La timidez y los trastornos nerviosos en los niños | WINNICOTT

| sexta-feira, 25 de setembro de 2009
EL MÉDICO SE OCUPA, al menos por el momento, de satisfacer las necesidades individuales de un
solo paciente, el que acude a él en consulta. Por lo tanto, quizás un médico no sea la persona adecuada
para hablar a los maestros, ya que éstos casi nunca tienen la oportunidad de limitar su atención a un
solo niño por vez.




- 1 9 3 8 -
EL MÉDICO SE OCUPA, al menos por el momento, de satisfacer las necesidades individuales de un
solo paciente, el que acude a él en consulta. Por lo tanto, quizás un médico no sea la persona adecuada
para hablar a los maestros, ya que éstos casi nunca tienen la oportunidad de limitar su atención a un
solo niño por vez. A menudo deben experimentar el deseo de hacer aquello que parece más apropiado
para un niño en particular, pero deben abstenerse por temor a causar un trastorno en todo el grupo.
Ello no significa, sin embargo, que al maestro no le interese estudiar a los niños a su cuidado
individualmente, y lo que un médico pueda decir quizás lo lleve a ver con mayor claridad lo que ocurre,
por ejemplo, cuando una criatura es tímida, o fóbica. Una mejor comprensión puede llevar a una menor
ansiedad y un mejor manejo, aun cuando sólo se puede proporcionar muy pocos consejos directos.
Hay algo que los médicos hacen y que los maestros podrían hacer más a menudo de lo que en realidad
ocurre. El médico obtiene de los padres un cuadro tan claro como puede de la vida pasada del niño y de
su estado actual, y trata de relacionar los síntomas por los cuales le han traído al niño, con su
personalidad y con sus experiencias externas e internas. El maestro no siempre dispone del tiempo
necesario o de una buena oportunidad para ello, pero sugiero que las oportunidades que sí se le
presentan para el diagnóstico no siempre resultan aprovechadas. A menudo el maestro, puede llegar a
saber cómo son los padres de un niño, sobre todo en el caso de progenitores "imposibles", demasiado
exigentes o descuidados; también puede averiguar cuál es la posición del niño en la familia. Pero hay
tanto más.
Incluso si se ignora el desarrollo interno, a menudo es posible relacionar muchas cosas con hechos tales
como la muerte de un hermano, una tía o un abuelo predilecto o, desde luego, la pérdida de uno de los
padres mismos. Puedo imaginar un niño que se las arreglaba bastante normalmente hasta que, por
ejemplo, un hermano mayor tuvo un accidente y falleció, y desde esa fecha mostró tendencia al
malhumor, a tener dolores en las extremidades, a sufrir de insomnio, a exhibir desagrado con respecto a
la escuela y encontrar serias dificultades para hacerse de nuevos amigos. En casos como éste, por lo
común nadie se molesta en poner de manifiesto estos hechos o en establecer alguna relación entre ellos, y
los padres, que disponen de todos esos datos, tienen que hacer frente al mismo tiempo a su propio dolor,
por lo cual es probable que no tomen conciencia de la relación entre los cambios operados en el estado
del niño y la pérdida sufrida por la familia.
Como consecuencia de tales descuidos en la redacción de la historia clínica, el maestro se une al médico
escolar en una serie de errores de manejo que sólo pueden confundir al niño, que anhela alguien que lo
ayude a comprender.
Desde luego, la etiología de buena parte de la nerviosidad y la timidez infantiles no es tan simple; las más
de las veces no existe ningún evidente factor externo precipitante, pero el maestro debería utilizar un
método tal que, de existir tal factor, de ningún modo pudiera pasarse por alto.
Siempre recuerdo un caso muy simple de este tipo, el de una inteligente niña de doce años que se había
vuelto muy nerviosa en la escuela y padecía de enuresis nocturna. Nadie parecía haber comprendido que
luchaba con el dolor que le había producido la muerte de un hermano muy querido. Ese hermano se
había alejado del hogar por una semana o dos, debido a una fiebre infecciosa, pero no regresó al cabo de
ese tiempo, pues comenzó a sufrir de dolores que resultaron atribuibles a una tuberculosis ósea. La
hermana se había alegrado, tal como el resto de la familia, de que se lo internara en un excelente
hospital para tuberculosos. A medida que transcurrían los días, el muchacho sufría dolores cada vez
más agudos, y cuando por fin murió de una tuberculosis generalizada, ella volvió a alegrarse. Todos
afirmaron que era un gran alivio.
Las cosas se habían desarrollado de tal modo que la niña nunca experimentó un profundo dolor y, no
obstante, el dolor estaba allí esperando que se lo reconociera. La sorprendí con una pregunta
inesperada: "¿Tú lo querías, no es así?", que produjo pérdida de control y torrentes de lágrimas. Como
consecuencia, la niña volvió a su actitud normal en la escuela, y la enuresis nocturna desapareció.
Semejante oportunidad para la terapia directa no- se presenta todos los días, pero este caso ilustra la
impotencia del maestro y el médico que no saben tomar una historia clínica precisa.
A veces un diagnóstico sólo resulta evidente después de una prolongada investigación. Una niña de diez
años asistía a una escuela donde se prestaba mucha atención a cada alumno. Entrevisté a su maestra,
quien me dijo: "Esta niña es nerviosa y tímida, como tantas otras. Yo misma era terriblemente tímida en
mi infancia, y comprendo esa situación. En mi clase por lo general puedo manejar a los chicos nerviosos
y conseguir que, al cabo de pocas semanas, pierdan buena parte de su timidez. Pero con esta niña me es
imposible: nada de lo que yo hago parece modificarla; no empeora ni mejora".
Sucedió que esa niña fue sometida a un tratamiento psicoanalítico, y la timidez no la abandonó hasta
que se puso de manifiesto y se analizó una profunda desconfianza oculta, que sólo podía desaparecer con
un análisis. La maestra estaba acertada al señalar la diferencia entre esa niña tímida y otras que se le
parecían en superficie. Toda bondad era una trampa para esta niña, y todos los regalos eran manzanas
envenenadas; su enfermedad le impedía aprender y sentirse segura, y era también por miedo que
necesitaba actuar como los otros chicos en la medida de lo posible, con el fin de que nadie se diera cuenta
de que anhelaba la ayuda que no tenía esperanzas de recibir ni de aceptar. Un año después de que esta
niña comenzara el tratamiento, esa misma maestra pudo manejarla igual que a los otros chicos, y con el
tiempo esa niña llegó a convertirse en una de las alumnas más destacadas del colegio.
Muchos de los niños que se muestran excesivamente nerviosos tienen en su configuración psicológica
una expectativa de persecución, y resulta útil aprender a distinguirlos de otros niños. Por lo general se
los persigue realmente, pues prácticamente piden que se los moleste. Casi podría decirse que a veces
logran crear matones entre sus compañeros. No hacen amigos con facilidad, aunque pueden establecer
ciertas alianzas contra un enemigo común.
Estos niños son traídos a consulta por diversos dolores y trastornos del apetito, pero lo que nos interesa
es que a menudo se quejan de que su maestra los ha golpeado.
Por fortuna sabemos que esa queja no encierra exactamente la verdad de Dios. Se trata de una cuestión
mucho más compleja, a menudo un puro y simple delirio, a veces una sutil manera de plantear las cosas
sin respetar demasiado la verdad, pero siempre una señal de angustia, de persecuciones inconscientes
mucho peores, ocultas y, por ello, mucho más terroríficas para el niño. Desde luego, hay maestras malas,
y hay maestras que golpean cruelmente a los niños, pero rara vez se las descubre por este método. La
queja del niño es casi siempre un síntoma de enfermedad psicológica de tipo persecutorio.
Muchas criaturas resuelven sus problemas persecutorios cometiendo de continuo pequeñas maldades, y
creando así una maestra verdaderamente persecutoria, que los castiga incesantemente. Ese niño obliga a
la maestra a mostrarse muy estricta con él y, dentro de un grupo, puede obligar a todo el grupo a un
manejo muy estricto, que en realidad es "bueno" sólo para un niño. A veces resulta útil pasar ese niño a
un colega que no esté al tanto de las cosas, para conservar así la posibilidad de proporcionar un
tratamiento sano a los otros alumnos, menos enfermos.
Desde luego, conviene recordar que la nerviosidad y la timidez ofrecen un aspecto sano, normal. En mi
trabajo puedo reconocer ciertos tipos de trastornos psicológicos por la ausencia de timidez normal. A
veces un niño da vueltas por la-habitación, mientras examino a otro paciente, y luego se dirige
rectamente hacia mí, un desconocido y se sube a mis rodillas. Los niños más normales tienen miedo, me
exigen ciertas señales de seguridad. Incluso a veces prefieren abiertamente a su propio padre, y así me lo
dicen.
Esta nerviosidad normal resulta más evidente en el caso de niños más pequeños: Una criaturita que no
le tiene miedo a las calles de Londres, e incluso a una tormenta con truenos y relámpagos, está enferma.
Hay cosas temibles dentro de un niño, como dentro de nosotros, pero no puede correr el riesgo de
encontrarlas afuera, no puede dejarse llevar por su imaginación. Los padres y los maestros que emplean
la huida hacia la realidad como una defensa básica contra lo intangible, lo grotesco y lo fantástico, se
engañan a veces al creer que el niño que no teme a "perros, médicos y negros" es simplemente sensato y
valiente. En realidad, el niño pequeño debería ser capaz de tener miedo, de obtener un cierto alivio de la
maldad interior a través de la posibilidad de percibir maldad en las personas, cosas y situaciones
externas. Sólo gradualmente la prueba de realidad va modificando el espanto interior, y este proceso
nunca es completo para nadie. En pocas palabras, el niño pequeño que no tiene miedo está fingiendo,
reforzando su valor, o bien está enfermo. Pero si está enfermo, y lleno de temores, es posible
reasegurarlo, según su capacidad para percibir también fuera de él la bondad que hay dentro de él.
La timidez y el nerviosismo, pues, son problemas a diagnosticar, y a considerar en relación con la edad
del niño. Partiendo del principio de que es posible enseñar a los niños normales, y de que los niños
enfermos malgastan la energía y el tiempo de los maestros, resulta importante poder llegar a una
conclusión en cuanto a la normalidad o anormalidad de los síntomas en cada caso individual; y he
sugerido que el uso adecuado de la historia clínica y la forma en que se la toma pueden ayudar en este
sentido, es decir, si ello se combina con un conocimiento relativo al mecanismo del desarrollo emocional
del niño.
página

Donald Winnicott

Pesquisar este blog

Carregando...
arte (407) pintura (248) filosofia (102) fotografia (89) literatura (84) psicanálise (57) morte (37) HQ (28) freud (28) peanuts (27) skull (27) antropologia (26) comic (24) poesia (23) lacan (22) PSYCHOANALYSIS (20) Desenho (17) Picasso (15) o seminário (15) Bresson (13) cat (12) oriente (12) borges (11) kant (11) psicologia (11) foucault (10) levi-strauss (10) platão (10) SONHOS (9) religião (9) Kirchner (8) biografia (8) kafka (8) love (8) Ernest Max (7) Guimaraes Rosa (7) Ken Rosenthal (7) Mark Eshbaugh (7) NIETZSCHE (6) Salvador Dali (6) aristóteles (6) manet (6) snoopy (6) sociologia (6) Animais (5) Aristotle (5) Escher (5) Geertz (5) Hundertwasser (5) Lauren Simonutti (5) Sommer (5) medicina (5) munch (5) Arthur DOVE (4) CINEMA (4) Carl LARSSON (4) Cézanne (4) DICIONARIO (4) Descartes (4) Doré (4) Ernest Jones (4) Ernst HAAS (4) Guido Crepax (4) H. Bergson (4) Julio Cortázar (4) Kacere (4) Locke (4) Mucha (4) Richter (4) Van Gogh (4) Will Barnet (4) alexandre koyrè (4) caveira (4) drummond (4) gravura (4) hegel (4) história (4) linguística (4) monet (4) música (4) sartre (4) teatro (4) televisão (4) universo (4) verdade (4) Abbas (3) Arthur Rackham (3) Avigdor (3) Blake (3) CORINTH (3) Cambon (3) Connie Imboden (3) David Hockney (3) F. Hodler (3) Frida KAHLO (3) GEORGES BATAILLE (3) James Joyce (3) Kojeve (3) Konrad LORENZ (3) Lori Nix (3) M. J. A. Eguiño (3) Marcel MAUSS (3) Marqués de Sade (3) Marx (3) Memling (3) Pierre Bourdieu (3) Psychiatry (3) SENECA (3) Schopenhauer (3) Tom Chambers (3) Winnicott (3) arroyo (3) autobiografia (3) baby (3) caravaggio (3) cristianismo (3) dickens (3) einstein (3) erwitt (3) etologia (3) fisica (3) magia (3) planetas (3) B. F. Skinner (2) BACHELARD (2) Birman J. (2) CERVANTES (2) Castillo (2) Dix (2) Dulac (2) E. HOPPER (2) E. Nodel (2) ETNOLOGÍA (2) Ernest HAAS (2) Ferenczi (2) G. JOHN (2) GEORGE CANGUILHEM (2) Gustav Caillebotte (2) Hipocrates (2) J. Ensor (2) J. J. Tissot (2) JUNG (2) John Donne (2) KARL JASPERS (2) KIERKEGAARD (2) Kandinsky (2) Klimt (2) L. da VINCI (2) LOUIS ALTHUSSER (2) Lewis Carroll (2) M. Dzama (2) MAUGHAM (2) MERLEAU - PONTY (2) Mann (2) Melanie Klein (2) Neil Welliver (2) Norman Rockwell (2) Pascal (2) Piaget (2) Pollock (2) Quino (2) Roland Barthes (2) Sahlins (2) Serge Leclaire (2) St. Agostinho (2) Stratton (2) Vinicus de Moraes (2) Vuillard (2) WITTGENSTEIN (2) amor (2) beauvoir (2) biology (2) cogito (2) critica (2) cultura (2) diabo (2) erotic (2) estruturalismo (2) gide (2) guerra (2) loucura (2) lua (2) mind (2) mitologia (2) mitos (2) rilke (2) salomão (2) saturno (2) sono (2) sócrates (2) vida (2) ética (2) A. Comte (1) A. Warhol (1) Alix Malka (1) Andreas Gursky (1) Anticristo (1) Arcimboldo (1) Aristófanes (1) Augusto dos Anjos (1) B. Barbey (1) B. Jacklin (1) Bagheria (1) Barbara Morgan (1) Basquiat (1) Berkeley (1) Bhagavad-Gita (1) Bhopal (1) Bocklin (1) Bouguereau (1) Brauner (1) Bruegel (1) Brueghel (1) Brueguel (1) Burt GLINN (1) CALOUSTE GULBENKIAN (1) CAZOTTE (1) CRVANTES (1) Charles S. Peirce (1) Chavannes (1) China (1) Claesz (1) Confucius (1) Confúncio (1) D. (1) DAVIS Stuart (1) DEGAS (1) DELACROIX (1) Dalton Trevisan (1) Deleuze (1) Denis (1) Design (1) Diebenkorn (1) Diógenes (1) E. (1) ERNST CASSIRER (1) Emile Durkheim (1) Empédocles (1) Epimenides (1) F. Vallotton (1) FERDINAND DE SAUSSURE (1) Feuerbach (1) Feyerabend (1) Florbela Espanca (1) Franceco Clemente (1) Franz Marc (1) GROOT (1) GUSTON (1) Galileu (1) Gestalt (1) Graham (1) Grécia (1) Guercino (1) H. Arendt (1) H. MARCUSE (1) Hals (1) Helmut Newton (1) Holbien (1) Hume (1) J. Derrida (1) J.-F. Millet (1) Jan Van KESSEL (1) Jean Laplanche (1) KROYER (1) Kandel E. (1) Keane (1) Kim (1) Kitaoka (1) Klee (1) Knight (1) Korand Von SOEST (1) Kôhler (1) Liev Tolstói (1) M. Mead (1) Malinowski (1) Mantegna (1) Mark Petrick (1) Max Weber (1) Mário Quintana (1) Münter (1) N. Chomsky (1) NEIL GAIMAN (1) Nasio (1) Otto Rank (1) Ovídio (1) Palencia (1) Parmênides (1) Paul DELVAUX (1) Peter HILLE (1) Raduan Nassar (1) Ron Van Dongen (1) S. Franklin (1) Sandman (1) Satrapi (1) Schiele (1) Shakespeare (1) Silvers (1) Siqueiros (1) Spinoza (1) St. T. de Aquino (1) TELEPATIA (1) TODOROV (1) Tarsila do Amaral (1) Taschen (1) Thomas HOPKER (1) Truffaut (1) Tycho (1) Uccello (1) Velvet underground Nico (1) Verne (1) Victor Brochard (1) W. Metcalf (1) Web (1) Weinberg (1) William Bailey (1) Woody Allen (1) Xenofonte (1) Y. Utagawa (1) Yoshitoshi (1) alessandro gottardo (1) arcoiris (1) armour (1) arquitetura (1) asselyn (1) ate (1) bassano (1) biblia (1) breton (1) cartoon (1) ceticismo (1) cocaina (1) conto (1) criança (1) dança (1) direito (1) dor (1) eclesiastes (1) economia (1) edgar allan poe (1) edgar morin (1) ego (1) ensaio (1) epicurus (1) espelho (1) estações (1) eu (1) fala (1) feed (1) foto (1) frr (1) física (1) game (1) gato (1) giger (1) girafa (1) goya (1) hamlet (1) hoffmann (1) humor (1) identificação (1) impressionismo (1) intuição (1) jakobson (1) japan (1) krsna (1) kundera (1) lacn (1) leminski (1) lévi-strauss (1) mafalda (1) magritte (1) miró (1) moda (1) moral (1) mundo (1) mãe (1) narrativa (1) nausea (1) neruda (1) nokides (1) ocultismo (1) perguntas (1) poeso (1) poker (1) política (1) praia (1) sabedoria (1) sapatos (1) saramago (1) semina (1) semiótica (1) shopenhauer (1) soutine (1) suicidio (1) swan (1) sêneca (1) tatoo (1) tatuagem (1) tese (1) titã (1) touro (1) umberto eco (1) valentina (1) venus (1) virtude (1) war (1) weeks (1)
 

sobrefulanos by nokides