EL ESPIRITISMO** | FERENCZI

| sábado, 5 de setembro de 2009
Definir una cosa es bastante difícil. Nadie ha podido definir en una frase lo que es la filosofía. Algunos han dicho de ella que era : “la doctrina de los principios esenciales de la existencia”, otros : "una ciencia del conocimiento". Que estos "conocimientos" pretendan ser exactos no excluye que una dimensión trascendental exista, se manifieste y sea permanentemente en construcción.
Sin lugar a dudas, el primer filósofo fue el hombre medio salvaje que dejó de ser indiferente al mundo que lo rodeaba, creando cada dios a su imagen, un dios del fuego, de la luna, del trueno, del relámpago...

Definir una cosa es bastante difícil. Nadie ha podido definir en una frase lo que es la filosofía. Algunos han dicho de ella que era : “la doctrina de los principios esenciales de la existencia”, otros : "una ciencia del conocimiento". Que estos "conocimientos" pretendan ser exactos no excluye que una dimensión trascendental exista, se manifieste y sea permanentemente en construcción.
Sin lugar a dudas, el primer filósofo fue el hombre medio salvaje que dejó de ser indiferente al mundo que lo rodeaba, creando cada dios a su imagen, un dios del fuego, de la luna, del trueno, del relámpago... Fue entonces un gran paso a la filosofía, en la medida en que el hombre se desprendió del puro e inocente realismo descriptivo para crear lazos de causalidad entre muchos eventos, pasando entonces desde el mundo de los objetos perceptibles al de las representaciones de objeto.
¿Cuál es entonces la esencia del mundo? ¿Cuales son la causa y el destino del mundo? ¿ Qué es el conocimiento? ¿Cuál es el fundamento ético del mundo?... Todas estas preguntas son contemporáneas de los primeros esfuerzos de representación del espíritu humano. Desde entonces, la "visión del mundo" de los hombres, evidentemente, se modificó, siguiendo en esto los sistemas políticos y religiosos imperantes. Desde los sabios griegos a los cristianos ortodoxos, pasando por los materialistas franceses e ingleses, los idealistas alemanes, y hoy en día los materialistas científicos, todos dan en efecto respuestas muy diferentes a los problemas que agitan el espíritu humano. Actualmente, nuestra pretendida inteligencia cultural se inspira en temas de materialismo atomista: el mundo no sería entonces otra cosa que una masa infinita de partículas indivisibles de diferentes tamaños, cuyo movimiento vibratorio crea la luz, el calor, la electricidad, etc. .
La conciencia humana no sería más que el simple producto de una configuración de partículas del cerebro. Esta visión sin embargo es difícil de exponer por nuestros profesores de física que se esfuerzan en enseñar estas ideas con una gran convicción. ¡Ah! ¡como todo era tan simple antes!!! tan solo existían sesenta o setenta tipos de átomos, y desde entonces, han aparecido diez nuevos elementos, ocho a diez clases de vibraciones de aquello que llamamos éter, que parece ser actualmente la esencia del mundo. Aquellos que evocan las nociones de unidad absoluta, de alma, de metafísica, son considerados como locos.
Esta visión materialista rígida que reina actualmente en la mayor parte de los médicos y de los biólogos es una reacción a las especulaciones ociosas de los filósofos alemanes reportándose a Kant quien, tal como lo sabemos, consideraba la teoría del conocimiento (Erkenntnisstheorie) como una ciencia única ofreciendo la única vía de salvación, despreciando la experiencia concreta, abandonando toda base científica objetiva y sus esfuerzos por explicar los fenómenos y los acontecimientos a partir solamente del "yo".
Felizmente, el "buen sentido" no pudo satisfacerse de una explicación tal, y el espíritu humano juró fidelidad al atomismo primitivo, teoría a la cual el fulgurante desarrollo de las ciencias naturales brinda actualmente una gran importancia.
La fatalidad, en filosofía, reside en el hecho de que no hay verdaderamente un progreso en su historia: el espíritu humano pasa de una instancia a otra, subestimando la verdad que, muy a menudo, brota de estas dos posiciones extremas. Somos actualmente testigos de estos cambios en el seno de la filosofía. La "teoría del conocimiento", purificada de los sofismos de antaño y de sus nefastas consecuencias, da un golpe terrible al "materialismo" que pareciera radical e inquebrantable.
"¿Cómo, pregunta el escéptico, puedo aceptar la idea que todos los objetos existentes son solo vibraciones atómicas, si usted no puede probarme que efectivamente existen átomos, vibraciones, y que todos los seres en devenir no son puras apariencias?” A lo que el físico replica : "¡No tenemos necesidad de metafísica!".
¿No es cierto, entonces, que otros dogmas se constituyen y que un cierto materialismo funda sus verdades sobre los conceptos de fuerza y de materia, un poco como el monoteísmo funda las suyas sobre la sola fe en Dios?.
A partir de esto, ciertos autores imaginan que habría que volver a los espíritus antiguos y a los fantasmas, cuando la ciencia fracasa en estos ámbitos, lo que es una consecuencia posible de estas ideas.
El progreso de la conciencia humana se organiza gracias a estas crisis y a estas divergencias. hay que imaginar el progreso como una carreta tirada por dos caballos donde uno domina al otro para en seguida ser dominado por él; la carreta, entonces, avanza caóticamente, en zig zag y con incesantes remezones.
La ciencia antes dicha de espíritus y fantasmas, aunque tradicionalmente cerrada a toda teoría explicativa, podría llenar bibliotecas enteras. Estas teorías no constituyen una unidad coherente, aunque se reagrupen bajo el nombre de espiritismo, espiritualismo, ocultismo, animismo, o cualquier otros epítetos brindados a las ciencias trascendentales.
La idea común de todos estas teorías es la hipótesis de la inmortalidad del alma, entendiendo por esto que después de la muerte, la vida síquica de un ser no se apaga, sino que atraviesa por el contrario procesos purificadores diversos. Enseguida, esta alma renace, se reencarna y, si su vida anterior estaba libre de pecado, puede entrar en relación con los suyos, manifestarse, emitir signos escritos o orales desde este otro mundo en el cual se encuentra, por intermedio de personas que logren crear, ellas mismas, un estado síquico particular.
Desde allí, es espíritu -que puede ser bueno o malo- puede conocer el futuro y ver la distancia. Los espíritus malignos suscitan evidentemente toda clase de incongruencias y de bromas. Aksakoff, el primero, en poner en orden una masa impresionante de documentos mas bien confusos con respecto a este tema, para realizar una especie de clasificación de todos estos fenómenos sobrenaturales. Reportó y nominó todos los fenómenos que relevaban los médiums, y a partir de esto, distinguió tres formas particulares. El personismo en primer lugar, y todos los fenómenos trascendentales que derivaban exclusivamente del dominio del individuo; por ejemplo, el desplazamiento de una moneda sobre un papel en donde están inscritas letras alfabéticas, la escritura y los signos de médiums, las mesas de adivinación etc..
Cuando el alma del médium (o una de sus partes) deja el cuerpo produce un efecto psíquico a la distancia, se habla entonces de animismo. El espíritu entra, por telepatía sobretodo, en comunicación espiritual con otros seres lejanos, mueve objetos lejanos (telequinesis) o hace aparecer, espontáneamente y por materialización, objetos imaginarios. Lo que se llama espiritismo, propiamente tal, consiste en la aparición, directa o indirecta, del espíritu superior en si mismo. De este modo existen fenómenos espirituales visibles y fotografiables, manifestaciones súbitas que golpean la imaginación, consejos, discursos morales y verdaderas enseñanzas metafísicas. Mencionamos también, entre los principales fenómenos sobrenaturales, la inmaterialización y la aparición de espíritus "a través de murallas", y otras tantas expresiones bien específicas, que como se puede ver, no faltan. No obstante, aun en medio de los hombres nutridos de las luces del progreso, hay algunos que escuchan perplejos, los relatos concernientes a las manifestaciones extrañas de los espíritus, presentadas generalmente con la insistencia persuasiva característica de los espíritus fantásticos e indoctrinados. Entre ellos, caballeros inteligentes y cultivados, cuya alma y sistema nervioso están perfectamente sanos. Crookes, Lombroso, Du Prel, y muchos otros sabios, son, no solamente adeptos al espiritismo en sí, si no de hecho, verdaderos profetas en la materia. Comprendemos, entonces, por qué la estrategia antiespiritista como la de Tóth Bela, no es suficiente. Todo sucede como si la tendencia a oponerse a un movimiento que ha devenido a un fenómeno de gran amplitud, ya sea con el silencio, ya sea con un rechazo que yo calificaría de apodíptico.(1)
Una tal actitud conduce a engendrar falsos mártires entre los miembros de las religiones espiritualistas. Ahora bien, es evidente que nada hace desarrollarse mejor a las religiones que la abundancia de personas que se presentan como víctimas, aún mártires perseguidos por el racionalismo. Los animistas, actualmente, se consideran como las grandes víctimas del avance de la ciencia, así como Galileo o Giordano Bruno que fueron incomprendidos en su época, perseguidos y quemados. De esta forma Aksakoff acusa a Wundt, uno de los jefes del antiespiritualismo, de “misoneismo”, es decir de anti reformista, y le compara con Benedel Carpcow quien ocupa la cátedra de Wundt, en la universidad de Leipzig, en el siglo XVI, y de quien conocemos su fama de cazador de brujas que hizo ejecutar a veinte mil magos y “brujas”, de todos los linajes. También se pretende que ciertas personas del entorno de Galileo no les preocupaba decirle “maestro de danza” de sapos. La academia de París denuncia oficialmente el hipnotismo, que está actualmente a lo menos considerado como algo sin importancia.
¿No sería mejor que los antiespiritualistas terminaran de luchar, de rechazar y de refutar sin conocimiento previo, todas estas hipótesis que merecen ser profundizadas?
Vale mas, según yo, considerar con un ojo crítico los hechos y los fenómenos sobrenaturales, y hacer esto con la agudeza y sentido de objetividad que caracteriza a los verdaderos sabios. Que el no tener vergüenza de participar en las sesiones de mesas espiritistas o a asistir a algunas manifestaciones organizadas por los espiritistas y compuestas de profanos. Este fenómeno es, en efecto, muy importante en el plano sociológico, y nuestros mejores especialistas, mas que burlarse, harían mejor de ocuparse seriamente. Ellos podrían aportar de esta forma con los instrumentos de su ciencia y organizar, (¿ por qué no?) sesiones, a partir de experiencias que podrían llevar a suprimir todas las barreras debidas a la voluntad. Podrían observar los fenómenos reales distinguiéndolos de los efectos de la sugestión o de autosugestión que se insinúan. Afirmo esto porque creo que hay verdades a considerar, lo mismo si son subjetivas y no "objetivas".
Los resultados obtenidos en favor de movimientos espiritistas podrían ser muy similares a los realizados por la alquimia. En cierta época, fue fabricar oro, y esa oportunidad permitió de descubrir fórmulas y composiciones químicas nuevas.
Con los espiritistas, existe el riesgo de llegar a algo comparable a lo que conocieron los herederos del campesino de la fábula : el padre, recordemos, dice, en su lecho de muerte, que ha enterrado un tesoro. De esta forma logra que los hijos labren la tierra, y la real recompensa no será el oro esperado pero si la cosecha abundante y fructífera. El oro de los alquimistas me parece similar al tesoro del espiritistas: su ciencia tiene probabilidades de ser la cosecha rica e inesperada en un terreno aun en barbecho : el de la psicología.
En tanto ciencia, la psicología, en efecto, está aun en su período infantil.
Las famosas experiencias y las teorías de Feschner, Wundt y Mosso, por citar algunos, aportan algunas luces sobre el funcionamiento de lo mas elemental del espíritu. La influencia de las sensaciones, de los sentimientos y de transformaciones síquicas (Gefühl, Empfindung) así como sus relaciones primitivas con la atención, las asociaciones, la percepción, los afectos y la voluntad, son fenómenos estudiados de muy cerca, que rebelan el funcionamiento de la psique humana. En revancha, el amor, el odio, la cólera, la memoria, el conocimiento, el olvido, la reflexión, el sentido moral, la sensibilidad artística, la sicología de los niños y la sicología de las masas, quedan aún, lamentablemente, en manos de los románticos y de autores de relatos fantásticos.
No obstante, lo que sabemos hoy en día, muestra científicamente y de forma decisiva, que existen en el centro del espíritu, elementos inconscientes(2) y semi inconscientes que participan estrechamente en su funcionamiento. Efectuamos, de hecho, innombrables cosas lógicas aunque nuestra conciencia no lo perciba. Tomaremos tres ejemplos:

1. Todo el mundo ha observado que es posible soñar durante una exposición, o leer una página en voz alta sin entender una palabra.esor anormal de las yugulares, los escupitajos sanguinolentos y un crecimiento tumoral sobre el Manubrium Sterni.
2. No es extraño para alguien tocar una partitura de piano conversando muy lógicamente con otra persona. ¿No es esto un ejemplo que convendría llamar la división de las funciones espirituales?
3. Tomemos por último las facultades de la memoria: existen millones de informaciones contenidas en el cerebro humano. No obstante, cuando pienso, no fantaseo una cosa al mismo tiempo. El resto quedan “subconscientes”, sin que por ellos su existencia desaparezca.

Es muy probable, creo yo, que un gran numero de fenómenos llamados “espiritistas”, sean en si mismos la expresión de divisiones psíquicas, en ocasión de las cuales, una o muchas partes del espíritu se experimentan, llegando una sola a la conciencia mientras que las otras funcionan automáticamente, fuera de la conciencia inmediata.
Esto puede, quizás, explicar como un médium logra dirigir una moneda, involuntariamente, inconscientemente y sin deseo de engañar, desde una letra del alfabeto a otra, con el fin de que se formen palabras comprensibles.
Qué importa, en el fondo, que un fogonazo quite o no fidelidad al espiritismo. Los argumentos autorizados no pesan definitivamente en la balanza. Sería altamente preferible que un sabio (asociado con investigadores) tomaran el asunto en sus manos, lo que eliminaría los charlatanes y los tramposos, volviendo informativa y enriquecedora para las ciencias psicológicas una suma apreciable de conocimientos nuevos.

Notas:
* “Spiritismus”, de Gyógyászat, 1899, Nº 30.
1 . Una evidencia de derecho y no solamente de hecho
2 . Öntudatlan, en húngaro. Sándor Ferenczi.

Sandor Ferenczi (1899). (Traducción: Equipo Indepsi - Biopsique).

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