra con afán al estudio de la
Medicina, forzosamente ha de reunir las
condiciones siguientes: disposición natural,
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enseñanza, lugar oportuno, instrucción desde la
niñez, amor al trabajo y actividad. Principalmente
necesita contar con disposiciones naturales; todo es
en vano cuando se pretende forzar la Naturaleza;
pero cuando ella por sí misma camina por buena
senda, principia entonces verdaderamente la
enseñanza del arte, que, con la reflexión, el discípulo
viene obligado a apropiarse, comenzando desde
aquella edad juvenil y tierna y encontrándose en
lugar a propósito para la enseñanza y aprendizaje.
Necesario es, a más de esto, consagrar a la 1abor
mucho espacio de tiempo para que, arraigándose los
conocimientos profundamente, den sus sazonados y
abundantes frutos.
Así es, en efecto el cultivo de las plantas, y lo
mismo la enseñanza de la Medicina. Nuestra
disposición natural es el terreno; los preceptos de
los maestros la sela; la instrucción comienza desde
la infancia, y ésta es la sementera hecha en tiempo
conveniente; el sitio en que se da la instrucción es el
aire de que los vegetales toman su alimento; el
estudio continuo es la mano de obra; el tiempo, en
fin, lo fortalece todo hasta la edad madura. Ved,
pues, las necesarias condiciones que importa reunir
para el estudio de la Medicina; los conocimientos
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profundos que es preciso adquirir, si se quiere, al
recorrer las ciudades ejerciéndola, lograr la
reputación de médico, no sólo en el nombre, sino
como práctico. La impericia es una mala propiedad,
un mal arraigo para los que la poseen : sin alcanzar
confianza ni satisfacción, engendra timidez y
temeridad: la primera descubre la falta de energía, y
la segunda la inexperiencia.
Hay en verdad dos cosas diferentes : saber y
creer que se sabe. La ciencia consiste en saber; en
creer que se sabe está la ignorancia. Mas las cosas
santas, sólo a los hombres santos se revelan y le está
vedado comunicarlas a los profanos, en tanto que
en los misterios de la Ciencia consigan iniciarse.
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AFORISMOS DE HIPÓCRATES
1. Corta es la vida, el camino largo, la ocasión
fugaz, falaces las experiencias, el juicio difícil. No
basta, además, que el médico se muestre tal en
tiempo oportuno, sino que es menester que el
enfermo y cuantos lo rodean coadyuven a su obra.
2. La Medicina es el arte de curar las
enfermedades por sus contrarios. El arte de curar, el
de seguir el camino por el cual cura
espontáneamente la Naturaleza.
3. En las disenterías y vómitos espontáneos, si
se evacua lo que debe ser expelido, todos estos
trastornos podrán ser útiles y poco molestos; pero,
si esto no ocurre, serán dañosos. De igual manera, la
evacuación de los vasos es útil cuando se practica en
términos convenientes, pues, y es muy conveniente
tener en cuenta el país, la estación, el tiempo y la
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naturaleza de las enfermedades, en que pueden
convenir o no estas evacuaciones.
4. La robustez extremada es dañosa a quienes
hacen ejercicios violentos, como los atletas; pues no
pudiendo mejorar ni permanecer estacionarios, es
muy fácil que se altere en su perjuicio. Así es
conveniente que se disminuya gradualmente el vigor
excesivo, para que el cuerpo comience una nutrición
nueva. No obstante, precisa no evacuar con exceso;
la atenuación debe estar en proporción a la
naturaleza y fuerzas del enfermo, pues la excesiva
replexión es tan perjudicial como la evacuación
extrema.
5. La dieta rigurosa es peligrosa siempre en las
enfermedades crónicas y aun cuando está
contraindicada en las agudas. Es difícil de soportar
un régimen de sobrada tenacidad, como lo es una
replexión excesiva.
6. Las faltas cometidas por los enfermos en
observancia de lo prescrito, son más perjudiciales
cuando el régimen es muy riguroso; porque
cualquier exceso en la alimentación es más
peligroso, cuando el régimen es muy riguroso que
cuando no lo es. Por eso la dieta muy severa y
observada por largo tiempo, es nociva aun para los
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sanos, por las consecuencias dañosas que cualquier
exceso puede acarrearles. Por esta razón, es más
conveniente un método de alimentación moderado
que otro muy riguroso.
7. A enfermedades extremas, remedios heroicos,
excelentes y bien administrados.
8. Presentan las enfermedades muy agudas
síntomas muy alarmantes, y así en ellas conviene
prescribir desde luego la más severa dieta. Mas,
cuando la dolencia no presenta este carácter, se
puede permitir algún alimento, aumentándose
paulatinamente conforme la enfermedad se hace
menos intensa.
9. Cuando la enfermedad en su vigor estuviere,
es menester usar del régimen más riguroso.
10. Conviene considerar también si la dieta
prescrita al enfermo le permite conservar sus
fuerzas, hasta que la enfermedad llegue a su
desenvolvimiento completo, para que consiga
dominarla, o si, por hallarse demasiado débil,
sucumbirá antes de esta época.
11. En las enfermedades que adquieren pronto
todo su vigor, se debe también prescribir sin
pérdida de tiempo un régimen severo; pero en las
que llegan más tarde a aquel estado, deberá
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disminuirse la alimentación, cuando esto suceda o
un poco antes; entonces, para que el enfermo
conserve todas sus fuerzas, deberá ser más
-abundante la alimentación del paciente.
12. En las exacerbaciones, conviene quitar el alimento;
éstos les serían altamente perjudiciales. Si
hay periodicidad en los recargos, se deberá
igualmente prohibir todo alimento, al tiempo de su
aparición.
13. Las exacerbaciones en cada género de
dolencia, la estación del año, la observación
comparativa de las agravaciones, ya cotidianas, ya
tercianas o de mayores intervalos, sirven para
apreciar la marcha futura de la dolencia.
Iguales cosas se indicarán por los
epifenómenos. Así en la pleuresía, si los esputos se
presentan desde el principio, la enfermedad será
corta y, si aparecen más tarde, larga y rebelde. Lo
mismo puede decirse de las orinas, evacuaciones de
vientre y sudores. Indicarán que la enfermedad ha
de tener crisis fácil o difícil y si será larga o corta,
según se manifiesten.
14. Los viejos llevarán fácilmente la abstinencia;
después de ellos siguen los que se hallan en la edad
adulta; los adolescentes no pueden tolerarla y
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mucho menos los niños y, entre ellos
principalmente los que son muy vivos.
15. Tienen los que crecen mucho calor innato y
así necesitan una alimentación copiosa; de no ser
así, se consumirá su cuerpo. Los viejos tienen poco
calor; y así los basta con poco para conservarle;
demasiada alimentación les extinguiría. Por eso son
en ellos las fiebres menos agudas, pues que está frío
su cuerpo.
16. En invierno y primavera el sueño es más largo
y tienen mayor actividad los órganos de la
digestión. Por tanto, en estas épocas, alimentación
más abundante. De ello nos presentan ejemplo
ciertas enfermedades, los jóvenes y los atletas.
17. Un régimen compuesto de alimentos
húmedos y jugosos, conviene a los calenturientos
todos y muy particularmente a los adolescentes o
personas a él habituadas.
18. Muchas personas necesitan alimentarse una
vez al día y nada más; otras dos veces y algunos
muchas o pocas veces y aun dividiendo el alimento
en porciones pequeñas. Hay que considerar además
el hábito, la estación, la edad y el clima.
19. Es la digestión difícil en verano y otoño,
muy fácil en invierno y no tanto en primavera.
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20. En las enfermedades de acceso periódico,
antes de medicinar, hay que suspender el juicio.
21. Durante la crisis, no debe provocarse
movimiento, alguno ni con purgas ni otros
medicamentos irritantes, sino que se debe dejar
obrar a la naturaleza.
22. Lo que conviene evacuar debe ser dirigido
por lugar conveniente.
23. Es menester purgar y remover los humores,
cuando están cocidos, mas no en estado de crudeza,
ni al principio de las enfermedades; a menos que
haya urgencia, lo cual ocurre rara vez.
24. No se debe juzgar de las evacuaciones por
su cantidad, sino que es preciso atender a si tienen
las cualidades necesarias, y si las sobrelleva bien el
enfermo. Y si fuera preciso llevarlas hasta el
desmayo, hágase, siempre que el paciente pueda
soportarlas.
25. En las enfermedades agudas y, sobre todo, al
iniciarse, rara vez están indicados los purgantes y,
cuando lo están, es con la mayor circunspección y
medida.
26 La enfermedad en que el sueño agrava la
dolencia es mortal. Lo contrario sucede cuando se
alivia.
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27. Es bueno el sueño que calma el delirio.
28 Malos son el sueño o el insomnio excesivos.
29. Ni la saciedad, ni el hambre, ni cosa alguna
que exceda de lo que la Naturaleza quiera, es bueno.
30. El cansancio y las laxitudes espontáneas y
sin motivo, enfermedad denuncian.
31. Si alguno tiene dolor en alguna parte del
cuerpo y no lo siente, es señal de que tiene el
cerebro perturbado.
32. La extenuación contraída poco a poco,
lentamente necesita ser reparada; la que sobreviene
en breve tiempo, exige reparación pronta.
33. Si en la convalecencia comen con apetito los
enfermos y, sin embargo, sus fuerzas no se reparan,
esto claramente indica que toman demasiado
alimento; pero, si ocurre esto mismo y no tienen
apetito, será necesario purgarles.
34. Conviene hacer fácil y movido aquel cuerpo
que se quiera purgar.
35. Cuanto más nutras a los cuerpos impuros,
más les dañarás.
36. Es más fácil asimilarse el alimento líquido
que el sólido.
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37. Las impurezas que quedan en las
enfermedades después de las crisis, suelen producir
recaídas.
38. La noche que precede a una crisis, es
generalmente de exacerbación grave; pero la
siguiente suele ser tranquila y buen signo.
39. Todo cambio en la naturaleza de las
deyecciones; en los flujos de vientre, es beneficioso,
cuando no los empeora.
40. Cuando las fauces están doloridas y el
cuerpo aparece cubierto de tumorcillos, conviene
examinar las evacuaciones; si fueran biliosas, el
padecimiento es del cuerpo todo pero, si son
naturales, es bueno y nada peligroso recetar
alimentos.
41. No conviene trabajar al hambriento.
42. El tratamiento de algunas enfermedades
pone de manifiesto que el tomar de una vez mayor
cantidad de alimentos de lo que la Naturaleza tolera,
produce alteraciones graves en la salud.
43. Aquellos alimentos que pronto confortan y
rápidamente nutren, pronto también son expelidos.
44. No siempre es seguro el pronóstico en las
enfermedades agudas, sea de muerte o de sanidad.
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45. Quienes tienen laxo el vientre en la juventud,
se estriñen conforme avanzan en edad; por el
contrario, los estreñidos le tienen suelto en la vejez.
46. El vino quita el hambre.
47. Las enfermedades que proceden de plenitud
se curan mediante evacuaciones; las que nacen de
evacuación por la replexión; otras se curan
asimismo por sus contrarios.
48. En catorce días está hecho el proceso de las
enfermedades agudas.
49. El cuarto día es indicador del séptimo; da el
octavo principio a la semana siguiente; ha de
observarse el undécimo, que es el cuarto de este
segundo período; asimismo debe atenderse al
décimo-séptimo, que es el cuarto de la tercera
semana y el siete contando desde el once.
50. Son, por lo general, las cuartanas, de
duración corta en el verano y muy larga en el otoño
y especialmente cuando se presentan al comenzar el
invierno.
51. Mejor es que después de la convulsión,
suceda la fiebre, que no que preceda ésta a la
convulsión.
52. No es prudente fiar con demasía en
inesperados alivios, ni temer con exceso los malos
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síntomas que sobrevienen sin justificación. Estos
cambios son, por lo común, poco duraderos y no
suelen permanecer.
53. Cuando en las fiebres de alguna importancia
permanezca el cuerpo en el mismo estado, sin sufrir
detrimento alguno, o cuando se extenúe con exceso,
lo observado constituye un mal síntoma. Lo
primero anuncia una enfermedad larga y lo segundo
una debilidad extrema.
54. Al comenzar las enfermedades debe hacerse
cuanto fuere preciso; pero, una vez llegadas a su
desarrollo, lo más prudente es no hacer nada.
55. Al principio y al fin de los procedimientos
todo es débil, pero en su apogeo, todo es
vehemencia.
56. Malo es que un convaleciente coma bien y
no recobre las fuerzas.
57. Quienes al principio de una enfermedad
comen con gusto y apetito, sin que les aproveche,
llegan al último a perderle; lo contrario ocurre a los
que tienen aversión al alimento y le pierden después;
más fáciles serán de curar:
58. Buen signo es en toda enfermedad
conservar despejada la inteligencia y estar dispuesto
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a hacer o tomar lo que se ofrezca. Lo contrario es
mala señal.
59. Peligran menos en las enfermedades
aquellos enfermos cuya dolencia está en relación
con su temperamento, edad, hábito y época que
aquellos en quienes esto no sucede.
60. Es en todas las enfermedades buena señal
que las regiones umbilical e hipogástrica conserven
su robustez; y, por el contrario, muy mala que estas
partes aparezcan flacas y extenuadas; este último
estado es igualmente mal signo cuando hay
evacuaciones albinas.
61. Quienes teniendo el cuerpo sano toman
medicamentos purgantes se debilitan, lo mismo que
las personas que hacen uso de malos alimentos.
62. Los que tienen el cuerpo sano, sobrellevan
difícilmente los purgantes.
63. Deben ser preferidos aquellos alimentos y
bebidas agradables, aunque no fueren tan sanas, a
los mejores, pero no tan gratos.
64. Suelen padecer los ancianos menos
enfermedades que los jóvenes. En cambio, las que
les acometen se hacen crónicas y muchas veces
mortales.
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65. Los catarros y corizas de los ancianos,
nunca se curan completamente.
66. Quienes súbita y frecuentemente, sin
manifiesta causa, padecen profundos desmayos,
mueren de repente.
67. La apoplejía fulminante es imposible de
curar; y aun, en verdad, no es fácil de curar la menos
intensa.
68. Los ahogados, estrangulados y acometidos
de muerte aparente, si tienen espuma en la boca, no
vuelven a la vida.
69. Los obesos están más expuestos a muerte
repentina que los delgados.
70. Los niños que padecen de epilepsia, se curan
con el cambio de edad, de costumbres, de vida,
clima y región.
71. Si dos dolores se presentan a un tiempo en
diferentes partes del cuerpo, el más fuerte, hace que
no se sienta el otro.
72. El dolor y la calentara son mayores durante
la formación del pus que después de formado.
73. Una vez que el ejercicio corporal llega a ser
penoso, ningún remedio es tan rápido y eficaz como
el descanso.
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74. Mejor soportan los débiles y los ancianos
los trabajos a que se hallan acostumbrados que los
jóvenes y robustos que no están habituados a ellos.
75. Los hábitos inveterados, aun cuando sean
perjudiciales, ocasionan menos daño que las cosas
no acostumbradas. Conviene, pues, habituarse
paulatinamente a lo insólito.
76. Muy peligroso es evacuar, llenar, calentar,
enfriar o promover cualquier otro cambio violento
en el cuerpo. Todo exceso es a la Naturaleza
contrario. Lo que se va haciendo poco a poco no
presenta peligro, bien pasando de un hábito a otro o
de cualquiera otra manera.
77. Todo lo que se hace conforme a razón y no
eventualmente, como un tratamiento indicado, debe
continuarse, aun cuando no produjere efecto, en
tanto que la indicación persiste.
78. Salen mejor librados de sus dolencias los
que de jóvenes son laxos de vientre que los que le
tienen estreñido; en cambio, en la vejez,
resecándose éste, lo pasan peor.
79. La estatura aventajada da gentileza y
gallardía a la juventud. Para la vejez es incómoda y
tiene muchos inconvenientes.
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80. Lo que causa más enfermedades es el
cambio de estaciones. Y en estos tiempos las
producen mucho más los rápidos cambios de calor
o frío u otros análogos.
81. Hay temperamentos, a los cuales prueba mejor
el invierno que el estío; y a la inversa.
82. Algunas enfermedades se desarrollan bien o
mal, según estaciones. Ocurre lo mismo, según la
edad, el clima o la alimentación.
83. En una estación, sea cualquiera, si se
observa en el mismo día tan pronto calor como frío,
procede esperar la aparición de alguna enfermedad
otoñal.
84. Los vientos del Mediodía, no sólo debilitan
el oído, obscurecen la vista y ponen pesada la
cabeza, sino que, si mucho tiempo duran, se observa
en los enfermos su pernicioso influjo. Si, en cambio,
sopla el Aquílón (Norte), sobrevienen toses, males
de garganta, constipación, disuria, escalofríos,
dolores de costado y de pecho. Y, si mucho dura,
hay que esperar en las enfermedades análogos
accidentes.
85. Cuando a la primavera el estío es semejante,
hay que esperar grandes sudores en las fiebres.
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86. En tiempo de sequía, se presentan muchas
fiebres agudas; y sí la mayor parte del año ocurre lo
mismo, conviene esperar semejantes dolencias.
87. En tiempo constante, cuando las
circunstancias propias de cada estación se suceden
en orden regular, las enfermedades que entonces se
presentan, siguen su proceso normal y terminan
felizmente, pero cuando el tiempo cambia ocurre lo
propio a aquélla.
88. Son en otoño muy agudas las enfermedades
y muy graves. Por el contrario, la primavera es la
estación más saludable y menos letal.
89. El otoño para los tísicos es funesto.
90. En lo que respecta a las estaciones del año,
si el invierno es seco y dominan ciertos vientos del
Norte y la primavera lluviosa con vientos del
Mediodía, vendrán con el verano fiebres agudas,
oftalmias, disenterías, que atacarán principalmente a
las mujeres y a los que un de débil constitución.
91. Mas si el invierno fuere lluvioso y templado
y reinasen vientos del Sur y la primavera seca y con
vientos del Norte, las mujeres que debieran parir en
la primera abortarán con la menor ocasión; y las que
lleguen a ir a su tiempo, tendrán probablemente
hijos enfermizos y débiles que, o morirán
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tempranamente, o se criarán enfermizos y
valetudinarios. Por lo demás, se presentan
disenterías, oftalmias secas y catarro, que hacen
perecer a los viejos facilísimamente.
92. Si el verano es seco y sopla, al Aquilón y el
otoño lluvioso y austral, se observarán en el
invierno inmediato jaquecas, toses, ronqueras,
corizas y también tisis.
93. Pero si fuere el otoño frío y seco será
favorable a los linfáticos y a las mujeres. Los demás
estarán expuestos a padecer oftalmias secas, fiebres
agudas, corizas pertinaces y algunos también
afecciones melancólicas.
94. De las constituciones anuales, el tiempo seco
este más saludable y menos letal que el lluvioso.
95. Las enfermedades que más frecuentemente
se observan en tiempos de lluvia son fiebres de
larga duración, diarreas, gangrenas, epilepsias,
apoplejías y anginas.
96. En los muy secos se padece tisis, oftalmias,
dolores articulares, disurias y disenterías.
97. En cuanto a lo que respecta a las
constituciones diurnas, las frías y secas dan más
vigor al cuerpo y agilidad, buen color y finura de
oído, aunque resecan el vientre e irritan los ojos.
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Aquellos en quienes preexistían dolores torácicos
les sienten más agudos. Por el contrario, los vientos
del Mediodía, relajan y aflojan el cuerpo, debilitan el
oído, ponen pesada la cabeza, obscurecen la vista y
producen pesadez en el cuerpo y laxitud en el
vientre.
98. También según los tiempos, los niños y
jóvenes se encuentran perfectamente en primavera y
al entrar el ver4no y parte del otoño, y los adultos
en lo restante del otoño y el invierno.
99. Preséntanse, en verdad, las enfermedades en
todas las épocas del año; pero, no obstante, hay
algunas que se presentan y agravan más
comúnmente en ciertas épocas.
100. Insanias, melancolías, accidentes
epilépticos, hemorragias, anginas, corizas,
ronqueras, toses, lepra, empeines, manchas lívidas,
son propias de la primavera, como asimismo
pústulas, úlceras, tubérculos y dolores articulares.
101. Reinan durante el estío las enfermedades
primaverales y además fiebres continuas y ardientes,
muchas tercianas y cuartanas, vómitos, diarreas,
oftalmias, dolores de oídos, aftas, úlceras pútridas
de los órganos genitales y sudores.
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102. En el otoño dominan, además de algunas
enfermedades propias del estío, las fiebres cuartanas
y erráticas, los infartos del hígado, del bazo,
hidropesías, tisis, estrangurias, lienterias, disenterías,
ciáticas, anginas, asmas, vólvulos, epilepsias,
insanias y melancolías.,
103. Son frecuentes en el invierno las pleuresías,
perineumonías, letargos, corizas, ronqueras, toses,
pleurodinias, lumbagos, cefalalgias, vértigos y
apoplejías.
104. Ved lo que ocurre respecto a las edades: en
la infancia primera suelen padecerse insomnios,
terrores, aftas, vómitos, toses, inflamaciones
umbilicales y otorreas.
105. Cuando llega la época de la dentición,
sobreviene prurito e hinchazón de las encías,
fiebres, convulsiones, diarreas, sobre todo al
romper los colmillos, principalmente si los niños
están robustos y padecen estreñimiento.
106. En edad un poco más avanzada,
sobrevienen las inflamaciones tonsilares, la luxación
anterior de la segunda vértebra cervical, el asma, los
cálculos, las lombrices y ascárides, las verrugas
pediculadas, la satiriasis, la estranguria, las
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escrófulas, las paperas y tumores, y, principalmente,
los referidos.
107. Cuando la edad es algo más proyecta y los
niños se acercan a la pubertad, se hallan expuestos a
todas las enfermedades antedichas y además a largas
fiebres y epistaxis o fluxiones sanguíneas.
108. Júzganse en general las enfermedades de
los niños, unas a los cuarenta días, otras a los siete
meses, algunas a los siete años y bastantes llegan
hasta la pubertad. Las que no terminen para esa
época o, en las niñas, al presentarse la menstruación,
suelen prolongarse indefinidamente.
109. Se hallan los jóvenes expuestos a padecer
esputos sanguíneos, tisis, fiebres agudas, epilepsia y
otras dolencias, aunque principalmente las
nombradas.
110. Más tarde, o sea en la edad adulta, se
observan asmas, pleuresías, perineumonías, letargos,
frenitis, calenturas ardientes, diarreas crónicas,
cólera, disentería, lienteria y hemorroides.
111. Y la vejez acarrea la disnea, las toses
catarrales, las estrangurias, disurias, dolores
articulares, nefritis, vértigos, apoplejías, caquexias,
picazones, insomnios, laxitudes de vientre, fluxiones
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de ojos y nariz, debilidad de la vista, cataratas y
entorpecimientos del oído.
112. Conveniente es purgar a las mujeres
embarazadas si hay turgencia, desde el cuarto al
séptimo mes, aunque menos en esta última época.
Antes o después, hay que tener mucho cuidado para
no perjudicar al feto.
113. Con purgantes debe limpiarse el cuerpo de
aquellas materias cuya expulsión espontánea es útil
y, contrariamente, suprimir cualquiera otra
evacuación que no se hiciese de esta suerte.
114. Si la evacuación de los humores es normal,
se hará fácilmente. Muy difícilmente en el caso
contrario.
115. En verano conviene evacuar por la vía
superior y en invierno por la inferior.
116. Antes de la canícula y durante ellas son las
evacuaciones penosas.
117. Los sujetos delgados y propensos al
vómito deben purgarse prudentemente por arriba
en invierno.
118. Quienes vomitan con dificultad y tienen
constitución endeble, deben purgarse por la vía
inferior; pero con circunspección en estío.
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119. En los tísicos no debe provocarse el
vómito.
120. Convendrá purgar por la vía inferior
copiosamente a los melancólicos. Por la misma
razón ha de evitarse lo contrario.
121. En las enfermedades muy agudas si hay
turgencia de materias, habrá que purgar en el mismo
día. Dilatarlo sería peligroso.
122. Cuando se presentan dolores y
retorcimientos hacia la región umbilical y lumbar,
que no ceden a los purgantes ni a otros remedios,
acaban en hidropesía seca.
123. Es malo purgar a los lientéricos por vía
superior durante el invierno.
124. Antes de administrar el eléboro a los
individuos que vomitan con dificultad, es preciso
darles una alimentación abundante y copiosa y
descanso.
125. Será mayor la acción del eléboro si quien lo
toma hace después ejercicio; con sueño y quietud
será, pues, menor el beneficio. Esto lo declara y
comprueba también la navegación, cuyo
movimiento altera las vísceras.
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29
126. Para aumentar la acción y fuerza del
eléboro, debe moverse el cuerpo, y para disminuirla,
prescribire1 sueño y la quietud.
127. Para aquellos que tienen las carnes sanas es
el eléboro perjudicial, pues provoca convulsiones.
128. La flojedad y hastío, el dolor de mordedura
en el estómago, los vértigos tenebrosos y el amargor
de boca, cuando no les acompaña calentura, indican
la necesidad de un vomitivo.
129. Cuando los dolores situados por encima
del diafragma requieren purgantes, ha de ser por la
vía superior. Los situados debajo de este órgano,
denotan la necesidad de evacuar por la inferior.
130. Aquellos que durante el efecto de los
purgantes no experimentasen sed, seguirán
evacuando hasta sentirla.
131. Los sujetos que no teniendo calentura
sienten retortijones de vientre, flojedad en las
rodillas y dolores lumbares, necesitan purgarse por
la vía inferior.
132. Las deyecciones negras, semejantes a la
sangre venosa, espontáneamente producidas, con
fiebre y sin fiebre, son pésimas. Y serán peores
cuanto más este calor se acentúe. Si fuesen efecto de
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30
un purgante, no era ciertamente tan grave el mal y
mucho menos si estos colores dominan en ellas.
133. Cualquiera enfermedad que comienza con
vómitos o deyecciones de bilis negras, es letal.
134. Cualquier individuo, atacado de
enfermedad aguda o crónica por heridas, o que, por
cualquiera otra causa, se hallare extenuado, si le
sobrevienen evacuaciones atrabiliarias o de materias
parecidas a la sangre negra, morirá al día siguiente.
135. Toda disentería que comienza por atrabilis
es mortal.
136. La evacuación de sangre por las vías
superiores, sea cualquiera, es siempre mala. Por las
inferiores, sin embargo, puede ser conveniente.
137. Cuando un disentérico expele en las
deyecciones carúnculos, su fin está próximo.
138. Quienes, a consecuencia de fiebre, han
perdido bastante sangre, en la convalecencia sufren
diarreas.
139. En aquellos que tienen evacuaciones
biliosas, éstas cesan cuando sobreviene sordera, y,
por el contrario, cuando ésta existe, se corrige si
esas evacuaciones se presentan.
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31
140. En aquellos a quienes sobrevienen
escalofríos al sexto día de la fiebre, la crisis será
difícil.
141. Si en las enfermedades con paroxismo
acomete al siguiente día la fiebre a igual hora que el
anterior, será la crisis laboriosa.
142. La laxitud en las fiebres, en las
articulaciones y, principalmente, cerca de las
mandíbulas, anuncian absceso.
143. Pero si alguna parte doliere, antes de
declararse la enfermedad, allí tendrá ésta su asiento.
144. Si a quienes acaban de salir de una
enfermedad doliere alguna parte del cuerpo, allí se
formará un absceso.
145. La repentina sofocación, cuando no hay
tumor en las fauces, que sobreviene en el curso de
una fiebre, es mortal.
146. Si, durante una fiebre, el cuello pareciese
como dislocarse de pronto y la deglución se hiciese
imposible, no existiendo tumor, el signo es mortal.
147. Si apareciesen en los febricantes sudores,
buenos son en el vientre en el día tercero, quinto,
séptimo, noveno, undécimo, décimo cuarto, décimo
séptimo, vigésimo primero, trigésimo y trigésimo
cuarto; entonces acaban las enfermedades. Pero si se
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32
presentasen en otros días, anuncian graves
síntomas, enfermedades largas y recaídas.
148. Los sudores fríos en cualquier aguda fiebre
son mortales, en las menos intensas, significan que
la enfermedad ha de ser larga.
149. En aquella parte del cuerpo donde se manifiestan
el calor o el frío, allí está la enfermedad.
150. Allí donde está el sudor se indica donde la
enfermedad reside.
151. Los cambios que se verifican en todo el
cuerpo pasando rápidamente del calor al frío o
mudando súbitamente de color, denotan que la
enfermedad ha de ser larga.
152. El sudor abundante durante el sueño, sin
cansa manifiesta, denota una alimentación excesiva.
Mas, si esto ocurre cuando hay abstinencia o dieta,
indica la necesidad de evacuar el vientre.
153. El mucho sudor, frío o caliente, pero
siempre abundante, es señal, si es frío, de
enfermedad grave, si es cálido, de dolencia leve.
154. Las fiebres que no son intermitentes y
aumentan al tercer día, haciéndose intensas, son
muy peligrosas. Pero, si se hacen intermitentes, cesa
el peligro.
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33
155. Las fiebres muy largas traen consigo
tumores o dolores articulares.
156. Si tras largas fiebres sobrevienen tumores
en las articulaciones, esto suele depender del exceso
de alimentación.
157. Los escalofríos que sobrevienen en una
fiebre, no intermitente, cuando el enfermo ya está
débil, son mortales.
158. En las fiebres no intermitentes, los esputos
lívidos, sanguinolentos, fétidos y biliosos, son
malos; pero, si no tienen este carácter, son buenos.
Otro tanto ocurre con las evacuaciones de vientre y
de orina; pero si no se evacua lo que estorba, o se
suprimen antes de la purgación, el síntoma es
deplorable.
159. En las fiebres intermitentes, el enfriarse las
extremidades o alguna otra parte exterior,
permaneciendo ardorosos los órganos internos y
habiendo sed, es signo de muerte.
160. En las fiebres continuas, si el labio, la boca,
el ojo o la nariz se pervierten en su posición y el enfermo
pierde la vista y el oído estando ya muy débil,
la aparición de uno de estos síntomas denota que la
muerte está cercana.
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34
161. Donde, existiendo fiebre continua, aparece
delirio y disnea, anuncian la muerte.
162. En las fiebres, los abscesos que no se
resuelven en los primeros días, anuncian
enfermedad larga.
163. En las fiebres, nada anuncian de malo las
lágrimas involuntarias, pero las voluntarias son muy
mal síntoma.
164. En los enfermos que teniendo fiebre
presentan los dientes recubiertos de una mucosidad
viscosa, el padecimiento se agrava.
165. Quienes durante el proceso de una fiebre
ardiente tienen tos seca con poca irritación, no
padecen sed.
166. Todas las fiebres bubónicas son malas,
excepto las efímeras.
167. El sudor que sobreviene en fiebre que no
remite, es de mal agüero. Anuncia que la
enfermedad será larga y que existe exceso de
humores en el enfermo.
168. La calentura que sobreviene a los que
padecen convulsiones o tétanos, les cura.
169. En las fiebres ardientes, si sobreviene el
frío soluciona la enfermedad.
170. La terciana típica se juzga en un setenario.
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35
171. Cuando aparece, durante una fiebre,
sordera, hemorragia por las narices o diarrea, la
enfermedad se cura
172. Suele repetir toda fiebre que cesa en día
paro que no es crítico.
173. Cuando en las fiebres se presenta ictericia,
antes del séptimo día el síntoma es malo.
174. Cuando en las fiebres aparece el frío todos
los días, tiene la crisis lugar diariamente.
175. Cuando en el séptimo día de fiebre o en el
noveno, o en el undécimo, o en el décimo cuarto
sobreviene ictericia, el síntoma es bueno, siempre
que esté duro el hipocondrio derecho. En otro caso,
no es buena señal.
176. El calor excesivo en el estómago o el dolor
de mordedura en el cardias, son en las fiebres malos
síntomas.
177. En las fiebres agudas, las convulsiones y
los fuertes dolores en las regiones viscerales, son de
mal agüero.
178. En las fiebres, el pavor en sueños, o las
convulsiones, son malos síntomas.
179. La respiración fatigosa y desigual en las
fiebres, es mal síntoma, pues anuncia convulsión
próxima.
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36
180. Si en un estado febril, tras una orina espesa,
escasa y grumosa aparece otra clara y abundante,
mejora el enfermo. Esto principalmente ocurre,
cuando desde el principio del mal, o poco después,
se presenta algún sedimento.
181. Cuando la orina es turbia y parecida a la de
los jumentos, durante el curso de una fiebre, es
signo de que los dolores de cabeza existen o
sobrevendrán.
182. Cuando las enfermedades se juzgan al día
séptimo, en el cuarto, se presenta en la orina una
mancha nubosa y rojiza, con los demás signos
acostumbrados.
183. La opina blanca y transparente es mala;
sobre todo, cuando se observa en la frenitis.
184. Cuando se elevan los hipocondrios con
borborigmos y sobreviene, dolor en la región
lumbar, es de esperar que sobrevenga diarrea, a
menos que ventosee mucho el enfermo u orine
abundantemente. Esto es lo que ocurre en las
fiebres.
185. Los que están en espera de algún absceso
crítico, en las articulaciones, se libran de él, cuando
hay un flujo abundante de orina blanca y espesa
como acontece en el cuarto día de fiebre cuando va
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37
acompañada de cansancio. Si, luego, se presentase
derrame de sangra por la nariz, la enfermedad
quedará resuelta más prontamente.
186. Cuando en la orina se expele sangre o pus,
esto significa que existe ulceración en los riñones.
187. Las pequeñas carúnculas y filamentos,
semejantes a pelos que se presentan en la orina
espesa, tienen en los riñones su origen.
188. La orina espesa y furfurácea indica que
puede existir alguna afección prósica en la vejiga.
189. La expulsión de sangre en la orina
espontáneamente, es señal de rotura de alguna vena
de los riñones.
190. Las arenillas que aparecen en la orina
denuncien cálculos en la vejiga.
191. Orina y sangre y grumos, cuando hay
estranguria y dolor en el hipogastrio y perineo,
denota hallarse dañada la vejiga y sus partes
circundantes.
192. Si en la orina aparece sangre o escamas pequeñas,
con olor fétido, esto denota que hay
ulceración en la vejiga.
193. Cuando en la uretra se forma un tubérculo,
si revienta y supura, queda curado.
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194. La orina abundante por la noche, indica
que las evacuaciones de vientre son escasas.
195. La convulsión producida por el eléboro, es
mortal.
196. La convulsión que sobreviene a una herida,
es mortal.
197. Son graves síntomas la convulsión o el
hipo, tras una hemorragia excesiva.
198. La convulsión o el hipo que sobrevienen a
una purgación excesiva son fatales.
199. Si quien está ebrio enmudece de pronto,
morirá de convulsiones, a menos que le sobrevenga
calentura o vuelva a adquirir el habla, cuando la
embriaguez cese.
200. Los que son atacados por el tétanos,
perecen en cuatro días; pero si pasan de este plazo
sanan.
201. Los epilépticos impúberes, tienen curación.
Pero aquellos en quienes se presenta la epilepsia
después de los veinticinco años, suelen conservaría
hasta la muerte.
202. Las pleuresías que no se juzgan por
expectoración en catorce días terminan en empiema.
203. Preséntase la tuberculosis principalmente
desde los dieciocho años hasta los treinta y cinco.
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39
204. Aquellos en quienes desaparece la angina
para situarse en el pulmón, mueren a los siete días;
pero si este plazo transcurre, se manifestará el
empiema.
205. Si a los tísicos se les cae el pelo y los
esputos arrojan en el suelo olor pestilentes, la
enfermedad es de muerte.
206. Los tísicos que se quedan calvos, mueren
enseguida que se les presenta la diarrea. Esta en los
tísicos es mortal.
207. En quien esputa sangre espumosa, están los
pulmones dañados.
208. Cuando hay alopecia en un tísico, si hay
diarrea, muero.
209. Si la pleuresía acaba en empiema, y una vez
abierto el absceso expelen los enfermos sus
materiales, se curan. De lo contrario, se vuelven
tísicos.
210. El excesivo calor ablanda los músculos,
debilita los nervios, obscurece el entendimiento,
ocasiona hemorragias y desmayos y aun puede
producir la muerte.
211. El mucho frío origina convulsiones,
tétanos, equimosis y escalofríos febriles.
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212. El frío es enemigo de los huesos, de los
nervios, del cerebro, de la médula espinal. El calor
les es útil.
213. Aquellas partes que están atacadas de frío,
conviene calentarlas, excepto aquellas en que hay o
pueda haber hemorragia.
214. Irrita el frío las úlceras, endurece la piel circundante,
causa dolor y suprime la supuración, las
vuelve de color negro y trae escalofríos,
convulsiones y tétanos.
215. Si a un individuo joven y robusto le
acometa el tétanos en lo más fuerte del verano, sin
tener Haga, deberá atraerse el calor con efusiones de
agua fría, porque esto solucionará el padecimiento.
216. El calor, en cuanto agente supuratorio, es
muy útil en las heridas (si bien no en todas).
Ablanda y adelgaza la piel, calma el dolor, modera
los escalofríos, las convulsiones y el tétanos; quita la
pesadez de cabeza y es muy conveniente también en
las fracturas de los huesos, principalmente en las
que quedan al descubierto. Aun es más útil en las
heridas de la cabeza, aplicado a las partes que están
ulceradas o mortificadas por el frío, así como a las
herpes pruriginosas, a los órganos genitales, al ano,
a la matriz y a la vejiga. Por último, es muy de
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provecho a todas estas partes provocando su crisis.
En cambio el frío amortigua en ellas la vida y, por
tanto es su enemigo mortal.
217. Es conveniente emplear el frío en las
hemorragias actuales o inminentes; pero no
precisamente en las partes en que se verifican, sino
en las inmediatas y en las inflamaciones, en que,
acumulada la sangre, conserva su natural
rubicundez, pues a las antiguas las pone negras. Es
también útil en la erisipela, cuando no hay
ulceración; pues, si la hay, es perjudicial.
218. Los cuerpos fríos, como el hielo y la nieve,
son nocivos al pecho, por provocar en él toses,
catarros y hemorragias.
219. Los tumores y dolores articulares en que
no hay ulceración, las afecciones gotosas y
convulsivas, disminuyen, se calman y llegan a
desaparecer con efusiones abundantes de agua; fría.
Porque el entorpecimiento moderado calma el
dolor.
220. Muy ligera es el agua que pronto se calienta
y se enfría.
221. Aquellos que teniendo de noche gran red,
cuando, a pesar de eso, se duermen, presentan buen
signo.
H I P Ó C R A T E S
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222. Las fumigaciones aromáticas provocan la
evacuación menstrual y para otras muchas cosas
útiles serían, si no trajesen pesadez de cabeza.
223. Si hay turgencia, conviene purgar a la mujer
embarazada del cuarto al séptimo mes. El embrión
peligra haciéndolo en otra época.
224. Para la mujer, durante la gestación, toda enfermedad
aguda es mortal.
225. Durante la gestación la sangría produce el
aborto, sobre todo cuando está bastante
desarrollado el feto.
226. Se cura muchas veces en las mujeres el
vómito de sangre con la erupción de las reglas.
227. En las mujeres que padecen supresión de
las reglas, es favorable el epistaxis.
228. La mujer embarazada, si sufriere una gran
diarrea, aborta.
229. El estornudo es buena señal en los
padecimientos histéricos y en los partos difíciles.
230. En el flujo menstruo, la decoloración y la
irregularidad indican que los purgantes son
necesarios.
231. En la mujer embarazada, si los pechos se
aplanan súbitamente es señal de aborto.
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43
232. Si una mujer embarazada lo estuviera de
dos fetos y disminuyera súbitamente de volumen
una de las dos mamas, abortará uno de los dos. Si el
aplanamiento es en el pecho derecho, el aborto será
de varón, y si en el izquierdo, de hembra.
233. Si una mujer que no está preñada tiene
leche en los pechos, es señal de que no menstrúa.
234. La congestión de sangre en los pechos de
una mujer predice la insania.
235. Cuando se quiera averiguar si una mujer
está o no embarazada, hágasela acostar sin cenar y
désela a poco trecho un poco de hidromiel. Si
entonces sobrevienen dolores de vientre, está
embarazada, si no tiene dolores, no lo está.
236. Tiene buen color la mujer que lleva varón
en su seno y malo la que lleva hembra.
237. La mujer jamás es ambidextra.
238. Las mujeres extremadamente débiles,
cuando quedan embarazadas, abortan antes de
robustecerse.
239. Cuando una mujer de mediana robustez
aborta al segundo o tercer mes del embarazo, es a
causa de que los cotiledones de la matriz se
encuentran muy llenos de mucosidades y no pueden
sostener el embrión, que, por su peso, se desprende.
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240. Cuando una mujer no concibe es porque el
omento oprime el orificio de la matriz, y así, en
tanto no enflaquezca, no concebirá.
241. Si el útero inclinado hacia la ingle llega a
supuración, la úlcera que resulte será fistulosa.
242. El feto masculino ocupa preferentemente el
lado derecho de la matriz y el femenino el izquierdo.
243. A fin de ayudar a la expulsión de las secundinas
es bueno administrar un estornutatorio, y
tapar la boca y la nariz.
244. Si se quiere evitar el excesivo flujo
menstruo, se puede aplicar a los pechos una
ventosa.
245. Durante el embarazo queda cerrada la boca
del útero.
246. En la mujer embarazada, cuando la leche
sala con abundancia de los pechos, es signo de
debilidad del feto. Pero si las mamas están duras y
firmes, esto significa que el feto está sano.
247. Cuando el feto va a malograrse y el aborto
está próximo, se aflojan los pechos. Si vuelven a ponerse
firmes, aparecen dolores en ellos o en los
muslos, las rodillas y aun los ojos; pero el aborto no
se verificará.
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248. Cuando está duro el orificio del útero, el
hallarse cerrado es evidente.
249. Las mujeres que, estando embarazadas,
padecen fiebres y luego adelgazan de pronto sin
causa notoria, tienen un parto muy laborioso, y, si
abortan, corren grave peligro.
250. Si la hemorragia uterina ocasiona
convulsiones y desfallecimiento, es muy grave.
251. Origina la menstruación excesiva graves
enfermedades y su supresión produce dolencia del
útero.
252. Tanto la inflamación del recto como del
útero y también la supuración de los riñones,
ocasiona la estranguria; el hipo se produce por la del
hígado.
253. Cuando la mujer no concibe, si se quiere
averiguar si es o no estéril, se la debe cubrir bien
con sus vestidos y prepararla una fumigación; y si
pareciere que el olor entra por el cuerpo hasta la
nariz y la boca, por esto mismo se sabrá que no es
infecunda.
254. No goza de buena salud el feto de la mujer
que menstrúa durante el embarazo.
H I P Ó C R A T E S
46
255. Si una mujer no tiene menstruación y sin
escalofríos ni fiebre pierde el apetito, está
embarazada.
256. Las mujeres cuya matriz es densa y fría, no
conciben, ni tampoco las que la tienen demasiado
húmeda, porque en ellas la acción generatriz se
extingue. Otro tanto ocurre con las que tienen este
órgano ardiente y seco, porque el semen pierde sus
cualidades por inopia. Las que disfrutan de un
temperamento me, dio son muy fecundas.
257. Algo análogo ocurre con los hombres. La
excesiva porosidad del cuerpo es causa de que el
espíritu vivificador se evapore exteriormente, y no
haya eyaculación de semen; o ya por su excesiva
densidad no tiene al exterior salida o ya por frialdad
no adquiere el calor preciso para que tenga lugar, o
bien, por último, porque ocasiona los mismos
accidentes un calor excesivo.
258. Es malo dar leche a aquellos a quienes
duele la cabeza, a los calenturientos que tienen
elevados los hipocondrios, con borborigmos
y mucha sed, también es nociva a aquellos cuyas
deyecciones son biliosas, a los que padecen
calentura aguda, o han arrojado por el ano gran
cantidad de sangre. Conviene a los tísicos que tienen
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47
poca fiebre. Para los muy extenuados, convienen en
las calenturas, lentas y largas cuando no se
presenten los indicados signos.
259. La tumefacción de las heridas proviene o
modera el delirio y el espasmo; pero si súbitamente
desapareciera y estuviera la herida en la espalda,
sobrevendrán convulsiones o tétanos; si está en la
parte anterior, delirio o agudos dolores de costado,
o supuraciones, o la disentería si los tumores fuesen
rubicundos.
260. Cuando en las heridas graves y de mala
índole no hay tumefacción, este es grave síntoma.
262. Doliendo la parte posterior de la cabeza, es
bueno sangrar de la vena perpendicular de la frente.
263. Comienzan los escalofríos en las mujeres,
de ordinario, por los riñones, y, por el dorso, suben
después a la cabeza; en los hombres empiezan
frecuentemente más bien por la parte posterior que
por la anterior del cuerpo, como por los codos y
muslos, porque la piel que recubre las partes
anteriores es rara y caliente, y esto es lo que indica el
pelo que las cubre.
264. Nunca acompañan convulsiones a la fiebre
cuartana; y, cuando se presentan, libran de ellas al
paciente.
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265. Los que tienen la piel áspera, dura y tersa
morirán sin sudor. No así los que la tienen blanda y
suave.
266. Los histéricos de ninguna manera son
flatulentos.
267. En la lientería crónica, los primeros eructos
ácidos son buen síntoma.
268. Los individuos que tienen habitualmente
húmeda la mucosa nasal, y muy acuoso el semen, no
disfrutan de perfecta salud. Aquellos a quienes lo
contrario ocurre, disfrutan de salud más excelente.
269. La inapetencia en la disentería larga es mala
y con fiebre peor.
270. Las úlceras alrededor de las cuales cae el
pelo son malignas.
271. Conviene apreciar con exactitud las
diferencias que presentan los dolores de pecho, de
costado o de cualquier otra parte.
272. Las afecciones de los riñones y la vejiga
son difíciles de curar en los viejos.
273. Son de poca importancia los dolores
superficiales de vientre; mucho más graves son los
profundos.
274. Se curan difícilmente las úlceras en los
hidrópicos.
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275. Las eflorescencias o exantemas muy
extensos producen poco picor.
276. Los dolores de cabeza o de las partes a ella
cercanas, disminuyen siempre que se verifica un
flujo de pus, serosidad o sangre por la nariz.
277. Son provechosas las hemorroides a los melancólicos
y a los nefríticos.
278. Aquellos que han padecido hemorroides y
no conservan ninguna, están expuestos en alto
grado a la tisis o a la hidropesía.
279. El estornudo quita el hipo.
280. Cúrase la hidropesía, cuando el agua fluye a
los intestinos por las venas.
281. La diarrea inveterada se detiene si
sobreviene el vómito espontáneo.
282. Cuando a la pleuresía y a la perineumonía
sigue consunción y diarrea, es mal síntoma. Muere el
paciente al contenerse el esputo.
283. La diarrea es saludable en la oftalmia.
284. Las heridas en la vejiga, en el cerebro, el
corazón, el diafragma, el estómago, el hígado o
algún intestino delgado, son mortales.
285. Cortado completamente un hueso, un
cartílago o un nervio, la parte delgada de la mejilla o
el prepucio, ni se adhieren ni se reparan.
H I P Ó C R A T E S
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286. Si en el vientre se derrama la sangre, fuera
de causa natural, ha de venir la supuración.
287. A los enajenados, las varices y hemorroides
que puedan sobrevenirles, les libran de su mal.
288. Los agudos dolores que partiendo de la
espalda llegan al codo, se curan con la sangría.
289. Si el temor y la tristeza perseveran mucho
tiempo, esto indica melancolía.
290. Las heridas de los intestinos delgados no
pueden soldarse.
291. Es malo que la erisipela pase de fuera adentro
y bueno que ocurra lo contrario.
292. Los temblores que se presentan con las
fiebres ardientes, cesan cuando se presenta el
delirio.
293. En el empiema y la hidropesía, la
evacuación repentina de una gran cantidad de
-líquido, por el hierro o el fuego, produce la muerte.
294. Los eunucos ni padecen gota ni se quedan
calvos.
295. Las mujeres no padecen gota hasta que
cesa el flujo menstruo.
296. Los jóvenes no padecen gota antes de
gustar los placeres sexuales.
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297. Los dolores de los ojos ceden o al vino
puro, o al baño, o a los fomentos, o a los purgantes,
o a la sangría.
298. Los tartamudos están expuestos a diarreas
crónicas.
299. No padecen pleuresías los que sufren
eructos ácidos.
300. Jamás padecen várices los calvos; pero, si
alguna vez esto ocurre, el cabello vuelve a brotar.
301. El sobrevenir tos a los hidrópicos, es
funesto.
302. La dificultad de orinar se cura con la
sangría; mas ha de hacerse en los vasos internos.
303. Es una buena señal la tumefacción y
rubicundez del cuello en la angina, pues indica que
se hace exterior el mal.
304. A aquellos que padecen de cánceres
ocultos, lo mejor es no curarlos; porque con
cualquier tratamiento perecen. Viven más tiempo
cuando no se les cura.
305. Proceden las más veces las convulsiones de
exceso de plétora o de evacuación. Lo mismo
sucede al hipo.
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306. Cuando en los hipocondrios hay dolores
sin inflamación, la fiebre que sobreviene es
favorable.
307. En las supuraciones ocultas cuando no hay
signo exterior que la manifieste, esto consiste en que
el volumen de la parte o el espesor del pus impiden
que se manifieste.
308. Es malo que se endurezca el hígado a los
ictérico.
309. Una disentería inveterada en quien padece
una enfermedad del bazo, acarrea la hidropesía, la
lieuteria aun le hace perecer.
310. Si a la estranguria sucede el íleo o vólvulo,
el enfermo en siete días perece, a menos que se presento
fiebre y fluya la orina con abundancia.
311. Las úlceras que tienen más de un año de
fecha, esfolian necesariamente el hueso subyacente y
dejan hondas cicatrices.
312. Los que antes de la pubertad tórnanse
jorobados o asmáticos, perecen.
313. A quien convierten las sangrías y las
purgas, se debe administrar en primavera las purgas
y sangrías.
314. En los que padecen del bazo, si sobreviene
la disentería es conveniente.
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315. Calmada la inflamación, los ataques de gota
desaparecen a los cuarenta días.
316. Cuando en el cerebro prodúcese herida, se
producen necesariamente fiebre y vómitos biliosos.
317. Aquellos a quienes estando sanos acomete
repentino dolor de cabeza, afonía, pérdida del
sentido y estertor, mueren dentro de siete días, a
menos que sobrevenga fiebre.
318. Hay que observar, en el enfermo el aspecto
que los ojos presentan durante el sueño. Si estando
los párpados casi juntos se ve una parte de lo
blanco de la esclerótica, sin que haya precedido flujo
espontáneo de vientre o provocado, el síntoma es
funesto y mortal a veces.
319 El delirio risueño es buen síntoma y malo el
triste y sombrío.
320. En las enfermedades agudas acompañadas
de fiebre, es de mal agüero la respiración
quejumbrosa.
321. Las enfermedades artríticas se presentan
principalmente en primavera y otoño.
322. En las enfermedades melancólicas o
atrabiliarias son peligrosas las acumulaciones de
humores y metástasis, porque acarrean
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54
frecuentemente la apoplejía, las convulsiones, la
ceguera y la nisaura.
323. De los cuarenta a los sesenta años es
cuando están los individuos más expuestos a la
apoplejía.
324. Si el omento o epiplón sale fuera del
vientre, la gangrena es inevitable.
325. En los casos en que, a consecuencia de una
coxalgia crónica se sale de su sitio o disloca el hueso
del muslo y vuelve después a su lugar, hay
acumulación de mucosidades.
326. La luxación de la cabeza del fémur, tras una
ciática crónica, si no se aplica revulsión por fuego,
ocasiona la atrofia del miembro y la cojera.
327. En las enfermedades agudas, el
enfriamiento de las extremidades es malo.
328. Es mal signo que lividezca la carne que
cubre el hueso.
329. El vómito seguido de rubicundez en los
ojos es mal síntoma.
330. El escalofrío tras el sudor es mal síntoma.
321. En la locura, la` disentería, la hidropesía o
el éxtasis, son buenos.
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332. En las enfermedades crónicas, la
repugnancia a los alimentos y las deyecciones
heterogéneas son malas.
333. Tras los excesos en la bebida, los
escalofríos y el delirio son síntomas muy
desfavorables.
334. Al romperse un tumor interno, no ocasiona
desmayos, vómitos y síncopes.
335. En las hemorragias, el delirio o la
convulsión son funestos.
336. En el íleo o cólico miserere, el vómito, el
hipo, la convulsión o el delirio son malos.
337. Si la pleuresía cambia en perineumonía,
malo.
338. En la neumonía, el frenesí es grave.
339. En las fiebres ardientes y continuas, la convulsión
o el tétanos, son funestos.
340. Tras un golpe en la cabeza, son malos
signos el delirio y el estupor.
341. Cuando al esputo de sangre sigue esputo de
pus es malísimo síntoma. Si a la expectoración
purulenta siguen las tabes y la diarrea, malo: cuando
se suprime el esputo los enfermos mueren.
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56
342. La expectoración purulenta tras la
sanguínea es mala pero si la sigue diarrea o tabes es
peor. Suprimido el esputo muere el enfermo.
343. En las inflamaciones del hígado, el hipo es
mal síntoma.
344. En el insomnio, el delirio o la convulsión
es fatal.
345. Si se presenta erisipela después de
descarnado un hueso, malo.
346. En la erisipela es funesta la supuración o
putrefacción.
347. Cuando en las úlceras se sienten
pulsaciones muy vivas, si sobreviene hemorragia, el
signo es fatal.
348. En los dolores crónicos del vientre, la
supuración es mala.
349. Las deyecciones mal trabadas anuncian la
disentería.
350. Las heridas de los huesos producen delirio
cuando han atravesado el periostio.
351. La convulsión que ocasiona el purgante es
mortal.
352. Cuando hay dolores agudos en algún
órgano contenido en el vientre, el enfriamiento de
las extremidades es funesto.
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353. Durante la gestación, el tenesmo ocasiona
el aborto.
354. Cualquier hueso, cartílago o nervio
cortado, no crece ni vuelve a unirse.
355. En la leucoflegmaria, si se presenta una
diarrea abundante, la enfermedad se resuelve.
356. Los flujos del vientre espumosos denotan
que hay o ha habido un catarro pituitario o coriza.
358. Cuando en las fiebres presenta la orina un
sedimento parecido al salvado, esto anuncia una
enfermedad larga.
359. Cuando hay sedimento bilioso en la orina y
ésta es por encima tenue, debe temerse una
enfermedad aguda.
359. La orina que con frecuencia cambia de
aspecto y cualidad, denota una gran perturbación
interna.
360. Cuando en la orina sobrenadan burbujas,
esto anuncia que hay enfermedad en los riñones y
que será larga.
361. La substancia grasienta que sobrenada en la
orina, es señal de afección nefrítica aguda.
362. Cuando en las enfermedades en los riñones
aparecen, además de los síntomas expresados,
dolores superficiales en los músculos de la columna
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58
vertebral, hay que temer la formación de un absceso
externo; pero, si los dolores fueren profundos,
puede muy bien el absceso formarse en el interior.
363. No es tan funesto el vómito de sangre sin
fiebre como cuando hay ésta. Los refrigerantes y
astringentes serán el mejor medio de curación.
364. Las fluxiones de la parte superior del
vientre, acaban por supuración en veinte días.
365. Si de improviso la lengua se entorpece o se
paraliza cualquier otro órgano, éste puede ser
síntoma de atrabilis.
366. Cuando después de una purgación
inmoderada sobreviene hipo a los ancianos, éste es
mal síntoma.
367. Si no es la fiebre biliosa, las afusiones
abundantes de agua caliente a la cabeza, la curan.
368. Si, habiéndose realizado la operación del
empiema, mediando el hierro o el fuego, el pus que
sale ese es puro y blanco, no corre peligro el
doliente; si fu sanguinolento, fétido y cenagoso,
morirá.
369. Abierto un absceso en el hígado, con el
hierro o con el cauterio, si el pus que sale es blanco
y puro, el enfermo sana, porque esto indica que el
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absceso estaba enquistado; pero si se parece al
alpechín, muere.
370. En los dolores de los ojos, después de
administrar el vino puro y las lociones abundantes
de agua tibia, la sangría está indicada.
371. Si sobreviene tos a un hidrópico, su estado
es desesperado.
372. Se alivian la estranguria y la disuria con
vino puro y sangrías, siempre que se hagan en los
vasos internos.
373. La rubicundez y tumefacción en el pecho
cuando hay angina, son síntomas favorables, porque
la enfermedad, en tal caso, hace progreso hacia el
exterior.
374. Aquellos que padecen esfacelo o gangrena
en el cerebro, morirán en tres días. Pasado este
plazo se salvan.
375. Tiene su origen el estornudo en la cabeza,
por el enardecimiento del cerebro o por humedad
excesiva. En tal caso, el aire que se encuentra dentro
es expelido con fuerza, y por lo estrecho de la
salida, ésta es siempre ruidosa.
376. Aquellos que tienen el hígado y cuanto le
rodea dolorido, al presentarse calentura, se curan.
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377. Conviene sangrar (en la primavera) a
aquellos a quienes es beneficioso.
378. Cuando entre la membrana transversal
(diafragma) y el estómago se acumula pituita y no
tiene salida por una de las dos cavidades, la
enfermedad se cura, si pasa aquélla a la vejiga por
las venas.
379. Cuando en la hidropesía hepática se vierte
el agua sobre el redaño, se llena el vientre y muere el
enfermo.
380. Calma el vino mezclado con agua la
ansiedad, la excitación y la horripilación.
381. La agonía sucede a las grandes
conmociones cerebrales.
382. A aquellos que tienen húmedos los tejidos
se les debe inducir a severas abstinencias pues el
hambre deseca los cuerpos.
383. Presagian una enfermedad larga los
cambios que el cuerpo experimenta, ya enfriándose
estando caliente o ya pasando de uno a otro color.
384. Los abundantes y continuos sudores, sean
calientes o fríos, denotan un exceso de humedad;
convendrá evacuarla por arriba en los individuos
fuertes y robustos y por abajo en los débiles y
enfermizos.
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385. A aquellos que padecen fiebres largas
suelen sobrevenirles tumores o dolores en las
articulaciones.
386. Los dolores articulares, o los tumores
después de fiebres largas, provienen de una
nutrición excesiva.
387. El alimento dado al que padece fiebre
cuando está en la convalecencia, lo vigoriza; pero si
está aún enfermo, le empeora.
388. Es de toda necesidad observar si las orinas
tienen igual aspecto que en estado normal. Las que
más de él se separan y diferencian son umbrosas, y
lo son menos las que se acercan al aspecto de las
ordinarias.
389. Cuando, habiendo dejado que las
deyecciones se posen aparece en el fondo de la
vasija algo así como roeduras, la enfermedad será
leve si son en pequeña cantidad, y grave si aparecen
en abundancia. En cualquiera de los dos casos
conviene purgar. Pero si antes de administrar el
purgante se dan al enfermo bebidas nutritivas, esto
será tanto más perjudicial y nocivo, cuanto mayor
sea la cantidad que tome.
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62
390. Las evacuaciones albinas crudas proceden
de la atrabilis, y cuanto más abundantes sean, más
grave será la enfermedad.
391. Cuando es oportuno promover
evacuaciones, es prudente facilitar el efecto de los
medicamentos. Si han de promoverse aquéllas por
arriba, debe estreñirse el vientre, y si por abajo,
humedecerse.
392. En las fiebres continuas, si las
extremidades se enfrían y hay interiormente gran
calor con sed, el signo es mortal.
393. La anasarca sigue a la leucoflegmasia.
394. La diarrea suele convertirse en disentería.
395. A la disentería sigue la lieutería.
396. Al esfacelo sigue la esfoliación del hueso.
397. Sigue la tisis al vómito de sangre y la
expectoración purulenta.
398. Conviene en las enfermedades examinar las
excreciones de vientre y la orina, del mismo modo
que cualquier otra del cuerpo. Si se distancian muy
poco del estado normal, la dolencia será leve, pero
si mucho, será grave y si demasiadamente, mortal.
399. El frenesí que sobreviene, por ejemplo,
después de los cuarenta años, es casi incurable, pero
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63
no reviste en los jóvenes tanta gravedad, por ser de
su edad y constitución más propio.
400. En las fiebres y en las demás enfermedades
nada tienen de extraño las lágrimas involuntarias;
pero las voluntarias son malísimo sistema.
401. Aquellos en quienes ha aparecido la fiebre
cuartana, es fatal la epistaxis.
402. Son muy peligrosos los sudores
abundantes y pasajeros que sobrevienen en los días
críticos. Lo son asimismo los que caen de la frente
gota a gota, al modo de las aguas que se filtran en un
manantial y los copiosos fríos. Todos ellos
provienen de violentas causas de fatiga excesiva y de
expresión diuturna y constante.
403. Lo que los medicamentos no sanan lo cura
el hierro; lo que no cura el hierro, el fuego lo cura;
lo que no sana el fuego, debe considerarse
incurable.
404. Desde la edad de dieciocho años hasta
treinta y cinco, se presenta ordinariamente la tisis.
405. Si en un individuo existe predisposición a
la tisis, los fenómenos que se presentan son
violentísimos y mortales a veces. Cuando la estación
es favorable a la enfermedad es mayor el peligro,
como ocurre en verano con las fiebres ardientes y
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64
con la hidropesía en invierno. En este caso la
influencia de los agentes naturales es mayor y el
bazo peligra.
406. Si la lengua no aparece ensangrentada ni
negruzca, no debe ser funesto el pronóstico, pues
indica que la enfermedad no reviste gravedad
extrema.
407. He aquí los signos que conviene observar
en las enfermedades agudas, para saber cuándo el
enfermo morirá o podrá salvarse.
408. Signo mortal es que se halle el testículo
derecho frío y convulso.
409. Idas uñas negras y los dedos de las manos
y de los pies fríos, contraidos o flojos indican
cercana muerte.
410. Es señal funesta tener los labios lívidos,
vueltos hacia afuera y fríos.
411. También lo es que las orejas estén
contraídas, frías y transparentes.
412. Cuando los ojos pierden la vista o relampaguean
en la luz, si el doliente gusta de la soledad, si
duerme mucho y tiene mucho ardor, su estado es
desesperado.
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413. Y quien a nadie conoce y se halle poseído
de furioso delirio y ni oye ni entiende, su fin tiene
cercano.
414. Si a estos signos se añade la inflamación y
elevación del vientre, estarán completos los signos
de una muerte próxima.
415. Mas el final verdadero de la vida llega
cuando el calor que la retiene, situado en la región
supraumbilical sube por encima del diafragma y
consume completamente toda la humedad. El
pulmón privado de ella y lo mismo el corazón por
la concentración de aquél en estas importantes
vísceras, el espíritu del calor, que enlaza el todo con
el todo, exhálase en el mismo momento y luego,
escapándose el alma de su cárcel material, ya por
entre los músculos, ya por los respiraderos de la
cabeza, que tanto hacen por el mantenimiento de la
vida, deja por siempre el frío simulacro humano,
compuesto todavía de carne, sangre y pituita.
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66
PRONÓSTICOS DE HIPOCRATES
416. Es en extremo conveniente que el médico
se aplique a pronosticar con acierto.
417. Porque, conociendo y pronosticando de los
enfermos las cosas que al presente tienen, las que
padecieron antes y las que vendrán en el curso de la
enfermedad y haciendo manifiestas las que los
pacientes omiten en su relación, y creerá que
comprende más cumplidamente lo que pertenece a
la dolencia, por donde tendrán los hombres más
ánimo de confiarse al médico.
418. También dirigirá la curación con acierto si
con la atenta observación de lo que el enfermo al
presente tiene, llega a alcanzar lo que ha de padecer
en adelante y cosa clara es que no es posible curar a
todos los dolientes, y en verdad que si esto se
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pudiese conseguir, fuera mucho mejor que
pronosticar lo venidero.
419. Pero muérense a veces los hombres, unos
antes de llamar al médico, oprimidos de la violencia
del mal; otros aceleradamente después de haber
llamado; de modo que algunos de éstos viven un
día, otros más tiempo; pero mueren antes que el
médico pueda con su pericia oponerse a cada una
de las dolencias; por esto es conveniente que éste
conozca la índole de la enfermedad y procure
alcanzar cuanto ésta excede las facultades del
cuerpo. Asimismo, si en semejantes dolencias se
mezclase alguna cosa d1vina, es menester que la
advierta y tenga conocimiento de ella. Debe también
advertir cuidadosamente las diferentes
enfermedades epidémicas, y no ha de ignorar la
constitución del tiempo. De este modo será buen
médico y logrará ser admirado; fuera de que
meditando mucho tiempo sobre cada una de estas
cosas, podrá con más -acierto sanar a los enfermos,
cuyas dolencias sean curables; y conociendo con
tiempo y pronosticando los que han de morir y
sanar, no se le echará la culpa de nada.
420. En las enfermedades agudas, ante todas
cosas se ha de reparar en la cara del enfermo, y se
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ha de ver si es semejante a la de los sanos, en
especial a la que tenía el mismo paciente cuando
estaba bueno; porque ésta es la mejor de todas, y si
fuese muy distante de su natural, es muy mala.
421. Es, pues, muy contrario al orden de la naturaleza,
quedando la nariz afilada, los ojos hundidos,
las sienes caídas, las orejas frías y arrugadas y los
pulpejos de ellas vueltos al revés; el cutis de la frente
duro, tirante y árido; el color de todo el rostro
pálido, que inclina a verde o negro, amoratado o
como de plomo.
422. Si estuviese con estas señales la cara en los
principios de la enfermedad, y por otras señas no se
pudiese formar entero conocimiento de ella, es
menester preguntar si es que el enfermo ha
padecido grandes desvelos o muchos cursos, o
grande hambre, porque si hubiese acontecido alguna
de estas cosas, es menos malo que esté así el rostro;
y cuando se pone de este modo por estas causas
manifiestas, en el espacio de un día y una noche
suele componerse; pero si no estuviese así por estos
motivos, ni pasado el tiempo sobredicho volviese a
componerse, es menester entender que es señal de
muerte.
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423. Si la enfermedad hubiese ya pasado tres o
cuatro días y la cara estuviese como antes hemos
dicho, es menester preguntar lo mismo que poco ha
previne, y juntamente atender las demás señales que
se observan el rostro, en todo el cuerpo y en los
ojos.
424. Conviene, pues, reparar en los ojos y ver si
es que no pueden sufrir la luz o caen lágrimas de
ellos sin querer o si están movidos violentamente
hacia algún lado o si se ha hecho el uno menor que
el otro, si el blanco se ha vuelto rojo, si las venillas
que hay en él se han hecho amoratadas o negras; si
es que junto a las niñas tienen inmundicia, o se
mueven con inestabilidad, o están muy abultados o
muy caídos, o las uñas están secas y sin esplendor, o
si el rostro está amoratado y espantoso a la vista, o
los dientes aplomados, o mudado enteramente el
color de la cara, porque se ha de saber que todas
estas cosas son malas y significativas de mucho
peligro.
425. Conviene también observar el modo cómo
se ponen los ojos en el sueño, porque si durmiendo
apareciese lo blanco de ellos sin juntarse los
párpados y no hubiese antecedido a esto alguna
diarrea, o el haber tomado medicina, o no tuviese el
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enfermo la costumbre de dormir de este modo, es
señal mala y muy mortal.
428. Pero si los párpados se pusiesen retorcidos,
amoratados o pálidos y estas mismas cosas se
hallasen en los labios o en la nariz, y junto con esto
concurriesen algunas otras de las señas ya dichas, es
señal que la muerte está cercana. También es indicio
mortal el que los labios estén relajados y caídos
como por sí mismos y fríos y blancos.
427. Es conveniente que el médico halle al
enfermo echado sobre el lado derecho o sobre el
izquierdo, con las manos, el cuello y las piernas un
poco encogidas, y tendido todo el cuerpo de suerte
que esté flexible, porque éste es el modo como están
en la cama muchos de los que gozan de salud; y
cosa clara es que es muy bueno que los enfermos
guarden en la cama la postura que corresponde a los
que están sanos.
428. El ponerse el enfermo boca arriba con las
manos al cuello y las manos extendidas a lo largo no
es tan bueno.
429. Y si se escurriese de la cama de modo que
de la cabeza se baje el cuerpo de su propio motivo
hacia los pies de ella, es más peligroso.
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430. Asimismo, si se hallase con los pies fuera
de la ropa, sin que el calor le obligase a hacerlo y
tuviese las manos, el cuello y las piernas
desparramadas con desigualdad y descubiertas, es
malo, porque significa inquietud y mucha congoja
en el estómago.
431. El dormir el enfermo con la boca siempre
abierta es señal de muerte.
432. También lo es que durmiendo boca arriba
tenga las piernas muy encogidas o desparramadas.
433. El echarse boca abajo el paciente, si no
acostumbra a dormir así estando sano, es señal de
delirio o de dolor en las partes del vientre.
434. El querer el enfermo estar sentado en lo
más fuerte de su dolencia es mala señal en
cualquiera enfermedad aguda; mas en las
inflamaciones de los pulmones es indicio malísimo.
435. El rechinar los dientes en las calenturas, si
no hay costumbre de hacerlo desde la niñez, es
señal de grande delirio y de muerte; bien que es
menester distinguir el peligro que trae cada una de
estas cosas; porque si rechinase los dientes el que
está ya delirando, es indicio de que la muerte está ya
próxima.
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436. Débese observar cualquiera llaga que el
enfermo tenga, o la tuviese antes de la enfermedad,
o se haya hecho en el tiempo de ella; porque si el
paciente ha de morir, antes se pondrá la llama
amoratada y seca, o se secará volviéndose amarilla.
437. En cuanto al movimiento de las manos, es
menester saber, que si en las calenturas agudas, en
las y inflamaciones de los pulmones, en el frenesí, o
en los dolores de cabeza, las llevan los enfermos a la
cara en ademán de coger las moscas que no hay, o
como quien levanta aristas, o quita pelillos de la
ropa, o pajuelas de la pared, es muy mala señal e
indicio de morir.
438. La respiración acelerada significa, o dolor,
o inflamación en las partes que están cerca del septo
transverso; la que es grande y tarda en hacerse, es
significativa de delirio; y si fuese fría, al salir el aire
por las narices y la boca, entonces es indicio claro
de la muerte.
439. Conviene entender que el tener la
respiración buena es de muy grande importancia
para sanar de todas las enfermedades agudas, que
van juntas con calentura y se terminan dentro de
cuarenta días.
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73
440. En todas las enfermedades agudas son muy
buenos todos aquellos sudores, que suceden en los
días críticos, y quitan del todo la calentura. Son
buenos, aunque no tanto, los que son generales en
todo el cuerpo, y hacen que el enfermo lleve con
menos trabajo la dolencia; y si nada de esto hiciesen,
son inútiles; peores que todos, los otros son los f
ríos, y los que sólo aparecen junto a la cabeza, a la
cara y al cuello; porque éstos, si salen en la calentura
aguda, significan la muerte, y en las demás fiebres
denotan larga enfermedad.
441. Los hipocondrios están muy buenos
cuando en ellos no hay dolor, y además de esto se
hallan blandos o iguales, tanto en la parte derecha
como en la izquierda pero si estuviesen inflamados
o doloridos, o tirantes, o disconformes, de modo
que el derecho diferénciese del izquierdo, o al
contrario, entonces conviene mirarlos con recelo.
442. Si en los hipocondrios se percibiesen
pulsaciones o latidos, es señal de grande agitación o
de delirio; mas entonces es menester mirar los ojos
de los que así padecen; porque si éstos se mueven
con demasiada frecuencia, se ha de esperar un
delirio fuerte.
H I P Ó C R A T E S
74
443. Cualquier tumor duro y doloroso en los
hipocondrios es malísimo, si ocupa los des lados;
pero si estuviese sólo en el uno, entonces conviene
saber que es menos peligroso en el izquierdo que en
el derecho.
444. Si el humor de los hipocondrios apareciese
luego a los principios de la enfermedad, indica que
el paciente morirá en breve.
445. Mas si perseverase la calentura, y pasase del
día 20 sin deshacerse el tumor, es señal de que
vendrá la supuración.
446. En estos tales suele haber sangre de narices
en el primer período de la enfermedad, y los ayuda
mucho; por eso conviene entonces preguntar al
enfermo si le duele la cabeza y tiene obscuridad en
los ojos; porque si hubiese estas cosas, es señal que
la sangre tira hacia arriba.
447. Y es de advertir que la sangre de narices en
tal caso más se ha de esperar que venga en los
jóvenes que todavía no han excedido los treinta y
cinco años, porque en los que son más viejos se
debe esperar la supuración.
448. Si los tumores fuesen blandos, sin dolor, y
de tal condición que, poniendo un dedo encima de
ellos, cediese al tacto, es señal, que la terminación de
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75
la enfermedad será larga, y que no son de tanto
peligro como los antecedentes.
449. Y si la calentura durase sesenta días, y estos
tumores no se hubiesen deshecho, es señal que irán
a supuración, lo cual no sólo ha de entenderse de
los que están en los hipocondrios, sino también en
todo el vientre.
450. En conclusión, los tumores que traen
dolor, y son duros y grandes, significan una muerte
cercana; pero sí fuesen blandos sin dolor, y que
ceden al tacto, son más largos.
451. Los tumores que están en el vientre son
menos expuestos a la supuración que los de los
hipocondrios; pero los que se hacen más abajo del
ombligo todavía son menos dispuestos a supurar
que todos los otros.
452. La sangre de narices en tales casos
principalmente se ha de esperar que salga cuando
padecen las partes superiores.
453. Importa mucho advertir las supuraciones
de los tumores, que largo tiempo se mantienen en
las partes sobredichas.
454. Lo que hay que considerar en ellas es esto.
Siempre que la materia inclina a la parte de afuera
son muy buenas, y lo son también cuando la materia
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es poca, y en gran manera se levantan y forman
punta; pero si la materia fuese mucha y el tumor
ancho, y no se levantasen en punta, entonces la
supuración es muy mala.
455. Los tumores que tienen materia y se
rompen dentro son muy buenos, con tal que no
tengan comunicación ninguna con las partes
exteriores, y al mismo tiempo sean reducidos y sin
dolor, y toda la región exterior esté de un mismo
color.
456. El podre, para ser de la mejor condición, es
menester que sea blanco, igual y liso, y de muy poco
hedor; y el que tuviese las circunstancias contrarias a
éstas es muy malo.
457. Cualesquiera hidropesías que vengan de
enfermedades agudas son malas, porque además de
quitar la calentura traen dolores y también la muerte.
Las más de ellas empiezan en los vacíos y los lomos
y algunas vienen del hígado.
458. Cuando las hidropesías nacen de los vacíos
y de los lomos, los pies se hinchan y se mueven
unos cursos que duran mucho tiempo y no quitan el
dolor que hay en las partes sobredichas ni ablandan
el vientre.
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450. Más si las hidropesías nacen del hígado,
tienen los enfermos tos y mucha gana de toser y es
poca cosa lo que arrancan, y también se les hinchan
las piernas, y lo que arrojan por el ano es duro y lo
arrojan con trabajo; y además de todo esto, se les
hacen hinchazones en el vientre, unas veces en la
parte derecha, otras en la siniestra, las cuales ya son
permanentes, ya se desvanecen.
460. Si la cabeza, las manos y los pies se
pusiesen fríos estando el vientre y los lados
calientes, es malo.
461. Así es muy bueno que todo el cuerpo esté
caliente, o igualmente blando.
462. Es conveniente que los enfermos se
vuelvan de una parte a otra de la cama con facilidad
y estén ligeros para levantarse.
463. Pero si todo el cuerpo estuviese pesado y
también las manos y los pies, es más peligroso.
464. Y si además de la pesadez del cuerpo las
uñas también y los dedos se pusiesen amoratados,
débese temer una muerte cercana.
465. Si los dedos y los pies del todo se ponen
negros, es menos malo que si se ponen amoratados.
En este caso conviene considerar las demás señales
que se observan en el enfermo, porque si se ve que
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lleva la enfermedad con tolerancia, y, por otra parte,
aparece alguna de las señas significativas de salud,
se debe esperar que la enfermedad terminará en
absceso, y que así el enfermo ha de llegar a
convalecer de su mal, y las partes que se hicieron
negras vendrán a caer.
466. Si los testes y las partes pudendas se
contraen con efecto espasmódico esto significa
dolores fuertes y peligro do morir.
467. El sueno es conveniente le tenga el
enfermo según lo natural y la costumbre de cuando
estaba sano, de modo que de día esté despierto y
duerma de noche; pero si no lo hiciese así, es malo;
bien que no lo es el que duerma desde el amanecer
hasta la tercera parte del día; mas en las otras horas
del día es peor.
468. Lo que se ha de tener por cosa muy mala es
que el enfermo no pueda dormir ni de día ni de noche,
porque este desvelo dimana o de dolor o de
trabajo grande que el paciente tiene, o es
significativo de perturbación de la mente.
469. La evacuación del vientre, de mejor
condición es aquella en que el excremento está
trabado y blando y se echa en el tiempo que solía el
enfermo arrojarlo cuando estaba sano. La cantidad
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o la multitud de él ha de ser correspondiente a lo
que se ha tomado, porque saliendo de este modo es
señal que el vientre está sano.
470. Mas si lo que arroja por el vientre fuese
líquido, conviene entonces que al tiempo de
arrojarlo no haya rechinamiento ni el enfermo ha de
levantarse a menudo y hacer poco cada vez, porque
siendo así trabajado el hombre por la frecuencia de
ir a hacer los cursos no podrá dormir, y si éstos
fuesen en muy grande cantidad y se levantase
muchas veces a hacerlos, hay peligro de que se
desmaye.
471. Conviene, pues, exonerar el vientre dos o
tres veces en el día y una por la noche, según la
cantidad de lo que el enfermo hubiese tomado, y la
mayor copia echarla por la mañana, como es
costumbre hacerlo naturalmente.
472. Y cuando la enfermedad se acerca a la
crisis, es conveniente que la evacuación del vientre
se vuelva más grasa de lo que antes era.
473. Conviene también que entonces el
excremento sea de un color moderadamente rojo y
que no hieda mucho.
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474. Es conveniente que las lombrices largas y
redondeadas salgan junto con los excrementos,
cuando ya la enfermedad va a hacer la crisis.
475. Es conveniente que el vientre, en
cualquiera enfermedad, esté flexible, y sea de una
buena magnitud.
476. Los cursos muy aguanosos o blancos o
pálidos, con verdor o muy rojos, o espumosos,
todos son malos.
477. También son malos cuando lo que se arroja
es poco, pegajoso, blanco y algo pálido tirante a
verde y de superficie lisa.
478. Todavía son peores que los sobredichos
los cursos negros, los que se parecen a la gordura,
los amoratados, los que son verdes como el
cardenillo y los que hieden mucho.
479. Mas si fuesen varios los humores que se
arrojan, entonces los cursos duran más largo
tiempo; pero no por eso dejan de ser mortales. De
esta, condición son los que se parecen a las
raeduras, los coléricos, ensangrentados, los de color
de puerro, y los negros, los cuales salen unas veces
todos juntos, otras cada uno separadamente.
480. El despedir el flato sin ruido es muy buena
señal, y siempre es más conveniente el que salga,
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aunque sea con sonido, que el que se vuelva hacia
arriba; bien que el echarlo con estrépito significa
que el hombre tiene alguna molestia o que delira,
salvo si de prop6alto y con industria lo hiciere.
481. Los tumores y dolores que vienen de los
hipocondrios, si son recientes y no van con
inflamación, se quitan, excitándose cierto murmullo
en el hipocondrio, mayormente si lo que excita el
murmullo saliese con el excremento, con la orina o
con el flato; mas si con todo esto no se echase fuera
del cuerpo, será entonces inútil el que el ruido se
sienta en las partes inferiores del vientre.
482. La orina es de la mejor condición, cuando
el poso de ella está en el fondo, y es blanco, liso e
igual por toda la enfermedad hasta que ésta haya
hecho crisis, porque de este modo da muestras de
ser la dolencia segura y breve; mas si no guardase un
mismo tenor, de suerte que unas veces saliese
líquida y otras tuviese el poso blanco y liso,
entonces es señal de que la enfermedad será más
larga y no tan segura.
483. Si la orina fuese algo rosa y el poso que hay
en ella fuere también un poco rojo y liso, significa la
dolencia aun más larga que la antecedente, pero más
segura.
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484. Si el poso de la orina se parece a la harina
gruesa o poco molida, es malo; todavía es peor
cuando es semejante a las escamas. Si. fuese delgado
y blanco, es muy vicioso; bien lo es más aún el que
se parece al salvado.
485. Las nubecillas que se mezclan con la orina,
si son blancas se han de tener por buenas, mas si
son negras son malas.
486. Mientras la orina fuese del color de la llama
y delgada, significa que la enfermedad está cruda.
487. Mas si la enfermedad fuese larga y la orina
estuviese roja y tenue, hay peligro de que no pueda
el enfermo subsistir hasta que la orina tenga
cocción.
488. Más mortales que las que acabamos de
proponer son las orinas que echan mal olor, las
aguanosas, las negras y las gruesas.
489. Las orinas negras en los varones y en las
mujeres son muy malas. En los niños lo son
igualmente las aguanosas.
490. En los que echan la orina delgada y cruda
por mucho tiempo, si las demás señales son como
de quien ha de superar la enfermedad, debe
esperarse que saldrán abscesos en las partes que
están más abajo del sexto transverso.
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491. La gordura que nada sobre la orina y es semejante
a la tela de las arañas, no es de alabar,
porque es indicio de derretimiento.
492. Conviene reparar en las orinas si es que las
nubecillas están en lo alto de ellas o en el fondo y
qué colores son los que éstas tienen, porque las que
se hallan abajo con el color que hemos dicho son
buenas y laudables; mas las que están en lo alto con
los colores ya explicados, son malas y no merecen
ser aprobadas.
493. Cuide el médico de no engañarse en estas
cosas cuando hay alguna enfermedad en la vejiga
que sea causa de tales orinas, porque entonces éstas
no demuestran el estado de todo el cuerpo, sino de
ella sola.
494. El vómito es muy bueno cuando se arrojan
con él la pituita y la cólera muy mezcladas, y al mismo
tiempo si son estos humores muy gruesos ni en
grande copia; pero si se echan puros, de modo que
no haya mezcla de unos y otros, entonces son
peores.
495. Y si lo que se vomita fuese de color de
puerro, o amoratado, o negro, es malo, porque
cualquiera de estos colores lo es.
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496. Mas si a un mismo tiempo el paciente
echase cosas donde se hallasen todos estos colores,
es indicio muy mortal.
497. El vómito de humor amoratado, si hiede
mucho, significa una muerte acelerada.
498. En cualesquiera vómitos, el echar humores
corrompidos y que despidan hedor, es malo.
499. El esputo en todos los dolores que ocupan
los pulmones y costados conviene que se arroje
presto y con facilidad.
500. Conviene también que lo amarillo esté
íntimamente mezclado con el mismo esputo.
501. Y si mucho tiempo después de haber
comenzado el dolor se echa el esputo amarillo, rojo,
o de manera que sea menester toser mucho para
arrojarlo y no estuviese bien mezclado, es peor.
502. El esputo amarillo que no lleva mezcla ninguna,
es peligroso; el blanco pegajoso y redondo, es
pernicioso.
503. También es malo el esputo en que los
colores pálido y verde andan juntos y están muy
vivos, y el espumoso.
504. Mas si el esputo fuese de sólo un humor,
sin mezcla de ninguno otro, de modo que aparezca
negro, es de peor condición que los sobredichos.
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También es malo que los pulmones nada purguen ni
arrojen de sí, sino que se hallen llenos con
hervidero en la garganta.
505. Si el romadizo y los estornudos anteceden
a la enfermedad de los pulmones, es malo, como lo
es también el que sucedan en el tiempo de ella. Pero
en otras enfermedades de suyo perniciosísimas los
estornudos son provechosos.
506. Si el esputo en las pulmonías fuese
amarillo y mezclado con un poco de sangre, y se
arrojase a los principios, es muy útil; pero si saliese
después del séptimo día, o más tarde, ya no es tan
seguro.
507. En conclusión, todos los esputos que no
alivian el dolor son malos. Los de color negro son
los peores, como ya se ha dicho; mas cuando el
dolor se mitiga con la expulsión de ellos, indica que
son los mejores.
508. Cualesquiera dolores que haya en el pecho
y pulmones, si no se mitigan, o con el esputo, o con
descargarse el vientre, o con las sangrías, o con la
dieta, o con las medicinas, se debe saber que van a
supuración.
509. En las supuraciones, siempre que se echa el
podre estando el esputo bilioso es muy mortal, ya
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sea que el podre salga solo, o que é1 y la bilis se
arrojen juntos.
510. Esto mayormente sucede si el podre
empezase a salir después de este esputo, siendo la
enfermedad de siete días.
511. Y si el enfermo a quien esto sucede no tuviese
alguna favorable, se ha de temer que muera el
día catorce.
512. Las señales que en tales enfermos se han de
tener por buenas son éstas: el llevar la enfermedad
sin grande decaimiento, el tener la respiración
bueno, el no haber dolor, el arrojar con facilidad el
esputo, el estar el cuerpo por todo él igualmente
cálido y suave, el no haber sed y el que sean las
orinas, la cámara, el sueño y los sudores como antes
hemos escrito, de modo que conozcamos, que todas
estas cosas aparecen buenas, porque siendo todas
ellas así no perecerá el enfermo.
513. Mas si algunas de las señales arriba dichas
fuesen buenas y otras no, está el hombre expuesto a
morir sin pasar de los catorce días.
514. Si las señales que en el enfermo se
observan fuesen contrarias a las que acabamos de
proponer, con malas; así que el llevar la enfermedad
con poca tolerancia, el estar la respiración grande y
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frecuente, el haber siempre dolor, el arrojar el
esputo con trabajo, el haber mucha sed, el estar el
cuerpo calenturiento con desigualdad y el tener la
frente, las manos y los pies fríos, estando muy
calientes el vientre y los lados; y si las orinas, la
cámara, el sueño y los sudores fuesen como lo
hemos dicho antes, se debe entender que todas estas
cosas son muy raras.
515. Si estas cosas que acabamos de proponer
van juntas en el esputo, es cierta la muerte en el día
noveno o en el undécimo y no llegará al día catorce.
516. De este modo conviene hacer las
conjeturas del esputo, que de suyo es muy mortal, y
no deja llegar al enfermo al día catorce; y
discurriendo sobre las malas y buenas señales que
sobrevienen, por ellas conviene hacer el pronóstico,
porque de esta manera llegará a ser muy verdadero.
517. Otras expulsiones de podre hay que se
hacen, las más veces en veinte días, algunas en
treinta, otras en cuarenta y otras, finalmente, llegan a
los sesenta.
518. Conviene, pues, advertir cuándo comienza
a hacerse la supuración, aplicando el discurso a esto
el primer día que el enfermo tuvo calentura y
reparando cuándo empezó a sentir calofríos, y a
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decir que en la parte ofendida ya no sentía dolor,
sino en su lugar un peso que le agrava, porque éstas
son las cosas que suceden cuando la materia
empieza a hacerse. Así que del tiempo en que estas
cosas sucedieron se debe tomar fundamento para
esperar que ha de romperse el tumor en los tiempos
señalados.
519. Y si el absceso estuviese. en un lado
solamente, entonces conviene que el enfermo mude
de postura, y se ha de notar si tiene, dolor en algún
costado o una parte del pecho la tiene más caliente
que la otra. Además de esto, cuando esté sobre el
lado sano, es menester preguntarle, si es que siente
como que le cae de arriba una cosa pesada encima,
porque si fuese así, se ha de entender que la materia
está en el lado donde se tiene el peso.
520. Todas las supuraciones se conocerán con
estas señales. Ante todas las cosas, conducirá a este
conocimiento el observar si la calentura es continua,
sin dejarle jamás al enfermo, con la circunstancia de
ser ligera y tenue de día y algo más fuerte de noche;
además de esto vienen muy copiosos sudores; los
pacientes tienen gana e incitamiento de toses, mas
no arrancan cosa digna de consideración; los ojos se
les ponen hondos, las mejillas coloradas, las uñas
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corvas, las yemas de los dedos calientes, los pies se
hinchan, el apetito les falta, y les salen postillas por
todo el cuerpo.
521. Las señales que acabamos de proponer
sirven para conocer las supuraciones que duran
largo tiempo y son muy dignas de crédito; pero las
que son recientes y de corta duración, se conocen
advirtiendo alguna cosa de aquellas que acompañan
a los principios de la formación de la materia y
juntamente si el enfermo estuviese mayor dificultad
en la respiración.
522. Si los tumores con podre han de romperse
más pronto o más tarde, conviene conocerlo con
estos indicios. Si el enfermo desde los principios
tuviese dolor y dificultad en la respiración con tos y
perseverase el esputo, es menester esperar, que el
tumor se abrirá el día veinte y aun antes; mas si el
dolor fuese más tolerable y todas las demás cosas
regulares, entonces se alargará la abertura más allá
de los veinte días; bien que antes de salir el podre es
menester que haya dolor, dificultad de respirar y
esputos.
523. Entre estos tales se librarán en especial
aquellos que quedaron sin calentura el mismo día en
que se abrió el tumor; los que, desde luego, tienen
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gana de comer y no tienen sed y el vientre hace
excrementos en poca cantidad y atado y el podre es
blanco, liso y de sólo un color de modo que salga
sin mezcla de pituita, sin dolor y sin tos muy fuerte,
porque así se libran presto y bien, y si no hubiese
todo esto se libran los que más se acercan a estas
señales.
524. Mueren de los que padecen estas cosas
aquellos a quienes no deja la calentura, o dado que
ésta parezca haber faltado, vuelven a encenderse de
nuevo, y además de esto tienen sed; desgana de
comer, cursos y echasen la materia entre verde y
amarilla o amoratada o con pituita o con espuma,
debiéndose advertir que si todas estas cosas
concurren, mueren fijamente; mas si de estas señales
tuviese presentes algunas y faltasen otra, entonces
unos mueren; otro después de largo tiempo se
recobran. Por donde el médico, del conjunto de
todos los indicios, así en estas cosas como en todas
las demás, ha de sacar sus conjeturas.
525. Si a los enfermos que padecen
enfermedades de los pulmones, les salen tumores
cerca de los oídos y se supuran a las partes
inferiores del cuerpo, induciendo allí fístulas, se
libran de la enfermedad.
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526. Mas esto conviene considerarlo de esta manera.
Si la calentura permanece y el dolor no cesa, ni
el esputo se arroja según corresponde ni hay cursos
biliosos que sean líquidos y sin mezcla de ningún
humor ni sale la orina en mucha cantidad ni gruesa
ni con mucho poso y al mismo tiempo se ve que el
enfermo se dispone a curar por otras señales que en
él se observan saludables, entonces conviene
esperar que saldrán los sobredichos abscesos.
527. Se conoce que saldrán los abscesos en las
partes inferiores, cuando los enfermos tuviesen los
hipocondrios con inflamación; por el contrario, si
los hipocondrios estuviesen blandos y sin dolor y el
paciente que antes tenía dificultad en la respiración
sin causa ninguna manifiesta se hallase libre de ella,
es señal que el tumor saldrá en las partes superiores.
528. En conclusión, todos los abscesos que
salen en las piernas en las pulmonías vehementes y
peligrosas, son útiles; mas los mejores de todos son
los que se hacen cuando ya el esputo ha hecho
mudanza, porque si el tumor y el dolor vienen
después que el esputo que antes era amarillo, se
vuelve semejante al podre y se echa fuera,
certísimamente se librará el enfermo, y el absceso
con muchísima brevedad cesará sin dejar dolor; mas
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si el esputo no saliese bien ni en la orina hubiese
poso laudable, hay peligro de que la articulación se
descomponga de modo que induzca a cojera o tendrá
mucho que padecer el enfermo.
529. Y si estos abscesos de repente se ocultan y
retroceden a las partes internas, sin haber esputos y
sin dejar la calentura, es malo, porque hay peligro de
que el enfermo delire y se muera.
530. De las supuraciones que se hacen por
enfermedad de los pulmones, mueren por lo común
los más viejos; mas de las que se hacen en otras
partes, perecen mayormente los más jóvenes.
531. Los dolores de los lomos y de las partes
inferiores del cuerpo con calentura, si subiesen al
septo transverso, dejando los lugares que ocupaban
abajo, son muy fatales; mas entonces conviene
reparar las demás señales que concurren, porque si
alguna de ellas fuese perniciosa, no hay esperanza
de que el enfermo cure; y si estando ya la
enfermedad cerca del diafragma, las otras señales no
fuesen malas, en tal caso se debe en gran manera
temer que el enfermo se vuelva empiemático.
532. Si en los empiemáticos, cuando se abren,
sale la materia pura, blanca, y sin mal olor, es señal
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de librarse; mas si saliese el podre ensangrentado y a
manera de cieno, se mueren.
533. Si la vejiga de la orina está dura y duele, es
cosa muy mala y mortal, y es en sumo grado
perniciosa cuando esto ancla junto con calentura
continua; porque los dolores de esta parte bastan a
quitar la vida, y el vientre en tales casos no echa sino
excremento duro y con gran dificultad.
534. Mas esta enfermedad de la vejiga se quita,
si sale la orina que lleva podre, y juntamente hay en
ella poso blanco y liso.
535. Mas si con la orina no disminuye el dolor,
ni se ablandase la vejiga, perseverando la calentura
continua, se debe temer que el paciente muera en los
primeros períodos de su enfermedad.
536. Este modo de mal en especial acomete a
los muchachos, desde los siete hasta los catorce
años.
537. Las calenturas llegan a su término en el
mismo número de días en que los enfermos se
libran de ellas, o se mueren.
538. Así que las calenturas de buena índole, y
que andan acompañadas de señales segurísimas, en
cuatro días, y aun antes, suelen fenecer; pero las que
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son malignas y van con señas muy malas, quitan la
vida en el espacio de cuatro días, y a veces antes.
539. El primer ímpetu de las calenturas, así fenece,
como acabamos de proponer: el segundo se,
alarga hasta el séptimo, el tercero hasta el undécimo,
el cuarto hasta el catorce, el quinto hasta el
diecisiete, el sexto hasta el veinte; y de este modo los
ímpetus de las enfermedades más agudas, por
adiciones hechas de cuatro en cuatro, llegan a
terminar el día vigésimo.
540. A la verdad, estas numeraciones no piden
hacerse de días enteros con toda exactitud, porque
ni el año, ni los meses se suelen contar con días
cumplidos.
541. Después de este término, procediendo con
las adiciones del mismo modo, el primer período es
de treinta y cuatro días, el segundo de cuarenta y el
tercero se concluye a los sesenta.
542. Mas cuando comienzan las enfermedades
es más difícil conocer las que han de tardar mucho
tiempo en terminarse, porque en los principios
todas ellas se parecen muchísimo. Por esto desde el
primer día es menester poner cuidado, y cada cuatro
que se van añadiendo, considerar lo que sucede, y
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de este modo se les cubrirá el fin que ha de tener la
dolencia.
543. Hasta en la cuartana se guarda este orden, y
constitución de tiempos.
544. Cuando las enfermedades hayan de
terminarse en corto espacio de tiempo, se conoce
con mucha facilidad, puesto que desde los
principios diferencian una de otras entro sí, en gran
manera. Así los que han de sanar tienen la
respiración bueno, no padecen dolor ninguno,
duermen de noche, y todas las demás señas son muy
seguras; por el contrario, los que han de morir,
respiran con dificultad, tienen delirio, desvelo y las
demás señales malísimas.
545. Sucediendo así como hemos dicho las
cosas, se han de hacer las conjeturas en las
enfermedades que van a terminarse, según el
tiempo, y las adiciones propuestas.
546. Del mismo modo suceden a las mujeres las
terminaciones después del parto.
547. El haber dolores de cabeza fuertes y
continuos con calentura, si sobreviene alguna señal
de las mortales, es muy malo. Mas si el dolor de
cabeza pasase de veinte días durando la calentura, y
sin haber otras señales malas, es menester sospechar
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que vendrá, o sangre de narices, o alguna
supuración, en especial si el dolor estuviese junto a
las sienes y la frente.
548. Y es de advertir que la sangre de narices en
tal caso se debe esperar que venga en los enfermos
menores de treinta y cinco años, porque en los que
son viejos se ha de temer la supuración.
549. El dolor de oído agudo con calentura
continua y fuerte, es malo, porque trae peligro de
delirio, y aun de muerte; mas como en esto se puede
padecer equivocación, desde luego es menester
poner cuidado en todas las demás señales que
concurren desde el primer día.
550. Los que mueren de esta enfermedad, si son
jóvenes, les sucede en el día siete, y, a veces, antes; si
son viejos, es mucho más tarde, porque a éstos no
les viene tan fácilmente la calentura y el delirio, y
por esto se les hace supuración en los oídos; y es de
admitir que en esta edad las recaídas que les vienen
quitan la vida a muchos; mas los jóvenes mueren
antes de hacerse materia en los oídos; pero si saliese
de ellos podre blanco y alguna otra señal
acompañase, se puede esperar en los jóvenes el
restablecimiento.
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551. El hacerse llagas en la garganta cuando hay
calentura es indicio de enfermedad trabajosa; y si a
esto se juntase alguna otra señal de aquellas que ya
hemos mostrado ser malas, significa que el enfermo
está en peligro.
552. Los garrotillos, en que nada se descubre del
mal en la garganta ni en el cuello, y, por otra parte,
traen gran dolor y falta de respiración, de modo que
el enfermo no puede alentar sino estando sentado y
con la cabeza levantada, son peligrosísimos y matan
aceleradísimamente, porque a veces, en el primer
día, en el segundo, tercero o cuarto, quitan la vida.
553. Los que vienen con el mismo dolor que los
antecedentes, pero manifiestan elevación, o
rubicundez en la garganta, también son muy
mortales; pero son demás larga duración con tal que
sea grande la rubicundez que se observa.
554. Mas los garrotillos en que a un mismo
tiempo están encendidas con rubicundez la garganta
y el cuello, son más largos, y mayormente se libran
aquéllos en quienes la cerviz y el pecho se ponen
colorados y no se mete dentro del cuerpo la
erisipela.
555. Y si en los días críticos no se desvaneciese
la erisipela, ni el tumor saliese a las partes exteriores,
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ni el enfermo arrojase podre por esputo, y sin
embargo de todo esto pareciese pasarlo con
suavidad y sin dolor, es señal de morirse o de
mudarse la rubicundez.
556. Lo más seguro en tales casos es que el
tumor y rubicundez salgan en grande manera a la
parte de afuera; pero si se van a los pulmones
causarán delirio, y la mayor parte de aquellos a
quien esto sucede hacen empiemáticos.
557. El cortar o sajar la campanilla es cosa que
trae peligro cuando está abultada y encendida,
porque se hace allí inflamación y se siguen flujos de
sangre. Así que conviene entonces adelgazarla con
otros socorros. Mas cuando se hubiese quitado de
ella lo que llaman uval y la punta de la campanilla se
hubiese hecho mayor y redonda y la base o parte
superior estuviese más tenue, entonces ya es seguro
hacer operación manual; bien que será mejor
ejecutarlo evacuando antes el vientre, si el tiempo
diese lugar y el enfermo no se estuviese sofocando.
558. Los enfermos que les falta la calentura, sin
anteceder las competentes señas de terminación, o
en los días que no sean críticos, es de temer vuelvan
a recaer en la enfermedad.
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559. En las calenturas que se alargan mucho,
estando los enfermos con señas saludables y sin
tener dolor alguno que nazca de inflamación, o de
otra cualquiera causa manifiesta, se hacen abscesos
con tumor y dolor en las coyunturas, en especial en
las que están en las partes inferiores del cuerpo.
560. Los abscesos que acabamos de proponer,
se hacen con mayor facilidad y en más breve tiempo
en los jóvenes menores de treinta años.
561. Y si la calentura pasase de los veinte días, al
punto se ha de poner la consideración en la salida
de semejantes abscesos.
562. Débese advertir que esta suerte de abscesos
se observan menos en los viejos, aunque la
calentura sea más larga.
563. Débese también advertir que se ha de
esperar que salgan tales abscesos cuando la
calentura sea continua, porque si se hiciese
intermitente y errática, es decir, sin orden ni tiempo
fijo en los crecimientos y estuviese cerca el otoño,
entonces vendrá a parar en cuartanas.
564. Al modo que los abscesos suelen hacerse
en los menores de treinta años, así las cuartanas
mayormente suceden a los que ya han cumplido esa
edad y a los que son aún más viejos.
H I P Ó C R A T E S
100
565. En conclusión, conviene saber que el
invierno es el tiempo en que más se hacen los
abscesos, tardan más en quitarse y retroceden
menos.
566. Si un enfermo en una calentura que de suyo
no sea mortal, dijese que le duele la cabeza, y que se
le pone como cierta obscuridad delante de los ojos y
que siente irritación como si le mordiesen en la boca
del estómago, es señal que tendrá vómito de,
cóleras; y si a todo esto se le añadiese venirle
calofríos, y tuviese frías las partes que están debajo
de los hipocondrios, significa que el vómito está
cercano; y si entonces bebiese o comiese algo,
vomitará al momento,
567. En los enfermos que tienen el dolor de
cabeza de que hemos hablado antes, se ha de notar
que sí el dolor empieza el primer día, en el cuarto
padecen muchísimo, y también en el quinto; pero
quedan libres en el séptimo. Muchos de éstos
empiezan a tener el dolor en el día tercero, y son
muy molestados de él en el quinto, y se libran en el
noveno o en el undécimo; pero si el dolor comienza
en el día quinto, y las demás cosas les sucediese
según el orden antecedente, se terminará la
enfermedad en el día catorce.
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101
568. Mas todas estas cosas acontecen a las
mujeres, y también a los varones en especial en las
tercianas. A los que son más jóvenes también les
sucede en estas calenturas; pero mucho más en las
que son muy continuas, y en las tercianas exquisitas.
569. Y si en semejantes calenturas que vienen
con el dolor de cabeza que hemos dicho, en lugar de
ponerse obscuridad delante de los ojos, se pusiesen
éstos embotados o se les presentasen delante como
ciertos esplendores, y en lugar del mordimiento de
la boca del estómago se observase en los
hipocondrios alguna tirantez, ya fuese en la parte
derecha, ya en la siniestra, entonces en lugar de
vómito se ha de esperar sangre de narices; con la
advertencia que esto principalmente se ha de creer
que suceda en los jóvenes; mas en los que, ya
tuviesen treinta años o más de edad, no vendrá
tanto la sangre de narices, antes bien son de esperar
en ellos los vómitos.
570. A los muchachos les vienen convulsiones
cuando, siendo la calentura aguda, el vientre no
purga y están desvelados, tienen espantos y lloran y
se les muda el color, y se les hace pálido con mezcla
de verde, o amoratado o encendido. Estas cosas
suceden prontísima mente a los niños, desde que
H I P Ó C R A T E S
102
nacen hasta los siete años. Los que ya son más
crecidos y los que están en la edad varonil no tienen
convulsiones en las calenturas, salvo si se les
agregase alguna de las señales vehementísimas y
muy malas, como sucede en los frenéticos.
571. Así los niños, como los demás que hayan
de morir o sanar de las enfermedades, es menester
conocerlo por todas las señas, en el modo que en
cada una de las dolencias las hemos puesto cada una
de por sí con especificación.
572. Y esto que digo ha de entenderse de las
enfermedades agudas y de los males que nacen de
ellas.
573. Así que conviene que el que ha de
pronosticar la salud o muerte en los enfermos y
prevenir cuándo la enfermedad ha de durar muchos
o pocos días, después de haber aprendido las
señales y combinado con el raciocinio la fuerza de
cada una de ellas, las separe, como queda escrito,
entre sí, como las orinas, los esputos y las demás,
como cuando juntamente el enfermo echa podre y
cólera.
574. Conviene también contemplar siempre la
fuerza de las enfermedades que son epidémicas, y
descubrir cuál sea la constitución del tiempo.
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103
575. Es asimismo importante tener buen
conocimiento de las señales que dan conjeturas
ciertas, y de las demás también; y sobre todo se ha
de tener presente que en todos los años y en todos
los tiempos, cualesquiera que ellos sean, las malas
señales significan cosas peligrosas, y las buenas
muestran cosas favorables.
576. Y debe tenerse por cierto que las señales
que hemos propuesto son ciertas en los enfermos
de la Libia, de Delos y de la Seitia.
677. Conviene, pues, entender que en
semejantes regiones no es difícil alcance la mayor
parte de las señales, el que entendiéndolas, sepa
juzgar y razonar con acierto.
578. Ni hay que desear enfermedad alguna
conocida por su propio nombre de quien aquí no
hayamos escrito; porque cualesquiera que sean, que
hagan crisis en los tiempos sobredichos, se podrán
conocer con las señales propuestas.
H I P Ó C R A T E S
104
CASOS CLINICOS
Tomados del Tratado de las Epidemias
ENFERMO PRIMERO
Filisco, que vivía junto a la muralla, se puso en
cama. El primer día tuvo calentura aguda, sudó en
ella, y la noche fue trabajosa. El día segundo
crecieron estos males; pero por la tarde, después de
una lavativa que recibió, lo pasó bien, y la noche
fue quieta. El día tercero por la mañana, y hasta el
mediodía, parecía estar sin calentura; pero después
del mediodía tuvo calentura aguda con sudor y sed,
la lengua se puso seca, echó la orina negra, la noche
fue molesta, no durmió, deliró mucho. El día cuarto
todos estos males se aumentaron, echó las orinas
negras, la noche fue más apacible, y en ella las
orinas salieron de mejor color. El día quinto, cerca
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105
del mediodía, echó por las narices unas gotitas de
sangre pura: en ese día fueron las orinas varias, y en
ellas había como una nubecilla poco unida, que no
estaba en el fondo, sino en la parte superior, y era
semejante al esperma. Habiéndosele echado una
cala, arrojó poco excremento con flato; la noche fue
trabajosa, los sueños cortos: hablaba, deliraba, y las
extremidades por todas partes las tenia frías, que
nunca podían volver en calor; hizo la orina negra,
durmió un poquito, y al hacerse de día perdió el
habla, cubrióse de sudor frío, los extremos del
cuerpo se pusieron amoratados. El día sexto, cerca
del mediodía, murió. Este enfermo desde el
principio tuvo dificultad de respirar, de modo que
su respiración era rara, y grande, y como de quien
solloza; el bazo le tenía levantado, formando una
elevación redonda, y los sudores fueron fríos hasta
el fin. Los crecimientos los tuvo en los días pares.
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106
ENFERMO SEGUNDO
Sileno, que vivía cerca de Platamon, junto a las
casas de Evalcides, después de grandes trabajos,
desórdenes en beber y ejercicios inmoderados, fue
acometido de una vehementísima calentura: sintió a
los principios incomodidad hacia los lomos, y
juntamente peso en la cabeza, con dolor tirante en la
cerviz. El día primero echó por el vientre muchos
humores coléricos, sin mezcla ninguna, espumosos,
y muy encendidos: las orinas fueron negras, y la
nubecilla y ellas también lo era. Tenía mucha sed,
con lengua seca, y en la noche no durmió nada. El
día segundo la calentura era aguda, los cursos
muchos, y el humor que en ellos arrojaba, tenue y
espumoso: las orinas negras, la noche inquieta y
pesada, con un poco de delirio. Al día tercero se
agravaron todas estas cosas, y los hipocondrios,
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
107
hacia el ombligo, se pusieron tirantes, aunque con
blandura; los cursos eran de humor tenue que tiraba
a negro; las orinas turbias y negras; la noche la pasó
sin dormir; habló mucho con grandes risas y
canciones, de modo que no podía contenerse. En el
día cuarto continuaron así todas estas cosas. En el
quinto echó por el vientre humores biliosos, sin
mezcla de otros, tenues y pingues; las orinas fueron
delgadas y transparentes, y volvió un poco sobre sí.
En el día sexto tuvo un poco de sudor de la cabeza;
las extremidades del cuerpo se le pusieron frías y
amoratadas; estuvo sumamente inquieto, y en todo
el día no hizo curso ninguno, y la orina se detuvo, la
calentura era aguda. El día séptimo se le quitó el
habla; las extremidades del cuerpo no podían volver
en calor y no echó orina ninguna. El día octavo
tuvo sudor frío por todo el cuerpo, y al cutis le salieron
postillas rojas, redondas, pequeñas,
semejantes a los barros, las cuales permanecían y no
hacían elevación: ese día el vientre estuvo un poco
conmovido, y por él salieron muchos excrementos
tenues que parecían crudos y con gran trabajo: la
orina era picante, con dolor; las extremidades del
cuerpo volvieron un poco en calor; dormía poco, y
más era sopor que sueño; faltóle la voz, y las orinas
H I P Ó C R A T E S
108
eran delgadas y transparentes. En el día noveno no
hubo novedad. En el décimo no podía beber, tenía
modorra, los sueños eran cortos, por el vientre echó
lo mismo que antes; ese día echó mucha orina, y
crasa, y el poso que en ella había era blanco y
semejante a los pedacillos de la cebada tostada y mal
molida; las extremidades se volvieron a poner frías.
El día once murió. Tuvo este enfermo, desde el
principio hasta el fin, la respiración grande y rara y
una palpitación continua en los hipocondrios: era
de edad de veinte años.
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109
ENFERMO TERCERO
Herophonte fue acometido de calentura aguda;
luego a los principios echaba por el vientre poco
humor y con pujo; después ya arrojaba humores
tenues, coléricos y en bastante abundancia; no podía
dormir nada, y las orinas eran negras y delgadas. El
día quinto por la mañana se hizo sordo y se
exasperaron todos los males que acompañaban la
enfermedad, el bazo se elevó con entumecimiento y
los hipocondrios se pusieron tirantes; lo que
arrojaba por el vientre era poco y negro y tuvo algo
de delirio. El día sexto continuaba en delirar, por la
noche le vino sudor, tuvo frío y el delirio perseveraba.
El día siete se le pusieron frías las extremidades
del cuerpo, tuvo sed, delirio; pero en la noche
volvió en sí y durmió. El día octavo continuó la
calentura, el bazo disminuía y volvió enteramente en
H I P Ó C R A T E S
110
su juicio y sintió un dolor a la ingle; y habiéndole
salido primero un tumor en ella en la parte que
directamente corresponde al bazo, después se le
puso un dolor en las dos piernas; la noche que
siguió a todo esto fue tolerable; las orinas se
pusieron de mejor color y había en ellas un poco de
poso blanco. El día nueve sudó y quedó libre de la
enfermedad. Estuvo algún tiempo sin ella y después
de cinco días le volvió y el bazo volvió a
entumecerse; la calentura era aguda y hubo también
sordera. El día tercero después de la recaída
disminuyó el tumor del bazo, la sordera empezó a
ser menos, volvió el dolor a las piernas y sudó por
la noche. El día diecisiete quedó del todo libre; y es
de advertir, que en la recaída no deliró.
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111
ENFERMO CUARTO
En Thaso, la mujer de Filino, después de haber
parido una hija y de haber purgado, según el
instituto de la naturaleza, y pasándolo bien todo lo
demás, el día catorce después del parto fue
acometida de una calentura fuerte con rigor. En los
principios tenía dolor en la boca del estómago y en
los hipocondrios, en especial hacia la parte derecha;
sintió también dolores en las partes de la
generación, y la purgación la cesó del todo.
Habiéndosele aplicado un pesario se alivió de todas
estas cosas; pero permanecía el dolor de cabeza, el
del cuello y el de los lomos. Entonces no podía
dormir, las extremidades del cuerpo estaban frías,
tenía mucha sed, los humores que echaba por el
vientre eran en poca cantidad y ardientes; las orinas
salían delgadas, y hacia los principios no tenía color.
H I P Ó C R A T E S
112
El día sexto por la noche deliró mucho; pero
después volvió en sí. El día séptimo padeció grande
sed, hizo cursos coléricos muy encendidos. En el
día octavo, después de haberla acometido el frío
con temblor de todo el cuerpo, tuvo calentura aguda
y muchas convulsiones con bastante trabajo; deliró
mucho, y habiéndosele aplicado una cala, se levantó
muchas veces e hizo mucho humor bilioso, en este
tiempo no podía dormir. En el día nuevo duraron
las convulsiones; en el décimo estuvo un poco en sí;
en el onceno durmió, se acordaba de todas las cosa,
pero poco después volvió a delirar. Mientras tenía
las convulsiones echó mucha orina, sin que se lo
advirtiesen los cricunstantes y era gruesa blanca, al
modo de las orinas que tienen poso, y que
guardándose mucho tiempo en el orinal se turban, y
con la detención no hacían poso en el fondo; antes
era todo el cuerpo de ellas como la de los animales.
Estas condiciones tenían las orinas, que yo llegué a
ver. El día decimocuarto tuvo latidos por todo el
cuerpo, hablaba mucho, volvía un poco en sí y
luego volvía a delirar. El día diecisiete se le quitó la
voz y el día veinte murió.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
113
ENFERMO QUINTO
La mujer de Epicrato, que vivía junto a
Archigete, estando ya cercana al parto, tuvo un gran
temblor y frío de todo el cuerpo; mas no le entró
calentura como se decía. El día siguiente la repitió
esto mismo. El día tercero parió una hija, y todas
aquellas cosas que acompañan al parto la acudieron
con buen orden. Al día siguiente después de haber
parido la entró calentura aguda con dolor en la boca
del estómago y en las partes de la generación, las
cuales cosas con una cala que se la puso se aliviaron;
mas entonces le vino dolor de cabeza, cerviz y de
los lomos; no podía dormir, tenía cursos y echaba
poco humor y era bilioso, tenue y sin mezcla de
otros; las orinas eran delgadas y tiraban a negras. El
día que se contaba sexto desde que le comenzó la
calentura deliró por la noche. En el séptimo
H I P Ó C R A T E S
114
tomaron aumento todos los males que la
acompañaban; y además de eso estuvo desvelada
con delirio y mucha sed, y lo que arrojaba por el
vientre era un humor muy colérico y encendido. En
el día ocho volvió a tener temblor y frío de todo el
cuerpo y durmió un poco. En el nueve se mantenían
todos los mismos males. En el décimo tuvo un
dolor fuerte en las piernas y, al mismo tiempo, en la
boca del estómago, con pesadez en la cabeza; mas
no deliró, durmió algo mejor y la evacuación del
vientre se detuvo. El día once echó las orinas de
mejor color y tenía mucho poso al fondo de ellas, y
lo pasó un poco mejor. E1 catorce le acometió
nuevo rigor y tras de él calentura aguda. El quince
vomitó cóleras amarillas y la repitió el vómito con
alguna frecuencia, sudó también y quedó sin
calentura; pero en la noche tuvo otra vez calentura
aguda, echó las orinas gruesas, y el poso que tenía al
fondo era blanco. En el diecisiete crecieron un poco
estos males y la noche fue molesta, no durmió, antes
bien tuvo delirio. En el dieciocho tuvo mucha sed,
la lengua muy tostada, no durmió, deliró mucho y
tuvo gran dolor en las piernas. El día veinte por la
mañana tuvo un poco de frío y temblor de todo el
cuerpo; púsose azorrada, el sueño era con quietud;
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
115
otra vez vomitó un poco de cólera negra y aquella
noche se puso sorda. A la entrada del veintiuno
sintió dolor por todo el costado izquierdo y como
un peso, a lo cual acompañaba un poco de tos, y
entonces las orinas salieron gruesas, turbias y algo
rosas, las cuales, pasado algún tiempo, no hicieron
poso. En lo demás tuvo alivio, aunque no estaba
libre de la calentura. Es de advertir que esta mujer
desde los principios de la enfermedad tuvo dolor y
rubicundez en las fauces, la campanilla se le
encogió; la flusión que acudía a aquellas partes, era
acre, mordaz y salada; y así se mantuvo hasta el fin
de la dolencia. El día veintisiete estaba sin calentura,
echó la orina con buen poso, dolióle un poco el
lado. Hacia el día treinta y cuatro le volvió la
calentura e hizo cursos biliosos. El día cuarenta
vomitó unas pocas cóleras. El día ochenta quedó sin
calentura, y del todo buena.
H I P Ó C R A T E S
116
ENFERMO SEXTO
Cleonacti, que estaba enfermo sobre el Templo de
Hércules, fue acometido de una calentura errante, y
luego a los principios tuvo dolor de cabeza y del
costado izquierdo, y junto con esto sentía en todo el
cuerpo una molestia, como de quien está fatigado de
un gran trabajo. Los crecimientos de la calentura
entraban sin guardar orden, y unas veces tenía
sudor, otras no sudaba. En los días críticos entraban
por lo común los crecimientos con más fuerza. El
día veinticuatro de la enfermedad se lo enfriaron las
extremidades de las manos y vomitó bastantes veces
cóleras amarillas, y de allí a poco verdes, y quedó de
todo muy aliviado. Cerca del día treinta empezó a
echar sangre por los dos caños de las narices, y esto
le volvió a suceder, aunque en poca cantidad y sin
orden fijo, hasta la crisis; mas entonces, ni aborrecía
la comida, ni nunca tuvo sed, ni desvelo; las orinas
eran delgadas, pero tenían color. Cerca del día
cuarenta, echó las orinas rojas y el poso de ellas era
también rojo y en cantidad: experimentó alivio. De
allí en adelante hubo, variedad en las orinas, porque
unas veces tenían aquel poso, que suelo haber en el
fondo de ellas, y otras no. El día sesenta ya se vio en
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
117
las orinas mucho poso en el fondo y era blanco, y
en toda su superficie igual y uniforme; todos los
males disminuyeron entonces y la calentura se hizo
intermitente; mas las orinas salieron delgadas
aunque de buen color. El día sesenta quedó
enteramente libre de la calentura y estuvo sin ella
diez días. El ochenta volvióle la calentura con
vehemencia, después de un temblor y frío en todo el
cuerpo, sudó mucho, hizo orinas con poso rojo, e
igual en su superficie, y con esto quedó del todo
libre de la enfermedad.
H I P Ó C R A T E S
118
ENFERMO SÉPTIMO
A Meton lo acometió una grande calentura con
peso y dolor en los lomos. El día segundo,
habiendo bebido mucha agua, tuvo el vientre suelto
con provecho. En el tercero tuvo peso en la cabeza;
los cursos fueron de humores delgados, coléricos y
algo rojos. En el cuarto se agravaron todos los
males, y por dos veces le salió un poco de sangre
por el caño derecho de la nariz; la noche fue
trabajosa, los cursos de la misma calidad que en el
día antecedente; las orinas eran casi negras, y en el
medio del licor, como nadando en él, había una
nubecilla, que tiraba también a negra, esparcida y
que no bajaba a buscar el fondo. El día quinto le
salió gran copia de sangre pura por el lado izquierdo
de la nariz, sudó después y quedó libre de la
enfermedad. Estando ya fuera de ella, no podía
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
119
dormir, deliraba y echaba las orinas delgadas y casi
negras. Diósele un baño en la cabeza y durmió y
volvió en sí. A este enfermo no lo repitió la
enfermedad pero le sucedió que después de la crisis
echó con frecuencia sangre por las narices.
H I P Ó C R A T E S
120
ENFERMO OCTAVO
Erasino, que vivía junto a la corriente de Boota,
después de haber cenado se halló acometido de una
fuerte calentura y tuvo aquella noche muy
turbulenta. El día primero lo pasó bien; la noche
que siguió fue trabajosa. El día siguiente creció
mucho el mal; en la noche que lo correspondía
deliró. En el tercero lo pasó con trabajo, deliró
mucho. En el cuarto estaba muy caído de fuerzas, y
en la noche no durmió nada; tuvo sueños
perturbados con delirio, y después se hicieron los
males de peor condición, grandes y peligrosos; tenía
temor, y las fuerzas no alcanzaban a llevar el peso
de la dolencia. El día quinto por la mañana estaba
más recobrado y estuvo sobre sí en todo; pero al
medio día volvió otra vez a delirar mucho, y no se
podía contener; las extremidades del cuerpo estaban
frías y amoratadas; las orinas crudas. Este mismo
día, al ponerse el sol, murió. Tuvo sudores este
enfermo desde el principio hasta el fin de la
calentura, los hipocondrios elevados y tirantes con
dolor. Las orinas fueron negras, y siempre tuvieron
una como nubecilla, redondeada en el medio del
licor, nunca en el fondo; el vientre echó siempre
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
121
excremento; tuvo una sed continua, aunque no muy
grande, y estando cercano ya a la muerte, tuvo
también muchas convulsiones con sudor.
H I P Ó C R A T E S
122
ENFERMO NOVENO
En Thaso le sucedió a Criton que, sin hacer
cama y andando, empezó a sentir un dolor
vehemente en el dedo gordo del pie. El mismo día
se puso en cama y tuvo escalofríos con fatiga en el
estómago y le entró un poco de calor, y aquella
noche deliró. El día siguiente apareció un tumor por
todo el pie y hacia el talón, de color rojo y con
tirantez; había en él postillas pequeñas y negras; la
calentura era aguda y el delirio furioso. Por el
vientre echó humores coléricos, sin mezcla ninguna,
en mucha cantidad; al día segundo, después que
cayó enfermo, murió.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
123
ENFERMO DÉCIMO
Clazomenio, que vivía junto al pozo de
Phrinichida, fue acometido de una calentura
fortísima. A los principios tuvo dolor en la cabeza,
en la cerviz y en los lomos. Muy presto se hizo
sordo y no podía dormir; la calentura era aguda; los
hipocondrios se elevaron con entumecimiento,
aunque no estando muy tirantes; la lengua se puso
seca. El día cuarto por la noche lo vino delirio; en el
quinto se le acrecentaron todos los males; el onceno
aflojaron un poco. El vientre desde un principio de
la enfermedad hasta el día catorce, anduvo suelto,
echando muchos humores delgados, como si fuesen
agua, y esto era sin darse por sentidas las fuerzas;
mas después se cerró enteramente: las orinas
durante toda la enfermedad fueron delgadas, aunque
de buen color, y había en ellos una como nubecilla
H I P Ó C R A T E S
124
bastante grande, algo esparcida, y que no bajaba al
fondo. Hacía el día dieciséis fueron las orinas un
poco más gruesas, y había en ellas algo de poso, y se
alivió el enfermo, y volvió en sí. Pero en el diecisiete
ya volvieron a salir delgadas, ese día le salieron dos
tumores junto a los oídos con dolor, y al mismo
tiempo no podía dormir, y deliraba, le dolían las
piernas. El vientre hizo crisis, y quedó libre de la
calentura sin sudar, y se le quitó del todo el delirio.
Cerca del veintisiete se le puso un dolor fuerte en la
rabadilla, y le duró poco; mas los tumores de los
oídos, ni se deshacían, ni supuraban, bien que
causaban dolor. Hacia el treinta y uno se le movió el
vientre con muchos cursos aguanosos, como de
disentería; las orinas salieron gruesas, y los tumores
de los oídos se desvanecieron. Cerca del día
cuarenta se le puso un dolor en el ojo derecho, la
vista se le turbó un poco, recobróse enteramente.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
125
ENFERMO UNDÉCIMO
A la mujer de Dromeado, que había parido una
hija con gran felicidad en todo, el día siguiente del
parto le dio un temblor de todo el cuerpo con frío,
al que luego siguió calentura aguda. Empezó desde
el principio a sentir molestia en el hipocondrio, con
aflicción en el estómago, con calofríos e inquietud
grande. En los días inmediatos no pudo dormir.
Tenía la respiración rara, grande y repentinamente
retraída. El día después que tuvo el temblor y frío
hizo bien el excremento del vientre y las orinas eran
gruesas, blancas, turbias, al modo de las que,
dejándolas algún tiempo reposar, se turban, y no
hacían poso. En la noche no durmió nada. El día
tercero, hacia el medio día, tuvo de nuevo frío con
temblor de todo el cuerpo y calentura aguda, las
orinas como en el antecedente; dolor en el
H I P Ó C R A T E S
126
hipocondrio, ansia en el estómago; pasó la noche
con caimiento de fuerzas y sin dormir: tuvo sudor
frío por todo el cuerpo, aunque en breve volvió en
calor. En el cuarto tuvo algún alivio en cuanto a la
molestia del hipocondrio; pero sintió peso y dolor
en la cabeza: púsose azorrada, y echó unas gotas de
sangre de las narices: la lengua estaba muy seca y la
sed era grande, las orinas delgadas y parecidas al
aceite; durmió un poco. El día quinto tenía mucha
sed y grande fatiga en el estómago; las orinas eran
como el día de antes: nada hizo del vientre, y hacia
el medio día deliró mucho: luego volvió un poco en
sí, despejóse algo y luego volvió a azorrarse; púsose
un poco fría y durmió en la noche y tuvo también
delirio. En el día sexto repitió el frío con temblor de
todo el cuerpo, y tuvo un sudor general por todo él:
las extremidades estaban frías, deliró, la respiración
era rara y grande. De allí a poco le empezaron unas
convulsiones desde la cabeza, y aceleradamente
murió.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
127
ENFERMO DUODÉCIMO
Un hombre, estando acalorado, cenó y bebió
con exceso, y aquella noche, después de haberlo
vomitado todo, fue acometido de calentura aguda,
con dolor en el hipocondrio derecho. Ocupaba la
inflamación el vacío que hay desde la última costilla
hasta el hueco de los ijares. En la noche estuvo muy
inquieto: las orinas a los principios salieron gruesas,
rojas, y dejándolas por algún tiempo descansar, no
hacían poso: la lengua estaba muy seca y no tenía
mucha sed. El día cuarto la calentura era aguda, y le
dolía todo el cuerpo. En el quinto hizo mucha orina
liviana y parecida al aceite: continuaba la calentura
aguda. En el sexto por la tarde deliró mucho, y en
aquella noche no durmió nada. El día séptimo
crecieron todos estos males: las orinas eran como
antes; estaba continuamente hablando, y no le poH
I P Ó C R A T E S
128
dían contener, y por el vientre echaba con irritación
humores líquidos, turbios, con mezcla de lombrices,
y la noche en los trabajos fue semejante a la
antecedente. Por la mañana tuvo frío y temblor de
todo el cuerpo, y luego prosiguió la calentura aguda:
vínole un sudor caliente, y quedó tal, que parecía no
haber calentura. Durmió un poco y después del
sueño se puso frío, y escupía a menudo, y por la
tarde deliró mucho. Luego vomitó unas pocas
cóleras negras. El día nueve estuvo frío; el delirio
fue grande, y no durmió nada. En el décimo le
dolieron las piernas y se aumentaron todos los
males y deliró mucho. En el once murió.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
129
ENFERMO DÉCIMOTERCERO
La mujer que vivía en la Playa, estando preñada
de tres meses, fue acometida de una vehemente
calentura, y luego a los principios tuvo dolor a los
lomos. El día tercero se le puso un dolor en la
cerviz, en la cabeza, junto a las asilas, y en la mano
derecha, y muy aceleradamente la lengua quedó sin
acción para hablar. La mano derecha perdió la
fuerza para el movimiento, con retraimiento o
espasmo de ella, y estaba del mismo modo que suele
suceder en las perlesías: deliró mucho y en la noche
estuvo muy inquieta, y no pudo dormir: revolviósele
el vientre y echó un poco de humor colérico, sin
mezcla de otros. El día cuarto quedó enteramente
privada de la lengua: los espasmos mismos de antes
permanecían, como también los dolores de las
partes ya dichas; los hipocondrios se entumecieron
H I P Ó C R A T E S
130
con dolor; no durmió nada, deliró mucho; el vientre
estaba revuelto, las orinas eran delgadas, y no tenían
buen color. En el quinto, la calentura era aguda,
continuaba el dolor de los hipocondrios, tuvo
mucho delirio, y los humores que echaba por el
vientre eran coléricos. En la noche le vino un sudor,
y quedó sin calentura. El día sexto volvió en sí,
alivióse de todo; sólo quedaba el dolor junto a la
asila izquierda; tenía sed, las orinas delgadas y no
durmió. El día séptimo le vino temblor, pusóse algo
azorrada, y tuvo un poco de delirio; el dolor de la
asila y el brazo izquierdo perseveraban: en todo lo
demás estaba con alivio, y enteramente se puso
sobre sí. Tres días estuvo sin calentura; pero en el
día once le volvió, porque después de un frío con
temblor en todo el cuerpo, le entró calentura
fortísima. En el catorce, tuvo frecuentes vómitos de
cóleras amarillas, sudó, y quedó sin calentura, y del
todo libre de la enfermedad.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
131
ENFERMO DÉCIMOCUARTO
Melidia, que vivía junto al templo de Juno,
empezó a sentir un dolor fuerte en la cabeza, en la
cerviz y en el pecho, y luego fue acometida de
calentura aguda. Vínole la evacuación menstrual en
poca cantidad, y no le dejaban los dolores de las
partes propuestas. El día sexto la entró un sopor
grande, sentía congoja en el estómago, y estaba
calofriada: pusiéronseles las mejillas coloradas, y
deliró un poco. En el séptimo sudó, cesó la
calentura, los dolores perseveraban, volvió la
calentura de nuevo, y durmió un poco. Las orinas
por toda la enfermedad salieron de buen color,
aunque delgadas: los cursos de humores tenues,
coléricos, picantes en muy poca cantidad, negros y
de muy mal olor. En las orinas se vio poso blanco, e
H I P Ó C R A T E S
132
igual en sus partes, sudó, y en el día undécimo
quedó enteramente libre de la dolencia.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
133
ENFERMO DÉCIMOQUINTO
Pithion, que vivía junto al templo de la Tierra,
empezó a sentir un temblor en las manos. El primer
día tuvo calentura aguda y un poco de delirio. El día
siguiente tomaron aumento estos males. En el
tercero perseveraron del mismo modo. En el cuarto
echó por el vientre unos pocos humores coléricos,
sin mezcla de otros. El día quinto se agravaron
todos estos males; los sueños fueron ligeros, el
vientre se detuvo. En el sexto tuvo esputos, varios
algo rojos. El día séptimo se le torció la boca. En el
octavo se agravaron todos los accidentes y los
temblores todavía duraban. Las orinas desde que
comenzó la enfermedad hasta el día ocho fueron
delgadas, sin color, y tenían en el medio un poso
como una nubecilla. El día décimo sudó; los esputos
ya eran más cocidos, y quedó libre de la
H I P Ó C R A T E S
134
enfermedad. Las orinas en tiempo de la crisis
salieron algo delgadas. Después de quitada la
dolencia, se le hizo en el perineo un tumor, que a los
cuarenta días vino a supuración, y al fin indujo
ardor y pujo de orina.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
135
ENFERMO DÉCIMOSEXTO
Hermócrates, que vivía junto a la muralla nueva,
fue acometido de una calentura vehementísima:
empezó luego a dolerle la cabeza y los lomos; tenía
tirantez de los hipocondrios hacia los vacíos; la
lengua se puso a los principios tostada y
aceleradamente se hizo sordo; no podía dormir, mas
no tenía grande sed: las orinas que echaba eran
gruesas, rojas y dejándolas descansar no hacían
poso: por el vientre echó no pocos humores muy
tostados. El día quinto echó las orinas delgadas con
nubecilla en medio del licor; no hacían poso: por la
noche deliró. En el sexto se llenó de ictericia; todos
los males se acrecentaron, no estaba en sí. El
séptimo estuvo muy caído; las orinas eran delgadas
como las antecedentes. Así lo pasó en los días
siguientes. En el undécimo dio indicios de estar
H I P Ó C R A T E S
136
aliviado; pero ese día le vino sopor, y las orinas
salieron más gruesas, algo rojas, y en el fondo eran
delgadas; no hacían poso, volvió un poco en sí. El
día catorce estuvo sin calentura, no sudó, durmió,
no tenía nada de delirio; las orinas como antes. En
el diecisiete le volvió la enfermedad, encendióse un
poco, después tuvo calentura aguda y las orinas
salieron delgadas. Otra vez en el día veinte quedó
libre de la calentura; no sudó, en todo ese tiempo
aborrecía la comida, estaba en sí, no podía hablar; la
lengua estaba muy seca y no tenía sed; durmió un
poco con azoramiento. Cerca del día veinticuatro
volvió otra vez a encenderse un poco: por el vientre
echó humores muy líquidos tenues en mucha
cantidad. Los días siguientes se hizo aguda la
calentura; la lengua se puso muy seca. El día
veintisiete murió. Tuvo este enfermo la sordera toda
la enfermedad. Las orinas siempre fueron o crasas y
rojas sin hacer poso, o tenues y sin color, con la
nubecilla en medio, y nunca pudo comer.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
137
ENFERMO DECIMOSÉPTIMO
A un hombre que vivía en el Huerto de Dealces,
padeciendo largo tiempo peso en la cabeza y dolor
en la sien derecha, con poco motivo le entró
calentura aguda, y se puso en cama. El día siguiente
le salió del caño izquierdo de la nariz un poco de
sangre pura; del vientre echó excremento bueno, las
orinas eran delgadas y de varias substancias, y hacía
en ellas una especie de nubecillas pequeñas de
partes desiguales y semejantes a la semilla del varón.
En el tercero tuvo calentura aguda; los cursos salían
negros, de humores delgados y espumosos y el poso
que hacían era amoratado. Estaba azorado, y si se
levantaba se sentía muy caído; el poso de las orinas
también era amoratado y algo pegajoso. El día
cuarto vomitó en poca cantidad humores coléricos y
amarillos; y habiendo sosegado un poco, los echó
H I P Ó C R A T E S
138
verdes. Salióle por el caño izquierdo de la nariz un
poco de sangre pura; los cursos y las orinas eran
como antes: tuvo un poco de sudor cerca de la
cabeza y de las axilas, el brazo se le entumeció y el
muslo izquierdo le hizo dolor, el hipocondrio
derecho se puso tirante hacia los vacíos; en la noche
no durmió y deliró un poco. En el quinto fueron
muchos los cursos de humores negros y espumosos
y el poso que hacían era negro; en la noche no
durmió nada, y deliró. El día sexto echaba por el
vientre humores negros, espesos, pegajosos y
fétidos; durmió y estuvo en sí más que antes. En el
séptimo la lengua estaba muy seca, la sed era mucha;
no durmió, tuvo delirio, las orinas eran delgadas y
sin color. El día octavo hizo poco humor en los
cursos, pero negro y denso; durmió, volvió en sí, no
tenía mucha sed. En el noveno tuvo frío y temblor
de todo el cuerpo, calentura aguda; vínole sudor y
tuvo frialdad y también delirio; e1 ojo derecho se le
pervirtió en figura de quien guiña: la lengua se le
puso muy seca, la sed era mucha y el desvelo
grande. El día décimo no tuvo novedad, porque se
halló con lo misma que hemos dicho. En el
undécimo volvió en sí totalmente; limpióse de
calentura, sudó, y cerca de la terminación, las orinas
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
139
eran tenues. Dos días estuvo libre de la calentura;
volvióle en el decimocuarto, y aquella noche ya no
durmió y deliró mucho. El día decimoquinto hizo la
orina turbia, ni más ni menos que aquella que,
después de haber reposado, la revuelven. La
calentura era aguda, deliró mucho, no durmió nada,
pusósele un dolor en las rodillas y piernas:
habiéndosele aplicado una cala, echó del vientre
excremento negro. El decimosexto eran las orinas
delgadas, y en medio de ellas había una como
nubecilla suspendida en el licor; tuvo delirio. En el
decimoséptimo por la mañana se le enfriaron los
extremos; cubrióse de ropa y tuvo calentura aguda:
vínole sudor de todo el cuerpo y quedó aliviado.
Con esto estaba un poco más sobre sí, pero no
limpio de calentura; tenía bastante sed, y echó por
vómito unas pocas cóleras amarillas; por el vientre
hizo excremento, y luego después de humores
negros en poca cantidad y delgados; las orinas eran
tenues, mas no de buen color. El día décimo octavo
no estuvo en sí, y se puso azorrado. En el
decimonoveno, las orinas fueron tenues; en lo
demás estuvo asimismo sin novedad. En el
vigésimo durmió, púsose del todo sobre sí; sudó,
quedóse sin calentura, no tuvo sed, mas las orinas
H I P Ó C R A T E S
140
estaban delgadas. El vigésimo primero deliró un
poco, tuvo algo de sed, dolor en el hipocondrio, una
palpitación permanente junto al ombligo. En el
vigésimo cuarto hicieron las orinas poso en lo
hondo del licor, y estuvo en sí cumplidamente. El
día vigesimoséptimo se le puso un dolor en la
cadera derecha; las orinas fueron delgadas, pero
tenían poso, y todos los demás males estaban muy
mitigados. El día vigesimonoveno le hizo dolor el
ojo derecho; hizo las orinas delgadas. En el
cuadragésimo echó por el vientre humores
flemáticos, blancos en mucha cantidad; siguióse
sudor de todo el cuerpo, y quedó enteramente libre
de la dolencia.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
141
ENFERMO DECIMOCTAVO
En Thaso padeció Filisto por mucho tiempo un
dolor de cabeza, y al cabo se hizo poroso y se puso
en cama. Habiéndosele excitado calentura continua
por haber bebido mucho, se le acrecentó el dolor y
comenzó a sentir calor en la noche. El día primero
vomitó unas pocas cóleras, al principio amarillas,
luego después muy verdes. Por el vientre echó
excremento, y en la noche estuvo muy desazonado.
En el día segundo se hizo sordo, y la calentura era
aguda, el hipocondrio derecho estaba tirante, con
retraimiento hacia dentro. Las orinas eran tenues,
diáfanas, y tenían un poco poso nadando en medio
de ellas, que era semejante a la semilla del varón.
Cerca del mediodía deliró mucho. El día tercero
estuvo muy caído. En el cuarto le vinieron
H I P Ó C R A T E S
142
convulsiones, y todos los males se le aumentaron.
El quinto por la mañana murió.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
143
ENFERMO DECIMONOVENO
A Cherion, que estaba enfermo junto a
Demeneto, de haber bebido, le vino calentura
vehementísima, y al instante sintió peso en la cabeza
con dolor, no durmió, y él vientre anduvo turbado y
echó por él humores delgados y algo coléricos. El
tercer día era aguda la calentura, tuvo temblor de la
cabeza y en especial del labio inferior, y de allí a
poco le vino el frío con temblor de todo el cuerpo,
convulsiones, mucho delirio, y en la no che estuvo
muy caído. En el cuarto estuvo sosegado, durmió un
poco y deliró. El quinto fue trabajoso, se
acrecentaron todos los males, tuvo delirio, la noche
con gran decadencia de fuerzas, y no durmió. El
sexto perseveraba del mismo modo, no tuvo
novedad. En el séptimo tuvo frío con temblor de
todo el cuerpo, calentura aguda y sudor universal,
H I P Ó C R A T E S
144
hizo crisis. Por toda la enfermedad tuvo el vientre
suelto, echando humores coléricos en poca cantidad
y sin mezcla de otros, y las orinas fueron delgadas,
de buen color, y tenían una como nubecilla
suspendida en el medio de ellas. El día octavo hizo
las orinas de mejor color, y tenían poso, que era
poco, pero blanco, y estaba en el fondo: volvió en
sí, estuvo sin calentura, y ésta se hizo intermitente.
El nono le volvió la calentura. En el decimocuarto
la fiebre fue aguda, y sudó. En el decimosexto
vomitó muchas cóleras amarillas. En el
decimoséptimo tuvo nuevamente frío, con temblor
de todo el cuerpo, calentura aguda, sudó, quedó sin
calentura e hizo crisis. Las orinas, después de la
recaída y su crisis, fueron de mejor color y tenían
poso en el fondo, y no tuvo entonces delirio. En el
decimoctavo se encendió un poco, tuvo sed, las
orinas fueron tenues, con una nubecilla, suspendida
en medio de ellas, y deliró algo. El día
decimonoveno estuvo libre de calentura, tuvo dolor
en la cerviz, en el fondo de las orinas había poso.
En el vigésimo terminó con perfecta crisis la
enfermedad.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
145
ENFERMO VIGÉSIMO
A la hija doncella de Euryanacto la acometió
una calentura fortísima, y en toda ella no tuvo sed,
ni apetito ninguno a la comida. Por el vientre echó
un poco de humor, y las orinas fueron tenues, en
poca cantidad y de buen color. Al comenzar la
fiebre sintió un dolor en el perineo. El día sexto
estuvo sin calenturas no sudó, hizo crisis, y en el
tumor del perineo se hizo materia y al tiempo de la
crisis se abrió. El séptimo día, después de la
terminación, tuvo frío, con temblor de todo el
cuerpo, entróle un poco de calor, y sudó. En el
octavo, después de la crisis, tuvo un poco de frío
con temblor, y después se le enfriaron los extremos
de modo que ya más no volvieron en calor. El día
décimo, después que tuvo un sudor, le vino algo de
H I P Ó C R A T E S
146
delirio, mas de allí a poco volvió en sí. Díjose que
padeció la enferma todos estos males por comer
una uva. El día duodécimo pasó sin calentura, pero
volvió después a delirar. Turbósele el vientre, y
echaba humores coléricos en poca cantidad y sin
mezcla de otros, delgados y picantes, y se levantaba
a menudo a arrojarlos. El día que hacía siete,
después del delirio último que tuvo, murió. Esa
mujer, desde el principio de la enfermedad, tuvo
dolor en las fauces y rubicundez continua en ellas y
retraimiento en la campanilla, junto con esto mucha
destilación de humores en poca cantidad, delgados y
picantes: tenía también tos, y no arrancaba nada
cocido. Toda la enfermedad tuvo, una suma
inapetencia y aversión a todas suertes de comidas,
no tuvo sed, ni bebió cosa memorable, hablaba
poco, estaba silenciosa y el ánimo le tenía en
perpetua desconfianza y desesperación. Hallábase
en esta enferma una natural y congénita disposición
a la tisiquez.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
147
ENFERMO VIGESIMOPRIMERO
La mujer que vivía junto a Aristion y padecía
garrotillo, empezó a sentir el daño en la lengua, de
modo que la voz apenas se le percibía, y estaba la
lengua roja y muy seca. En el día primero tuvo
calofríos y después se encendió un poco. El día
tercero tuvo frío con temblor de todo el cuerpo y
luego calentura aguda, viósele en el cuello un tumor
algo rojo, duro, y por los dos lados descendía hasta
el pecho: las extremidades estaban frías y
amoratadas, la respiración levantada, lo que bebía se
le salía por las narices, no podía tragar nada, ni hizo
cursos, ni orina. El día cuarto se acrecentaron todos
los males. En el quinto murió del garrotillo.
H I P Ó C R A T E S
148
ENFERMO VIGESIMOSEGUNDO
Un mancebo que estaba enfermo en la plaza del
Mentidero, por cansancios grandes, trabajos y
ejercicios, sin estar acostumbrado, fue acometido de
una vehementísima calentura aguda. En el primer
día se le turbó el vientre y echó humores coléricos y
delgados en mucha cantidad, las orinas fueron
delgadas, casi negras, no pudo dormir y tenía mucha
sed. En el día segundo se aumentaron todos estos
males, los cursos eran más inoportunos, no pudo
dormir, la mente se le perturbó un poco y sudó
alguna cosa. En el tercero estuvo muy caído, tuvo
sed, congoja en el estómago, mucha inquietud y
aflicción con angustias, deliró; los extremos se le
pusieron amoratados y fríos, y tensión en los
hipocondrios hacia los vacíos en ambas partes. El
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
149
día cuarto no durmió, estuvo peor. En el séptimo
murió. Era de edad de veinte años.
H I P Ó C R A T E S
150
ENFERMO VIGESIMOTERCERO
Una mujer había enferma junto a Tisameno, la
cual tenía dolor del intestino íleon, y se hallaba con
grande agitación y caimiento de fuerzas, vomitaba
mucho y no podía detener en manera ninguna lo
que bebía, sentía dolores cerca de los hipocondrios
y hacia las partes inferiores del vientre; los
retorcijones eran continuos, no tenía sed, algo más
de calor había en ella de lo que corresponde a lo
natural; los extremos estaban fríos y perpetuamente,
tenía congoja en el estómago y desvelo, e hizo las
orinas en poca cantidad, y tenues, los cursos eran de
humores crudos, delgados y pocos, no pudo aliviarse
en nada, murió.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
151
ENFERMO VIGÉSIMO CUARTO
Una de las mujeres que estaban cerca de
Panimides, después del aborto de un niño, al primer
día la acometió una calentura fortísima, la lengua la
tenía muy seca, la sed era grande, tenía también
congoja en el estómago y desvelo. Turbósele el
vientre, y echó humores tenues y crudos en mucha
cantidad. En el día segundo tuvo frío, con temblor
de todo el cuerpo; siguióse calentura aguda con
muchos cursos, y no durmió. En el día tercero se
aumentaron todas estas molestias. En el cuarto tuvo
delirio, murió en el séptimo. El vientre toda la
enfermedad anduvo suelto y echó por él muchos
humores tenues y crudos las orinas siempre fueron
pocas y delgadas.
H I P Ó C R A T E S
152
ENFERMO VIGESIMOQUINTO
Una mujer, después de haber abortado cerca de
los cinco meses, fue acometida de una
vehementísima calentura. Luego a los principios le
vino sopor y algunos ratos desvelo, y juntamente
padecía dolor a los lomos y peso en la cabeza. El
día segundo se le soltó el vientre y echó por él
primeramente humores delgados en por cantidad y
de una sola especie, sin mezcla de otros. En el día
tercero estuvo peor, en la noche no durmió nada.
Deliró en el cuarto y era con miedo y aflicción de
ánimo, el ojo derecho se le puso como quien guiña,
tuyo sudor y poco frío cerca de la cabeza, las
extremidades estaban frías. En el día cinco se
acrecentaron todos los males, deliró mucho, más de
allí a poco volvió en sí, tuvo mucha sed y gran
desvelo. El vientre toda la enfermedad anduvo
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
153
suelto, echando muchos humores muy
destempladamente; las orinas fueron pocas,
delgadas y casi negras; los extremos del cuerpo
estaban fríos y amoratados. El día sexto se mantuvo
sin novedad con todos estos males. En el séptimo
murió.
H I P Ó C R A T E S
154
ENFERMO VIGESIMOSEXTO
La mujer que vivía en la plaza de los
Mentirosos, habiendo parido por la primera vez con
trabajo un niño, la vino una calentura fortísima, y
luego a los principios tuvo mucha sed y congoja en
el estómago, con dolor en la boca superior de él, la
lengua se le puso muy seca, el vientre suelto,
echando humores delgados en poca cantidad y no
pudo dormir. En el día segundo tuvo un poco de
frío con temblor en todo el cuerpo y calentura
aguda con un poco de sudor frío cerca de la cabeza.
El día tercero hizo con trabajo cursos de humores
crudos, tenues en mucha copia. En el cuarto volvió
a tener algo de frío con temblor del cuerpo, se
acrecentaron todos los males, no pudo dormir. El
quinto fue trabajoso. En el sexto no tuvo novedad,
mantúvose con los mismos males, por el vientre
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
155
echó muchos humores, muy líquidos. En el séptimo
volvió a tener algo de frío y temblor de todo el
cuerpo, calentura aguda, sed muy grande, suma
inquietud, y hacia la tarde le vino sudor frío por
todo el cuerpo y todo ella estaba fría; lo estaban
también los extremos, los cuales no podían volver
en calor. En la noche volvió a tener otro poco de
frío con temblor y los extremos del cuerpo no se
calentaban. y no pudo dormir; deliró un poco, mas
luego volvió en sí. El día octavo, cerca del
mediodía, volvió en calor, tuvo sed, estuvo azorrada
y sentía congoja en el estómago, vomitó unas pocas
cóleras amarillas; en la noche estuvo muy caída, no
durmió nada, echó mucha abundancia de orina sin
sentirlo. En el día noveno hubo disminución en
todos estos males; pero hacia la tarde se puso algo
azorrada, tuvo un poco de frío con temblor y por
vómito echó algo de cólera.
En el décimo volvió a tener frío y temblor de
todo el cuerpo, la calentura se acrecentó, nada pudo
dormir; por la mañana echó mucha orina, la cual no
hacía poso ninguno; las extremidades del cuerpo
estaban calientes.
El día undécimo vomitó cóleras verdes y
amarillas; de allí a un poco tuvo algo de frío y
H I P Ó C R A T E S
156
temblor y los extremos volvieron a ponerse fríos;
hacia la tarde le vino sudor y frío con temblor de
todo el cuerpo, vomitó, mucho y la noche fue muy
trabajosa. En el doce vomitó gran copia de humores
negros, fétidos; tuvo mucho hipo y sed muy
molesta. El día trece vomitó muchos humores
negros, fétidos; tuvo otra vez frío y temblor y hacia
el medio día quedó privada del habla. En el día
catorce le salió sangre por las narices; murió este
mismo día. Tuvo esa mujer durante toda la
enfermedad el vientre suelto y continuos calofríos.
Era de unos diecisiete años.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
157
ENFERMO VIGESIMOSÉPTIMO
En Thaso, al hijo de Parión, que estaba enfermo
sobre el Templo de Diana, le acometía una calentura
aguda y desde luego, continua. Esta era ardiente y el
enfermo tenía mucha sed. A los principios se puso
azorrado y después padecía desvelo. El vientre a los
principios se soltó y las orinas eran blancas. En el
día sexto hizo las orinas como el aceite y tuvo
delirio. El séptimo se aumentaron todos los males,
no durmió nada, las orinas como el día antecedente,
la cabeza perturbada, del vientre echo humores
coléricos y pingües. En el octavo echó unas gotillas
de sangre por las narices, vomitó humores verdes
pocos y durmió algo. El noveno estuvo sin
novedad. El décimo disminuyeron todos los males.
El onceno sudó, aunque no por todo el cuerpo,
púsose frío, pero de allí a poco volvió en calor. En
H I P Ó C R A T E S
158
el duodécimo tuvo calentura aguda, echó por el
vientre muchos humores coléricos y delgados; las
orinas tenían nubecilla en medio del licor y deliró.
El decimoséptimo lo pasó muy mal, no pudo
dormir, la calentura se aumentó mucho. En el veinte
sudó por todo el cuerpo, tuvo grande desvelo,
cursos coléricos, suma aversión a la comida y sopor.
El veinticuatro volvieron los males. El treinta y
cuatro estuvo sin calentura, pero el vientre continuó
en andar suelto, y luego volvió a encenderse. El día
cuarenta, libre de calentura; el vientre se cerró por
un poco tiempo; la inapetencia era grande; luego
volvió la fiebre y así anduvo hasta el fin, ya con
calentura, ya sin ella: porque si se hacía intermitente,
y el enfermo se aliviaba un poco, volvía después a
repetir. Usaba de alimentos malos y en poca
cantidad. En las recaídas no podía dormir con
descanso y deliraba. Entonces echaba las orinas
pero turbias y malas. El vientre ya andaba apretado,
ya suelto. Las calenturas eran continuas y había
cursos de humores tenues y muy copiosos. El día
cientoveinte murió. Tuvo este enfermo cursos
biliosos, líquidos con mucha copia; y si alguna vez
se contuvo el vientre, echó excrementos crudos y
cálidos. Las orinas toda la enfermedad fueron
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
159
malas. Lo más del tiempo estuvo somnoliento con
trabajos, nunca durmió bien. Tuvo suma inapetencia
y la calentura era ardiente y continua.
H I P Ó C R A T E S
160
ENFERMO VIGESIMOOCTAVO
En Thaso, una mujer que vivía junto al
Aguafría, habiendo parido una hija y no habiendo
purgado a los tres días, después del parto fue
acometida de calentura aguda con calofríos. Ya
largo tiempo antes de parir andaba calenturienta y
estaba en cama y tenía inapetencia; pero después del
frío que tuvo con temblor de todo el cuerpo, las
calenturas se hicieron continuas, agudas y con
calofríos frecuentes. El día ocho y los inmediatos a
él deliró mucho, pero luego volvió en sí; el vientre
andaba suelto y echaba por él muchos humores
tenues, aguanosos, mezclados con cóleras; no tenía
sed. En el día once estaba en sí, pero azorrada; las
orinas eran en mucha copia, delgadas y negras, no
podía dormir. El día veinte se enfrió un poco, pero
luego volvió en calor; tuvo algo de delirio y estuvo
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
161
desvelada; los cursos eran de la misma manera que
antes, las orinas eran muy copiosas y como un agua.
El veintisiete estuvo sin calentura; el vientre se
detuvo; pero pasado poco tiempo se lo puso un
dolor vehemente en la cadera derecha y duró
mucho, al cual después siguieron las calenturas y las
orinas como el agua. En el día cuarenta se aliviaron
los dolores de la cadera; pero le vino mucha tos y
muy continua y húmeda; el vientre se detuvo; tenía
gr4de inapetencia; las orinas eran como antes; las
calenturas no se quitaban del todo; pero sus
crecimientos eran errantes de modo que unas veces
los había y otras no. En el día sesenta se quitó la tos,
sin anteceder señales de crisis, porque ni echó
esputos cocidos, ni apareció algún absceso de los
acostumbrados. La mejilla derecha selo puso
convulsa, esto es, con pasmo; vínole sopor, deliró -
un poco y luego volvió en sí; aborrecía toda suerte
de alimentos, la mejilla volvió a su lugar, el vientre
arrojaba unas pocas cóleras; la calentura se hizo más
aguda con algunos calofríos; y en los días
inmediatos perdió el habla, mas luego volvió en sí y
habló. El día ochenta murió. Esta mujer hizo
siempre las orinas negras, tenues y liquidas como el
agua, estuvo azorrada, no quería el alimento, tuvo
H I P Ó C R A T E S
162
muy caído el ánimo; nunca pudo dormir, estaba
airada, inquieta y la mente ocupada de ideas
melancólicas.
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163
ENFERMO VIGÉSIMONOVENO
Pithion, que estaba enfermo sobre el Templo de
Hércules, por trabajo y fatigas, sin haber cuidado de
guardar orden en su modo de vivir, fue acometido
de un rigor fuerte y calentura aguda; la lengua se
puso seca, con gran sed y teñida de bilis; las orinas
eran casi negras, con nubecilla en el medio del licor,
que nunca descendía al fondo. El día segundo, hacia
el medio día, tuvo fríos los extremos del cuerpo, en
especial las manos y la cabeza; quedó sin voz y sin
habla; por largo rato tenía la respiración pequeña,
volvió después en calor, tuvo sed; la noche fue
quieta, tuvo un poco de sudor junto a la cabeza. En
el tercero estuvo sosegado todo el día; pero por la
tarde, al ponerse el sol, se enfrió un poco, sintióse
perturbado; la noche fue trabajosa, no durmió nada,
y del vientre hizo cámara poca y dura. El día cuarto
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164
por la mañana estuvo sosegado; pero hacia el medio
día se acrecentaron todos los males, enfrióse, hízose
mudo, y enteramente sin voz, púsose mucho peor,
volvió en calor, y de allí a poco hizo orina negra,
con nubecillas en medio del licor; la noche fue
quieta y durmió. En el día quinto, pareció estar
mejor; pero sintió peso, con dolor en el vientre;
tuvo mucha sed y la noche fue mala. El sexto por la
mañana estuvo sosegado; pero por la tarde se le aumentó
el dolor y se acrecentaron todos los males, y
habiéndosele echado al anochecer una lavativa,
obró bien y durmió aquella noche. El día séptimo
tuvo ansias en el estómago, estuvo muy inquieto,
hizo la orina como el aceite, y en la noche tuvo
mucha perturbación, deliró y no durmió nada. En el
octavo por la mañana durmió un poco, mas luego se
puso frío y quedó sin habla, la respiración tenue y
pequeña; por la tarde volvió otra vez en calor y
deliró; a la madrugada se puse un poco mejor y echó
por el vientre humores puros, y sin mezcla alguna
en poca cantidad y coléricos. El noveno estuvo
azorrado, y cuando se le excitaba del sopor, estaba
ansioso; la sed no era mucha; al ponerse el sol
estaba muy inquieto y tenía delirio; la noche fue
mala, El día décimo por la mañana perdió él habla,
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
165
tuvo mucho frío, la calentura era aguda, hubo
mucho sudor, murió. Este enfermo en los días pares
lo pasaba peor.
H I P Ó C R A T E S
166
ENFERMO TRIGÉSIMO
Un enfermo frenético, que el primer día se puso
en cama, vomitó muchos humores verdes y tenues;
tuvo calentura con calofríos; vínole mucho sudor
sin cesar por todo el cuerpo; peso con dolor en la
cabeza y la cerviz; las orinas delgadas, con una
pequeña nubecilla en medio del licor, la cual era
desunida y nunca se apoaha; del vientre echaba
excrementos copiosamente; tuvo mucho delirio y no
durmió nada. El día segundo por la mañana le faltó
el habla, la calentura era aguda, no hubo
intermisión, sudó, tenía palpitaciones por todo el
cuerpo y en la noche convulsiones. En el día tercero
se acrecentaron todas estas cosas. En el cuarto
murió.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
167
ENFERMO TRIGESIMOPRIMERO
Un calvo en Larisa de repente fue acometido de
un dolor en el muslo derecho, y lo que se le aplicó
no le sirvió de nada. El día primero tuvo calentura
aguda y ardiente, lo pasó con alguna quietud; pero
luego le volvieron los dolores. El día segundo los
dolores del muslo se mitigaron, pero la calentura se
hizo más fuerte, estuvo inquieto, no pudo dormir,
las extremidades del cuerpo se pusieron frías, echó
grande abundancia de orina, pero no buena. En el
tercero se le quitó el dolor del muslo; pero le vino
delirio, gran perturbación y suma inquietud. El
cuarto hacia el mediodía murió arrebatadamente.
H I P Ó C R A T E S
168
ENFERMO TRIGESIMOSEGUNDO
A Pericles en Abderas le acometió calentura
aguda, continua, con dolor; tenía mucha sed, ansias
y no podía detener lo que bebía; solía este enfermo
padecer del bazo y peso en la cabeza. El día primero
le salió mucha sangre de la nariz izquierda, con todo
la calentura era muy vehemente; hizo muchas orinas
turbadas y blancas, que aun dejándolas descansar no
hacían poso. En el segundo se acrecentaron todos
los males; las orinas eran gruesas y hacían más poso,
las ansias se mitigaron y durmió. El día tercero
disminuyó la calentura; las orinas fueron copiosas,
cocidas, y tenían mucho poso; la noche fue apacible.
En el cuarto hacia el medio día le vino mucho sudor
cálido por todo el cuerpo, quedó sin calentura, hizo
crisis y no tuvo recaída.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
169
ENFERMO TRIGESIMOTERCERO
Una doncella en Abderas, que vivía en el
Camino Sagrado, fue acometida de calentura
ardiente; tenía grande sed y mucho desvelo; vínole
entonces el menstruo por la primera vez. El día
sexto tuvo muchas ansias y congojas; estaba
encarnada, tenía calofríos, se hallaba muy inquieta.
El día séptimo tuvo lo mismo sin novedad; las
orinas eran delgadas, pero de buen color; en el
vientre no sentía incomodidad. En el día octavo se
hizo sorda, la calentura era aguda, estaba desvelada,
tenía grandes ansias y calofríos, estaba en sí, las orinas
eran del mismo modo que antes. En el noveno
estuvo sin novedad, y se mantuvo así los días que
inmediatamente siguieron y permaneció la sordera.
El decimocuarto se le perturbó la mente y aflojó un
poco la calentura. El día decimoséptimo echó
H I P Ó C R A T E S
170
mucha sangre por las narices, la sordera disminuyó
un poco; mas en los días siguientes volvió a tener
ansias, sordera y delirio. En el día vigésimo sintió
dolor en los pies, la sordera y el delirio
disminuyeron, echó un poco de sangre por las
narices, sudó y quedó sin calentura. En el
vigesimocuarto volvió la calentura y la sordera, tuvo
dolor en los pies y delirio. En el vigesimoséptimo
sudó mucho y quedó sin calentura, dejó la sordera,
quedaba un poco de dolor en los pies; en lo demás
hizo perfecta crisis.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
171
ENFERMO TRIGESIMOCUARTO
En Abderas, Anaxion, que vivía junto a la
Puerta Tracia, fue acometido de una calentura
aguda; tenía un dolor continuo en el costado
derecho; acompañábale tos seca, sin arrancar nada
en el principio; estaba sediento y desvelado, las
orinas tenían buen color, eran en mucha cantidad y
delgadas. En el día sexto le vino un poco de delirio;
los fomentos cálidos que se le aplicaron de nada le
sirvieron. El séptimo lo pasó con trabajo, porque la
calentura se hizo más fuerte, los dolores no se
disminuyeron, la tos le molestaba mucho y respiraba
con dificultad. El día octavo se le abrió la vena del
codo y salió mucha sangre, como era menester,
sosegáronse los dolores, pero las toses secas permanecieron.
En el decimoprimero disminuyó, la
calentura, tuvo un poco de sudor cerca de la cabeza,
H I P Ó C R A T E S
172
permanecía la tos y lo que arrojaba de los pulmones
era aguanoso. En el decimoséptimo empezó a
arrancar poco y cocido; quedó aliviado. En el
vigésimo le vino sudor y quedó sin calentura;
después de esta terminación lo pasaba bien, pero
tenía sed, y lo que arrojaba de los pulmones no era
de buena calidad. El día vigesimoséptimo te volvió
la calentura, tuvo tos y arrancó mucho y cocido;
echó en la orina mucho poso blanco, quedó sin sed,
tenía buena la respiración. En el trigesimocuarto le
vino un sudor por todo el cuerpo; quedó sin
calentura y enteramente libre de la enfermedad.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
173
ENFERMO TRIGESIMOQUINTO
En Abderas, Herópito, que vivía en el Camino
de Arriba, estando levantado sintió un gran dolor
de cabeza, y de allí a poco se puso en cama. Entróle
calentura ardiente y aguda; a los principios vomitó
muchas cóleras, tenía sed y estaba inquieto; las
orinas eran delgados y negras, y unas veces tenían
nubecilla en el medio del licor y otras estaban sin
ella; la noche fue trabajosa; la calentura tenía los
crecimientos, ya de un modo, ya de otro, y por la
mayor parte sin orden. Cerca del día decimocuarto
le vino sordera, aumentósele la calentura, echó las
orinas como antes. El día vigésimo y los siguientes
deliró mucho. En el cuadragésimo arrojó mucha
sangre de narices y volvió más en sí la sordera
continuaba, pero era menos; las calenturas disminuyeron.
En los días siguientes fue echando de las
H I P Ó C R A T E S
174
narices poca sangre, pero con frecuencia. Hacia el
sexagésimo cesó la sangre de narices, pero se le
puso un dolor fuerte en la cadera , las calenturas se
aumentaron, y de allí a poco le dolieron todas las
partes inferiores. Sucedíale a este enfermo que o las
calenturas y la sordera se acrecentaban, o si se
aliviaban y disminuían estas cosas, entonces crecían
los dolores de cadera y demás partes inferiores a
ella. Cerca del día octogésimo disminuyeron todos
los males, pero no se quitaron del todo; las orinas
eran de buen color y tenía mucho poso; el delirio se
corrigió. Hacia el día centésimo se turbó el vientre y
echó mucha copia de humores biliosos, y esto no
duró poco tiempo, y salían como en las disenterías
con dolor; en lo demás lo pasaba con alivio, porque
las calenturas cesaron del todo y se le quitó la
sordera. El día centesimovigésimo quedó perfectamente
bueno.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
175
ENFERMO TRIGESIMOSEXTO
Nicodemo, en Abderas, habiendo ejercitado con
exceso las cosas lascivas, y bebido
destempladamente, cayó en una fuerte calentura. A
los principios estaba inquieto con cardialgia, tenía
mucha sed, la lengua se puso seca, las orinas eran
delgadas y negras. El día segundo creció la calentura
con calofríos y con ansias al estómago, no durmió
nada, vomitó cóleras amarillas, las orinas eran como
las antecedentes, la noche fue quieta y durmió algo.
En el tercero estuvo aliviado en todo, hubo quietud,
al ponerse el sol estuvo otra vez un poco inquieto y
la noche fue trabajosa, El cuarto le vino frío con
temblor de todo el cuerpo, calentura grande, todo
estaba dolorido, las orinas eran delgadas y tenían
nubecilla en medio del licor. En el sexto deliró
mucho. El séptimo, le pasó con descanso. El octavo
H I P Ó C R A T E S
176
disminuyeron todos los males. En el décimo y los
días siguientes duraban los dolores, aunque eran
más ligeros. Así los crecimientos como los dolores
siempre fueron mayores en este enfermo en los días
pares. El día veinte hizo la orina blanca y gruesa,
pero dejándola sosegar no hacía poso, sudó mucho,
pareció estar libre de calentura, pero por la tarde
volvió a encenderse un poco, volvieron también los
dolores, tuvo algo de escalofríos y juntamente le
acompañaron sed molesta y un poco de delirio. En
el veinticuatro hizo copiosa orina blanca y había en
ella mucho poso, vínole sudor cálido y abundante
por todo el cuerpo, quedó sin calentura y
enteramente libre de la enfermedad.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
177
ENFERMO TRIGESIMOSÉPTIMO
En Thaso, una mujer enojadiza, de una tristeza
por causa manifiesta, andando por su pie se puso
desvelada e inapetente, con sed y desasosiego. Vivía
esta mujer junto a las casas de Pílades en el Llano.
El primer día, al hacerse de noche, empezó a tener
miedos, a hablar más de lo que es razón, a tener
aflicción y displicencia del ánimo y una calenturilla
ligera; por la mañana le vinieron muchas
convulsiones, y cuando éstas cesaban por algún
intervalo entonces deliraba y hablaba cosas torpes,
al mismo tiempo tenía muchos dolores fuertes y
continuos. El día siguiente estuvo con todas estas
cosas sin novedad, no durmió, la calentura se hizo
un poco mayor. En el tercero cesaron las convulsiones,
pero se puso azorrada y soporosa, de allí a
poco despertó, dio saltos, no podía contenerse,
H I P Ó C R A T E S
178
deliraba mucho, la calentura era aguda; en la misma
noche tuvo ardor caliente de todo el cuerpo, quedó
sin calentura, durmió, estaba en sí del todo, quedó
enteramente libre de la enfermedad. Hacia el tercer
día eran las orinas negras y delgadas, y tenían una
nubecilla muy redonda en el medio del licor, la cual
no se posó. Estando ya cercana la crisis le vino el
menstruo copiosamente.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
179
ENFERMO TRIGESIMOOCTAVO
A una doncella en Larisa la acometió una
calentura ardiente y aguda, tenía desvelo y sed, la
lengua estaba de color de hollín y seca, las orinas
eran de buen color, pero delgadas. El día siguiente
fue trabajoso, no durmió. En el tercero echó por el
vientre mucha copia de humores como agua, y en
los días siguientes prosiguieron os cursos sin
disminuir las fuerzas. El día cuarto echó orina tenue
en poca cantidad, y en el medio del licor tenía una
nubecilla que no se aposaba; en la noche deliró. El
día sexto echó mucha sangre de narices, y habiendo
tenido calofríos, le vino después sudor cálido y
universal de todo el cuerpo, quedó libre de la
calentura y de la enfermedad. Así durante las calenturas
como después de la crisis, le vino el
menstruo por primera vez, pues era doncella.
H I P Ó C R A T E S
180
Estuvo siempre desasosegada, tenía calofríos,
rubicundez en las mejillas, dolor en los ojos y peso
en la cabeza. A esta enferma no le volvió la
enfermedad; antes bien, quedó del todo sana. Los
trabajos los tuvo en días pares.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
181
ENFERMO TRIGESIMONOVENO
Apolonio en Abderas anduvo mucho tiempo
enfermo sin hacer cama. Era hombre de gran
barriga, y ya tiempo había que padecía un dolor
junto al hígado y lo vino ictericia; juntamente
padecía mucho de flatos y era de color ceniciento.
Habiendo comido desordenadamente mucha vaca y
bebido sin templanza, empezó primero a
encenderse un poco, y se puso en cama. Después de
esto, habiendo tomado gran cantidad de leche de
cabras y de ovejas, así cruda como cocida, y Junto
con esto otros alimentos de mala naturaleza, se le
siguieron daños notables en todo el cuerpo, porque
las calenturas se le acrecentaron; del vientre echó
muy poca cosa respecto de lo que había comido, las
orinas fueron delgadas y pocas, no podía dormir,
tenía un henchimiento malo, la sed era mucha,
H I P Ó C R A T E S
182
estaba azorrado, el hipocondrio derecho estaba
entumecido con dolor, las extremidades del cuerpo
estaban algo frías, deliraba un poco, se olvidaba de
todas las cosas que decía: tenía la mente muy
perturbada. El día decimocuarto, contando desde
que tuvo el temblor con frío y le empezó la
calentura y se puso en cama, deliró fuertemente,
daba voces, estaba muy perturbado, habla mucho;
pero luego se contuvo en todo esto y le vino un
gran sopor. A estas cosas siguió el moverse el
vientre con turbación, por donde echaba mucha
copia de humores coléricos, crudos y sin mezcla de
otros; las orinas eran negras, en poca cantidad y
delgadas; estaba de fuerzas muy caído, los cursos se
hicieron varios, ya negros, ya pocos, ya verdes, ya
pingües, tal vez crudos y picantes, y andando el
tiempo parecían semejantes a la leche. Hacia el día
vigesimocuarto hubo sosiego, bien que en lo demás
se estaba del mismo modo; algo volvió en sí
(porque desde que se había puesto en cama no se
acordaba de nada), de allí a poco volvió a delirar, y
en todo se puso mucho peor. Cerca del día
trigésimo la calentura era aguda, los cursos muchos
y delgados, tenía delirio, los extremos se le pusieron
fríos, la voz le faltó. Murió en el trigesimocuarto.
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
183
Este enfermo, desde que yo le vi, perpetuamente
tuvo el vientre suelto, y las orinas tenues y negras,
estuvo siempre azorrado, sin hacer sueño bueno,
tuvo los extremos fríos y deliró toda la enfermedad.
H I P Ó C R A T E S
184
ENFERMO CUADRAGÉSIMO
En Cizieo, una mujer que parió con gran trabajo
dos mellizas, y purgó poco, desde luego fue
acometida de calentura aguda con calofríos, y junto
con esto tuvo peso y dolor en la cabeza, y en la
cerviz. Al principio padeció desvelo, estaba
taciturna y de semblante alterado, y no se rendía a
persuasión ninguna, las orinas tenues y sin color, la
sed era grande, estaba ansiosa, el vientre se le
destemplaba con perturbación y desorden, mas
después volvía a contenerse. En la noche del día
sexto deliró mucho, no durmió nada. Hacia el
undécimo, tuvo grande delirio, y volvió después en
si: las orinas eran negras y tenues, e intermitiendo
por algún tiempo, eran semejantes al aceite: del
vientre echó muchos humores delgados con
A F O R I S M O S Y S E N T E N C I A S
185
perturbación. El día decimocuarto tuvo muchas
convulsiones, los extremos del cuerpo estaban fríos,
no volvió más en sí, las orinas se detuvieron. En el
decimosexto se privó del habla. El decimoséptimo
murió.









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