Las raíces de la agresión | WINNICOTT

| sexta-feira, 25 de setembro de 2009
El lector se habrá percatado ya -por diversas referencias sueltas, dispersas a lo largo de este librode que sé que los bebés y los niños berrean, muerden, patean, le tiran del cabello a la madre y tienen impulsos agresivos, destructivos o, de algún modo, desagradables. El cuidado de los bebés y los niños se complica al ocurrir episodios destructivos, que tal vez necesiten ser manejados y, sin duda, requieren comprensión. Si yo pudiera describir teóricamente las raíces de la agresión, contribuiría a la comprensión de estos incidentes cotidianos. Sin embargo,
me pregunto cómo podría hacerle justicia a un tema tan extenso y difícil, y recordar al mismo tiempo que muchos de mis lectores no estudian psicología, sino que están dedicados al cuidado práctico del bebé o el niño.

Escrito para The Child, the Family and the Outside World, 1964
El lector se habrá percatado ya -por diversas referencias sueltas, dispersas a lo largo de este librode
que sé que los bebés y los niños berrean, muerden, patean, le tiran del cabello a la madre y
tienen impulsos agresivos, destructivos o, de algún modo, desagradables.
El cuidado de los bebés y los niños se complica al ocurrir episodios destructivos, que tal vez
necesiten ser manejados y, sin duda, requieren comprensión. Si yo pudiera describir teóricamente
las raíces de la agresión, contribuiría a la comprensión de estos incidentes cotidianos. Sin embargo,
me pregunto cómo podría hacerle justicia a un tema tan extenso y difícil, y recordar al mismo tiempo
que muchos de mis lectores no estudian psicología, sino que están dedicados al cuidado práctico
del bebé o el niño.
En pocas palabras, la agresión tiene dos significados: por un lado, es directa o indirectamente una
reacción ante la frustración; por el otro, es una de las dos fuentes principales de energía que posee
el individuo. Si ahondamos en esta formulación simple, surgirán problemas inmensamente
complejos; por tal razón, en este trabajo sólo puedo ofrecer una elaboración inicial del tema
fundamental.
Todos convendrán en que no podemos limitarnos a hablar de la agresividad tal como se manifiesta
en la vida del niño. El tema es más amplio y, en todo caso, siempre nos referimos a un niño en
desarrollo. Lo que nos interesa más profundamente es el modo en que una cosa nace y crece a
partir de otra.
A veces la agresión se manifiesta de manera palmaria y se agota por sí sola, o bien necesita que
alguien la enfrente e impida de algún modo que el individuo agresivo cometa daños. Con la misma
frecuencia los impulsos agresivos no aparecen en forma abierta, sino encubiertos bajo alguna
manifestación contraria. Quizá sea una buena idea examinar varias de estas manifestaciones
contrarias, pero antes debo formular una observación general.
Es prudente suponer que todos los individuos son básica y esencialmente semejantes, pese a los
factores hereditarios que hacen de nosotros lo que somos y nos diferencian a unos de otros. Con
esto quiero decir que en la naturaleza humana hay algunas características que presentan todos los
bebés, todos los niños y toda persona de cualquier edad, y que una exposición amplia del desarrollo
de la personalidad humana, desde la más temprana infancia hasta la independencia adulta, podría
aplicarse a todos los seres humanos sean cuales fueren su sexo, raza, color de piel, religión o
medio social. Las apariencias pueden variar, pero siempre hay denominadores comunes en las
cuestiones humanas. Un bebé tiende a ser agresivo, en tanto que otro casi no manifiesta
agresividad alguna desde que nace y, sin embargo, ambos tienen el mismo problema. La diferencia
de actitud obedece simplemente a que los dos manejan de manera distinta su carga de impulsos
agresivos.
Si observamos a un individuo para tratar de ver cómo surge en él la agresión, nos encontramos ante
el hecho concreto del movimiento infantil. Este comienza aun antes del nacimiento y se manifiesta
no sólo en las vueltas que da el feto en el vientre materno, sino también en los movimientos más
bruscos de sus extremidades, perceptibles para la madre. El feto o el bebé recién nacido mueven
una parte de su cuerpo y, al moverla, choca con algo. Un observador podría decir que ha dado un
golpe o puntapié, pero aquí falta el principio esencial del acto de golpear o patear, porque el feto o
el bebé recién nacido todavía no se han convertido en personas capaces de tener un motive claro
para una acción determinada.
Así pues, en todo bebé existe esta tendencia a moverse, a obtener algún tipo de placer muscular
por medio del movimiento, y a sacar partido de la experiencia de moverse y toparse con algo. Si
seguimos el curso de esta característica del individuo, con exclusión de todas las demás, podríamos
describir el desarrollo de un bebé señalando una progresión desde el movimiento simple hasta
acciones que expresan rabia, o bien hasta estados de ánimo que denotan odio (o control del odio).
Podríamos seguir adelante y describir cómo un golpe accidental puede transformarse en un golpe
dado con la intención de hacer daño; quizá detectemos una actitud paralela de protección de ese
objeto a la vez amado y odiado, rastrear la organización de las ideas e
Más aun: podríamos impulsos destructivos de un niño, tomado como individuo, hasta obtener una
pauta de conducta. En un proceso de desarrollo sano, todo lo antedicho puede manifestarse como
el modo en que las ideas destructivas (conscientes e inconscientes), y las reacciones que ellas
provocan, aparecen en los sueños y juegos del niño y en la agresión dirigida contra aquellos
elementos de su ambiente inmediato que se considera dignos de ser destruidos.
Estos golpes tempranos inducen al bebé a descubrir el mundo exterior, distinto de su self, y a
empezar a relacionarse con los objetos externos. Por lo tanto esa conducta, que pronto será
agresiva, al principio es un mero impulso que conduce a un movimiento y a los comienzos de la
exploración del mundo exterior. Siempre existe este tipo de vínculo entre la agresión y el
establecimiento de una diferenciación neta entre lo que es el self y lo que no es el self.
Espero haber dejado en claro que todos los seres humanos se asemejan entre sí, pese al hecho
cierto de que cada individuo es esencialmente distinto de los demás, de modo que ahora podré
referirme a algunos de los muchos contrarios de la agresión.
Por de pronto, está el contraste entre el niño audaz y el tímido. El primero tiende a lograr el tipo de
alivio que proporciona la expresión abierta de la agresión y la hostilidad; el segundo propende a no
encontrar esta agresión en el self, sino en otra parte, y a asustarse de ella o esperar con aprensión
su venida desde el mundo exterior. El primero es un niño afortunado, porque descubre que la
hostilidad expresada es limitada y gastable; el segundo nunca llega hasta un punto final
satisfactorio, sino que persiste en dar por sentado que tendrá dificultades... y a veces las tiene
realmente.
Algunos niños presentan una clara tendencia a ver en la agresión ajena un reflejo de sus propios
impulsos agresivos controlados (o sea, reprimidos). Dicha tendencia puede tomar mal cariz si se
agota la provisión de persecución y el niño debe suplirla con delirios. En tal caso, nos encontramos
ante un niño que siempre espera ser perseguido y quizá se vuelve agresivo en defensa propia
contra un ataque imaginario. Este comportamiento es patológico, pero su pauta puede detectarse
en casi todos los niños como una fase de su desarrollo.
Veamos otro contrario de la agresión: el contraste entre el niño que se vuelve agresivo con facilidad
y el que retiene la agresión "dentro de sí mismo", convirtiéndose en un niño tenso, formal y
excesivamente controlado. La consecuencia natural de esta segunda actitud es cierta inhibición de
todos los impulsos y, por ende, también de la creatividad, por cuanto ésta se halla ligada a la
irresponsabilidad de la infancia y la niñez, y a un estilo de vida abierto y espontáneo. Aunque este
niño pierda parte de su libertad interior, puede decirse que su conducta es beneficiosa porque,
gracias a ella, el niño comienza a desarrollar el dominio de sí mismo junto con cierta consideración
hacia los demás, en tanto que el mundo es protegido contra un comportamiento que, de otro modo,
sería cruel. Todo niño sano adquiere la capacidad de ponerse en la situación de otra persona y de
identificarse con los objetos e individuos externos.
El excesivo dominio de sí mismo presenta varios aspectos desagradables. Por ejemplo, un niño
"bueno", incapaz de matar una mosca, puede sufrir erupciones periódicas de sentimientos y
conductas agresivas (tener una rabieta, cometer una maldad) que no tendrán valor positivo para
nadie y mucho menos para él, que a veces ni siquiera recuerda más tarde lo ocurrido. Lo único que
pueden hacer los padres en tales casos es buscar el modo de superar ese episodio tan
desagradable y abrigar la esperanza de que, con el tiempo, su hijo llegará a expresar la agresión de
manera más significativa.
Los sueños constituyen una alternativa más madura para la conducta agresiva. El soñante destruye
y mata en su fantasía; este tipo de sueño va asociado a diversos grados de excitación corporal y no
es un mero ejercicio intelectual, sino una experiencia real. El niño que es capaz de manejar sus
sueños se está preparando para todo tipo de juego, ya sea a solas o con otros niños. Si el sueño
contiene una carga excesiva de destrucción o implica una amenaza demasiado grave contra objetos
sagrados, o si sobreviene el caos, el niño despierta sobresaltado y gritando. La madre desempeña
su papel al estar disponible y ayudar al niño a salir de la pesadilla, a fin de que la realidad exterior
pueda cumplir una vez más su función tranquilizadora. El niño puede tardar casi media hora en
despertar por entero a la realidad, y es posible que la pesadilla en sí sea para él una experiencia
extrañamente satisfactoria.
A esta altura de mi exposición, debo diferenciar con claridad el sueño común del ensueño diurno.
No me refiero aquí al acto de enhebrar fantasías estando despierto. La diferencia esencial entre el
sueño común y el ensueño diurno radica en que el soñante está dormido y se lo puede despertar;
tal vez olvide su sueño, pero lo soñó, y esto es lo importante. (También existe el sueño verdadero
que rebasa los límites del dormir e invade la vida de vigilia del niño, pero ésa es otra historia.)
Me he referido al juego, que se alimenta de la fantasía y del reservorio de lo que puede ser soñado,
y de los estratos más profundos de lo inconsciente. Salta a la vista el papel importante que
desempeña la aceptación de los símbolos en el desarrollo sano del niño. Un objeto "representa" a
otro, proporcionando así un gran alivio frente a los crudos y desagradables conflictos que genera la
verdad desnuda.
Cuando un niño ama tiernamente a la madre y al mismo tiempo desea comerla, cuando ama y odia
a la vez al padre y no puede desplazar ese odio o ese amor a un tío, cuando quiere deshacerse del
nuevo hermanito y no puede expresar tal sentimiento de manera satisfactoria perdiendo un juguete,
se produce una situación desagradable. Algunos niños son así y simplemente sufren...
Con todo, la aceptación de los símbolos suele empezar a una edad temprana, dejándole al niño un
espacio para maniobrar en su experiencia de vida. Por ejemplo, cuando el bebé adopta muy pronto
un objeto específico para abrazarlo y mimarlo, dicho objeto representa al bebé y a su madre. Es un
símbolo de unión, como lo es el pulgar para el niño habituado a chupárselo, y este símbolo en sí
mismo puede ser atacado y/o valorado por encima de toda pertenencia ulterior.
El juego se basa en la aceptación de símbolos y , por consiguiente, encierra posibilidades infinitas.
Gracias a él, el niño puede experienciar cuanto encuentre en su realidad psíquica interior y
personal, que es la base de su creciente sentido de identidad. Allí habrá amor, pero también
agresión.
En cada niño en proceso de maduración aparece otra alternativa muy importante frente a la
destrucción: la construcción. En condiciones ambientales favorables, y mediante un proceso
complejo que he intentado describir en parte, se establece una relación entre un afán constructivo y
la aceptación personal, por parte del niño en crecimiento, de la responsabilidad por la vertiente
destructiva de su carácter. La aparición y el mantenimiento del juego constructivo es una señal
importantísima de buena salud. No se lo puede implantar -como tampoco se puede implantar la
confianza-, sino que aparece con el tiempo. Es el resultado de la totalidad de las experiencias
vividas por el niño en el ambiente inmediato suministrado por los padres o por quienes actúan como
tales.
Podemos poner a prueba la relación entre agresión y construcción quitándole a un niño (o a un
adulto) la oportunidad de hacer algo por sus allegados y seres queridos, o de "contribuir con algo"
[contribute in] de participar en la tarea de atender a las necesidades de la familia. Cuando hablo de
"contribuir con algo" o participar, me refiero a hacer determinadas cosas por gusto o para
asemejarse a alguien, pero percatándose al mismo tiempo de que eso es lo que se necesita para
asegurar la felicidad de la madre o el funcionamiento del hogar. Es algo así como "encontrar su
lugar". Un niño participa simulando que cuida del bebé, tiende la cama, maneja la aspiradora o hace
pasteles. Para que esta participación lo satisfaga, es preciso que alguien tome en serio el trabajo
simulado. Si los demás se ríen de él, se convierte en simple mímica y el niño experimenta una
sensación de impotencia física y de inutilidad. No es raro que en tal momento sobrevenga un
estallido de franca agresión o destructividad.
Aparte de ser provocada a título experimental, esta situación puede presentarse en la vida corriente
cuando nadie comprende que en un niño la necesidad de dar es aun mayor que la necesidad de
recibir.
La actividad de un bebé sano se caracteriza por los movimientos naturales y la tendencia a golpear
o golpearse contra los objetos, así como por el uso gradual de ambos junto con las acciones de
berrear, escupir, orinar y defecar- al servicio de sus sentimientos de rabia, odio o venganza. El niño
llega a amar y odiar al mismo tiempo, aceptando la contradicción. Uno de los ejemplos más
importantes de la conjunción del cariño y la agresión es el afán de morder, que cobra sentido
aproximadamente a partir de los cinco meses. A la larga se incorpora al placer de comer, sea cual
fuere el alimento ingerido; pero al principio lo excitante era morder el objeto bueno, el cuerpo de la
madre, y eso genera en el bebé ideas relacionadas con el acto de morder. De este modo acaba por
aceptar los alimentos como símbolos del cuerpo de la madre, del padre o de otro ser querido.
Todo este proceso es muy complicado. Al bebé y al niño les lleva mucho tiempo dominar las ideas y
excitaciones agresivas, adquirir la capacidad de controlarlas sin perder por ello la capacidad de ser
agresivos -en el odio o en el amor- cuando resulte oportuno.
Oscar Wilde dijo: "Todo hombre mata lo que ama". Vemos a diario que, junto con el cariño,
debemos esperar el daño. Quienes se dedican al cuidado de los niños notan que éstos tienden a
amar aquello que dañan. Hacer daño es una parte importante de la vida del niño; el interrogante es:
¿cómo hallará nuestro hijo el modo de emplear estas fuerzas agresivas en la tarea de vivir, amar,
jugar y, más adelante, trabajar?
Y esto no es todo: aún tenemos que determinar el punto de origen de la agresión. Como hemos
visto, el proceso de desarrollo del recién nacido incluye los primeros movimientos naturales y los
gritos; pueden causarle placer, pero no tienen un significado claramente agresivo porque el bebé
todavía no está bien organizado como persona. Aun así, queremos saber de qué modo un bebé
destruye el mundo quizás en una fase muy temprana de su vida. Es un interrogante de vital
importancia, por cuanto el residuo de esta destrucción infantil "no fusionada" puede destruir en
forma efectiva el mundo en que vivimos y al cual amamos. En la magia infantil, el niño puede
aniquilar el mundo con sólo cerrar los ojos y recrearlo con una nueva mirada y una nueva fase de
necesidad. Las sustancias tóxicas y las armas explosivas dotan a la magia infantil de una realidad
que es el polo opuesto de lo mágico.
La inmensa mayoría de los bebés reciben un cuidado suficientemente bueno en las etapas más
tempranas de su vida; gracias a él alcanzan cierto grado de integración de su personalidad, por lo
que resulta improbable que se produzca una irrupción masiva de una destructividad carente de
sentido. La medida preventiva más importante que podemos tomar es reconocer el papel que
desempeñan los padres, al facilitar los procesos de maduración de cada bebé en el curso de la vida
familiar. En especial, podemos aprender a evaluar el papel que desempeña la madre en los inicios
mismos de la vida del hijo, cuando éste pasa de una relación puramente física con su madre a otra
en la que responde a la actitud de ella, y cuando lo puramente físico empieza a ser enriquecido y
complicado por factores emocionales.
Aún queda pendiente un interrogante: ¿conocemos el origen de esta fuerza inherente al ser
humano, que sustenta la actividad destructiva o el sufrimiento equivalente cuando el individuo se
autocontrola? Detrás de todo esto encontramos la destrucción mágica, normal en las fases más
tempranas del desarrollo del bebé y que corre paralela a la creación mágica. La destrucción
primitiva o mágica de todos los objetos tiene que ver con el hecho de que para el bebé los objetos
cambian: dejan de ser "parte de mi" para convertirse en algo "distinto de mí"; ya no son fenómenos
subjetivos, sino percepciones objetivas. Por lo común este cambio se produce en forma muy
paulatina, siguiendo los cambios graduales que experimenta el bebé en desarrollo. Empero, cuando
el suministro materno es deficiente, estos mismos cambios ocurren súbitamente y de un modo
imprevisible para el bebé.
La madre que guía a cada hijo con sensibilidad y delicadeza a través de esta etapa vital de su
desarrollo temprano le da tiempo para adquirir toda clase de habilidades, que le permitirán afrontar
el sacudón de reconocer la existencia de un mundo que escapa a su control mágico. Si se le da
tiempo para que desarrolle sus procesos de maduración, el bebé podrá ser destructivo, odiar, patear
y berrear, en vez de aniquilar mágicamente ese mundo. De este modo, la agresión efectiva se
considera un logro. Las ideas y la conducta agresivas adquieren un valor positivo comparadas con
la destrucción mágica, en tanto que el odio se transforma en una señal de civilización, cuando
tenemos presente el proceso global de desarrollo emocional del individuo y, en particular, sus
etapas más tempranas.
En otro trabajo he intentado explicar precisamente estas etapas sutiles a través de las cuales -
cuando el -quehacer materno y la parentalidad son suficientemente buenos- la mayoría de los
bebés acceden a una vida sana, adquiriendo además la capacidad de dejar a un lado el control y la
destrucción mágicos, de disfrutar con la agresión que llevan dentro de sí al mismo tiempo que
gozan con las gratificaciones, las tiernas relaciones afectivas y la riqueza interior que constituyen la
vida de un niño.

Donald Winnicott

Pesquisar este blog

Carregando...
arte (407) pintura (248) filosofia (102) fotografia (89) literatura (84) psicanálise (57) morte (37) HQ (28) freud (28) peanuts (27) skull (27) antropologia (26) comic (24) poesia (23) lacan (22) PSYCHOANALYSIS (20) Desenho (17) Picasso (15) o seminário (15) Bresson (13) cat (12) oriente (12) borges (11) kant (11) psicologia (11) foucault (10) levi-strauss (10) platão (10) SONHOS (9) religião (9) Kirchner (8) biografia (8) kafka (8) love (8) Ernest Max (7) Guimaraes Rosa (7) Ken Rosenthal (7) Mark Eshbaugh (7) NIETZSCHE (6) Salvador Dali (6) aristóteles (6) manet (6) snoopy (6) sociologia (6) Animais (5) Aristotle (5) Escher (5) Geertz (5) Hundertwasser (5) Lauren Simonutti (5) Sommer (5) medicina (5) munch (5) Arthur DOVE (4) CINEMA (4) Carl LARSSON (4) Cézanne (4) DICIONARIO (4) Descartes (4) Doré (4) Ernest Jones (4) Ernst HAAS (4) Guido Crepax (4) H. Bergson (4) Julio Cortázar (4) Kacere (4) Locke (4) Mucha (4) Richter (4) Van Gogh (4) Will Barnet (4) alexandre koyrè (4) caveira (4) drummond (4) gravura (4) hegel (4) história (4) linguística (4) monet (4) música (4) sartre (4) teatro (4) televisão (4) universo (4) verdade (4) Abbas (3) Arthur Rackham (3) Avigdor (3) Blake (3) CORINTH (3) Cambon (3) Connie Imboden (3) David Hockney (3) F. Hodler (3) Frida KAHLO (3) GEORGES BATAILLE (3) James Joyce (3) Kojeve (3) Konrad LORENZ (3) Lori Nix (3) M. J. A. Eguiño (3) Marcel MAUSS (3) Marqués de Sade (3) Marx (3) Memling (3) Pierre Bourdieu (3) Psychiatry (3) SENECA (3) Schopenhauer (3) Tom Chambers (3) Winnicott (3) arroyo (3) autobiografia (3) baby (3) caravaggio (3) cristianismo (3) dickens (3) einstein (3) erwitt (3) etologia (3) fisica (3) magia (3) planetas (3) B. F. Skinner (2) BACHELARD (2) Birman J. (2) CERVANTES (2) Castillo (2) Dix (2) Dulac (2) E. HOPPER (2) E. Nodel (2) ETNOLOGÍA (2) Ernest HAAS (2) Ferenczi (2) G. JOHN (2) GEORGE CANGUILHEM (2) Gustav Caillebotte (2) Hipocrates (2) J. Ensor (2) J. J. Tissot (2) JUNG (2) John Donne (2) KARL JASPERS (2) KIERKEGAARD (2) Kandinsky (2) Klimt (2) L. da VINCI (2) LOUIS ALTHUSSER (2) Lewis Carroll (2) M. Dzama (2) MAUGHAM (2) MERLEAU - PONTY (2) Mann (2) Melanie Klein (2) Neil Welliver (2) Norman Rockwell (2) Pascal (2) Piaget (2) Pollock (2) Quino (2) Roland Barthes (2) Sahlins (2) Serge Leclaire (2) St. Agostinho (2) Stratton (2) Vinicus de Moraes (2) Vuillard (2) WITTGENSTEIN (2) amor (2) beauvoir (2) biology (2) cogito (2) critica (2) cultura (2) diabo (2) erotic (2) estruturalismo (2) gide (2) guerra (2) loucura (2) lua (2) mind (2) mitologia (2) mitos (2) rilke (2) salomão (2) saturno (2) sono (2) sócrates (2) vida (2) ética (2) A. Comte (1) A. Warhol (1) Alix Malka (1) Andreas Gursky (1) Anticristo (1) Arcimboldo (1) Aristófanes (1) Augusto dos Anjos (1) B. Barbey (1) B. Jacklin (1) Bagheria (1) Barbara Morgan (1) Basquiat (1) Berkeley (1) Bhagavad-Gita (1) Bhopal (1) Bocklin (1) Bouguereau (1) Brauner (1) Bruegel (1) Brueghel (1) Brueguel (1) Burt GLINN (1) CALOUSTE GULBENKIAN (1) CAZOTTE (1) CRVANTES (1) Charles S. Peirce (1) Chavannes (1) China (1) Claesz (1) Confucius (1) Confúncio (1) D. (1) DAVIS Stuart (1) DEGAS (1) DELACROIX (1) Dalton Trevisan (1) Deleuze (1) Denis (1) Design (1) Diebenkorn (1) Diógenes (1) E. (1) ERNST CASSIRER (1) Emile Durkheim (1) Empédocles (1) Epimenides (1) F. Vallotton (1) FERDINAND DE SAUSSURE (1) Feuerbach (1) Feyerabend (1) Florbela Espanca (1) Franceco Clemente (1) Franz Marc (1) GROOT (1) GUSTON (1) Galileu (1) Gestalt (1) Graham (1) Grécia (1) Guercino (1) H. Arendt (1) H. MARCUSE (1) Hals (1) Helmut Newton (1) Holbien (1) Hume (1) J. Derrida (1) J.-F. Millet (1) Jan Van KESSEL (1) Jean Laplanche (1) KROYER (1) Kandel E. (1) Keane (1) Kim (1) Kitaoka (1) Klee (1) Knight (1) Korand Von SOEST (1) Kôhler (1) Liev Tolstói (1) M. Mead (1) Malinowski (1) Mantegna (1) Mark Petrick (1) Max Weber (1) Mário Quintana (1) Münter (1) N. Chomsky (1) NEIL GAIMAN (1) Nasio (1) Otto Rank (1) Ovídio (1) Palencia (1) Parmênides (1) Paul DELVAUX (1) Peter HILLE (1) Raduan Nassar (1) Ron Van Dongen (1) S. Franklin (1) Sandman (1) Satrapi (1) Schiele (1) Shakespeare (1) Silvers (1) Siqueiros (1) Spinoza (1) St. T. de Aquino (1) TELEPATIA (1) TODOROV (1) Tarsila do Amaral (1) Taschen (1) Thomas HOPKER (1) Truffaut (1) Tycho (1) Uccello (1) Velvet underground Nico (1) Verne (1) Victor Brochard (1) W. Metcalf (1) Web (1) Weinberg (1) William Bailey (1) Woody Allen (1) Xenofonte (1) Y. Utagawa (1) Yoshitoshi (1) alessandro gottardo (1) arcoiris (1) armour (1) arquitetura (1) asselyn (1) ate (1) bassano (1) biblia (1) breton (1) cartoon (1) ceticismo (1) cocaina (1) conto (1) criança (1) dança (1) direito (1) dor (1) eclesiastes (1) economia (1) edgar allan poe (1) edgar morin (1) ego (1) ensaio (1) epicurus (1) espelho (1) estações (1) eu (1) fala (1) feed (1) foto (1) frr (1) física (1) game (1) gato (1) giger (1) girafa (1) goya (1) hamlet (1) hoffmann (1) humor (1) identificação (1) impressionismo (1) intuição (1) jakobson (1) japan (1) krsna (1) kundera (1) lacn (1) leminski (1) lévi-strauss (1) mafalda (1) magritte (1) miró (1) moda (1) moral (1) mundo (1) mãe (1) narrativa (1) nausea (1) neruda (1) nokides (1) ocultismo (1) perguntas (1) poeso (1) poker (1) política (1) praia (1) sabedoria (1) sapatos (1) saramago (1) semina (1) semiótica (1) shopenhauer (1) soutine (1) suicidio (1) swan (1) sêneca (1) tatoo (1) tatuagem (1) tese (1) titã (1) touro (1) umberto eco (1) valentina (1) venus (1) virtude (1) war (1) weeks (1)
 

sobrefulanos by nokides