La psicoterapia de los trastornos del carácter | WINNICOTT

| sexta-feira, 25 de setembro de 2009
Pese al título elegido para este trabajo, es imposible abstenerse de discutir el significado de la
expresión "trastorno del carácter". Como lo ha señalado Fenichel (1), cabe preguntarse si existe
algún análisis que no sea un "análisis del carácter". Todos los síntomas son el resultado de
actitudes específicas del yo, que en el análisis aparecen como resistencias y que han sido
adquiridas durante los conflictos infantiles. Así es en verdad y, hasta cierto punto, todos los análisis
son realmente análisis del carácter.




1963
Trabajo leído en el 11° Congreso Europeo de Psiquiatría del Niño,
celebrado en Roma en mayo y junio de 1963
Pese al título elegido para este trabajo, es imposible abstenerse de discutir el significado de la
expresión "trastorno del carácter". Como lo ha señalado Fenichel (1), cabe preguntarse si existe
algún análisis que no sea un "análisis del carácter". Todos los síntomas son el resultado de
actitudes específicas del yo, que en el análisis aparecen como resistencias y que han sido
adquiridas durante los conflictos infantiles. Así es en verdad y, hasta cierto punto, todos los análisis
son realmente análisis del carácter.
Y añade:
Los trastornos del carácter no constituyen una unidad nosológica. Los mecanismos en los que se
fundan pueden ser tan diferentes como aquellos en los que se basan las neurosis sintomáticas. Por
ende, un carácter histérico será más fácil de tratar que uno compulsivo y, a su vez, éste será más
fácil de tratar que un carácter narcisista.
Salta a la vista que la expresión "trastornos del carácter" es demasiado amplia para ser útil, o bien
tendré que utilizarla de un modo especial. Si opto por la segunda alternativa, debo indicar qué uso le
daré en este trabajo.
Ante todo, la confusión será inevitable a menos que se reconozca que los tres términos -carácter,
buen carácter y trastorno del carácter- traen a la memoria tres fenómenos muy diferentes. Tratar
simultáneamente a los tres sería caer en lo artificioso; sin embargo, los tres están interrelacionados.
Freud escribió que "un carácter moderadamente confiable" era uno de los requisitos fundamentales
para el éxito del análisis, pero aquí nos estamos refiriendo a la no confiabilidad como rasgo de la
personalidad y Fenichel pregunta: ¿esta inconfiabilidad puede ser tratada? Podría haber
preguntado: ¿cuál es su etiología?
Al observar los trastornos del carácter, me doy cuenta de que estoy observando a personas totales.
La expresión "trastornos del carácter" implica cierto grado de integración que es de por sí una señal
de buena salud, desde el punto de vista psiquiátrico.
Los trabajos que precedieron al mío nos han enseñado muchas cosas y han fortalecido en mí la
idea de que el carácter es algo relacionado con la integración. El carácter es una manifestación de
una integración lograda; un trastorno del carácter es una deformación de la estructura yoica, si bien
se mantiene la integración. Quizá convenga recordar que en la integración entra el factor tiempo: el
carácter del niño se ha formado sobre la base de un proceso evolutivo constante y, en este sentido,
el niño tiene un pasado y un futuro.
Parecería oportuno utilizar el término "trastorno del carácter" para describir el intento de un niño de
adecuar sus propias anormalidades o deficiencias en el desarrollo. Siempre suponemos que la
estructura de la personalidad es capaz de soportar la tensión y el esfuerzo impuestos por la
anormalidad. El niño necesita avenirse a su pauta personal de angustia, compulsión, modalidad
temperamental, recelo, etc., y relacionarla con los requerimientos y expectativas del ambiente
inmediato.
En mi opinión, el valor del término radica específicamente en una descripción de una deformación
de la personalidad que se produce cuando el niño necesita adecuar cierto grado de tendencia
antisocial. Esto nos lleva de inmediato a una enunciación del uso que le doy al término.
Las palabras que utilizo nos permiten centrar la atención no tanto en la conducta, sino más bien en
las raíces de la mala conducta que abarcan toda el área intermedia entre la normalidad y la
delincuencia. Ustedes pueden estudiar la tendencia antisocial en su propio hijo sano que a los 2
años toma una moneda de la cartera de su madre.
La tendencia antisocial siempre nace de una deprivación y representa el reclamo del niño de volver,
por detrás de ella, a la situación reinante cuando todo iba bien. Me es imposible desarrollar el tema
en este trabajo, pero debo mencionar lo que yo llamo "tendencia antisocial" porque se la encuentra
con regularidad al hacer la disección de los trastornos del carácter. Al adecuar su propia tendencia
antisocial, el niño tal vez la oculta, desarrolla una formación reactiva contra ella (p. ej., se vuelve
escrupuloso), se siente agraviado y adquiere un carácter quejumbroso, o bien se especializa en
tener ensueños diurnos, mentir, orinarse en la cama, chuparse el pulgar o frotarse los muslos en
forma compulsiva, evidenciar una masturbación crónica leve, etc. Asimismo, puede manifestar
periódicas-, entre su tendencia antisocial por intermedio de un trastorno de la conducta, siempre
compulsivo y asociado a la esperanza, que consiste en robar o en agredir y destruir.
Por consiguiente, desde mi punto de vista, los trastornos del carácter se refieren principalmente a
una deformación de la personalidad intacta provocada por los elementos antisociales que contiene.
El elemento antisocial es el que determina la intervención de la sociedad (o sea, de la familia del
niño, etc.), la cual debe hacer frente al desafío y sentir agrado o desagrado por ese carácter y su
trastorno.
Aquí tenemos, pues, el comienzo de una descripción:
Los trastornos del carácter no son sinónimo de esquizofrenia. En ellos hay una enfermedad oculta,
dentro de una personalidad intacta. De algún modo, y hasta cierto punto, involucran activamente a
la sociedad.
Podemos clasificarlos basándonos en:
El éxito o fracaso del individuo cuando su personalidad total intenta ocultar el elemento de
enfermedad. En este contexto tener éxito significa que la personalidad, pese a su empobrecimiento,
ha adquirido la capacidad de socializar la deformación del carácter para encontrar beneficios
secundarios, o bien para hacerla compatible con una costumbre social. Fracasar significa que el
empobrecimiento de la personalidad va acompañado de una falla en el establecimiento de una
relación con la sociedad en general, debida al elemento de enfermedad oculto.
La sociedad desempeña un papel efectivo en la determinación del destino de la persona afectada
por un trastorno del carácter. Lo hace de diversos modos; por ejemplo:
Tolera hasta cierto punto la enfermedad del individuo.
Tolera la incapacidad del individuo de contribuir con algo.
Tolera o aun disfruta las deformaciones del modo en que el individuo contribuye con algo.
O bien enfrenta el desafío de la tendencia antisocial del individuo, con una reacción motivada por:
1) El deseo de venganza.
2) El deseo de socializar al individuo.
3) La comprensión y su aplicación a la prevención.
El individuo afectado por un trastorno del carácter puede adolecer de:
1) Empobrecimiento de la personalidad, sentimiento de agravio, irrealidad, conciencia de la falta de
un propósito serio para su vida, etc.
2) Incapacidad de socializarse.
Aquí tenemos una base para la psicoterapia, porque ella se relaciona con el sufrimiento del
individuo y su necesidad de ayuda. Empero, en los trastornos del carácter, el sufrimiento interviene
tan sólo en las etapas tempranas de la enfermedad; los beneficios secundarios pronto prevalecen,
alivian el sufrimiento e interfieren en el impulso del individuo de buscar ayuda o aceptar la que le
ofrezcan.
Debemos admitir que en lo pertinente al "éxito" (o sea, al ocultamiento y socialización del trastorno
del carácter) la psicoterapia enferma al individuo, porque la enfermedad ocupa una posición
intermedia entre la defensa y la salud del individuo. En cambio, cuando el individuo "fracasa" en su
intento de ocultar su trastorno, en una etapa temprana puede experimentar un impulso inicial de
buscar ayuda pero, a causa de las reacciones de la sociedad, esta motivación no lo impele
necesariamente a buscar un tratamiento para su enfermedad más profunda.
El indicador con respecto al tratamiento de los trastornos del carácter es el papel que desempeña el
ambiente en la cura natural. El ambiente puede "curar" los casos muy leves porque la causa del
trastorno fue una falla ambiental en el área del soporte del yo y la protección, producida en una
etapa de dependencia del individuo. Esto explica por qué los niños suelen "curarse" de un trastorno
incipiente en el curso evolutivo de su propia niñez mediante el simple uso de la vida doméstica. Los
padres tienen una segunda oportunidad de sacar a flote a sus hijos e incluso una tercera, pese a las
fallas (en su mayoría inevitables) habidas en su manejo en las etapas más tempranas de su vida,
cuando el niño es muy dependiente. La vida familiar es, pues, el medio que ofrece la mejor
oportunidad para investigar la etiología de los trastornos del carácter. A decir verdad, es en esa vida
familiar (o en su sustituto) donde va formándose de manera positiva el carácter del niño.
Etiología de los trastornos del carácter
Cuando se estudia la etiología de estos trastornos hay que dar por descontados, por un lado, el
proceso de maduración del niño, la esfera libre de conflictos del yo (Hartmann) y el movimiento de
avance impulsado por la angustia (Klein) y, por el otro, la función ambiental que facilita los procesos
de maduración. En todos los casos, la maduración efectiva del niño requiere una provisión
ambiental suficientemente "buena".
Teniendo presentes estas premisas, podemos decir que hay dos deformaciones extremas y que
ellas se relacionan con la etapa de maduración durante la cual la falla ambiental sometió, en verdad,
a un esfuerzo excesivo a la capacidad de organización defensiva del yo:
En un extremo está el ocultamiento por el yo de las formaciones de síntomas psiconeuróticos
(disposición relacionada con la angustia propia del complejo de Edipo). En este caso la enfermedad
oculta es una cuestión de conflicto dentro de lo inconsciente personal.
En el otro extremo está el ocultamiento por el yo de las formaciones de síntomas psicóticos
(escisión, disociaciones, deslizamiento fuera de la realidad, despersonalización, regresión y
dependencias omnipotentes, etc.). En este caso la enfermedad oculta está en la estructura yoica.
No obstante, la intervención esencial de la sociedad no depende de que la enfermedad oculta sea
psiconeurótica o psicótica. De hecho, en los trastornos del carácter está presente otro elemento
más: la percepción correcta por el individuo, en un momento de su temprana infancia, de que al
principio todo iba bien o suficientemente bien, pero luego todo marchó mal. En otras palabras, el
individuo percibe que en un momento dado, o a lo largo de una fase evolutiva, hubo una falla
efectiva en el soporte del yo que sostenía su desarrollo emocional. Esta perturbación provocó en él
una reacción que ocupó el lugar del simple crecimiento. Los procesos de maduración quedaron
obstruidos por una falla del ambiente facilitador.
Si es correcta, esta teoría de la etiología de los trastornos del carácter conduce a una nueva
descripción de su gestación. A lo largo de su vida, el individuo que entra en esta categoría lleva
encima dos cargas separadas. Una es, por supuesto, la carga cada vez más pesada de un proceso
de maduración perturbado y, en algunos aspectos, atrofiado o postergado. La otra es la esperanza
de que el ambiente reconozca y repare la falla específica que ocasionó el daño; esta esperanza
nunca se extingue del todo. En la gran mayoría de los casos, los padres, familiares o custodios del
niño admiten el hecho del "abandono" (tan a menudo inevitable) y logran que el niño se recupere del
trauma haciéndolo pasar por un período de manejo especial, de mimos o de lo que podríamos
llamar cuidado mental.
Si la familia no remedia sus fallas el niño sigue adelante con ciertas desventajas, por cuanto:
1) está empeñado en arreglárselas para llevar una vida propia, a pesar de la falta de desarrollo
emocional;
2) está constantemente expuesto a tener momentos de esperanza, en los que le parecería posible
obligar al ambiente a efectuar una cura; de ahí sus actuaciones.
Entre el estado clínico del niño así dañado y la reanudación de su desarrollo emocional (con todas
sus connotaciones desde el punto de vista de la socialización) se interpone la necesidad de inducir
a la sociedad a reconocer y reparar el daño. Detrás de la inadaptación de un niño siempre hay una
falla del ambiente, que no se adaptó a las necesidades absolutas de ese niño en un momento de
relativa dependencia (falla que es al principio una falla en la asistencia y el cuidado). A ella puede
añadírsele ulteriormente una falla de la familia, al no curar los efectos de las fallas anteriores, y otra
de la sociedad, cuando ocupa el lugar de la familia. Permítaseme subrayar que, en este tipo de
casos, es posible demostrar que la falla inicial ocurrió en un momento en que el desarrollo del niño
acababa de posibilitarle la percepción de la falla como hecho real, así como de la índole de la
inadaptación ambiental.
El niño muestra ahora una tendencia antisocial. Como ya he dicho, en la etapa previa a la
adquisición de los beneficios secundarios, dicha tendencia siempre es una manifestación de
esperanza. Puede mostrarla de dos maneras:
1) Planteando reclamos a los otros respecto a: tiempo, preocupación por él, dinero, etc.
(manifestados mediante el robo).
2) Abrigando la expectativa de que alcanzará el grado de fortaleza y organización estructurales, y
de "retorno", esencial para que el chico pueda descansar, relajarse, desintegrarse y sentirse seguro
(manifestada mediante la destrucción, que provoca a su vez un manejo enérgico del niño).
Esta teoría de la etiología de los trastornos del carácter me servirá de base para examinar el tema
de la terapia.
Indicaciones para la terapia
El tratamiento de estos trastornos tiene tres metas:
1) Hacer una disección profunda, que llegue hasta la enfermedad oculta que sale a la luz en la
deformación del carácter. Puede haber un período preparatorio, durante el cual se invita al individuo
a convertirse en paciente, o sea, a enfermarse en vez de ocultar la enfermedad.
2) Responder a la tendencia antisocial que, desde el punto de vista del terapeuta, evidencia la
esperanza que alienta el paciente. Se responderá a ella como si fuera un S.O.S., un grito del
corazón, una señal de socorro.
3) Hacer un análisis que tome en cuenta la deformación del yo y la explotación, por el paciente, de
las mociones del ello durante sus tentativas de autocuración.
El intento de responder a la tendencia antisocial del paciente presenta dos aspectos:
Posibilitar sus reclamos de que tiene derechos con respecto al amor y confiabilidad de una persona.
Suministrarle una estructura de sostén del yo, relativamente indestructible.
De esto se infiere que el paciente "actuará" de tiempo en tiempo; sus actuaciones pueden ser
manejadas e interpretadas en tanto guarden relación con la transferencia. Los problemas que
aparecen en la terapia se refieren a la actuación antisocial que está fuera del mecanismo
terapéutico total, o sea, que involucra a la sociedad.
La enfermedad oculta y la deformación del yo requieren un tratamiento psicoterapéutico, pero al
mismo tiempo se debe tratar de contrarrestar la tendencia antisocial a medida que vaya
manifestándose. Esta parte de la terapia tiene por objeto llegar hasta el trauma original. Esto debe
hacerse durante la psicoterapia o, si ésta no es asequible, durante el manejo especializado que se
suministre.
En el curso de este trabajo, las fallas del terapeuta o de quienes manejen la vida del niño serán
reales y podrán mostrarse como otras tantas reproducciones simbólicas de las fallas originales. Su
realidad es genuina, especialmente en la medida en que el paciente haya retornado al. estado de
dependencia propio de la edad en que sufrió la deprivación, o lo recuerde. El reconocimiento de la
falla del analista o custodio capacita al paciente para experimentar el sentimiento de rabia que
corresponde, en vez de sentirse traumatizado. El paciente necesita retrotraerse a la situación
reinante antes del trauma original, a través del trauma transferencial. (En algunos casos, se da la
posibilidad de que el paciente llegue muy pronto hasta el trauma de deprivación en la primera
entrevista). La reacción ante la falla actual sólo tiene sentido si ésta es la falla ambiental original,
desde el punto de vista del niño. La reproducción de ejemplos en el tratamiento tal como surgen de
la falla ambiental original, junto con la pertinente experiencia de rabia del paciente, liberan los
procesos de maduración de éste. Debemos recordar que el paciente se encuentra en un estado de
dependencia y necesita recibir un soporte del yo, así como un manejo ambiental (sostén), dentro del
encuadre del tratamiento. La fase siguiente tiene que ser un período de crecimiento emocional,
durante el cual el carácter se fortalezca positivamente y pierda sus deformaciones.
En circunstancias favorables la actuación propia de estos casos queda confinada a la transferencia,
o bien se la puede incorporar a ella en forma productiva interpretando el desplazamiento, el
simbolismo y la proyección. En un extremo está la cura "natural" común, que acontece dentro de la
familia del niño. En el otro están los pacientes con perturbaciones graves, cuya actuación puede
imposibilitar el tratamiento mediante interpretaciones, pues el trabajo se ve interrumpido por las
reacciones de la sociedad ante los robos o actos destructivos que comete el paciente.
En un caso moderadamente grave se puede manejar la actuación, siempre y cuando el terapeuta
comprenda su significado e importancia. Puede decirse que la actuación es la alternativa de la
desesperación. La mayor parte del tiempo, el paciente desespera de poder corregir el trauma
original; de ahí que viva en un estado de depresión relativa o de disociaciones que enmascaran la
amenaza constante de caer en un estado caótico. Sin embargo, cuando empieza a trabar una
relación de objeto o a investir a una persona, se pone en marcha una tendencia antisocial, una
compulsión a plantear reclamos por medio del robo o de una conducta destructiva y así activar un
manejo duro, o incluso vengativo.
En todos los casos, para que la psicoterapia tenga éxito, el analista debe observar al paciente
durante una o muchas de estas molestas fases de conducta antisocial manifiesta... y, con excesiva
frecuencia, el tratamiento es interrumpido justamente en esos momentos molestos. No siempre se
abandona un caso porque la situación se ha vuelto intolerable; es igualmente probable que se lo
abandone porque los padres, familiares o custodios ignoran que estas fases de actuación son
inherentes al caso y pueden tener un valor positivo.
Estas fases del manejo o tratamiento presentan dificultades tan grandes en los casos graves, que la
ley -o sea, la sociedad- se hace cargo de ellos y deja en suspenso su tratamiento psicoterapéutico.
La piedad o la benevolencia dejan paso a la venganza de la sociedad; el individuo deja de sufrir y
de ser un paciente, transformándose en un criminal con delirio de persecución.
Deseo llamar la atención de ustedes con respecto al elemento positivo contenido en los trastornos
del carácter. El hecho de que un individuo que está intentando acomodar cierto grado de tendencia
antisocial no llegue a tener un trastorno del carácter indica que está expuesto a sufrir un derrumbe
psicótico. El trastorno del carácter indica que la estructura yoica del individuo puede ligar las
energías relacionadas con la atrofia de los procesos de maduración, así como las anormalidades en
la acción recíproca entre el niño y la familia. En tanto los beneficios secundarios no adquieran
importancia, la personalidad con trastornos del carácter siempre estará expuesta a derrumbarse y
caer en la paranoia, la depresión maníaca, la psicosis o la esquizofrenia.
En suma, podemos describir el tratamiento de estos trastornos partiendo de la premisa de que es el
mismo que se aplica a cualquier otro trastorno psicológico, o sea, el psicoanálisis (siempre y cuando
sea asequible). Tal premisa debe ir seguida de estas consideraciones:
1) El psicoanálisis. puede tener éxito, pero el analista debe prever que encontrará una actuación en
la transferencia, comprender su significado e importancia y ser capaz de asignarle valor positivo.
2) El análisis puede tener éxito pero a la vez resultar difícil por las características psicóticas que
posee la enfermedad oculta, que obligan a que el paciente se convierta en un enfermo (p.ej., en un
psicótico o esquizoide) antes de empezar a mejorar; el analista deberá echar mano a todos sus
recursos para tratar los característicos mecanismos de defensa primitivos.
3) El análisis puede ir bien encaminado pero, si la actuación no queda confinada a la relación de
transferencia, el paciente será apartado del analista y mantenido fuera de su alcance, ya sea por la
reacción de la sociedad ante su tendencia antisocial o por la aplicación de la ley. Este caso puede
presentar muchas variantes, dada la variabilidad con que reacciona la sociedad, que va desde la
venganza brutal hasta mostrarse dispuesta a darle al paciente la oportunidad de una socialización
tardía.
4) Muchos casos de trastorno incipiente se tratan con éxito en el hogar del niño, ya sea mediante
una o varias fases de manejo especial (en las que se "malcría" al niño) o mediante un cuidado
especialmente personal (o un control estricto) a cargo de una persona que ama al niño. El
tratamiento no psicoterapéutico de los trastornos incipientes o tempranos, por medio del manejo
grupal, es una extensión del método anterior. La misión de estos grupos es suministrarle al niño un
manejo especial que su familia no le puede dar.
5) A veces un paciente llega al consultorio del terapeuta manifestando ya una tendencia antisocial
arraigada y una actitud empedernida, fomentada por los beneficios secundarios. En tales casos no
se recurre al psicoanálisis, sino que se procura suministrar un manejo firme por personas
comprensivas, a modo de tratamiento y antes de que se suministre uno correctivo por orden judicial.
La psicoterapia individual podría servir de tratamiento adicional, si fuera accesible.
6) Un caso de trastorno del carácter puede presentarse como caso judicial; aquí, la reacción de la
sociedad está representada por la orden judicial que dispone la libertad vigilada del menor, o bien,
su reclusión en una escuela de readaptación social o un establecimiento carcelario.
Cuando se imparte en una fase temprana del trastorno del carácter, la orden judicial de reclusión
puede contribuir de manera positiva a la socialización del paciente. Una vez más hallamos un
paralelo entre la reacción de la sociedad y la cura natural que suele aplicar la familia del paciente:
para éste, dicha reacción es una demostración práctica del "amor" que le tiene la sociedad, o sea,
de su buena disposición para "sostener" su self no integrado y enfrentar la agresión con firmeza
(con el fin de restringir los efectos de los episodios maníacos) y al odio con el odio (en la medida
adecuada y bajo control). Esta última es la mejor forma de manejo satisfactorio que recibirán jamás
algunos niños deprivados; muchos menores deprivados, antisociales y revoltosos se transforman de
fierecillas ineducables en chicos educables bajo el régimen estricto de un hogar de derivación. Esta
mejoría, obtenida en una atmósfera dictatorial, encierra un doble peligro: que tal sistema produzca
dictadores y aun persuada a los pedagogos de que una atmósfera de severa disciplina, con reglas y
deberes que ocupen hasta el último minuto del día, es un buen tratamiento educativo para los niños
normales... cuando, en realidad, no lo es.
Las niñas
En términos generales, todo lo dicho hasta aquí se aplica tanto a los varones como a las niñas.
Empero, en la etapa de la adolescencia, la naturaleza del trastorno del carácter difiere por fuerza de
un sexo a otro. Por ejemplo, las muchachas tienden a manifestar su tendencia antisocial ejerciendo
la prostitución, y uno de los peligros de la actuación es que tengan hijos ilegítimos. En la prostitución
hay beneficios secundarios. Uno de ellos es el descubrimiento, por las adolescentes, de que
prostituyéndose pueden contribuir con algo a la vida de la sociedad, cosa que no pueden hacer por
ningún otro medio. Encuentran a muchos hombres que se sienten solos, que buscan una relación
más que el placer sexual y están dispuestos a pagar por ella. Asimismo, estas muchachas
esencialmente solitarias logran establecer contacto con otras adolescentes prostitutas. El
tratamiento de las adolescentes antisociales que han empezado a experienciar los beneficios
secundarios de la prostitución presenta dificultades insuperables. En este contexto, tal vez no tenga
sentido pensar en un tratamiento. En muchos casos ya es demasiado tarde para aplicarlo. Lo mejor
es desistir de todo intento de curar la prostitución y, en cambio, concentrar los esfuerzos en darles a
estas muchachas techo, comida y la oportunidad de mantenerse sanas y limpias.
Ejemplos clínicos
Un caso común
En un tiempo, tuve bajo tratamiento psicoanalítico a un niño que se hallaba en la etapa de latencia
tardía, al que vi por primera vez cuando tenía 10 años, y que desde su muy temprana infancia (poco
después de su nacimiento y mucho antes de su destete, acaecido a los 8 meses) había sido muy
inquieto y propenso a los estallidos de furia. Su madre era una neurótica que había pasado su vida
en un estado depresivo fluctuante. El niño robaba y solía tener arrebatos agresivos. Su análisis
marchaba bien y, en un año de sesiones diarias, habíamos llevado a cabo un considerable trabajo
analítico franco y directo.
No obstante, cuando su relación conmigo adquirió importancia, se excitó mucho, trepó al techo de la
clínica, inundó el subsuelo e hizo tal alboroto que debimos interrumpir el tratamiento. A veces su
conducta entrañaba un peligro para mí: un día se introdujo por la fuerza en mi auto, estacionado
fuera de la clínica, y lo puso en marcha en primera por medio del arranque automático, al no tener la
llave de contacto. Por la misma época reincidió en los robos y la conducta agresiva fuera del medio
terapéutico. El Juzgado de Menores lo envió a una escuela de readaptación social, precisamente
cuando el tratamiento psicoanalítico estaba en su apogeo. Si yo hubiese sido mucho más fuerte que
él, tal vez habría manejado esta fase y tenido la oportunidad de completar el análisis; pero, dada la
situación, debí abandonar el caso.
(A este muchacho le fue moderadamente bien en la vida. Entró a trabajar como camionero -un oficio
adecuado a su temperamento inquieto- y, en la época en que hice el seguimiento del caso, llevaba
14 años en el puesto. Se había casado y tenía tres hijos. Su esposa se había divorciado de él, tras
lo cual él se había mantenido en contacto con su madre, de quien obtuve los datos para el
seguimiento).
Tres casos favorables
Un niño de 8 años empezó a robar. Tenía un buen hogar. A los 2 años había sufrido una
deprivación relativa, cuando su madre quedó embarazada y fue presa de una angustia patológica.
Los padres lograron atender las necesidades especiales del niño y casi habían llevado a cabo una
cura natural. Los ayudé en esta larga tarea haciéndoles comprender, en alguna medida, lo que
estaban haciendo. En una consulta terapéutica, efectuada cuando el niño tenía 8 años, pude
hacerle "palpar" su deprivación. En un salto regresivo, el niño volvió a una relación de objeto con la
madre buena de su infancia y dejó de robar.
Cierta vez me trajeron en consulta a una niña de 8 años, a causa de sus robos. Tenía un buen
hogar y entre los 4 y 5 años había sufrido en él una deprivación relativa. En una sola consulta
psicoterapéutica, la niña retrocedió a su contacto infantil temprano con una madre buena y, a partir
de entonces, cesaron sus robos. También se orinaba y se ensuciaba; esta manifestación leve de su
tendencia antisocial persistió por un tiempo.
Un niño de 13 años, pupilo en una escuela privada muy distante de su hogar (que, por lo demás,
era bueno), estaba cometiendo robos en gran escala, tajeando sábanas y alterando el orden por
diversos medios: metía en líos a sus condiscípulos, escribía obscenidades erg los baños, etc. En
una consulta terapéutica pudo comunicarme que a los 6 años había pasado por un período de
tensión intolerable, cuando lo enviaron a la escuela de pupilos. Llegué a un acuerdo con los padres
para que este niño, que era el segundo de tres hermanos, pudiera tener un período de "cuidado
mental" en su propio hogar. Lo utilizó para hacer una fase regresiva y luego concurrió a una escuela
diurna. Más adelante ingresó como pupilo en una escuela de la vecindad. Sus síntomas antisociales
cesaron bruscamente después de esta única entrevista conmigo y el seguimiento indica que le ha
ido bien. Ya ha egresado de la universidad y se está afianzando como hombre adulto. En este caso
resulta particularmente cierto que el paciente trajo consigo la comprensión de su problema; sólo
necesitaba que los hechos fueran reconocidos y que se intentara remediar, en forma simbólica, la
falla ambiental.
Comentario
En estos tres casos, en los que se pudo prestar ayuda cuando los beneficios secundarios aún no
habían adquirido importancia, mi actitud general como psiquiatra hizo posible que cada niño
declarara un área específica de deprivación relativa. El hecho de que esto fuera aceptado como
algo real y verdadero capacitó al niño para saltar hacia atrás, por encima de la brecha, y renovar
una relación con objetos buenos que había sido bloqueada.
Un caso fronterizo entre trastorno del carácter y psicosis
Un muchacho lleva ya varios años bajo mi cuidado, aunque sólo lo he visto una vez. La mayoría de
mis contactos han sido con la madre, en tiempos de crisis. Muchas personas han tratado de prestar
ayuda directa al joven, que ahora tiene 20 años, pero él pronto se vuelve reacio a cooperar.
Su cociente intelectual es alto y todos aquellos a quienes ha permitido que le enseñen algo han
dicho que podría ser un actor, poeta, pintor, músico, etc., excepcionalmente brillante. Concurrió a
varias escuelas, siempre por períodos breves, pero como autodidacto se mantuvo muy por delante
de sus pares; en la adolescencia temprana su método consistía en ayudar a sus amigos en sus
tareas escolares, como lo haría un preceptor, y luego mantenerse en contacto con ellos.
Durante el período de latencia fue hospitalizado. Le diagnosticaron una esquizofrenia, pero él nunca
aceptó su condición de paciente y emprendió el "tratamiento" de otros muchachos. Por último se
fugó del hospital y pasó un largo período sin instrucción escolar. Solía tenderse en la cama y
escuchar música lúgubre, o encerrarse con llave en su hogar para que nadie pudiera llegar hasta él.
Amenazaba constantemente con suicidarse, sobre todo a causa de sus violentas aventuras
amorosas. De tiempo en tiempo organizaba fiestas interminables, en cuyo transcurso a veces se
cometían daños contra la propiedad.
El muchacho vivía con su madre en un departamento pequeño. La mantenía siempre sobre ascuas,
sin darle nunca la menor posibilidad de salir de esa situación, por cuanto no estaba dispuesto a
marcharse del hogar, ni a ir a la escuela, ni a concurrir a un hospital, y era lo bastante listo como
para hacer exactamente lo que quería sin caer jamás en el delito, con lo cual se mantenía fuera de
la jurisdicción judicial.
He ayudado a la madre en varias oportunidades, poniéndola en contacto con la policía, el servicio
de libertad vigilada y otros organismos de asistencia social. Cuando el muchacho se declaró
dispuesto a concurrir a determinada escuela secundaria, "tiré de algunos hilos" para posibilitar su
ingreso. Los profesores lo encontraron muy adelantado con respecto de su grupo etario y lo
alentaron mucho, entusiasmados por su talento... pero él abandonó el colegio antes de terminar sus
estudios y obtuvo una beca en una buena escuela de arte dramático de nivel terciario. A esa altura
decidió que su nariz respingada era deforme y acabó por persuadir a su madre de que le costeara
una operación de cirugía plástica para enderezarla. Luego encontró otras razones que le impedían
avanzar y triunfar en la vida, sin darle a nadie, empero, oportunidad alguna de ayudarlo. Esta
situación persiste. En la actualidad, el joven está internado en observación en un hospital
psiquiátrico, pero ya hallará el modo de salir de él y establecerse una vez más en su hogar.
La historia temprana de este joven nos da la pista para explicar la parte antisocial de su trastorno
del carácter. En realidad, él fue el producto de un matrimonio que tuvo un comienzo desdichado y
un rápido fin; a poco de separarse de la madre, el padre se volvió paranoide. La pareja se había
casado inmediatamente después de una tragedia y su unión estaba condenada al fracaso, porque la
mujer todavía no se había recuperado del golpe. Esa tragedia había sido la muerte de su adorado
novio, que ella achacaba a un descuido del hombre con quien se casó enseguida.
Este muchacho podría haber recibido ayuda a edad temprana, quizás a los 6 años, cuando lo
llevaron por primera vez al consultorio de un psiquiatra. En esa ocasión, el niño podría haber guiado
al psiquiatra hasta el material de su deprivación relativa y, a su vez, el profesional podría haberle
explicado el problema personal de su madre y por qué mantenía con él una relación ambivalente.
Pero, en vez de esto, el psiquiatra dispuso su hospitalización. De ahí en adelante el niño se
endureció hasta convertirse en un caso de trastorno del carácter, en una persona que atormenta
compulsivamente a su madre, sus maestros y sus amigos.
En esta serie de resúmenes de casos no he procurado describir un ejemplo de tratamiento
psicoanalítico.
Los casos tratados exclusivamente por medio del manejo son innumerables e incluyen a todos los
niños que al sufrir algún tipo de deprivación son adoptados, enviados a un hogar temporario o
internados en pequeños albergues dirigidos al modo de las instituciones terapéuticas, que ofrecen
atención personalizada. Si describiera un caso perteneciente a esta categoría, daría una impresión
falsa. En verdad, es preciso llamar la atención con respecto al hecho de que el tratamiento de los
trastornos del carácter incipientes siempre tiene éxito, sobre todo en el hogar y en toda clase de
grupos sociales, y con total independencia de la psicoterapia.
No obstante, el trabajo intensivo con los pocos casos que lo requieren es el que esclarece el
problema de los trastornos del carácter -lo mismo puede decirse de otros tipos de trastornos
psicológicos- y el trabajo de los grupos psicoanalíticos en diversos países es el que ha echado las
bases para una formulación teórica, además de haber empezado a dar a los equipos de terapeutas
especializados una explicación sobre las razones de sus tan frecuentes éxitos en la prevención o
tratamiento de los trastornos del carácter.
(1) O. Fenichel, The Psychoanalytic Theory of Neurosis, NuevaYork, W. W. Norton, 1945. [Versión castellana: Teoría
psicoanalítica de las neurosis, Buenos Aires, Paidós, 1964.].

Pesquisar este blog

Carregando...
arte (407) pintura (248) filosofia (102) fotografia (89) literatura (84) psicanálise (57) morte (37) HQ (28) freud (28) peanuts (27) skull (27) antropologia (26) comic (24) poesia (23) lacan (22) PSYCHOANALYSIS (20) Desenho (17) Picasso (15) o seminário (15) Bresson (13) cat (12) oriente (12) borges (11) kant (11) psicologia (11) foucault (10) levi-strauss (10) platão (10) SONHOS (9) religião (9) Kirchner (8) biografia (8) kafka (8) love (8) Ernest Max (7) Guimaraes Rosa (7) Ken Rosenthal (7) Mark Eshbaugh (7) NIETZSCHE (6) Salvador Dali (6) aristóteles (6) manet (6) snoopy (6) sociologia (6) Animais (5) Aristotle (5) Escher (5) Geertz (5) Hundertwasser (5) Lauren Simonutti (5) Sommer (5) medicina (5) munch (5) Arthur DOVE (4) CINEMA (4) Carl LARSSON (4) Cézanne (4) DICIONARIO (4) Descartes (4) Doré (4) Ernest Jones (4) Ernst HAAS (4) Guido Crepax (4) H. Bergson (4) Julio Cortázar (4) Kacere (4) Locke (4) Mucha (4) Richter (4) Van Gogh (4) Will Barnet (4) alexandre koyrè (4) caveira (4) drummond (4) gravura (4) hegel (4) história (4) linguística (4) monet (4) música (4) sartre (4) teatro (4) televisão (4) universo (4) verdade (4) Abbas (3) Arthur Rackham (3) Avigdor (3) Blake (3) CORINTH (3) Cambon (3) Connie Imboden (3) David Hockney (3) F. Hodler (3) Frida KAHLO (3) GEORGES BATAILLE (3) James Joyce (3) Kojeve (3) Konrad LORENZ (3) Lori Nix (3) M. J. A. Eguiño (3) Marcel MAUSS (3) Marqués de Sade (3) Marx (3) Memling (3) Pierre Bourdieu (3) Psychiatry (3) SENECA (3) Schopenhauer (3) Tom Chambers (3) Winnicott (3) arroyo (3) autobiografia (3) baby (3) caravaggio (3) cristianismo (3) dickens (3) einstein (3) erwitt (3) etologia (3) fisica (3) magia (3) planetas (3) B. F. Skinner (2) BACHELARD (2) Birman J. (2) CERVANTES (2) Castillo (2) Dix (2) Dulac (2) E. HOPPER (2) E. Nodel (2) ETNOLOGÍA (2) Ernest HAAS (2) Ferenczi (2) G. JOHN (2) GEORGE CANGUILHEM (2) Gustav Caillebotte (2) Hipocrates (2) J. Ensor (2) J. J. Tissot (2) JUNG (2) John Donne (2) KARL JASPERS (2) KIERKEGAARD (2) Kandinsky (2) Klimt (2) L. da VINCI (2) LOUIS ALTHUSSER (2) Lewis Carroll (2) M. Dzama (2) MAUGHAM (2) MERLEAU - PONTY (2) Mann (2) Melanie Klein (2) Neil Welliver (2) Norman Rockwell (2) Pascal (2) Piaget (2) Pollock (2) Quino (2) Roland Barthes (2) Sahlins (2) Serge Leclaire (2) St. Agostinho (2) Stratton (2) Vinicus de Moraes (2) Vuillard (2) WITTGENSTEIN (2) amor (2) beauvoir (2) biology (2) cogito (2) critica (2) cultura (2) diabo (2) erotic (2) estruturalismo (2) gide (2) guerra (2) loucura (2) lua (2) mind (2) mitologia (2) mitos (2) rilke (2) salomão (2) saturno (2) sono (2) sócrates (2) vida (2) ética (2) A. Comte (1) A. Warhol (1) Alix Malka (1) Andreas Gursky (1) Anticristo (1) Arcimboldo (1) Aristófanes (1) Augusto dos Anjos (1) B. Barbey (1) B. Jacklin (1) Bagheria (1) Barbara Morgan (1) Basquiat (1) Berkeley (1) Bhagavad-Gita (1) Bhopal (1) Bocklin (1) Bouguereau (1) Brauner (1) Bruegel (1) Brueghel (1) Brueguel (1) Burt GLINN (1) CALOUSTE GULBENKIAN (1) CAZOTTE (1) CRVANTES (1) Charles S. Peirce (1) Chavannes (1) China (1) Claesz (1) Confucius (1) Confúncio (1) D. (1) DAVIS Stuart (1) DEGAS (1) DELACROIX (1) Dalton Trevisan (1) Deleuze (1) Denis (1) Design (1) Diebenkorn (1) Diógenes (1) E. (1) ERNST CASSIRER (1) Emile Durkheim (1) Empédocles (1) Epimenides (1) F. Vallotton (1) FERDINAND DE SAUSSURE (1) Feuerbach (1) Feyerabend (1) Florbela Espanca (1) Franceco Clemente (1) Franz Marc (1) GROOT (1) GUSTON (1) Galileu (1) Gestalt (1) Graham (1) Grécia (1) Guercino (1) H. Arendt (1) H. MARCUSE (1) Hals (1) Helmut Newton (1) Holbien (1) Hume (1) J. Derrida (1) J.-F. Millet (1) Jan Van KESSEL (1) Jean Laplanche (1) KROYER (1) Kandel E. (1) Keane (1) Kim (1) Kitaoka (1) Klee (1) Knight (1) Korand Von SOEST (1) Kôhler (1) Liev Tolstói (1) M. Mead (1) Malinowski (1) Mantegna (1) Mark Petrick (1) Max Weber (1) Mário Quintana (1) Münter (1) N. Chomsky (1) NEIL GAIMAN (1) Nasio (1) Otto Rank (1) Ovídio (1) Palencia (1) Parmênides (1) Paul DELVAUX (1) Peter HILLE (1) Raduan Nassar (1) Ron Van Dongen (1) S. Franklin (1) Sandman (1) Satrapi (1) Schiele (1) Shakespeare (1) Silvers (1) Siqueiros (1) Spinoza (1) St. T. de Aquino (1) TELEPATIA (1) TODOROV (1) Tarsila do Amaral (1) Taschen (1) Thomas HOPKER (1) Truffaut (1) Tycho (1) Uccello (1) Velvet underground Nico (1) Verne (1) Victor Brochard (1) W. Metcalf (1) Web (1) Weinberg (1) William Bailey (1) Woody Allen (1) Xenofonte (1) Y. Utagawa (1) Yoshitoshi (1) alessandro gottardo (1) arcoiris (1) armour (1) arquitetura (1) asselyn (1) ate (1) bassano (1) biblia (1) breton (1) cartoon (1) ceticismo (1) cocaina (1) conto (1) criança (1) dança (1) direito (1) dor (1) eclesiastes (1) economia (1) edgar allan poe (1) edgar morin (1) ego (1) ensaio (1) epicurus (1) espelho (1) estações (1) eu (1) fala (1) feed (1) foto (1) frr (1) física (1) game (1) gato (1) giger (1) girafa (1) goya (1) hamlet (1) hoffmann (1) humor (1) identificação (1) impressionismo (1) intuição (1) jakobson (1) japan (1) krsna (1) kundera (1) lacn (1) leminski (1) lévi-strauss (1) mafalda (1) magritte (1) miró (1) moda (1) moral (1) mundo (1) mãe (1) narrativa (1) nausea (1) neruda (1) nokides (1) ocultismo (1) perguntas (1) poeso (1) poker (1) política (1) praia (1) sabedoria (1) sapatos (1) saramago (1) semina (1) semiótica (1) shopenhauer (1) soutine (1) suicidio (1) swan (1) sêneca (1) tatoo (1) tatuagem (1) tese (1) titã (1) touro (1) umberto eco (1) valentina (1) venus (1) virtude (1) war (1) weeks (1)
 

sobrefulanos by nokides